Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. El FC Barcelona está haciendo mobbing, con luz y taquígrafos, a su jugador Frenkie De Jong. Le está acosando por tierra, mar y aire, incluido el uso de sus medios afines, para que acepte la oferta del Manchester United y deje de estorbar en los nuevos planes de la institución.

Sucede que Frenkie De Jong tiene un contrato firmado, aunque esto para el FC Barcelona sea papel mojado. Sucede además, para más escarnio, que Frenkie De Jong había accedido a diferir cobros en atención a la situación de la entidad que le contrata, y que ahora esa misma entidad le exige -no le solicita, no, LE EXIGE- que renuncie al cobro de esas cantidades para poder fichar por el Manchester. Así le paga su lealtad.

Así y con la denigrante campaña por parte de los medios cataculés.

Ved.

"Le piden que se marche". La letra pequeña especifica en qué consiste "pedir". "El Barça le ha dicho a De Jong que DEBE dejar el club: es la clave para rebajar la masa salarial". Atención: ya no le pide, ahora "DEBE" dejar el club. Y lo que viene detrás de los dos puntos se supone que es la causa por la que DEBE hacerlo: "es la clave para rebajar la masa salarial". Es decir, DEBE dejar el club porque el club lo dice, porque al club le conviene, hubiera lo que hubiera firmado entre el futbolista y la entidad, eso da completamente igual. Resulta que la marcha de Frenkie es esencial "para rebajar la masa salarial", es decir, para poder inscribir a jugadores como Kessie o Raphinha a los cuales (atención, redoble de tambores) el Barça HA FICHADO YA. Es decir, no ha esperado a resolver lo de De Jong para luego ponerse a fichar, sino que primero ha fichado a quienes sabe que no podrá inscribir a menos que De Jong se marche, y luego ha soltado los perros mediáticos sobre el holandés para hacerle quedar como poco menos que antibarcelonista. A él, que (repetimos) accedió por el bien de la entidad a diferir unos cobros que ahora la entidad le niega, poniéndole mala cara por osar solicitar lo que es suyo antes de cerrar por fuera.

Es un lodazal ético de tal calibre que la náusea resulta incontenible.

Y la náusea no es solo nuestra. Toni Freixa, exdirectivo de la entidad y candidato presidenciable, no excesivamente sospechoso de madridismo, ha sido bien claro. Coincide exactamente (lo sentimos, Toni) con nuestra lectura.

Entretanto, la presa patria (y aquí no nos referimos solo a la de la patria catalana) mira para otro lado. No sucede así en el extranjero, donde los medios de diferentes lares flipan ante los chanchullos financieros y la falta de escrúpulos éticos de Jan y los suyos. Este es solo un ejemplo:

Lo flipan en colores, amigos. La verdad, qué queréis que os digamos: es una suerte la distancia moral que existe entre el Real Madrid y esta gente. Ya están amenazando a Frenkie con dejarlo tirado por ahí, como ya hicieron con Heurtel. Qué suerte es ser del Madrid, una entidad respetable que honra la firma otorgada, la palabra dada. Una entidad que se ciñe a lo rubricado, le convenga o no, por culpa de lo cual se ha tenido que comer y se come a jugadores totalmente improductivos, a auténticos lastres deportivos, por la sencilla razón de que tienen contrato y no desean renunciar a él. Cuando tal cosa sucede tú, como entidad, te jodes, hablando mal y pronto. Ocurre que Jan y los suyos no están dispuestos a joderse, sino que prefieren el mobbing, prefieren ciscarse en los contratos firmados e indignarse mucho ante quien pretende la excentricidad de cumplirlos, sobre quienes descargan fatwas mediáticas de incalificable obscenidad.

Y esto ¿qué os parece? Sobre la ilusionante (¿?) noticia del refichaje/refrito de Dembélé, sueltan los de Sport: "De Jong pasa del ultimátum del Barça". No os lo perdáis: "PASA del ultimátum". No seáis sinvergüenzas, amigos de Sport. Quien PASA de lo que ha firmado y se comporta miserablemente es el Barça, y la noticia no debería ser el que el futbolista ignore el ultimátum, sino el que el Barça se permita darlos. "El club azulgrana NECESITA que el neerlandés salga DE INMEDIATO, pero Frenkie desoye las ofertas". Qué desconsiderado, el tal Frenkie. Pretender que se le pague lo que se le debe, qué tipejo. ¿No se da cuenta de que el club NECESITA que se marche, perdonando dichas cantidades además? Además, el club lo NECESITA porque ha empezado la casa por el tejado, es decir, fichando a quien no sabría si podría inscribir, dando por hecho que De Jong es idiota y se plegaría a sus designios.

Es pútrido, queridos amigos. Es precisa y rigurosamente vomitivo.

As y Marca ignoran el asunto, no vaya a ser que a alguien no le guste escuchar lo que debería escuchar. As habla de los primeros entrenamientos de Rüdiger y Tchouameni, lo que nos parece muy bien, y Marca nos ofrece su entrevista con Shaquille O'Neal, por la que hay que felicitarles con una pregunta adjunta: ¿para cuándo una portada sobre la ruina financiera y (sobre todo) moral del Barça?

Pasad un bien día.

 

 

 

 

 

 

 

 

Así es, queridos galernautas. El genial director australiano, creador de la saga Mad Max, además de ser el mejor director de acción de la historia, también es madridista. Y además pertenece a esa extraña estirpe de famosos madridistas que más aprecio en mi fuero interno: aquellos mismos que aún no saben que lo son. Porque George, aunque no lo sepa, es madridista y mucho. Y además de serlo, tuvo el detalle para con todos los madridistas de predecir la Decimocuarta en las grandes pantallas a través de su retorno a la saga que lo catapultó a la fama a finales de los años 70, Mad(rid) Max: Fury Road.

No son pocas las convergencias entre el director nacido en Brisbane y el club de Chamartín, desde la épica casi propia del mismísimo estadio Santiago Bernabéu que imprime el veterano australiano a sus películas hasta la versatilidad que tiene para hacer películas de diversos géneros (y que funcionen). No en vano todos recordamos de él no solo la saga de acción y ciencia ficción Mad Max, sino desde dramas que te parten el corazón como El aceite de la vida hasta películas familiares que te lo arrebatan como Happy Feet o Babe: el cerdito valiente. Lo dicho, una versatilidad propia de un Real Madrid capaz de ganar con un fútbol de contrataque de ensueño como era el de aquel Madrid de Mou, hasta el de juego de posesión de Zidane con el que conquistamos 3 Champions seguidas o el actual fútbol de empuje, arreón y alma con el que Carletto nos ha llevado a ganar la trigésimo quinta y la decimocuarta. Distintos métodos y estilos, pero mismo éxito. Pero, en el texto que nos atañe hoy, he preferido que nos centremos en esa profética película con la que Miller nos mostró una primera versión de la Champions que acabamos de vivir: la de nuestras vidas, sí.

En el año 2015 George Miller presentaba en el Festival de Cannes fuera de concurso su regreso al universo Mad Max con su cuarta entrega: Fury Road. Fue recibida con una ovación de campeonato tras haber asombrado a todo el público con aquella película con la que el director oceánico le recordaba a un mundo ya demasiado acostumbrado a las películas de superhéroes de Marvel cómo se rueda realmente una película de acción, de manera similar a como en el pasado mes de noviembre Florentino ya le insinuaba a la UEFA la proeza que el mundo iba contemplar realizar al Real Madrid.

No fue precisamente tarea fácil presentar esta película, pues aunque estaba programada para 2012 tras obtener, tras un muy arduo y duradero proceso, la financiación necesaria para rodarla, Miller sufrió en sus carnes su particular etapa post-Cristiano y Zidane y el posterior año de Covid con una serie de imprevistos que llegaron a retrasar el comienzo del rodaje hasta 3 años. Cuando todo estaba previsto para comenzar a filmar, las inusitadas lluvias torrenciales que generaron unas inundaciones en el inhóspito y salvaje desierto australiano que no se veían desde hacía más de cinco décadas, así como las complicaciones para coordinar los calendarios de los actores principales, hicieron que el australiano, hastiado de tanto contratiempo, acabara por llevarse el rodaje al desierto africano de Namibia, donde las altas temperaturas y la meticulosidad de George a la hora de realizar las tomas hicieron del rodaje un auténtico infierno. Finalmente, casi un lustro después de lo esperado, su artesanal trabajo pudo acabar viendo la luz. Una obra comparable a la inversión que realizó Florentino en aquellos veranos en los que llegaron los Militao, Mendy, Courtois, Vinicius y Rodrygo entre otros, que tras unos años de aclimatación y crecimiento han acabado dando sus frutos formando parte del ya histórico equipo que ha coronado el doblete esta temporada.

Bajo el lema “Witness” –“sed testigos”, en nuestra querida lengua cervantina- el director australiano nos introduce en algo que, más que una película, es una imparable explosión de colores y emociones ejecutada a través de un sinfín de escenas imposibles que Miller dirige con tal maestría que el espectador no puede dejar de hacer otra cosa que preguntarse a sí mismo cada minuto “¿cómo diantres han podido rodar esto?” Un desconcierto bastante similar al que han sufrido este año los equipos que han tenido la desgracia de cruzar su camino con el del Real Madrid en la Liga de Campeones y que todavía están tratando de desentrañar los misterios de cada remontada en el templo blanco. No saben todavía (ni lo sabrán) que cuando el Real Madrid te mete en esa Cúpula del Trueno particular que tiene en su Santiago Bernabéu, y te invita a un “dos hombres entran, uno sale”, el desenlace es sencillamente inevitable.

el espectador no puede dejar de hacer otra cosa que preguntarse a sí mismo cada minuto “¿cómo diantres han podido rodar esto?” Un desconcierto bastante similar al que han sufrido este año los equipos que han tenido la desgracia de cruzar su camino con el del Real Madrid en la Liga de Campeones y que todavía están tratando de desentrañar los misterios de cada remontada en el templo blanco. No saben todavía (ni lo sabrán) que cuando el Real Madrid te mete en esa Cúpula del Trueno particular que tiene en su Santiago Bernabéu, y te invita a un “dos hombres entran, uno sale”, el desenlace es sencillamente inevitable

A lo largo del post-apocalíptico largometraje, sufrimos junto con los personajes una persecución interminable (de estas de las que le gustan a la UEFA y Ceferín) que ocupa prácticamente la totalidad de la película y en la que los personajes, al ritmo de la maravillosamente rocknrollera banda sonora de Junkie XL, tienen que luchar, como diría (o más bien narraría) nuestro querido David Álvarez, contra todo y contra todos, y que les obliga a buscar continuamente soluciones para cada contratiempo que se les presenta (y vaya sí se les presentan). Cerca estuvo Miller de tirar también de Camavinga y Rodrygo en el minuto 70, pero seguramente pensó que serían demasiados guiños y se contuvo. Al igual que el Madrid en esta edición de la Copa de Europa, en la que ha pasado más tiempo eliminado que clasificado, Max, Furiosa y compañía no tienen un segundo de respiro y conviven con la constante sensación de tener la soga atada al cuello durante las casi dos horas que dura el film, para acabar sobreviviendo épicamente al imposible desafío que encararon juntos: derrotar al imperio de Inmortan Joe con apenas un camión y unas pocas armas. Una quimera similar a la de un Madrid que ha acabado venciendo en Europa derrocando de manera casi inviable a rivales supuestamente superiores cuando las casas de apuestas situaban al equipo vikingo quizá excesivamente abajo como candidatos al título, y en septiembre-octubre se decía desde la prensa (e incluso desde parte de la afición) que “no había plantilla” para aspirar ganar la Champions. Por suerte, tanto George como Carlo y esta plantilla nos han recordado a todos que, como mínimo, siempre podemos aspirar a creer. Aunque solo sea un poquito. No se sientan culpables por hacerlo de vez en cuando.

El siguiente guiño intencionado de George lo dejó caer a través de los villanos. Fury Road está ambientada en un planeta Tierra devastado tras las guerras nucleares, que han dejado nuestro planeta en un estado casi totalmente desértico en el que unos pocos han ascendido al poder acaparando algunos de los pocos recursos que quedan en el mundo y que los han convertido en los emperadores del mundo. Aunque solo hay un villano protagonista (el caudillo Inmortan Joe) a lo largo de la película, se vislumbra casi a lo lejos que existen otros dos con los que parece convivir en una escala de poder equitativa y con los que comercia con dichos bienes para perpetuar su situación de poder y continuar dominando a la población. Dichos recursos son la gasolina, el agua, la leche materna, armas de fuego y municiones. Resulta bastante obvio cómo el veterano director nos estaba ya introduciendo este fútbol actual en el que vivimos, asolado económicamente por la UEFA y dominado por los clubes-estado que, en este caso, controlan otros recursos como el gas y el petróleo. Ni qué decir tiene que esos tres líderes coincidirían con los tres clubes (y sus respectivos jeques) a los que el Madrid se enfrentó en Champions League: PSG, Chelsea y Manchester City.

Por si fueran pocas semejanzas, Miller no pudo ocultar más su vena madridista, que a estas alturas de su vida se le escapa ya a raudales, y decidió atribuir a la población comandada por Inmortan Joe una cultura y religión vikinga (cómo no) en la que los jóvenes tienen como principal objetivo alcanzar la más gloriosa de las muertes al grito de “sed testigos” para justificar su paso al Valhalla. Curiosamente, son tres las veces que se le abren las puertas del Valhalla a uno de los protagonistas, Nux, a lo largo de la película; las mismas veces que halló muerte el equipo blanco en la competición reina y las mismas que logró burlarla haciéndonos reflexionar a los simples mortales si no será realmente el Real Madrid el mismísimo Señor de la Muerte y tendrá en su haber las llaves de su puerta para abrirla y cerrarla a su antojo.

Cuentan las malas lenguas que durante el infernal rodaje de la película el actor protagonista, Tom Hardy, se quejó en no pocas ocasiones de los extremadamente perfeccionistas métodos del director y, especialmente, de la cantidad de veces que tenían que repetir la misma escena desde diferentes ángulos. También dicen esas mismas lenguas que, cuando el actor que encarna al legendario Max vio el montaje final fue a pedirle disculpas a Miller y a ponerse a sus pies para hacer con él las películas que el director australiano quisiera. Por más que lo intento, soy incapaz de dejar de ver reflejado en esta curiosa anécdota a ese madridista enfurecido -tú y yo, en efecto- que durante el transcurso de la temporada le escribíamos tuits o le gritábamos en el estadio o frente al televisor al bueno de Carletto (como si pudiera leernos u oírnos) increpándole sin ningún tipo de decoro que por qué no rotaba lo suficiente, que por qué no ponía al jugador X en lugar de al jugador Z y que por qué se empeñaba en quemar a los jugadores del equipo blanco como si estos mismos fueran velas de cera cuya llama los expusiera irremediable e inevitablemente a la fundición. Cierro los ojos y contemplo a Carlo con la liga en un brazo y la Champions en el otro y lo escucho nítidamente responderme con cierto deje de condescendencia, su ceja derecha alzada y una sonrisa tranquila y amable: “pues por esto, hijo mío.” Con la misma humildad que el actor británico, don Carlo, me postro ante usted y le pido sinceras disculpas. Perdónenos, Carlo, no supimos verlo.

Aunque la película fue la gran ganadora de su correspondiente edición de los Oscars, obteniendo 6 de las 10 estatuillas a las que aspiraba, al contrario de lo que ocurre en el fútbol, donde gana el que más goles marca (gracias a Dios), en el cine lo que cuenta es el relato, razón por la cual Miller no se pudo llevar a casa el que habría sido uno de los Oscars a mejor director más merecidos de lo que llevamos de siglo, que acabó cayendo en manos del discurso filosófico del Guardiola del cine: Alejandro González-Iñárritu. El error de Miller fue callar y no contar su calvario cuando Alejandro zozobraba en cada entrevista que concedía (unas cuatro o cinco diarias) por lo extremadamente duro que fue su rodaje de El renacido, mientras George y Tom Hardy, que estuvo en ambos rodajes, se miraban y encogían los hombros con una sonrisa de complicidad. En fin, el relato, amigos.  En fútbol quizás debamos temer por el Balón de Oro para Benzema (no creo, vaya), pero lo que está claro es que la Orejona no nos la quita ni la UEFA ni Ceferín por mucho que les pese, y sabe el cielo que les pesa y mucho.

Sin más dilación, no me queda sino agradecer a George y a Carlo por sus respectivas obras maestras con las que nos hicieron tocar el cielo con las manos a los amantes tanto del cine como del fútbol. Gracias a ambos por vuestro madridismo. Y porque fuimos testigos.

Buenos días. No sabemos si es ya oficial o semioficial, pero el Barça parece haber fichado al jugador brasileño del Leeds Raphinha. Le ha costado 60 millones de lereles, que se supone podrá pagar gracias a la activación de una de las palancas ideadas por Laporta, siendo palanca un eufemismo de venta de los derechos televisivos de la entidad, o sea, de descapitalización.

Ayer se preguntaba en twitter nuestro querido Quillo Barrios cómo puede ser que el Barça use el dinero que le llega para fichar a Raphinha en lugar de para arreglar los pufos que tiene con, por ejemplo, el Valladolid, o con cualesquiera otros clubes, con cualesquiera otros proveedores. La respuesta es que el sistema considera que el Barça es fundamental, que sin él se hundiría, que el Barça es (aquí viene la famosa frase) demasiado grande para caer. Por ello, los acreedores hacen la vista gorda ante la enésima patada hacia adelante del club de los valors. Prefieren no cobrar que ver al Barça hundirse, porque consideran que si se hunde entonces sí que no cobrarán jamás.

El Barça lo sabe, sabe que tiene al sistema cogido por los machos, y se aprovecha de ello. Lo sabe, lo usa a su favor y se jacta de ello con desvergüenza.

Y he aquí, queridos niños, la verdadera palanca. La verdadera palanca es no pagar lo que debes, y hacer sentir a los acreedores que lo que de verdad les conviene es quedarse con las facturas impagadas antes que ver irse al garete a su gran deudor. No pagando se llega a cualquier parte, amics, incluso a fichar a Raphinha mientras tus acreedores ven desfilar el dinero ante sus narices con cara de otra-vez-será. Desconocemos el monto del sueldo de Raphinha previsto en su nuevo contrato. Lo que sí sabemos, en cambio, es que es cuestión de meses que le pidan que se baje el sueldo. Cuando no acceda, se editarán portadas de Sport y Mundo Deportivo llamándole insolidario y/o pesetero, y a esas presiones ya será difícil que se resista.

Es la desfachatez con barretina, galernautas.

Muy bien. Raphinha ya está aquí. Maravilloso. Fichen a Raphinha. Fichen a Dembélé y preséntenlo como si no hubiera jugado ya en el Barça (al fin y al cabo es casi verdad porque apenas ha jugado en el Barça desde que fue fichado hace un lustro por 150 milloncejos de nada). Fichen a Lewandowski. Fichen a Bernardo Silva y su homónima del coño. Pero, por favor, pongan la maldita coma del vocativo.

Es todo lo que les pedimos, de verdad.

Es fácil. “Hola, culés”. Con coma en medio. Te estas dirigiendo a los culés, no sabemos si literal o metafóricamente. Si te diriges a ellos, debes separar con una coma el mensaje de los destinatarios del mismo. Eso se logra con una coma en medio. Se llama la coma del vocativo, amigos periodistas (¿?) de Mundo Deportivo. Ya que arrojamos la ética por la ventana, ignorando día sí y día también las tropelías financieras del bueno de Jan bajo el eufemismo palanquesco, conservemos al menos la estética.

Pongan la coma. Pónganla, amigos (sirva esta última como ejemplo, aunque no debería hacer falta).

Por lo demás, Sport celebra el estreno veraniego de la xavineta y no es para menos, ya que se arrancó un valioso empate ante el siempre correoso Olot, localidad célebre por sus farmacias; As pondera como es de justicia la ambición de Courtois, a pesar de que (lo tenemos muy hablado en el pueblo) no nos gusta nada las mechas caoba que se ha dado en el pelo; y Marca ofrece una nueva entrega de su buena relación con Al Khelaifi con la excitante noticia de la renovación de Messi por el PSG. Luce precioso tenerle paseando por esos campos De Dios, sobre todo cuando al jeque le sobran las palancas.

Las palancas para fichar, se entiende, y para pagar salarios astronómicos a exfutbolistas. La palanca para ganar la Champions la tiene Florentino. A su lado, la del catarí alcanza en el mejor de los casos la magnitud discreta del altramuz.

Pasad un buen día.

 

Ay, Cristiano. Estoy convencido de que no hay un día en que se ponga el sol sin que pase por tu cabeza el gran error que cometiste pidiendo salir del Real Madrid. Porque Florentino, ya lo ha demostrado en multitud de ocasiones, no es de los que ceden a presiones o chantajes en mitad de una negociación. Ni para traer a un jugador nuevo ni para renovar a uno que ya es del club. Sucedió, recientemente, con Özil y Di María. Echaron un pulso a la directiva, se descolgaron pidiendo cifras desorbitadas para firmar su continuidad y, mal asesorados, amenazaron con irse si el club no llegaba a esos números. Evidentemente, en el Real Madrid no hay nadie por encima del equipo ni nadie imprescindible. Ambos cogieron sus maletas y sus carreras decayeron (en el caso del alemán de forma más pronunciada que en el del reciente fichaje de la Juventus). El tiempo ha demostrado que al club blanco no le ido nada mal tomando este tipo de decisiones.

Cristiano salió del Madrid con un comunicado, frío, en plenas vacaciones y sin el homenaje que merecía una figura como la suya, que ha marcado una época en Chamartín. Él sabrá. Desde entonces, dos temporadas en la Juventus y una en el Manchester United intentando conseguir la que sería su sexta Champions League. De haber permanecido en el Real Madrid, ya la tendría, por cierto. Tras tres dolorosas eliminaciones tanto con la ‘vecchia signora’ como con los ‘red devils’, el luso quiere cambiar de aires otra vez este verano. En Old Trafford no va a conseguir proclamarse de nuevo campeón de Europa, al menos, este año porque el United ni siquiera va a participar en la competición. Y ese es un lujo que la marca CR7 y su competitividad y exigencia internas no se pueden permitir.

Ay, Cristiano. Estoy convencido de que no hay un día en que se ponga el sol sin que pase por tu cabeza el gran error que cometiste pidiendo salir del Real Madrid. Porque Florentino, ya lo ha demostrado en multitud de ocasiones, no es de los que ceden a presiones o chantajes en mitad de una negociación

Así que Cristiano busca equipo y ciudad. In that order. Él prioriza recalar en un conjunto con opciones de ser ganador antes que vivir en un enclave cómodo y atractivo. Ya fabulamos en La Galerna hace unos días con la opción de que el mejor jugador portugués de la historia recalara en el F.C. Barcelona, pero con las recientes incorporaciones de Dembelé y Raphinha el luso parece no tener hueco en Can Barça (¡já!). Descartada la opción Laporta, Mendes sigue oteando el horizonte tratando de encontrar el mejor destino para su cliente. ¿Podría ser el Manzanares? Bueno, ya no tienen el estadio ahí pero se me ha entendido. El Atlético de Madrid podría ser una buena oportunidad. Ya conoce la ciudad y la liga, la exigencia de Simeone seguro que es un argumento a favor y, vista su condición física a los 36 años, la cuesta del ‘Profe’ Ortega en Los Ángeles de San Rafael no sería un gran problema para sus piernas. Pero la afición no le aceptaría. Después de tantos años odiándole tras cada tanto, tras cada gesto, tras cada victoria, tras cada eliminación e incluso tras cada polémica… es una relación desgastada incluso antes de comenzar. A buen seguro el ‘Cholo’ querría a ese tipo de delantero, voraz, capaz de bajar balones de espaldas, de alcanzarlos en el juego aéreo, rápido para aprovechar la espalda de los centrales rivales y con un liderazgo fuera de lo común en el terreno de juego. Pero la presión social del club colchonero no permitiría el movimiento.

Cristiano insaciable

Sigamos buscando entonces. Con Real Madrid, United, Barcelona, Atlético y Juventus (suponemos) fuera de la puja, no quedan tantos equipos capaces de ofrecerle a Cristiano la opción de ser campeón de Europa y de satisfacer sus pretensiones económicas. El Manchester City, que ha fichado a Haaland, queda automáticamente descartado. Guardiola llevaba años intentando fichar un ‘9’ que finalizara los ataques de ese fútbol tan exquisito y atractivo que propone para, al fin, conseguir levantar la ‘Orejona’. Nótese la ironía. El año pasado estuvo a punto de cerrar la contratación de Cristiano pero al final, el regreso a Old Trafford, dio al traste con la operación. Esta vez, es el fichaje de Haaland el que hace imposible de todo punto la llegada del luso. Así las cosas, restan dos equipos en la Premier con la capacidad adquisitiva suficiente: Liverpool y Chelsea.

El conjunto dirigido por Jürgen Klopp ha realizado ya un gran desembolso para completar su ataque. Salió Mané rumbo a Múnich pero ha llegado Darwin Núñez a cambio de 80 millones de euros. Esa cantidad lleva asociada la titularidad. Luis Díaz y Salah serán los que completen el tridente. Además, en la recámara el alemán se reserva a Firmino y Diogo Jota, dos peloteros inconmensurables. Aunque el fútbol inglés se adapta perfectamente a las condiciones de Cristiano y él puede explotar todas sus cualidades, la puerta de Anfield parece cerrada por escasez de espacio.

El Chelsea, tras su venta y nueva adquisición, exhibe fortaleza y músculo económico. Solo hay que ver sus dos últimas incorporaciones: Koulibaly y Sterling. Pero, en este caso, el mayor inconveniente para que el portugués aterrice en Londres parece ser su técnico, Thomas Tuchel, proclive siempre a formar un equipo sin grandes estrellas, donde nadie asome por encima del compañero. Su virtud es lograr un bloque intenso, con garra y donde todos vayan a una. El entrenador alemán no tuvo un buen paso por el PSG donde ya se encontró un vestuario repleto de egos que pensaban más en ellos mismos que en el bien común. Ese puede ser el factor clave para truncar la operación.

Así las cosas, solo nos queda el PSG. Con la sombra de una posible venta de Neymar este mismo verano, ese hueco podría ser ocupado por CR7. El movimiento mejoraría (si es posible) la foto actual en la que Al -Khelaïfi, siempre tan preocupado con crear impacto con imágenes grandilocuentes, ha logrado unir a Messi con Mbappé y el brasileño. Solo el hecho de ver a los dos grandes dominadores del fútbol mundial de los últimos veinte años juntos, en condiciones aún por competir en grandes torneos de clubes, jugando el uno para el otro y el otro para el uno, convierte esta hipótesis en mi favorita. Es probable que la lucha de egos les hiciese fracasar de nuevo en Champions e, incluso, dejar de ganar la liga francesa. Pero qué morbo. Claro que pudiendo tener a Raphinha (por 60 millones) y Dembelé cualquier sueño queda corto.

Lo primero que debo decir es que no tengo ningún tipo de información, sólo opinión.

Sin embargo, creo que el Madrid fichará un delantero centro antes de que acabe la temporada. ¿Por qué? Básicamente, porque a lo que se dedica Florentino es a analizar el riesgo y el retorno de cada euro que pasa por la cuenta del Real Madrid. Podría parecer que se dedica a más cosas, pero deconstruyendo cada una de las tareas todo acaba reducido a un binomio riesgo-retorno, desde fichar a Modric a enviar a Butragueño a hipnotizar al reportero de Movistar.

Brahim y Benzema

El ejemplo que refuerza la teoría sería el siguiente. El Madrid ficha jóvenes porque entre Brahim (17), Valverde (5), Odegaard (1), Kubo (1), Vinicius (45), Rodrygo (40), Reinier (30), Odriozola (30), Lunin (10), Vallejo (5), Ceballos (15), Camavinga (31) y Jovic (63) suman 293 millones, o lo que es lo mismo: el valor de Valverde, Vinicius y la venta de Odegaard (40) si estuvieran en el mercado los dos primeros, poco más o menos. 

Bien. Encaramos una temporada en la que defendemos dos títulos muy importantes para el Madrid, que además puede intentar ganar para ser el mejor del mundo, y en la que ha fallado Mbappé, la pieza más cotizada. Por tanto, la lógica me impide no pensar que con todo esto en la mesa no vayan a dejarse 40 ó 50 millones en un delantero que sea eso: delantero. 

Sin embargo, varios factores ralentizan el proceso. El primero es que no sabemos si Asensio dejará 30 millones o no. El segundo, que todo el mercado sabe que el Madrid tiene, al menos, 100 millones para fichar. El tercero, que el mundial puede ser el escaparate ideal para que Florentino apriete el gatillo en diciembre (he dicho que ficharíamos para esta temporada, no que sería en verano), Y el cuarto, que el Madrid tiene aún en plantilla tres delanteros que le sobran. Salgan antes de entrar, repite tan machacona como tácitamente Florentino, y todos le escuchan menos Mariano que solo le oye.

 

El domingo, haciendo el aperitivo, nos saltó por casualidad Real Madrid Televisión, que es de lo poco que se puede poner ahora mismo en el televisor sin sentir un deseo inmediato de lanzarlo por el balcón. Estaban dando repetido el Madrid-Manchester City de semifinales. Lo cogimos en torno al minuto 78, poco después de que marcase Mahrez ese 0-1 que pareció tan lapidario. Por supuesto, nos quedamos a verlo hasta el final porque el final de ese partido es algo que siempre sube la moral, que pone de buen humor incluso en un domingo infernal, cuando al otro lado de la persiana, echada hasta abajo del todo, caen del cielo lava y tizones ardiendo. Rodrygo dice que ve sus dos goles todos los días. No es para menos. Es un recordatorio cotidiano de la vida sublime y créanme, muchos días ayuda a levantarse por las mañanas, cuando el mundo pesa. Aunque ya destacó en su momento creo, sin embargo, que en el fulgor de aquella noche no se subrayó suficientemente la actuación de José Ignacio Fernández Iglesias, alias Nacho. También creo que su despliegue no ya en términos netos de defensa central sino de capitán, de líder, estuvo a la altura del mejor partido de Sergio Ramos en la Copa de Europa. Y eso no es que sea decir mucho, sino que es decirlo todo, pues con Ramos estamos hablando del mejor defensa que ha dado el fútbol desde Beckenbauer.

A Nacho le queda un año de contrato. He leído de refilón no sé qué de que se quiere marchar. En cuanto se acaba el último partido de cada temporada me gusta alejarme de la actualidad deportiva, que si ya de por sí es aburridísima y repetitiva a lo largo de la campaña, cuando no hay partidos oficiales se torna diabólicamente esquizofrénica. Hubo otros veranos en los que se especuló también con la marcha de Nacho. Creo que jugar en el Madrid significa que duden de ti cada uno de los instantes que dure tu contrato, así que no le doy nunca excesiva importancia a esta clase de rumores. No obstante, su hoja de servicio con el Madrid brilla tanto como uno de los tres jueves que relucen más que el sol: 105 partidos con el Castilla, 186 con el primer equipo del Madrid; tres Ligas, cinco Copas de Europa, una Copa del Rey, cuatro Supercopas de España, tres de Europa, cuatro Mundialitos. Ha sido titular en las grandes alturas. Se ha medido a los mejores equipos del Bayern, del PSG, del Manchester City, del Liverpool, del Barcelona, del Atlético. Ha jugado los partidos del abismo en el puesto de lateral izquierdo y también en el derecho, como central de ambos perfiles. Le ha faltado tan sólo hacer de portero. Valdano, que es el cronista del madridismo, el hombre que levanta acta y que revela verdades que estuvieron ahí siempre cuando les pone un nombre, hizo fortuna con aquel feliz hallagzo de que Nacho era un notable en todo. Ha marcado a Lewandowski, a Mbappé, a De Bruyne, Salah, Mané, Robben, Ribery, Mandzukick, Diego Costa, Griezzman, Messi, Neymar o Luis Suárez. Ha estado siempre y ha estado en todas partes a lo largo de los diez años más apasionantes de la historia moderna del club, pero su valor de mercado, según Transfermarkt, es de tan sólo 7 millones de euros. En un mundo por el que hace unos años se pagaron 90 millones por Harry Macguire o Mattias De Light y en el que hoy piden lo mismo por gente como Koundé, que no han demostrado todavía valer ni lo que un gemelo suyo, semejantes disparates son el pan de cada día: el anglocentrismo en la conversación pública futbolera lleva tiempo haciendo estragos, produciendo daños irreparables en la mente de mucha gente, y todo lo que venga o vaya a Inglaterra se sobreprecia como se sobrevaloraba todo lo que oliera a brasileño a finales de los 90.

Sevilla, 2 - Real Madrid, 3: El Madrid es más fuerte que el Tinglao

Nacho tiene 32 años, una edad excelente hoy para los futbolistas de élite. A la vista de su rendimiento en la pasada temporada, está en el mejor momento de su carrera, aunque no lo crea así Luis Enrique. El seleccionador nacional español considera que Nacho, titular en la mitad de las eliminatorias frente a los tres equipos más fuertes de Europa que llevaron al Madrid hasta la final de París, no tiene el nivel de Pau Torres, Marcos Alonso, Azpilicueta, Diego Llorente, Íñigo Martínez o Eric García, por citar a varios de los ilustres defensas convocados en mayo para la Nations League. No es algo nuevo. En la Eurocopa del verano pasado, Nacho, que venía de ser titular en todas las eliminatorias de la Copa de Europa que disputó el Madrid de Zidane hasta caer derrotado por el campeón en la vuelta de semifinales, se quedó en casa. Su lugar lo ocuparon gente como Laporte o los mencionados Llorente, Torres y García. De los que fueron en mayo con España sólo Azpilicueta ha jugado más partidos internacionales con su club que Nacho. Los demás son bisoños de dudoso talento aupados, en casos como el de Eric García, al estrellato por su representante, De la Peña, íntimo de Luis Enrique.

De optimismos, resignaciones y madres

En realidad, en la Selección, sólo Lopetegui confió en Nacho, que se lo llevó al Mundial de 2018, aunque no lo pudo alinear por aquel circo que montó el Lawrence de Arabia feminista de Motril, Rubiales. Aquel año acabó montando el muro agónico tras el que Zidane guardó el pase a la tercera final consecutiva, la de Kiev, y allí sustituyó a Carvajal en el lateral con 0-0 en el marcador. En el Mundial fue titular desde el principio y hasta le metió un gol a Portugal, que era la campeona de Europa. Después desapareció otra vez, como siempre, porque Nacho es quizá el futbolista más infravalorado de la aristocracia europea desde Hendrick Larsson. En estos diez años ha estado a la sombra de las dos mejores parejas de centrales del Madrid moderno, Pepe-Ramos y Ramos-Varane. Eso ha jugado en su contra, naturalmente, pero también ha subrayado su verdadero valor, pues siempre que tenía que relevar a cualquiera de esos tres monstruos, Nacho alcanzaba el nivel de todos. A lo largo de todo ese tiempo, en Inglaterra, “la liga más fuerte del mundo”, se pagaban fortunas disparatadas por absurdos picapedreros de tobillos cuadrados.

Nacho es auténtico clasicismo. La vieja y manida “casta”, el “pundonor” que sostuvo el nombre del Madrid en los años finales del bernabeuísmo, está en él. Pero Nacho es mucho más que un notable peón de brega, y en ese final de partido contra el Manchester City están concentradas todas sus virtudes como futbolista excepcional

Nacho ha sido a menudo orillado y puesto fuera del gran foco también seguramente por su carácter, que es pura sobriedad, no sólo jugando, sino también más allá del verde. En ese sentido es el último caballero madridista de una tradición de canteranos que parece a punto de extinguirse, pues en el Castilla todos parecen clones de Jesé. Ambos, que son de la misma quinta, confrontan dos modelos de crianza, el moderno, digamos, y el clásico. Nacho es auténtico clasicismo. La vieja y manida “casta”, el “pundonor” que sostuvo el nombre del Madrid en los años finales del bernabeuísmo, con De Carlos y en la árida época preQuinta, está en él. Pero Nacho es mucho más que un notable peón de brega y en ese final de partido contra el Manchester City están concentradas todas sus virtudes como futbolista excepcional.

Con Nacho se puede trazar una línea clara de comportamiento, que cantaba Loquillo. Se puede describir una actitud, una manera de estar en el mundo. Una nachología. Nacho es el español orgulloso y comprometido con el deber de sacar adelante el tajo de cada día. Es el madridismo tranquilo, una resignación fordiana ante la complejidad de las cosas. La gente así no abunda en lo mediático, en los periódicos ni en las televisiones. Es, abundando en esto, una idea de virilidad, una vuelta de tuerca de aquellos jugadores machos del Madrid, sin aspavientos ni machirulerías. Los Nachos no están de moda y si se atiende a lo que sale publicado en las revistas, a lo que resalta en las redes o a lo que sale en los realitys, parece que no existen. Pero están. A Nacho nunca le hemos oído quejarse y no quiero decir que quejarse sea malo, pero sí irritante cuando el barco se está hundiendo. Nacho no mira al infinito lamentando su suerte: agarra un cubo y empieza a achicar el agua. No es un jugador que represente el fútbol de hoy, me refiero a ese fútbol donde el viejo “tercer tiempo” se ha transformado en un presente continuo de shorts en YouTube y donde se mide el valor de los protagonistas del juego en estadísticas del FIFA. No es estrambótico, no lleva tatuajes, es normal. Entiéndase esta normalidad como una cualidad silenciosa, como un concepto tradicional de discreción. No te imaginas a Nacho pidiéndole matrimonio a su mujer en un reservado de Dubai y subiéndolo a Instagram, para entendernos. Quizá ese antidivismo le vino de perlas para ser la otra cara de Ramos, que es exuberancia salvaje, demasía, exotismo y arranque de tonadillera. Nacho encarna un fútbol que desaparece entre histriones y un caudillaje tranquilo. Te lo imaginas en cualquiera de los grandes clubes italianos del gran calcio de los 80 y te cuadra perfectamente. Es lo que fue Ancelotti como futbolista pero con los pies del siglo XXI.

No es un jugador que represente el fútbol de hoy, me refiero a ese fútbol donde el viejo “tercer tiempo” se ha transformado en un presente continuo de shorts en YouTube. No es estrambótico, no lleva tatuajes, es normal. Entiéndase esta normalidad como una cualidad silenciosa, como un concepto tradicional de discreción. No te imaginas a Nacho pidiéndole matrimonio a su mujer en un reservado de Dubai y subiéndolo a Instagram

Verlo defender es una delicia para todos los que amamos ese arte cada vez más olvidado. Empezó siendo un tímido canterano que servía para todo y ha acabado jugando con todos los protocolos de seguridad del Bernabéu y con todos los pliegos de condiciones de la vieja Fábrica y la Ciudad Deportiva y las escrituras de Valdebebas metidas en la cabeza. No pierde los nervios. Juega confiando en que lo sostiene la tierra que pisa, que es una tierra antigua que labraron dioses. Con Militao y con Alaba por delante, Nacho volvió a su papel secundario pero nadie ha ofrecido momentos cumbres en la zaga este año como él. Con Rüdiger parece otra vez relegado a la oscuridad del backstage, pero lo cierto es que Nacho tiene la virtud de Guti de terminar imponiéndose a través de los escollos de la temporada, surgiendo entre las tinieblas de las lesiones, las sanciones y las bajas, con el mismo gesto serio y sin aspavientos con el que según Calderón de la Barca los soldados españoles todo lo sufrían en cualquier asalto, pero no que les hablaran alto. En la corte de los jerarcas que han disparado la leyenda del Real Madrid hacia el cielo inalcanzable de los mitos, Nacho es un conde-duque. El segundo gol de Rodrygo al City quedará para siempre como modelo con el que enseñar a los niños del mañana qué es lo que tiene que ser un central en el Madrid: Nacho sube la línea de cuatro hasta el centro del campo, como el día del PSG, aprovechando que las gradas están en llamas y los rivales miran hacia todas partes buscando a sus mamás. Nacho es el tipo que coge por el cuello a la Muerte y la estrella contra la pared. El que primero salta la trinchera. El conmutador de la electricidad del Bernabéu sobre el césped. El jugador-nación.

Uno de los peores recuerdos que tengo de un partido en el Bernabéu fue la final de Copa del Rey de 2013, en la que el Atlético de Madrid ganó al Madrid por 1-2, tras una prórroga. Los goles colchoneros fueron de Diego Costa y de Miranda, pero el verdadero artífice de la victoria fue el guardameta Thibault Courtois, que con tan solo 21 años recién cumplidos hizo aquella tarde de mayo una auténtica exhibición ante los disparos de Cristiano, Ozil, Benzema y compañía. A la que añadió cierta dosis de fortuna, ya que los merengues dispusieron de tres remates al palo, en un día aciago ante la portería contraria (por no hablar de Clos Gómez, ejem).

Desde ese día, quien les escribe quería ver a dicho cancerbero con la camiseta del Real Madrid, sin duda ninguna estaba destinado a convertirse en poco tiempo en el mejor portero del universo.

Courtois paradón final

Hubo que esperar cinco largos años para que Courtois (tras previos episodios un tanto hilarantes que podían haberle cerrado definitivamente las puertas de Valdebebas, recuérdese el episodio del fax de David De Gea o la bendita negativa de Zidane a fichar a Kepa Arrizabalaga) acabase vistiendo la zamarra madridista.

En este pequeño texto homenaje tan solo se pretende recordar los 10 momentos más importantes, en forma de paradas espectaculares (y, sobre todo, decisivas), que ha protagonizado Courtois durante el largo y tortuoso (gracias, Paul McCartney) camino que llevó al Madrid a conquistar su Copa de Europa número 14, y al propio Courtois a levantar su primera Champions. Como leí hace poco a Luis Montero Manglano en estas mismas páginas, no es que el fútbol le debiera una Orejona al Atleti. A quien realmente se la debía era al bueno de Thibault.

10 momentos clave, ya que, sin su intervención, podía haberse quedado prácticamente fuera el Madrid de su competición favorita, ya bien en octavos de final, en cuartos o en semifinales. Y, por supuesto, también podía haberle costado el perder la mismísima final.

 

  1. 15 de febrero de 2022: minuto 62. Parque de los Príncipes. Partido de ida de octavos de final ante el PSG. El Madrid estaba siendo asediado, en especial durante toda la segunda parte. Penalti de Carvajal sobre Mbappé. Lanza Messi por la derecha y Courtois ataja el disparo. El 0-0 permaneció en el marcador hasta el minuto 94. Un 1-0 en el minuto 62, tal y como estaba el Madrid, aculado en tablas, podría haber sido letal en dicha eliminatoria.

 

  1. 6 de abril de 2022. Stanford Bridge, ida de los cuartos de final entre el Chelsea y el Real Madrid. Minuto 60, aproximadamente. El resultado era 1-3 favorable al Madrid, pero el Chelsea acosaba con toda su artillería. Desde la izquierda de la frontal del área, Azpilicueta lanzó un obús que se colaba por la escuadra izquierda del Madrid, cuando apareció el vuelo sin motor de Courtois. Ya se vio después que incluso con un 1-3 se iba a sufrir en la vuelta. Imaginen entonces lo que hubiese sido un 2-3.

Courtois Chelsea

3. 12 de abril de 2022. Estadio Santiago Bernabéu. Trascurría el minuto 78 y ya por entonces el Chelsea ya había remontado el 1-3 de la ida. Werner acababa de poner el 0-3. En la jugada siguiente, cabezazo a bocajarro por bajo de Havertz, y Courtois, que hasta entonces había encajado 3 goles (4 si contamos el anulado a Marcos Alonso por mano previa) sin haber podido hacer nada por evitarlos, hace una parada decisiva que hubiese supuesto el 0-4 y que prácticamente hubiese sacado al Madrid de la eliminatoria. En la jugada posterior, Modric se vistió de mago y sacó de su chistera un pase prodigioso para que Rodrygo pusiese el 1-3 y la posibilidad de prórroga. Del 0-4 al 1-3, pero gracias sobre todo a Courtois.

4. Esa misma noche, ya en la prórroga, el Madrid había conseguido el 2-3 por medio de Benzema y se dirigía hacia semifinales. En el minuto 113, el extremo marroquí Hakim Ziyech se internó por la izquierda (recordemos que la defensa blanca estaba ya en cuadro, con Lucas-Carvajal-Alaba y Marcelo) y lanzó un disparo duro y seco pegado al palo derecho de la portería blanca. Fue una de las paradas de la temporada, con el rechace de nuestro portero que evitó un más que posible 2-4. Y una tanda de penaltis más que incierta para nuestros intereses.

  1. 4 de mayo de 2022. Santiago Bernabéu. El Real Madrid había traído del estadio Etihad, sede del Manchester City, un 4-3 desfavorable que había que remontar. Hacia el minuto 25, el portugués Bernardo Silva desde la derecha se adelantó a Casemiro y fusiló a escasa distancia y con tremendo impacto. Pero una vez más, Thibault Courtois sacó su disfraz de Mazinger Z y con sus “puños fuera”, evitó el 0-1.

 

  1. Esa misma noche, la más gloriosa y especial que se recordará en años, ya con el 0-1 en el marcador (gol de Mahrez), hacia el minuto 85 empezaron los 7 minutos más locos que recuerda este cronista. En ese minuto, el defensa Cancelo lanzo un obús similar al de Azpilicueta, pero en esta ocasión de derecha a izquierda, y de nuevo el superhéroe belga voló hacia su escuadra derecha y evitó el 0-2, es decir que evitó un 6-3 parcial en la eliminatoria.

 

  1. Un minuto después, Ferland Mendy completó una salvada increíble a botas de Jack Grealish, pero, otro minuto más tarde, en el 87, el mismo Grealish quiso arrancarse varios mechones de su cabellera al comprobar la increíble parada de Courtois, prácticamente con el dedo meñique de su pie izquierdo, que evitó un gol seguro que hubiera entrado tras tocar el poste. Ya saben lo que pasó en los cuatro minutos siguientes. De un más que posible 0-2 (¡en tres ocasiones diferentes!) a un 2-1 que condujo a ambos equipos a la prórroga.

Grealish Courtois

  1. 28 de mayo de 2022. Stade de France, en Saint-Denis. Final de la UEFA Champions League entre el Liverpool FC y el Real Madrid C.de F. En un momento de acoso absoluto de los Reds sobre la portería madridista, hacia el minuto 20, Sadio Mané se revuelve en el espacio de una baldosa, en una especie de chotis senegalés, y lanza con su derecha un disparo no muy fuerte pero sí muy colocado, que Courtois, con su mano derecha, logra desviar espléndidamente a su palo derecho, y luego se hace con el esférico ante el acoso de Salah. Se evitó un 1-0 muy peligroso ya que, hasta entonces, el Madrid apenas lograba salir de su cueva.

 

  1. En ese mismo partido, ya en la segunda mitad, el Madrid dominaba por 0-1 en el marcador tras el gol de Vinicius, tras haber visto anulado de forma que hoy en día no tiene explicación razonable, un golazo de Benzema casi al acabar la primera parte. El Liverpool buscaba denodadamente el empate y Mohammed Salah, en una clásica jugada por la derecha, lanzó desde la frontal una envenenada rosca con su zurda que se iba a colar por el palo derecho de Courtois. Error. El vuelo de nuestro arquero evitó el empate a 1. Transcurría el minuto 63, aproximadamente.

 

  1. Pero todavía quedaba la atajada del año, quizás la mejor de lo que va de siglo. Esta parada quedará ya siempre para la historia, a un nivel casi tan importante como el gol de Mijatovic. Un control exquisito de Mo Salah, una internada por la derecha, un disparo certero que se dirigía como una centella al segundo palo de Courtois. Nadie sabe cómo, pero nuestro héroe estiró su brazo, apretó hercúleamente su antebrazo derecho y logró que el misil del egipcio saliera fuera a poquísimos centímetros del poste derecho de su portería. Era el minuto 83, y a partir de ese momento, el Liverpool ya fue consciente que no iba a ser posible perforar la meta merengue aquella noche. Ya no hubo más ocasiones, Salah era el fiel reflejo de la desesperación y de la impotencia.

 

10 paradas que tengo para siempre grabadas y memorizadas, y que en estas semanas sin fútbol he podido disfrutar decenas de veces. Y un pequeño homenaje a Courtois, nuestro gigante de 2 metros de estatura, que tuvo que esperar a cumplir 30 años para por fin lucir en su palmarés una Copa de Europa, que para siempre estará ligada a sus hazañas bajo la portería.

Buenos días. Salvo por el mal recuerdo de aquellos cuatro goles en Dortmund, y poniendo de lado alguna incomprensión ante el hecho de que quiera firmar por un club arruinado como el Barcelona, no tenemos nada contra Lewandowski. Tampoco tenemos nada contra el fútbol femenino, ni siquiera contra el de selecciones, que ya es no tener. No sentimos la menor animadversión por Frenkie De Jong, quien a diferencia de Lewandowski parece tener el buen juicio de querer abandonar la nave blaugrana para recalar en un club históricamente amigo como el United. Y mucho menos albergamos sentimientos opuestos a Luka Doncic, bien al contrario, estamos muy orgullosos de que una megaestrella de la NBA como él se formase en la disciplina del Real Madrid, a donde a buen seguro volverá algún día impulsado por su madridismo indesmayable.

Decimos que no tenemos nada contra ninguno de estos personajes heterogéneos y cuestiones variopintas porque de ellos y ellas tratan de manera central las portadas del día. No negamos que merezcan interés. Simplemente, consideramos que el asunto central del día es otro al cual se refieren muy de refilón los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuando quizá por importancia merezca los galardones de las cinco columnas, o de las que procedan.

 

Sí, nos referimos a la Superliga, de la que vemos atisbos aquí y allá, en fragmentos de faldoncillos de As o de Mundo Deportivo. Ayer se produjo la primera jornada de la vista del juicio ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea que debe dirimir si, como dicen los clubes que comandan la Superliga, la UEFA actúa como un monopolio. Esta es la noticia verdaderamente relevante, porque el futuro del fútbol europeo está aquí en juego. Esta tarde tendrá lugar la segunda y última jornada, y se espera una sentencia allá para final de año, cuando no para comienzos del próximo.

Dado que nos parece que está magníficamente explicada, reproducimos a continuación la crónica del primer careo entre las partes, publicada a última hora de ayer por As. La firma Joaquín Maroto.

Donald Slater, abogado de la UEFA, ha dicho que la Superliga es “el ejemplo perfecto de lo que conocemos como un cartel”. Miguel Odriozola, del despacho ‘Clifford Chance’, ha respondido que “la UEFA gobierna el fútbol con mano de hierro y jamás autorizará ningún proyecto que ponga en riesgo su monopolio”.

La maquinaria de la UEFA, apoyada por las ligas, ha puesto en marcha la oposición frontal al proyecto de Superliga que sostienen el Real Madrid, el Barcelona y la Juventus porque entienden que “lo que quieren es comerse todo el pastel”, según se escuchó en la vista ante el TJUE. La UEFA sostiene que esta competición “socavaría los objetivos de solidaridad, equilibrio competitivo y promoción del fútbol base”.

La Superliga se comprometió a revertir 320 millones de euros anuales en los equipos que no disputasen su competición, que en su nuevo proyecto contempla los ascensos y descensos y renuncia a ser una liga cerrada. Según el proyecto final, la Superliga es una nueva competencia entre 20 clubes compuesta por 15 fundadores y 5 clasificados anuales. Habrá dos Grupos de 10 clubes cada uno, jugando partidos de ida y vuelta dentro del grupo. Después de la fase de grupos, 8 clubes se clasificarán para un torneo eliminatorio, jugando en casa y fuera hasta la final a cuatro.

El origen y ahora

La Superliga nació con el apoyo de seis clubes ingleses, tres italianos y tres españoles, pero abortó 48 horas después por la renuncia del Manchester United, Liverpool, Manchester City, Chelsea, Tottenham, Arsenal, Milan, Inter y Atlético de Madrid. Las protestas de los aficionados en Inglaterra y la fuerza que hizo Boris Johnson contra el plan hicieron desistir a los seis clubes ingleses, a los que luego se sumaron otros tres equipos. Pero Madrid, Barça y Juve se mantuvieron firmes y esperan recuperar la iniciativa si el TJUE entiende que, como le ha preguntado el Juzgado Mercantil 17 de Madrid, que la UEFA goza de un monopolio, una fórmula vetada en todo el territorio de la Unión Europea, en cualquier sector de actividad. Por ello, Odriozola advirtió en el TJUE que “la UEFA no solo goza de una posición de dominio, sino que tiene un conflicto de intereses y por ello han creado nuevas barreras con el único fin de violar la Ley de Competencia de la UE”.

Segunda jornada

Este martes se celebrará la segunda y última jornada de la vista en el TJUE. Se espera un fallo para finales de año o principios de 2023, coincidiendo con la finalización de la Copa del Mundo de Qatar. La UEFA espera que el Tribunal de Luxemburgo reconozca que la Superliga “sería un golpe mortal al modelo deportivo en Europa, el mejor lugar del mundo para jugar el fútbol”, mientras que la Superliga confía en que los mismos jueces fallen a su favor y “prohiban el monopolio de la UEFA y su posición de abuso sobre el fútbol en todo el contiente”, lo que dejaría pista libre para la puesta en marcha de la nueva competición que, según sus organizadores, permitiría una redistribución más justa del dinero del fútbol entre los clubes y equipos europeos.

 

Por nuestra parte, y con independencia de que los clubes originariamente firmantes (y/u otros) se pongan de acuerdo luego respecto a qué competición exactamente quieren organizar, nos parecería un escándalo que el TJUE dictaminara otra cosa que la condición de flagrante monopolio de la UEFA, porque es lo que es, y nada ni nadie debería coartar el derecho de los clubes de fútbol a montar las competiciones que estimen oportunas. Eso, y no el modelo exacto de Superliga que finalmente se implante, es lo que está en juego entre las sesiones de ayer y la de hoy.

Seguiremos informando...

Pasad un buen día,

El Real Madrid, Creu de Sant Jordi

Pasado el verano, La Galerna debería incluir un resumen de frases célebres no futboleras. Estoy ‘descollonao’ todavía con el ¡Visca Mahrez, visca Argelia! que soltó feliz y saltarina la emisora RAC1 cuando al jugador del City se le ocurrió despertar del todo a La Bestia aquella noche.

Tenía una pierna fuera de la cama, La Bestia, y aquello fue como un latigazo: saltó cual tigre y ¡qué terrible! Fue eso, el salto del tigre químicamente puro. El rival empotrado sin remisión, corrido el rímel hasta los pies, ojos en blanco, alaridos: una cosa mala.

Digo esto porque acabo de leer que el presidente catalán Aragonés ha dicho que los catalanes, aquí uno, tenemos muchos vínculos con la sociedad española, los familiares especialmente. Uno es el Madrid, ya les contaré. Otro, su apellido. Es probable que el hombre hubiese preferido llamarse Sabadell, así es la vida. En fin…

Estas cosas, como el ¡Viva Marhez, viva Argelia! deben recogerse. Es menester que las generaciones futuras tengan un rápido acceso a estos pensamientos tan profundos y sentidos que les ayudarán a desarrollar plena y felizmente su coco. No sólo de grandes frases deportivas vive el hombre.

Vínculo familiar puede ser un primo, la suegra, la parienta o el pariente, y también un equipo y/o un partido de fútbol. Hoy se cumplen doce años de la victoria de España en el Mundial surafricano. Aquello fue un vínculo gordo entre españoles, desde Cataluña a la isla del Hierro. Todos recordamos fotos de abuelos, padres e hijos abrazados como si no hubiese un mañana. Muy familiar, sí. Con las inevitables excepciones (mi más sentido pésame sobre todo en día como hoy), celebramos algo tan impensable como que habíamos ganado un Mundial. ¡De fútbol, digo!

Habíamos vividos cosas gordas como que un tío de Sant Boi de Llobregat fuera crack de la NBA. Que un guaje ganara otro mundial imposible, el de la Fórmula 1. Que un tipo de Manacor empatara al Madrid en la conquista de 14 cosas. Que una chavala de Huelva nos deslizara por el mundo del badminton. Gasol, que además tiene un hermano que también ganó un anillo, Alonso, Nadal, Marín… Me paro o no acabo.

Pues eso. Que hace hoy 12 años Iniesta marcó aquel gol, Xabi Alonso casi se dejó el pecho en el intento, Casillas le paró a Robben aquel remate que me llevó a decir entonces y repito ahora que España ganó por 2-0, goles de Iniesta y Casillas. Y así, todos. La verdad es que fue la leche.

El Madrid también excita vínculos familiares. En todo el mundo y en Cataluña, tierra en la que pasan cosas extrañas. La última que la presidenta del parlamento está acusada de falsedad documental, fraude, prevaricación y malversación de caudales públicos… y ha presidido una reunión sobre corrupción. Eso es arte y no lo de Joaquín.

Me sé de un campeón del mundo en Suráfrica que cortó calles de su pueblo -catalán- cuando la Séptima envuelto en una bandera del Madrid y acompañado de varios familiares

El Madrid como vínculo. Los catalanes no somos excepción. Unos muchísimos se ‘vinculean’ en la felicidad vía lo blanco. Me sé de un campeón del mundo en Suráfrica que cortó calles de su pueblo -catalán- cuando la Séptima envuelto en una bandera del Madrid y acompañado de varios familiares. También leí por ahí que después de cada remontada, y por supuesto la final de París, el guasap y los sms batieron récords. El pueblo se lanzaba a comunicarse con los suyos, también los amigos, esos familiares que uno elige y no le llegan impuestos, para gritarse lo que acababan de vivir. Lo hacían en castellano, catalán, inglés, árabe… Un despelote.

La mayoría, desde la felicidad más pura. Pero también los hubo, y habrá, que necesitaban vincularse con los suyos para maldecir legítimamente que el Madrid no sólo superaba eliminatorias sino que barruntaban lo peor. Tuve acceso a una conversación guasapera entre dos ciudadanos de Cataluña. Son amigos, míos y entre ellos. Llevan sufriendo desde los 10 años y caminan hacia los 70. Los quiero mucho.

- Nen. Tienen un culo como el Camp Nou de grande.

- Estos van a acabar campeones, Jordi.

Está fechado después de superar el Real la eliminatoria con el Chelsea, cuartos de final.

Sería imposible una Cataluña plena sin el Madrid. Si hubiera sentido el humor, el Madrid recibiría la Creu de Sant Jordi. No hay nada que vincule y entretenga más al personal que el Madrid

El Madrid vincula, sí. Entre catalanes, murcianos, ceutíes… Vincula mucho. Acompaña mucho. Ahora tenemos gente muy perdida. Llega el finde, los días europeos, y el Madrid no aparece. Es el vacío. Ese Tchouaméni no se adaptará. No han tenido paciencia con Jovic. Es imposible que Benzema repita temporada igual, tampoco el equipo. Y así, un montón de cosas. Y del otro lado, risas. Disfrutad del verano, ya lo dice el señor de la UGT. Que lo que os va a venir… Sería imposible una Cataluña plena sin el Madrid.

Si hubiera sentido el humor, el Madrid recibiría la Creu de Sant Jordi. Oigan, que la tiene Messi. Y Ronaldinho no porque se fugó a Italia. No hay nada que vincule y entretenga más al personal que el Madrid. Nada ni nadie. Y que la recogieran Vinicius y Fabián Causeur. Porque esa es otra: se acabó el fútbol y llegó el baloncesto. Vinculación. Tela. Y eso, ¡viva Argelia!

Y más si suelta el gas.

No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo.

Qué coincidencia, también soy feo, fuerte y formal. Es como si el Loco me conociera de toda la vida.

La primera frase es mi justificación para verter o evacuar -emplee el lector el verbo que prefiera, a la vista de su grado de coincidencia con ella- una opinión que muy bien podría tacharse de impopular, pues se refiere a una figura intocable del imaginario madridista cuya intangibilidad me planteo cuestionar.

Zidane campeón Liga

Empecemos con un titular: Zidane NO debería haber vuelto a entrenar al Madrid. Su espantada tras la Trecena, aún sabiendo que se marchaba el principal foco de tensión del vestuario como era CR7, tiene poca explicación, menos aún cuando dijo aquello de que el equipo necesitaba un cambio que él no se atrevía o no quería realizar. Hasta ahí, nada que objetar, pues él mismo entendía que tenía una serie de, llamémoslo, hipotecas morales con algunos miembros de la plantilla, y en su derecho estaba de ver las cosas de esa manera, faltaría más. Zidane en ese momento era una mezcla entre Chuck Norris, Legolas, Dean Martin y Tony Stark, es decir, inatacable e intachable, aún a pesar de comenzar a mostrar una manera de gestionar los recursos del equipo cuando menos discutible, así como a demostrar cierta tendencia a las filias y las fobias con según qué miembros de la plantilla cuya presencia en la misma había sido validada por él y que, desde fuera, no parecían muy lógicas.

un gran culpable de la llegada de la época dorada de las tres Champions seguidas fue el preparador físico Antonio Pintus. Zidane interpretó como una traición que no se marchara con él en 2018 y que quisiera continuar en el club, por lo que, al volver, prescindió de sus servicios y fichó al preparador físico de la selección francesa campeona del mundo, Gregory Dupont, con el que se alcanzaron registros ignotos en cuanto al número de lesiones en el equipo

Se decidió que ese cambio lo encabezara Lopetegui, con el resultado que, a nuestro pesar, recordamos. Solari hizo una labor oscura e ingrata, señalando el mal rendimiento de algunos de los presuntos acreedores morales de Zizou, rescatando a otros jugadores del ostracismo al que éste les condenó y que, en algunos casos, se demostraron perfectamente válidos para tener minutos mucho más que residuales en el Madrid y, en definitiva, intentando reanimar un equipo empachado de Champions y que mostraba todos los síntomas de una resaca de dimensiones cósmicas. Una vez el Madrid fue eliminado de absolutamente todo a lo que optaba -excepción hecha del Mundial de clubes que ganó Solari, todo sea dicho-, Zidane se debió de dar cuenta de que ese cambio que no se veía capacitado para realizar diez meses antes ahora sí podía hacerlo. Muy coherente no parece.

De acuerdo, vuelve el anhelado héroe, investido de potestas e imperium para hacer y deshacer en esa plantilla a su antojo. Decidió fichar a Hazard, Militão, Jovic y Mendy, mientras que decidió prescindir de Llorente, Reguilón o Ceballos. De las altas referidas, sólo Mendy dio rendimiento inmediato, mientras que el resto entraban en la categoría de broma de pésimo gusto, tanto por lo casi inexistente de los minutos disfrutados por cada uno de ellos por motivos varios como por las prestaciones mostradas por los jugadores durante los mismos.

Zidane NO debería haber vuelto a entrenar al Madrid

En otro orden de cosas, un gran culpable de la llegada de la época dorada de las tres Champions seguidas fue el preparador físico Antonio Pintus. Zidane interpretó como una traición que no se marchara con él en 2018 y que quisiera continuar en el club, por lo que, al volver, prescindió de sus servicios y fichó al preparador físico de la selección francesa campeona del mundo, Gregory Dupont, con el que se alcanzaron registros ignotos en cuanto al número de lesiones en el equipo. Peculiar concepto de lealtad el de Zizou.

Lo que no dice la carta de Zinedine Zidane

En cuestiones objetivas, el Real Madrid de Zidane volvió a ganar la liga, en este caso la correspondiente a la atípica temporada del Covid-19, mientras que en Europa fue eliminado por el Manchester City en una eliminatoria en cuya vuelta decidió poner a jugar a su querido Hazard, que, lastrado por múltiples lesiones encadenadas, a 11 de julio de 2022 aún no ha dado una patada a un bote en el Madrid, en vez de poner al jugador entonces emergente y hoy en día toda una realidad, además  de ser el jugador de mayor valoración económica de la plantilla.: Vinícius Jr. Nuevamente, ZZ tomó decisiones que, vistas desde fuera, no tienen explicación y que, ahí reside la novedad,  por primera vez no se vieron corroboradas por resultados favorables.

La última temporada del francés en el Real Madrid se saldó con una escasa Supercopa y una Liga arrebatada por circunstancias exógenas a lo meramente deportivo y plenamente achacables a la galopante podredumbre de la competición, mientras que en Champions el Chelsea fue superior durante toda la eliminatoria. Una conclusión clara en esa temporada es que en el equipo había activos infrautilizados y que su empleo sólo en circunstancias de extrema necesidad estaba completamente injustificada, léase Militão sin ir más lejos, cuyo rendimiento cuando jugó tres partidos seguidos fue titánico. A mayor abundamiento sobre esta ineficiente gestión de los recursos del club, leo expresiones de alivio por la salida de Luka Jovic del Real Madrid. Permítanme pecar de prudente, pero no lo hemos visto jugar ni con Zidane, avalista de su fichaje, ni con Ancelotti después, por lo que carezco de criterio para afirmar con la rotundidad de otros sobre su idoneidad, o su falta de ella, para jugar en el 14 veces campeón de Europa. Me parece incuestionable que algo de responsabilidad debe tener un entrenador que da su beneplácito a la contratación de jugadores que no utiliza o cuyo rendimiento parece ser incapaz de optimizar, y no es un caso aislado, porque Eden Hazard sigue siendo el fichaje más caro de la historia del club, ¿saes?

 

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