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Cuando el Mallorca fue cantera del Real Madrid

Cuando el Mallorca fue cantera del Real Madrid

Escrito por: Alberto Cosín4 febrero, 2023
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Así titulaba el diario Baleares en 1977, en referencia a la época, década de los 40, en la que el Mallorca fue un caladero de jugadores para el Real Madrid. Y es que un total de cuatro futbolistas abandonaron el conjunto bermellón en apenas cinco años para vestir los colores blancos.

El primero fue el extremo izquierdo Pablo Vidal, en julio de 1944. La prensa mallorquina anunció su fichaje por el Real Madrid tras un desembolso merengue de 80.000 pesetas y firmando el jugador un contrato de tres años, cobrando 24.000 pesetas por campaña. Vidal se declaró madridista en MARCA y afirmó que “me atraía grandemente el club de mis simpatías, soñaba con jugar algún día en el Madrid y lo he conseguido, creo que en mi mejor momento”. Mientras, su padre, en el diario Baleares, expresó su pesar porque su hijo abandonara la isla: “mi deseo hubiera sido que Pablo se quedara aquí en Mallorca con nosotros”.

Vidal

El verano siguiente de 1945, el secretario técnico, José García Echániz, viajó a Palma para la boda de Vidal y, aprovechando la circunstancia, se vio con los directivos del Mallorca, con los que tenía unas excelentes relaciones, especialmente con su asesor técnico, Antonio López Herranz, que había jugado en el equipo blanco antes de la Guerra Civil y la primera temporada de la posguerra. La reunión giró en torno a varios nombres, y en este caso se habló de un intercambio de futbolistas. El cuadro blanco había firmado al defensa Tamayo, del Oviedo, que interesaba a los bermellones y se produjo un trueque con el medio ala mallorquín José Simonet, que pasó a engrosar la plantilla madridista. El mediocampista estaba seguro de sus posibilidades y comentó “que por falta de entusiasmo no fracasaría”.

Pepe ECHÁNIZ MANTENÍA UNAS MAGNÍFICAS RELACIONES CON LA DIRECTIVA MALLORQUINISTA Y ESO POSIBILITÓ TANTOS TRASPASOS

En el mes de noviembre de 1946, el cuadro merengue acumuló las bajas por lesión de sus dos guardametas, José Bañón y José Marín. El equipo necesitaba un portero con urgencia y en un principio probó a Palma, arquero suplente del Córdoba, y a Medina, el guardameta titular del Chamberí, sin que ninguno convenciese. Fue entonces cuando se fijó en Francisco Sureda, cancerbero del Mallorca. En una operación relámpago, el portero viajó a la capital, realizó una prueba rápida que satisfizo a los técnicos del equipo blanco y firmó su ficha como nuevo jugador. Sureda admitió ya como madridista “su entusiasmo y un deseo enorme de triunfar”.

Sureda

El último en incorporarse a las filas blancas fue el interior José Montalvo, un refuerzo para la Copa del Generalísimo, que se celebraba tras la competición liguera. A mediados de abril de 1948 saltó la noticia del acuerdo entre el Mallorca y el Real Madrid por un traspaso de 50.000 pesetas. Montalvo firmó por cinco años y percibió 450.000 pesetas, según informó el diario Baleares. José García Echániz declaró que “nos llevamos a Montalvo, porque debíamos proceder rápidamente a la adquisición de jugadores para la Copa, dada la gran cantidad de lesionados que tiene el Real Madrid. Montalvo era la pieza codiciada, por cuanto ha sido uno de los que más ha destacado en la II División”.

Montalvo

En la temporada 1946-1947, el curso en el que se revalidó el trofeo de la Copa del Generalísimo, coincidieron tres mallorquines en plantilla: Vidal, Simonet y Sureda.

De todos aquellos jugadores procedentes del Mallorca el que dejó más huella en el Real Madrid fue Pablo Vidal. Extremo izquierda veloz, con un perfecto sentido de la jugada y poseedor de un disparo potente y colocado, estuvo un total de cinco campañas como merengue y fue titular en cuatro de ellas. Su papel más determinante fue en la final de Copa de 1947 contra el RCD Español en Riazor. El partido se fue a la prórroga y en la segunda parte de la misma apareció el puntero para marcar el primer gol y dar la asistencia del segundo a Pruden. Vidal fue vital en el triunfo copero y MARCA así lo destacó: “Domingo a domingo, el balear ha ido afirmando su clase”. Su diana, según la crónica de Ramón Melcón, fue “conseguida de forma espectacular, al rematar un servicio del extremo Alsúa”.

Sureda Pont Vidal

Simonet llegó con la vitola de medio hábil y de juego científico, pero no le entró por el ojo al cuerpo técnico formado por Quincoces y Baltasar Albéniz. Su bagaje como madridista se resume en dos temporadas, pero ningún partido oficial. Solo apareció en diez amistosos y en marzo de 1947 se fue cedido unos meses al Albacete, retornando al equipo blanco para la Copa, pero no entrando en ninguna convocatoria del torneo del KO. En verano finalmente se marchó al Atlético Baleares.

El portero Sureda, que destacaba por su agilidad, buena colocación y valentía tuvo una trayectoria muy corta. Se le fichó por la plaga de lesionados en el marco y su única presencia en un once madridista fue en un partido liguero contra el Sevilla. El equipo blanco se quedó pronto con diez jugadores por lesión de Querejeta, y Sureda acabó encajando cinco tantos. Cuando Bañón retornó de su lesión, el cancerbero mallorquín dejó el puesto y en el verano de 1947 firmó por el Albacete.

EN EL EQUIPO CAMPEÓN DE COPA EN 1947 FIGURABA PONT, QUE ERA MALLORQUÍN, PERO NO PROCEDÍA DEL CUADRO BERMELLÓN

Curiosamente, aquel curso 1946-1947, el Real Madrid campeón copero también contaba con otro mallorquín en su plantel, Guillermo Pont. Un medio o defensa de gran eficacia y combatividad, que, sin embargo, no procedía del Mallorca sino que aterrizó en la casa blanca en 1945 desde el Atlético Baleares.

Pont

Por último, José Montalvo acumuló cinco años y medio como madridista. El interior, de juego inteligente y preciosista, vivió distintos roles en su trayectoria. Tuvo campañas magníficas, como en 1948-1949 de la mano de Mr. Keeping, en la que logró nueve goles en Liga, o en el curso 1950-1951, siendo un habitual para el técnico inglés, más tarde para Albéniz y por último para el charrúa Scarone. Contó menos en temporadas posteriores, como en 1949-1950 y 1952-1953, perdiendo el puesto en beneficio de Molowny y Joseíto respectivamente. En diciembre de 1953 hizo las maletas para enrolarse en el Real Jaén.

 

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Apasionado del balompié, me hubiese gustado ver en directo a las figuras de los años 30, 40 y 50. Gato y madridista, en mi primera visita al Santiago Bernabéu pude contemplar a Diego Armando Maradona.

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