Buenos días, amigos. La actualidad del día viene fraccionada en diferentes asuntos heterogéneos. Sin embargo, todos y cada uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis coinciden en otorgar un espacio esencial en sus portadas a la final de la Nations League femenina que disputan esta tarde, a partir de las 19, las selecciones de España y Francia.
"¡Que siga la fiesta!", titula As, y casi nos atreveríamos a matizar que lo que debe hacer la fiesta no es tanto seguir como empezar, dado que ni siquiera el triunfo inigualable en el Mundial ha sido aún celebrado como merece por culpa de polémicas que han lastrado el gran impulso que dicho título debería haber otorgado al fútbol femenino en España. Aunque La Galerna como tal no tiene más patria que el Real Madrid, lo cierto es que la mayoría de los que la hacemos somos españoles y deseamos el triunfo de España, que es probablemente la selección a la que se refiere en la portada de As Renard cuando habla de "la Roja" (sospechamos que el apelativo es de As y no de Renard, aunque entrecomillen sus palabras): "La Roja es un equipo increíble". No lo ponemos en duda. Y España también.
De manera que vamos a ver si -tras el logro del Mundial, la clasificación para los JJOO y ojalá esta noche la Nations League- la fiesta puede empezar de una bendita vez.
Marca divide su atención entre la final nationsliguera de las mujeres y los videos sobre árbitros de RMTV, de los que asegura que "seguirán adelante". Obvio. ¿Por qué habrían de parar?
Vamos a señalar una serie de puntos que nos parecen importantes respecto a los célebres videos.
Os dejamos con las otras dos portadas del día, no sin antes desear toda la suerte a la selección española femenina de fútbol en la final de esta tarde.
Pasad un buen día.
Hay una antigua máxima del espectáculo que dice que los viejos rockeros nunca mueren. Tenemos muchos ejemplos para atestiguar que es así. E incluso algunos aficionados llegan aún más lejos y sostienen que Elvis cada día canta mejor. Pero sin tener que llegar a la apología o al fariseísmo, todos estamos de acuerdo en que muchas estrellas aún siguen vigentes a una avanzada edad. Pues bien, Luka Modrić es uno de esos viejos rockeros que renuncian a jubilarse. El pasado domingo el croata se sacó de la chistera uno de esos disparos frontales desde fuera del área donde sin espacio para maniobrar es capaz de chutar con fuerza y precisión. Imposible para Ørjan Nyland. Golazo manifiesto de Modric que hizo justicia. El Real Madrid merecía la victoria ante un Sevilla Fútbol Club que vino con el autobús colgado del larguero.
En líneas generales, me gustó bastante el Madrid a pesar de las bajas. Costó conseguir los tres puntos pero el equipo hizo de todo para ganar, palos de Valverde incluidos. La victoria ante el Sevilla era importantísima. Desde el punto de vista clasificatorio, el equipo sigue sumando victorias. En el anímico, mucho más importante, ganar al Sevilla evita un más que posible estancamiento tras el empate ante el Rayo Vallecano de la semana pasada. Dos empates consecutivos nunca son pájaro de buen agüero. Hay empates y empates, véase el ejemplo frente al Atlético de Madrid como uno bastante infortunado, que entran dentro de lo previsto, pero los últimos dos partidos no eran encuentros donde el Madrid mereciera conseguir un punto. Si en Vallecas un arbitraje permisivo sacó del partido al Madrid con un penalti más que discutible y continuos parones con faltitas que se veían premiadas sin tarjetas, el partido del pasado domingo volvimos a asistir incrédulos a un nuevo arbitraje tan horroroso que no sabemos si pertenece al terreno de lo intolerable o estancias más inmorales.
El Real Madrid merecía la victoria ante un Sevilla Fútbol Club que vino con el autobús colgado del larguero
Este año el tema del arbitraje da para una sesión de terror o evento paranormal. Si te lo tomas con distancia, como aconsejaba hacer Woody Allen con las tragedias, hasta le encuentras cierta gracia macabra a tanto despropósito. Ya en la primera vuelta en Nervión sufrimos un arbitraje dantesco que anuló un gol legal por una falta inexistente y un fuera de juego que hace dudar del equipo que tira las líneas desde la sala VAR. No obstante, la participación del colegiado Díaz de Mera el pasado domingo ya no sé ni cómo calificarla. No puedo creer que anulara, VAR mediante, el primer gol de Lucas Vázquez. Sinceramente, no entiendo que anulase ese gol. Si lo de Nacho a En-Nesyri es falta, ¿qué fue un posterior codazo de éste a Nacho? ¿Ahí no entra el VAR? ¿Es una jugada gris? ¿No hay zoom en la realización? ¿Y el codazo de Ocampo a Lucas Vázquez? Decisiones tan variopintas te pueden costar un título perfectamente. Todos nos acordamos cómo ante el Sevilla en el estadio Alfredo Di Stéfano nos birlaron un gol legal y se inventaron una mano de Militao. Y todos recordamos cómo acabó esa liga.
En mi opinión, no solamente las jugadas tan descaradas como los penaltis, los fueras de juegos o los goles anulados son las que pesan. También pesan esas faltas continuas sin pitar, las tarjetas amarillas a jugadores nuestros por nada y ver a especímenes contrarios lucir palmito por todo el campo durante todo un partido cometiendo obscenidades. El máximo ejemplo de esto fue la reacción de Toni Kroos el pasado domingo cuando el árbitro toleró un empujón a Brahim Díaz en el pico del área del Sevilla y justo un encontronazo después de Toni Kroos para luchar por el balón fue sancionado con falta. El bueno de Kroos no daba crédito a la decisión de Díaz de Mera y este ni corto ni perezoso le sacó una amarilla por su protesta airada. Poco pasa. El aficionado que asiste a este horrendo espectáculo se siente identificado con el alemán. Es más, ¿es justo que de un tiempo a esta parte los colegiados tengan tanta importancia? Sospecho que poco favor le hacemos al espectáculo cuando son las decisiones arbitrales las que ganan tanto foco.
tiene todo el mérito del mundo lo que está sacando esta temporada el Real Madrid sin ocho titulares en la mayoría de sus partidos. Sin lugar a dudas, si algo recordaremos de la temporada 2023/2024 es la proeza de una plantilla plagada de lesiones de larga duración que se supo sobreponer a todas adversidades e hizo de la necesidad virtud
El próximo sábado tenemos cita en Mestalla. Ir a jugar a Valencia siempre es complicado y más esta temporada que el equipo de Baraja ha crecido muchísimo. Un equipo lleno de canteranos que comandados por su entrenador está realizando una temporada admirable. Y además, la vuelta de octavos de Champions ante el R. B. Leipzig siempre es un arma de doble filo. Es inevitable tener la cabeza en ella. Por todo ello es admirable la conducta de la plantilla. Para mí, tiene todo el mérito del mundo lo que está sacando esta temporada el Real Madrid sin ocho titulares en la mayoría de sus partidos. Sin lugar a dudas, si algo recordaremos de la temporada 2023/2024 es la proeza de una plantilla plagada de lesiones de larga duración que se supo sobreponer a todas adversidades e hizo de la necesidad virtud. Señores futbolistas de la primera plantilla del Real Madrid, me quito el sombrero ante vuestra profesionalidad. Y muchas gracias.
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El gran artista canadiense, Harold Foster, que se hizo famoso en los años 30 del pasado siglo gracias a sus historietas sobre Tarzán, publicadas en King Features —propiedad del magnate William Randolph Hearst— creó su célebre personaje del Príncipe Valiente (“Prince Valiant in the Days of King Arthur” fue el título original completo) en febrero de 1937, y durante 1788 semanas, hasta 1971, se publicaron sus tiras de página completa. Uno de los mejores cómics de toda la historia universal, bajo la pluma elegante y estilizada de Foster. Posteriormente a 1971, se siguió publicando, con menos calidad, por otros autores como John Cullen Murphy.
Valiente, hijo del rey de Thule, tras salvar la vida de sir Gawain, del que era fiel escudero, acabó por convertirse en uno de los caballeros de la Tabla Redonda del rey Arturo en el reino de Camelot.
Nuestro Luka Modric (que nos dure mucho más tiempo) llegó a Madrid merced al buen ojo de José Mourinho, en el verano de 2012, en una época en la que nuestro amado club se batía contra el poder del dragón azulgrana, prácticamente imbatible por su propio poderío y por la ayuda estimable que recibía desde las esferas arbitrales de los siniestros despachos del CTA en Las Rozas, al menos desde 2001.
Como Valiente, Modric tuvo que hacerse un hueco primero en las alineaciones de un equipo recién proclamado campeón, en la célebre Liga de los Récords, y hacer frente a una serie de lamentables comentarios cocinados en lo más hediondo del periodismo, que le discutía su calidad desde el primer minuto de su llegada.
Muchos recordamos su histórico gol en Old Trafford, en la primavera de 2013 cuando, tras un escorzo soberbio, perforó la meta de David de Gea, en el momento en que la sombra del fracaso se cernía sobre un Real Madrid huérfano de noches legendarias en Europa. Valiente, además de sus infatigables batallas en favor de su soberano Arturo, también tuvo que combatir por varios continentes, incluyendo África y América, contra variados enemigos como los hunos o los sajones, además de elementos sobrenaturales como los “monstruos de los pantanos”, perversas brujas y hechiceros diversos, como el malvado Morgan Le Fay.
Como Valiente, Modric tuvo que hacerse un hueco primero en las alineaciones de un equipo recién proclamado campeón, en la célebre Liga de los Récords, y hacer frente a una serie de lamentables comentarios cocinados en lo más hediondo del periodismo, que le discutía su calidad desde el primer minuto de su llegada
Tan solo un año después de su gol al United llegó la mejor y más deseada conquista de Luka: la Copa de Europa, un 24 de mayo de 2014. Aquel día, Modric/Valiente encendió las luces en un escenario cubierto de siniestras tinieblas, al borde de un abismo espeluznante donde estuvo a punto de fenecer el reino completo de Camelot, pese a los titánicos esfuerzos de los más prestigiosos caballeros de la Tabla Redonda. Su acción en aquel minuto 92 con 48 segundos permitió cambiar las tornas de una derrota que parecía segura y que hubiese dado paso a un futuro sombrío y tenebroso, en el cual habría sido irrespirable la vida para todos los seguidores madridistas del mundo entero. Un toque mágico y preciso en el mejor momento posible, una estocada eficaz que fue el preludio para contemplar el final de una irreductible Hidra de Lerna, bestia mitológica multicéfala, que realmente pareció inmortal aquella tarde noche lisboeta.
Aquella hazaña, solo al alcance de un elegido como Luka Modric, precedió a la conquista de la Décima Copa de Europa para el Real Madrid media hora más tarde, un hito tan imponente como vital, como lo fue para Valiente la conquista del amor de Aleta, la reina de las Islas Brumosas, que se convirtió en su esposa y madre de sus hijos, un poco como la Décima fue la madre de sus tres hijas seguidas, logradas en Milán, en Cardiff y en Kiev, y de su hija más pequeña, que tardó unos pocos años más en llegar, ya en París 2022.
Sigue cabalgando, Luka, como el Príncipe Valiente, defendiendo las buenas causas con tu destreza y con tu sabiduría
En esas 5 finales, Luka empezó de inicio en cada una de dichas batallas decisivas, como tan solo pueden presumir otros dos excelsos caballeros como Carvajal y Karim Benzema. Y es que Luka parece inmortal, ya camino de sus 39 años, luciendo siempre una figura sin un gramo de grasa y que, pese a su aparente fragilidad, demuestra una forma física que le permite seguir comandando de manera férrea a sus tropas croatas (una final de Mundial en 2018 y un tercer puesto en 2022, al frente de un país de apenas 4 millones de habitantes) y protagonizar acciones tan heroicas como la que contemplamos a las 22.40h del pasado domingo 25 de febrero, en la que calcó su gol mancuniano 11 años después.
Para la historia queda que este último trallazo ante el Sevilla, de una belleza estética prácticamente inigualable, es el gol anotado por el jugador más veterano (tras uno de Puskas en 1966, a sus 39 años y 15 días) de la historia del Real Madrid: 38 años y 169 días. La eterna juventud de nuestro héroe de Zadar, similar a la de Valiente, que conserva su lozanía en los cómics de Harold Foster año tras año, se demuestra al ver su forma de celebrar como un alegre colegial todos sus goles (ya logró 39 en el club). Si Luka se queda un año más en el Madrid, a partir del próximo 18 de octubre de 2024, cuando tenga 39 años y 38 días, tendrá el increíble honor de batir el récord de longevidad del mítico Ferenc Puskas, que jugó su último partido de blanco el 8 de mayo de 1966, a sus 39 años y 37 días.
Ojalá podamos seguir viviendo algunos meses más las aventuras de este príncipe del fútbol, el único jugador en activo en Europa que posee un Balón de Oro (logrado en 2018), ojalá le veamos alzar su 6ª Copa de Europa y que pueda igualar a nuestro mito Paco Gento, nadie se merece un honor semejante más que él. No queremos pensar en su retirada del club en el próximo mes de mayo, ya que las lágrimas del Santiago Bernabéu podrían llegar hasta el mismísimo techo retráctil que tanto nos gusta.
Sigue cabalgando, Luka, como el Príncipe Valiente, defendiendo las buenas causas con tu destreza y con tu sabiduría.
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Las noches mágicas del Bernabéu en las que el Madrid completa remontadas impensables son tan connaturales al club de Concha Espina como su escudo redondito y el color blanco.
Los amigos de fcQuiz han diseñado un cuestionario de ocho preguntas para poner a prueba tus conocimientos acerca de estos partidos históricos.
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“Haced muchas faltitas, faltitas" —decía Unai López a sus compañeros del Rayo que estaban a punto de entrar al terreno de juego para sustituirle—. “Que no os las van a pitar” —casi le faltó añadir. No digamos ya sacarles tarjetas.
El Rayo-Real Madrid de hace dos domingos a las dos de la tarde (¿quién pone un partido un domingo a las dos de la tarde?, me permito preguntar retóricamente) acabó 1-1 en el apartado goleador y 4-3+1 en el apartado disciplinario, donde el conjunto de Carlo Ancelotti estuvo mucho más eficaz al ver la mismas cartulinas que el equipo vallecano (3 amarillas y una roja) habiendo realizado tan sólo 7 faltas, por 17 del equipo rival. Puede parecer circunstancial pero lo cierto es que no lo es. En los últimos partidos del Madrid en Vallecas, las estadísticas son similares: el Rayo doblando en faltas al equipo merengue y obteniendo un número similar, a veces incluso inferior, de tarjetas amarillas. Y de este factor se saca rédito en el resultado del partido: un empate y una victoria en las dos últimas visitas del equipo blanco a su campo.
Contra el Sevilla, el partido discurría por los mismos derroteros hasta que algo ocurrió al margen de la voluntad del CTA: la lesión de Díaz de Mera Escuderos provocó la entrada en el campo del colegiado de 1ª RFEF Fernández Buergo y el insólito hecho en la liga española de que el Madrid recibiera un arbitraje decente, algo que sólo tiende a ocurrir cuando el Madrid disputa una competición ajena a este país.
Negreira se fue, sí, pero su espíritu pervive. Si bien los tuiteros expertos en estadísticas hicieron bien en buscar y hallar esas anomalías estadísticas que demostraron en su día que el Madrid jugaba con otras reglas en esta competición, los colegiados han sabido adaptarse a los tiempos que corren para hallar técnicas y métodos de adulteración de los partidos y resultados sin necesidad de que dichas estadísticas llamen en exceso la atención. De hecho, según varios de los que llevan años recolectando estos datos, los saldos arbitrales de Madrid y Barça se han igualado en las últimas temporadas, coincidiendo con la salida de Negreira y la instauración de un “nuevo” orden en el CTA.
Negreira se fue, sí, pero su espíritu pervive. Los colegiados han sabido adaptarse a los tiempos que corren para hallar técnicas y métodos de adulteración de los partidos y resultados sin necesidad de que dichas estadísticas llamen en exceso la atención.
A ningún madridista le es ajena la dinámica que han tomado los encuentros ligueros del Real Madrid en los que cosen a los nuestros a entradas, patadas y empujones y la primera amarilla termina viéndola uno de los de blanco. Tampoco le es extraño al público madridista comprobar como a partir del minuto 70 y cuando el resultado del encuentro deja de ser incierto, los rivales comienzan a ver unas cartulinas que llegan unos 50 minutos tarde, cuando ya son intrascendentes.
Los rivales, evidentemente, lo saben y juegan con eso. Están en su derecho, faltaría más. No es tan problema de quien se pasa las reglas por el forro, sino de quien está obligado a asegurarse de su cumplimiento y hace la vista gorda. Contra el Real Madrid, los equipos contrarios saben que pueden realizar todo tipo de “faltitas” para detener el avance del equipo blanco. Saben que pueden empujar a Vinicius después de que ya haya soltado la bola. Saben que pueden pisar a Bellingham después de que este haya dado el pase. Saben que pueden hacer uso de cualquier tipo de entrada para derribar a Camavinga en carrera, pues parece ser que el nuevo reglamento interno del CTA prohíbe explícitamente señalar faltas sobre el francés para compensar así su insultante superioridad física sobre los rivales.
No es tan problema de quien se pasa las reglas por el forro, sino de quien está obligado a asegurarse de su cumplimiento y hace la vista gorda. Contra el Real Madrid, los equipos contrarios saben que pueden realizar todo tipo de “faltitas” para detener el avance del equipo blanco
Esta permisividad adultera tanto el devenir del encuentro como un penalti no pitado o una expulsión perdonada porque, si bien estas son jugadas que tienden a pervertir el resultado del mismo, la tolerancia selectiva de los colegiados permite a los equipos realizar un planteamiento que no se puede permitir en ningún otro partido de la misma competición y que desquicia a los jugadores del equipo agredido.
Está en el libro de derechos (y costumbres) de cada aficionado madridista demandar un nivel más elevado de juego colectivo e individual de los jugadores que defienden nuestra camiseta, pero, como jugador que he sido y que ha sufrido en sus propias carnes la corrupción arbitral (en mi caso a nivel provincial), puedo asegurar y aseguro que cuando un jugador está en el campo y percibe que el arbitraje está siendo claramente parcial y sesgado, cuando las mismas entradas que se pitan a un lado no se pitan al otro, cuando la misma tarjeta que se saca a un jugador no se saca al de camiseta contraria, es muy difícil mantener la concentración inicial del partido y uno tiende a desquiciarse.
La injusticia y, sobre todo, la impotencia derivada por la misma altera, queramos nosotros o no, el estado emocional del jugador, al que es difícil pedirle que rinda como en condiciones normales. Igual que no se le puede exigir la misma velocidad punta en un sprint a un jugador en el minuto 1 que en el minuto 89, tampoco se le puede exigir a un jugador desquiciado que juegue con la misma soltura y confianza que cuando su estado de ánimo está templado. Los entrenadores tienden a pedir combatir este tipo de situaciones con fútbol, pero es muy difícil desarrollar el modelo de juego al que el equipo acostumbra cuando el arbitraje permite que el planteamiento rival corte el ritmo del mismo continuamente y ni siquiera se obtenga la esperable ventaja que puede dar una tarjeta al rival con la que buscar las cosquillas a los jugadores amonestados.
Esta permisividad adultera tanto el devenir del encuentro como un penalti no pitado o una expulsión perdonada
Me he permitido la licencia de coger el disfraz de Maketo Lari al ver una estadística que compartió hace poco con motivo de esta polémica (el Madrid es el tercer equipo con peor saldo de expulsiones de esta liga a pesar de ser el equipo con mejor saldo de faltas: -117) para bucear en el mundo de la estadísticas y me he encontrado algunas otras anomalías, de esas que sólo se dan en las competiciones patrias, y que considero tan extrañamente familiares como reseñables:
No quise seguir registrando estadísticas de esta índole porque las mencionadas bastaban por sí solas para avalar la hipótesis y porque tampoco era cuestión de aumentar la hinchazón de mis carótidas de una manera tan gratuita. Todo esto se traduce en el dolor de muelas que suele suponer sentarse a ver un partido liguero del club de nuestros amores y encontrarnos con el típico encuentro trabado, sin ritmo, en el que vemos a un jugador de los nuestros por los suelos cada minuto y en el que la propuesta ofensiva del equipo rival brilla por su ausencia, salvo por algunas de esas contras tan criticadas cuando el que las hace es el equipo vikingo.
Contra el Sevilla fue especialmente llamativo el cambio de arbitraje, pues Díaz de Mera sacó 2 amarillas al Real Madrid y permitió varios contactos sin sancionar falta al Sevilla, codazo que provocó un moratón en el ojo de Lucas incluido; mientras que en el poco tiempo que estuvo, Fernández Buergo controló totalmente un partido que venía bastante caliente limitándose únicamente a señalar las faltas que se cometían y sacar las amarillas pertinentes. Sacó 3 al Sevilla en apenas 30 minutos y ninguna al Real Madrid. Aciago futuro se le augura en el arbitraje español profesional.
Este tipo de planteamientos cada vez serán más recurrentes en los encuentros nacionales que encare el Real Madrid. Cabe preguntarse, o más bien preguntarle a los responsables, si es conveniente entorpecer el espectáculo de los partidos del club con más aficionados en este país (y por tanto el que mayor beneficio económico puede reportar a la liga), y que con mayor grandeza y dignidad representa a España en las competiciones internacionales.
Cabe preguntarse si es normal que las principales estrellas de esta liga (Vinicius y Bellingham) vean más amarillas por protestar que los jugadores que viven de lesionarlos
Cabe preguntarse si es lógico que las estrellas que consigue atraer el Real Madrid a la liga española cada vez tarden menos en cuestionarse si no habrían hecho mejor en irse a otra liga. Cabe preguntarse en qué otra liga del mundo se podría ver a Toni Kroos y Carlo Ancelotti recibiendo una tarjeta amarilla por protestar absolutamente exasperados las incomprensibles decisiones arbitrales que se toman en España.
Cabe preguntarse si es normal que las principales estrellas de esta liga (Vinicius y Bellingham) vean más amarillas por protestar que los jugadores que viven de lesionarlos. Tras tantas cuestiones que caben preguntarse, ya no atisbo a preguntarme si merece siquiera la pena competir en semejante liga.
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Buenos días, amigos. La cosa es más o menos como sigue.
1. Netflix está haciendo una docuserie sobre Vinícius.
2. Dentro de dicha serie, Netflix planeaba mandar un equipo a Mestalla, donde el Madrid juega este fin de semana ante el Valencia.
3. Finalmente, el Valencia ha prohibido la entrada de las cámaras de Netflix, pero no porque tenga nada que temer respecto a lo que las cámaras puedan captar en cuanto al recibimiento a Vinicius por parte de las huestes locales, no, no, no, no, ni mucho menos. No es por eso, mal pensados. Será por otra cosa. ¿Cuál? No sabemos. Por otra. Porque el club "no tiene nada que ganar" con esta docuserie, dicen que ha dicho. Quizá limpiar la propia imagen no sea "nada que ganar". Quizá temen que lo que las cámaras de Netflix puedan recoger no ayudaría precisamente a limpiarla. Tan cierto es que Valencia es una ciudad maravillosa repleta de gente fantástica como que su principal club de fútbol tiene un serio problema con la facción más radical (y sí: racista) de su masa social.
La coartada esgrimida por el fanzine Superdeporte, que en los últimos tiempos se ha destacado de manera especialmente repugnante e irresponsable en una campaña de acoso a Vinicius vergonzosa, dice que el Valencia no permite la entrada de Netflix a Mestalla porque temen "la elaboración de un relato alejado de la realidad". Lo cierto es que las cámaras no elaboran relato alguno. Las cámaras se limitan a captar la realidad. Lo que teme el Valencia no es, pues, ningún relato. Lo que teme el Valencia es la realidad, o al menos, con su oscurantismo, con su opacidad, pone en bandeja la posibilidad de que lo pensemos. ¿Tiene el Valencia derecho a vetar el acceso de las cámaras? Por supuesto. ¿Tenemos los demás derecho a interpretar esa opacidad como estimemos oportuno? Obvio.
En el afán por hacer ver que alguien malo, malísimo, quiere elaborar un relato que deja fatal a la ciudad de Valencia (en lugar de preocuparse de mejorarla atajando el racismo de raíz), hay quien ha llegado a afirmar que Netflix tenía previsto contratar "figurantes" que se hiciesen pasar por racistas en Mestalla para proyectar esa mala imagen y que Netflix la inmortalizara.
Que sí. Que esto ha sido dicho. Hay últimamente a orillas del Turia delirios propios de Syd Barrett en los primeros años de Pink Floyd, pero sin el talento del músico británico, claro.
Lo que aquí se nos revela, merced a la sagacidad de este periodista de querencia ché, es rigurosamente cierto. La Galerna ha podido saber que siete mil extras o figurantes estaban ya contratados por Netflix para hacerse pasar por racistas en las gradas de Mestalla. ¿Quién le devuelve ahora a esta gente la ilusión que había puesto en su bocata de chorizo, sus quinientas pesetas y su tarde en el fúrgol, a trueque simplemente de corear unas cuantas consignas xenófobas?
Un último apunte para este ultravalencianismo desatado y desatinado que de manera chocante se indigna más porque alguien resalte la existencia de nazis en sus filas que por la propia existencia de dichos nazis. El apunte es claro: no todo acoso es racista o, en otras palabras, hay formas de acosar que incitan a la violencia sin ser xenófobas. Cierto (no todo) valencianismo sociológico y mediático parece obtener algún confort por el hecho de que sus insultos a Vinicius no sean racistas. Están llegando a presumir de que no lo son. Llamar literalmente tonto a un futbolista en portada, como Superdeporte ha llegado a hacer, es espolear a las masas contra una persona concreta, haya o no haya componente xenófobo.
Que además, en muchos casos, existe.
Os dejamos con el resto de portadas.
Pasad un buen día.
En su manual de 50 secretos mágicos para pintar, Dalí les decía a los jóvenes pintores que la instrucción más importante de todas era un verbo conjugado en imperativo: ¡pintad! Del mismo modo Luka Modric pareció decirle el domingo por la noche, cuando saltó al campo, lo mismo a Arda Guler, que estaba allí en la banda mirándolo en representación de la juventud del talento mundial: ¡juega!
Como los genios como Dalí o Modric son inimitables, parece imposible fundar sobre su inmenso y disparatado talento ningún tipo de escuela. En esencia, son resplandores que ciegan. Crean todo un mundo de belleza colosal a su alrededor y lo único permitido a los mortales es disfrutarlo. Para entenderlos hay que esperar a que, como decía Hegel, anochezca y entonces levante el vuelo la lechuza de Atenea.
Modric amaneció para el Madrid con un trallazo remoto en Manchester y, del mismo modo, su crepúsculo, una herida luminosa abierta en el costado de la Liga, fue otro obús en el Bernabéu para encarrilar el título número 36. Ese sentido de la circularidad es tan madridista que lo inscribe dentro de la dorada tradición histórica de un club que está hecho de una obsesión demente por el futuro. La posteridad y el ayer son las dos caras de un mismo palimpsesto.
Con los años, el fútbol de Luka Modric se ha ido haciendo tan sobrio, conciso, mínimo e incluso místico como el gótico marítimo catalán, inclinado a lo esencial por la presencia constante y próxima de la infinitud del mar. Para Modric, el infinito es el Real Madrid, esa extensión inabarcable y majestuosa de grandeza, un horizonte abierto por el que dejar correr la imaginación sin encontrar detrás ningún límite. El gol al Sevilla es el ejemplo. Realiza en un movimiento lo que la práctica totalidad de los futbolistas profesionales del mundo habrían hecho en dos: el control y el acto de perfilarse, es decir gana un tiempo precioso con un gesto con las piernas que es pura decantación cinética de siglos. Es lo que le permite accionar la pierna y golpear el balón sin oposición alguna. Su poderosa musculatura y el toque divino de su pie derecho consiguen el resto.
Para Modric, el infinito es el Real Madrid, esa extensión inabarcable y majestuosa de grandeza, un horizonte abierto por el que dejar correr la imaginación sin encontrar detrás ningún límite
Un gol que es toda una culminación artística, un clímax. Luego apareció dos o tres veces, siempre con pocos toques, haciendo de su colocación en el campo la herramienta de trabajo fundamental. Saber colocarse, por ejemplo, es media tauromaquia. Este Modric crepuscular de los últimos años tiene bastante de sabio del toreo, le podríamos llamar el II Papa Blanco, el sucesor de Ricardo Torres Bombita pero sólo de nombre: la suerte nos ha conservado a Luka sin graves lesiones, a diferencia del famoso torero sevillano, y con su eruditísimo conocimiento del juego, es el futbolista largo, ancho y profundo de nuestro tiempo, por no decir de todos los tiempos.
Cuesta imaginarse a un centrocampista como él en el fútbol que vino antes. Modric es como la síntesis del balompié previo a su irrupción en la élite, un Di Stéfano de la medular, narrador omnisciente del intríngulis de los partidos. Domina todas las suertes, es capaz de dominar a todos los rivales, situaciones, “contextos”, tempos y lances, y además al jugar despierta una emoción íntima única que hará que lo recordemos mucho tiempo después de que cuelgue las botas. Prescinde de lo superfluo porque el cuerpo ya no le da para más. Me acuerdo de la asistencia que le da a Camavinga, de espaldas a la dirección de la jugada y al primer toque con el empeine, para lanzar al francés en la jugada del 1-0 al City en el Bernabéu en las últimas semifinales. Fue un trincherazo con la muleta baja y genial y el botón de muestra de lo que digo.
Modric es el Sumo Pontífice del fútbol de nuestras vidas. Su gol al Sevilla, además, fue como un tajo furioso en un tronco muy podrido, el del árbol del Campeonato Nacional de Liga. Un tronco que hay que derribar a machetazos. Me repito más que el ajo en esta tribuna porque cada semana digo que este circo es inadmisible, pero qué se le puede hacer. Al Madrid pueden birlarle otra Liga, esta es una posibilidad muy real que todos deberíamos tener ya presente. Los ocho puntos de ventaja sobre el Barcelona no significan nada.
Modric es como la síntesis del balompié previo a su irrupción en la élite, un Di Stéfano de la medular, narrador omnisciente del intríngulis de los partidos. Domina todas las suertes, es capaz de dominar a todos los rivales, situaciones, “contextos”, tempos y lances
A La Javineta, vamos ya a quitarle la equis en honor a Carletto y su maravillosamente sarcástico itañol (cuando llamó Javi a Xavi Hernández hizo, sin seguramente él pretenderlo, el mejor humor de crítica política que se ha hecho en este país desde que cerró La Codorniz), la están empujando para que alcance el segundo puesto y ya veremos si un traspiés inopinado del Madrid no la aproxima a la pelea por el título. Todo parece “peligrosamente preparado” como diría el Cholo, otro que tal baila.
Qué país de farsantes. La hora de arbitraje del Madrid-Sevilla perpetrada por Díaz de Mera tuvo tintes siniestros, gangsteriles. Los árbitros españoles son muy malos y muy chulos, la mayoría, y además sobre ellos pende desde hace justo un año la sospecha, instruida por la Guardia Civil, de que además están comprados. O lo estuvieron, por lo menos durante veinte años. Que se sepa. Si hay pruebas, y cada vez se recopilan más, de que el vicepresidente del Comité Técnico Arbitral de la Real Federación Española de Fútbol recibía dinero del Fútbol Club Barcelona para adulterar la competición en perjuicio de sus rivales, sólo cabe inferir que La Liga es una competición amañada.
El videoarbitraje no deja de amontonarse más indicios en ese sentido: el gol anulado a Lucas Vázquez es de juzgado de guardia, sobre todo observando el codazo que recibe el propio Nacho al, supuestamente, cometer la falta que motiva la invalidación del tanto. Luego al propio Vázquez le marcaron la ceja a gusto y por supuesto al videoarbitraje le pillaría en un receso: a lo mejor los de la sala se estaban echando un cigarrito en Las Rozas con los operarios del VAR 2, el para-VAR de la Federación del que ya no se sabe nada ni nadie pregunta más por él aunque hubiera árbitros que admitieran en su momento su existencia e incluso periódicos catalanes informaran de ello.
El Madrid tiene que tomarse lo que queda como preparó Zidane los once partidos que siguieron al lockdown de 2020: como si fuera una mini Copa de Europa. Sólo conservando el temple, sin caer en las provocaciones habituales, rituales y tribales, mantendrá la ventaja y ganará la Liga.
En ese panorama emponzoñado llegó Modric y chutó desde muy lejos, con mucha fuerza. Fue un trallazo cauterizador. Hay que sellar con el fuego santo del talento las heridas purulentas que le inflingen por todas partes al Madrid en este país de pantomima en el que denunciar algo de forma explícita y decir la verdad sin rodeos ni parábolas está peor visto que el mal en sí.
Lo de Modric ue un trallazo cauterizador. Hay que sellar con el fuego santo del talento las heridas purulentas que le inflingen por todas partes al Madrid en este país de pantomima en el que denunciar algo de forma explícita y decir la verdad sin rodeos ni parábolas está peor visto que el mal en sí
Eso es lo que pasa con los vídeos de Real Madrid Televisión que denuncia el Sevilla. Es curioso porque el Sevilla de Pepe Castro es casi el único club, además del Madrid, que tuvo la decencia de postularse públicamente a favor de llegar hasta el fondo del asunto Negreira-FC Barcelona, pero se ve que aquello le pasaría factura en la viciada ciénaga que rodea, en provincias, la actualidad mediática de clubes así. Pero los árbitros españoles no requieren vídeos de denuncia, sino autos de fe. El niño de Zadar les hizo uno automático el domingo por la noche sobre el minuto 80 de un partido enquistado desde el gol anulado, que sacó de sus quicios al equipo de Ancelotti por pura frustración e impotencia.
Pero el chut desde lejos, el golazo, tiene algo de redención instantánea, remite a las formas primitivas del hombre, da una felicidad bruta que no hace falta explicar. Es una sensación salvaje de estar aplicando justicia sin prolegómenos ni burocracia, justicia directa y ancestral. Modric nos regaló ese instante de paz en medio de una guerra permanente contra la desvergüenza y la falta de escrúpulos, un regalo que acerca al Madrid a la Liga: una Liga donde es insultantemente superior a todos los demás, y que sin embargo sigue viva porque hay todo un sistema clientelar corrupto hasta la médula empeñado en ello.
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El alzamiento de Luka Modric tuvo lugar el 25 de febrero de 2024. El general croata fue izado a mayor gloria del madridismo por el coronel Rüdiger hacia la grada del Santiago Bernabéu en presencia del alférez Vázquez, del teniente Mendy, de los comandantes Valverde y Goes y del teniente coronel Vinícius tras marcar el gol que permitió al ejército blanco conquistar los tres puntos frente al Sevilla, frente a Díaz de Mera, frente al González Fuertes y frente al ejército tecnológico.
El momento fue inmortalizado por una cohorte de reporteros gráficos, emitido en directo por televisión y difundido por millones de civiles a través de las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, hecho que contribuyó decisivamente para que la imagen, tanto fija como animada, quedase clavada para siempre en todo lo alto de nuestra memoria.
La estampa del alzamiento pugnará por imponerse en el particular ranking de recuerdos de cada uno precisamente con el momento precedente y causante de la misma: el del gol de Modric, porque Luka tiene su propio gol, el que anotó por primera vez hace más de una década en pugna con tropas de la pérfida Albión y repitió anoche ante los destacamentos hispalenses.
LUKA MODRIC ES ETERNO ✨ A sus 38 años, decidiendo un partido clave en la carrera por @LaLiga 💥
El gol que decidió el Real Madrid - Sevilla #LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/yIrKPMIl5o
— DAZN España (@DAZN_ES) February 25, 2024
El asedio merengue sobre las tropas de Nervión era infructuoso, las huestes sevillistas hallábanse atrincheradas en torno a su marco y defendíanse de los ataques madridistas con una eficiencia que, en caso de flaqueamiento, era apuntalada por los jueces de la lid.
Corría el minuto 75 de la contienda cuando el capitán general Ancelotti decidió reorganizar sus tropas con el ánimo de lograr la victoria. Ordenó retirar del campo de batalla al capitán Nacho, su puesto en la retaguardia lo ocupó Tchouaméni —nada intrascendente durante la campaña— bajando desde la zona media para dejar hueco de ese modo al general de Zadar en el tablero blanco sin mermar de efectivos la vanguardia.
El alzamiento de Luka Modric tuvo lugar el 25 de febrero de 2024. El general croata fue izado a mayor gloria del madridismo por el coronel Rüdiger hacia la grada del Santiago Bernabéu en presencia del Alférez Vázquez, del teniente Mendy, de los comandantes Valverde y Goes y del Teniente Coronel Vinícius
La táctica del estratega italiano permitió a Luka incrustarse con pericia entre las divisiones enemigas en busca de la ocasión que permitiese dirimir la contienda. Y la ocasión llegó: el comandante Valverde conectó un envío aéreo sobre el rival que fue achicado de cabeza por Badé, cuyo despeje aterrizó en el radio de acción del general croata.
El control rápido, preciso y orientado del diez desarmó al combatiente enemigo y lo dejó en posición franca, aunque compleja, de efectuar un disparo desde la semiluna del área grande. Luka armó la pierna, percutió el proyectil esférico con el pie y lo disparó contra el interior del poste izquierdo de la meta sevillista fuera del alcance de las defensas aéreas de Nyland.
Se desató la locura. El general croata corrió hacia la grada poseído por la dicha para celebrarlo con los devotos seguido por sus oficiales, quienes lo felicitaron con merecido fervor. Su paladín más fuerte, Antonio Rüdiger fue el encargado de llevar a cabo el alzamiento de Luka Modric y Fede Valverde, de arriostrarlo.
En los anfiteatros del Bernabéu retumbaron las palabras de aquel estratega luso: «La clase de Modric enamorará al Bernabéu». Te quedaste corto, Mourinho.
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A poco de llegar a Madrid le llamé así, El Atérmico. Y sigo. Fue un flechazo. Es un tipo que no suda ni siente frío. Viste igual en Sevilla, 20 de agosto, y en Leipzig, mediados de febrero. Su manguita corta. Su pelo lo mismo. Sale. Corre. Se para. Pasa. Tira. Le da de cabeza si es menester: triunfa y se va a su casa. Un genio impasible.
¿Que es alemán? Mi amigo Konrad también y duerme con dos mantas. En Barcelona, concretamente. Y suda la tira. Puede que influyan los 100 kilos que pesa el tío. Es del Dortmund y del Madrid. Acostumbra a comer durante los partidos, conguitos y esas cosas. Y mamar güisqui. Si juegan seguido, esta vez pasó, a media tarde unos y a las nueve los otros, no le llamo: es imposible entenderle. Anoche pudo decir algo así como que menudo pase le dio Marco Reus a Modric en el 1-0. Es apasionante.
También Kroos. Los hay que dicen que es el Federer del fútbol. Por lo fácil y elegante que lo hace. La raqueta es para el suizo un apéndice de su cuerpo, un añadido. Cuando nació le dijeron a su madre: enhorabuena, señora. Pero no se asuste. Ha tenido usted un niño y una raqueta.
El tranquilo Kroos se encabritó ayer, fue la primera vez que vimos así a Toni en los tropecientos años que lleva aquí, pueden sumarse los que pasó en la Bundesliga
En Can Kroos pasó más o menos: ha tenido usted un niño y una pelota. A ambos les une además una capacidad especial para no alterarse. Juegan igual esté el marcador 0-0 ó 15-40. Es verdad que marcador en contra lo tuvieron/tienen pocas veces. Eso también imprime carácter, claro.
El tranquilo Kroos se encabritó ayer, fue el momentazo del partido que sobre todo lo demás tuvo eso y el golazo de Modric, qué delicia deliciosa. Minuto 80: mi más sentido pésame a quienes... Eso. Lo de Luka ya pasó, recuerdo cosa parecida en Old Trafford, ‘Manchéster’ pronuncia Mourinho. Pero fue la primera vez que vimos así a Toni en los tropecientos años que lleva aquí, pueden sumarse los que pasó en la Bundesliga.
El tío va, viene, rechista poco. Esta vez sí. No me extraña que se plantee decir adiós y que a nuestros árbitros los aguanten otros. Es tremendo. Venía calentito por la anulación del gol de Lucas y fue a por una pelota junto a un contrario cerca del área. Este le vio venir y se desmayó. El árbitro pitó falta de Toni que ni le rozó. Y enloqueció. Y vio la amarilla. En ese momento pensé que se retiraba. Sí, sí. Ahí mismo.
Esa cara desencajada. ¡Este se va! Recapacitó, imagino, y siguió jugando. Gracias. Pudo influir también la curiosidad, saber cuántas veces más le tomarán el pelo. La verdad es que tuvo mérito sacarle de sus casillas. Pagar durante 17 años al dos de la cosa arbitral y decir que no fue nada, todo eso es muy meritorio, mucho. Pero excitar a Kroos, casi que más. ¡Qué arte, sí! La leyenda sigue aumentando.
No me extraña que Kroos se plantee decir adiós y que a nuestros árbitros los aguanten otros
También fue muy comentado, y de agradecer, el interés del VAR y alrededores por confirmar que los goles del Madrid son legales todos. Cuesta un huevo que los den a la primera. Creo que lo hacen por respeto a la historia merengue: sus goles deben ser ejemplares. Todos. Un homenaje a Di Stéfano y cía. Una exigencia.
En el anulado, el árbitro no vio falta, sí el VAR y se salió con la suya. ¿No habíamos quedado que si el árbitro no pita no se le corrige? ¿O era al revés? ¿O ni una cosa ni otra? Lo pregunto porque como cambia cada quince días, no me atrevo a pronunciarme. Total, que lo anularon.
En el otro lo intentaron. Pero el árbitro de Primera RFEF que saltó al ruedo tras la cogida, es un decir, que sufrió el titular se mantuvo firme: Rüdiger no intervino en la jugada, se apartó de ella. EL VAR chinchó, pero el hombre debutante se mantuvo firme y empezó a escribir su historia grande piteril. Les contará a sus nietos que una noche en el Bernabéu dio gol del Madrid protestado por el adversario. Y con el VAR escudriñando.
No sé, este muchacho Fernández Buergo… No digo que no llegue a Primera, incluso a la internacionalidad absoluta. Ojalá que sí, parece buena gente y brindó media hora interesante. ¿A que no tendrá vídeo? Pero bien, lo que se dice bien, redondo, no estuvo en su estreno. Se lo harán saber, hoy mismo. Igual el vídeo se lo hace Cantalejo.
Fernández Buergo bien, lo que se dice bien, no estuvo en su estreno. Se lo harán saber, hoy mismo. Igual el vídeo se lo hace Cantalejo
Total, que el Madrid ganó otro de esos partidos en el alambre por bajas y similares y pinta que el próximo podrá juntar a Carvajal, Camavinga, Bellingham y Joselu. Sólo necesitará siete más para formar un equipo. Igual a Ancelotti le pasa lo que a Kroos y se pone de los nervios. No está acostumbrado a poder elegir, puede afectarle. Que cuente Chendo, es capaz de salir con doce.
Doce, las jornadas que quedan, hoy Girona-Rayo. Divertido será ver cuántas faltitas hacen los vallecanos. Doce para el final de la Liga. La gana el Madrid aunque acabe con camisa de fuerza.
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Buenos días, amigos, y bienvenidos a la cercanía del final de una liga que cada jornada se pone más del color que menos gusta al sistema que la sustenta. El Madrid se sobrepone domingo tras domingo a las asechanzas de dicho sistema, ya sean decisiones arbitrales, ya sean tretas antideportivas del rival, y sobre todo decisiones arbitrales que dan por buenas tretas antideportivas. Leed hasta dónde está de los árbitros un tipo tan ponderado como Alberto Cosín, por ejemplo, en su análisis arbitral de ayer. Si Alberto manifiesta este nivel de hartazgo, siendo como es el hombre más desprovisto de fanatismo hooliganesco que conocemos, es que el madridismo tiene sobradísimas razones para estar hasta los mismísimos.
Anoche logró el equipo de Ancelotti una victoria sufrida en la que hubo de superar una táctica del murciélago (todos colgados del larguero) de los hombres de Quique Sánchez Flores, unas 7.200 lesiones y otras tantas sanciones acumuladas, un gol que se resistía y otro que al sistema no le gustó que marcara. Pero, como titulaba Jesús Bengoechea en su crónica, "Luka Modric es más fuerte que el sistema".
LONG LIVE OUR MAESTRO 🎩👑🤍 #Hustle #AlwaysBelieve #HalaMadrid #Cleansheet pic.twitter.com/MpznO66Oit
— Antonio Rüdiger (@ToniRuediger) February 25, 2024
"Maestro", llama Antonio Rüdiger al héroe del partido de ayer, al héroe de tantos y tantos partidos de ayer. Resulta que también puede ser el héroe del partido de hoy, y del de mañana. Tal vez ya no del de pasado mañana, pero ¿a quién le importa eso cuando Modric todavía puede perfilarse y chutar como en Old Trafford, en su primer gol vikingo, tan parecido al que podría ser el penúltimo?
"El que sabe, sabe", titula Marca. Convocamos a otro maestro, el de lengua, para que nos aclare si en alguna ocasión se pueden separar sujeto y predicado con una coma (¿quizá en este caso sí por la coincidencia de los verbos?). El caso es que un maestro como Luka tiene por fuerza que saber. ¿En qué mundo estamos, si ya no saben ni los que deben enseñar?
"Maestro" es también el título de una película que a buen seguro va a valer el próximo Óscar de Hollywood al actor Bradley Cooper. Ni siquiera la hemos visto, pero cualquier interpretación más o menos atinada en un biopic es carne de estatuilla, y aquí encarna Cooper a Leonard Bernstein. Hay en Youtube un vídeo delicioso en el que Bernstein, el de verdad, babea de gusto hablando de los Beatles. Se rumorea que en ciertas instancias de Valdebebas alguien guarda bajo llave uno similar de Luka Modric contando maravillas de Vinícius y Rodrygo, de Bellingham y Brahim, de Camavinga y Lunin. Los maestros son así, y cuando no están convirtiendo el mundo en un lugar más edificante lo transforman anotando goles de incalculable belleza plástica y moral como el de ayer al Sevilla. Ese gol fue Bernstein marcando un tanto vindicativo al reggaetón, que en cambio, a diferencia de los Beatles, le habría dado un asco insoportable de haber llegado a conocerlo.
Luka es armonía. Luka es un halo de confianza en el ser humano, un manantial de calma. Pero hay días en que a Luka no se le pone en la punta del rabo que ganen los malos (o sea, el sistema), y en esos días a Luka puedes pillarlo destemplado y desabrido. No traicionará sus impecables maneras, pero igual le da por cerrar el buzón a los malajes controlando como un demonio en la frontal y poniéndola en la esquina del marco rival, que es lo más homologable a un par de hostias que se gasta este hombre.
Este hombre que es "eterno", como reza la portada de As. Llevábamos toda la semana creyendo que la noticia era que volvía Sergio Ramos, y resulta que la noticia era que Modric no se había ido.
Después de hablar de Modric, cuesta mucho cambiar el foco a Sport o Mundo Deportivo. De manera que lo vamos a dejar por hoy. Os acercamos (eso sí) las portadas de dichos medios cataculés, porque a lo mejor tenéis algún interés antropológico en el estudio de los medios de propaganda en las épocas de las vacas flacas, cuando (casi) todo el sentido del año consiste en coadyuvar a lo estipulado por Rubiales y Piqué para poder quedar segundos.
Pasad un buen día.