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Maradona, el que nunca llegó

Maradona, el que nunca llegó

Escrito por: Ángel Antonio Herrera1 abril, 2021
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Dijo el poeta que todas las muertes son la misma muerte. Lo mismo puede decirse de los parones de selecciones: son todos el mismo aunque las fechas traten de mover a equívoco. A fin de entretenernos en este nuevo y nefando parón —que es el de siempre—, emprendemos esta serie titulada “El que nunca llegó”, en la que cada autor galernauta ha escogido un gran jugador que le habría gustado ver de blanco y que, a veces a pesar de las especulaciones, nunca llegó a recalar en el Madrid.

Maradona milita en una estirpe de salvajes donde están poetas y músicos, y otras criaturas no adictas al Solán de Cabras, precisamente. Son gentes que arruinaron sus vidas, pero hicieron mejores las nuestras.

Diego Armando Maradona fue un guitarrista del balón, un Rolling de la cancha, un yonki del albedrío que llegó a dar positivo en el control antidoping que mejor no le hacían. Tuvo, como futbolista, el don de la ebriedad, que es como decir la alegría del genio. Ahí está el inolvidable “gol del siglo”, acaso nunca superado, que le preparó a la selección de Inglaterra, en el 86, tras volver locos de remate de regate a cinco rivales sucesivos, Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher y Terry Fenwick, más el portero, Shilton. Hubo más goles insólitos, y más jugadas apabullantes, en ese Mundial, y en otros momentos. Hay muchos en la hemeroteca de gloria de Maradona. Aquel gol del 86, que es un gol insuperable, arranca en una ruleta súbita del propio Maradona, en campo propio, pero jugando siempre a impulsos vertiginosos de la zurda. He vuelto a verlo, y tiene una arborescencia que es nitidez que es talento purísimo. Es un birlibirloque del peligro. Hubiera driblado Maradona al equipo entero. La jugada es un mapa de show. Cada regate es un monumento. El gol es una orgía. Maradona es el diablo al que no puede atrapar la mitad del equipo rival. A mí aquella jugada me pilla con poco más de veinte años, y ya venía reverenciando yo a Maradona, a pesar de que me dio mucho disgusto en las tertulias improvisadas de los lunes, a propósito de las jornadas de Liga, porque Maradona era mucho Maradona, y era del Barca. Naturalmente, uno quería a Maradona en el Madrid, y ya veía yo a aquel loco de las maravillas vistiendo de blanco, con la melena desmelenada de los rebeldes, y la jugada de relámpago que resuelve un partido, en un repente insomne. Tenía hechizada a la pelota. Maradona jugaba como si estuviera inventando el fútbol, y eso lo habíamos visto pocas veces. Lo hemos visto después muy pocas veces.

Ramón Mendoza Maradona

Me avala Jesús Bengoechea que Ramón Mendoza movió hilos para traerse a Maradona al Bernabéu, pero aquello no salió, y ya lo siento. Era el futbolista, ha sido el futbolista. Ahora pienso en Maradona, vestido de blanco, y se me avivan los recuerdos fastuosos de un futuro que nunca tuvimos. Maradona es un tipo que siempre la liaba, ahí donde iba, tirando de un regate de zurda imaginación, que es siempre una imaginación mayor, o bien usando un gansterismo sonámbulo que no necesariamente fue pose. Yo hablo del Maradona mejor, el del Mundial del 86, y el de algunos años posteriores, incluso, en el Nápoles, hasta que empezó a decaer, entre la peripecia de famoso y la noche buscada a cualquier hora. En un restaurante de Madrid, hace no tantos años, yo le oí decir que no le gustaban los futbolistas que se quieren modelos, pero admiraba a Cristiano Ronaldo. En el fútbol fue un genio único, y luego abrazó la ebriedad diversa para soportar el paso del tiempo. Marguerite Yourcenar confesó que debía insólitos riesgos a la ebriedad, que es como decir insólitos gozos. Pero al final, ella se curó de la ebriedad. Maradona no, en rigor. Lo malo del alcohol, o de la droga, es que toca dejarlo. Maradona milita en una estirpe de salvajes donde están poetas y músicos, y otras criaturas no adictas al Solán de Cabras, precisamente. Son gentes que arruinaron sus vidas, pero hicieron mejores las nuestras. Fue Maradona un pirado de temperamento, un faraón del exceso, un tipo bajito que se movió como un gigante, entre la diablura y el talento, entre el devoto de sí mismo y un dios de recreo. Qué gol aquel que metió a Inglaterra, coño, si además lo hubiera metido con el 10 del Madrid de mi vida.

 

Fotografías: Imago.

 

Índice de El que nunca llegó:

Capítulo 1: Futre, el que nunca llegó

Capítulo 2: Dominique Rocheteau, el que nunca llegó

Capítulo 3: Joaquín, el que nunca llegó

Capítulo 4: Oscar Schmidt, el que nunca llegó

Capítulo 5: George Best, el que nunca llegó

Capítulo 6: Totti, el que nunca llegó

Capítulo 7: Patrick Vieira, el que nunca llegó

Capítulo 8: Pelé, el que nunca llegó

Capítulo 9: Clemente, el que nunca llegó

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Un comentario en: Maradona, el que nunca llegó

  1. Pero qué maravilla de artículo. Pero cómo es posible que no tenga ningún comentario. Una gozada leerlo. De lo mejor que se ha escrito en La galerna en general, y sobre todo en los últimos tiempos. Una joya.
    Mi sincera enhorabuena al señor Herrera.

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