Buenos días. El antimadridismo es un movimiento antideportivo, económico y social cuyo principal objetivo es defenestrar al Madrid modelando la realidad mediante la implantación de un relato en el imaginario colectivo para desvirtuar los logros conseguidos por el Real Madrid, dificultar la consecución de más con argucias de todo tipo (incluidas las ilegales, como la compra del estamento arbitral) sin renunciar al lucro, incluso fomentándolo (véase la familia Negreira, medios cómplices y demás mamporreros a sueldo), y cuyo objetivo secundario es beneficiar al FC Barcelona y filiales (Atlético de Madrid, Sevilla, etc.), hecho redundante en el objetivo principal de perjudicar a los blancos.
El antimadridismo es una forma de vida para muchos y un medio de vida para otros a quienes no nos queda más remedio que ver y oír si queremos seguir el fútbol español.
El antimadridismo se sirve de la falta de juicio y espíritu crítico de la masa para engañarlos con recursos simples y burdos pero efectivos cuando la merma es fuerte. El adoctrinamiento social ejercido a través de los medios colaboradores es fundamental y el riego de mentiras termina por calar en la pradera de cabezas no pensantes.
Del mismo modo que un aspersor empapa toda su área de acción con independencia de si en el jardín hay petunias, céspet o buganvillas, las falacias del antimadridismo se precipitan no solo sobre los antimadridistas, sino sobre todos, incluidos los madridistas, nublando y distorsionando, cuando no pervirtiendo, no pocos juicios.
Esta fumigación de la razón, este exterminio de la lógica que pretende el antimadridismo funciona, la prueba está en la reacción ante la derrota del Real Madrid el domingo frente al Atlético.
El Madrid jugó mal al fútbol, es decir, su entrenador y sus futbolistas cometieron varios errores deportivos como un planteamiento desacertado de Carlo Ancelotti o actuaciones individuales de jugadores sobre el verde poco inspiradas. Merece crítica y que se adopten las medidas oportunas.
Así mismo, el Madrid sufrió un arbitraje que no puede calificarse como equivocado, porque la existencia del VAR y de varios profesionales en la sala VOR impiden que no se aprecien acciones como la falta sobre Bellingham previa al primer gol rojiblanco o se aplique el reglamento en otras como el gol anulado a Camavinga o la entrada de Giménez a Rodrygo.
Recordemos que el VAR sigue dirigido por Clos Gómez mientras la Guardia Civil lo investiga, a requerimiento de un juez, a causa del sospechoso incremento patrimonial experimentado durante el negreirato.
Las imágenes del VAR las provee (o deja de proveer) un avalista del FC Barcelona, quien posee los derechos.
Hay pruebas de al menos doce transferencias de Alberola Rojas —colegiado del encuentro— a Javier Enríquez, hijo de Negreira, por un montante de 8600 euros entre 2016 y 2019. Casualmente, Alberola ascendió a Primera en 2017.
Un juez ha concluido corrupción sistémica arbitral con el objetivo de beneficiar al FC Barcelona.
Después de todo esto, se justifica el robo sufrido por el Madrid porque jugó mal.
Jugar mal no es delito, comprar el arbitraje sí lo es.
Lo doloroso es que, como decíamos antes, no solo caen en la trampa los antimadridistas, sino muchos madridistas, que ven en el expolio arbitral una suerte de castigo merecido por el pecado de no jugar bien. Es el tipo de madridistas que suelen estar encantados con las portadas de Marca.
No hay ni una referencia a la actuación arbitral, como si no hubiera existido. El modelaje de la realidad a través de los medios.
As sí hace mención al hecho, pero para decir que Real Madrid TV arremete contra Alberola Rojas, como si de un acto repentino se tratase, como si no hubiese sucedido todo lo narrado en este portanálisis.
En la prensa culé, concretamente en Mundo Deportivo, leemos a Tebas decir que “La economía blaugrana ha mejorado bastante” con la tranquilidad de quien sabe que tiene en su mano el grifo que riega el jardín económico de quienes le entrevistan e informan sobre su liga.
Es dantesco el grado de perversión moral que la sociedad en general, que no ve inconveniente ninguno en que el líder de la competición lo sea gracias a los goles de futbolistas inscritos de manera irregular sin respetar las normas que aplican para el resto de clubes; que no ve inconveniente en que sigan arbitrando y dirigiendo el VAR profesionales investigados por la Guardia Civil por un exorbitado aumento de su riqueza durante el negreirato, una época en la que un juez ha concluido corrupción sistémica (del sistema) arbitral para favorecer el Barça; que no ve inconveniente en que el avalista del club que ha pagado millones de euros al estamento arbitral durante décadas sirva las imágenes al VAR. Pero ve imperdonable que el Madrid juegue mal y pierda un partido.
Repetimos: jugar mal no es delito, comprar el arbitraje sí lo es.
Pasad un buen día.
El domingo por la noche el Madrid de Ancelotti completó el peor derbi madrileño en muchos años, puede que el peor desde aquel 4-0 del Atlético Aviación en el Calderón precisamente al primer Madrid de Ancelotti, en febrero del año 15. Concedió tres goles iguales, dos al principio del partido y otro al empezar la segunda parte. Morata y Griezmann se pasearon por un cráter abierto en el centro de la defensa, en la zona de Alaba, que parecía un soldado ruso en esos vídeos que rulan por Twitter grabados por drones ucranianos, totalmente expuesto en mitad de la nada, segundos antes de ser aniquilado por bombas teledirigidas por el Cholo.
La Peineta, desde luego, era el lugar propicio para semejante aquelarre, un campo feísimo al que, con el dinero del pelotazo de los terrenos de la M30, el Atlético le ha puesto una carcasa enorme por encima en la que puede proyectar colorines y hacerlo parecer moderno. Dijeron en la retransmisión que cada año que pasa cabe más gente en el ahora llamado Civitas Metropolitano, la tele y la radio deportivas españolas están llenas siempre de datos estúpidos e irrelevantes, sin embargo nadie incide nunca que quien realiza audiovisualmente la Liga es a la vez quien guía las palancas financieras con que el Barcelona de Laporta va salvando escollos económicos desde hace dos veranos. Por lo tanto La Peineta es un escenario ideal para la inmolación del Madrid en el altar de la vulgaridad y de lo soez que es LaLiga, competición que el Real sigue jugando como si todo transcurriese con normalidad y no se estuviera instruyendo un proceso judicial en base a las pruebas e indicios recopilados minuciosamente por la Guardia Civil que apuntan a un amaño sistemático a lo largo de dos décadas de la misma por parte del actual líder y vigente campeón, el Fútbol Club Barcelona.
La Peineta es un escenario ideal para la inmolación del Madrid en el altar de la vulgaridad y de lo soez que es LaLiga, competición que el Real sigue jugando como si todo transcurriese con normalidad y no se estuviera instruyendo un proceso judicial en base a las pruebas e indicios recopilados por la Guardia Civil que apuntan a un amaño sistemático a lo largo de dos décadas de la misma por parte del bARÇA
Cuando se asume la gran corrupción, todas las pequeñas podredumbres apenas hacen daño. Por eso Alberola Rojas, el árbitro del encuentro, impidió que el Madrid, que a la sazón había hecho una primera parte horrorosa, se fuera al descanso empatado a dos; por eso nada más comenzar la segunda mitad, Morata, con otro testarazo a placer, puso el 3-1 en el marcador y no el 3-2, pervirtiendo ya todo lo que quedaba de partido, que a partir de ahí fue una representación de la decrepitud e impotencia del Madrid, incapaz de arañar un gol a Oblak. Con el Madrid volcado y al filo del intermedio, un balón llovido del cielo pasó por encima de Rüdiger, que disputaba en buena lid con Savic, sin que tuviera ninguno de los dos ocasión siquiera de rozarlo. La pelota fue a caer a la cepa del poste que cubría el portero del Atlético y allí lo remató Alaba. Salió rechazado hacia el otro lado y Camavinga, en posición perfectamente legal, lo remachó dentro, pero Rojas dijo que nanay, porque así quedaba en una disposición transitoria de la Constitución de 1978.
Alberola Rojas, por cierto, pagó 7400 euros a Javier Negreira júnior entre el año 16 y el 19 por servicios de “coaching deportivo”, según relevó un informe de requerimiento de la Agencia Tributaria en octubre de 2021. Lo hizo en trece pagos para que Negreira Jr. le ayudara a “superar sus miedos”, en unos años en los que el coach era administrador único de Dasnil 95, la empresa a través de la cual el clan le facturaba al Barcelona mientras el patriarca era vicepresidente del Comité Técnico Arbitral. En ese tiempo, Rojas, el Napoleón de los trencillas, pasó fulgurantemente de la Segunda División a la Primera, siendo el segundo árbitro más joven de la historia del fútbol español en alcanzar la máxima categoría. Parece evidente que el bueno de Alberola superó sus miedos. ¡Lo que cunde en España el esfuerzo!
La desfachatez es tan inaudita que estamos dentro de un pasaje de Un mundo feliz de Huxley. El Barcelona se ha puesto líder de LaLiga con goles de tipos a los que ha inscrito con argucias fiscales amparadas por la LFP. Laporta dice que ahora se lleva muy bien con el patrón, con Tebas. Todo se ha arreglado con un par de comidas en su casa. En España, todo lo que importa se cuece en torno a una mesa, por eso a los que somos negados para el networking nadie nos invita a comer y tenemos que observar la realidad con la ira santa de los ascetas. La realidad que nos envuelve es para enloquecer. A finales de octubre el Madrid se enfrentará al Barcelona y llevarán publicidad de los Rolling Stones en la camiseta, tan jirochos. Como en España ningún club levanta realmente la voz, ni siquiera el Madrid, que debería negarse a competir con un club apestado, pues ahí fuera mantienen su reputación intacta, y siguen asociándose a todo lo cool que hay en el mundo.
El Barcelona se ha puesto líder de LaLiga con goles de tipos a los que ha inscrito con argucias fiscales amparadas por la LFP. Laporta dice que ahora se lleva muy bien con el patrón, con Tebas. Todo se ha arreglado con un par de comidas en su casa
La performance nefanda del Madrid en La Peineta cerraba malamente el cumpleaños del madridista vivo más universal, Julio Iglesias, que este fin de semana alcanzaba los ochenta años. Pudo ser portero del Madrid Yé-Yé pero acabó, por los caminos inescrutables de Dios, convirtiéndose en un icono de la música popular en español, en una estrella internacional. Cantó el verso que define lo que es el Madrid, un Quijote de un tiempo que no tiene edad.
En la España de hoy, el Real cabalga entre truhanes y ladrones, en un camino lleno de trampas puestas al corazón y a la cartera de los aficionados al Madrid, que ven cómo, una y otra vez, el Madrid tropieza con la misma piedra porque llueve y está mojada, la carretera. A lo largo de este camino, sin aparente intención de enmendar la totalidad de esta monstruosa mierda llamada fútbol español, el Madrid está abocado a seguir protagonizando quijotadas sin cuento para alborozo de la jauría humana.
El Madrid es luz y el fútbol español, sombra. Eso es un consuelo, y no pequeño. En el fondo, todo es una enorme pantomima
En el AS, el lunes, alguien escribió que a Ancelotti le dio un ataque de entrenador en La Peineta, como si Carletto fuese Perico el de los Palotes y se sentara en el banquillo del Madrid porque le quedan muy bien los trajes. Eso, “ataque de entrenador”, es lo que siempre dice alguien que se cree mucho más listo que los demás, y de listos está este país lleno. Bien es verdad que el partido del domingo no es la mejor muestra de su valía como técnico: salió sin delantero centro y juntó a los dos papas eméritos en la medular, con lo que lo que transmitía el equipo era una voluntad clara de no moverse mucho. Pero la culpa de don Carlo es relativa. Al fin y al cabo él pidió a Harry Kane y el club le puso por delante a Joselu. Hay que pagar el hipogeo.
En defensa, se lesionó Militao y no se pensó ni en Ramos, que estaba libre, ni en ningún otro. Nadie puede llamarse a engaño. La plantilla es la que hay y LaLiga es la que es. Todo no puede ser llorar, porque todo esto el club lo sabe. Si se acepta seguir jugando aquí sin exigir una revolución completa, una transformación profunda de unas competiciones reguladas por instituciones podridas hasta el tuétano, como la Real Federación Española de Fútbol y como la Liga de Fútbol Profesional, se asume el castigo implícito que supone ofrecerse en el altar del regocijo de millones de antimadridistas. Quizá la idea que subyace bajo todo esto sea el anhelo cristianísimo de purgar y redimir tanta miseria a través del sacrificio, pero eso habría que explicarlo y el futbolerismo no es campo adecuado para el trazo fino.
Ante la apabullante impunidad del fraude y ante la corrupción integral de todos los estamentos del fútbol, en España, en la UEFA y en la FIFA, no es el fútbol el que tiene ya nada que ofrecer al Madrid, sino el Madrid al fútbol: hay que volver a empezar con la ilusión de un niño
Así las cosas no queda otra que no hacerse mala sangre. El Madrid es luz y el fútbol español, sombra. Eso es un consuelo, y no pequeño. En el fondo, todo es una enorme pantomima. No hay más que seguir avanzando: la vida sigue igual, como cantaba Julio, pero también obliga a volver a sentir las cosas de siempre. ¿Nos seguirá queriendo el fútbol? Ante la apabullante impunidad del fraude y ante la corrupción integral de todos los estamentos del fútbol, en España, en la UEFA y en la FIFA, no es el fútbol el que tiene ya nada que ofrecer al Madrid, sino el Madrid al fútbol: hay que volver a empezar con la ilusión de un niño. Ese es el sentido, y no otro, de seguir viendo los partidos del Madrid, sin más intención que redimir el juego que una vez amamos, siquiera tras noventa minutos de lucha sincera contra todo. Pues, siempre fue más feliz quien más amó.
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El de ayer fue el peor partido del Real Madrid de los últimos años. Trataré de explicarlo. Sujétame el cubata.
Me duelen las manos. El primer golpe de desaprobación que le propiné a la barra del bar no fue en el gol, sino al ver la alineación. El encuentro se perdió en el vestuario, incluso antes que en la RFEF. Tengo por sana costumbre no hacer sangre sobre la herida reciente. Rompo hoy la norma y solo en parte, porque hay banderas rojas asomando desde el inicio de temporada.
El de ayer fue el peor partido del Real Madrid de los últimos años
El viejo Sun Tzu debe de estar retorciéndose en la tumba. En El arte de la guerra escribió que “la invencibilidad está en la defensa; la posibilidad de la victoria, en el ataque”. Me asalta una duda bélica: ¿dónde coño ha visto Carletto a Sun Tzu hablando del maldito centro del campo? Veamos:
Titulares Camavinga, Fede Valverde, Kroos, Modric, Bellingham. Buena apuesta. Personalmente eché en falta a su lado a Tchouaméni, Ceballos, Nico Paz, Palacios, y Manuel Ángel. Es más, subo la apuesta, por qué no sacar también a Schuster, Casemiro, Martín Vázquez, Redondo, Zidane, —la casa por la ventana — hasta Isco. En realidad, podríamos jugar con seis millones de centrocampistas, levantar un muro en el centro del campo, minar la línea divisoria, y cavar un foso de seis metros a ambos lados, y obtener a cambio el mismo desastre que ayer. El fútbol que nos enamora del Madrid jamás ha sido horizontal sino vertical.
Los cincos medios fueron incapaces de desenvolverse juntos, pero incluso aunque el sistema hubiera funcionado y lograran proporcionar balones a los delanteros, detecto otro fallo en Matrix que desde anoche me hace vivir preso de la melancolía: no había delanteros. Sí, tenemos calidad como para que tipos como Kroos marquen goles bombardeando desde donde Tierno Galván perdió su cachimba, pero: ¿de verdad ese es el plan del Real Madrid 2023/24?
El fútbol que nos enamora del Madrid jamás ha sido horizontal sino vertical
Modric hizo uno de los peores partidos que le recuerdo. Raro, si tenemos en cuenta que el croata está bien incluso cuando está mal. Tras el encuentro, examiné con calma su juego. Tradicionalmente, cuando está en el campo, es la referencia. Desde la salida del balón hasta la apertura del melón de la defensa, todo solía pasar por sus botas. Ayer no había un plan al respecto. Nadie sabía si debía buscarlo a él, a Jude, o a Kroos, o si Camavinga o Valverde debían ir solos a la guerra. El desastre de Modric, castigado en el descanso, no es culpa suya. Si quieres acabar con el fútbol del croata, achícale su propio espacio con un enjambre de compañeros.
Mención aparte, la defensa. Fran, una de las mejores incorporaciones de este año —tiempo al tiempo—, fue uno de los señalados, cuando lo cierto es que, pese a los errores, quien volvió a firmar otro partido propio de la noche de los muertos vivientes fue Alaba. Los jugadores tienen derecho a altibajos. Pero Ancelotti ya debería saber que el Real Madrid no puede esperar por todos. Mientras Alaba estaba fuera de sí, y sobre todo fuera de su lugar en cada marcaje, Nacho se aburría en el banquillo.
Que la sobredosis de centrocampistas sea un problema resulta anecdótico si lo comparamos con que el cuerpo técnico sigue creyendo que el Madrid puede jugar sin delantero. Estrictamente hablando, puede; gracias a la calidad en todas las otras líneas, es capaz de ganar con un gol de Jude en el minuto noventa y todo; pero, de nuevo: ¿de verdad ese es el plan del Real Madrid 2023/24?
Que la sobredosis de centrocampistas sea un problema resulta anecdótico si lo comparamos con que el cuerpo técnico sigue creyendo que el Madrid puede jugar sin delantero
Joselu está bien. Cada día mejor. Estoy convencido de que se ha hinchado a ver videos de Benzema para, salvando las distancias, aprender ciertos rudimentos clave en el Madrid de los últimos años. Cada vez baja más a recibir de espaldas, a pisar el balón, a buscar la pared, y se bate en duelo para fijar a los centrales. No sé si es el mejor delantero para el Real Madrid y me da igual. Encierra él solo más actitud que todos los que intentaron sustituir a Karim antes. Y, sobre todo, es el que tenemos, el nuestro, de modo que para mí es el mejor. Pero tiene que jugar. Es escasísima la estadística de delanteros que han logrado marcar desde el banquillo mediante sugestión mental.
Y, lo de Brahim. Ha disputado segundos, no minutos, pero en todos ellos ha dejado destellos de tener ese “algo diferente” por el que se paga oro. No sé en qué quedarán esas sensaciones, pero Ancelotti debería reflexionar, con Vini lesionado y un Rodrygo que, una vez más, no lo ha hecho mal, pero tampoco ha sabido aprovechar el hueco que le ha dejado su compatriota.
Sé que lo estáis esperando: un apunte sobre el arbitraje. Me aburre. Quiero decir: si nos quedamos a jugar en esta competición corrompida, corruptora, y corrupta, ya sabemos que hemos de marcar el triple de goles que los rivales y jugar contra doce más los del VAR. O nos vamos, o nos centramos en tratar de ser mejores que todo su juego sucio junto.
Lo único que me gusta del partido de ayer es que todos nuestros enemigos nos dan por muertos. Me encanta cuando lo hacen [inserte aquí su risa del gato del malo del Inspector Gadget].
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No es buen día para defender a Ancelotti, su planteamiento y dirección de partido frente al Atlético de Madrid dejaron mucho que desear. No pretendo justificar unas decisiones que casi nadie entendió y tampoco es el primer día que Carlo se equivoca de esta manera en un partido importante. Aunque, no nos engañemos, como todo en la vida, esto depende más de la suerte y de la corrupción de lo que nos gustaría admitir.
El once sin nueve habría sido tildado de acierto táctico del italiano de haber vencido el derbi, y esa circunstancia pudo suceder si el internacional Alberola Rojas hubiese decretado la flagrante falta previa sobre Bellingham en el tempranero primer gol del Atleti. No hay duda de que la falta de concentración de este Madrid en los primeros compases de los partidos es enervante e intolerable, pero sin la prevaricación arbitral ese gol no habría subido al marcador. También podría haberse dado el resultado opuesto si Giménez hubiese sido expulsado por segar las extremidades inferiores de Rodrygo en una entrada más propia de una pelea callejera de 1984 que de un partido de fútbol actual. Y el Madrid habría contado con más opciones de ganar si el colegiado que pagó al hijo de Enríquez Negreira, en connivencia con Cuadra en el VAR, no se hubiese desentendido del reglamento para anular el gol de Camavinga.
No pretendo justificar las decisiones erróneas de Ancelotti, pero esto depende más de la suerte y de la corrupción de lo que nos gustaría admitir
En la alta competición lo importante se dirime por detalles, probablemente sin aquel despeje de Mendy sobre la línea contra el City ahora no tendríamos la Catorce y estaríamos hablando de un horrendo partido de vuelta del Madrid con un plan táctico de Ancelotti dantesco, nuestro cerebro suele caer en un sesgo que implica la justificación de cualquier resultado porque previamente y de manera instintiva analizó todas las variables. Ayer no hubo un detalle decisivo arbitral, sino al menos tres. El partido fue más malo que proporcionar fentanilo a los bebés, pero no es el primer encuentro tremebundo que gana un equipo, que se lo pregunten al Atleti.
Hablar de merecimientos en fútbol es absurdo, gana el que más goles mete, aunque es indiscutible que cuanto mejor se juegue (no hablo de estética sujeta habitualmente a modas ridículas, sino de competir bien) más probabilidades hay de ganar. Corrupción aparte.
El Madrid tiene una plantilla con alguna posición bien cubierta, otras cubiertas lo justo si no hay lesiones (que ya las ha habido), algunas mal cubiertas y otras directamente vacantes. En estas condiciones, la inspiración de los futbolistas (ayer tampoco fue su mejor día), la suerte y la intensidad del castigo arbitral siempre presente van a determinar en mayor medida que en otras circunstancias hasta dónde llegará el equipo esta campaña. Quizá serán factores más determinantes aún que el acierto o no de Ancelotti.
No estoy de acuerdo, empero, con quienes restan todo tipo de mérito a Carlo, y a diferencia de lo defendido de manera brillante y razonada hoy por Daniel Mateos en La Galerna sí creo que tuvo un papel destacado en aquellas remontadas y en la final de la última Champions ganada, gracias a planteamientos poco vistosos pero que exprimieron al máximo las condiciones del equipo.
Quizá sea de los pocos que no quieren hacerlo esta mañana, aún con el enfado latente de la imagen dada y de la derrota, pero opino que no hay que echar a Ancelotti ya
Quizá sea de los pocos que no quieren hacerlo esta mañana, aún con el enfado latente de la imagen dada y de la derrota, pero opino que no hay que echar a Ancelotti ya. Apuesto además por mantenerlo en el cargo el resto de la temporada, salvo debacle.
La configuración de la plantilla no tiene arreglo hasta mínimo el mercado de invierno, y eso en el Madrid equivale a decir que hasta el verano que viene. Lamentarnos por algo que ahora no tiene solución no tiene sentido.
Sin embargo, sí creo que hay que redoblar esfuerzos para defenderse de y atacar a la corrupción sistémica instaurada desde hace décadas en el fútbol español que inclina la estantería de los títulos hacia el lado de siempre.
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El Madrid jugó mal y perdió, claro. La cosa así, a pelo, no tiene mayor importancia. Perderá de vez en cuando, es inevitable. Mi pregunta es dónde está el equipo que arrasó en San Mamés, su mejor aparición lo que va de temporada. Lo bordó. La opinión fue unánime empezando por el rival y terminando por el vecino del quinto.
Un equipo en tromba, a por uvas desde el minuto uno, apretón en todas las zonas del campo, desde la más alejada a la de su portero. Un equipo decidido a mandar y a ganar. Un Madrid tremendo aquel que ha ido menguando, agarrado en Bellingham y Carvajal sobre todo. Pareció que las notabilísimas ausencias, Courtois y Militao en cabeza, podían ser menos siendo tremendas.
El Madrid jugó mal y perdió, claro. Mi pregunta es dónde está el equipo que arrasó en San Mamés, su mejor aparición lo que va de temporada
Aquella noche iniciaron los jóvenes volantes que no volvieron a juntarse. No sé si es causa-efecto. Me limito a recordar. No, Kroos y Modric no tienen culpa de nada. Señalo nada más que lo que parecía una idea, bola a los jóvenes y los cracks con el partido corrido y el rival madurado, iba a ser una opción de vida blanca. No estoy diciendo que Toni y Luka no estén para ser titulares, digo que añoro el equipo que vi en San Mamés. El equipo. ¿Pog qué diría aquel?
Es el primer misterio de la temporada. Está también el de los goles encajados con los rezagados llegando a su localidad. Esa es otra y es curioso que se produzca en el Madrid. El equipo capaz de jugar finales de partido como nadie es todo lo contrario en los inicios. El hasta el final, vamos, Real va camino de convertirse en desde el principio, vamos, Real. Chiripitiflaútico.
El hasta el final, vamos, Real va camino de convertirse en desde el principio, vamos, Real
Y en eso Ancelotti tiene mucha responsabilidad. Más que ayer inventara. Tchouaméni y Joselu, fuera. Y Nacho en el banquillo. Si los laterales son clave ofensiva, ¿a quién se la ponían si arriba estaba Bellingham, fuera de su posición ideal, y Rodrygo? Del partido de portero y defensas para qué extendernos. El mismo Valverde. Brahim hizo cosas interesantes otra vez.
Luego estuvo el arbitraje. Que hubo falta a Bellighman previa al 1-0, que si Rüdiger no intervino en la jugada que acabó en gol de Camavinga, que si el entradón de Giménez a Rodrygo daba para expulsión… Opinable, claro. Como todo. Algo sí no se discute: para ganar la Liga, el Madrid debe ser muy superior al resto. Con igualar al o los candidatos a serlo no le alcanza. No es de ahora sino de hace 30 años, por concretar.
Pues nada. Decepción gorda en el derbi, a seguir. Queda trabajo.
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Llamadme ventajista, pero nunca me gustó el Ancelotti entrenador, ni siquiera en los días de gloria de la decimocuarta. Este artículo no surge sólo por el lamentable espectáculo de ayer; es el clímax de una serie de desencantos.
Si alguien me dijera que nuestra alineación y cambios del derbi fueron obra de un mono arrojando dardos, no me causaría ninguna extrañeza. No había que ser ningún sabio del fútbol para saber que una defensa con Fran García, Lucas Vázquez y Alaba te garantiza lo que finalmente ocurrió, un aniquilamiento por asedio aéreo.
Nunca me gustó el Ancelotti entrenador, ni siquiera en los días de gloria de la decimocuarta
Qué decir de la cobarde alineación, con un único delantero, Rodrygo, quién, para colmo, atraviesa una alarmante sequía tanto goleadora como de juego. Presentarse en el Wanda con un solo atacante es, sin duda, una declaración de intenciones propia de un equipo menor. Es sabido que Bellingham aprovecha al máximo sus habilidades cuando se incorpora desde atrás, apoyado por un 9 que fija a los defensas. Pues bien, el inglés realizó el peor partido desde que aterrizó en Madrid. ¿Y qué decir de la decisión de alinear a Modric, por delante de Tchouaméni? ¿Y lo de recurrir a Nacho y Mendy en los laterales cuando ya estábamos dos goles abajo y necesitábamos más atacar que defender? Lo que sucedió ayer careció de todo sentido, fue un cúmulo de decisiones desacertadas.
A Ancelotti nunca se le ha valorado por su rigor táctico ni por sus dotes como motivador. Siempre se ha destacado de él su habilidad para ejecutar una eficiente “gestión de grupo”, algo con lo cual no estoy del todo de acuerdo. Si realizar una buena gestión del grupo es situar la jerarquía por encima de la meritocracia, los galones por encima de la inexperiencia, entonces sí, Carlo es un gran gestor de grupos. Carletto es un político, y con la actual composición de la plantilla, creo que se necesita más atrevimiento que política.
Soy consciente de que esto es tremendamente impopular, pero no me importa recibir fuego amigo. La 14 la ganamos a pesar de Ancelotti. La historia, el escudo, el miedo escénico del Bernabéu, y, por qué no decirlo, un poco de suerte. Yo vi poco la mano del entrenador. Los rivales nos avasallaron durante amplias fases de las eliminatorias. El equipo estuvo a merced del City en Manchester, donde sólo un milagro evitó una auténtica goleada. En París apenas superamos la línea del centro del campo y en el Bernabéu fuimos dominados por los tres, Chelsea, City y PSG, durante amplias fases del partido. Debemos reconocer que los méritos tienen que ver más con la épica y el espíritu del séptimo de caballería que por la gestión de las eliminatorias desde el banquillo.
Soy consciente de que esto es tremendamente impopular, pero no me importa recibir fuego amigo. La 14 la ganamos a pesar de Ancelotti
Ancelotti parece enfrentar serias dificultades para motivar a sus jugadores; no logra inculcarles la necesidad de entrar al campo con la máxima concentración. Una y otra vez, encajamos un gol en los primeros minutos, una y otra vez, siempre se repite la misma histooooooria.
En solo dos temporadas, el catálogo de partidos en los que hemos incurrido en el más completo de los ridículos es alarmadamente extenso, por ejemplo:
Manchester City 4 - Real Madrid 0
Real Madrid 0 - Barcelona 4
Manchester City 4-– Real Madrid 3 (8-4 hubiera sido un resultado más justo)
PSG 1 - Real Madrid 0 (el equipo apenas pisó el campo del PSG)
Athletic Bilbao 1 - Real Madrid 0 (Copa, sometidos los 90 minutos)
En estos 5 encuentros, el rival nos avasalló, no competimos, ni siquiera comparecimos. Es obvio que no se puede jugar siempre bien, que no se puede ganar siempre, que hay veces que no se tiene el mejor equipo. El problema es que en sólo 2 temporadas el número de bochornos ha sido demasiado extenso. No podemos aceptarlo como algo normal. No fueron simplemente malos partidos, fue algo más.
Dicho esto, Carletto no es el único culpable. El arbitraje de hoy es digno del Negreirato en su máximo apogeo. Y la zona noble es también es culpable por su silencio. A José le querría haber visto yo hoy…
Obviamente también las lesiones afectan y la ausencia de Vinicius principalmente. Además, no contar con un 9 es algo que nadie entiende. Bueno, yo sí lo entiendo, Mbappé está atado, no puede haber otra opción, es imposible que Florentino cometa un error de tales dimensiones.
Entonces, ¿hay que echar ya a Ancelotti?
Lo que sucedió ayer careció de todo sentido, fue un cúmulo de decisiones desacertadas
A Carlo Ancelotti le respeto y le aprecio. Es una de esas personas que a todos cae bien y a las que siempre doloroso criticar y mucho más desear su salida.
El cuerpo me pide prescindir de él, pero la razón me susurra que no. No es momento de cambiar de entrenador. El próximo inquilino del banquillo no podría hacerse cargo, porque está ocupando seguramente otro. Pero es momento de que el club empiece a pensar en el director de orquesta de la temporada que viene, si es que no lo ha hecho ya. Ancelotti no puede seguir.
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Buenos días. El Real Madrid perdió por 3 goles a 1 el derbi madrileño. Podéis leer lo que sucedió en el Metropolitano merced a la crónica de Andrés Torres, y a partir de ahí haceros vuestra propia composición de lugar. La derrota, en nuestra humilde opinión, tiene muchas causas pero dos nombres propios destacados: Ancelotti, que se equivocó (y lo que es peor: que se equivoca, en presente continuo) y Alberola Rojas, que acertó.
Sí, sí, decimos bien: Alberola Rojas acertó, por cuanto su actuación como una pieza más en el tablero del negreirato resultó altamente eficaz. Hizo lo que de él esperaban sus jefes, especialmente el del Rolex, y con él el responsable del VAR, Cuadra, cuya actuación satisfizo también a su superior directo, Clos Gómez, investigado por la Guardia Civil por haber multiplicado sospechosísimamente su patrimonio en los años de Negreira.
Pero ahí sigue. Aquí no pasa nada.
Clos aplaudió sin duda en su casa cuando vio que Alberola no pitaba falta a Bellingham y, sobre todo, cuando observó que Cuadra no indicaba al árbitro de campo que el primer gol del Atleti debía ser revisado por dicha acción, clarísima.
En cuanto al gol inconcebiblemente anulado a Camavinga, por fuera de juego de un Rüdiger que no interviene en la jugada más que para ser objeto de penalti, la culpa recae sobre ambos colegiados, el de campo y el de videoarbitraje, con un tercer protagonista: el juez de línea Teodoro Sobrino Magán (o tal vez Mangán) que levanta raudo la bandera en lugar de esperar al desarrollo de la jugada, y todo ello cuando Rüdiger nada tiene que ver con el desenlace final de la misma, salvo para ser objeto de penalti, como decimos.
Teodoro Sobrino Magán (o Mangán) fue el linier que, junto a Hernández Hernández (a su vez investigado también por la Guardia Civil por incrementos patrimoniales durante el negreirato, pero ahí sigue también), anuló aquel gol de Bale por ser más alto que Jordi Alba, o el que dejó pasar aquella falta clamorosa a Varane por parte de Suárez que acabó en gol del Barça en aquel otro mal llamado clásico.
Está todo ahí, delante de nuestros ojos. Pero todo el mundo hace como si aquí no pasara nada.
La tercera acción escandalosa es la patada salvaje de Giménez a Rodrygo cuando se iba solo ante Oblak. Es una expulsión de manual, pero Alberola ventiló la acción con una amarilla para dicha del del Rolex y de Gil Marín, que ayer no emitió ningún comunicado. Quien debió emitirlo, de hecho, es el Madrid, o por lo menos algún representante del club debió hablar de esto ante la prensa, siquiera Ancelotti, que sin embargo prefirió echarse la culpa a él mismo antes que a Alberola y sus compinches. Para nosotros, la mayor culpa de Ancelotti ayer (y mira que se equivocó en cosas) es no señalar la culpa del equipo arbitral. Dirá que no es su responsabilidad, y tal vez tenga razón. Unos por otros, la casa sin barrer. La casa de poner el grito en el cielo de manera contundente desde el punto de vista institucional.
Y ¿qué dice de esto As en su portada? Lo tramita con un clásico: “Polémico arbitraje de Alberola Rojas”. ¿Os imagináis la que habrían montado los atléticos, y con ellos la prensa madrileña, si estas mismas jugadas se hubiesen dado en sentido contrario?
Y ¿qué dice de esto Marca en su portada? Absolutamente nada. Ni una palabra. A ver si lo podemos subrayar más: ni una puñetera palabra. ¿Llegaremos a escribir “ni una puta palabra”? No, no lo haremos. Debemos contenernos.
El periódico de todas las aficiones ha llevado tan lejos su ambición de serlo que ya lo es de todas las aficiones excepto la madridista. Sí critica en cambio a Ancelotti (“El Madrid empezó sin delantero y acabó roto y sin capacidad de respuesta”). Ancelotti, como indicamos, no es ajeno al reparto de responsabilidades. Todo lo que hizo rozó lo inexplicable. Raro es salir al campo sin un delantero puro, pero si vas 2-0 nada más empezar más raro aún es no reaccionar inmediatamente con otro planteamiento. Sus cambios fueron inentendibles.
Pero lo que clama al cielo, en lo tocante a la dirección técnica del equipo, es que encajemos goles nada más comenzar los partidos (o los segundos tiempos), en flagrantes faltas de atención y/o intensidad, sin que Carletto parezca capaz de activar los resortes para poner un remedio. Comenzamos casi todos los partidos perdiendo 1-0. En las empresas norteamericanas más punteras prevalece la siguiente política de recursos humanos: puedes cometer mil errores, pero no puedes cometer continuamente el mismo error. Que algo así pase en el Real Madrid tiene que ser grave.
Los jugadores no se libran, por supuesto. La desastrosa línea defensiva (con la salvedad relativa de Rüdiger) naufragó estrepitosamente, arrastrando al equipo. Alaba estuvo especialmente catastrófico.
La prensa cataculé, con la cual os dejamos, celebra como es comprensible el acceso al liderato de su equipo, que es el del régimen, este régimen putrefacto cocinado día a día, a fuego lento, por la recua de presuntos delincuentes (no lo decimos nosotros, sino la Guardia Civil) que conforman el Comité Técnico de Árbitros.
“Arrollados”, tiene el cuajo de titular Sport en referencia al Madrid en el Metropolitano. Pues sí, arrollados, pero por el sistema putrefacto que diseñó con Villar, Arminio y Negreira el club que os paga, y que sigue vigente merced a sus herederos, con el del Rolex y el investigado a la cabeza.
La mayor trama de corrupción de la historia del fútbol mundial continúa desenredándose ante nuestros ojos, con el beneplácito de prácticamente todo el mundo.
Pasad un buen día.
Arbitró Javier Alberola Rojas, del comité castellano-manchego. En el VAR estuvo Cuadra Fernández.
El árbitro tronista. El árbitro que pagó más de 7.000 euros al hijo de Negreira por coaching. En un país normal estaría apartado del arbitraje, pero this is Spain. Encima es chulo, engreído y un flipado de categoría.
Su arbitraje fue infame. Con sus posturas de machote encantado de conocerse.
En el 2' no pitó falta a Bellingham de Savic en la frontal. Dijo "next", como cuando fue a aquel programa de televisión. A continuación llegó el 1-0 rojiblanco. Luego, en el 33', le pareció poco la entrada de Giménez a Rodrygo. Solo amarilla y no roja, por no ser ocasión manifiesta de gol porque el balón iba por la banda. En connivencia con él apareció Cuadra en el VAR para señalar fuera de juego de Rüdiger en el 44'. Una jugada que debe peritar el principal para ver si a él le parece que interviene en la jugada el alemán. No le llamó al monitor y el 2-2 quedó anulado.
En el reparto de amarillas también estuvo esquizofrénico. Si Modric protesta, es amarilla; si lo hace Memphis, no. Permitió entradas bastante duras y continuadas porque el partido le quedó como tiene el ego, es decir, enorme. Mendy fue amonestado en el 66' tras pisar a Llorente y también recibió una amarilla un miembro del banquillo rojiblanco por perder tiempo en un cambio. Bellingham en una entrada de naranja ante Correa en el 95' se quedó en el campo por los pelos.
Alberola Rojas, DE PENA.
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Arrizabalaga (4). No tuvo culpa en los goles, pero un portero del Madrid debe parar también lo imparable. Al menos de vez en cuando.
Lucas Vázquez (3). Los dos primeros llegaron por su banda.
Alaba (2). Una calamidad en el juego aéreo. Zampado por Morata.
Rüdiger (6). El mejor de la zaga. Mala uva. Es lo que tocaba.
Fran García (4). Un coladero.
Camavinga (5). Dinámico y con buenas lecturas de lo que pedía el partido.
Kroos (7). El mejor del Madrid. Buen gol. Claridad.
Modric (4). Superado y desaparecido.
Valverde (4). Sin presencia.
Rodrygo (4). No deja de intentarlo, pero...
Bellingham (4). Hoy no.
Joselu (4). Torpón.
Mendy (4). Más torpón todavía.
Nacho (4). Intrascendente.
Tchouaméni (5). Empuje. Trató de aportar cuando peor pintaba el asunto.
Brahim (6). Siempre deja cosas.
Ancelotti (2). Su plan no funcionó como acredita su terrible triple cambio. La caraja que luce el Madrid en sus puestas en escena empieza a ser un debe grave del entrenador.
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Fiel a su estilo, el derbi capital comenzaba con la clásica filtración de los once de Carletto. Sorpresa por una vez la del viejo zorro de Reggiolo, que prescindió de su adorado Joselu y apostó por su celebérrimo árbol de Navidad, al que dedicó un libro transalpino cuando entrenaba al Milán. Así, Ancelotti dispuso a cinco centrocampistas en una suerte de doble media punta para Jude y Modric. Camavinga de cinco, con Kroos y Fede de interiores.
A priori un once que amasa pelota, indescifrable para los perros de presa dispuestos por el Cholo, como si un rottweiler atado a una cadena de titanio quedara justo a un milímetro de un buen chuletón de Aizarnazabal. Lástima que en esta liga maloliente de palancas, pufos y fraudes la táctica importe poco cuando el que sopla el pito es Alberola Rojas, el malencarado y distinguido pupilo vigoréxico de los Másters (& Commander) de Negreira Junior. Que no pitara una clara falta sobre Bellingham en los primeros compases fue el preludio del festival arbitral que asolaría el Wanda en una sola dirección. Así las cosas, el Atleti, hiperbólico y agresivo como acostumbra ante el Rey de Europa, recuperó la pelota. Samuel Lino avanzó con tanta calma como Henry Cherry comentando el fichaje de Vini por el Barcelona en los postres de la comida de directivas y envió un magistral centro al corazón del área, que cabeceó preciso Morata ganando el duelo a Alaba. El otrora castillista lo celebró con la furia del converso, casi con el mismo frenesí con el que se colgó de los pectorales de Cristiano cuando este abrochó la Décima en Lisboa. Al fin y al cabo, hay no menos de cuatro ex-madridistas en las filas colchoneras. No lo podrán entender, supongo. O sí. El caso es que 1-0 a los tres minutos, últimamente como siempre, y un nuevo partido ríspido por delante que ya había empezado raro con una suerte de adagio colchonero -el himno, vaya- que sonó en el minuto de silencio dedicado a Pepe Domingo Castaño. Habrá que agradecer que el Frente no pusiera la letra. Descanse en paz, Pepe.
El Madrid trató de reaccionar con el mismo balón que despreciaban los hombres del Cholo, mucho más cómodos en el navajeo de los viejos fondos, y así, a empujones y espoleados por el estadio, se quitaron de encima toda intentona merengue hasta el punto de ampliar la ventaja apenas 15 minutos después. Saúl, otro que da titulares al Marca contando que cuando era pequeño en Valdebebas le robaban la merienda, centró con la misma comodidad que Jesús Gil y Gil en el jacuzzi y Griezmann cabeceó sin oposición para hacer el segundo. Se marcó un baile y se besó el escudo. No leerán que anda por ahí provocando. Será que tiene el pelo rosa.
El Madrid quedó medio grogui con el segundo tanto colchonero. Contra las cuerdas, Arrizabalaga salvó el tercero con una buena mano abajo tras enésima incursión por la banda, en esta ocasión izquierda, del Atlético. Los de Carletto, derrotados por momentos en cada duelo, apena oponían resistencia más allá de algún eslalon de Goes.
Sin embargo, en un arranque de rabia, Toni Kroos recogió un despeje de la zaga colchonera, amagó con un latigazo con un recorte estiloso que envió a Marcos Llorente a Los Ángeles de San Rafael, y disparó con violencia, no sólo para meter al Madrid en el partido, sino para desatar el pánico en las huestes de Simeone. Minuto 34.
Asustado y aculado, el Atleti entró en zozobra. Súbitamente se olía el empate. Y este llegó después de que Alaba rematara una falta lateral contra el palo, cuyo rechace aprovechó Camavinga para marcar a puerta vacía. Arberola Rojas señaló fuera de juego de ¡Rüdiger! Y se quedó tan ancho, que coronó su desfachatez sacando una amarilla a Modric, que se quedaría en el banquillo en el segundo tiempo en favor de Joselu.
El que pudo irse al hospital fue Rodrygo si no llega a saltar sobre la entrada criminal de Giménez sancionada, cómo no, con una tibia amarilla, como tibia, otra vez, fue la comparecencia madridista en el segundo tiempo. No había transcurrido ni un minuto de la reanudación cuando de nuevo Morata, que suponemos irá a Neptuno esta noche, cabeceó violento, de nuevo sin oposición, un centro comodísimo, otra vez, desde la banda izquierda.
Así es muy difícil.
3-1 y Carletto encabronado. De una tacada cambió a los dos laterales. Introdujo a Mendy en la izquierda y a Nacho en la derecha, además de a Tchouaméni en lugar de Camavinga. Un triple cambio palmando que resulta más que significativo. Brahim ni está ni se le espera, al menos hasta los 70 minutos. Hasta entonces, apenas un peligroso disparo lejano de Tchou al que respondió con su solvencia habitual Oblak. Ahora sí, a la desesperada, Toni Kroos, el mejor del Madrid, dejaba su sitio a Brahim, que como siempre dejó cositas.
Un cuarto de hora para la épica, que esta vez no llegó. Y no llegó porque no se pueden hacer tan mal las cosas y porque cuando se hicieron bien apareció en alumno de Negreira Jr. al filo del descanso.
No es fútbol, es La Liga, dice el eslogan de Tebas, ¿no?
Pues eso.
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