Las mejores firmas madridistas del planeta

Tras muchos minutos de titubeo, el asombro se apoderó una vez más del palacio madridista. Un encuentro sufriente, una muestra de grandeza que añadir a la hazaña de Belgrado por parte de un Real Madrid desangrado paulatinamente en cada batalla. Sin Yabusele, Deck ni Poirier, con Tavares entre algodones, la vieja guardia no sólo resistió, sino que contraatacó con la fiereza de la juventud de su espíritu. Plenos de autoridad después de tantas victorias morales, lúcidos como nunca, exhibiendo su clase inagotable y su conocimiento de los partidos vitales, Sergio Rodríguez, Sergio Llull y Rudy Fernández, tanto monta, dictaron una lección magistral de valor deportivo, del deseo ferviente que instalaron hace setenta años Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. El que fuera replicado por los yeyés, por la generación de Luyk y Vicente Ramos, y que tiene continuidad prodigiosa hoy, por esa concatenación de voluntades que lubrica la querencia por un club de arraigo universal: el Real Madrid de los prodigios.

Sin Yabusele, Deck ni Poirier, con Tavares entre algodones, la vieja guardia no sólo resistió, sino que contraatacó con la fiereza de la juventud de su espíritu

Ocurra lo que ocurra en la Fase Final de la Euroliga, estos años serán recordados por las hazañas continuas, por la cantidad de ocasiones en las que el Real Madrid está replicando sus principios. Esta circunstancia establece la medida de un apogeo, la estabilidad de una dimensión. Y, cada vez que acontece, los principios arraigan entre los socios, entre los recién llegados, entre los niños que ven por primera vez escenas que parecen extraídas de relatos fantásticos. Y, por supuesto, entre aquellos que visten la camiseta blanca como novatos, aunque su experiencia en otros ámbitos —Musa, Hezonja— ya sea consistente.

Musa Partizan

Mientras, los que ya vamos peinando canas sonreímos henchidos de satisfacción y de cierto asombro al comprobar cómo el Real Madrid continúa representando el nuevo milagro en cada ocasión que lo requiere. Como si respondiera a un guion establecido en el que sólo alterna el elenco, actores de nuevo cuño que recuerdan por uno u otro matiz y de forma inevitables a sus antecesores. Este humilde cronista no puede dejar de percibir la quintaesencia del juego canario que floreció en manos de Carmelo Cabrera y brotó exultante, colorida, en el genio de Sergio Rodríguez. Ni de plantearse la equivalencia del carácter entre Emiliano, Brabender y Sergio Llull, con Fernando Martín como relevista intermedio. Podría seguir ilustrando mis sensaciones, aunque no creo que sea necesario aportar más ejemplos que trascienden las épocas y se hermanan con el deporte que dio vida al club: el fútbol.

Rodríguez, Llull y Rudy dictaron una lección magistral de valor deportivo, del deseo ferviente que instalaron hace 70 años Berrnabéu y Di Stéfano. El que fuera replicado por los yeyés, por la generación de Luyk y Vicente Ramos, y que tiene continuidad prodigiosa hoy, por esa concatenación de voluntades que lubrica la querencia por un club de arraigo universal: el Real Madrid de los prodigios

La muestra del trío mágico fue conmovedora por reflotar una nave que se hundía, al principio con más coraje que acierto. Después, con una sucesión de genialidades del Chacho; con el marcaje decisivo a Punter de Llull —que adornó con el aroma de unas cuantas mandarinas que estoquearon al Partizán—, y con el instinto de Rudy, ese talento en la lectura que le conduce a llegar antes que nadie a balones imposibles, a defender a varios atacantes en la misma acción. Una exhibición de baloncesto en los lugares comunes madridistas, una actuación para el recuerdo de sus anales.

Rudy Fernández Partizan

No estuvieron solos ni mucho menos. El resto respondió con el coraje necesario para completar una tarea que parecía imposible cuando la desventaja en el tercer cuarto era de dieciocho puntos. El Partizán maniobraba con destreza, con la seguridad que otorga la fiabilidad en los triples y en los tiros libres, atrincherados en una defensa dura que maniataba las maniobras blancas.

No estuvieron solos ni mucho menos. Hay que romper una lanza en favor de Chus Mateo, al que hay que reconocer que ha mantenido el pulso con Obradovic. Sus alternancias defensivas terminaron colapsando a un inconmensurable Punter que terminó por claudicar, fallando sus últimos lanzamientos.

Chus Mateo Partizan

En la refriega, más notas positivas. El debut de un crío, Ndiaye que sorprendió al Palacio y a Europa. El virtuosismo de Musa, veinte puntos. La consistencia de Hezonja, al que sólo le queda templar el ánimo para convertirse en una leyenda madridista. La paciencia de Tavares, cargado de faltas. Sin excepción, todos los componentes de la plantilla fueron desgranando su esfuerzo en aras de un triunfo colectivo, de la fascinación de una noche iniciática.

Y perdonen que termine con un apunte personal. Allí estuve, asistiendo a la ceremonia del nuevo portento ante la ocasión requerida. Rodeado de amigos (Jesús Vega a mi lado; Tomás Roncero, justo delante; Eduardo Hernández-Sonseca e Higinio Alonso, como guardaespaldas), ayer fui feliz en el Palacio, compartiendo con ellos los pormenores del rito y observando el éxtasis de la afición que, en realidad, era el éxtasis de un equipo maltrecho. ¡God save the kings!

 

Getty Images.

Acompáñame en esta triste historia: ayer fue mi particular Día D, un cincuentón calvo que ya ha jugado sus mejores 20 partidos, apostado en la Playa de Omaha. Un día de mierda en el trabajo, problemas sobre problemas, quise enfrentarlo con senderismo (del deporte también se sale). Solo recuerdo a mi hija llamando a mi esposa, mi tobillo hinchándose como un globo y yo en medio del campo aguantando la lágrima. Al llegar a casa, perdíamos de 16. Ducha, ibuprofeno y a dormir con la pierna estirada.

Como con el gato de Schrödinger, siempre juego a ser yo quien averigüe un resultado incierto, como si, plenipotenciario, tuviera el poder de decidir sinos y destinos. Esta vez la radio me recordó mi poca fe. El Real Madrid me reservaba una sonrisa antes de dormir, en la que no creí. Ser madridista es eso, un puto estado de felicidad metido en una caja. Ábrase.

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. Nadie había dado la vuelta a un 0-2 en unos playoffs de la Euroliga, Obradovic solo había perdido una eliminatoria de las 21 que había disputado y el Madrid se encontraba 18 abajo (41-59) y repleto de bajas remando contra el arbitraje, la historia y el raciocinio. La nave blanca se encontraban en medio de una galerna perfecta, pero el Madrid no sufre las galernas, sino que se beneficia de ellas desde tiempos inmemoriales.

Entre lesiones y sanciones, a punto estuvo Chus Mateos de tener que recurrir a Sabonis y Arlauckas para enfrentarse al Partizan. Cuando no habíamos terminado de acoplarnos en nuestros asientos, los colegiados habían cargado con tres faltas a Tavares y Punter dejaba al Madrid con el aspecto de un boxeador tras un vendaval de golpes de Mike Tyson.

Para cualquier otro equipo habría sido el fin, pero para el Madrid nada tiene su fin, aunque tal afirmación contradiga a los Módulos. La paliza se quedó en conato porque hicieron acto de presencia los Space Cowboys blancos —Chacho, Rudy y Llull— para salvar una misión dirigida por Chus Mateo, ninguneado por muchos como a un profesor sustituto de una High School del Bronx.

Nostradamus Bengoechea lo vaticinaba en Twitter:

Mala pinta lo del Wizink, con poca inspiración, nervios, Tavares cargado de faltas y un arbitraje infame. Catorce abajo al descanso. En resumen: ganará el Madrid.

— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) May 10, 2023

Debajo del tuit de Jesús, os mostramos este de Míster Chip para que saquéis vuestras propias conclusiones.

RMA 39-55 PAR (HT) - Estamos a 20 minutos de presenciar algo histórico y sin precedentes y es ver a un equipo ganar un quinto partido fuera de casa en una serie de #Euroleague.

El Real Madrid JAMÁS ha ganado un partido de Euroleague tras llegar al descanso con 16+ puntos de…

— MisterChip (Alexis) (@2010MisterChip) May 10, 2023

No sabemos si el Chacho leyó a nuestro editor, pero cargó la metralleta y liquidó la ventaja serbia a triplazo llimpio secundado por Rudy —al que probablemente ya le faltaban partes del cuerpo, pero que está en todas y nunca se rinde— y Llull, que apareció cuando tenía que aparecer. La nueva gesta de estos tres mosqueros a los que muchos habían ya inscrito en el IMSERSO, sin olvidar el papel del resto de compañeros, la narra como nadie nuestro querido Athos Dumas en esta crónica.

En el portanálisis de ayer decíamos que nos hallábamos al borde un ataque de serbios, contando los minutos que quedaban para el quinto partido contra el Partizan y acertamos, el ataque se quedó al borde y no llegó a desarbolar nuestras líneas.

El Madrid se impuso a la estadística, a la historia, a la lógica y hasta al —para otros— inexorable paso del tiempo. Incluso tuvo que remontar dentro de la propia remontada.

El Real Madrid amerita otro cantar de gesta. La epopeya es un relato épico que consiste en la narración de las acciones trascendentales obradas por el Real Madrid. Homero fue el primer cronista madridista.

El escudo redondito en el pecho infunde eneryía y grandeza, da igual en fútbol, baloncesto o gestión, porque el Madrid es uno y trino. De hecho, el propio Vinícius estuvo en el partido protagonizando un crossover de gloria, animando como el que más porque Vini ha entendido desde el minuto uno lo que es el madridismo y pertenecer al club de los milagros, que es el titular de la portada de Marca.

Portada Marca

Están acertados los de Gallardo porque el Madrid es el CLUB, que no equipo, de los milagros. Nos chirría, eso sí, que ahora se suban al carro de Vinícius, porque uno puede equivocarse y no apreciar el potencial de un jugador, pero no faltarle al respeto como ha hecho Marca con algunas portadas.

Portada As

“Histórico y heroico” es como cataloga As al Madrid de baloncesto sobre una fotografía del equipo celebrando el triunfo frente al Partizan que lo catapulta a la Final Four que se celebrará en Kaunas entre el 19 y el 21 de mayo.

As dedica un espacio al “Antídoto” Rüdiger, que vacunó al Madrid contra la Haalandtitis, y en lugar de loarlo, se decanta por sembrar la inquietud y apunta que ahora se abre un debate con la vuelta de Militao. Lo de siempre. Si mal, mal; y, si bien, mal también.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Los diarios catalanes, como no podía ser de otro modo, dedican sus frontispicios a Busquets tras anunciar que deja el Barça. Sus indudables sombras y el hecho de haber formado parte del Barça negreiro no impiden reconocerle la importancia y calidad futbolística a Sergio.

Nos despedimos aún con la sonrisa que se nos fijó anoche gracias, de nuevo, al Real Madrid, el club de los cantares de gesta.

Pasad un buen día.

Al descanso, el Partizan se iba con un +16 que parecía irremontable. Los tiros imposibles de los serbios, con un Punter imperial, y las tres faltas -la tercera de ellas absolutamente delirante- de Tavares sumían al equipo en un pesimismo total, máxime cuando el Madrid carecía absolutamente de jugadores en la pintura. El chaval Ndiaye se había batido como un jabato, eso sí.

Pero pasó un relámpago por el Wizink. Al salir para empezar el tercer cuarto, Chacho Rodríguez dio la señal: no iba a haber prisioneros. Encendió a un Wizink que parecía cloroformado por la exhibición de las camisetas negras del Partizán.

Fue Chacho, pero fueron también unos tipos irrepetibles como Tavares, aguantando más de 14 minutos con 4 faltas; como Musa, infalible en los tiros libres; como Hezonja, en su mejor partido como blanco, reboteando, llevándose dos luchas decisivas y anotando de 3; como el capitán Llull, con dos triples, sobre todo el segundo, absolutamente increíbles. Como Hanga, como Nigel. Como Rudy, partiéndose la cara sin parar, destrozado su hombro una vez más, en esta ocasión por un salvaje salto de Exum.

Un equipo, un alma, con arraigo absoluto, esa palabra que tan mal se está usando por ciertos antimadridistas que han adquirido protagonismo por hablar de algo que desconocen y que confunden con un pueblerismo ya pasado de moda.

Y todo empezó con el Chacho, madridista de ida y vuelta, a punto de cumplir 37 años, con más energía que muchos veinteañeros. La vieja guardia (Chacho, Rudy, Llull -un autentico Red Llull, te da alas, ya saben-) se puso en primera fila de ataque. Luego fueron secundados por todos sus compañeros y, por fin, por el propio Wizink Center, que llevó en volandas a los suyos, y eso pese a una dantesca actuación del trío arbitral, que, ante cualquier duda, barría del lado de los discípulos del gran Zeljko Obradovic.

Una vez más, el Madrid abre camino, y es el primer equipo de la historia que remonta un 0-2 adverso en cuartos de final de Euroliga. Dos batallas inolvidables en el Stark de Belgrado, y la batalla definitiva de Madrid, con emoción adicional tras remontar una diferencia que llegó a ser de 18 puntos en el tercer cuarto.

No busquen más allá: el único equipo capaz de hacer estas machadas es el Real Madrid, de baloncesto o de fútbol, de cadetes o de profesionales.

“El horror, el horror”, decía el coronel Kurtz en “El corazón de las tinieblas”, aka “Apocalypse Now” en cine. Hoy habría que decir “El arraigo, el arraigo”, ya saben, lo de echar raíces profundas en un corazón inmenso. ¿Acaso hay otras raíces que de verdad importen?

 

Ángel Del Riego Anta (@la_meseta_uber) dice de sí mismo, en su bio de Twitter, que es un rey desafortunado. Leonés, es decir, emperador destronado, escribe como juega Vinicius, o sea, haciendo que crezcan flores sobre el pavimento de hormigón. En una entrevista que le hicieron para un medio de su tierra dijo de sí mismo que “no sabe vivir” y que por eso, escribe. Con su hermana Marta, que también escribe, firmó La Biblia blanca (Córner), un éxito editorial que lleva reimprimiéndose desde 2018 y que constituye el inicio de una tradición literaria madridista comme il faut. Ahora, justo un año después de la Copa de Europa que resume todas las Copas de Europa y que el Madrid ganó, en gran medida, gracias al Santiago Bernabéu, regresa a las librerías junto a su hermana con La historia íntima del Bernabéu (La Esfera de los Libros), un intento de ponerle palabras a lo inefable. Charlo con él a través de Skype en una tarde del mes de mayo, que no sólo es el mes de María, sino también el que suele determinar el estado de ánimo de millones de personas en todo el mundo: los madridistas.

Después de La Biblia Blanca, que es la historia sagrada del Madrid, La historia íntima del Bernabéu, es decir, del Templo. Los judíos se llevaron siglos rezando de cara a Jerusalén cuando les destruyeron el templo, pero Florentino parece decidido a fijar el Bernabéu a la piel de Madrid como si fuera un fósil eterno. ¿La fuerza del Bernabéu en la imaginación de los hombres se debe a su ubicación física en La Castellana y a sus gradas verticales que caen a pico sobre el césped, o es un espacio de fuerza simbólica, un no-lugar semejante a los agujeros negros?

Mi parte racional me diría: pongas donde pongas el Bernabéu, el Real Madrid va más allá del Bernabéu. Pero la realidad es que el Real Madrid no sé si va más allá del Bernabéu. Esto es así ya en el 43, sabemos la historia, ahora la conocemos bien. Yo, por ejemplo, hace diez años no la conocía. Y la mayor parte de los madridistas la desconocía. El Real Madrid está unido a la construcción del templo por parte de Santiago Bernabéu, que hace que casi descienda el Madrid. Pero luego empieza a administrar bien el dinero, trae primero a Molowny, luego a Alfredo Di Stéfano y luego pasa lo que pasa. La idea del Real Madrid, tal y como la concibe Bernabéu, está muy unida con el templo ahí en La Castellana, que es un sitio fundamental en la nación española, porque en realidad, es lo que le queda: yo empiezo a tener dudas de que salga un buen jugador español en los próximos doscientos años, tal y como se educa a los chavales en las escuelas de fútbol, que se les castra absolutamente.

Se han abandonado los campos de albero, incluso los campos de futbito, y ya es todo academia.

Todo academia, sí. Es una cosa asquerosa. Por eso Florentino, que tiene buenas intuiciones, se va a Brasil y lo peina con ocho mil personas, que deben recorrer cada campo…

El ejército de Juni Calafat.

Sí, y ya ves lo que nos ha dado, dos joyas tenemos ahí y seguramente otras, no sé. Algunas siempre se quedan en el camino. De Reinier ya no sabemos nada, estará en alguna guerra africana…

Hemos hablado muchas veces de que hay momentos en que Florentino parece que hace cosas que no tienen sentido, pero su intuición a largo plazo es asombrosa, como por ejemplo, con Vinicius o Rodrygo.

Alguien multimillonario que no estaba destinado para eso, porque era de clase media, tiene que tener algo especial. Tiene que tener una visión que no tenemos el resto, porque si no, no llegas ahí.

¿Entonces la fuerza telúrica del Bernabéu está ligada al sitio?

Hay una parte mía que es más mística que sí cree que son muy importantes los lugares. Por ejemplo, cuando estuve en Cuba, conocí a algunos cubanos que se dedican a contar su historia. Como visten tan mal, porque el comunismo de allí los ha igualado a todos en la pobreza, no es un cliché, realmente es así, de repente te los encuentras y no tienen esa pinta, pero son tíos muy sabios, y te cuentan, por ejemplo, que es que Cuba está en un sitio, entre el paralelo, el meridiano y no sé qué, en donde hay unas energías y tal, y por eso hay algo especial en la vida, en la creatividad. Eso puede que pase también en alguna parte de España, quizá en Andalucía, quizá en Cádiz. Efectivamente, Cádiz capital, que es un sitio muy especial, sólo puede estar en Cádiz capital. Por estar, por un lado, mirando a África, por el otro, por ser una isla que mira a Europa, o sea, tiene todas las corrientes del Mediterráneo que van por ahí. Entonces, claro, el Bernabéu está en un sitio muy especial. Un sitio que, cuando el estadio se construye, no era tan especial, pero que ahora sí lo es.

Entonces era un pueblo al lado de Madrid. Ahora es una arteria en la que toda España está reflejada, como por estratos: los burócratas, los curritos, los oficinistas, todos ahí mezclados.

Sí, estaba totalmente desértico alrededor. Ahora, encima, empieza en Atocha, que es un punto con un entorno muy siniestro a su alrededor, pero muy divertido. Yo no lo movería de ahí porque nunca sabes después lo que puede pasar. Es como los matrimonios. Hay felicidad, tocas algo y, después, ya nada es lo mismo.

entre toda la gente de Twitter, los blogs, etcétera, le hemos escrito el relato al Madrid

La Biblia Blanca está siendo un éxito editorial yo creo que sin precedentes en la literatura deportiva en España. No sé cuántos ejemplares habéis vendido.

La primera edición fueron dos mil y las siguientes, novecientos. Debemos andar por los diez mil ejemplares o una cosa así. Que en los 80 o 90 estas cifras no eran nada, y ahora esto es un bestseller.

Desde luego no se parece a nada de lo publicado antes, pues es un manual de historia y un tratado de sociología escritos con la fuerza y el talento de una novela del siglo XIX. Yo creo que los hermanos Del Riego estáis comenzando la tradición literaria madridista en sentido estricto, que no sólo el Madrid sino el fútbol necesitaba para alcanzar por fin las cotas del boxeo o la tauromaquia en el arte. ¿El Madrid como organización se ha dado por enterado de algo de esto? Porque lo que escribís despega al Madrid del asfalto pegajoso del vodevil periodístico de cada día, lo convierte casi en una disciplina artística.

Ellos lo saben. Crucé palabras con Arbeloa y con José Ángel Sánchez, por ejemplo, y sí que conocían el libro. Realmente, entre toda la gente de Twitter, los blogs, etcétera, les hemos escrito el relato al Madrid.

Dices que el Bernabéu es “una bestialidad en medio de la ciudad” que no pega con el entorno, “amontonamiento, lo inesperado, torres que emergen de la nada sin ton ni son”. Que sea en efecto una nave espacial en mitad de un barrio de clase media-alta de los 70, ¿es un reflejo del accidente histórico que es el Madrid en la historia moderna de España?

Sin duda. Es como un galeón del pasado que de repente ha hendido por en medio la historia de España desde los años 60 y que sigue, sigue y sigue sin parar. Para los que somos del Madrid ya es algo natural, pero los que no, siguen, después de cincuenta años, frotándose los ojos. En cada victoria del Madrid es como si se cayeran de un guindo. Siguen diciendo las mismas cosas, para ellos es un accidente que no para, como el día de la marmota o una película de Nolan.

¿Cómo puede ser algo sorprendente cuando se repite con tanta regularidad?

No tiene ninguna lógica, pero fíjate que eso está hasta en las casas de apuestas. El Madrid no ha sido favorito en ninguna final, en ninguna de las eliminatorias, desde hace muchísimos años. Contra la Juve, que teníamos posiblemente el mejor equipo de la historia del fútbol, porque no sé si ha habido alguno parecido, no sé, el Milan de Sacchi, quizá, y las cosas estaban como 3 a 1 a favor de ellos. Los corresponsales extranjeros hicieron una porra y todos decían que ganaba la Juve. La media de lo que decían era que ganaba 3-1 la Juve. Y eran extranjeros.

Es curioso porque, como tú dijiste en tu artículo sobre Vini, la admiración hacia el Madrid parte siempre del extranjero. A las grandes estrellas del Madrid las admiran de forma inmaculada fuera de España, pero luego nunca nos tienen en cuenta en los pronósticos. Es un mecanismo mental que no logro entender.

Será porque el Madrid es algo así como el todo. No es fácil entenderlo. Lo de Vinicius, por ejemplo, decía Hughes que es muy diferente cómo le pitan fuera de España a cómo le pitan dentro. Fuera, le gritan, cuando se iba a banda así un poco burlón, le hacían un “boooh” como de cachondeo. Aquí, no. Aquí le gritan “hijo de puta, ojalá te mueras, cabrón” y no tiene nada que ver una cosa con la otra. Aquí, el aparente poderoso tiene que parecer humilde. Por eso, a Butragueño se le respetaba. A Raúl, que era como serio y tal, se le respetaba. Tienes que ser como una mezcla entre Butragueño e Iniesta. Si no, te machacan. Pero si eres poderoso de verdad, entonces no: de Franco nadie se burlaba así como así. Del aparente poderoso te puedes reír. A mí me ha contado mi padre que la única persona que tenía tierras de verdad, por entonces, era el marqués de Hinojos. El caso es que, en los 70, el hombre era prácticamente pobre, porque como buen hidalgo, no trabajaba. Trataba muy bien a la gente y si tratas muy bien a la gente, te roban. Y después de tratar muy bien a la gente, cuando venía a La Bañeza, la gente le escupía y lo echaban de los bares, lo trataban como a un apestado. Había una inquina contra él impresionante.

Por ser un símbolo antiguo del poder.

Claro, del que te puedes reír, porque de un guardia civil en los años 50 no se reía nadie.una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid: la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid.

una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid es que la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid. ¿Nos quieren quitar la nación? Nos queda el Real Madrid

En los estertores del franquismo, al Madrid se le prohibió vender el solar de La Castellana para hacerse un estadio futurista en Valdebebas y con el Nuevo Bernabéu las obras estuvieron paradas porque la Unión Europea frunció el ceño unas cuantas veces. Sin embargo, el Barcelona, que está quebrado, encuentra dinero mágico para hacerse un Camp Nou nuevo. En la mente de la gente el Madrid siempre ha estado asociado al poder, “por eso gana tanto”, pero quien realmente ha estado cerca del poder siempre, sea cual sea su forma (Franco, el PSOE, el nacionalismo) es el Barcelona. A pesar de esto, el equipo del poder, el que sea, seguirá siendo el Madrid, sobre todo para los corresponsales anglosajones que viven de contarnos cómo somos los españolitos. ¿Quién tiene en realidad la culpa de esta percepción?

Esa es toda una pregunta en España. Porque se puede hablar igual de los nacionalistas, mismamente, los vascos, que parecen contrarios al poder. Te lo encuentras en la gente de izquierda, que te dicen: ya nos gustaría ser como en el País Vasco. Y el País Vasco es el puro poder. Iberdrola es la empresa más poderosa que hay. Mira, yo tengo por ahí el libro de Historia de España de BUP, que es de una editorial que es Vicens Vives, catalana. Todas las editoriales fueron siempre catalanas. León era la segunda provincia de España con más editoriales. Ahora ya no, y Madrid estaba muy lejos de eso. Pero el relato siempre vino de Cataluña. Siempre. No es que lo hayan contado mal, hay cosas muy interesantes en esos libros. Pero lo cuentan a su manera, claro. El centro de España, la Castilla histórica, que siempre incluyó también desde Cantabria hasta Andalucía, quedó fuera del relato, aunque fuera el centro. El relato se contaba desde la periferia. Y eso es España. Ya no es tanto, pero todavía los que contamos el relato, no desde el centro, pero tampoco desde la periferia, parecemos heterodoxos. Lo cual es una cosa curiosísima. Y creo que esa es una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid: la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid.

Se acoge al Madrid como a un paraguas.

Sí, sí, sí, absolutamente. ¿Nos quieren quitar la nación? Nos queda el Real Madrid. Y eso pasa incluso en Andalucía, en los pueblos, en los que muchas veces el señorito es del Sevilla, pero luego llega el del pueblo, al que quizá desprecia, porque eso lo he visto yo cuando estaba haciendo la mili, y llega con el Madrid y dice “ahora os vamos a meter una bien gorda”. La gente dice: nosotros, lo que tenemos para agarrarnos es el Madrid, no tenemos otra cosa. Y ya no digamos en León y en Castilla, excepto en Valladolid capital y una parte de León que es bastante del Barça, yo creo que por César, el único jugador importante de aquí que ha habido, y también por la emigración a Cataluña y al País Vasco. Un día me contaba Jambrina, que es muy amigo de Rafa Lahuerta, que escribió un libro con los de Libros del KO, un tío muy majo y sincero, que en Valencia despreciaban a los madridistas, que iban allá con el porrón y tal, por palurdos, y sin embargo veían que era una gente con una fuerza tremenda. Se preguntaban: y por qué nos ganan estos tíos. Y es precisamente por eso. El desprecio les daba exactamente igual.

Por eso decías antes que Raúl sí que podía ser ese humilde aparente que se hiciera respetar. Pero Raúl era un ganador, un tío hipercompetitivo, además muy altivo.

Lo que pasa es que era listo. Al principio era un poco chulito y le dieron algunos palos, y aprendió. Yo sí confío en Raúl como entrenador. Quiero verlo como entrenador, a pesar de todos los que hablan.

Dices, y lo comparto, que el Madrid es una gran realidad que vertebra España. Pero sin embargo España es, desde el franquismo, el país del “niño, no destaques”, todo lo contrario del espíritu que impulsa constantemente al madridismo. ¿Cómo se explica entonces el éxito extraordinario de algo como el Madrid, mastodóntico y altivo, la espada de Dios partiendo en dos el Universo, en un país de trajes grises y mentalidad oficinista? ¿Nos alimentamos del deseo oculto de millones de autómatas?

Primero porque conecta instintivamente con algo del pasado español que no tiene nada que ver con eso. Conecta también, a través de Di Stéfano, que tampoco tenía que ver con el “niño, no destaques”. Pero, aun así, Bernabéu tuvo que inventarse lo del señorío, que era una forma de decir bueno, somos el Madrid pero somos educados, en la victoria y en la derrota, bla, bla, bla. Educaba así un poco a la gente. Lo primero que le dijo a Di Stéfano, creo que fue a él, cuando se compró un coche le dijo: lo devuelves ahora mismo, no puedes dar envidia a la gente de esa forma, que en España la gente lo pasa muy mal.

En España no se perdona la demasía.

No, no, yo creo que eso también es muy de la España castellana. Creo que en Andalucía es diferente. Aquí mismo, en León, me contaba aquí uno de los grandes sabios madridistas que hay, mi amigo Manolo, el panadero, que una vez se compró un Mercedes y lo aparcaba fuera de La Bañeza, porque si lo aparcaba en la puerta de la panadería no volvería a entrar nadie nunca más, pues pensarían que seguro que les engañaba y que a ver de dónde sacaba tanto dinero. En España, también, es normal que la gente sea desconfiada del poderoso, porque el poderoso no se puede decir que fuera nunca muy justo y generoso. En España, para ganar dinero siempre había que estar cerca del poder, había que tener apellidos sin mácula. De ahí viene lo de los “ocho apellidos vascos”, porque eran los que podían meterse en la administración. Los cristianos viejos.

El punto de apoyo fundamental para el crecimiento histórico del Madrid ha sido siempre el estadio. Con el primer Chamartín el Madrid afianzó su independencia y se hizo el primer equipo galáctico con el que lideró el fútbol durante la República. El segundo sirvió para pagar el Madrid de Di Stéfano y la leyenda europea. En este tercero, sin embargo, el foco y las perspectivas económicas están puestas más que en el “fútbol a peseta” de Sánchez Guerra y luego Bernabéu, en la explotación de cosas diferentes: del espacio y de la marca en sí, y no del espectáculo deportivo. ¿No es esto un síntoma de decadencia del fútbol?

Sí, sí que lo es. Pero es que el fútbol ya no es el centro de todo como era en los 70 y en los 80, el centro de los deseos infantiles, sobre todo. El fútbol es una cosa más que hay dentro de la oferta pero, igual que ha llegado la decadencia del rock y de otras muchas cosas, tenemos la del balompié. Realmente toda la cultura que conocimos en Europa occidental está en decadencia. Está mutando en otra cosa completamente diferente. De hecho, en los últimos tres meses estamos viendo por todos lados que la inteligencia artificial está haciendo cuadros y muchas cosas que parecen superiores a las del hombre. Ahí ya no es que haya decadencia, es que no se sabe lo que es. Casi todo lo que conocimos, casi todo en lo que crecí yo, los dogmas culturales, etcétera, ahora o son cenizas o no existen. O son algo minúsculo dentro del gran marasmo de todo, ese marasmo heterogéneo de Internet y las redes sociales. El fútbol, bueno, todavía es importante, desde luego, pero ni mucho menos lo que fue. Empezando porque los jugadores se hacen en academias.

Como en laboratorios.

Sí, tenemos un fútbol del que sólo sobrevive el Real Madrid. Sobrevive el que más gana, pero también es el único que tiene un fútbol en el que el azar se convierte en emoción y en belleza, en esas cosas que buscábamos siempre en el fútbol.

Hay una paradoja: lo que triunfa en el fútbol es esa verdad que viene de Sudamérica, cuyo símbolo es Vinicius, como escribes en El Confidencial, pero lo que lo envuelve es previsible y artificial, como casi todo en Europa occidental.

Sí, porque en todo se busca la seguridad. Es como el nuevo feminismo, que busca la seguridad absoluta en todo. Y eso es imposible, porque la vida tiene un punto de azar. Para buscar la seguridad absoluta en todo le tienes que quitar a las cosas del juego lo mágico, la pasión, tienes que ir reduciendo muchísimo eso. Lo que ha hecho Guardiola, por ejemplo, es una automatización de la espontaneidad, que al principio era bonito pero ahora a mí me parece horrible. Pero claro, ha fascinado a una generación entera.

tenemos un fútbol del que sólo sobrevive el Real Madrid. Sobrevive el que más gana, pero también el único que tiene un fútbol en el que el azar se convierte en emoción y en belleza, en esas cosas que buscábamos siempre en este deporte

La fascinación que produce Guardiola está basada, curiosamente, en el recuerdo de su Barcelona, donde era Messi, el rayo imprevisible, lo contrario al sistema, lo que precisamente conquistaba la victoria.

Eso lo vimos muy bien en aquel Real Madrid-Bayern de 2014. Teníamos todavía un miedo terrible a Guardiola y en dos partidos nos hizo una ocasión de gol. Ellos tenían un fútbol de alta gama, sin duda, pero no penetraban en el Madrid, que salía y, en cuatro combinaciones, metía gol.

Hablamos de ese Bernabéu del que trata vuestro nuevo libro. El Bernabéu es un sitio muy particular. Durante muchos días, casi toda la temporada, es lo que antes eran los vestíbulos y los palcos de la ópera: el sitio donde ir y ser vistos, un escenario en el que los peces gordos hablan sus cosas en los reservados y en el que la plebe posturea en Instagram. Pero llega la Copa de Europa y en los momentos verdaderos, en los que el fútbol es de todo menos fútbol, entonces el estadio se convierte en un volcán. ¿Cómo es posible esta transmutación?

Yo creo que eso no se puede explicar. Hay cosas que no se pueden explicar y esa es una de ellas. Y encima, no siempre fue así. Nosotros vivimos los años de ayuno del raulismo en los que el Bernabéu daba lástima. La facultad que sí que tiene el Bernabéu y el madridismo es la de transmitirle su emoción fundamental al jugador. Y yo creo que eso no lo tienen muchos clubs. Entonces, si el Bernabéu tiene miedo y da lástima, el jugador acaba teniendo miedo. Y si el Bernabéu está convencido, el jugador termina convencido. En 2014, el Bernabéu todavía no estaba convencido. Igual si se hubiera jugado aquella final en el Bernabéu, la hubiéramos perdido. Por eso son tan importantes los jugadores que van más allá de la Historia. Y los dos jugadores que fueron más allá de la Historia en el Madrid reciente fueron Fernando Hierro y Sergio Ramos, centrales los dos. Centrales andaluces. En el 98, que estaba todo perdido, Fernando Hierro es el que gana el partido. Y en el 14, Sergio Ramos es el que gana el partido. A partir de ahí, el Bernabéu cree y el Madrid cree. Se transmuta el plomo en oro. Pero no es fácil de explicar. Se necesita de una retroalimentación de equipo-grada. Esto nos volverá a pasar. El Madrid volverá a caer y el estadio volverá a tener miedo. Y necesitaremos a otro jugador que vaya más allá, porque por ejemplo Modric era buenísimo pero fue más allá después del 14. En el 14, el que fue más allá era Ramos. Vamos a ver, porque hasta ahora son sólo jugadores andaluces, y Andalucía está un poco seca ahora. No sé qué otro sitio puede ser que dé jugadores muy muy buenos y con esa fuerza mental.

¿Por qué nos odian tanto los sevillistas?

Quizá Militao, que tiene cosas de Hierro y de Ramos.

Brasil sí que es un sitio que está dando esas cosas. Quizá sea la dureza del país. Ellos no son fáciles de entender para los europeos. Coraje y casta, para un español, un alemán o un italiano, tienen que ver con eso del puño cerrado. Y ellos no, ellos tienen una alegría indestructible. No han perdido el placer del juego. Eso es lo que les jode de Vinicius, que se ría.

El Madrid es un galeón del pasado que de repente ha hendido por en medio la historia de España

Escribisteis en la Biblia Blanca: el Bernabéu es el estadio más poderoso del mundo porque somete a sus futbolistas hasta doblegarlos y convertirlos en madridistas. Los que no lo soportan, no valen: los engulle la niebla de la que habláis en el primer capítulo. No hay otro cedazo igual, ni siquiera comparable. ¿Es por que Cristiano se resistió siempre a ser doblegado? ¿Fue Cristiano alguna vez madridista de verdad o sólo cristianista?

Desde luego, le costó. De primeras no se dejó doblegar. El Bernabéu tardó tres o cuatro años en cantarle. Fue sobre el 2013 o así, después de unos ataques bestiales, de la burla de Blatter, en un partido normal y corriente en el que le dieron cuarenta mil patadas, cuando la gente empezó a cantarle. Él se sintió muy bien en el Madrid, desde entonces. Yo creo que algo madridista es, no es un autista, tiene pasiones de verdad. No pone, cuando habla, al Manchester por encima del Madrid. Es un tío muy especial, desde luego.

¿A quién impresiona más el Bernabéu, a los madridistas o a los antimadridistas? Durante años pareció que aquello de Valdano del “miedo escénico” se había convertido en un cuento de viejas, especialmente durante la era Messi. Pero ahora resulta que los rivales vuelven a jugar en el Bernabéu con plomo en la barriga y en los tobillos. ¿Ha destruido este estadio más carreras propias o ajenas?

Por ejemplo, en el libro hablamos de los exquisitos, de gente como Didí o de Özil. Özil es un jugador tan especial al que la luz del Madrid deslumbra de tal manera que, luego, fuera, ya no encuentra sabor en nada. La vida es de segunda categoría para él, fuera del Madrid. Y no es que el Bernabéu o el Madrid le jodieran la carrera: ha tenido una buena carrera, sobre todo en la selección alemana, pero si no pasa por el Madrid habría sido un jugador diferente. Desde luego, no hubiera tenido esos tres años que tuvo, tan fantásticos. Luego, Higuaín es otro caso. De Higuaín se habla en el libro. No sabemos qué jugador habría sido de no pasar por el Madrid. En el Madrid, mamando raulismo, viendo cómo se dio cuenta de que era muy inferior a varios jugadores del Madrid, se convirtió en uno de los jugadores más latosos de la historia del fútbol. Los errores que comete, sobre todo aquel en la final de la Copa del Mundo…es que es alucinante el fútbol: te quita todas las máscaras, es aquello que hacía John Ford, de un grupo humano en peligro para decantar todas las personalidades. El fútbol siempre decanta todas las personalidades. Higuaín es un cenizo increíble. Habría sido un gran delantero del Atlético de Madrid. Llegó a tener gol, buen disparo, pero ha pasado a la historia como un jugador absolutamente menor. No le hizo bien el Madrid al pobre Higuaín.

A Benzema también le ha costado muchísimo.

Pero Benzema tiene espíritu. ¿Qué es el espíritu? A veces se dice que un jugador tiene mucho espíritu, pero esos jugadores que parece que van con el corazón en la boca son muchas veces los que antes se queman. Benzema nunca lo demostró, llegó a jugar un muy buen fútbol, y cuando tuvo que demostrarlo estaba tan blindado y preparado que ha hecho cosas asombrosas en los últimos tres años. Él siente una gran pasión por el fútbol, a él le gusta el Madrid. Es muy madridista, está muy emocionado con el Madrid, se le nota. Él disfruta yendo hacia adelante, hacia atrás, metiendo goles, disfruta y aprende cada día. Cuando dijo aquello de que jugaba para los que sabían de fútbol, es verdad. Yo creo que hay muchos jugadores que todo eso no lo disfrutan. Quizá Asensio esté volviendo a disfrutar y esté recuperando sus capacidades.

El Bernabéu es un lugar que templa los espíritus, es implacable.

Es absolutamente darwinista, por eso los jugadores que sobreviven son tan grandes. Y por eso los entrenadores como Ancelotti son tan importantes, porque los huelen. No sólo es importante que sean los mejores, sino que no flaqueen. Camavinga, por ejemplo. Ancelotti vio que, a pesar de los muchos errores que cometía, no flaqueaba en el momento de la verdad, y ya está, y ahora tenemos un jugador que es dominante en Europa.

Por último, hazme un pronóstico de futuro: ¿quedarán de él, dentro de mil años, los restos de un enorme sarcófago egipcio al que vendrán a hacerse fotos los chinos o será una lanzadera de la humanidad desde donde despeguen las naves a conquistar Marte como imaginó Ray Bradbury?

Las ruinas modernas no son como las antiguas. Tienen una cosa herrumbrosa y oxidada, casi letal. A mí me gustan, como todas esas cosas que vemos en Estados Unidos o en China. Las ruinas antiguas, no. En las ruinas antiguas, por ejemplo, la piedra, el musgo, la naturaleza, se enredan con mucha facilidad y nace otro paisaje. Las ruinas modernas son hirientes, siempre. Desde un punto de vista poético, no sé qué puede ser el Bernabéu. Desde el punto de vista práctico, Madrid cambia continuamente y la piel del Bernabéu, también. Sería bonito que quedara este Bernabéu, el último.

 

Entrevista: Antonio Valderrama

 

 

 

 

Con una excelente prosa, y un amor por su equipo que merecería el arribo a conclusiones más atinadas, Daniel Ramírez García-Mina ha escrito en El Español una explicación de su polémica frase, que hizo fortuna (?) en la víspera de la Final de Copa, en el sentido de que el Osasuna posee “arraigo popular”, algo que el Real Madrid “ni tiene ni jamás podrá entender” según Ramírez.

Es de elogiar que El Español publique una pieza que, como el propio Ramírez indica, no sigue la línea editorial del periódico. La pluralidad siempre está bien, sin perjuicio de que a mí, por ejemplo, me merezca escaso respeto un texto que da por evidente la “indigencia moral” de quien para muchos (y más desde el soberano partidazo de ayer ante el City) es el  mejor jugador del planeta:  Vinicius.

Me parece, desde esa frase e inevitablemente en adelante, un texto de una enorme indigencia moral. Repárese en que estoy llamando “indigente moral” al texto de Ramírez y no a Ramírez, mientras que él, en cambio, no ha hablado de la indigencia moral de un regate o un gesto de Vinicius, sino de la presunta indigencia moral de Vinicius mismo. Es decir, de la presunta indigencia moral de un chico de 22 años cuya presunta inmoralidad consiste en reaccionar -a veces con más ejemplaridad que otras, pero siempre a modo de reacción- contra el asqueroso acoso de oponentes, medios y aficiones rivales, algunas de las cuales no se privan de manifestar su racismo enconado contra el brasileño. Si Vini le parece a Ramírez un “indigente moral” (sic), no sé qué categoría reservará para todas estas manifestaciones de odio y xenofobia.

El texto de Ramírez se inicia con un lamento porque un tuitero, a resultas de su manifestación sobre el “arraigo”, le amenazó de muerte. ¿Ve usted, Don Daniel? Eso, amenazar de muerte a alguien, sí es indigencia moral. Buscar desde la primera frase la compasión del lector a cuenta de algo acerca de lo cual quien más quien menos viene ya curtido de twitter, sin embargo, no es indigencia moral, pero sí una añagaza columnística bastante burda. Pero se entiende. Se entiende que busque la compasión del lector antes que el convencerle, por cuanto ni por asomo en el resto del artículo se explica decentemente en virtud de qué se supone que Osasuna tiene más “arraigo popular” que el Real Madrid.

Si al menos Ramírez nos instruyera en su (personalísimo al parecer) concepto del arraigo, estaríamos menos perdidos. No. Se limita a aseverar que su afirmación es “una obviedad” y de ahí no le sacas, ni de ahí ni de su odio al Madrid, soterrado pero evidente, ni de su manifiesto aborrecimiento a la idea de la Superliga, que pasaba por allí. Traigo una sorpresa para nuestro hombre: hay madridistas contrarios a la Superliga, no sé si con más o con menos arraigo que los otros. Hay incluso madridistas que tienen simpatía hacia Osasuna y -aquí confío en que no le explote la cabeza- osasunistas que tienen cariño al Madrid. Yo mismo, en la previa del partido en Sevilla, topé con un navarro en cuya camiseta rojilla lucía un 5 bajo el nombre de Zidane. “Él quería venir pero no le fichamos porque ¿a quién quitábamos?” Como se verá, el que existan osasunistas capaces de engendrar un texto como el de Ramírez no debe movernos a ninguna suerte de animadversión hacia el digno finalista de Copa. Hay osasunistas estupendos.

Ya dice el propio Ramírez que no conviene generalizar. En efecto, ni los del Osasuna son etarras ni los del Madrid franquistas, y la prueba está en que ETA mató a osasunistas y Franco a madridistas, empezando por su presidente el Coronel Ortega al término de la guerra.

A partir de ahí, el escrito es un batiburrillo tan magníficamente redactado como confuso en lo conceptual. El autor presenta como prueba de la falta de arraigo del Madrid la canción “Cómo no te voy a querer”. “Se ve ahí que el único arraigo del Madrid es el triunfo”, viene a espetar. ¿Y quién ha dicho que sea el único? Ramírez, el pamplonica de la maleta melancólica.

Para alguien que detesta profundamente el nacionalismo como yo, el verdadero arraigo es la familia. Un padre madridista (en Madrid, en Kuala Lumpur o en la Isla de Pascua) inculca madridismo con el mismo amor que el que un padre osasunista emplea en cantar a su vástago las hazañas de Patxi Puñal. Como mínimo, con el mismo.

Por lo demás, es una pena que el antimadridismo patente de Ramírez le impida apreciar el encanto de la letra de la canción. El autor de la misma, anónimo que yo sepa, no le declara su amor al Madrid a consecuencia de una devoción por el terruño (como la de los osasunistas, gijoneses u oviedistas a los que sí les atribuye en cambio arraigo), sino en virtud de que no lo puede evitar por las alegrías que le da. “¿Cómo no te voy a querer?” implica un deseo de resistencia infructuoso. Al final solo cabe dejarse llevar por quien te hace campeón de Europa una y otra vez. ¿Existe mejor definición del amor, y hay algo más arraigado que ese sentimiento? El amor o es pasión incontenible o no es amor, y es independiente de los réditos que produzca. El que obtiene (vía trofeos) pocos réditos del amor por su equipo de fútbol no ostenta una legitimidad superior al que obtiene muchos. Si acaso, buscará consuelo en la autoafirmación de su amor.

Otra prueba de que el Madrid no tiene arraigo es, por lo visto, que a Benzema se le ha abucheado en el Bernabéu. Traigo otra sorpresa para Daniel: de igual forma que hay madridistas contrarios a la Superliga, hay madridistas que se oponen radicalmente a que se abuchee a los jugadores propios. Dese una vuelta por twitter, Daniel, y airéese. Dice que no necesita que le cuenten nada (yo no tendría la arrogancia de decir semejante cosa) porque ha estado en el Bernabéu. Un señor que cree que el público del Bernabéu refleja al madridismo es como uno que cree que un osasunista que abuchea el himno nacional refleja al osasunismo (¿valga la redundancia?). Harían falta miles de Bernabéus para poder acoger a todo el madridismo global, y la belleza de ello consiste precisamente en que la inmensa mayoría de los madridistas no se han comido ni se van a comer jamás un bocadillo en El Brillante, que es señal innegociable de madridismo según propugna nuestro amigo antimadridista. Yo sí me he comido un bocata de calamares en dicho establecimiento, pero no por ello exijo ese sello en el pasaporte madridista de nadie.

Aunque tímidamente parece querer evitarlo, es difícil esquivar el aroma rancio del nacionalismo en el texto en cuestión, y reconozco mis escalofríos al respecto. Dudo que sea posible no ser nacionalista y exigir como prueba de sentimiento por un club el conocer la Plaza del Dos de Mayo, o cualquier otro paradero urbano en Pamplona, Varsovia o Tegucigalpa. Para alguien que detesta profundamente el nacionalismo como yo, el verdadero arraigo es la familia. Un padre madridista (en Madrid, en Kuala Lumpur o en la Isla de Pascua) inculca madridismo con el mismo amor que el que un padre osasunista emplea en cantar a su vástago las hazañas de Patxi Puñal. Como mínimo, con el mismo. Si Ramírez niega esto, ya no estaré calificando de indigente moral su texto, como hago ahora.

Le estaré calificando de indigente moral a él, como él ha hecho con Vinicius.

 

No por esperable resulta menos indignante, pero cualquier persona con ojos en la cara puede concluir que la Copa de Europa es el fútbol, mientras que las competiciones domésticas españolas son, sin entrar en valoraciones, otra cosa.

La historia reciente nos enseña que el panorama futbolístico patrio es campo abonado para que los mediocres medren por lo civil o, a veces literalmente, por lo criminal. Villares, Rubis, Negreiras o Geris, todos ellos con la aquiescencia, cuando no abierta connivencia, de la mayoría de los medios de comunicación, han hecho y deshecho cuanto han considerado necesario para satisfacer sus intereses deportivos, económicos, políticos o personales en cada momento, ya saben ustedes, desde un voto para la presidencia de la federación por aquí, una supercopa en Arabia por allá o unos milloncejos injustificados e injustificables por acullá, todo ello mientras la prensa palmotea cual foca en un circo de siete pistas. Se da una pícara casualidad, y es que el Fútbol Club Barcelona es elemento común a todas las situaciones relacionadas. El denominado de manera insufriblemente cursi por Vázquez Montalbán “ejército desarmado de Cataluña” es, sin duda, más que un club. Basta con mirar mínimamente el panorama social y político de España para darnos cuenta de que en Cataluña cuesta más que se cumpla la ley. Estos miramientos se deben al miedo cerval de los políticos a molestar a las fuerzas vivas locales, no vaya a ser que les dé por escatimarles determinados apoyos vitales en las Cortes, así que, por esto, los riegan de prebendas que incluyen mirar para otro lado en según qué aspectos.

El abrazo entre Vinicius y Walker al final del partido de ida de semifinales de la Copa de Europa, el guiño cómplice de Haaland a Rüdiger justo después de que éste lo derribara en falta, o el saludo de De Bruyne con Modric son muestras de respeto. Ese mismo respeto es lo que falta en España, y una competición que no se respeta será otra cosa, pero no deporte.

Abundando en el asunto, la llamada roja, o sea, la selección española de toda la vida, gracias a una época buena cimentada en jugadores del Barcelona, ha servido de presunto bien superior que preservar. Bajo él se escondía un refugium peccatorum de manual, Negreira u Obrevo mediante, en el que los culés eran los buenos y sus rivales, es decir, los madridistas, los malos. Aún hoy, en la que la selección española encadena fracasos y adquiere una destacadísima irrelevancia, se sigue comprando a niveles deportivos, informativos y políticos, esa mercancía averiada que dice que el Real Madrid es maligno y el Barcelona, club corrupto y arruinado, encarna la luz que ilumina a las fuerzas del bien. Esa inercia se ha mantenido, aumentado y llevado al paroxismo durante la actual temporada. Las actitudes de determinados rivales del Real Madrid, personalizadas en jugadores como Maffeo, Raíllo, Fali o Iván Alejo, son consecuencia directa de la progresiva descomposición de las competiciones españolas. Denominarlas competiciones se me antoja generoso en grado sumo, pues ello supondría que los contendientes se enfrentan en igualdad de condiciones, circunstancia ésta que no se da. También me niego a considerar que esas competiciones son deportivas. Hasta donde conozco, aún no se consideran deporte disciplinas como la provocación, el insulto, la agresión traicionera, la envidia ni el victimismo.

Vinícius, Maffeo y Raíllo

Con todo lo anterior, qué refrescante resulta salir a competir, esta vez de verdad, a Europa. La Copa de Europa sí que es fútbol, sí que es deporte, sí que es competición. Aún a pesar de las manifiestas deficiencias de la UEFA en sus formas, criterios y decisiones, aún a pesar de su laxitud con determinados clubes que se saltan las normativas financieras, la limpieza de sus torneos resulta prístina al lado del mefítico icor que padecemos en España y al que sólo el Real Madrid parece estar dispuesto a hacer frente. El abrazo entre Vinicius y Walker al final del partido de ida de semifinales de la Copa de Europa, el guiño cómplice de Haaland a Rüdiger justo después de que éste lo derribara en falta o el saludo de De Bruyne con Modric son muestras de respeto entre tipos que son rivales compitiendo por llegar a la final de la, no nos engañemos, competición futbolística más importante del mundo, son deporte, y lo son porque hay respeto, más allá de alguna puntual salida de pata de banco de algún torpe. Ese mismo respeto es lo que falta en España, y una competición que no se respeta será otra cosa, pero no deporte.

Buenos días, amigos. 1-1. Todo se decidirá en Manchester, pero el hecho de que la resolución de la eliminatoria esté en el aire no debe impedirnos, de momento, seguir paladeando el espectáculo. Los pájaros de mal agüero (hola, Kun) y peor antimadridismo presagiaban una debacle absoluta ante los de Guardiola, pero se quedaron con las ganas porque vimos un Madrid que supo aguantar el chaparrón y morder como una víbora cuando el City apretó, pero también dominar a los mancunianos en un segundo tiempo de juego soberbio.

Marca trae a portada a los dos jugadores más renombrados en la actualidad de ambos clubes, aunque todo son contrastes en este cuadro: estatura, aspecto y méritos contraídos durante el partido. Haaland pasó prácticamente desapercibido merced a un marcaje de Rüdiger que ya ha entrado por derecho propio en la historia de los grandes secados de la historia del fútbol (“Rüdiger se come a Haaland”, sentencia Marca); Vinicius, en cambio, volvió a ser el gran protagonista de un partido vibrante de principio a fin. El mayor espectáculo del mundo. Vini marcó uno de sus mejores goles hasta la fecha (y uno de los más importantes) y fue un peligro constante pese a encontrar en su banda con un defensor excelente como Walker. El choque entre ambos fue noble y, al final, se abrazaron, tal y como ha pasado en anteriores eliminatorias con futbolistas como Reece James o Alexander-Arnold. Que se lo hagan ver sujetos malencarados y portuarios como Maffeo, Raíllo y sus secuaces. Cualquier semejanza entre un partido de Champions y la Negreira League es pura coincidencia. Parecen deportes distintos.

También en lo relativo a los arbitrajes. El Madrid tiene razones para quejarse porque la tecnología ha demostrado que el gol del City viene precedido de un balón que salió por la banda en su totalidad pero, dicho esto, ojalá tuviéramos al peor colegiado de la Champions arbitrando un clásico liguero, o cualquier otro partido. Se equivocan, pero tienen una coherencia y, hasta que se demuestre lo contrario, un cierto nivel y una deontología profesional.

Sobre la primera plana de Marca, solo nos resta mandar un abrazo fortísimo a Juan Carlos Unzue.

As trae a los mismos dos protagonistas que Marca, a pesar como indicábamos de sus méritos disímiles en el partido de ayer. Pero el Madrid no consistió solo en Vinicius percutiendo y Rüdiger secando al noruego. También fue Kroos sacrificándose, leyendo tácticamente el partido de forma ejemplar y exhibiendo su pase pluscuamperfecto; Modric impartiendo la enésima lección; Carvajal sacando del partido a Grealish; Valverde desfondándose; Camavinga deslumbrando en su proceso de creación de una posición nueva (el latecampista centroizquierdo); Courtois providencial cuando fue requerido… Leed la crónica de Andrés Torres y reeditad una nueva llama de orgullo blanco.

As nos recuerda también que esta noche, a partir de las 9, en el Wizink, tenemos otra cita inexcusable con el Real Madrid de baloncesto. Los de Chus Mateo se juegan a una carta su presencia en la F4. Si Tavares y compañía lo logran, estaremos hablando de la primera ocasión en la historia en que un equipo supere en Euroliga una serie de cinco encuentros que empieza perdiendo 2-0. El Madrid no sabe que es imposible y por eso lo puede conseguir. De modo que aquí estamos, contando las horas y los minutos hasta que llegue el Partizan. Como decía ayer nuestro amado Paco Sánchez Palomares, con la facilidad para el calambur que le caracteriza, ahora mismo somos madridistas al borde de un ataque de serbios.

A por ellos.

Ni Sport ni Mundo Deportivo tienen la indecencia mayúscula (y es de agradecer) de minimizar la importancia del partido de ayer en el Bernabéu, reconociendo ambos rotativos la gran calidad del encuentro por parte de ambos contendientes.

Bien es cierto que Sport elige una foto de De Bruyne en lugar de por ejemplo una de Vinicius (habría sido demasiado pedir), o que Mundo Deportivo otorga más espacio a la despedida de Busquets. Nos parece razonable, Busquets ha sido un futbolista muy importante en los éxitos contemporáneos del FC Barcelona. Un centrocampista de gran calidad que ha contribuido grandemente a incrementar el palmarés culé. O sea, lo que será Camavinga en el Madrid dentro de doce años, solo que mucho más espectacular y sin Negreira.

Buena suerte a Busi.

Pasad un buen día.

Courtois (8)

Seguro y sólido como siempre. Mano prodigiosa a De Bruyne. Impotente —y tapado — en el gol.

Camavinga (7,5)

Esbelto. Le está cogiendo el tranquillo al lateral zurdo. Eléctrico en defensa y con mágicos destellos en ataque.

Alaba (8)

Trasmite seriedad, profesionalidad y oficio. Eficaz. Corte milagroso ante Haaland.

Rüdiger (10)

Se comió a Haaland. Su mejor partido con la camiseta blanca.

Carvajal (7)

Amargó a Grealish. Sufrió al sprint.

Kroos (5)

Incluso cuando más desbordado estuvo trató de aportar criterio.

Modric (5)

Dejó detalles, pero sólo eso. Llega tarde a tapar a De Bruyne en el gol blue.

Valverde (6)

Brío con poco brillo, aunque dejó un memorable caño sobre Akanji,

Vinicius (9)

Un gol superior. De otra galaxia. Siempre amenazante.

Benzema (4)

Normalmente Karim mejora todas las jugadas que pasan por sus botas. No esta noche.

Rodrygo (6,5)

Voluntarioso e insistente, pero en el último momento se le apagaba la chispa.

Asensio (-)

Sin tiempo

Tchouameni (-)

Sin tiempo pero casi se saca el gol de la victoria en el descuento con un tirazo desde Mónaco.

Ancelotti (5)

Lo fía todo a su once de confianza y los rivales lo saben. Superado en el medio no cayó en la trampa de ir a buscar al City. Rácano en los cambios y los jerarcas con la lengua fuera.

 

Getty Images.

Arbitró el portugués Artur Dias. En el VAR estuvo el italiano Massimiliano Irrati.

El partido comenzó con un Grealish pasado de revoluciones que en el segundo 35 llegó bastante tarde ante Carvajal. Jugada de amarilla clara pero 'this is la Champions' y las primeras amonestaciones suelen llegar más tarde. A continuación, tuvo otro error Dias al no conceder falta de Camavinga sobre Stones en una acción justo en la frontal del área. Luego, en el 43' se produjo un pique entre Carvajal y Grealish. El madrileño desplazó al inglés sobre las vallas y el jugador del Manchester City golpeo en el brazo al lateral. El luso se hizo el sueco. Mientras que la última jugada de la primera mitad fue una contundente patada de Kroos a su compatriota Gundogan a la altura del muslo. Amarilla merecida para el madridista.

La segunda parte del trencilla fue mucho más pobre por las amarillas que dejó de sacar sobre todo en el lado visitante y algún córner obviado para el cuadro blanco.
El español Rodrigo se fue del Bernabéu sin su merecida amonestación y es que en dos ocasiones se la ganó. Primero en el 60' por agarrar a Camavinga y luego en el 79' por otra falta ante el francés. Sí la vieron Gundogan por una patada en la rodilla a Carvajal en el 70', Camavinga por una fuerte entrada a Rodrigo en el 79'y Bernardo por un golpe en el talón a Vinicius en el 85'. Ancelotti también fue amonestado por protestar en el 68'. El italiano se quejó de fuera de banda previo en el tanto visitante pero no hubo una sola repetición que aclarase la jugada. Por último, algunos madridistas reclamaron mano de Grealish en el 60' pero le da en el codo con el brazo pegado. No era punible.

Dias, DEFICIENTE.

 

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