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Siempre tendremos París

Siempre tendremos París

Escrito por: Antonio Valderrama17 mayo, 2022
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En la primavera del año 1981 ocurrieron varias cosas excepcionales en el mundo. La primera fue que el Madrid perdió la final de la Copa de Europa contra el Liverpool, en París. La segunda, que un sicario de los Lobos Grises, Alí Agca, le pegó tres tiros al papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano. La tercera, que en un pueblo pequeño de la costa noroeste de la provincia de Cádiz, mis padres se conocieron. El Real, que no jugaba una final como aquella desde 1966, había perdido a Santiago Bernabéu tres años antes. En el palco del Parque de los Príncipes estaba Luis de Carlos, cuyo perfil, en la foto que salía de aquel partido en la crónica gráfica de la historia del club que sacó el AS en 1997, era muy semejante al del patriarca: senatorial, patricio, hombre de Estado. Aquel ejemplar de tapa dura fue mi primer libro, mi primer coleccionable madridista. La historia llegaba hasta el principio de la temporada 97/98, la temporada de la Séptima. Había algo de esa historia abierta, sin final, en las últimas hojas de aquel libro que todavía hoy conservo. “La Séptima pudo llegar con Luis de Carlos”, o algo así, escribo de memoria, rezaba en el capítulo de aquella final del 81, completado con una foto que nunca se me ha ido de la cabeza, la de varios de los miembros de la plantilla madridista serios y cariacontecidos, todos de gabardina y casi todos con enormes bigotazos ochenteros, sentados en el aeropuerto Charles de Gaulle, esperando embarcar de regreso a España tras haber perdido la final. Era una foto que yo podía oler: a Ducados negros, a silencio de velatorio roto de vez en cuando por alguna blasfemia. Desde entonces conservo dentro de mí algo de esa impronta como de noche en un tanatorio que envuelven las derrotas del Madrid en Europa. Desde entonces me pregunto cómo debe ser perder una final de la Copa de Europa.

Stielike Real Madrid Liverpool

No quiero saberlo, pero me lo imagino. Debe ser como que te rocíen de plomo a quemarropa, como al papa, y sobrevivir. El fin del mundo. Hay madridistas adolescentes cuya vida ha sido una sucesión de finales de la Copa de Europa, chavales que creen que llegar a este partido es lo más normal del mundo, niños para quienes la mediocridad y la grisura, el anhelo y la lamentación hebraica por el pasado perdido, son cosa de ciencia-ficción. Cuando a veces les deseo que vivan una derrota pienso que la viviré yo también y entonces me siento un egipcio del tiempo de las Siete Plagas. Para quien sólo vive con los ojos en la gloria eterna, alcanzarla es la razón de la existencia y perderla, una ruina de la que cuesta años levantarse. La final es un partido fuera de las leyes del tiempo y del espacio, un partido que vive para siempre en una dimensión cuya energía es la memoria de todos los que lo recordamos una y otra vez. Te sé decir la alineación de la Juve en Amsterdam, te sé decir los cambios de Toppmoller en Glasgow, te sé decir a quién le hizo aquella falta Cristiano en la prórroga de Milán para cortar un contragolpe del Atlético que dejaba al equipo descubierto. La final es el territorio de los sueños. Una final sólo se disfruta cuando pita el árbitro el final y se han espantado todos los demonios. Una final es esa pesadilla en la que sueñas que el cabezazo de Ramos en Lisboa da en el palo y sale fuera. Una agonía y un éxtasis, esquelas en mármol alrededor de las cuales uno va ordenando su vida y el paso del tiempo, un núcleo luminoso en la memoria que sirve para que se enrosque y crezca lo que luego será una perla. Perderla es inconcebible, es peor que no jugarla, es peor que morirse.

El Madrid vuela a París como voló a Amsterdam hace 24 años: con una convicción irracional, con el pecho descubierto, como el Quijote cabalgando con la lanza en astillero, directo hacia los molinos de viento

Mis padres se conocieron ese año de 1981 y algunos pocos después, en 1987, se casaron. En 1988, nací yo. Diez años después el Madrid ganó, por fin, la Séptima. Desde entonces he visto al Real jugar el partido de todos los partidos, el partido uno y trino, la madre de todas las noches, seis veces más. Todas las veces con el mismo resultado: la victoria, la eternidad. París es para el Madrid lo que Bogart le dijo a la Bergman entre la bruma y los aviones del aeropuerto de Casablanca, un lugar feliz en el que siempre podrá refugiarse para encontrar la raíz de todas sus fantasías, la Babilonia de todos sus deseos. En París, el Madrid, con L´Equipe, fundó esta competición y ganó la primera. En París perdió la última vez y a París regresó para conquistar La Octava. A París vuelve ahora a matar un fantasma rojo de hace 41 años.

Raúl octava

El Real Madrid-Liverpool es el partido más veces disputado en una final de la Copa de Europa, el clásico de las finales. Diecinueve orejonas, una detrás de otra, puestas sobre el tapete verde del barrio de Saint-Dennis: 19 de 65 títulos jugados, el 30% de todas las Copas de Europa. El Real puede doblar a su inmediato perseguidor, el Milan, y el Liverpool puede ponerse a la altura del coloso lombardo en ruinas. Es una final histórica en plena era del petro-fútbol. El año del infame Mundial de Qatar, el partido más importante del torneo más importante lo juegan dos campeones de la tradición. Hay un pero: el Liverpool no es propiedad de un jeque teocrático pero sí de un holding norteamericano cuyo arraigo balompédico es parecido. En ese sentido, el equipo de Klopp, tantas veces loado por lo bien que ficha, es otro representante más de ese fútbol pervertido por el dinero extraño al linaje antiguo de un deporte-guerra ancestral cuyas claves operan básicamente en el marco civilizatorio de la Europa mediterránea, latina y centroeuropea. En París se van a medir un club que sigue siendo de sus socios y una inversión internacional de Fenway Sports Group, un conglomerado de Sports Investments radicado en Boston cuyo patrimonio asciende hasta los siete billones americanos.

En el Stade de France, el Madrid embiste de nuevo a la modernidad. Embiste al campeón de las modas, embiste al panenkismo, embiste al totalitarismo racionalista que pretende explicar la vida y el fútbol como si el mundo fuese un laboratorio esterilizado

Es un choque cultural, cosmogónico. El Madrid es el príncipe de un mundo en extinción, el baluarte aún en pie del mundo de ayer. Ese sentimiento de cruzada lo ha acompañado a lo largo de su tremendo camino hacia la final, que ha sido una epopeya de Gilgamesh. Si el Madrid llega siempre a este partido envuelto en una túnica sagrada, aupado sobre los hombros de los gigantes del pasado que lo convirtieron en el símbolo metafísico que hoy es, a París vuela como voló a Amsterdam hace 24 años: con una convicción irracional, con el pecho descubierto, como el Quijote cabalgando con la lanza en astillero, directo hacia los molinos de viento. El Liverpool es como aquella Juventus. Un equipazo, una máquina total y perfecta, una bestia imbatible que juega a otra cosa, a otro fútbol, al fútbol del futuro, mientras que el Madrid, sin orden ni concierto, sin “ortodoxia” como gritaba Carlos Martínez en Movistar a la vez que cantaba el segundo gol de Rodrigo al Manchester City, juega al fútbol del pasado. En el Stade de France, el Madrid embiste de nuevo a la modernidad. Embiste al campeón de las modas, embiste al panenkismo, embiste al totalitarismo racionalista que pretende explicar la vida y el fútbol como si el mundo fuese un laboratorio esterilizado.

Vinicius,Benzema y Nacho

Es interesante leer las crónicas del partido de hace 41 años. Aquel día, el Liverpool, que ya había ganado las Copas de Europa del 77 y del 78, era un equipo “robotizado”, según lo describía José María Almela en ABC. Un equipo con “una arquitectura con mucha más solidez” que la de aquel Madrid de Agustín, García Cortés, García Navajas, Camacho, Stielike, Juanito y Santillana. Era un equipo con poso de campeón que luego volvería a ganar en el 84 y al que sólo la catástrofe que provocaron sus aficionados en Heysel privó de más cumbres. El Madrid no había jugado una final europea desde hacía justo 10 años, cuando la generación anterior, en la que todavía estaban algunos de los últimos campeones de Europa Yé-Yé de Bruselas, perdió la Recopa en Atenas contra el Chelsea.

El Madrid toreó en Kiev a un equipo bravo pero novato. En París lidiará a un miura experimentado y sabio, además de fuerte

Ahora se enfrentan en París dos equipos campeones. Hay una diferencia notable entre los equipos que han probado la sangre y los que no, como la que hay entre los toros que han sido lidiados y conocen al hombre, y los que salen por primera vez a una plaza. El Madrid toreó en Kiev a un equipo bravo pero novato. En París lidiará a un miura experimentado y sabio, además de fuerte. Pero aquí no hay matemáticas, en el fútbol no existen las fórmulas perfectas. El fútbol es caos e imprevisión, surrealismo y magia. En París fue donde se desdibujaron los límites entre la realidad y la fantasía a principios del siglo, donde las vanguardias destruyeron los códigos antiguos del arte occidental y reescribieron la percepción de las cosas. París es un eterno retorno freudiano y el Madrid tiene en su piel todo ese misticismo parisino, es el avant-garde de todo. Allí fundó la sociedad aristocrática que daría forma a su mito posterior, allí devoró el siglo XX y allí abrió el XXI con un 3-0 al Valencia. La semana antes de aquella final de hace 22 años le dije a mi abuelo que el Madrid la perdería, que el Valencia era muy fuerte, un equipo tremendo. Él me dijo una cosa que nunca olvidaré: El Madrid es el Madrid, el Madrid es España. Los abuelos siempre saben las cosas antes de que ocurran, no en vano ellos estuvieron siempre al otro lado del tiempo, como el Real Madrid.

 

Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

10 comentarios en: Siempre tendremos París

  1. Recuerdo esa final de París en el Parque de Los Príncipes contra el Liverpool con 14 años en octavo de EGB, al día siguiente íbamos a Sevilla de excursión desde mi pueblo natal en Cáceres. En ese partido se estrenó la camiseta de Adidas con ribetes morados, hasta ahí habíamos jugado de blanco total...

  2. Maravilloso, como de costumbre. Solo una pequeña acotación: don quijote no cabalgaba hacia los molinos con la lanza en astillero. Cabalgaba, como hará el Madrid en París, con la lanza en ristre.

  3. Buen repaso a la historia. Y buen análisis del rival. Sin meterse en tácticas, se puede concluir mucho. Estamos en una final y son dos equipos históricos. Y es verdad que una de las cosas importantes es que hayan o no hayan probado la sangre. Esperemos una gran final. En mi opinión, el Madrid llega en plenitud física y mental y eso, conociendo la historia reciente, es mucho decir en una final de Champions...

  4. I might be anyone
    A lone fool out in the sun
    Your heartbeat of solid gold
    I love you, you'll never know
    When the daylight comes you feel so cold
    You know
    I'm too afraid of my heart to let you go
    Waiting to the fire to light
    Feeling like we could do right
    Be the one that makes tonight
    'Cause freedom is a lonely road
    We're under control
    We're under control
    I might be anyone
    A lone fool out in the sun
    Your heartbeat of solid gold
    I love you, you'll never know
    When the daylight comes you feel so cold
    You know
    I'm too afraid of my heart to let you go
    Waiting to the fire to light
    Feeling like we could do right
    Be the one that makes tonight
    'Cause freedom is a lonely road
    We're under control
    We're under control

  5. Siempre que el Liverpool gana la copa de europa y a la vez el Betis gana la copa del rey muere un Papa, por lo que Francisco estará rezando por el Real Madrid el dia 28, como un vikingo más

  6. Buenos días, dice usted que dijo su abuelo , entre paréntesis
    (El Madrid es el Madrid, el Madrid es España. Los abuelos siempre saben las cosas antes de que ocurran, no en vano ellos estuvieron siempre al otro lado del tiempo, como el Real Madrid.)
    Me imagino que cuando le cita esta usted de acuerdo, pues bien, hay un sector de los que escriben comentarios en La Galerna, que afirman, que el Madrid es universal, nada ni de provincianismos ni particularidades, a un servidor las dos afirmaciones le parecen banales y estériles, lo que si les pediría es que se pongan de acuerdo
    Saludos blancos y con permiso de D. Florentino anti atléticos

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🤯De Castellón a París en Vespa a por la 1⃣4⃣ Copa de Europa. Y luego de vuelta a España.

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