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Los mejores porteros de la Historia del Madrid (... y II)

Los mejores porteros de la Historia del Madrid (... y II)

Escrito por: Alberto Cosín10 julio, 2017
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En la portería del Real Madrid en la década de los 70 se juntaron dos auténticos monstruos: Mariano García Remón y Miguel Ángel. La enorme competitividad, el nivel de ambos y una gran convivencia permitieron una rotación perfecta que se tradujo en memorables actuaciones de los dos y muchos éxitos y trofeos para las vitrinas de la institución blanca.

Miguel Ángel, originario de Las Burgas (Orense), es el primero que aterriza en la capital muy joven, con apenas 18 años. La gran competencia hace que salga cedido a Orense y Castellón y no vuelva hasta el curso 68-69 aunque sin llegar a debutar. Su estreno se produce en noviembre de 1969 frente al Valencia en el Luis Casanova después de que se lesionase Betancort. Pronto empieza a dar muestras de sus enormes reflejos, su portentosa agilidad, su valentía en los balones por alto y su ‘feeling’ en los mano a mano contra los delanteros rivales. En su etapa merengue tuvo épocas alegres con otras más aciagas. Mientras que técnicos como Molowny o Miljanic le situaron con todas las consecuencias como guardián del equipo blanco, otros entrenadores como Boskov o Miguel Muñoz (le catalogó como portero saltarín) jamás estuvieron prendados de sus virtudes. Apodado ‘El Gato’, se alternó con García Remón y en 17 años completó 346 partidos oficiales y un palmarés magnífico de siete Ligas, tres Copas, dos Copas de la UEFA y una Copa de la Liga.

García Remón, nacido en Madrid, entró en la cantera del club merengue con 16 años tras verle un ojeador en una prueba con el Rayo, pero no fue hasta 1971 cuando dio el salto con los mayores previo paso mediante cesión por el Talavera y el Real Oviedo. El capitalino había adquirido características de portero de balonmano al practicarlo en su infancia y además de veloz para ir al suelo, ágil y plástico, era un guardameta sencillo y seguro que apenas se adornaba.

En sus dos primeras temporadas fue el elegido por Muñoz, y en ese periodo conquistó su primera Liga y se ganó el apodo de ‘El Gato de Odessa’ (se lo puso Julio César Iglesias) tras un memorable choque contra el Dínamo en la Copa de Europa. La marcha del técnico castizo a principios de 1974 y el 0-5 del Barça resultó un palo para él y la titularidad que tenía en su mano se la arrebató en ese curso Junquera. Pasó las cuatro temporadas siguientes en el ostracismo hasta que vio la luz con Molowny en el banquillo en el curso 78-79 donde rotó con Miguel Ángel y alzó la Liga. Meses después, con la firma de Boskov, se erigió en guardameta titular entre 1979 y 1981 alcanzando un gran doblete en 1980. Sin embargo una de las grandes espinas de su carrera fue la lesión que le impidió saltar al Parque de los Príncipes en el once de la final de la Copa de Europa del año siguiente. Al igual que Miguel Ángel, se retiró en 1986 y en las últimas temporadas como jugador blanco fue un asiduo de la grada.

Otro gallego fue el siguiente inquilino de la portería blanca, el pontevedrés Agustín Rodríguez. Incorporado a la cantera blanca desde infantiles, fue progresando tras jugar en el cuadro juvenil, el aficionado y el Castilla hasta formar parte de la primera plantilla en 1980. Arquero de gran envergadura, era bueno en el juego aéreo y contaba con la sobriedad como más destacada virtud. En su primer curso era suplente de García Remón hasta que en abril se lesionó ‘El Gato de Odessa’ y le tocó debutar en Salamanca. Desde entonces no dejó el once y terminó la Liga que se perdió en el último partido bajo la portería actuando también en las semis de la Copa de Europa contra el Inter, y en la final de infausto recuerdo blanco frente al Liverpool. En el segundo año ya dispuso de más oportunidades y partió como titular en el único título blanco, la final de la Copa del Rey del año 1982 donde el Madrid se impuso al Sporting.

Pero fue en la temporada 1982-1983 cuando cuajó su mejor papel como guardián de la casa blanca. Clave para Di Stéfano, se hizo con los mandos del marco merengue y logró el Premio Zamora al portero menos goleado de la Liga española con 22 tantos encajados en 29 duelos. Luego vino el bajón y su papel fue disminuyendo paulatinamente. Aunque tuvo otra breve etapa a buen nivel y disputó la parte decisiva de la Copa de la UEFA del año 86, incluida la final contra el Colonia, su futuro en el club pintó negro al fichar Buyo. Condenado al banquillo abandonó la entidad en 1990 camino al CD Tenerife.

Paco Buyo continuó el idilio de los arqueros nacidos en Galicia y se convirtió en un guardameta de época en Chamartín. Con Ramón Mendoza en la presidencia, el Real Madrid hizo un desembolso de 63 millones de pesetas al Sevilla por el portero de Betanzos en 1986. Justo al mismo tiempo firmó como entrenador Beenhakker que tuvo claro que sería su cancerbero titular. En su primera temporada el Real Madrid gana la Liga y Buyo triunfa en la Copa de Europa al detener dos penaltis en la tanda de cuartos de final contra la Juventus.