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La Euroliga no es una competición.

La Euroliga no es una competición.

Escrito por: Emil Sorel22 octubre, 2020
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La Euroliga hoy no es una competición. No sabemos qué es, porque se juegan partidos y se establecen clasificaciones. Pero una competición deportiva, tal y como la tenemos entendida hasta ahora, no. Vaya por delante (porque habrá quienes ya estén nerviosos con estas líneas) que el Real Madrid no ha empezado bien su andadura en Europa, que se han perdido más partidos de los debidos y que eso no se debe más que a su mal juego. El propio Pablo Laso lo admitía: “Esto ya ha empezado y vamos tarde”.

Aclarada esa circunstancia, hablemos del meollo del asunto. Sí, estamos en época de coronavirus y, sí, hay que aceptar que las cosas van a ser extrañas durante bastante tiempo. Es parte de la calidad de un equipo saber adaptarse a las circunstancias que le rodean. Lo vimos en fútbol tras el confinamiento y también en baloncesto o ciclismo. Se trata de sobrevivir, de abstraerse de la atmósfera rarísima que nos envuelve y ser competitivo.

Entonces, ¿qué es lo que hace diferente a la Euroliga? Sencillamente, que el descontrol es demasiado grande. Hay canchas repletas (Lituania, Rusia), otras a medio llenar (Milán), unas más en las que hay unos cuantos centenares de espectadores (Vitoria) y muchas otras vacías (el Wizink Center de Madrid, sin ir más lejos).

Hay canchas repletas (Lituania, Rusia), otras a medio llenar (Milán), unas más en las que hay unos cuantos centenares de espectadores (Vitoria) y muchas otras vacías (el Wizink Center de Madrid, sin ir más lejos).

Eso ya supone una injusticia atroz en la medida que está demostradísimo que la influencia del público en jugadores y árbitros es indiscutible. Es más fácil ganar con gente detrás animando, es un hecho. Pero no es sólo eso: meterse ahora mismo en un pabellón con varios miles de almas respirando fuerte supone un mal rollo en el jugador visitante. Clama al cielo que no se haya determinado un conjunto de reglas que sean iguales para todos.

Real Madrid Valencia Euroleague

Pero más allá de eso, no se sabe si se jugará un partido, o no, muchas veces hasta varias horas antes de que esté previsto su comienzo. Parecía que, esta vez sí, había unas normas algo más claras al respecto. Aceptadas por los propios clubes, además. Bueno, pues tras un par de partidos anulados -y ganados por 20-0-, parece que se va a cambiar la regla. Poco serio.

Y luego está el trasfondo verdadero: ¿tiene sentido que los equipos se vayan moviendo por toda Europa, con los séquitos correspondientes de directivos, utilleros, cuerpo médico y demás? Cuesta decir que sí, toda vez que se ha comprobado que la fórmula más segura es la de la burbuja, que se desarrolló con total garantías tanto en la NBA como en la fase final de la ACB. Permítanme una pequeña digresión: si esto ya es dudoso en competiciones locales, en encuentros internacionales es directamente un sinsentido. Cada uno volando de un lugar distinto y juntándose después en otro país para jugar partidos que, admitámoslo, no le interesan a casi nadie. La pela es la pela, sí, pero…

¿tiene sentido que los equipos se vayan moviendo por toda Europa, con los séquitos correspondientes de directivos, utilleros, cuerpo médico y demás?

Esta situación raruna, a veces inadmisible, nos lleva a analizar con otra óptica la decisión del Real Madrid de cortar el grifo este verano, tanto en la sección de fútbol masculina como de baloncesto. Cada día que pasa se antoja más acertada y lógica, por mucho que nos duela como aficionados. A nosotros, los forofos, lo que nos gusta es ver ganar al equipo, como sea, y que la ambición económica sea máxima. Cuesta aceptar que no se ponga toda la carne financiera en el asador, pero en un contexto no ya de crisis evidente, sino de ignorancia sobre cómo se desarrollarán las competiciones y si se podrán siquiera terminar, resulta la única opción viable. Me temo que si no aceptamos esta cruda realidad nos vamos a pasar todo el año (más) frustrados y dándole vueltas sobre lo mismo. Toca arrimar el hombro, en todo.

 

Fotografías Getty Images.