La Galerna

Podredumbre periodística

De todos es sabido el papel, la influencia y los efectos, que los medios de comunicación traen consigo en la actualidad; más si cabe en un espacio repleto de fervor y entusiasmo como es el fútbol, lo que da cobijo, naturalmente, a la presencia y proliferación de multitud de puntos de vista distintos. A propósito, la verdadera magia de este deporte es que, por muy equivocado que puedas llegar a estar, si quieres convencerte de algo, si lo deseas con todas tus fuerzas, siempre hallarás el salvavidas necesario antes de hundirte, incluso cuando pretendes negar la evidencia más palmaria.

Por suerte o por desgracia, las estructuras que han venido sosteniendo al periodismo durante décadas, -antaño caracterizadas por la razón, la investigación y la estimulación del espíritu crítico del consumidor-, vienen sustituyéndose por otras más afines al escarnio y despellejamiento público que a otra cosa. Además, debido al incipiente desarrollo tecnológico, al exponencial impacto de las redes sociales y al permanente intercambio de información, la esencia más pura y enriquecedora de esta profesión se está viendo contaminada por males endémicos como el intrusismo laboral, lo que asimismo trae como consecuencia la presencia en programas de actualidad de contertulios con ínfulas de lo que no son y de individuos “a sueldo” que no dudan en cercenar los códigos deontológicos más elementales en pro de sus intereses personales.

En los diarios deportivos españoles más importantes se diseñaron portadas en las que Benzema aparecía entre eslóganes como “Está muerto” o “Benze-NÁ”

Esta perniciosa metamorfosis, lejos de pasar de puntillas por el mundo del balompié, el cual es uno de los elementos consustanciales a la sociedad española, ha encontrando en este uno de los terrenos más idílicos para seguir proyectando esta abigarrada forma de transmitir información plasmada en una ética de trabajo repleta de amarillismo, sensacionalismo y veletismo. Una corrupción ética, moral e intelectual insondable.

Fruto de esta maquinaria, el individuo medio que sigue de cerca la actualidad deportiva es presa fácil de la alienación, quedando sometido al albur de todo el compendio de dogmas y consignas repetidas desde todos los frentes de manera infatigable. Este hecho afecta de manera irrefrenable al criterio general de la opinión pública.

En lo que al Real Madrid respecta, hay una serie de futbolistas que aúnan una serie de condicionantes personales, culturales y étnicos que reflejan todo lo anterior descrito. Personajes que lidian con toda clase de  filias y fobias irracionales: Karim Benzema y Gareth Bale. Al natural de Lyon se le acusó desde el primer momento de tener la sangre de horchata, y desde los diarios deportivos más importantes de este país se diseñaron portadas en las que, con su figura como elemento central, se levantaban eslóganes injustificables como “Está muerto” o “Benze-NÁ”. Y no solo en la prensa escrita, pues también hubo quien le llegó a insultar durante la emisión de un programa de radio que prefiero omitir.

Ríos de tinta se han vertido sobre Benzema a lo largo y tendido de la década, en la mayoría de las ocasiones de forma injusta y arbitraria, focalizando en él todos los déficits del equipo. Una cabeza de turco, precio que Karim quizá deba pagar por no conceder demasiadas entrevistas, no caer simpático a la clase periodística o, simple y llanamente, por ser un alma libre cuyo único ritmo que conoce son los que marca la pelota, la más caprichosa.

El galés, por otra parte, también ha sido uno de los juguetes rotos con mayor raigambre de los mass media. Semanas después de que pusiera el pie en Valdebebas, allá por septiembre de 2013, fue acusado de tener una hernia; noticia resaltada de manera pintoresca, manchando la imagen reputacional del futbolista y afeando, de rebote, la inversión que realizó Florentino Pérez. Qué cosas. Lo cierto es que en Gareth los columnistas y generadores de opinión han encontrado la figura perfecta para canalizar todo ese odio irracional que llevan dentro. De hecho, la podredumbre llegó a tal punto que se llegó a manifestar abiertamente que no sabía jugar al fútbol, que era un chupón, que tenía pintas de atleta o que, sin ir más lejos, no estaba por la labor de integrarse. Fue demencial. Lo del idioma, claro está, constituye otra excusa artificial para seguir nutriendo esa propaganda a todas luces reprobable que se lleva vertiendo durante algo más de ocho años contra el futbolista. Y lo más sangrante de todo es que luego el malo es el galés por no atender a los mismos medios que le machacan.

La realidad siempre supera a la ficción. Hace tan solo unas semanas, en el partido que disputó el equipo blanco ante Unionistas en Copa del Rey, los comentaristas de turno, en aras a su recurrente ejercicio de acoso y derribo, y lejos de mostrar un mínimo de imparcialidad con Bale, le siguieron acusando con el mantra de la indolencia que hace tanto propagan los voceros de la desinformación. De nada importó que en tal encuentro marcara el primer gol del partido o que volviese de una lesión, pues lo fundamental era seguir sometiéndole al escarnio de siempre. Raro es encontrar en los medios a quien disiente sobre lo mal profesional que es Bale o sobre su escaso legado. Ya dedujo Orwell que en un mundo de engaño decir la verdad iba a ser considerado un acto revolucionario. Y en esas estamos, pues manifestar abiertamente lo bueno que es Gareth o la incuestionable huella que ha dejado te convierte en un auténtico bicho raro.

Desafortunadamente, la sociedad de la (des)información lava cerebros todos los días, más en la actual época en donde priman los flashes, los eslóganes y las emociones. Y es por ello que es digno de hombres rectos y ecuánimes hacer un ejercicio de resistencia numantina ante tanta depravación intelectual y, en consonancia, romper una lanza por los futbolistas más desamparados mediáticamente que, curiosamente, siempre suelen ser futbolistas extranjeros que no conceden demasiadas entrevistas. Ya saben por dónde voy. Una actitud que deviene en espíritu crítico y distinción de aquél que la promueve y defiende. Ese sapere aude del que hablaba el filósofo Immanuel Kant en sus ensayos con el fin de eliminar las cadenas del Antiguo Régimen que impedían el pensamiento propio, pero extrapolado al mundo del fútbol. Una concepción importada de la Ilustración perfectamente aplicable hoy en día. Seguid esta senda y a la larga venceréis.