No, no se fue, no se despidió. El partido fue emotivo hasta decir basta, se me gastaron varios paquetes de pañuelos de papel porque uno no es de piedra y, además, tiene el muelle lagrimal fácil. Cada vez que daba Antonio un pase, pensaba que era el último, cada vez que cortaba un balón, pensaba que era el final, pero luego reaccioné… ¡qué gaitas último! Si no se lesiona de aquí al sábado, le queda la final… y, si ganamos la final, volveremos a ver a Kroos vestido de blanco en Chamartín.
No, ayer no se fue, ayer se despidió de la liga, del Betis, de los árbitros de la liga negreirona que padecemos y de los espectadores que abarrotaban las gradas del templo blanco, pero no, ayer no se fue Kroos. Le queda el último clinic, le queda la última lección de fútbol con la sacrosanta elástica limpia y blanca que no empaña, con la camiseta del campeón. Le queda nuestra Wembley (no vayan a pensar los otros que es territorio exclusivo) y le queda, por supuesto y eso espero, celebrarlo de corto en el Bernabéu, así que, amigos míos, ayer Kroos no se despidió. Lo que hizo fue, lacrimosamente, decirnos nos vemos el domingo, no os lo perdáis. Pues eso, Toni, el domingo nos vemos en Chamartín. Por cierto, efectivamente hay debate en la portería del Real Madrid de cara a la final, el debate consiste en si Courtois va a ir de negro o de verde.
No, ayer no se fue kROOS. Lo que hizo fue, lacrimosamente, decirnos nos vemos el domingo, no os lo perdáis
Pero antes, el equipo de baloncesto se juega la final de la Copa de Europa en Berlín. Ojalá que el artículo quede obsoleto en este párrafo porque hayamos vencido a los griegos del Panathinaikos y los Chusman boys se traigan la Duodécima a casa. Menudo mérito tiene el equipo, con todas las dificultades que también ha tenido durante la temporada. No olvidemos una cosa, no existe Real Madrid de fútbol y Real Madrid de baloncesto… lo único que existe es el Real Madrid.
Pero bueno, esta semana ha estado sembrada de capítulos de las afamadas series “El delito nuestro de cada día del FC Negreilona” y “Ponga un presidente de la RFEF presuntamente delincuente en su vida”. Comenzamos.
Resulta que hay alguien en la masa social del FC Negreilona con algo de inteligencia y de vergüenza torera y, según una información que llega desde la capital del país ese chiquitito de ahí arriba, un socio del FC Negreilona ha interpuesto una demanda civil contra la junta de Joan Laporta en los Juzgados de 1ª Instancia de Barcelona por haber incumplido el mandato de la asamblea que autorizó a la junta a pedir un crédito de hasta 1500 millones para todas las obras del Espai Barça.
un socio del FC Negreilona ha interpuesto una demanda civil contra la junta de Joan Laporta por haber incumplido el mandato de la asamblea que autorizó a la junta a pedir un crédito de hasta 1500 millones para todas las obras del Espai Barça
El socio mantiene que la escritura pública de Constitución del Fondo de Titulización Espai Barça FT, suscrita por la junta con los inversores reunidos por Goldman Sachs y JP Morgan, demuestra que el Palau, el hotel y las oficinas fueron excluidos del proyecto. Para los legos en la materia, la asamblea de socios (lo que es parecido a nuestra Junta de Compromisarios) autorizó al amigo Jan y sus directivos a suscribir un préstamo de 1500 millones de euros para hacer todas las obras del Espai Barça, o sea, estadio, palacio de deportes, oficinas, museo y canesú. Pero como no les llega ni para la luz, van y piden la pasta gansa a los verdaderos dueños del club (Goldman Sachs y JP Morgan), pero se olvidan de parte de lo acordado en asamblea y eso, amigos míos, puede ser un incumplimiento de mandato vinculante que, por ende, puede hacer que el instrumento por el cual se pidió ese dineral sea nulo y el contrato no válido. O sea, más problemas dentro de los problemas problemáticos que los chicos de los problemas ya tienen. Adorables…
Esto que voy a relatar ya es mucho más serio, no habrá chistes ni chascarrillos, aviso. Es más, es vergonzoso, lamentable y repugnante. Pónganse en situación, por favor, 2020, pandemia de COVID-19 que mata y mata a una parte importante de la población mundial, ataúdes en pabellones, en descampados o en cualquier sitio porque no saben dónde meterlos, familias enteras angustiadas porque no pueden enterrar dignamente a su padre, madre, hermano o amigo (yo no pude acudir al entierro de mi queridísimo tío Domingo porque mis primos, con buen criterio, me obligaron a no aparecer), ancianos que morían en residencias como chinches porque no podían ser atendidos en condiciones, la población mundial confinada en sus domicilios para evitar los contagios. Héroes sin capa en los hospitales que se dejan literalmente la vida para salvar la de los demás día a día, minuto a minuto, sin equipos de protección individual (EPI), protegiéndose con bolsas de basura por falta de material y sin saber muy bien qué hacer contra un virus nuevo, que nos ha llegado por sorpresa a todo el mundo mientras se investiga contra reloj varias vacunas que puedan paliar el desastre mundial.
La economía cae a niveles inaguantables porque no hay consumo, y no hay consumo porque la gente se tiene que quedar en su casa salvo los encargados de las profesiones imprescindibles y los voluntarios que, desafiando todos los peligros, van de casa en casa de ancianos y necesitados entregándoles la compra que han encargado. Las mascarillas, esos trapitos tan habituales en los quirófanos y en las películas de médicos, no existen, medio mundo se pega literalmente con el otro medio para conseguirlas a precio de escándalo (este humilde escribidor de historias llegó a pagar 3 euros por cada mascarilla, no por un paquete, sino por UNA). Cuando los países, a través de intermediarios sin alma, se robaban en un punto cualquiera del mundo un contenedor de las ansiadas mascarillas o respiradores para impedir que se les muriera la gente.
En ese contexto que todos recordamos con amargura, resulta que Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, pacta con Gerard Piqué y Leo Messi, dos de los jugadores de fútbol más millonarios del planeta, intermediar ante el Presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, el desvío de parte de los fondos que debía recibir la federación española para el fútbol base y la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) para paliar de alguna manera y compensar la bajada de sueldo que el FC Barcelona había impuesto a sus jugadores por los nefastos efectos de la pandemia al no haber actividad.
Mientras el mundo literalmente se moría, mientras la gente literalmente se quedaba sin empleo porque cerraban las empresas, cuando los pequeños empresarios directamente entraban en la más absoluta de las ruinas por no poder pagar los alquileres de sus negocios y no poder vender sus productos, que en algunos casos se les pudrían, cuando millones de personas pasaban literalmente hambre, estos niños ricos piden al presidente de la federación que se les compense por la pérdida de salarios. Y lo hacen y lo pactan con la anuencia del presidente de la UEFA que, además, se muestra afable con ellos y beligerante con el presidente del Real Madrid, al que llama racista e imbécil.
Lo de Rubiales pidiéndole a Piqué una camiseta firmada por los dos para Ceferin porque es más del Barcelona que del Madrid no es sino otro esperpento más de la historia, un esperpento que, como dije estos días, ni se le hubiera ocurrido al bueno de don Ramón María del Valle-Inclán. Pero es que ofreció a los jugadores la friolera de 30 millones de euros para compensarles, nada más y nada menos que 30 millones…Y esta gentuza, que no tiene otro nombre, esta repugnante gentuza es la que viene dando lecciones de valors a todo el mundo durante años, es la que viene dando lecciones de seny a todo el mundo.
Esta putrefacta gentuza debe desaparecer del mundo el deporte porque lo están convirtiendo en repugnante, porque los sentimientos limpios de la gente no se merecen tener a sinvergüenzas de este calibre, no se merecen, ni siquiera los aficionados culés, tener a unos ídolos tan sucios, tan tramposos, tan asquerosos y tan deleznables, no, ellos tampoco se lo merecen. Luego es que los hilos de Florentino no sé qué.
Pero lo peor de todo este asunto, si algo aún puede ser peor, es que la prensa patria no se ha hecho prácticamente eco de esta noticia, no llenan columnas ni abren telediarios con este escandalazo, con esta porquería tan repugnante. Nada, uno o dos medios, La Galerna y algunos tuiteros que nos jugamos que, encima, nos cierren las cuentas. ¿Estamos locos? Lo estamos, pero dormimos tranquilos porque denunciamos las vergüenzas de esta gentuza. Doy las gracias a Jesús Bengoechea, al equipo directivo y al resto de miembros de La Galerna por dejarme escribir lo que pienso, sin censuras. Gracias, amigos.
Pero lo peor de todo este asunto, si algo aún puede ser peor, es que la prensa patria no se ha hecho prácticamente eco de esta noticia, no llenan columnas ni abren telediarios con este escandalazo
Otra más de los chicos. Según una información radiofónica, parece que los Mossos d’Escuadra señalan a Òscar Grau como uno de los responsables del "Barçagate" (caso redes sociales). Parece ser que la policía concluye que el ex CEO del Barça en la época de de Bartomeu conocía los perfiles y las intervenciones de Nicestream en las redes sociales, que era partícipe del desprestigio al candidato Víctor Font y que también era conocedor del fraccionamiento de contratos. Grau tenía pleno conocimiento del fraccionamiento de contratos entre distintas empresas del grupo Nicestream, lo que provocó que el pago total de casi 3 millones de euros no pasara por los controles internos del club. También aseguran los Mossos que el ex CEO recibía informes en los que se analizaban intervenciones llevadas a cabo en las redes sociales por parte de los canales propiedad de esta empresa, como los denunciados por el 'Qué te Juegas' el 17 de febrero del 2020: Alter Sports, Respeto y Deporte, Justicia y Diálogo en el Deporte o Sport Leaks. Una joya de directiva, de club y de gestión, vaya, lo de siempre, qué les voy yo a decir que ya no sepan ustedes.
Volvamos al FC Negreilona, es que no paran, señores. Asunto Xavi, nuestro jardinero favorito. He de reconocer que me he equivocado (casi siempre lo hago, se eligen 6 números en la primitiva y fallo 7, imaginen…). Yo creía que se iba a quedar y le han echado. El asunto ha sido así, recuerden: me voy, no voy a seguir la temporada que viene porque no me encuentro con fuerzas, de ahí pasamos a me quedo, tengo fuerzas y creo en el proyecto, he hablado con el presidente, nos hemos abrazao, hemos llorao juntos y, como somos mès que un club y nos queremos, me quedo, ea! Y, lamentablemente, porque este chico es una fuente inagotable de temas para escribir, esta semana ¡por decir la verdad! van y se lo cargan.
Que lo han despedido, que se nos va el de los jardines, el del sol, el de la noche perfecta para jugar, el de la altura del césped, el de la afición contraria que grita y molesta, el que no habla de los árbitros pero le han expulsado dos o tres veces esta temporada por protestar, el de que no entendemos su juego porque es excelso, el de que Kroos es su sucesor (las risas se oyeron en Vladivostok, oiga usted) el de la expected league que han ganado, el de, en una palabra, hemos sido superiores a los equipos que están por encima de nosotros los cuatro partidos, no importan los goles, lo que importa es el juego.
Parece que han fichado a Flick, el alemán que al mando del Bayern Munich les marco 8 pedazo de goles (dos de ellos por un cedido suyo, de traca) para eliminarles de la Copa de Europa en el infausto 2020. Pue eso, amigo Flick, que no sabes dónde te metes, o quizás sí, quién sabe…
Para terminar, la Audiencia Provincial de Barcelona ha estimado el recurso del FC Negreilona y no va a instruir la causa por delito de cohecho. Esto no quiere decir que no se les vaya a juzgar, que es lo que de una forma totalmente torticera siembra la prensa catalana, lo único que ocurre que no va a ser por cohecho, pero si por corrupción entre particulares en su vertiente de corrupción deportiva y por varios delitos más, no lo olvidemos. Juzgar, se les juzgará con casi toda probabilidad, que no caiga en saco roto.
Ahora sí, deseando con todas mis fuerzas que en estos 7 días celebremos dos títulos de campeones de Europa y deseando contárselo a ustedes el domingo que viene, van los escasos datos que generó el partido del Betis y, recuerden, ser de Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
Pd: Siguen faltando cuatro…
Rudiger jugó su partido oficial nº 100 con la camiseta del Real Madrid
KEPA jugó su partido oficial nº 20.
CARVAJAL jugó su partido total (amistosos incluidos) nº 460.
NACHO disputó su partido total (amistosos incluidos) nº 430.
COURTOIS jugó su partido de liga 1º 170.
MILITAO jugó su partido de competición española nº 120.
DANI CEBALLOS jugó su partido de competición española nº 120.
KROOS se convirtió en el jugador nº 18 de la historia del Real Madrid con 464 partidos oficiales jugados.
VINÍCIUS se convirtió en el jugador nº 52 de la historia del Real Madrid con 263 partidos oficiales jugados.
VINÍCIUS igualó a BALE en el puesto nº 56 de la historia del Real Madrid con 176 partidos de liga jugados.
Jugó el partido total (amistosos incluidos) nº 2110 en el Estadio Santiago Bernabéu jugando como local.
Lleva 32 partidos consecutivos de liga sin perder.
Lleva 25 partidos oficiales consecutivos sin perder.
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Hace un par de días, el culerío mediático celebraba con una mentira el último auto de la Audiencia Provincial de Barcelona sobre el BarçaGate. Decimos bien: con una mentira.
Como bien se encargaba de recordar el contexto añadido por los lectores de Twitter a este falaz post de Mundo Deportivo, lo único que ha desestimado la Audiencia es el delito de cohecho, siguiendo la investigación por el cargo de corrupción deportiva continua. El Barça sigue tan acusado como lo estaba antes, sólo que por un delito en lugar de por el otro. Quien sale maravillosamente bien parado del auto es la persona de Laporta, ya que el delito de corrupción continuada, a diferencia del de cohecho, tiene un plazo de prescripción que salvaguarda al inefable de la amenaza de sufrir penas de prisión. La cultura de la prescripción es el leitmotiv de la vida futbolera española, desde la apropiación indebida del Atlético de Madrid por parte de Cerezo y Gil Marín a esto de Laporta, que puede así estar tranquilo a pesar de que el planeta entero conoce que cuadruplicó el sueldo de Negreira. Es cuatro veces más culpable que el resto de presidentes blaugranas que dieron su visto bueno a la compra del sistema arbitral español, cosa que hicieron durante al menos 17 años para garantizarse arbitrajes favorables. ¿Para qué si no?
El Barça sigue tan acusado como lo estaba antes, sólo que por un delito en lugar de por el otro. Quien sale maravillosamente bien parado del auto es la persona de Laporta, ya que el delito de corrupción continuada, a diferencia del de cohecho, tiene un plazo de prescripción que salvaguarda al inefable de la amenaza de sufrir penas de prisión
Laporta, persona muy física, no irá al trullo por mor de la prescripción, pero la causa contra el Barça, persona jurídica, continúa. Al propio Barça le dejaron prescribir el delito para la justicia deportiva (decimos que se lo dejaron prescribir porque Albert Soler, hombre bisagra entre el gobierno y el Barça, se ocupó de que así fuese), que es la razón por la cual ahora lo está juzgando la justicia ordinaria. La novedad es que no será por cohecho, lo cual, para el Barça, tiene repercusiones que Pepe Kollins sintetizaba así en el propio X, otrora twitter.
Ya hemos explicado que es una gran noticia para Laporta. Para el Barça, no es ni buena ni mala, o al menos caben muchos matices en el análisis. Ahora no será un jurado popular, sino un juez, quien emita el veredicto final. Por mucho que nos intenten convencer de que los procesos de filtro de los jurados populares concluyen siempre con la elección de nueve ciudadanos objetivos, a nadie se le escapa que toda persona residente en Cataluña tiene una idea predeterminada sobre el Barça, sometida a fuertes sesgos, incluso aunque no les guste el fútbol. Haría mal el culerío en regodearse ante un horizonte en el cual no hay jurado.
Ahora no será un jurado popular, sino un juez, quien emita el veredicto final. La cosa sigue adelante sin perjuicio de que muchos disociemos la sentencia final de la conclusión a la que conduce la razón: que el Barça pagó durante 17 años al vicepresidente de los árbitros para garantizarse arbitrajes favorables
Sin embargo, sí puede encontrar dicho culerío razones para la esperanza en la otra consecuencia del hecho de que la investigación vaya por corrupción y no por cohecho, y es la que señala Kollins: de haberse juzgado cohecho, los propios pagos a Negreira habrían sido considerados como prueba de delito, pero ahora, al juzgarse corrupción continuada, es preciso probar la intención de dichos pagos. De igual manera que la posesión de ingentes cantidades de cocaína sirven de prueba indiciaria de un delito de tráfico de drogas, 17 años y 8 millones de pagos al vicepresidente de los árbitros deberían servir de prueba de corrupción continuada, pero caemos ya en el terreno de la apreciación de un magistrado.
La cosa, en definitiva, sigue adelante, sin perjuicio de que muchos disociemos la sentencia final de la conclusión a la que ineludiblemente conduce la razón y que ya se expuso antes, es decir, que el Barça pagó durante 17 años al vicepresidente de los árbitros para garantizarse arbitrajes favorables.
Lo dicho: ¿para qué si no?
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Buenos días, amigos. Ya no le vamos a ver más por aquí. Sí le veremos volver —ojalá sea pronto y bufanda al cuello y sonrisa insinuada para celebrar la 15 en el Bernabéu, acompañado de todos los compañeros de fútbol y, deseamos, que de baloncesto también—, pero no será de corto y como profesional. La última faena de Kroos en el Bernabéu fue la de anoche. La próxima ocasión que visite el templo blanco ya no será jugador del Real Madrid, sin embargo, llegará luciendo la gracia adquirida con su marcha: la inmortalidad. Aquí Kroos y después gloria, la del legado de Toni y la que deseamos se forjen los pupilos de Chus Mateo, que a las 20 horas se baten en duelo contra Panathinaikos por la Duodécima.
Gloria repartida por Marca entre Toni, en el cielo con diamantes acuosos en la mirada de todos, y el Barça femenino, que sí, que ha ganado la UWCL, pero no todos los días se despide del Bernabéu un Zeus con botas blancas. Probad a buscar alguna referencia a Kroos en las tapas de los diarios culés, tarea tan absurda como sacarnos al ocho merengue del corazón o intentar dejar de llorar por dentro.
Dicen las malas lenguas que el Madrid no sabe despedir a sus leyendas, pero si lo de ayer no fue una despedida inmaculada, que baje Kroos y lo vea.
Antes del partido ya estábamos tiernos, en el calentamiento nos temblaban los ventrículos y cuando la megafonía anunció a Toni comenzaron a hacer lo propio las aurículas, entrando en resonancia el corazón con el Bernabéu al ritmo de los pasos de Kroos, que subía los últimos peldaños que le llevaron sobre el olimpo de césped donde le hicieron pasillo todos los compañeros con su ocho a la espalda. Cabe resaltar el comportamiento del Betis, que primero hizo el pasillo al campeón y después se unió al recibimiento a Kroos.
El partido no fue más que un preludio de lo inevitable, la despedida de Toni. Aquí podéis leer la crónica de Andrés Torres. El madridismo, inconformista por naturaleza, torció un poco el gesto ante el encuentro blanco y esgrimía que una cosa es la natural prudencia ante la final del sábado y otra lo que estaban haciendo. Este inconformismo blanco habría llevado a criticar también al equipo si se hubiese empleado más a fondo ante la temeridad que habría supuesto la posibilidad de un percance. Pero esta exigencia suprema es uno de los secretos del éxito del Madrid.
Cuando vimos a Davide llamar a Modric para saltar al campo sentimos una punzada, pero confiábamos en que Carlo nos regalase la posibilidad de ver por última vez a Luka y a Toni juntos sobre el campo del mejor club del mundo. Y así lo hizo el italiano, que esperó al minutos ochenta y llantos para cambiar a Kroos.
El partido, el Bernabéu y el movimiento de rotación terrestre se detuvieron, los compañeros abrazaron a Kroos, Ancelotti aplaudía en pie a pie de campo, Isco hacía lo propio desde la grada sobre su maltrecha extremidad, los hijos y la mujer del alemán y todo el Bernabéu lloraban medio sonriendo sobre un infinito aplauso. Toni se mantenía impertérrito mientras caía destrozado todo el que lo abrazaba, como le sucedió a Davide, que se derrumbó fulminado por la emoción.
Kroos mantuvo la compostura diez años enteros hasta que se abrazó a sus hijos, lo reconoció él mismo después: «He estado bastante fuerte hasta que he visto a mis hijos y eso me ha matado». Solo los vástagos son capaces de doblegar la inmortalidad.
En ese último abrazo nos quedamos todos, el último abrazo que recoge As en su portada.
Cuando acabó el partido, el Bernabéu ovacionó a Toni para siempre, aunque a veces para siempre sean veinte minutos. Nacho se encargó de hacer partícipe a la mujer de Kroos de la celebración, que prudente como su esposo se mantenía en un segundo plano. La familia en pleno recibió todo el cariño del mundo, ni más ni menos que el mismo que nos ha regalado Toni en una década.
Kroos fue manteado, abrazado, querido mientras suplicábamos que acabase para dejar de llorar y a la vez implorábamos que no terminase nunca, que no se marchase al vestuario, que las Adidas blancas de Toni Kroos no pisasen por última vez el Santiago Bernabéu.
Pasad un buen día, recomponeos y animad al equipo de baloncesto esta tarde en la final de la Euroliga. Porque el Madrid no para por nadie, ni siquiera por los dioses.
En aquel interludio estival de 2014, con la Décima recién colocada por Florentino en el museo —clanc— sin que hubiese dado tiempo aún a que se le posara mota de polvo alguna, se marchó volando al Bayern Xabi Alonso y procedente de aquellos lares tomó tierra en el Bernabéu, cual águila federal, Toni Kroos, el new kid in town.
Sabíamos que era bueno, pero… Con esos puntos suspensivos ahorro al lector el pormenorizado análisis de su carrera, realizado ya por quienes saben de fútbol. Yo solo sé lo que me ha hecho sentir Toni.
En el momento de su despedida del Bernabéu, las palabras brotan como lluvia infinita y fluyen sobre el papel del ordenador, forman charcos de tristeza y olas de alegría en el editor de textos, poseyéndome y acariciándome a Kroos the universe.
Words are flowing out like endless rain into a paper cup
they slither wildly as they slip away across the universe.
Pools of sorrow, waves of joy are drifting through my opened mind
possessing and caressing me.
Fogonazos de pases de luz bailan ante mí, millones de imágenes de una medular ya quebrada con Modric y Casemiro me llaman una y otra vez a Kroos the universe.
Inevitables pensamientos nostálgicos deambulan como el viento agitado dentro de un balón acariciado por Toni, y se tropiezan con la tristeza y con la alegría mientras se abren camino a Kroos the universe.
Images of broken light which dance before me like a million eyes
they call me on and on across the universe.
Thoughts meander like a restless wind inside a letterbox
they tumble blindly as they make their way across the universe
Ecos de profusas victorias y sombras de exiguas derrotas resuenan en mis oídos abiertos, incitándome a inventarme un estado de ánimo que no sé cuál es porque es la primera vez que Toni me azota con su última actuación en el Santiago Bernabéu.
Un amor infinito como la horizontalidad de su número brilla alrededor de Toni, más chulo que un ocho tumbado, como los ojos líquidos de millones de madridistas y demás amantes de la belleza. Un amor infinito me llama una y otra vez a Kroos the universe.
Sounds of laughter shades of life are ringing
through my open ears inciting and inviting me.
Limitless undying love which shines around me like a million suns
it calls me on and on across the universe
La devastación de la alegría por haber disfrutado de Toni certifica que el fútbol y su trasunto menos redondo, la vida, nunca serán igual sin él.
El mundo ha cambiado para siempre mientras Toni se aleja de la mano de sus hijos y su mujer, con las Adidas blancas al hombro, silbando con la mirada Nothing's gonna change my world.
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Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos del comité castellano manchego. En el VAR estuvo Jaime Latre.
Poco reseñable en un partido muy de guante blanco para despedir la Liga.
En la primera mitad, fue amonestado Nacho en el 4' tras una entrada abajo con demasiado ímpetu ante Bellerín. Luego, en el 40', se anuló un gol a los visitantes. En la falta botada por Rodri, el pie de Marc Roca está adelantado respecto a Valverde y el centrocampista bético busca el remate. Jaime Latre avisó a Díaz de Mera para que fuese al monitor y valorase si intervenía en la jugada. Efectivamente lo hizo y el tanto no subió al marcador.
En la segunda parte, otro gol anulado al Real Betis. En esta ocasión, Willian José, que fue el autor del tanto en el 64', tenía medio cuerpo por delante de Militao. Al capítulo de amonestados se añadieron Carvajal por una patada al muslo de Miranda en el 71' y Sokratis por un golpe en el rostro a Vinicius en el 82'.
Díaz de Mera Escuderos, BIEN. Sin problemas.
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Courtois (6)
Falló en una salida pero sacó una de esas manos milagrosas que luce prácticamente cada partido.
Mendy (6)
Infranqueable.
Rüdiger (6)
Menos tenso de lo habitual.
Nacho (10)
También podría ser el último partido del capitán en el Bernabéu. Honor.
Carvajal (6)
Serio, pero contenido.
Camavinga (6)
Dinámico.
Valverde (6)
Agresivo.
Kroos (10)
Danke.
Bellingham (6)
Recuperando flow para Wembley.
Rodrygo (6)
Incisivo.
Vinícius Jr. (6)
Se guarda la magia para Wembley.
Kepa (10)
Eskerrik asko por tu profesionalidad y buen talante siempre.
Militao (6)
Se sacó un regatito para la esperanza.
Lucas Vázquez (6)
Verlo por ahí me da alegría.
Modric (10)
Nunca olvidaremos sus últimos cinco minutos con Toni.
Ceballos (6)
Sustituir a la leyenda tiene su aquel.
Ancelotti (8).
Hoy sí. Un gran timing para los cambios.
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Faltaba aún un buen trecho para que el campeón despidiera esta noche el campeonato nacional de Liga y al Nuevo Bernabéu ya se le escapaba una lagrimita. Saltaba el Madrid a calentar sobre el verde y el estadio rompía a aplaudir a Herr Kroos, Antonio para los amigos. Toni, hierático como buen teutón, levantaba el brazo en señal de agradecimiento. Sobrio. Ahorrando en vocales como cualquier palabro alemán. Gallina de piel, que diría Johan.
Apenas fue un aperitivo de una noche de emociones en Concha Espina. Betis y Real Madrid honraron con un pasillo a Toni en su última salida al césped que tantas veces regó de gloria. El palco, en pie; en la grada, un espectacular tifo con la leyenda, “Gracias, leyenda”, valga la redundancia, que no es otra que la brillante constancia de Antonio pase a pase y partido a partido.
Para inmortalizar el momento, una alienación de once Krooses, cada titular merengue con el legendario 8 del Real Madrid a la espalda. Con todo, ni así hizo pucheros el bueno de Toni. Fuck you, que diría Lucas Vázquez. Qué tío. Cuánta clase.
A todo esto, un rival y un partido. Permítanme coger un kleenex que se me ha metido una mosca colchonera en el ojo y nos ponemos con la crónica. Más allá de un te quiero, Toni Kroos, que retumbó a los ocho minutos en el coliseo blanco, el Madrid abandonó todo aire festivo para jugar serio, presumiblemente con los once de Wembley, ante un Betis siempre alegre con el Ingeniero Pellegrini al volante. La agresividad merengue, London Calling, pareció sorprender a los sevillanos, con Isco aplaudido por el Bernabéu, en el banquillo verdiblanco luciendo pata coja, lástima para la Roja. Así, a los doce minutos, Rodrygo desperdició una buena oportunidad ante Vieites, tras pase de Vini y, poco después, el propio Vini vería como el arquero bético le rebañaba el balón de la bota, tras pifiarla el meta y servir esta ocasión de oro a Camavinga. Sokratis, que es zaguero verdiblanco y no filósofo presocrático, sacó bajo palos el disparo posterior de Mendy sin portero.
No obstante, poco a poco, el partido se fue difuminando, apenas agitado por algún eslalon de Goes, un taconazo en el área chica de Vini o el distinguido trote de Bellerín, melena al viento sobre la pasarela Bernabéu. Buen decimoquinto presagio. Valverde da el Ok a Bellerín, chanza que los más reputados galernautas detectarán sin problema. Mucha emoción en la grada, mucho bostezo sobre el césped. Tanto, que a los 37 minutos una falta lateral mal resuelta en una salida imprudente de Courtois acabó en gol del futbolista bético Johnny. No sólo eso. Avivó el fuego del debate de la portería merengue para Wembley, como raudo, veloz y maligno se encargó el realizador de Movistar en demostrar enchufando el careto de Lunin junto a los suplentes. Al final, resultó fuera de juego por un juanete después de un sesudo análisis VARbitúrico que no echaremos en absoluto de menos en las vacaciones de verano.
0-0 al descanso.
Perezoso compareció el Madrid en la reanudación, como ahíto de tantas emociones presentes y venideras. Y el Betis aprovechó para estirarse e incluso probar a Courtois, que con una buena mano en esta ocasión no dio opción al realizador de Movistar de mostrarnos a ningún arquero ucraniano cariacontecido en el banquillo. Bellingham recordó al Betis con un latigazo lejano que el Madrid is just Real Madrid.
Lo mismo haría poco después Courtois resarciéndose de la salida en falso anterior al sacar una mano prodigiosa a disparo cruzado raso, de los que duelen, de Juan Miranda. Dejaría su sitio a Arrizabalaga, un chaval jatorra de Ondarroa y gran profesional que merece también despedirse del Bernabéu. La sustitución de Nacho por Militao por el contrario nos sonó a un porsiaca de manual. Éste podría ser también el último partido del capitán en la casa blanca.
Y así avanzábamos hacia la gran llorera. Inevitable como en la Guerra del Infinito.
Ojalá nunca el árbitro hubiera pitado el final. Danke, Toni
Este movimiento en la banda evidenció que para el madridista medio había más interés en el banquillo que en el terreno de juego, donde aún permanecía Kroos en su penúltima misión como metrónomo madridista. Todos nos sobresaltamos cuando vimos a Lucas y a Modric prestos para entrar al campo. Lo hicieron por Carvajal y Camavinga respectivamente y entonces suspiramos al saber que esta era nuestra última oportunidad de contemplar juntos a Luka y Antonio bajo el cielo de Madrid en La Castellana. En cada pase, en cada combinación entre ambos, uno no dejaba de ver el fulgor de muchas Copas de Europa.
Nos supo a poco porque entonces llegó el momento.
A los 85 minutos, Toni Kroos veía su nombre en el cartelón de cambios y se desplomaba el estadio entre abrazos de sus compañeros sobre el verde, en la zona técnica, en pie, liderados por Carletto, con su familia llorando en el túnel y Antonio, visiblemente emocionado, capaz de no derramar ninguna lágrima, hasta que abrazó a su pequeña. Entonces sí.
El partido mereció mucho la pena por este inolvidable instante para el recuerdo y la memoria de todo el madridismo.
Ojalá nunca el árbitro hubiera pitado el final.
Danke, Toni.
Auf Wiedersehen, Herr Kroos.
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Los planes se esbozan para ser incumplidos, como meras guías o brújulas para indicar direcciones, tendencias, y con el mero propósito de que las voluntades, siempre tan diversas, se aúnen en torno a una idea. Que un diseño imaginado con tantos pormenores se cumpla casi hasta el último detalle queda en mano de los dioses, y, aun así, sólo está al alcance del privilegio.
Y qué quieren que les diga. Este es un equipo privilegiado porque tiene alguno de los mejores jugadores que uno haya visto en su vida. Ya saben a quiénes me refiero, aquellos que parecería que lo han hecho y dado todo, pero se siguen empeñando en no lacrar el sobre de sus credenciales. También hay algún otro que se les acerca, en especial en fabulosa competitividad, y tal vez por ello su nombre comienza por Fab, como los Fab Four, los cuatro chiquitos de Liverpool que pusieron el mundo a sus pies y patas arriba al mismo tiempo.
También ostentamos el privilegio de tener en la plantilla las dos torres más letales del tablero baloncestístico europeo, que maneja con precisión el entrenador desde el banquillo y los bases desde el parqué. Y claro, también tenemos al Facu, ese pequeño que ejerce el contraste tan atractivo de este deporte asombroso que puede ser dominado por los más grandes y los más pequeños.
En definitiva, nuestro querido señor Mateo imaginó un plan que se calcó en los primeros veinte minutos. Un tiempo en el que el baloncesto rozó los límites de la perfección conocida, en el que se alternaron sincronía, solidez y precisión.
Aun así, la semifinal no estaba resuelta, porque enfrente estaba al equipo que más quiere parecerse al nuestro, con el que mantenemos un duelo que se atisba como infinito. Algo así como el Bayern de Múnich, que cada héroe ha de tener su antagonista, quien se acerca tanto que casi está a su altura, pero sólo casi.
Hay que saber mucho baloncesto para frenar a un contrario embravecido, doblegarlo de nuevo y sellar el encuentro con la estampa propia y exclusiva del club más grande de Europa
El Olympiakos se revolvió conforme a su naturaleza y los nuestros salieron un tanto despistados, quizás embelesados por su obra de arte. Y el partido cambió de signo, porque el Madrid tardó algo más de lo que hubiéramos querido para que no apareciera en nuestra mente la sombra de la duda.
La que no asomó en la de los jugadores, que sin dejarse influir por la trascendencia del momento, con la tranquilidad de quien conoce la lección al dedillo, capeó estos minutos de cierta imprecisión con la certidumbre de que pronto volverían a tomar las riendas.
De forma paulatina, entre Llull, el Chacho y Campazzo, el orden madridista volvió a través de esa cualidad que algunos llaman oficio, y que yo prefiero dignificar como conocimiento. Porque hay que saber mucho baloncesto para frenar a un contrario embravecido, doblegarlo de nuevo y sellar el encuentro con la estampa propia y exclusiva del club más grande de Europa.
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“Confiad en María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”. La cita es de san Juan Bosco, un santo italiano del siglo XIX fundador de los Salesianos, religiosos que poblaron de colegios Europa y América proporcionando educación y amparo a miles de niños que no disponían de medios. “Confiad en María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, repetía con inquebrantable fe don Bosco, una frase que para un ateo o agnóstico no será más que superchería, pero no para un católico. Ni para un madridista. Para un madridista, es tan cierta como las 14 Copas de Europa que abarrotan nuestro orgullo. Bueno, al menos, como dos de ellas, jugadas en 24 de mayo.
Tuve la bendita suerte de nacer el 24 de mayo de hace 47 años. Siendo mayo el mes por antonomasia de las copas de Europa, he podido celebrar dos de mis cumpleaños mojándolos en sendas orejonas: la Octava y la Décima.
La Octava fue el día que cumplí 23, dos años después aún nos duraba la resaca de la Séptima y, con lo mal que jugó aquel equipo el año 2000, plantarnos en la final fue algo verdaderamente milagroso. No es broma, pero tirando de memoria, parecía imposible. En noviembre habían cesado a J. B. Toshack, entrenador al que no se le entendió su flema galesa cuando dijo aquello de los cerdos volando por encima del Bernabéu. Estuvo mal, sí, pero peor era la actitud del equipo en aquellos meses de invierno. El Madrid lo suplió de forma interina con un hombre de la casa, Vicente del Bosque, que venía para un rato y por ahorrar dinero. El charro se limitó a ver cómo el Deportivo ganó una Liga en la que el Real Madrid quedó quinto, fuera de posiciones de Champions, de no ser porque se dio el milagro que decía don Bosco.
“Confiad en María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, repetía con inquebrantable fe don Bosco, una frase que para un ateo o agnóstico no será más que superchería, pero no para un católico. Ni para un madridista
Aquella edición de la Copa de Europa fue extraña. Se jugó la fase de grupos, como siempre, en otoño, pero ese año la UEFA se inventó que los octavos de final fuesen también una liguilla de cuatro. En ella quedamos encuadrados con el Bayern de Múnich, el Dinamo de Kiev y el Rosenborg. El Bayern de Múnich nos ganó los dos partidos, jugados en febrero y marzo, por 2-4 en el Bernabéu y por 4-1 en Múnich. Nos pasaron por encima. La clasificación quedó con el equipo alemán primero y con el Madrid y el Dinamo de Kiev empatados a puntos, con los blancos con peor gol average general que el Dinamo —menos uno para nosotros y más dos para los ucranianos— pero el particular se lo ganamos por un gol. Pasamos a cuartos de milagro, jugando remal, sin sentido ni concierto. Pero pasamos. Ahí sí, en cuartos, el Madrid dio su versión Champions en todo su esplendor, empatando a cero en el Bernabéu contra el Manchester United y ganando en Old Trafford 2-3, el día del taconazo de Redondo.
One of the best assists in #UCL history 🤩
🗓️ Redondo sets up Raul #OnThisDay in 2000! pic.twitter.com/L4fcDmprp0
— UEFA Champions League (@ChampionsLeague) April 19, 2019
Las semis, solo mes y medio después de haber sido apabullados por el Bayern de Múnich, nos enfrentaban de nuevo con ellos. En esa eliminatoria apareció de la nada un jugador que ni estaba ni se le esperaba: Nicolas Anelka. Hizo dos goles, uno en el Bernabéu y otro en Alemania con aquel escorzo a pase Savio que sirvió para llegar a la final. De modo que la jugamos después de haber perdido tres de cuatro partidos contra el Bayern en dos meses, con un resultado acumulado de 10-4 para ellos. Aún no se lo explican en Baviera…
Jugamos la final de la Octava tras eliminar al Bayern después de haber perdido tres de cuatro partidos contra ellos en dos meses
La final de ese año 2000 la disputamos con Vicente del Bosque de entrenador y con el once inicial más imprevisible y extraño que hubiéramos podido imaginar para jugarnos una Champions y, además, con la alineación más joven de entre todos los onces de todos los equipos y partidos que se habían jugado aquella edición del torneo: Casillas (19), Salgado (24), Karanka (26), Helguera (25), Iván Campo (26), Roberto Carlos (27), Redondo (30), McManaman (28), Raúl (22), Anelka (21) y Morientes (24), con una media de edad de 24,7 años. De locos. Un auténtico milagro. El resultado, lo recordamos todos: 3-0. Alucinante. Fue la final menos efervescente de las que recuerdo, tal vez por ser ante el Valencia, tal vez por ser dos años después de la que inundó todo… No lo sé, aun así la celebré por todo lo alto y con camiseta de regalo. Al fin y al cabo, era mi 23º cumpleaños.
La Décima… la Décima fue otra cosa. Mi primer cumpleaños de casado y mi esposa, más atlética que el oso de su escudo, se fue al Calderón embarazada de nuestro primer vástago y me dejó solo en casa con mi cumpleaños por celebrar. Llamé a mi amigo Pascual, madridista, hombre moderado y callado, condición esta última que se agradece para ver un partido de fútbol de alta tensión. Una final contra el Valencia no nos incomodaba mucho, pero contra el Atleti, ante la sola posibilidad de perder y vislumbrar la turra de años que nos darían, era insufrible. De hecho, diría que las dos contra los vecinos de abajo han sido las dos en las que no he disfrutado durante el partido. Fueron peores que ir al dentista. Pero bueno, aquel 24 de mayo de 2014, con mi recién esposa viendo el encuentro con su tribu y yo con mi compadre, celebrando mis 37, salió a relucir el santoral: el 24 de mayo no se celebra otra fiesta que la de María Auxiliadora. “Confiad en María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”.
En el minuto 93, ante aquel segundo córner consecutivo que sacaba Modric, con mi amigo Pascual más pálido que un oso polar bañándose en lejía, me puse de pie y grité: “¡Ahora es el gol! ¡Como el Manchester!”. Me refería, ya lo saben ustedes, a la final de 1999 en la que el Manchester United le dio la vuelta al partido contra el Bayern de Múnich con dos goles en un minuto. Final, por cierto, jugada también un 24 de mayo… día de María Auxiliadora.
Mi gritó de fe era más un lamento educado que una certeza, pero… a las 22:48 se abrió el Cielo sobre Lisboa con todas sus gracias, que cayeron en la cabeza de Sergio Ramos, que metió el gol de María Auxiliadora, de san Juan Bosco, del Manchester United, y de media ciudad de Madrid, que respiró tranquila pensando: “¡De la que nos hemos librado, madre mía!”.
De los 10 segundos siguientes al gol no conservo memoria. No sé qué pasó, qué hice, en qué parte de la casa estuve. Al recobrar la conciencia estaba en el pasillo dando besos a una puerta y, al regresar al salón, ahí estaba Pascual, sentado en el sofá, impertérrito, pálido ceniza y acertando sólo a decir, en voz muy bajita, como para no despertar de lo que parecía ser un sueño: “no me lo creo… no me lo creo…”.
A las 22:48 se abrió el Cielo sobre Lisboa con todas sus gracias, que cayeron en la cabeza de Sergio Ramos, que metió el gol de María Auxiliadora, de san Juan Bosco, del Manchester United, y de media ciudad de Madrid, que respiró tranquila pensando: “¡De la que nos hemos librado, madre mía!”
Efeméride preciosa para los madridistas el 24 de mayo, aniversario de la Octava y de la Décima, que celebro con alegría disimulada tanto por esto como por mis años, y que siempre me recuerda aquella cita, más cierta que incierta, de san Juan Bosco que decía: “Confiad en María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”. Para muestra, un botón: mi esposa llegó a casa bufanda en mano, dio las buenas noches y se marchó a la cama sin más. Ni cumpleaños ni recién casados ni nada. Hoy, diez años después, seguimos felizmente casados. ¡Hala Madrid!
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Kaliméra, amigos galernautas. Καλημέρα, que diría un heleno. Lo hemos vuelto a hacer. Tanto nos da los goles que los canastos. Regresamos a una final europea. F4 Glory. Ascendemos de nuevo a las más altas cotas de la máxima competición continental donde los incautos sufren mal de altura y se despeñan entre aspavientos y cara de higo chumbo, como la que lució Giorgios Bartzokas mediado el último cuarto. En el primero nos marcarnos un trepidante sirtaki de triples y básquet en la cara de Olympiacos que ríase usted de Zorba. 28-10.
A partir de entonces, los hombres de Chus Mateo se batieron el cobre para contener las orgullosas acometidas de los atenienses y labrar una victoria merecida y completa que nos sitúa a las puertas de otro tuit forofo y triunfal de Luka Doncic al otro lado del Atlántico, camino de la Duodécima. Ya lo decía el sabio, “un escudo redondito con muchas Copas de Europa”. Luka, por cierto, celebró la victoria blanca frente a Olympiacos haciendo ganar a su equipo con un triple marca de la casa en la última acción del encuentro. Cuando uno lleva al Madrid dentro, aflora siempre.
Lo mire usted como lo mire, estamos ante una nueva gesta del madridismo que, por una vez y sin que sirva de precedente, la Central Lechera, con gusto desigual, ha decidido colocar como noticia preponderante en sus primeras planas sin someterla, como acostumbra, en los bajos fondos de la portada a primicias tales como una infidelidad de Pedri con el plátano de Canarias, el sinvivir general de nuestro vigoréxico seleccionador de Masías, o la enésima entrevista exclusiva al jeque o CEO de turno previa pachanga de pádel o barbacoa anticaspa incluida.
Luego, por supuesto, también subyace una cuestión de estilo. Ninguna de las apuestas de la prensa deportiva mesetaria, fuera por diseño o tipografía, se postula a ser enmarcada en cristalerías Chamberí para la posteridad, salvo que uno tenga, claro, predilección por las posaderas de Dzanan Musa. Las que luce el bosnio en la tapa del diario As no son, por cierto, más que la culminación de un delicioso pase a la remanguillé que sofocó la espartana resistencia a la derrota de los atenienses, siempre joroña que joroña, como aquel viejo spot —que no Sport— de yogures cremosos.
Chachismo Ilustrado.
Lo cierto es que está para criogenizarlo y descongelarlo para jugar finales. Como Rudy, como Llull y toda esta cohorte de jugadores legendarios que, más allá de lo que ocurra el domingo ante otros griegos liderados por un turco loco, merecen ser renovados.
“Podemos ser el mejor equipo de la historia de la Euroliga”, dijo SuperMario, que lleva unos días meloso con Florentino y poniendo ojitos al madridismo.
Igualito que el jardinero Hernández.
Se le marchitó la flor.
Sport lo ha intentado. Las causas nobles suelen dar para estos subterfugios. Sea la promoción del deporte femenino o la cría del centollo ibérico en cautividad, lo que ha pretendido Sport es minimizar con las campeonas del Barcelona balompédico y su final de Champions el esperpento que sacude Can Barça desde el último mes hasta límites insospechados de dimes, diretes, y todo tipo de malas artes, entre sushis envenenados y radiantes sonrisas blaugranas impostadas.
No hace tanto veíamos a un lacrimógeno Laporta haciendo pucheritos anunciando la ratificación de Xavi en el cargo. El hasta ayer entrenador culé le correspondió entonces con una carantoña a la altura del pezón derecho cual si fuera una mascota. A otro perro con ese hueso; lo cierto es que sólo les faltó echar un cacahuete al mono.
Justamente el que no para de zampar maní en forma de comisiò es Pini Zahavi, hebreo agente FIFA del sucesor de Hernández, el germano Hansi Flick.
Pero no sólo eso, el israelí también es intimo amic entre cavas y canapés de Joan Kennedy Laporta, asimismo representante Jubilación D´Or de Robert Lewandowski y muñidor, oh sorpresa, dicen las malas lenguas, de la multimillonaria salida de Neymar Junior del Barça de Barto rumbo al PSG, jugada que reportó pingües beneficios al propio Joan.
Se habla poco de esto, pero la pela es la pela et c´est la vie, mes amies
Sugiere el periobarcelonismo en portada que Flick —del que desconocemos su parentesco con Flak o relación alguna con manecillas de un reloj— vendrá con dos ayudantes de verdad, de los que entrenan, de los que innovan como Davide, técnicos que distan mucho del cuñadismo que presidió los entrenos teletubbie de la nueva era azulgrana. Gloriosa.
Glorioso lo del Madrid de los canastos ayer y glorioso lo del Madrid futbolístico esta noche. Descuelguen los esmóquines de sus vestidores, amigos galernautas, busquen las pajaritas, saquen brillo a sus joyas, en definitiva, pónganse de etiqueta.
Hoy Herr Kroos juega su último partido en el Bernabéu.
El resto es silencio, que decía William Shakespeare.