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La 20 de Laso en 2020

La 20 de Laso en 2020

Escrito por: Athos Dumas14 septiembre, 2020
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Cayó la vigésima copa en la prolífica “era Laso”. En 9 años. A más de dos trofeos de media por año. Cifras colosales que colocan el palmarés a tiro de piedra del de Lolo Sainz (22) y ya nada lejos de los 25 títulos de Pedro Ferrándiz.

Nadie podía pensar estas estadísticas de locura en 2011, cuando Pablo Laso, antiguo jugador de la casa (como su padre Pepe), aterrizaba en una sección a la que medio madridismo daba por medio enterrada.

No ha habido ni una sola temporada sin alzar trofeo desde entonces. Y la 2020-21 no será una excepción ya que la Supercopa de este año vuela a estas horas desde Tenerife con rumbo a las pobladas vitrinas del Paseo de la Castellana.

No fue fácil. Ningún triunfo lo suele ser. Tras la intensidad que puso el equipo el sábado noche ante los anfitriones, tocaba vérselas con el nuevo proyecto del Barça, liderado por Saras Jasikevicius, y con la reciente incorporación del base Calathes para formar una plantilla temible, al menos en cuando a nombres y a ceros en las fichas.

Pese a las bajas de Higgins y de Kuric, los madridistas no conseguían despegarse en el marcador, y eso que Deck cargó de personales pronto a Mirotic y le aburrió con una defensa limpia pero aguerrida, anteponiendo siempre su dinamismo e intensidad a la envergadura del ex-madridista.

Los primeros dos cuartos nos ofrecieron la mejor versión del fichaje Alberto Abalde, que acompañó a los argentinos Deck y Campazzo en el liderazgo del equipo, junto a buenos momentos de Trey Thompkins. El gallego se ha revelado como un jugador versátil, capaz de hacer de todo: rebotear, defender, penetrar, asistir y tirar y siempre sin complicarse la vida. Si la marcha de Campazzo, al banquillo, conllevó a un descenso del ritmo del equipo, la ausencia de Deck supuso el momento estelar de Nikola Mirotic, que junto al buen hacer de Calathes y de Davis, lograron que su equipo se fuese al descanso con su primera ventaja en todo el partido, 31-32.

En un terrible duelo de defensas, los de Saras llegaron a ponerse 5 arriba en el tercer cuarto. Pero los nuestros no bajaron los brazos y tras un festival de triples fallidos por ambas partes, voltearon el marcador, de nuevo con un brillante Alberto Abalde al frente, acabando 50-49 a falta del último cuarto y con todo por decidir.

El 0-7 de parcial que nos infligieron los azulgranas , en el último cuarto, pudo haber resultado decisivo ya que costaba un mundo anotar. Pero Facundo Campazzo, otra vez él, sin descansar tan solo un momento en el segundo tiempo - Laprovittola no volvió a aparecer en cancha desde los minutos jugados en el segundo cuarto y Llull parece asentarse como escolta - se echó todo el equipo a su mochila y los 6 puntos de diferencia desaparecieron del marcador por obra y gracia del argentino. Los últimos minutos fueron agónicos, con multitud de tiros libres fallados por ambas partes - Mirotic falló de nuevo en un momento crucial uno de dichos lanzamientos - hasta que llegó la hora en la que deciden los más grandes y, cómo no, volvió a emerger la figura gigantesca de Rudy Fernández que, con un par de acciones defensivas extraordinarias, de nivel NBA, contrarrestó los últimos intentos ofensivos azulgranas culminados con un robo espectacular a Ádám Hanga.

72-67 finalmente, un tanteo exiguo para un partido inusualmente intenso para la altura de (pre)temporada en la que estamos, pero que refleja que el equipo que más apretó y que más creyó en la victoria se la pudo llevar finalmente.

Enhorabuena por los 20 títulos de Pablo, que también son los 20 de Rudy, sin duda el jugador más importante del siglo - junto con Llull - de nuestro club. Las llegadas de Laso y de Rudy cambiaron la tendencia de nuestra gloriosa sección, que sigue siendo tan abrumadoramente dominadora como aquellas de los años 60 y 70 del anterior siglo. Queda trabajo por hacer y adversidades futuras que resolver, sin duda, pero este equipo ha demostrado que un espíritu ganador no se basa solo en la calidad de los jugadores sino en una gestión y un trabajo que ha ido calando durante más de una década y que ya forma parte de ese vestuario, siempre, hasta las últimas consecuencias. Con esa certeza siempre creeremos en ellos.