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El gol de Copacabana de Vinícius

El gol de Copacabana de Vinícius

Escrito por: Luis Montero Manglano25 enero, 2024
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Cuando yo era más joven pasaba bastante del fútbol, hasta que un día vi a Gareth Bale surcar como un cometa la banda de Mestalla y entonces me convertí en madridista y garethista. En el orden que ustedes quieran.

No me arrepiento de haber tomado esa decisión, pues hasta ahora ninguno de los responsables de ella (Bale y el Real Madrid) la han puesto jamás a prueba. Por el contrario, lo único que han hecho es refrendarla.

Bale Mestalla

La galaxia fútbol, en cambio, cada vez me pone más difícil mantener mi afición por este deporte. Lo primero que tuve que asumir es que ser aficionado al fútbol supone aceptar que el pensamiento occidental ha evolucionado desde la escolástica, el Conflicto de los Universales, Guillermo de Ockham y Tomás de Aquino hasta Tomás Roncero cantando a gritos el himno de la Décima a la cara de Cristóbal Soria. Vale. Bien. Supongo que eso ya lo tengo superado.

Más tarde, durante mi exploración por los horrores cósmicos de la galaxia fútbol, me he ido encontrando cosas aún más deprimentes. He visto naves en llamas en Orión, Rayos-C de Ceferin brillar en la oscuridad, a Pável Fernández psicoanalizando el fuera de juego en los confines de Andrómeda, a Javier Tebas vendiendo a plazos la Puerta de Tannhäuser y a Pep Guardiola limpiándose la calva con petróleo en crudo y lágrimas en la lluvia.  Cosas, en fin, que me hacen preguntarme qué diablos hago en esta galaxia y por qué no vuelvo de una vez a mi puñetero planeta, donde no se sintoniza el Tertulión de Onda Cero. Que hacen que quiera pasar del fútbol para siempre, vaya.

He visto naves en llamas en Orión, Rayos-C de Ceferin brillar en la oscuridad, a Pável Fernández psicoanalizando el fuera de juego en los confines de Andrómeda, a Javier Tebas vendiendo a plazos la Puerta de Tannhäuser y a Pep Guardiola limpiándose la calva con petróleo en crudo y lágrimas en la lluvia

El universo fútbol está lleno de cosas deprimentes. Los cánticos racistas al ritmo del paso de la oca de la afición del Manzanares Über Alles Fútbol Club son deprimentes. Los pagos del Barça durante 17 años a Negreira para amañar la competición son deprimentes. También me da bastante bajona su entrenador, dicho sea de paso; y es que Xavi Hernández tiene la perenne expresión de alguien que está superando su tercer divorcio y su adicción al Percodán al mismo tiempo. Si encima utiliza esa cara para insinuar que el Real Madrid adultera ilegalmente los partidos de la Liga, la depresión se me torna en cabreo.

Me enfado y entonces espero que Ancelotti responda algo contundente en nombre del Real Madrid. Pero Carletto —quien por cierto parece la clase de hombre con quien se iría la hipotética tercera ex mujer de Xavi Hernández— solo dice no sé qué cosas de un tal Tchuameninga. Lo cual me hace pensar en que las indicaciones de Ancelotti en las previas deben ser bastante curiosas:

—A ver, equipo: en esta jugada quiero que Tchuameninga vaya por la banda asistido por Kroodric y Valvérdiguer; después pase a Joselunin, este a Mendylitao, luego a Rodryzquez en el área y, finalmente, remate a puerta de Bellinguicius. ¿Está claro?

—Sí, míster. Cristalino.

—Pues al lío.

Ancelotti Atleti

Entiendo que bastante tiene el entrenador del Madrid con aprenderse los nombres de su plantilla y ganar copas de Europa como para andar preocupándose por las bobadas que diga Xavi Hernández. Supongo que estar luchando día a día en la trinchera hace que relativices algunas de las cosas que solo parecen importantes cuando contemplas la guerra desde la comodidad de un sofá. Como dijo Solzhenitsyn, los mayores patriotas siempre están en la retaguardia.

El caso es que desde que el VAR impidió que al Madrid le robaran impunemente un partido contra el Almería, parece que la guerra se ha recrudecido e injuriar al equipo de Chamartín vuelve a estar de moda. Eso también me resulta de lo más deprimente. Me entero por mis fuentes de que uno de los más activos injuriadores es un tal Gerard Romero, que no sé quién es, pero como uno es de natural curioso, acudo a internet para investigar sobre el sujeto.

El universo fútbol está lleno de cosas deprimentes. Los cánticos racistas al ritmo del paso de la oca de la afición del Manzanares Über Alles Fútbol Club son deprimentes. Los pagos del Barça durante 17 años a Negreira para amañar la competición son deprimentes

Resulta que Gerard Romero es un señor con gorra que graba vídeos disfrazado de “groupie” de los Jonas Brothers. Admito que su aspecto me resulta inquietante. Si un adolescente entrase en coma al cumplir los 13, despertara treinta años después con la misma ropa y se pusiera a grabar vídeos sobre el Barça en el sótano de la casa de sus padres, supongo que tendría un aspecto muy similar al de Gerard Romero.

Es triste pensar que gran parte de la prensa del universo fútbol gira alrededor de personas como Gerard Romero, al cual, queriendo perjudicar al Real Madrid filtrando una grabación de la sala VOR (que no perjudica al Real Madrid en absoluto), le puede caer un paquete bastante serio en forma de demanda penal. Pero más triste aún es descubrir que Gerard Romero, cuya capacidad de pensamiento y sentido de la moda es evidente que llevan un serio desfase respecto a sus hechuras de hombre (muy) adulto, no era consciente del puro judicial en el que se metía solo por su estúpido y pueril afán de causar daño a un equipo de fútbol que no le gusta. Hasta los auténticos “groupies” de los Jonas Brothers tienen más entendederas.

Gerard Romero

La gente como Gerard Romero es un buen ejemplo de todos los males y carencias que han hecho del universo fútbol un lugar deprimente. Una galaxia llena de individuos resentidos, corruptos, gañanes, mentirosos y atrapados en una perpetua adolescencia. Sujetos que parece que lo único que colma su pasión futbolística es causar daño a todo aquello que no les gusta. Con personas así, ¿qué atractivo puede nadie encontrar una persona equilibrada y sensata en aficionarse a este deporte? Yo, desde luego, ninguno.

La gente como Gerard Romero es un buen ejemplo de todos los males y carencias que han hecho del universo fútbol un lugar deprimente. Una galaxia llena de individuos resentidos, corruptos, gañanes, mentirosos y atrapados en una perpetua adolescencia

Entonces, cuanta más profunda era mi desazón, me topé en la red social X con una foto de Vinicius Jr. marcando su gol con el hombro contra el Almería. Lo extraordinario de aquella foto era que la había reposteado el propio protagonista, Vini, añadiéndole el siguiente comentario:

“Golazo!!! Así lo hacía siempre en la playa de Copacabana.”

Tuit Vinícius gol Copacabana

De pronto recordé por qué el fútbol es un deporte precioso. Porque más allá de los resentidos, de los mentirosos, de los seres tristes que pasan horas escrutando fotogramas intentando dilucidar dónde acaba una mano y empieza un hombro, de los primates que se comportan como bestias en las gradas de los estadios, de los árbitros y exárbitros con pinta siniestra que retuercen los reglamentos a cambio de un peluco chapado en oro (porque además de malvados son muy horteras), de las aficiones acomplejadas que valoran más una derrota del vecino que un triunfo en su propia casa, de los clubes que creen que la grandeza se compra con dinero; más allá de todo eso, repito, hay un fútbol bonito, de recreo y de pachanga en la playa. Un fútbol de infancia donde lo más importante está en el campo, no a su alrededor. Donde los verdaderos protagonistas son chavales vestidos de corto que hacen cosas preciosas con un balón. Que durante un intervalo de 90 minutos nos hacen creer que hay algo de magia en este mundo triste y gris porque vemos con nuestros propios ojos cómo un pedazo de cuero vuela, gira, brinca y surca el viento como si fuera un ser vivo.

“A veces un minuto es para siempre”, escribió Lewis Carroll. Lo mismo podría decirse del tiempo que un balón permanece suspendido en el aire antes de atravesar una portería.  O de lo que tarda en recorrerse al galope la banda de Mestalla. O de lo que dura el contacto del cuero sobre el hombro de un niño feliz en una playa de Copacabana.

Ellos tienen a Gerard Romero. Nosotros a Vini y su gol de Copacabana. No sé a ustedes, pero a mí me queda madridismo para rato

Por eso me gusta el fútbol. Por eso soy del Madrid. Porque esa magia no puede matarla nadie. Ese gol de Copacabana es un milagro que trasciende la grisura de los reglamentos. El fútbol de verdad es arena caliente entre los dedos de los pies, raspones en las rodillas y una portería delimitada por dos jerseys hechos un gurruño sobre un suelo de tierra y grava. Es el placer de hacer cosas bonitas con una pelota sin que a nadie le importe un carajo si lo que hay un centímetro por debajo de la manga de la camiseta sigue siendo hombro o ya es mano. O si la punta de una bota está lo suficientemente adelantada como para provocar un fuera de juego.

El gol de Copacabana de Vinicius Jr. en el Bernabéu es de las cosas más hermosas que he visto en un terreno de juego. No lo olvidaré nunca, porque me ha devuelto la fe futbolística justo cuando más lo necesitaba.

Ellos tienen a Gerard Romero. Nosotros a Vini y su gol de Copacabana. No sé a ustedes, pero a mí me queda madridismo para rato.

 

Getty Images.

Luis Montero Manglano
Novelista. Editor. Profesor de Historia del Arte.

6 comentarios en: El gol de Copacabana de Vinícius

  1. Gran nota y no se puede estar en desacuerdo. Hala Madrid.
    Me pasa algo similar, sino fuera por ver al real, hubiese dejado de ver futbol.

  2. Luis, vaya articulazo, muchas gracias.
    Acabas de ponerme delante, cual espejo, mis propias emociones.
    Las que me perturban desde que se hizo pública la relación comercial entre el Barça y Negreira. Y que se recrudecen cuando veo que todos los medios de comunicación (con infinitesimales excepciones) no solo tratan de minimizar su gravedad o hacer desaparecer el asunto, sino que además proclaman que el Real Madrid corrompe el fútbol.

    Para mí no hay duda de que son asalariados, como Negreira, o enfermos de mente y alma, pero eso tampoco me anima demasiado. Resulta difícil vivir von tanto asco.

    Y sin embargo... el gol de hombro de Vini, el gol sutil de Mendy, la carrera de Brahim contra Oblak, los pases de Kroos, las cosas de Bellingham...

  3. Después de leer su artículo, he recordado la comedia "Un equipo de pelotas". En ella se escenifica una nueva jugada de baloncesto: el alley oop. En un primer momento el árbitro anula la jugada. Se monta un follón con las protestas del equipo contrario. Los jueces se quedan sin argumentos y al final dan por válida la canasta. Ya veo a algún jugador intentar ensayar la genialidad de Vinicius

  4. La verdad que está semana he visto el aspecto del tal Romero, en videos de otros youtubers, y la descripción de su aspecto me parece genial. Yo soy madridista desde hace muchísimos años, pero cuando estoy eufórico, busco en Youtube " gol de Bale al Barça Rac1" y ya el "gozo me revienta por las conchas del caballo"

  5. brillantísimo artículo. Una pasada.

    Una cosa más, ¿ Alguien se puede creer que si no la diera con el hombro no podría salir la pelota con tanta fuerza y con un ángulo como el que coge para ir a la escuadra?

    En efecto el tal Romero es un hortera de bolera y en otro tiempo, no sería ni hamaquero en la playa de Benidorm...

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