Un genio más en el cielo, o sea la tierra es peor. Se nos fue Luisito cuya inmensa figura está siendo glosaba como merece. Jo, Galicia. Nos dio, además, a él y a Amancio que el 21 de febrero pasado le precedió en el camino a la Gloria. En su extraordinaria carrera, Suárez marcó un gol quizá único: un penalti en fuera de juego. Debe recordarse.
¿Dónde? ¿Con qué equipo? ¿Comorrrr? Fue en el Bernabéu con el Barcelona, casualmente. Octavos de final de la sexta Copa de Europa. Acabó 2-2. El Madrid se adelantó 2-0 y Luisito transformó, minuto 88, un penalti por derribo del meta Vicente a Kocsis… fuera del área. El húngaro partió en posición adelantada. Supuso el empate final.
‘Quícir’: gol de penalti inexistente, tras fuera de juego existente, y la falta fuera del área. Insuperable. O no. No. El linier inglés míster Edwards lo señaló: orsay. El árbitro, también míster, ¡Ellis!, no le hizo caso: penalti. La prensa internacional, comprada toda por el Madrid, bramó. L’Equipe tituló: “El crimen de míster Ellis”.
Lusito jugó ambos partidos y en cierta ocasión -bueno, en más de una- le pregunté por ellos. Buen gallego, tipo socarrón y divertido, optó por el pase al hueco: “Chico, polémica sí hubo”. Descanse en paz, gran señor.
Y los Hernangómez. El gusto del Barça por lo madridista es notable. Quién sabe si acabarán proponiendo una fusión. Y que pague el Madrid, al menos de momento. El Real CF Barcelona o cosa así. Con Tomic, Mirotic y Laprovittola te faltan dos para un buen cinco titular. Ahora, ellos. OK.
Vamos a tener la fiesta en paz. No me gustaría vivir una guerra en el Wizink cuando aparezcan de azulgrana. No otro Mirotic. Que son madridistas no se discute. Como Iniesta de chaval y mucha mayoría. Que son profesionales, tampoco. A igualdad de condiciones habrían vestido de blanco.
Resulta que el Madrid no les ve en su plantilla por jugadores en nómina y por presupuesto. OK. Y la oferta y esfuerzo por ellos de un club con telarañas en la caja, muy de agradecer por los chicos y familia. Pienso en su magnífica madre, la Wonny, Margarita Ivonne Geuer. Y en su padre, claro. Tendrán a los chicos entre los jugadores de baloncesto mejor pagados de Europa. Un orgullo. Y una tranquilidad.
Jugarán en el Barça. Tiene arreglo. Cada noche recen un Padrenuestro, un Ave María y un Yo pecador. Y a jugar. Y la afición blanca, lo mismo. Otra cosa será hacerle un feo al propio Real Madrid. Que ni en broma debe estar pendiente de estas cosas. El Madrid, su grandeza y su cuenta corriente, elige. Unas veces acierta, las más, y otras no. No puede estar el madridismo esperando para mal a los Hernangómez. Ni a nadie. Es el Madrid.
Buenos días, amigos. En tiempos de secarral informativo y avispero estival un obituario de una figura mundial del balompié es la mejor opción para los hacedores de las primeras planas de la prensa deportiva. Así lo dictan los códigos deontológicos de la cosa, no confundir con el códice odontológico, como dicen algunos.
El caso es que ayer falleció el primer Balón de Oro español, con permiso de Don Alfredo, que accedió al premio en virtud de su españolidad, en tanto que entonces, como reveló Nº1 en el chat de La Galerna, el dorado galardón estaba reservado a los jugadores europeos. Sea como fuera, gloria y honor para el gran Luis Suárez, el gallego. “El peor error de la historia de Barça”, se leyó ayer, en tanto que lo dejaron marchar a Italia -como al Pelusa, como al Gordo- y allí fue, a la sombra de los Apeninos, donde Suárez se convirtió en leyenda, corte de mangas mediante -cualquier día nos lo cuenta Al Cosín en las páginas de La Galerna, ¿dónde si no?- a su regreso como neroazurro al Camp Nou.
Descanse en paz.
Así las cosas, pasamos de la solemnidad funeraria de As y Mundo Deportivo a la prueba de vida de Bellingham, secuestrado en tirantes por un redactor de Marca de veraneo sosteniendo un ejemplar del diario aún más vendido de la piel de toro. Dice el Marca que dice Bellingham que está listo para ganar. Nosajo. La noticia sería verdaderamente al contrario, esto es, que Jude estuviera listo para perder. O incluso empatar. En fin, nunca dejes que la realidad te chafe una buena noticia, que decía William Randolph Hearst antes de ponerse mimosón con un trineo añejo de su infancia, máxima que nuestros companys y amics del Sport siempre llevan a su máxima expresión.
No se confundan, señoras y señores, que Sport está aquí pá romper caderas, romper corazones, y no precisamente para aquellas cinco “W” del periodismo, who, what, where, when y why, a las que en el caso de nuestro diario sportivo favorito habría que añadir un particular what the fuck.
Es habitual que Sport oculte sus tesoros en la portada y obligue a los arqueólogos de Indiana a zambullirse en sus páginas en busca de alguna delicatessen que te levante el durísimo portanálisis de estas tórridas y soporíferas mañanas de verano cañí. Hoy hemos encontrado un tesoro. Que dice Quim Piera que el Barça es el nuevo ‘O Rei de Brasil’.
Como lo oyen. Esto ya es tan lisérgico que el Sport ya no se lee, el Sport se fuma.
Buena mierda es esa.
Resulta que al sesudo analista de Sport los ojos se le ponen chiribitas por el pastizal que parece han abonado en Can Barça para fichar a un menino brasileiro desde los tiempos en que arrancaran a Rivaldo del Deportivo con sus habituales malas artes. Dice Quim Peira que lo están pasando mal “por la lectura restringida del fair play financiero” de la Liga cuando lo último que ha leído Javier Tebas es El libro gordo de Petete respecto a los tejemanejes pecuniarios del Barça.
Esto del fichaje de Vitor Roque, que, según este, devuelve al més que un club a los grandes escenarios del mercado de fichajes, nos recuerda a aquella vez que don Ramón Mendoza mandó a un emisario a Brasil a por Cafú y le dieron Cafú con leche. Curiosamente se trajo a Vitor, tocayo de este, apellidado Roque, muy apropiado, en tanto que ficha por la casa de tócame ídem del fútbol espanyol.
En cualquier caso, Vitor Roque AKA Tigrinho ficha por el Barça por sus valors, “no por la chequera de Florentino Pérez”, como Vinicius, como Endrick o como Rodrygo, cuyo montante de fichaje se nos atribuye temporada tras temporada. No. Vitor Roque lo hace para participar en el proyecto de Xavi desde el banquillo y Laporta desde el palco, si no sale volando antes un día, como aquella tía odiosa de Harry Potter, otra más, que se perdió bajo las nubes de Londres después de ser transformada en globo aerostático. Y para que quede claro, nada tienen que ver los 30 kilos del fichaje o, mejor todavía, los 30 kilos de variables que han tenido que colar para que el todopoderoso Atlético Paranaense aceptara la operación.
Qué bien se mueve Deco, pardiez.
Se fue a Estambul a por Arda Güler y vino con un durum y un kebab.
Como el día que nos dieron Cafú con leche.
Qué tiempos aquellos.
Pasen un feliz lunes, si es eso posible.
El caso Negreira ha originado que se haya echado la mirada atrás en la historia y se haya buceado la hemeroteca en búsqueda de información, noticias, declaraciones y distintos testimonios que pudieran tener un efecto ventilador para ensuciar al Real Madrid. Algunos de ellos se han tergiversado, como es el caso de unas palabras atribuidas a José Plaza, presidente del Colegio Nacional de Árbitros, que él no dijo en realidad, o que, en el mejor de los casos, son totalmente apócrifas.
A comienzos de la temporada 1976-1977, el antiguo colegiado Antonio Camacho fue entrevistado en la publicación Dicen, que tituló: “Mientras Plaza sea presidente, el Barça no volverá a ser campeón”. En una entrevista posterior, Camacho atribuía la frase al propio Plaza, quien, según Camacho, habría hecho esa promesa. Apenas unos días después, José Plaza, en una entrevista para As, lo negó, y se defendió diciendo que “no podemos hacer caso a las declaraciones de Camacho”.
Por su parte, en rueda de prensa le preguntaron sobre el particular al entrenador del Barça, Rinus Michels, que explicó que “esas son unas declaraciones muy fuertes. Decirlo es fácil, pero lo bueno es demostrarlo”. Pese a este escepticismo de Michels respecto a la verosimilitud de la cita del presidente de los colegiados, la frase caló como cierta en el mundo culé. Hoy en día todavía mucha gente cree que fue una frase original del propio presidente de los árbitros de la época, lo cual no es verídico.
Es importante conocer a la fuente de las presuntas palabras de Plaza, es decir, Antonio Camacho. Se trata de un colegiado que terminó su carrera con muy mala reputación, pues fue el cabecilla de una trama de corrupción arbitral en los inicios de los años 70.
La trama, destapada años más tarde en Don Balón, actuaba así: llegaban a acuerdos con clubes para la compra de árbitros, actuando como intermediarios entre ambas partes. En algunos casos, los árbitros estaban realmente comprados, pero en la mayoría no. Si el resultado no era el esperado, se fabricaba la excusa de que el colegiado se había echado atrás y se devolvía al club corrupto la cantidad pactada. Si el resultado era el esperado por el club comprador, los de la trama (con Camacho al frente) se quedaban con el dinero, compartiéndolo con el árbitro en caso de estar realmente implicado, o quedándoselo en su integridad los promotores del fraude, entre los cuales Camacho era uno de los jefes. Esta era la catadura moral del hombre que acusó a Plaza de haber dicho lo que muchos culés le atribuyen aún a día de hoy.
Aunque el propósito de este texto es primordialmente poner en gran duda la autenticidad de la frase de Plaza, no está de más contar cómo se supo de la trama de Camacho, sobre todo porque lo que sabemos de dicha trama implica… al FC Barcelona.
Tras un Barça-Betis de mediados del 73, un directivo culé se acercó al árbitro Medina Iglesias y le preguntó si había recibido “las cortadoras”. Medina quedó desconcertado ante la pregunta, aunque más tarde entendió que se trataba de un mensaje en clave y que se refería a la recepción de algún pago ilegal. Su memoria se retrotrajo seis meses antes, cuando pitó un Burgos-Barça, en el que vencieron los azulgranas legítimamente, sin su “colaboración”, pero que Camacho había hecho pasar como fruto de un acuerdo entre ambos. Camacho se había puesto en contacto con la directiva del Barça para “tocar” a su compañero por una cantidad cercana a las 100.000 pesetas. El cuadro culé ganó y el dinero se quedó en Camacho sin llegar al colegiado principal del encuentro, que nunca habría sabido del fraude de no haber mediado la indiscreción del directivo barcelonista. El Barça, pues, no había comprado “realmente” al trencilla, pero creyó haberlo hecho a través de Camacho o, en otras palabras, quiso hacerlo.
Plaza lo investigó al volver a ser el jefe de los árbitros en 1975 (ya lo había sido de 1967 a 1970). Junto a Pablo Porta, presidente de la Federación, empezó a indagar, pero no se encontraron pruebas sólidas. Todo parecía haberse hecho de palabra. Cambiaron designaciones arbitrales, mandaron a la nevera a varios de ellos y todo finalizó con la retirada de la licencia por edad a Camacho y a un par de compañeros más.
Aunque el propósito de este texto es primordialmente poner en gran duda la autenticidad de la frase de Plaza, no está de más contar cómo se supo de la trama de Camacho, sobre todo porque lo que sabemos de dicha trama implica… al FC Barcelona. El Barça no había comprado “realmente” al trencilla, pero creyó haberlo hecho a través de Camacho o, en otras palabras, QUISO hacerlo
El ‘Caso Camacho’ cayó en el olvido y aquel escándalo arbitral quedó en nada. El colegiado atacó de forma furibunda a Plaza la primera temporada en la que no estaba en activo y además aprovechó para declararse inocente de todo lo que se le acusaba. De esos ataques vienen las presuntas palabras de Plaza, según las cuales nunca permitiría que, bajo su mandato, el Barça ganara la liga. En una de las portadas de la revista Don Balón, Camacho apareció posando junto a un Mercedes de segunda mano que perteneció a Martínez Valero, presidente del Elche, aunque se supo que, para la compra, utilizó un cheque de dudosa procedencia.
Varios de los compañeros de Camacho reprocharon públicamente su actitud, su talante y sus excusas, y en Don Balón se despacharon a gusto contra él.
Plaza, por tanto, no dijo tal cosa, sino que fue un personaje como Camacho -que pensamos ha quedado ya bien descrito- quien le atribuyó esas palabras. Por otro lado, lo que sí es verídico fueron unas manifestaciones de Joan Gaspart apuntando contra el Real Madrid. El día de la presentación de Sonny Anderson como futbolista culé, el 25 de julio de 1997, el vicepresidente del Barça, que también tendría el mismo cargo en la Real Federación Española de Fútbol a partir de 2004, manifestó que "todo lo que sea intentar perjudicar deportivamente al Madrid lo voy a hacer hasta que me muera".
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Buenos días, queridos lectores. Es sabido que un mismo hecho puede contarse de diversas maneras; tantas, que casi podría decirse que eso de llamar hechos a los hechos es solo un eufemismo al que se aferran quienes necesitan que haya algo ahí fuera que tenga cierta solidez. No son muy sólidos nuestros chicos de la prensa, sino más bien líquidos y hasta gaseosos, razón por la que, para ellos, los hechos son ocasiones propicias para decir lo que les salga de las portadas y los micrófonos. Véase, sin ir más lejos, la derrota ayer de la Selección Española en el Campeonato de Europa Sub-21, frente al combinado de Inglaterra.
De las cuatro portadas habituales, solo Marca sale con tal noticia como protagonista. Se limita el diario madrileño a lamentar la derrota y a destacar su especial crueldad, pues el gol que haría campeona a Inglaterra fue de aquella manera y en el minuto 99 España falló un penalti que hubiera llevado el partido a la prórroga. El fútbol, ya se sabe, no tiene nada que ver con la justicia, o tal vez es que la justicia, como los hechos, se dice de muchas maneras y no puede equipararse lo que sea la justicia en otros campos con aquella que dicta un campo de fútbol.
Pero quizás quepa una tercera posibilidad, abierta para que los hechos cobren nuevos bríos -es decir, para que ya no haya de ellos más que trazas que ceden su espacio a la ocurrencia- por el diario As, no en su portada de hoy, sino en un párrafo de ayer que no podía pasarnos desapercibido, de tanta audacia que destila. Pasen y vean.
Tachán. Ni Inglaterra y su gol de rebote, ni el penalti fallado por Abel Ruiz, ni que la abuela fume, ni siquiera el rosario de la Aurora explican ya nada. La razón que alcanza a sustentar la victoria de Inglaterra en el Campeonato de Europa Sub-21 no tiene nada que ver con lo que ha pasado en el Campeonato de Europa Sub-21, sino con lo que viene pasando en el fútbol, en el mundo y en el universo entero desde la venida de Pep, my sweet Lord, a nuestras vidas. Es Guardiola el responsable último de esta victoria, porque el vivir y trabajar de Pep en Inglaterra ha trasformado el fútbol de ese país como ya transformó el fútbol alemán cuando ese vivir y ese trabajar se dieron en Alemania, y como, sobre todo, transformó el fútbol español vía Barcelona para que los niños del mundo ya no fueran jamás calvos de nacimiento, sino calvos de guardiolismo.
¿No lo notan? Es Guardiola generando efectos allá por donde pisa. Es Guardiola como clave de bóveda, como alfa y omega, como sumo hacedor, que no por casualidad rima con Santpedor. Ríanse ustedes del efecto mariposa, pues es Guardiola quien provoca el batir de esas alas que luego provocarán movimientos imPepceptibles para los incrédulos y que desembocarán en el fallo de un penalti en el minuto 99 de un partido para que Inglaterra gane el campeonato y confirme que todo mejora cuando tienes cerca a Pep. Aunque, bien pensado, Pep está siempre cerca para todos los limpios de corazón. Pep está en ti y está en mí. Pep está en ese café que has tomado, en esas tostadas con aceite, en la sonrisa de un niño, en el mar y en el aire, como el love, que está in the air, ya que el inglés es ahora la lengua de Pep, en un Peptecostés que solo unos pocos impíos se atreven a desafiar con chanzas.
Por lo dicho no entendemos que la portada de As no haya tomado el párrafo antes señalado como motivo central y se haya decidido por no sabemos ya qué capítulo del culebrón Mbappé, a quien notamos cierto deje a Michael Jackson en la imagen recogida. Sobre la derrota española, se limita el As a destacar su crueldad, invirtiendo la lectura de Marca, pues si allí Abel Ruiz fallaba un penalti en el minuto 99, aquí el portero inglés detiene un penalti a Abel Ruiz en el minuto 96. Se confirma de nuevo que no hay hechos, sino interpretaciones, aunque hubiéramos preferido que el hecho incontestable de la influencia de Pep en ese penalti -ya sea fallado o parado, ya sea en el minuto 96 o en el 99- hubiera ocupado el lugar de preferencia que merece en la portada del mismo periódico que publicó el párrafo que les acabamos de ofrecer, sin duda más desapercibido que una portada. Será que As solo revela la verdad al lector devoto y atento y no al común de los mortales, esos que piensan que Pep no influye en sus vidas, esos que creen vivir en lo que llaman realidad cuando es Matrix quien sostiene sus andares.
Así desveladas las cosas, investíguese desde hoy mismo la segura influencia de Pep en Vitor Roque, háblase de cómo Roque se hizo futbolista tras escuchar una rueda de prensa de Guardiola, hermánese la localidad de Timóteo, en Minas Gerais, sitio natal de Vitor, con Santpedor, hágase en definitiva lo que tenga que hacerse para que la varita de Pep haga su magia y, por ejemplo, los 61 millones de euros que parece va a costarle el citado delantero a un club en bancarrota no sean más que cuatro monedas sobre las que no hay nada que decir.
La casa de Tócame Roque está siempre de enhorabuena, y más desde que Pep llegó a ella para dotarla de un fulgor que ahora luce en Inglaterra, donde el fish and chips es alta cocina, los hooligans son hermanitas de la Caridad y el paso de peatones de Abbey Road está pintado de azulgrana.
Pasen ustedes un feliz domingo. Oremos.
Queridos galernautas, espero que al recibo de la presente se encuentren estupendamente, incluso que se encuentren disfrutando de sus muy merecidas vacaciones estivales.
Supongo que el título de este artículo les lleva al tango que Carlos Gardel paseó por el mundo allá por los años 40 con letra y música del compositor argentino Sebastián Piana y que en los locos años 80 Julio Igesias viralizó (como dicen ahora los modernos).
Pero no, amigos. Yo quiero que esta milonga me la lleven a la acepción número 5 del diccionario de la Real Academia Española, que define milonga como engaño o cuento.
Y milongas son las que constantemente nos tocan vivir desde el club del país ese de ahí arriba a la derecha. Resulta, según los entendidos en la materia, que el capitán, motor y excelente futbolista del Manchester City más el central del Athletic de Bilbao, uno de los 3 o 4 mejores centrales del maltrecho fútbol patrio, han llegado al Fútbol Club Barcelona “gratis total" (sic). Y cuando enfatizo en sic quiero decir literalmente lo que veo, lo que leo, lo que oigo en los medios escritos y audiovisuales. La milonga consiste en que el club que, según sesudos economistas está prácticamente en la bancarrota, ha conseguido gratis total (sic) al capitán del equipo campeón de la Champions League y a uno de los mejores centrales de España.
“Milonga pa recordar, milonga sentimental. Otros se quedan llorando, yo canto pa no llorar”. Cuando esos mismos comentaristas, soplamicrófonos o juntaletras me hablan del gratis total, me viene inmediatamente a la cabeza las famosas primas de fichaje que los mismos anuncian a bombo y platillo en sus medios y que paga el Real Madrid cuando un jugador llega libre al club blanco. ¡Oh, Señor! El Real Madrid paga primas de fichaje a los jugadores que llegan al club libres, pero en el Palancas Fútbol Club llegan gratis total. Cosas veredes, amigo Sancho.
“Milonga que hizo tu ausencia, milonga de evocación, milonga para que nunca la canten en tu balcón”.
Pues en mi balcón me cantan cómo la hipotética llegada del ínclito Kylian Mbapée supondría para el Real Madrid una talegada ingente de millones en concepto de unas primas que creo que vienen con él desde Paris, pero, ¡oh, sorpresa!, al Palancas Negreira Fútbol Club dos jugadores top llegan gratis total (sic). Es una milonga "pa cobrarse una traición”.
En fín, como diría el magistral Jaime Peñafiel. En otro orden de cosas, tengo también la milonga de la camiseta con el número 9. Joselu se presentó ante la afición del Real Madrid con el dorsal 14 y la respuesta flotó en el viento del madridismo como la canción de Kansas Dust in the wind: "Eso es que seguro que viene Mbapée para portar el 9”, claman por las esquinas los reporteretes del régimen, y yo que tengo en los deportes de Decisión Radio una sección que se denomina La pedrá de Diego Jota Cerrato, entre pedrás y milongas tengo mi pedrá muy personal al respecto de este tema del 9.
Nadie, absolutamente nadie ha puesto lo que les voy a contar sobre el tapete y es una pedrá mía bastante sencilla.
Resulta que el Atlético de Madrid ha tenido a un chico portugués cedido en el Chelsea porque su entrenador, simple y llanamente, no puede ni verle. Este muchacho llegó a Madrid desde Lisboa en el año 2019 por, nada mas y nada menos, que 125 millones de euros. Jugando más menos que más en el Atleti ha marcado con los rojiblancos 10 goles por temporada y digo yo: ¿Por qué si el Atlético de Madrid está literalmente loco por quitárselo de encima, vía cesión o vía como sea por cuatro perras, no puede ser el 9 del Real Madrid?. Denme una sola razón por la que João Félix no es una oportunidad de mercado única. Es más, estoy absolutamente convencido de que el juego del Real Madrid y los compañeros que tendría favorecen el juego del luso infinitamente más que el ancestral sistema simeónico. Si esto ocurriera, no digan luego que lo escucharon por ahí, digan a todo el mundo que lo leyeron en La Galerna. En fin, solo son milongas, milongas sentimentales de verano, como la milonga de llamar a los políticos por su segundo apellido cuando éste es compuesto: Page, Ayuso, Feijóo, Almeida en lugar de García, Díaz, Nuñez o Martínez. Milongas.
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Buenos días, amigos. Arda Güler fue presentado ayer como nuevo jugador del Real Madrid. Crece la expectación entre los madridistas tras ver sus vídeos de highlights (uno de los cuales se proyectó ayer mundo en Valdebebas durante el acto de bienvenida, como es costumbre), dado que la frecuencia con que solemos ver partidos del Fenerbahçe no es precisamente altísima.
-Hablen por ustedes, oigan. Yo me trago cada partido de la liga turca desde que el padre de Altintop hizo la mili con el de Nuri Sahin.
Bien por usted, querido lector. Aquí, en La Galerna, el único que ve fútbol internacional más o menos ignoto es Alberto Cosín, un tipo que te recita alineaciones de San Marino sub17 sin pestañear. Los demás hemos visto el vídeo que ve todo el mundo, y en el cual se distinguen detalles que recuerdan a muchos grandes jugadores, desde el disparo con la zurda desde la esquina del área diestra de Asensio -parece una sustitución natural del mallorquín- hasta la finta de su mentor Özil, pasando por la conducción de balón de Ødegaard y una arrancada que no queremos decir pero decimos que nos devuelve vagamente a un Messi desnegreirado. No, amigos, no queremos lanzar el hype a los cuatro vientos, pero qué le vamos a hacer si lo que hemos atestiguado nos encanta. Hasta se le ve un juego con el exterior que remite a Modric, de quien ya ha dicho públicamente que es el nuevo compañero con el que tiene más ganas de jugar.
En la presentación, el chico causó una impresión excelente en lo personal también, y ello a pesar de que la cosa fue un poco accidentada. Para empezar, en lo que parece reflejar un ansia conmovedora, Arda no pudo esperar a que Florentino acabase su discurso y se aupó hasta el estrado a la primera mención de su su nombre. Ello dio lugar a la pintoresca estampa del presidente del Real Madrid leyendo su alocución con un chaval muy serio al lado, y la escena se prolongó durante muchos minutos. Incluso, juraríamos haber percibido una mayor velocidad de la habitual en la lectura de su speech por parte de Florentino, deseoso de poner fin rápido a esa situación algo marciana pero básicamente divertida.
Después llegó la rueda de prensa, en la cual el chico llegó a enfadarse ante la insistencia de la prensa por saber si cabía la opción de que se marcharse cedido esta temporada. Arda habló en turco, pero si hubiese podido hubiese descartado la opción de la cesión en alemán, ruso, yoruba y arameo también lo habría hecho. Qué manera de tocar las pelotas al pobre chaval, que demostró una personalidad desbordante para sobrellevar la brasa con decoro, hasta que soltó un “basta ya” (o eso dijo literalmente el traductor) con el que todos nos identificamos.
El primero que preguntó a la perla otomana si se iba a ir cedido fue un periodista español. Un 6 para él, está en su derecho. El segundo fue otro periodista español. Un 0 para él, el chico ya había contestado. El tercero fue un periodista turco. Un 3 para él por no ponerse el pinganillo de la traducción y/o por ser un plasta. El cuarto fue otro periodista turco. A este ya no sabemos qué nota ponerle.
¿Cómo se puede ser así de cenutrio, amigos? Menos mal que hemos estado indagando y hemos llegado a saber que no, que Arda Güler se queda en efecto este año en la primera plantilla (hasta Ancelotti ha hablado con él para comunicarle qué es lo que de él va a requerir), pero que quien en cambio sí se va un año cedido a Júpiter es el periodismo deportivo. La medida ha sido tomada por Joe Biden y las autoridades migratorias jupiterinas. En principio es por un año, y aquí viene lo mejor, queridos: es con opción de compra, si bien (ay) no obligatoria. Podrían estar de vuelta al inicio de la próxima campaña. Entretanto, para saber las cosas del deporte nos quedamos en manos de Elon Musk, que es como el villano misántropo de Misión Imposible XXVIII pero al menos no te hace cuatro veces la misma pregunta.
Buena suerte, Arda. Haznos felices.
Los demás, pasad un buen día.
Muchos aficionados al fútbol tenemos un conocimiento muy escaso de este deporte. Me refiero a un desconocimiento casi dramático, al nivel de apenas ser capaces de diferenciar un mediocentro de un lateral izquierdo o a Gavi de Pedri.
El fútbol es un deporte maravilloso. Quizá sea el único que no requiere de conocimiento en la materia para disfrutarlo con pasión, ni siquiera para contar con un puesto fijo como tertuliano futbolístico en Radio Marca. Un amplio número de periodistas deportivos saben de fútbol lo mismo que yo de ecuaciones fractales —que les advierto que es muy poco porque soy de letras— y, sin embargo, ahí los tienes, que no te cambian a Modric por De las Cuevas, oye. Pero me estoy desviando del tema. Lo que quiero decir es que los madridistas que no sabemos nada de fútbol debemos fiarnos de cuestiones más instintivas que técnicas para valorar si nos gustan los fichajes que hace el club.
Por ejemplo, a mí Bellingham me gusta mucho porque tiene la misma cara que el busto de Nefertiti. Fichar al busto de Nefertiti como centrocampista mola bastante, y solo está al alcance del Real Madrid, que más que un club es una galería de arte. Yo cada vez que veo de espaldas a Toni Kroos creo estar contemplando al “Hombre frente al mar de niebla” de Friedrich, y si me ponen juntos a Carvajal y a Lucas Vázquez me parece estar viendo el “Gótico Americano” de Grant Wood. A mí, por definición, los jugadores que se parecen a cosas que hay en un museo me encantan. Si además resulta que juegan bien, pues miel sobre hojuelas.
El que también me gustaba mucho era Özil, pero porque tenía los mismos ojos que Bette Davis, igual que la canción de Kim Carnes. A Özil le ponías una peluca rubia, un vestido de Edith Head y un cigarrillo entre los dedos y al fin averiguabas lo que fue de Baby Jane: jugaba de mediapunta con Cristiano y Benzemá en un Madrid que era como el reparto de “Eva al desnudo”. “La vez que mejor me lo he pasado en la vida fue cuando tiré a Joan Crawford por unas escaleras”, dijo una vez miss Davis, que, por desgracia, fue lo mismo que hizo Özil con su carrera al dejar el Real Madrid antes de tiempo: echarla escaleras abajo.
El Madrid acaba de fichar a un prometedor talento llamado Arda Güller, y los que entienden del asunto dicen que es un nuevo Mesut Özil. Eso me hace mucha ilusión, pero a mí a quien realmente me recuerda es al joven Sherlock Holmes que salía en aquella encantadora película llamada “El secreto de la pirámide” (Young Sherlock Holmes, 1986), que yo no sé la de veces que me la puedo haber visto en bucle cuando era crío, válgame Dios.
“El secreto de la pirámide” era una locura ochentera dirigida por Barry Levinson —ganador de un Oscar por “Rain Man”—, producida por Steven Spielberg, con guion de Chris Columbus y con una banda sonora de lo más chula. Trata sobre un Sherlock Holmes adolescente que persigue a una secta de asesinos adoradores de un malvado dios egipcio en el Londres victoriano. Hay momias, máquinas voladoras y luchas de espada en un cementerio; y, aún así —si me permiten un arranque de nostalgia de cuarentón—, era un cine de aventuras con mucha más inteligencia que el que se hace hoy en día.
La película figura en el libro Guinness de los Récords por ser la primera de la historia en la que aparece un personaje generado por CGI: se trata del siniestro caballero de una vidriera medieval, que de pronto cobra vida para matar a uno de los personajes. En eso se parece al Barça, fíjate tú, que también es un ente CGI (Con Grandes Irregularidades) a quien la UEFA ha dejado participar en la Champions League, a ver si así mata definitivamente el fútbol europeo de clubes, que tal parece ser el empeño final de Ceferin y sus alegres compadres del petróleo.
En fin, volviendo a nuestro asunto, el nuevo fichaje del Madrid me ha quitado años de encima porque cada vez que veo a Arda Güller me parece estar contemplando al joven Sherlock Holmes de “El secreto de la pirámide”. Así que resulta que no solo hemos fichado a un talentoso centrocampista sino también a un detective asesor. Ya era hora, porque la Liga de Tebas cada día que pasa se parece más a una novela policíaca.
Lo primero que hay que hacer con Güller cuando pise el Bernabéu es darle una pipa y un abrigo de cuadros y ponerle a resolver misterios. Ceballos se me antoja un perfecto Watson para Güller, aunque tenga acento de Utrera. A Toni Kroos le pondremos un mostacho para que haga de Hércules Poirot porque tiene las mejores células grises del planeta fútbol. Y a Modric bastará con que le hagamos un moño para convertirlo en la señorita Marple. A los muchachos (Vini, Bellingham, Valverde, Camavinga…) les compraremos una Volkswagen de colores y un perro parlante para que persigan fantasmas y monstruos en campos de fútbol embrujados, como el Mestalla y el Sánchez-Pijoan. Fantasmas que no son racistas pero que cuando les quitas la careta te sale Manolo Lama con una bufanda del Atleti.
Cuando Güller llegue al Madrid lo primero que se va a encontrar será una Liga apuñalada en un vagón de tren a punto de descarrilar, lleno de sospechosos que al mismo tiempo son todos culpables, igual que en el más célebre rompecabezas de Agatha Christie. Con Rubiales haciendo de inspector Lestrade, sin enterarse absolutamente nada, y Moriarty al mando del comité de árbitros. Más que un estudio en escarlata, un estudio en blaugrana con Laporta como el culé de los Baskerville.
Si después de enfrentarse a todos estos misterios escalofriantes al pobre Güller todavía no lo han metido en una clínica de reposo, demostrará con creces que tiene lo que hay que tener para triunfar en el Real Madrid. En lo que a mí respecta, confío a ciegas en él solo porque me recuerda a aquella película que me hizo pasar tan buenos ratos cuando era un crío.
Y es que los madridistas que no sabemos de fútbol somos así, señora. Los fichajes veraniegos nos emocionan de forma pura e irracional, igual que las películas de aventuras de cine al aire libre con las que disfrutábamos de niños.
Mucha suerte, Arda. The game is afoot!
Buenos días, amigos. Güler ya está aquí (lo presentamos en pocas horas desde el momento en que escribirnos este portanálisis), Mbappé podría venir -o no, como siempre- y a Endrick sus padres estuvieron a punto de llamarle Di Stéfano. Lo ha contado el propio delantero brasileño en una entrevista exclusiva con Marca. José Félix Díaz se ha sido a Brasil, se ha puesto delante del fenómeno y ha recogido la revelación, que nos sirve en bandeja en la portada del rotativo madrileño.
Eso son unos padres, amigos, y lo demás son tonterías. Hay que loar a ese matrimonio ejemplar por un doble motivo: por haber estado a punto de llamar a su hijo Di Stéfano y por habérselo pensado mejor. Ambas cosas merecen reconocimiento. Hay que ser un matrimonio muy como Dios manda para llegar a concebir la posibilidad de registrar a tu hijo como Di Stéfano, así, de nombre propio, o sea, en el caso que nos ocupa Di Stéfano Felipe Moreira de Sousa. Don Alfrendrick.
Quien más quien menos, todos hemos estado a punto de poner a nuestro hijo el nombre de algún futbolista del Madrid, si bien el albergar ese sueño con el nombre del más grande de todos ellos tiene premio especial. El hermano de este portanalista quería llamar Suker a su hijo pequeño, pero se acojonó ante las amenazas de su esposa y terminó bautizando con tal nombre a su perro, lo que fue una buena solución intermedia. Alberto Cosín se ha prometido a sí mismo llamar Barinaga al primer vástago que le brinde Dios, y como no hay de momento candidata firme a albergar la semilla pues tampoco hay a priori resistencia. Cada uno tiene sus favoritos, dependiendo de cuál sea la época histórica predilecta del interesado.
Como veis, en una mosca superior, Marca comenta también lo de la presentación de Arda Güler, que tendrá lugar dentro de un rato como decíamos, a las 12, en Valdebebas. Máxima expectación ante la nueva adquisición blanca, de quien ya hemos dicho por aquí que tiene una pintaza. Lo decíamos incluso cuando Deco había abandonado Estambul convencido de tenerlo atado, sin saber que el mismo taxi que lo había dejado en el aeropuerto recogería allí a Juni Calafat con el borrador de un contrato debajo del brazo. Juni Calafat, ese hombre.
No se descarta que, en su presentación ante la prensa hoy mismo, Arda Güler revele que sólo la intercesión de una tía culé, en la misma pila bautismal, logró evitar que le pusieran Amancio. Justicia poética para la tía culé en las manos avezadas de Juni Calafat.
Mundo Deportivo viene con Xavi, como casi todos los días porque Xavi habla con la prensa sin solución de continuidad en el tiempo para vender sus logros y los de Negreira, sobre el que ya sabéis que le gusta hacer bromitas en el vestuario. Sin embargo, nos llama más la atención el frontispicio, que trata sobre Vítor Roque, a quien el Barça ya tenia en la jaula, un poco como Arda Güler, porque vete a saber si la cosa no va a acabar de modo parecido. Parece ser que el Paranaense, club de origen del joven delantero brasileño, manifiesta la excéntrica idea de querer cobrar por el traspaso, y que el Barça, por lo que sea, tiene algún problemilla para efectuar el pago. Se rumorea que los padres de Vítor Roque estuvieron a punto de llamar a su bebé Gaspart. Finalmente no fue así, pero algo quedó sin duda del mal karma. Vamos a ver cómo se resuelve el tema.
Os dejamos con las apasionantes portadas caniculares de Sport y As.
Pasad un buen día.
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De sobra es sabido que nada se puede acercar al inocente placer generado por las expectativas. Y si estas son provocadas por un fichaje veraniego apenas visto, el gozo pasa a analizarse no desde un plano psicológico, como hasta ahora, sino más bien desde la biología y sus efectos inesperados en el cuerpo humano.
Buena fe de ello dan las ilusiones que nos hemos hecho todos con Güler, y eso que sólo sabemos de él lo que enseñan esos cuatro o cinco vídeos de highlights suyos que estos días circulan por Twitter y YouTube, porque ya me dirán quién coño ha visto a este buen muchacho jugar en la liga turca.
En mi caso, la primera vez que le vi —en una de esas compilaciones en las que cualquiera es candidato a balón de oro y nunca hay un mal control o un pase fallado— pensé en lo muchísimo que se parecía el tal Güler a Özil. En fondo, forma, contenido y dirección de arte. Pasada la odiosa costumbre del futbolero de tratar de sacar parecidos y parentescos, lo siguiente que me rondó por la cabeza fue lo mucho que nos vamos a divertir con él en Concha Espina. Lo que le vamos a querer y las pitadas que el pobre chaval se va a llevar.
Representa Güler, aun sin saberlo, el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu, a saber: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que, además de aportar carisma y dar un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia —imprescindible esto—, es vital para que ese flequillo no estorbe ni medio segundo la visión de juego. Además le vamos a añadir la cabeza levantada, los balones al pie, los controles perfectos y una tendencia desmedida a tirar túneles al rival —cuantos más innecesarios y en zonas arriesgadas, mejor—. Y, si todavía podemos pedir algo más, que baje a defender entre una y ninguna vez por partido. Que no se le conozca una ayuda al lateral derecho en toda la temporada. Definición perfecta del jugón por antonomasia.
Güler representa el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que aporta carisma y un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia
Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas. Lo que hubiese dado por ser, aunque fuese un ratito, ese futbolista que ahora reivindico para mi equipo, y no este tronco diestro y mediocre, delantero sin fuerza ni velocidad, que ya me dirás tú qué gracia tiene.
Nos gustan tanto estos mediapuntas mentirosos porque representan una especie en peligro de extinción. Son una rara avis, amén de uno de los mayores daños que ha perpetrado Guardiola al deporte rey, mucho más sacrílego que la dictadura de los porteros con buen juego de pies sacando el balón desde atrás. No, yo me refiero a la imposición sistemática del maldito 4–3–3. Porque ya todo es 4–3–3, o, en su defecto, 5–3–2. Incluso habrá quien hable del 3–5–2, dependiendo de la altura de los carrileros o, desde un punto de vista más técnico, de lo duros que estén los huevazos del entrenador de turno para tratar de enmascarar una defensa de cinco.
Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas
El democratísimo 4–3–3, empleado por equipos que aspiran a ganarlo todo y por aquellos de regional, tiene una consecuencia tan vil como lógica. En este esquema que no entiende de jerarquías, los mediapuntas zurditos, que antes encontraban su hábitat natural en el 4–2–3–1 o en el 4–4–2 en rombo, quedan relegados a la banda, generalmente la derecha para jugar a pierna cambiada. Pienso en Bernardo Silva, Asensio o Take Kubo.
Y sólo aquellos que son muy buenos pueden reciclarse en la posición de interior o volante. Y ahora pienso en Kroos o Modric, pues ambos empezaron sus carreras por detrás del delantero y con un 10 a la espalda que evidenciaba la clase y el talento con el que dominarían el fútbol mundial durante una década, aunque fuese en posiciones más retrasadas a las de sus respectivos orígenes.
Pero si el diez en cuestión no tiene velocidad ni disparo para jugar caído a la banda, ni tampoco el ritmo ni el control posicional para caer relegado al centro del campo, el mediapunta se nos pierde, para desgracia de los amantes del buen fútbol que cada quince días religiosamente nos citamos en el Bernabéu.
Dice la leyenda que es el nuestro un estadio racial, que muere y se desvive por todo aquel capaz de correr 30 metros para evitar un saque de banda, un estadio cuyo paladar futbolístico bebe de los cojones de Juanito, la entrega de Raúl, la garra de Camacho, el pundonor de Ramos y ya no sé qué más palabras emplear para dar cuerpo a una idea que se comprende a la primera.
Y sí, señor mío, la épica, el coraje y la testosterona son muy valoradas a esta orilla de La Castellana y que nunca nos falten, pero a mí dame un mediapuntita zurdo con la cabeza levantada y llámame tonto. Y como yo piensan los 80.000.
Porque Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco, heredero de la bellísima estirpe del mediapunta zurdo tan celebrado en Concha Espina. Desde Manolo Velázquez a James Rodríguez, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales.
Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco. Desde Velázquez a James, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales
Y vuelvo al principio de este texto, vuelvo a Özil y a lo inevitable que es excitarse viendo las similitudes entre él y un Güler que ya heredó su 10 en el Fenerbahçe. Porque fue Mesut el favorito del Bernabéu en esos años de plomo de Mourinho, antes de que le cogiese por la pechera y le hablase como un padre.
Porque fue el Besugo quién, flotando en el césped, casi de puntillas, levantaba el ole en la grada, ese ole tan taurino, sin tilde en la e, con el golpe de voz en la o, en este caso en la Ö; un ole patrimonio de la ciudad de Madrid y ejecutado en el Bernabéu o en Las Ventas, en ambos casos sólo reservado a los más especiales.
Ignoro si este nerviosismo por ver un nuevo mediapuntita zurdo de blanco se debe al poder de los recuerdos de la adolescencia o más bien responde al valor universal de lo estético, de lo que no me cabe duda es que el Bernabéu, siempre tan entregado al talento, tendrá en Güler a uno de sus protegidos. Porque eso no se elige, se tiene o no se tiene. Porque es por el 10 por el que se paga la entrada. Lo demás es sólo atrezo.
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Hasta que a la humanidad se le ocurrió cubrirlas con lonas publicitarias, las fachadas de los edificios sólo eran las paredes exteriores del cerramiento de los mismos, su paramento externo, y únicamente servían como protección ante los fenómenos atmosféricos más variados.
Cuando hablamos del uso publicitario alternativo que de repente alumbró la humanidad, usamos una metonimia con la que nos referimos a Jan Laporta, que fue el primero en usar un edificio para lanzar un mensaje. Mentimos. Por supuesto que no fue el primero en hacer algo semejante, pero su ocurrencia fue generalmente ponderada como la de un genio del marketing. Para mí, el único valor de su iniciativa fue freudiano, y en eso sí hubo innovación: nunca antes estos elementos arquitectónicos habían sido usados para desnudar complejos, de forma además urbanísticamente invasiva. El edificio, por lo demás, podía haber estado en la Diagonal, pero Jan eligió en cambio el madrileñísimo Paseo de La Habana, cerca del Bernabéu, por si la confesión de inferioridad no había sido suficientemente subrayada.
Me llega ahora esta foto, que revela otro uso publicitario de otra fachada, también madrileñísima. Me cuentan que Jude Bellingham lo está petando en lo de vender camisetas, que es solo una de las cosas para las que ha venido, y seguro que esta megalona contribuirá en la tarea de colocar dos o tres más. Es un anuncio de Adidas, claro, y me ha llamado la atención el edificio concreto, situado en la Plaza de Cristo Rey, entre Isaac Peral y San Francisco de Sales, al que va aparejada una historia cinematográfica. No solo es una buena elección por parte del anunciante, al tratarse de una de las primeras visiones que aparecen en el horizonte del conductor cuando entra en la capital por la A6, sino que tiene además un simbolismo muy particular, o a lo mejor es sólo que yo lo quiero ver.
En ese edificio transcurría parte de la acción de la película Los Tramposos (Pedro Lazaga, 1959), uno de los clásicos de la comedia española de toda la vida. En aquel enredo descacharrante, que entre otras grandes aportaciones al género humano inventó (¿o solo destripó?) el timo de la estampita, el inmueble encarnaba la sede de Confort Express, una agencia de viajes en la que trabajaban como secretarias Laurita Valenzuela (qepd) y Conchita Velasco (gran madridista), bajo las órdenes del estricto José María Rodero.
Hay una sonrisa quizá ilusoria del porvenir cercano en eso de ver a Bellingham cubrir el edifico entero de Los Tramposos. ¿Será que con él y sus compañeros podemos aspirar a prevalecer sobre ellos, como la lona prevalece sobre el ladrillo?
A Rodero, fuera del horario laboral, lo emborrachaban y escayolaban Toni Leblanc y Antonio Ozores, novios de Concha y Laura (respectivamente), y auténticos protagonistas de la película: dos timadores de poca monta que llevaban a Rodero a su casa, ciego como un piojo y perfectamente escayolado, con la esperanza de que la esposa del personaje (Elvira Quintillá) les diera una propina por haber llevado a su media naranja al hospital después de un accidente ficticio. El avanzado estado etílico del sujeto le impedía desmentir la historia, o tan siquiera escucharla. Los tramposos que daban título a la película recababan su propina y se iban a por el siguiente timo sin saber que acababan de desplumar a la familia del jefe de sus prometidas. Lo divertido, claro, llegaba más tarde, cuando Virgilio y Paco —que así se llamaban los personajes— eran invitados a una reunión por Rodero en la misma sede de Confort Express en la Plaza de Cristo Rey desde el que hoy saluda Jude a quien entra por la carretera de La Coruña. Los dos amigos habían montado una chusca agencia de viajes también, a la sazón llamada Virpa Express (VI viajes, ERRE recreativos…), que había llegado a competir seriamente con el cuasimonopolio de Confort.
Antes de esa escena plena de suspense (puesto que el espectador sabe quién es Rodero pero los protagonistas no), hemos sido testigos del mentado timo de la estampita, de las excursiones a Ávila de tres meses y un día (“Otra vez los han metido en Ávila”, suspira la pobre Conchita al recibir las postales del dúo) y de una alarmante fase de honradez en la que llegan a vender sus esqueletos a la ciencia (“¿Y estás sin esqueleto?”; “Ponle las aceitunas con hueso que de lo que se come se cría”). Es una obra maestra absoluta de la picaresca española, el Lazarillo de Tormes al ritmo frenético y obsesivo de un organillo en las postrimerías del franquismo autárquico.
Hay una sonrisa quizá ilusoria del porvenir cercano en eso de ver a Bellingham cubrir el edifico entero de Los Tramposos. ¿Será que con él y sus compañeros (ahora Güler como gran novedad) podemos aspirar a prevalecer sobre ellos, como la lona prevalece sobre el ladrillo? Por desgracia, en la actualidad no nos enfrentamos a unos tramposos atomizados, torpes y desopilantes como los de Pedro Lazaga, sino a unos poderes fácticos fraudulentos que no tienen ni puta gracia, y que manipulan la competición a su antojo (mediática, arbitral, institucionalmente) hasta convertirla en un fraude mayúsculo. Pero qué decir: si a seis de julio y con Jude Bellingham enseñoreándose del skyline de la Ciudad no podemos soñar con derrotarlos, ya me diréis cuándo podremos albergar un mínimo de esperanza.
Ganas de volver a veros.
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