Las mejores firmas madridistas del planeta

¡Mira, mira, miraaaa¡ La imperativa recomendación la pronunciaba Rakel, mi mujer, durante la celebración del primer encierro de las Fiestas de San Fermín, el pasado 7 de julio, cita televisiva a la que nunca faltamos, estemos donde estemos.

En la pantalla de la televisión, en la que enfocaban la bajada del callejón hacia la Plaza de Toros de Pamplona, aparecía un mozo de pantalones arremangados, luciendo gemelos y ceñida camiseta del Real Madrid, corriendo delante de los astados, con el pitón de un toro de La Palmosilla, literalmente pegado a su espalda. Fueron unos segundos, pero los que saben de encierros y de toros aseguraron que la carrera con el pitón rebañando espalda y prolongado en el tiempo es uno de los momentos de los ‘sanfermines 2023’.

Desde ese día, todas las mañanas, el mozo de la camiseta del Madrid ha estado presente en el mismo punto del encierro, corriendo el último tramo, desafiando a los astados de Jandilla, Cebada Gago o Miura arrimándose sin pudor, sin miedo y luciendo escudo madridista en Pamplona, una de las plazas históricamente más difíciles para el Real Madrid.

El mozo protagonista se llama Juanpe Lekuona, algo que descubrimos el último día del ciclo festivo , navarro de nacimiento, y resulta, para los que no somos entendidos en el mundo de los encierros, que es un corredor habitual, conocido y respetado por todos por su forma de entender los encierros, respeto en carrera y valentía delante de la cara de los toros. Incluso, en el encierro de los Miura, fue el protagonista en el set de RTVE, donde lució el escudo del Madrid delante de las cámaras en ‘prime time’ mañanero.

Toros y Pamplona, una combinación que pondría los pelos de punta a cualquier madridista, pero donde Juanpe, seguramente sin ser consciente de ello, ha establecido magisterio y marcado el camino a la plantilla del Real Madrid en la temporada que está a punto de comenzar.

Cuando, a los nuevos jugadores del primer equipo, recién incorporados a la plantilla a las órdenes de Carlo Ancelotti, les expliquen lo que es y lo que significa el Real Madrid, les pueden poner el vídeo de las milagrosas remontadas de la Champions League de hace dos temporadas ante Manchester City, Chelsea o Paris Saint Germain, o también aquellos partidos ante el Anderlecht , Borussia o Inter de Milán en los años ochenta, tiempo en el que se gestó la leyenda del ‘Miedo Escénico’, pero también pueden proyectarles el vídeo de Juanpe Lekuona, corriendo en el callejón de Pamplona, feudo históricamente fiero y muy difícil para el Madrid, con el pitón de un toro de La Palmosilla empujando literalmente su carrera.

Ese momento puntual es la esencia del madridismo: no perder nunca la cara al rival, con respeto, no eludiendo el contacto ni la lucha sin cuartel, aunque tu contrincante te supere en ‘kilos’ y potencial, no derrumbarte ni obligarte a bajar los brazos.

Ese toro sobrado de fuerza, metafórico símil de los clubes estado que compiten en el fútbol actual, con potencia financiera sin fin, no pudo con Juanpe, el madridista de San Fermín, que, sin quererlo, ha marcado el camino al equipo esta temporada: siempre adelante, sin rehuir el choque y la lucha.

Empieza en breve una nueva temporada, pero en San Fermín el Madrid ya ha marcado el primer gol. Juanpe ha señalado el camino.

Nos referimos, por supuesto, a Don Luis Suárez Miramontes, no a su penoso homónimo uruguayo, especialista en el juego de codos y en el vampirismo.

Se nos fue hace unos días un grande de los de verdad, el único jugador español nacido en España capaz de lograr el codiciado Balón de Oro de France Football, en 1960 (recordemos que nuestro Alfredo Di Stéfano logró previamente, en 1957 y en 1959, otros dos galardones ya como ciudadano español, ya que hasta 1995 tan solo los futbolistas europeos podían optar a conquistarlo, de ahí que, por ejemplo, ni Pelé ni Maradona se hicieron con este trofeo).

Posiblemente, el Balón de Oro de 1960 podía haber sido el tercero de Don Alfredo, o el primero (y único) de Ferenc Puskas (recordemos los 4 goles del hispano-húngaro en la final de la Copa de Europa ante el Eintracht de Francfort), pero tras 3 años de dominio madridista (con el logrado por Raymond Kopa en 1958), la revista francesa posiblemente quiso premiar a algún jugador de otro equipo, y Don Luis se llevó el ansiado trofeo a casa tras una temporada en la que el FC Barcelona se llevó la liga española 1959-60, tras empatar a 46 puntos con el Real Madrid y por diferencia de goles.

Se nos fue hace unos días un grande de los de verdad, el único jugador español nacido en España capaz de lograr el codiciado Balón de Oro de France Football, en 1960

En cualquier caso, Don Luis (o “Luisito” como él mismo declaró muchas veces le gustaba ser llamado), sí que tenía que haber conquistado el Balón de Oro en 1964, tras conquistar aquél año la Copa de Europa (ante el Real Madrid en Viena por 3-1) y la Eurocopa de selecciones nacionales, al derrotar España a la Unión Soviética en el estadio Santiago Bernabéu por 2-1, con el célebre gol de Marcelino, de cabeza, al gran meta Yashin. Nadie se explica cómo en aquella edición del galardón fuese nombrado ganador el buen delantero escocés Denis Law, ya que ni siquiera ganó ese año la liga inglesa su club, el Manchester United. Luisito, como en 1961, tuvo que conformarse con la segunda posición en la puntuación del entonces semanario francés.

Tras su notable paso por el Coruña (antiguamente nadie lo llamaba Deportivo), Suárez fue fichado por el equipo catalán en 1954, con 19 años, y permaneció allí 7 temporadas. Llegó en plena etapa de esplendor del Barça de Ladislao Kubala, que venía de ganar 3 Copas de Generalísimo seguidas (1951 a 1953) y dos ligas (51-51 y 52.53), con los célebres Ramallets, Biosca, Segarra, Gonzalvo III, Basora, César, Manchón y compañía. Kubala era un dios absoluto en Barcelona y todos los historiadores coinciden en que fue por él por lo que el estadio de Les Corts se quedó pequeño y se emprendió la construcción del Camp Nou, que fue inaugurado en 1957.

Enseguida chocaron Kubala y Suárez en el equipo. No personalmente, por supuesto, ambos siempre presumieron de tener una exquisita relación personal, pero sí sobre el terreno de juego. Los “kubalistas” le silbaron casi desde el principio, lo que conllevó a que los primeros años como azulgrana fueran tremendamente complicados para Suárez, que incluso fue cedido en la temporada 1954-55, a un equipo barcelonés de la Segunda División, el España Industrial.

Kubala

Realmente, la primera campaña en la que Luisito fue titular fue la 58-59, 4 años después de aterrizar en la Ciudad Condal, en la que ya jugó casi 40 partidos. En las 3 temporadas anteriores, los diferentes entrenadores (Platko y, sobre todo, Domingo Balmanya) apenas le hacían jugar en los partidos de casa, ya que los silbidos y las broncas eran constantes contra el coruñés, mientras que sí jugaba habitualmente los partidos fuera de Barcelona. Recordemos que Ladislao Kubala fue titular prácticamente indiscutible desde 1950 hasta su salida del FC Barcelona 12 años después, en 1962. Y finalmente fue Helenio Herrera quien logró hacerles jugar juntos en las 2 temporadas (58-59 y 59-60) en las que estuvo al mando de los culés, conquistando dos ligas ante el todopoderoso Real Madrid de las 5 Copas de Europa consecutivas.

Luis Suárez no llegó nunca a ser plenamente feliz vestido de azulgrana, y lo contó en múltiples ocasiones en entrevistas más o menos recientes. En la selección española, en cambio, sí que se le respetaba y apreciaba, primero como delfín de los líderes de la selección, en particular de Di Stéfano – al que adoraba, fue precisamente Don Alfredo el que le apodó “el Arquitecto” – y Paco Gento, y posteriormente como líder indiscutible desde 1962, por delante de Amancio, Del Sol, Peiró, Zoco y Collar.

Luis Suárez Real Madrid Inter

En una entrevista que le hizo Paco Grande durante la pandemia de 2020,  Luisito confesó que “¡ojalá!” lo hubiera fichado el Madrid, lo hablaba a menudo con Alfredo en las concentraciones con la selección, sabiendo que aquello iba a ser por siempre una quimera, ya que el Barcelona jamás lo habría permitido.

Quien no perdió la ocasión de “llevárselo” fue precisamente el mago HH, Helenio Herrera, que. tras ganar la 2ª liga consecutiva con el Barcelona, fue fichado por el Inter de Milán, y su primera petición fue el fichaje del delantero gallego, por un traspaso galáctico por aquel entonces: 25 millones de pesetas. El Madrid, además del impedimento del FC Barcelona, jamás podía haber pagado dicha cantidad, ya que empezaba a sufrir problemas económicos que, entre otros asuntos, le hicieron vender al poco tiempo a Luis del Sol al fútbol italiano, concretamente a la Juventus de Turín.

Luisito confesó que “¡ojalá!” lo hubiera fichado el Madrid, lo hablaba a menudo con Alfredo en las concentraciones con la selección, sabiendo que aquello iba a ser por siempre una quimera, ya que el Barcelona jamás lo habría permitido

Vaya pues nuestro sentido homenaje y reconocimiento a una gran figura del fútbol mundial, más reconocido y laureado en Italia (estuvo 10 años en el Inter, ganando 2 Copas de Europa entre decenas de títulos más, y acabó viviendo allí hasta su muerte), maltratado por parte de su afición en Barcelona, y también por la prensa patria, que, como en otros casos (Pepe Santamaría, Vicente Miera…), se cebó con él en su corta etapa de seleccionador nacional en el Mundial de 1990, jugado precisamente en Italia. A muchísimos viejos socios de nuestro Madrid les hubiera gustado ver de blanco a Don Luis Suárez Miramontes, para recoger el testigo, quizás, de Héctor Rial, y para haber formado parte del ballet blanco de las 5 Copas de Europa. Nuestro respeto y admiración para una leyenda inolvidable.

 

Hola, amigos. Bienvenidos a este portanálisis casi vespertino. Disculpareis nuestra informalidad. O no. Es lo que hay, en todo caso. Con nuestra informalidad pasa como con el hecho de que haya que seguir jugando la liga como si no supiéramos que el Barça se ha comprado el estamento arbitral durante al menos veinte años, como si aquí no hubiera pasado nada, vamos. Lo tomas o lo dejas. Son lentejas, como decían nuestras abuelas en rima facilonga cada vez que dicha legumbre se posaba sobre la mesa familiar, en número de centenares y acompañada frecuentemente por morcilla, tocino y Jan Laporta.

Desde que supimos lo de Negreira, pero muy especialmente en las últimas semanas, estamos asistiendo a un espectáculo patético: el de los medios anti (incluyendo cuentas de twitter y YouTubers culers de la peor especie) tratando de encontrar en el Real Madrid algo chungo que les permita ventilar el negreirato (y el resto de los numerosos escándalos blaugranas) con un “¡Y tú más!” o por lo menos un “¡Y tú igual!”

Son enternecedores. Buscan y rebuscan en los bolsillos, buscan y rebuscan en la hemeroteca, en los vídeos de Seitan y otros prohombres, en busca de algo que se asemeje a la enormidad del BarçaGate y que permita apuntar hacia el Madrid con el ventilador, en la esperanza de que la mierda pueda alcanzar al Madrid. Esa es su ilusión, dado que la de sacar a su club del pozo del mas absoluto descrédito es ya una ambición inalcanzable.

En el marco de ese intento de poder gritar “¡Empate!”, con la excusa de cualquier tontería que pueda igualarse con la gravedad de lo suyo en su mente calenturienta, hay que situar los ridículos intentos de algunos por que haga fortuna la especie de que el Madrid ha sido beneficiado “a dedo” por el ayuntamiento en la concesión de la construcción de unos parkings cercanos al Bernabéu. Antonio Vázquez ya ha desactivado la tontería en La Galerna.

Ayer mismo llegó otra chorrada del mismo cariz al ámbito de lo público, y esta vez no la trajo ningún medio ni tuitero español, sino ni más ni menos que el Telegraph británico. Como veis, no todo consiste en hacer ver que el Madrid empate en corruptelas con el Barça, como infructuosamente tratan de hacer los medios medios nacionales, sino de hacer ver que el Madrid empata también en triquiñuelas con el Manchester City, flamante campeón de Europa, así como flamante ostentador de 117 expedientes de incumplimiento del fair play financiero que ha merecido el siguiente escrutinio por parte del Telegraph:

Esa (es decir, ninguna) ha sido la atención mediática que el Telegraph ha dispensado a las continuas pasadas por el arco del triunfo del fair play financiero por parte del equipo del Pepjeque. Sin embargo, se han creído que lo que sigue es una noticia relevante a efectos de lograr el empate en inmundicia que buscan.

Como veis, la cosa consiste en un titular sonoro tras el que luego, en el interior del texto, se reconoce con la boca pequeña (que en periodismo escrito es letra pequeña) que el Madrid no está cometiendo ilegalidad alguna, y que donde se dice que el Madrid “no responde” sobre ese desajuste quiere decir que no responde al propio The Telegraph, cosa por lo demás normalísima.

-Dígame.

-No, dígame usted. Dígame en qué ha gastado esos 122 millones.

-(…) ¿Qué 122 millones? ¿Quién es usted, por otro lado? ¿Ceferin? ¿Infantino?

-John Smith, del Telegraph.

-¿Y por qué debería yo explicar a un señor del Telegraph el detalle de mis gastos? Serán un cobrecoste de las obras de mi estadio. O será lo que me dé la gana.

-Entonces, ¿no podemos poner que ha empatado usted con los 117 cargos de incumplimiento del fair play financiero de nuestro City? Es que tenemos muchas ganas de ponerlo.

-Déjenos en paz, oiga.

-No responde, ¿eh? Usted verá. Pondremos como titular que “no responde” y la gente interpretará que se resiste a dar explicaciones a alguna autoridad que les está haciendo esa pregunta.

-Pero nadie nos está haciendo esa pregunta. Solo usted.

-CLINK.

-Oiga…

Y así está el tema, amigos. EMPATE.

Por lo demás, la prensa patria viene aburridísima, como corresponde a este momento del año.

Abrazos.

En los últimos años, Twitter Real Madrid ha acuñado el término niños-cracks para nombrar a todos esos muchachos, prácticamente adolescentes, que parecen diseñados en un laboratorio de lo buenos que son. Para los chavales que nacimos y crecimos en los ‘90s, nuestros niños-cracks se nos antojan dibujos animados de Oliver y Benji.

Personalmente, asisto anonadado al crecimiento exponencial de estos magos del balón. Rodrygo Goes es uno de nuestros niños-cracks. A sus 22 añitos ya ha justificado su fichaje de largo. Sus noches europeas nos han dado gloria bendita. Este niño brasileño es oro puro, macizo y legal. Mi admiración por él y su fútbol es máxima pues muchos de nosotros hubiéramos dado la vida entera por experimentar un centímetro de la gloria eterna que ha alcanzado ya Rodrygo vistiendo la elástica del Real Madrid.

Rodrygo y Ancelotti Cacereño

Natural de São Paulo, Rodrygo Silva de Goes está llamado a ser una pieza central de este nuestro Madrid. En los próximos años, buena parte del quehacer del ataque merengue pasa por sus botas. Ya sea escorado a la banda izquierda o por la derecha, Goes ha asombrado al mundo con su finísima delicadeza técnica o con la aparente fría decisión en el regate cuando el contrario brama en tu nuca y solo una genialidad futbolística puede lograr que te zafes de él. Tal vez sea cuando más centrado está cuando más disfruta. De falso nueve, da gusto verle jugar.

Desde la marcha de Benzema, todos los focos apuntan a él. El jovencísimo brasileño ha de dar un paso hacia adelante. Es difícil su cometido pues muchos son los llamados a la gloria pero pocos son los elegidos. En este cambio de ciclo en el que los noveles asumen el lugar de los veteranos, me parece bastante significativo que Rodrygo sea el nuevo 11 del equipo

No obstante, más allá de sus virtudes técnicas, alabaría su fortaleza mental, pues no es fácil asumir tanta responsabilidad en momentos tan difíciles. Y si no que se lo pregunten a Pep Guardiola. El Filósofo de los Emiratos Árabes llevará siempre clavados aquellos dos goles en dos minutos. Aquella vuelta de semifinales de Champions jamás se le borrará ni a Pep ni a la afición del Manchester City. Sin el concurso decisivo de Rodrygo, no hubiésemos llegado a la gran final de Saint-Denis ni Vinicius, hubiera podido anotar ese gol que tantos miles de madridistas por todo el orbe celebramos con orgullo. Y en Liga, pues igual. Esos teóricos minutos del furgón de cola que disputa saliendo desde el banquillo son tan importantes como los 90 minutos de cualquiera del 11 inicial. Pues, como bien sabe el aficionado, salgas cuando salgas a jugar, lo importante es dejarse la piel en el campo y encarar el partido con sentido.

Nacho, Rodrygo y Benzema Cádiz

Y además, ahora ha de suplir a monsieur Benzema. Tarea homérica. Desde la marcha de Benzema, todos los focos apuntan a él. El jovencísimo brasileño ha de dar un paso hacia adelante. Es difícil su cometido pues muchos son los llamados a la gloria pero pocos son los elegidos. En este cambio de ciclo en el que los noveles asumen el lugar de los veteranos, me parece bastante significativo que Rodrygo sea el nuevo 11 del equipo. Históricamente el 11 es el jugador escorado a la banda izquierda, el extremo izquierdo diríamos los buenos aficionados. Y si bien Goes se siente cómodo partiendo desde ahí para entrar como cuchillo en mantequilla al área, y chutar con precisión tras regatear a diez mil defensas con peor leche que Jordi Alba, nuestro nuevo 11 está previsto que haga las labores del falso nueve. A falta de un fichaje de última hora, Mbappé el deseado, o el aterrizaje de Endrick con la mayoría de edad, el 9 será el 11. Confieso que en este baile de números y de conceptos futbolísticos no me siento cómodo. A mí me lo que me gustan son los 9 de toda la vida de Dios, tipo Erling Haaland, un killer total del área. Sin embargo, el 9 será Rodrygo y tampoco me parece mala alternativa. Al contrario, es una solución buenísima e imaginativa de Ancelotti. Carlo Ancelotti es un hombre de fútbol que conoce bien a sus jugadores. Don Carlo ve meridianamente claro que Rodrygo es su hombre para suplir a Karim Benzema y yo le creo.

¿Cómo no voy a creer ciegamente en un sabio como Don Carlo? Bajo la batuta del técnico italiano, nuestros jugadores más jóvenes han crecido enormemente. También Rodrygo. La pasada temporada fue fijo en el once. Su innegable crecimiento en las últimas cuatro temporadas y la baja forma de Benzema tras un rosario de lesiones, le afianzaron en la delantera. Ahora se le presenta la gran oportunidad de su carrera: afrontar toda una temporada como referente en el ataque del Madrid. Contará arriba con su socio y amigo Vinicius, ambos conforman una dupla de oro. Seamos felices y gocemos del buen fútbol de nuestros niños-cracks.

Qué tiempos aquellos en los que fichar molaba. Aún los recuerdo, aunque ya ciertamente borrosos por los muchos años transcurridos. La edad no perdona a nadie, ya se sabe. Echando la vista muy atrás, creo rememorar que hubo un verano en el que el barcelonismo celebraba con euforia cada llegada de una nueva incorporación a su disciplina. Si bien es cierto que algunos de ellos eran futbolistas de bastante renombre, también se recibió con orgullo, algarabía y cierta rechifla hacia los grandes rivales a otros jugadores mucho menos talentosos y que salieron (o se les intentó sacar) del Camp Nou rápidamente. Poco importó que hubiera que vender activos para reclutar caras nuevas; la ilusión y el afán por competir de inmediato lo eran todo, así que reforzarse era una necesidad indiscutible y el coste de hacerlo, una consecuencia mínima e inevitable. Ese credo se abrazó como un discurso oficial a nivel mediático. La foto de la firma, la presentación, la camiseta serigrafiada con el nombre sobre el dorsal, todo era una verdadera maravilla que contrastaba con la tristeza del otro lado de la trinchera, sin apenas novedades que llevarse a la boca. Los triunfadores del verano sacaban pecho como si se hubieran llevado todos los títulos de la próxima década de forma anticipada. Sí, todo aquello sucedió en el lejano periodo estival del 2022.

Barça presentación Lewandowski

Este verano en cambio, hacer grandes fichajes se ha convertido en una práctica pérfida, que antepone el vil metal a los nobles sentimientos y que convierte a quien lo hace, aunque sus recursos propios lo permitan, en un malvado club estado. Eso dicen del Real Madrid, a pesar de que nunca una tele pública haya comprado sus derechos muy por encima de mercado para sufragar fichajes (TV3 y Telemadrid así lo hicieron con otros clubes), sin tener ni un metro cuadrado de suelo público a su disposición, y reformando por completo su estadio con dinero prestado por bancos a un interés bajísimo, conscientes de que recibirán cada uno de los pagos correspondientes sin demoras, diferimientos o refinanciaciones. Ser cigarra vuelve a no estar de moda; la tendencia este año es el negro hormiga. También se ha recuperado de repente la preocupación por el número de hospitales que se podrían haber construido de haber destinado el dinero de los fichajes de un solo equipo muy concreto a este menester. Aunque no me cabe ninguna duda de que si el Real Madrid decidiera erigir un hospital con sus propios fondos, esto también sería criticado.

Desde el Bernabéu se convence a los nuevos jugadores siempre por dinero y nunca por proyecto deportivo. En cambio, en otros equipos que han llegado a tener su masa salarial por encima de sus ingresos, los fichajes llegan indefectiblemente perdonando grandes cantidades económicas, enamorados de la filosofía de juego y dispuestos a recibir su salario en lingotes de amor. Nunca hubo un caso más flagrante y repetitivo de disonancia cognitiva.

El ciego empeño en emplear el término club estado refiriéndose al Madrid es muy común entre los antis, incapaces o indecentes al obviar su verdadero significado. No, que un equipo fiche y se gaste mucho no le otorga la categoría de club estado. Es ciertamente ridículo estar repitiéndolo a estas alturas, pero el Real Madrid genera sus propios recursos económicos. No existen patrocinios ficticios, ni se recibe financiación pública de ninguna índole. Además, los blancos sí venden futbolistas que les interesan a nivel deportivo cuando llega una gran oferta, como operadores normales del mercado. Mientras, otros presumen de no tener la necesidad de respetar la lógica a la hora de hacer caja con traspasos. Sin ir más lejos, hace muy poco el presidente del club más endeudado de Europa se vanagloriaba de negarse a aceptar ninguna propuesta por los mejores futbolistas de su plantilla.

El ciego empeño en emplear el término club estado refiriéndose al Madrid es muy común entre los antis, incapaces o indecentes al obviar su verdadero significado. No, que un equipo fiche y se gaste mucho no le otorga la categoría de club estado. Es ciertamente ridículo estar repitiéndolo a estas alturas, pero el Real Madrid genera sus propios recursos económicos. No existen patrocinios ficticios, ni se recibe financiación pública de ninguna índole

Muchos idiotas repitiendo una idiotez no la van a convertir en una verdad, aunque en el imaginario de su idiocia todas estas tonterías y unas cuantas más convierten al Madrid en el supervillano perfecto. Quizás deberían preocuparse más de lo que tienen en casa, de la ruina que asola a una inmensa mayoría del fútbol español. En sus despensas apenas quedan telarañas, pero siguen obcecados en criticar lo que engulle el objeto de su obsesión, aunque este no tenga problema alguno de suministro alimentario. Demonizan y no valoran siquiera imitar al que demuestra brillantez en su gestión.

Existe un nivel inferior aún en cuanto a argumentaciones absurdas, el de los genios que vinculan los negocios personales de Florentino Pérez o de ACS, el gigante empresarial que preside, con el Real Madrid. Solo cabe explicarles que no ha existido jamás un trasvase de dinero entre las dos entidades que lidera Florentino. Las cuentas del Madrid son públicas y están a la vista de cualquiera con interés real en estudiarlas. Por otra parte, los accionistas de ACS ya habrían protestado o incluso denunciado de haberse producido transferencias económicas desde su empresa al club. Y no lo han hecho simplemente porque no ha ocurrido. De hecho, la mayor constructora de España, la que está edificando un dique para submarinos en la base estadounidense de Pearl Harbor o el estadio de los Buffalo Bills de la NFL, se abstrae directamente de presentarse a los concursos que tengan que ver con el Madrid, aunque legalmente podría hacerlo.

Incluso han intentado enfangar la noticia de una propuesta cuyo coste asume íntegramente el Real Madrid, pero beneficiará a la capital de España. Ante la posibilidad más que plausible de que el nuevo Bernabéu multiplique los eventos en la zona, y con ello la afluencia de público, el club madridista propuso al ayuntamiento la construcción de dos parkings en la zona de Castellana y Paseo de la Habana. A cambio de asumir el coste íntegro del proyecto (se estima que 561 millones de euros), el Madrid pidió que quien llevara a cabo la obra se quedara con la concesión de esos aparcamientos durante 40 años. La obra se licitó en concurso público, como corresponde, y la entidad capitalina obtuvo un 10% más de puntos como promotor de la idea original. Ningún otro competidor se ha presentado al concurso, y el ayuntamiento ha adjudicado la obra al Madrid. Como nadie más ha concurrido a esta licitación, los relatores de siempre han concluido que era un pelotazo a dedo, cuando no han alentado sospechas de amenazas a otros posibles constructores. La realidad es que por la complejidad de la obra y su montante, es complicado llegar a amortizarla, incluso en cuatro décadas. Las previsiones más optimistas limitan el beneficio a entre dos y cinco millones de euros anuales, pero es bastante posible que se acabe perdiendo dinero en llevar a cabo este proyecto. Y por eso nadie más quiere asumir ese riesgo. En cuanto al Madrid, lo emprende porque considera esa estructura esencial para poder explotar más y mejor su estadio. Por el camino, la ciudad de Madrid se llevará sin coste alguno dos aparcamientos, uno de los cuales tendrá plazas fijas para residentes y servicios como dársenas para autobuses escolares, puntos de recarga eléctricos o zona de parada para repartidores. Es decir, el barrio se beneficiará (una vez más), de actuaciones que afronta el club blanco con sus recursos.

Al final todo se resume en una práctica más que habitual cuando se trata de opinar sobre el Real Madrid. Hay que usar cualquier recurso, hasta el más grotesco y falaz, para no reconocer su superioridad. Ese relato, construido metódicamente mentira a mentira es lo único que les queda a los antis; la historia y los títulos les desmienten y el futuro les aterra.

 

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Sin que se enterase nadie hasta un día antes, el Madrid fichó a una promesa del fútbol turco y lo presentó acto seguido en el Bernabéu, en un emotivo acto que fue seguido masivamente en aquel gran país del Mediterráneo oriental. De Arda Güler sólo sé que tiene 18 años y que es, además de turco, zurdo, lo que hace pensar inmediatamente en Mesut Özil, el turco nacido en Alemania que levitó sobre el Bernabéu hace ya una década y que se fue una tarde de finales de verano dejándonos un agujero en el alma a los estetas. En la presentación de Güler lloró su madre y lloraron sus compañeros del Fenerbahçe. El muchacho mencionó a Özil, a Cristiano y a Guti. Con un sólo tuit, el del Madrid anunciando su contratación, Turquía ganó más en reputación exterior y publicidad nacional que en un lustro de producción y distribución masiva de telenovelas.

Arda Güler es el cuarto turco que juega en el Madrid aunque, en puridad, es el único nacido en Turquía. Los otros tres, Özil, Sahin y Altintop, nacieron en suelo alemán, aunque sólo Özil defendió los colores del país que acogió a sus padres: cuando lo fichó el Madrid, una de las primeras peticiones de Mourinho, había ya brillado en una Copa del Mundo, llegando con Alemania hasta semifinales, exhibición sobre Argentina incluida. Curiosamente, los tres turcos que preceden a Güler en la historia del Madrid jugaron juntos durante una temporada, aunque sólo Özil, objetivamente, triunfó de blanco: Sahin y Altintop ganaron con él la Liga de los Récords, aunque su contribución fue testimonial mientras que, con el 10 a la espalda, Mesut holló cumbres artísticas inexploradas en la tradición estética madridista.

Güler hace pensar en Özil y Özil, cuando llegó, hacía pensar en Zidane. Ambos nacieron en Europa pero pertenecen a dos razas de hombres de las montañas que comparten un perfil escuálido y felino ideal para ese fútbol armónico, ligero y musical, etéreo, como una danza, que en Benzema, años después, alcanzó su forma más pura. Precisamente con Benzema, que es el heredero espiritual de la cinética zidanesca, congeniaba Özil de maravilla: a Karim le dio los mejores pases de toda su carrera, que quedó reducida y concentrada en sus tres años en el Madrid como en un frasco de esencias.

El Özil del Madrid fue el último fantasista de una Europa decadente donde la fuerza y la presión le ganaban ya la partida a la pausa. El 4-2-3-1 parecía hecho para él: un príncipe escoltado por pretorianos y brigadas motorizadas, con la bombilla del área del rival servida a placer para que él, calzado con mocasines de terciopelo, bailara por ella como por el gran salón de un palacio. Pero con Mourinho tuvo que trabajar pegado a la banda, en los días machos, cuanto tocaba fortificar el pasillo interior. Entonces su innata conducción arrabalera transformaba el carril en un descampado gris de Gerserkirchen por donde culebreaba entre adversarios como queriendo huir de aquel suburbio industrial de la cuenca del Ruhr donde tuvo que criarse. La fuerza de Özil estaba en los tobillos, cuya elasticidad sólo puede ganarse en las calles, jugando a matar las tardes transmutando mohosas pistas de fútbol-sala en glamurosos estadios de fútbol llenos a rebosar de fans coreando su nombre.

En Italia se inventaron ese nombre, el de fantasista, para llamar a los que eran capaces de manifestarse de improviso, es decir, de aparecerse como un dios antiguo, en mitad de un bloque de hormigón, y romperlo en mil pedazos, con un golpe de tobillo. Özil frenaba la posesión eterna del Barcelona de Guardiola acaparando el balón, sin espacio, como uno de esos espadachines que entretenía a seis enemigos a la vez con su acero -la mano desocupada siempre en la espalda, en grácil escorzo cinematográfico- mientras que los otros tres mosqueteros se abrían a sus costados esperando el pase con el que herir a la bestia. Era en esos asaltos a vida o muerte donde Özil suspendía el tiempo en un giro interminable, tras el que se colgaba el Madrid de Mourinho con la convicción del que se adentra en territorio enemigo sabiendo que su pellejo vale lo que tardase Busquets en quitarle la pelota. Özil miró a la cara a Iniesta y Xavi, precursores de ese fútbol nuevo y letal, híbrido de presión y técnica perfecta, cuyos sucedáneos anegan hoy todavía el fútbol de élite. Logró empequeñecerlos flotando sobre el Camp Nou como una balandra en mitad de la tormenta, hallando siempre el momento preciso para cerrar la lazada en torno al cuello del gran ogro con un envío quirúrgico al hueco libre. En aquellos pasos de claqué residían todas las esperanzas del Madrid de derrotar al Golem: el arabesco imposible, la trascendencia a partir del primer toque.

Güler hace pensar en Özil y Özil, cuando llegó, hacía pensar en Zidane. Ambos nacieron en Europa pero pertenecen a dos razas de hombres de las montañas que comparten un perfil escuálido y felino ideal para ese fútbol armónico, ligero y musical, etéreo, como una danza, que en Benzema, años después, alcanzó su forma más pura

Escribió Borges que “todo sucede por primera vez: el que abraza a una mujer es Adán. El que prende un fósforo en el oscuro está inventando el fuego. El que juega con un puñal presagia la muerte de César. El que duerme es todos los hombres”. Arda Güller es un niño turco que juega con la bola pegada al pie izquierdo como si llevara velcro, por lo tanto es Özil. No voy a mentir, apenas he visto dos vídeos de “skills” en Youtube y ya me he hecho una composición de lugar. Parte de la banda hacia adentro, amaga infinitamente y es capaz de clavarla en el ángulo, como dicen los argentinos, suficiente para evocar también a Robben, a Di María, incluso a Messi. Pero la nostalgia es una noria peligrosa, como avisaba Don Draper. El Madrid, urgido por los tiburones del petróleo, tiene que comprar a las estrellas del futuro siendo todavía pequeñas promesas. El cálculo implica un riesgo, como ya hemos visto en otros: Reinier, Kubo, Odegaard, Brahim, no todos han sido Vinicius ni Rodrigo, las puertas del paraíso son dos láminas de acero que pesan milenios, sólo los más fuertes logran empujarlas.

Ni siquiera Özil, que se metió al Bernabéu en el bolsillo con tres temporadas extraordinarias, pudo dar el gran salto. Se fugó del Madrid justo cuando empezaban la gran aventura, pero eso él, claro, no podía saberlo. Ahí está la gracia. Me refería antes a Kubo, Reinier, Odegaard y Brahim, y lo hacía por algo. Todos comparten con Güller una naturaleza ambigua de mediapunta versátil: en teoría, una de sus grandes bazas de cara al futuro siempre es que valen para jugar en cualquier posición entre la punta del rombo, el falso 9, los interiores y las alas. Pero luego llega el inevitable proceso de decantación, que no sólo es moral, sino técnico, futbolístico. El fútbol del siglo XXI no es país para mediapuntas, sin embargo este tipo de jugadores, a medio camino de tantas cosas, no paran de surgir, quizá porque el juego se ha tecnificado tanto que, en la base, los críos aprenden un abecé que se ha universalizado y que consiste en adorar la pelota como a un apéndice del propio cuerpo y en extremar la virtuosidad en el golpeo, destacando el toque horizontal. Per sé, es algo bueno: eleva notablemente la calidad media de los equipos, sobre todo comparado con dos o tres décadas atrás, por no hablar de los setenta. La contrapartida es que salen nadacampistas como setas, todos clónicos, casi todos incapaces de elevarse sobre sí mismos en los puntos culminantes de sus carreras y de especializarse.

El Madrid, urgido por los tiburones del petróleo, tiene que comprar a las estrellas del futuro siendo todavía pequeñas promesas

El nadacampismo también es un signo de nuestro tiempo. Jóvenes sobradamente preparados para prácticamente nada. Ya hubo antecedentes: por un Guardiola salían varios Celades, y por un Xavi o un Iniesta han salido muchos peloteros intrascendentes, aunque exquisitos. Probablemente sea una degeneración consecuencia del tremendo éxito de la selección española entre 2008 y 2012. Aquello marcó un rumbo: todas las escuelas nacionales quisieron tener sus propios enanitos prodigiosos, excepto Francia, abocada, seguramente por su propia inercia histórica, a concebir otra hornada de superfutbolistas de origen africano cuya propiedad elemental es la superioridad física. Pero hasta Camavinga, por ejemplo, es un epígono de la tradición coránica de Zidane, Özil y Benzema, aunque su abrumador poderío atlético lo coloca ya en otra magnitud, en otro registro, muy moderno, de techo todavía desconocido. Camavinga compartirá centro del campo con Güller, al que el Madrid ha fichado para poner a jugar ya, sin transición previa en el Castilla. El Madrid lleva tiempo apostando por ese perfil de jugador liviano con una bomba atómica en el empeine, como dice Ángel del Riego, seguramente desde Canales. Güller es el último intento y, a cambio, abre las puertas del mercado turco, siempre ansioso de legitimarse en la vieja Europa. En su presentación, mencionó a Guti, que es la quintaesencia del zurdo indolente y genial que todavía pervive en el imaginario madridista con la fuerza de un sebastianismo: el caudillo de los estetas que volverá sobre un caballo blanco, alado, llevando en el pie izquierdo una bota de mármol rosa. Comparte con él la palidez de su rostro y la poesía de sus pases filtrados, como con Özil la diéresis en el apellido, exotismo que hace pensar en mundos distantes y hermosos, desconocidos. Quizá Güller sí que sea el zurdo prometido que espera la grey madridista. Quizá el imperio que latía en Sahin florezca por fin con él, y dejemos de contarnos con lamento, por fin, las mil y una noches de Özil.

Buenos días, amigos. Nos está costando más de la cuenta sacar adelante los portanálisis de estos días, que vienen saliendo un poco más tarde de lo normal en el horario de invierno. Nos disculpamos y os ofrecemos una explicación, no sabemos si satisfactoria o no satisfactoria: vomitar cuesta trabajo, y evitar el hacerlo más aún.

En La Galerna se presume, desde su fundación, del uso de la ironía como antídoto contra la desvergüenza que lastra el fútbol español. Sucede que la ironía ya no da para más cuando la sinvergonzonería alcanza extremos incompatibles con la templanza, que es cualidad imprescindible a veces para hacer prevalecer el sarcasmo sobre la ira. ¿Cómo templarse, amigos? ¿Cómo contenerse? Solemos preferir acusar a alguien de haber cometido una felonía antes que llamarle felón. Pero ¿cómo abstenerse de llamarle directamente cafre o jeta cuando el tamaño y la frecuencia de las cafradas o las indecencias es ya insoportable? Llegados a cierto punto, ¿cómo no llamar desahogado al que objetivamente lo es, timador descarado a quien ejerce como tal, con jactancia de la propia condición de tramposo?

Dada la insistencia en la ejecución de sinvergonzonerías, y la repetición sistemática de declaraciones en las que hace ostentación de las mismas, ¿no pasa a ser, por mucho que uno repudie el insulto y la descalificación, poco menos que inevitable llamar sinvergüenza a Jan Laporta? ¿No es insoslayable preguntarse al menos si lo es, como hacemos en el titular de esta pieza después de pensárnoslo mucho? En obediencia a su libertad, y a su pacto con el sentir de sus lectores, La Galerna se pregunta hoy, en efecto, si Laporta no será por ventura un completo sinvergüenza.

Le avala el suministrador de imágenes de la liga al espectador y el VAR, personaje que luce siniestra calva por Can Barça al inicio de la pretemporada, como si el manifiesto conflicto de intereses fuese cosa de la que presumir. Se sabe además que la presunta palanca del personaje no fue en realidad aportada de manera real, y no pasa nada. Otro culé como Albert Soler deja prescribir el delito de corrupción del Barça, la UEFA le perdona a trueque de sabe Dios qué, y el tipo saca pecho diciendo que van a ganar la Champions. Se vanagloria también de haber arreglado asuntillos como la masa salarial de manera directa con el presidente de la Liga, ¡en casa de este último!, y lo hace dándoselas de gran estadista. Todo ello poco tiempo después de esperar dos meses para responder a la causa abierta por la fiscalía por haber comprado su club (con él al frente durante muchos años) al número dos de los árbitros, y hacerlo además arrojando mierda histórica (?) contra el Real Madrid y confundiendo deliberadamente informes de Negreira padre y Negreira hijo.

Son solo algunos ejemplos, en los que la portada de Mundo Deportivo abunda hoy. Decidnos si es posible no preguntarse a los cuatro vientos si este hombre no es el canalla más descarado que ha pisado el fútbol español, tan tradicionalmente concurrido por canallas.

Para terminar con la ronda de provocaciones, aparece también en Sport (aparece por todas partes) proclamando que su equipo es mejor que el del Madrid. En el remoto supuesto de que realmente lo fuese, ¿está en condiciones de presumir de algo quien construye exclusivamente sobre prebendas de dudosísima honorabilidad? ¿Cómo tiene la desfachatez de enorgullecerse de algo cuando el Barça sigue en Primera División gracias a las triquiñuelas de Soler, cuando se le ha perdonado la vida solo bajo el mantra de que su club de mafiosos “hace falta para la supervivencia de la liga”, y solo en virtud de eso se le deja hacer, se le deja fichar, se le permite pavonearse obscenamente mientras se ríe de todos?

Nosotros decimos que, si el fútbol necesita al Barça, y si necesitar al Barca es entregarle carta blanca para hacer lo que quiera impunemente, y encima cachondearse de todos en nuestra cara, entonces lo que no necesitamos es el fútbol español, y que ilusionarse en medio de este lodazal es imposible por muchos bellinghams y mbappés que vengan.

Pasad un buen día.

Hace tiempo que en las tertulias familiares sostenemos que Rudy es el jugador más completo de la historia del baloncesto español. No nos atrevemos a decir que sea el mejor, porque los baremos para medir estas circunstancias serían otros y, quizás, controvertidos. Pero no ha habido nadie en su posición ni en cualquier otra que haya tenido una influencia sobre el juego de tal calibre. No sólo en el Real Madrid, también en el equipo nacional, el escolta mallorquín se convirtió - hace tanto que ni siquiera me acuerdo - en un pilar muy sólido sobre el que se han levantado triunfos memorables.

Creo que nadie se atreverá a poner en duda la intuición y la rapidez de unos pies que se anticipan a cualquier movimiento ofensivo ajeno. Antes que ningún otro jugador, Rudy lee la táctica ajena para taponarla. Desde el lado débil, presionando la línea de pase, interceptando el balón en la segunda ayuda o robando el bote de cualquiera – exterior o interior-, Rudy ha mantenido esta temporada su pulsión defensiva capaz de contagiar a sus compañeros en esta tarea.

Durante los partidos de la Gran Remontada, entró desde el banquillo para cambiar el ritmo propio desde atrás, donde se empiezan a construir los títulos: desde la defensa.  Aun mermado, las exhibiciones en esta parcela de la cancha mantuvieron vivo al equipo hasta conducirle a la undécima Copa de Europa, el hito de una temporada cuya trayectoria presagiaba un vacío de títulos.

Hace tiempo que en las tertulias familiares sostenemos que Rudy es el jugador más completo de la historia del baloncesto español. no ha habido nadie en su posición ni en cualquier otra que haya tenido una influencia sobre el juego de tal calibre. No sólo en el Real Madrid, también en el equipo nacional

Sólo por esto y por el reconocimiento a tantos años de éxitos, Fernández merecía la confianza de un año más. Aunque, por supuesto, su contribución es mucho mayor y, con seguridad, más definitiva. Los nuevos madridistas están aprendiendo de primera mano la esencia del club, la fórmula magistral que le mantiene como el más laureado de la historia en los dos deportes de equipo más universales. Los noveles saben ahora lo que es sufrir, lo que significa no dar la causa por perdida, aunque la solución ni siquiera se atisbe. Porque, junto a los Sergios, Rudy ha mostrado las mejores dosis del espíritu madridista.

La temporada no ha sido fácil para el jugador más talentoso del equipo, Pablo Laso dixit. Con muchos problemas físicos, su aportación en ataque ha sido más irregular, si bien ha mantenido la proverbial visión de juego, la que concede al equipo contar con un director de juego más sobre el parqué. Esperemos que este año sea menos accidentada y que la regularidad le permita participar con más éxito en tareas anotadoras y de creación de juego. Y digo esto no sólo porque será beneficioso para la plantilla, sino porque nos permitiría vivir en 2024 la misma situación que, ahora mismo, estamos viviendo. Y es que jugadores como Rudy Fernández no tendrían que retirarse nunca.

 

 

Hola, amigos. Ya estamos todos. Tanto Real Madrid como Barça volvieron ayer a los entrenamientos, con sus nuevos fichajes, con algunas estrellas que ya estaban en sus plantillas y con determinadas ausencias, las de futbolistas que aún tienen permiso vacacional por parte de los clubes. O sea, que en realidad es mentira que ya estemos todos, pero si Laporta puede decir un día que Negreira cobraba por hacer informes verificables y al día siguiente que el Barça fue víctima de un fraude, sin que nadie aprecie la contradicción, no vemos por qué nosotros no podemos salirnos con la nuestra a través de la trola más descomunal que se nos ocurra.

En el seno del equipo culé se dieron el primer abrazo, por ejemplo, Íñigo Martínez y Xavi, y semejante acontecimiento es el argumento principal de las portadas de hoy en la prensa cataculé. “Máxima ilusión”, titula Sport junto al efusivo achuchón entre el Jardiner y su nuevo pupilo, que tiene tatuado el dial de Arquímedes en su brazo derecho. Sin querer entrar en spoilers indianescos, es posible que dicho hallazgo arqueológico en forma de tatuaje permita a la entidad culé viajar al pasado para poder seguir pagando a Negreira, ahora que ya saben que ese pequeño desliz no tendrá en el futuro ninguna consecuencia negativa.

A Íñigo Martínez muy mal se tiene que poner la cosa para que no le llamen Iñi, de igual modo que Xavier es Xavi, Puyol fue Puyi, Pedro es Pedri, Gaviria es Gavi, Abidal fue Abi y Busquets fue Busi. De hecho, y ya que mencionamos al héroe encarnado ahora en su quinta entrega por Harrison Ford, no es descartable que Indiana Jones sea culé, pues no en vano todo el mundo le llama Indy. Es una revelación que acabamos de parir, así, sin prepararla, propia quizá de los rigores de la canícula que recalienta la mente, y que nos ha dejado tan chafados como esperamos que os haya dejado a vosotros. Si nosotros hemos imaginado al Dr. Jones con barretina, en lugar de su célebre sombrero, vosotros también.

El Barça incorporará pues a Iñi, a Gundi y a cuales quiera otros nombres susceptibles de ser transformados y acabar en -i de aquí al 1 de septiembre, porque más restricciones que esa autoimpuesta de la -i no tiene. Laporta habla textualmente de la “nueva relación” con Tebas que le permite hacer lo que le sale de los cojones (esto en cambio no es textual, a la espera de que algún día lo sea), por lo que nada importa la masa salarial ni la madre que la parió. El Barça está pagando y va a pagar millonadas a Messi y ahora a Mirotic, pero eso no cuenta como masa salarial a la luz de la teoría de la dieta de los donuts caducados ya expuesta en esta sección. Habrá más fichajes, pues así lo ha solicitado Xavi y nadie le pondrá freno, ni siquiera el jeque que pronto se hará con la propiedad del FC Barcelona y que a buen seguro ya está otorgando préstamos a la institución que pronto será de su propiedad para mayor gloria de la República Arábiga de Catalunya, cuyo ejército desarmado y financieramente dopado seguirá siendo el club blaugrana.

Pero no todo son fichajes nuevos. Estarán también los que ya formaban parte del equipo, como Lewi, Pedri, Stegi, Closigomi, Herni Herni o Rouri. Rouri, sí, sí, que no en vano el magnate de la comunicación que depositó un aval y una palanca de pega para que todo el mundo mire para otro lado, y que es el creador del relato filoculé y antimadridista que del fútbol patrio llega a la gente, fue el primero en personarse en las instalaciones (?) culés para el inicio de la pretemporada, como uno más. En serio, se presentó, con luz y taquígrafos. ¿Acaso aquí hay algo que ocultar? Como uno más, ya decimos. Qué humildat. Como si no fuese el más importante.

La prensa deportiva madrileña, por su parte, refleja la vuelta al trabajo del Madrid, personificada por As en Jude Bellingham. El inglés ilusiona, evidentemente, aunque lo que de verdad nos ilusionaría a todos es un nuevo CTA y el peso de la justicia cayendo sobre el Barça.

¿No os decíamos que el calor sofocante del estío crea espejismos en la mente humana?

Pasad un buen día.

Un día como hoy, un 11 de julio de 1974, el delantero Roberto Martínez firmó su contrato y fue presentado en el Santiago Bernabéu como jugador del Real Madrid. El futbolista hispanoargentino procedía del RCD Español, en el que destacó durante tres campañas.

Nacido en Mendoza (Argentina) el 25 de septiembre de 1946, fue uno de los jugadores calificados como oriundos que desembarcaron en el fútbol español a finales de los 60 y 70. En aquella época existió mucha polémica porque estaban las fronteras cerradas para extranjeros en el balompié nacional, pero si eran futbolistas con antecedentes familiares españoles sí se podían fichar. Fue entonces cuando surgieron numerosos pasaportes falsos o documentos inventando parientes para poder conseguir la vía libre hacia el fichaje. El caso de ‘El timo de los paraguayos’ provocó la cancelación de numerosas contrataciones y que algunos jugadores estuvieran investigados.

También Roberto Martínez estuvo en la picota durante un tiempo, sobre todo al llegar al Real Madrid. Anteriormente había sido internacional con la selección española en tres ocasiones, pero más tarde se puso en duda su pasaporte. Incluso, la Real Sociedad llegó a impugnar el acta de un partido en 1974 en uno de los primeros choques que disputó Martínez con la camiseta blanca en Liga. El caso se conoció internacionalmente y la FIFA pidió a la Federación española que el jugador no volviese a ser convocado con la selección. Finalmente se constató que los cuatro abuelos del futbolista habían nacido en España.

El hispanoargentino era un jugador alto, desgarbado y de largas piernas que podía jugar tanto en punta como en el extremo derecho. Aportaba mucho trabajo, presión y batalla, no dando nunca un balón por perdido. Potente por arriba, dada su gran estatura, era un atacante muy eficiente de cara al gol que sabía situarse con oportunismo y astucia en el lugar indicado. Se le conocía con el apodo de ‘Pipi calzas largas’ por sus extensas y flacas piernas, como la protagonista de la célebre serie de televisión sueca que se emitía en aquellos años.

Comenzó jugando en su país natal militando en Nueva Chicago, Huracán Las Heras, Unión de Santa Fe y Banfield. Su carrera entró en una nueva dimensión al viajar a España y firmar por el RCD Español que dirigía José Emilio Santamaría. En el cuadro periquito integró una interesante delantera junto a Solsona, Amiano, José María y Pepín que gozó de buenos años en el panorama nacional. Se destapó como un ariete con facilidad para anotar (tercer máximo artillero liguero con 14 tantos en la 1972-1973) y así llamó la atención de grandes clubes.

Su primer curso fue espectacular logrando 22 tantos, su mejor cifra goleadora en la liga española. Luego sus números bajaron pero concluyó su etapa madridista con 61 goles en 191 partidos oficiales. Muy recordado es un partido suyo contra el Sevilla en las semifinales de Copa en el que salió aclamado tras marcar una diana y asistir a Aguilar cuando el Real Madrid estaba con diez hombres por lesión de Sabido

A mediados del mes de mayo se publicaron las informaciones del interés del Real Madrid sobre Roberto Martínez. Pero no era el único equipo que perseguía su contratación sino que el Atlético de Madrid también estaba al acecho. El equipo blanco fue claramente superado por el Barça de Cruyff y Michels en Liga y buscó la manera de reforzarse de manera importante. Para ello y según declaró el gerente Antonio Calderón “estaba dispuesto a gastarse quinientos millones de pesetas en fichajes”. Además, también llegó un nuevo técnico, el yugoslavo Miljan Miljanic.

El día 25, el presidente del RCD Español, el señor Meler, confirmó que había recibido ofertas por varios de sus jugadores y admitía que era probable la salida de Roberto Martínez del cuadro catalán. La operación se cocinó a fuego lento pero el Real Madrid cogió la delantera respecto al rival de su ciudad. El 2 de junio, en un partido de 1/8 de Copa ante el Sant Andreu en Sarriá, el delantero hispanoargentino que era adorado por el público españolista fue pitado porque ya se intuía su marcha. Roberto Martínez se mostró dolido y explicó a los medios tras el encuentro que “nunca he dicho que quisiera irme del Español”.

 Algunos medios como ‘MARCA’ daban a mitad de junio por cerrado el fichaje de Martínez por el Real Madrid “aunque se desmienta”. Se decía que en cuanto el RCD Español cayese en la Copa, el jugador viajaría a Madrid para la revisión médica. Sin embargo, todo se acabó retrasando hasta julio. El día 9, los dos clubes llegaron a un acuerdo a través del presidente españolista Meler y el gerente merengue Antonio Calderón. El diario ‘As’ informó que el precio de la operación era de 15 millones de pesetas y que no habría trueque ninguno ni otros jugadores incluidos. Pero todavía faltaba la conformidad del delantero que se encontraba de vacaciones.

Un día después, se conoció la respuesta afirmativa del hispanoargentino que viajó a la capital para presentarse y pasar las pruebas médicas. Sus primeras palabras la mañana del día 11 fueron que “sinceramente, me ha extrañado venir al Madrid” pero a la vez que “es maravilloso”. Y confirmó que “me enteré del fichaje ayer en la playa mallorquina”. Además, aseguró que “con Santamaría nunca tuve roces; con la afición, sólo en un partido” y que “económicamente he salido muy beneficiado con el traspaso”. Por la tarde realizó el reconocimiento al que le sometió el Doctor Neyra y tras comprobar que todo estaba en orden firmó por tres temporadas.

Cinco días más tarde se incorporó a la disciplina blanca y a los entrenamientos de Miljanic. Al final, su estancia en el club blanco no fueron tres campañas sino el doble, seis. La idea del entrenador era utilizarlo mucho fuera de casa pero congenió y se compenetró muy bien con Santillana por lo que se convirtió en un jugador con muchos minutos. Podía salir compartiendo ataque con el cántabro o siendo un revulsivo en las segundas partes cuando el equipo necesitaba el gol o más presencia ofensiva.

Su primer curso fue espectacular logrando 22 tantos, su mejor cifra goleadora en la liga española. Luego sus números bajaron pero concluyó su etapa madridista con 61 goles en 191 partidos oficiales. Muy recordado es un partido suyo contra el Sevilla en las semifinales de Copa en el que salió aclamado tras marcar una diana y asistir a Aguilar cuando el Real Madrid estaba con diez hombres por lesión de Sabido. También es célebre un encuentro de la ida de las semifinales Copa de Europa ante el Bayern Munich en 1976, en el que literalmente se partió la cara. En un balón aéreo saltó con Maier y un golpe con el cancerbero alemán le produjo la fractura de los huesos propios de la nariz. Acabó el partido sangrando y con varios apósitos que no terminaban por parar la hemorragia nasal. En 1980 retornó al equipo periquito para colgar allí las botas y tras conseguir una magnífica cosecha de títulos en la casa blanca: 5 Ligas y 2 Copas.

 

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