La Galerna

Demonios

Es el día, el único día, del ensayo sin Kroos y sin Bale antes de Barcelona. Es excitante pensar que este equipo sin algunos de sus pilares sigue funcionando y puede funcionar ante el gran rival. Motivos hay para creerlo con Zidane escribiendo sobre piedra en lenguas remotas una historia (más historia) que está por suceder. Con Benzema ausente (me gusta cuando callas...), la imprescindible BBC está borrosa y coja igual que la foto de familia de Marty McFly, pero el Madrid sigue ganando.

Yo no sé qué grado máximo de esbeltez puede alcanzar la figura de Cristiano, pero es como si con el portugués nos acercásemos a una nueva era fisiológica. Esa esbeltez insuperable es pura electricidad que es lo que nunca tuvo James, rechonchito por naturaleza pero poseedor de una fuerza bruta (que en estos últimos tiempos se niega a salir, enfurruñada como un niño), mayormente en la pierna izquierda que no termina en bota sino en la pelambre de un pincel.

Hay que sacar a James del bosque, lejos de la sombra de los árboles, y enseñarle el claro al que han llegado Isco y Kovacic, donde sienten la pelota sin amenazas y a veces les sale agua pura a chorros del cuerpo, agua mineral como si nos hubieran metido en un anuncio de colonia. La lluvia sobre Madrid y el Madrid que, cuando yo llego al partido, ya gana de penalti. Modric está tirando entre líneas pases rectísimos apoyándose en Kova, que es su Oficial de Radar e Intercepción (RIO).

Está Lucas Quinto volando y picando. Es una avispa. Cada vez que conduce el balón suena: "¡Bzzzzz!", y los rivales lo oyen e intentan quitárselo de encima a manotazos. Hay un rondo en veinte metros cuadrados que acaba en Nacho, de lateral hoy (éste ganaría Master Chef y hasta el bote de Pasapalabra), que centra a Cristiano en el área con la precisión de David Beckham para que aquel marque de remate de cabeza en plancha. Es el minuto diecisiete y no parece que vaya a haber partido. Pero lo hubo.

Zidane avisa y tiene razón. Sólo falta que falle Modric a lo Ramos y luego blandee Kova. Dos a uno y la sensación progresiva de que se está mojando la pólvora. Pesan las camisetas mojadas. La lluvia es pegajosa, como moco, y es protagonista. Hace falta Frenadol o algo así. En esos momentos del partido sólo se ve a Lucas volar y recibir golpes mientras Kovacic hace sus salidas de morena bajo el mar cuyo efecto es vertiginoso (parece que sortea rivales sobre un cable tendido entre dos edificios) y sin embargo también tranquilizante.

En el setenta y uno salen del campo James y Ramos y entran Asensio y Marcelo. Nada se siente porque nada pretende Zizú hacer sentir sino más bien preservar. El Sporting se gusta y en el setenta y siete se produce un penalti de Nacho, que hace dos recortes innecesarios en el área que luego van a meterse de lleno en su adrenalina. Esta clase de sufrimiento new wave del Madrid viene de Lisboa, de Sporting a Sporting, y donde allí se acabó con el talento y la pegada, aquí se termina con el fallo de Duje Cop, que sin mirar la envía a Barcelona donde ya esperan, yo creo que temerosos después de haberlos visto escapar a estos visitantes de la muerte en medio de la tormenta, la prensa y el fuego.

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