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Una servilleta para Mbappé

Una servilleta para Mbappé

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares24 agosto, 2020
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El plan del Real Madrid sigue su curso

Ayer se proclamó campeón de Europa del Bayern. El equipo alemán fue muy superior a la Torre de Babel económica francesa, aunque solo marcase un gol: un centro rematado por Coman, que no es bávaro, sino canterano del PSG. Tiene bemoles la cosa, tras muchos cientos de millones de euros en fichajes - con Mbappé y Neymar como apuestas principales -, la primera vez que llegan a una final de la competición más importante de clubes, un jugador brotado de sus categorías inferiores le impide catar la Champions al equipo del jeque. Incluso los alemanes sabían en los últimos minutos que iban a ser campeones, a pesar del exiguo resultado, ya que no estaba Beckham sacando los córners, como en aquella aciaga noche en el Camp Nou.

Neuer paró todo lo que le llegó. Más no solo completó un partidazo en defensa, sino que jugó mejor —con los pies— que casi todo el conjunto parisino. Además, abortaba los contraataques rivales antes de que estos comenzasen debido a su excelente colocación adelantada sobre el campo.

Desde la perspectiva madridista, que es la que nos interesa, el triunfo de un equipo de fútbol de madera maciza frente a uno hecho de aglomerado de joyas, nos viene muy bien. Afianza a los clubes tradicionales y demuestra que el dinero aún no es el único factor determinante para ganar.

Mbappé derrota final Champions

Otra derivada es cómo afecta esta final al posible futuro de Mbappé en el Real Madrid. Esta decepción le va a curtir, sin duda, aún es muy joven – se nos olvida que tiene 21 años, la edad de Odegaard o uno menos que Valverde - y va a generar en él todavía más necesidad de ganar. A los que anoche ponían en duda su calidad en citas trascendentales habría que recordarles que este chico fue decisivo para la consecución de un Mundial. Pero con su juventud es normal que todavía no sea regular en este tipo de citas. Hasta los más grandes pecaron de ello a esas alturas.

Kylian también habrá aprendido la lección de que ganar la Champions es más factible en un equipo con bagaje, con exigencia histórica y unos cimientos centenarios en la élite. Ir a París está muy bien en las películas y para ganar en unos años el sueldo de varias vidas, pero es un triunfo huero, una victoria de PVC, en el fondo, lo que sabe bien, lo que llena es triunfar en un equipo auténtico, con historia. Salvo necesidad perentoria de dinero o escaso desarrollo cognitivo, no es ni parecido vivir como un marajá en París que triunfar en el Real Madrid, que supone un reconocimiento eterno que no se puede comprar a ningún otro sitio. Además, sinceramente, no existe mucha diferencia entre que el aparato de aire acondicionado de París escupa diez billetes de quinientos euros por hora a que el de Madrid escupa diez de doscientos en el mismo periodo.

Mbappé en el Bernabéu

Si Mbappé tiene bien amueblada la cabeza, el partido de ayer le acerca al Real Madrid. Sabe que de lo contrario le ocurrirá como a Neymar, que siempre eligió —ya sea a él o su padre— el color del dinero y ha acabado siendo un eterno Poulidor. Si no se tuerce la cosa, el joven francés sabrá apreciar estas circunstancias y reafirmará su intención de venir al Madrid a intentar hacerse un hueco en la historia. Todo está en sus manos. A falta de dos temporadas para la finalización de su contrato, bastará con no ceder a las ofertas de renovación para que los acontecimientos se precipiten, bien en 2021 o libre en 2022.

Es sabido que Mbappé simpatiza con el Real Madrid y nunca ha ocultado su admiración por Zidane. A poco que piense, podrá observar paralelismos entre él y Zizou. Zinedine venía de perder dos finales de copa de Europa con la Juventus, se aferró a la servilleta de Florentino y el resto es historia.

Ánimo, Mbappé.

 

Fotografías Getty Images.