Las mejores firmas madridistas del planeta

El caprichoso algoritmo acertó el otro día a mostrarme un vídeo en el que a Pirri, de corto y con bigote de pocos amigos, le aborda un periodista de TVE para preguntarle cuántas Ligas llevaba ganadas con la que acaban de certificar. El ceutí, casi sin detenerse y con sinceras dudas, suelta: “No sé si es la quinta o la sexta”. Por si queda algún despistado, además de diez títulos domésticos, el pulmón blanco también se retiraría con una Copa de Europa (1966) y cuatro Copas en su zurrón.

No estoy seguro de que los jugadores de la actual plantilla del Madrid conozcan la existencia de la anécdota (del jugador imagino que tienen noticia, acaso por haber coincidido con él en algún acto del club). Lo que comienzo a sospechar, por la actitud de no pocos en Mallorca (mera repetición de lo visto en demasiados tramos de la presente campaña), es que alguno piensa que ya ha ganado lo mismo que Pirri. Sólo así se puede explicar la contemporización —por no hablar de desidia— en algunas jugadas clave de la última derrota liguera.

Hasta donde sabemos, el fútbol sigue siendo un juego con tres variables: victoria, derrota y empate. Es posible no llegar a un salto, que el rival se anticipe mejor que tú a un centro o caer en el engaño de una finta. Todo esto es razonable y perdonable, ya se vista la camiseta del Bollullos o del Real Madrid. Lo que no tiene justificación es negociar un esfuerzo y dejar escapar a una marca con la resignación del novio que ve marchar el tren de su amada, con más ganas de darle una patada a una piedra que de salir corriendo para evitar el desastre.

Quizá algún jugador piensa que ya ha ganado lo mismo que Pirri. Sólo así se puede explicar la contemporización —por no hablar de desidia— en algunas jugadas clave de la última derrota liguera

Ya sólo queda la Champions para un Madrid que no sólo se ha dejado las competiciones nacionales (Copa, Supercopa y Liga) por el tortuoso camino de esta temporada, sino también un proyecto, el de Alonso, que trata de remendar su mejor amigo en el fútbol.  El sello de Arbeloa, la recuperación de dos pilares (Vinícius y Valverde) y la apuesta real por la cantera, es innegable, pero de la última bala de cañón dependerá su futuro en un equipo para el que dos temporadas en blanco son equiparables a un descenso.

Sin remontarnos a los años de Pirri, podemos hacer parada en el Madrid de la Séptima, el de la temporada 97/98. Ya saben, Heynckes en el banquillo y el equipo haciendo el mayor de los ridículos en la Liga (finalizaría cuarto, a 11 puntos del Barça) mientras avanzaba con el aplomo y la fortuna de los campeones por Europa. En 2024, en el extinto Relevo, Panucci desveló la clave de aquella mágica paradoja: “Aquella fue una plantilla de muchos líderes al servicio de la plantilla”. Hagan memoria y contengan la lágrima: Hierro, Roberto Carlos, Redondo, Raúl, Mijatovic, Seedorf o el propio Panucci comandaban sobre el verde. Posiblemente por ahí, por la falta de peso actual, se explican muchas cosas de estos meses. Lo veremos.

 

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Buenos días, amigos, y feliz lunes de Pascua. Nos permitimos felicitaros de este modo porque os suponemos creyentes (en el Real Madrid), pese a las duras pruebas de fe a las que a veces nos somete el equipo. Si habitáis en una comunidad autónoma en la que hoy es festivo, enhorabuena: holgad cuanto podáis y sed buenos si no tenéis nada mejor que hacer. Si, por el contrario, os toca volver al trabajo, embridad el entusiasmo que tal circunstancia sin duda os produce. Hoy no es lunes, es lunísimes, término que la Real Academia no define (pero debería) como lunes que sucede a un largo fin de semana o periodo vacacional en el que el Real Madrid renuncia con aparente displicencia a luchar por el título de Liga. Como para no estar exultantes.

Liga que, un fin de semana más, vuelve a demostrarse que no es ya sólo la mugrienta Liga Negreira (MLN para los aficionados al deporte estadounidense), sino directamente cochambrosa, puerca, inmunda. No vamos a repetir aquí lo que ya decíamos en el portanálisis de ayer, donde ya soltamos una buena dosis de vitriolo a modo de sangría que restableciera el equilibrio de nuestros maltrechos humores madridistas; si una cosa buena tiene la MLN es que no escasean precisamente las sanguijuelas con que practicar tan taumatúrgico procedimiento.

Pero sí queremos constatar, sin alborozo alguno, que lo de los escándalos arbitrales y VARales a favor del Barcelona cada fin de semana se ha convertido en una cosa costumbrista, consuetudinaria. Una tradición de no tan reciente creación que se constituye en elemento identificador del país, como la siesta o la tortilla de patatas. Un componente inconfundible del folclore patrio, como la guitarra, las castañuelas o la envidia. Corrupción al por mayor y con menudeo, inexplicables decisiones perfectamente explicables, robos, latrocinios, apaños, pillaje, filibusterismo, desvergüenza e impunidad, mucha impunidad, toda la impunidad. Y otra de gambas. España y el fútbol español somos así, señora.

Nada de esto encontraréis en la prensa deportiva, pero esto ya lo sabíais sin necesidad de leer este portanálisis ni de abrir un solo periódico. Sólo el As hace referencia en un faldoncillo a la supuesta indignación atlética con el arbitraje. “El Atleti exige explicaciones al CTA y Gil Marín dice sentir vergüenza”. Razones, ciertamente, no le faltan a Gil Marín para sentir vergüenza. Pero no precisamente por el arbitraje del sábado, sino por el silencio del club del que es ex accionista mayoritario ante los pagos del Barcelona durante al menos diecisiete años al vicepresidente del CTA al que ahora, inopinadamente, exige explicaciones. O por haber criticado duramente al Real Madrid por llevar años pidiendo esas explicaciones que ahora exige él tan campanudamente. O por ser el ex accionista mayoritario de un club cuyos aficionados prefieren la derrota del rival a la victoria del equipo propio. O por ser el ex accionista mayoritario de un club que acoge y cobija a grupos de filiación nazi con asesinatos a sus espaldas. O por haberse convertido en su día en accionista mayoritario de un club arramplado mediante apropiación indebida y estafa, según sentenció la Audiencia Nacional, por más que el Tribunal Supremo declarase prescritos los delitos.

Gil Marín, Menos exigir explicaciones (¡a buenas horas!) cuando no sólo has estado callado durante años, sino que has intentado acallar a los que denuncian que el rey va desnudo y el Barcelona arbitralmente hiperdopado

Así que menos lágrimas de cocodrilo, Gil Marín. Menos ponerse enfático y rimbombante y grandilocuente. Menos exigir explicaciones (¡a buenas horas!) cuando no sólo has estado callado durante años, sino que has intentado acallar a los que denuncian que el rey va desnudo y el Barcelona arbitralmente hiperdopado. Menos pellizcos de monja ahora que piensas que el Real Madrid no representa ya una amenaza para el título liguero del Barcelona. La falsedad de tu supuesta indignación, la hipocresía de tu denuncia se hacen evidentes con sólo imaginar cuál no habría sido tu reacción y la de tu club si las decisiones arbitrales que el sábado adoptó Busquets Ferrer —en comandita con el VAR— a favor del Barcelona se hubieran producido a favor del Real Madrid.

Por lo demás, el As dedica el grueso de la portada al excitante partido de ida de cuartos contra el Bayern de Munich, que ya lo tenemos llamando a la puerta. “Reconexión Champions” titula el As, y votamos a bríos que no está mal traído el término. Reconectar le hace falta al equipo: con la tensión competitiva y con su afición, porque si algo describe lo que muchos madridistas experimentaron el sábado es una absoluta desconexión entre lo mucho que a ellos les concernía lo que el equipo se estaba jugando en Son Moix y la actitud que transmitieron los jugadores.

El resto de portadas tienen el mismo interés que el prospecto de un crecepelos. Eso sí, Sport nos recuerda que Messi estrena casa. Al cierre de esta edición, no podemos confirmar si se trata de una metonimia o es que al astro argentino le han habilitado un apartamentito contiguo al vestuario en el nuevo estadio del Inter de Miami, al objeto de que no pierda ni el tiempo ni el rumbo en lo que los americanos llaman el commute. Habida cuenta del interés del asunto, os prometemos que en cuanto podamos confirmar tal extremo interrumpiremos la programación para facilitaros la noticia de alcance. O no.

En fin, galernautas, mañana es día de Champions. Y de los grandes. Una ocasión estupenda para pasar página de este nefasto fin de semana y para recuperar la fe. Para volver a perseguir la gloria con confianza, optimismo, determinación y denuedo. Que eso, y no otra cosa, es el Real Madrid.

Pasad un buen día.

Me ha costado horrores ponerme a escribir algo sensato hoy. Me puede la rabia, la impotencia y mi naturaleza pesimista no ayuda. He visto nueve finales de Champions y salvo las dos primeras, en las que tenía una confianza ciega totalmente irracional, tal vez por la edad, siempre he llegado cagado de miedo al día D. Incluso frente al Dortmund. Las finales contra el Atlético las pasé como pude, paralizado por el terror, barruntando cómo arrastrar para el resto de la vida una final perdida contra ellos. No porque no merezcan el premio, que a estas alturas deberían ya tener en sus vitrinas en lugar de alguno de los inmerecidos de ese club del que usted me habla, sino por la turra que nos habría caído sistemática, plomiza, para zanjar cualquier discusión con un colchonero. Así son.

He necesitado 24 horas para recuperar el pulso después del aquelarre vivido en Palma. La rabia y la impotencia son por los nuestros, obviamente. Vi un equipo incapaz siquiera de empatarle a un rival muy inferior, como Osasuna, como Getafe. Unos jugadores sin ganas, sin tensión competitiva, sin alma. Facturando como élite y jugando como medianías. He visto malas rachas del equipo muchas veces, mal juego, derrotas. Lo que nunca he visto es un Real Madrid al que no le importe perder. Carente de amor propio, de orgullo por la camiseta. Esa carrerita de Camavinga detrás de Morlanes renunciando a intentar llegar, o la de Trent, indolente, simplemente observando a Mateo Joseph asistir a Muriqi en el punto de penalti... Nunca antes había visto algo así. Deprime. Hay jugadores que no han entendido nada.

El entrenador asumió la responsabilidad por la derrota. La tuvo. Los cambios no mejoraron al equipo. Lo empeoraron. Pensó demasiado en el martes y permitió al binomio corrupto CTA-Barcelona sentenciar la liga la noche del sábado. Sentar a Güler, el único jugador que tiene filo en mediocampo y que puede poner balones de calidad, nos condenó a buscar a Vini la última media hora como único recurso. Por cierto, estrategia previsible para la cual DeMichelis, naturalmente, tenía un plan. Mal Arbeloa. Bellingham no aportó nada. La puesta en escena desesperada de un Mastantuono sin confianza terminó en fiasco. Mbappé tuvo cuatro goles en sus botas en la primera parte y desapareció en la segunda. Es fácil acertar la quiniela el lunes, pero no me digan que no echaron de menos a Gonzalo después del gol de Militao, sabiendo que el Mallorca era más vulnerable en balones aéreos que por las bandas, superpobladas de futbolistas bermellones en ayudas constantes.

He visto malas rachas del equipo muchas veces, mal juego, derrotas. Lo que nunca he visto es un Real Madrid al que no le importe perder. Carente de amor propio, de orgullo por la camiseta

Repetimos mucho que el CTA es una presunta organización criminal. La constatación la tenemos cada semana, pero en momentos determinantes, como en un Atlético-Barcelona donde el título está en juego, podríamos pensar: "no se atreverán aquí…", "sería demasiado obvio...". Pues sí se atrevieron, delante de millones de espectadores entre los cuales espero que hubiera también evaluadores de la UEFA, para que sepan de primera mano cómo se las gastan Louzán y la alegre pandilla del CTA.

El reparto de tarjetas fue desigual desde el inicio: siete faltas el Atlético en la primera parte: tres amarillas y una roja. Seis faltas el Barcelona: una amarilla. Eric García cometió tres faltas de tarjeta en 45 minutos sin sanción disciplinaria. Todo OK, José Luis. En un alarde de protagonismo, dejando claro quién mandaba en el partido, Melero López, a los mandos prevaricadores del VAR, avisó en el descuento de la primera parte con una innecesaria y discutible corrección de amarilla a roja para Nico González. La falta sobre Yamal es clara de tarjeta, pero no hay situación manifiesta de gol en una jugada lateral en la que el delantero va solo, el portero espera bajo palos y dos defensas están llegando a la frontal.

Nos cansamos de insistir en que la golfada de cada fin de semana es insuperable. No lo es. La total ausencia de escrúpulos, la interpretación torticera del reglamento y las posteriores explicaciones ad hoc, normalmente contradictorias, consiguen lo que buscan: primero, arbitrar los partidos con discrecionalidad, tomando decisiones injustas con conocimiento e intención manipuladora. Después, explicarlas a conveniencia con una desvergüenza intolerable que, sin embargo, los aficionados toleran, anestesiados por el discurso de personajes siniestros de los medios de comunicación o por gurús de mercadillo de las redes sociales.

No cargaré las tintas sobre Busquets Ferrer. Al fin y al cabo, si quiere los trescientos mil tiene que tragar. Acertó en las decisiones sobre el césped, pero protegió su cuantioso salario doblando la cerviz ante las llamadas VAR, que son como la cabeza de caballo en la cama, una advertencia: "Ya sabes lo que tienes que hacer". Este árbitro no es ninguno de los Munuera, Hernández Hernández o De Burgos Bengoetxea; ni siquiera Manolete, que se tragó un penalti catedralicio por mano en el área del Mallorca en el minuto 3 de partido que Mediapro nos ocultó (lo que no se ve en la tele no existe) y sus sicarios en la cabina ni mencionaron (de lo que no habla Carlos Martínez, no existe).

En momentos determinantes, como en un Atlético-Barcelona donde el título está en juego, podríamos pensar: "no se atreverán aquí…", "sería demasiado obvio...". Pues sí se atrevieron, delante de millones de espectadores

Salvo las dosis homeopáticas de criterio sancionador con las tarjetas, trademark CTA, Busquets no cometió errores de bulto hasta que llegó la roja para Nico. Tampoco él o el línea vieron el fuera de juego previo de Yamal en esa jugada. Tuvimos que esperar diez minutos, durante el descanso, para ver los muñecos que mueven en el VAR a conveniencia, como nos explicó en su día Clos Gómez. Ahí terminó el evento deportivo y empezó la adjudicación de la liga 2026 al club más corrupto de la historia del fútbol.

La roja de Gerard Martín no es para discutir en la barra de bar o en el escalón más bajo del cuñadismo que es X. Es indiscutible. Es reglamentaria. Es inobjetable. El árbitro la vio en tiempo real y la valoró instantáneamente. En el monitor VAR y en las repeticiones desde cualquier ángulo quedan menos dudas aún. Se aprecia cómo la plantilla del defensa impacta y tuerce el tobillo de Almada. Existe la circunstancia de "riesgo evidente de lesión" como prevé el reglamento. La llamada del VAR al árbitro es un acto prevaricador en sí misma. Una decisión consciente para "acomodar" el resultado de un partido en el que estaba en juego la liga. Hubo un método Negreira y es este, precisamente. Melero López advirtió a Busquets Ferrer: "En mi opinión, es una acción en la que el jugador del Barcelona juega el balón de forma natural, una dinámica normal del juego".

El Barcelona debió quedarse con diez toda la segunda parte. No lo digo yo. Lo dice Marta Frías, portavoz del CTA que nos adormece semanalmente con sus explicaciones leídas de los textos que Negreira, Sánchez Arminio o el más reciente Medina Cantalejo habrían firmado. No sabemos quién los firma ahora, pero no sería raro que fuera Fernández Borbalán, otra estrella del Método que ejerce de director técnico del CTA, a la sazón, el que garantiza la discrecionalidad del arbitraje y es capaz de explicarte lo contrario sin pestañear. Hace apenas un mes, Marta explicó la jugada de Gerard Martín en el Betis-Rayo, con otros protagonistas y con resolución de roja, reconociendo el error de Martínez Munuera, que sólo mostró amarilla.

Resumen histórico: El Barcelona ha jugado 69 partidos más contra diez que con diez contra once, desde el año 2000. El Real Madrid, uno. No hay más preguntas, señor juez.

Al madridismo no le ha importado perder ligas cuando ha tenido la sensación de no merecerlas. Pero esta la dejamos ir con rabia y con tristeza, por no haberla competido. Habría sido un premio inmerecido por la irregularidad y por la imagen desesperante que hemos dado en algunos partidos, pero no por esto vamos a dejar de señalar que el CTA nos ha hecho daño siempre que ha podido.

El negreirato no terminó en 2018. Desde la llegada de Tebas a la RFEF percibimos un resurgimiento del Método Negreira. Tebas ha colocado en el CTA unos cuantos jarrones chinos de atrezo, pero los arbitrajes del "Grupo Salvaje" ascendido y amamantado por Negreira y promocionado por los sucesivos presidentes corruptos del CTA han condicionado una vez más la competición.

Con Negreira "pagaban para todo fuera neutral", con Tebas la motivación es su guerra personal contra Florentino en el único frente en el que puede hacerle daño. El Método, el mismo

El VAR se ha convertido en una herramienta perfecta para manipular partidos con la coartada de la neutralidad tecnológica. Ayer mismo lo vimos, en Palma y en el Metropolitano con Iglesias Villanueva y Melero López en la prevaricación. Con Negreira "pagaban para todo fuera neutral", con Tebas la motivación es su guerra personal contra Florentino en el único frente en el que puede hacerle daño. El Método, el mismo.

El madridismo está deprimido. Por el juego del equipo, que es impredecible. Por la falta de pasión, competitividad y ambición de los jugadores y por el ambiente putrefacto del fútbol español, que sí es angustiosamente predecible. Por suerte, Europa es otra cosa. Mañana nos llega el Bayern. Ave María Purísima. Queda dicho que soy pesimista. Todos los rivales europeos me producen pavor, juegue o no juegue Kane y aunque Neuer tenga 40 años.

Con rivales que juegan a ganar y que nos vienen a buscar suelen salirnos mejores partidos, pero también nos podemos llevar una estocada mortal si salimos a verlas venir. La pájara de Palma nos dejó señales inquietantes otra vez. A ver qué nos depara esta edición de la Champions. Ilusión no me queda, pero me queda fe. Hala Madrid.

 

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Podía pasar y pasó: el Madrid ha colaborado con las fuerzas del mal y entregado la Liga en la jornada 30. Mucho ha aguantado, dirán algunos.

En esto de la Liga, el roce no hace el cariño. Amigarse con ‘ceteás-tebas-federaciones-consejossuperiores’ y tal es imposible para espíritus sanos, luego hablamos.

Pero… acaba el partido en Palma y queda la sensación de que ‘eso’ no es el Madrid. Que una cosa es la aversión a la Liga de mucho madridista y otra que pitan el final de un partido como el último y se te llevan los demonios.

Tengo montones de guasaps que lo confirman. Y en este particular no tienen culpa los malos, malísimos arriba señalados, simplemente lo disfrutan. Han vuelto a ganar.

El Madrid de Palma, pues eso, palma porque no pone sus cinco sentidos en la pelea. Y el rival, sí. Como Osasuna, Celta, Getafe, Rayo y Girona, invitados en la sangría de puntos que ha ayudado a que el campeonato se haya puesto imposible para el Real.

Osasuna, Celta, Getafe, Rayo y Girona, esos cinco partidos son 15 puntos, 18 si añadimos los de Mallorca: el Madrid sumó 2. Los raquíticos empates en Vallecas y Montilivi. 2 de 18 posibles. Y está a siete puntos de la cabeza.

¿Podríamos considerar descabellado, denunciable, exagerado, pensar que de esos 16 puntos perdidos el Madrid hubiese podido sumar 7 sin necesitar que los cerdos volaran, diría JB Toshack? Fíjense.

el Madrid ha colaborado con las fuerzas del mal y entregado la Liga en la jornada 30

Le valdría haber ganado a Celta o Getafe en el Bernabéu, a uno de los dos. A Rayo o Girona, ¡a uno de los dos! y haber sumado dos puntos más en sus visitas a Pamplona y Palma. 3+2+2 = 7.

Con eso compartiría liderato. Y con un poquito más lo disfrutaría en solitario. No pido más que 7 de 16, menos de la mitad, porque respeto a las fuerzas del mal y su trabajo es impecable. Un Madrid metido en harina no digo que les gane siempre a las fuerzas del mal, pero les hace partido, seguro.

Y el caso es que el Madrid apenas jugó esta jornada. Lo he pensado y entiendo que a sus futbolistas les canse esta pelea un año sí, al otro también y el que viene, lo mismo. Y se nublen. Y más pensando que llega el Bayern.

Los anima la experiencia y, por no hacérselo largo, esta vez hubo una mano mallorquinista en su área, me lo pareció en directo. No se pitó ni se repitió la imagen. Días después de la roja a Valverde le sacaron una al barcelonista Martín: en menos de un minuto se la quitaron.

Debe agotar esa pelea, imagino. Picar piedra diez meses y tener la certeza de que la Liga la ganarás si eres capaz de bordar lo de la última vez: una derrota en las 38 jornadas… y ya veremos.

Que sí, que la obligación de estar alerta cada partido, de local o de visitante, es un incordio y una invitación a pasar de todo o casi y más a según qué edades.

Lo entiendo, pero díganlo. No estaría de más que salieran los capitanes en un video de Realmadrid TV y se explicaran: “No estuvimos a la altura ante el Mallorca, ustedes perdonen. Pero es que estamos ya hasta el moño de remar y remar y que acaben mangándonos la barca ”. Se abriría un bonito debate.

¡Anda que no le gustaría a la Bundesliga llevarse al Madrid! Le tratarían mejor de lo que le tratan aquí, pues entendería el valor único que supondría tenerle en su campeonato, ellos sí

Sería bueno que se lo contaran a su gente, la que se quedó con un palmo de narices y espera el día de mañana con esos ojitos que se le ponen al madridismo, y sólo a él, cuando aparece Europa. Viene el Bayern para jugar el partido de Europa.

Es el rival de rivales y es gente afortunada: su Liga no les putea. ¡Anda que no le gustaría llevarse al Madrid! Le trataría mejor de lo que le tratan aquí, pues entenderían el valor único que supondría tenerle en su campeonato, ellos sí.

Y Negreirbauer, Palancsmüller, Kautelarens y tal ni en broma. Yo se lo preguntaría: ¿Eh, Bayern. Nos venimos contigo, te imaginas?

Aplacemos polémicas. El Rey vuelve a escena. Reine la paz con otra certeza indiscutible: gane o pierda el Madrid necesita reformas. Enchufado como estará ahora o disperso como tantas veces. Incluso en el Prado acaba habiendo goteras con el tiempo. Y en el Madrid ha llovido. Mucho.

 

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Buenos días. Seguro que esta no es la peor temporada de la historia del Real Madrid, pero seguro también que es una de las más insoportables. Cada amago de mejoría queda truncado en una derrota vergonzosa, y la última de ellas, la cosechada ayer por la tarde en Mallorca, deja además al equipo de Arbeloa tocado de muerte en lo que respecta al título de liga. Siete puntos se antojan muchos con solo ocho jornadas por delante.

¿De qué queréis que os hablemos? ¿De lo bochornoso que fue el partido del Real Madrid (sobre todo en un segundo tiempo donde no parecieron darse por enterados de que la liga se les escapaba por minutos), o de lo asquerosamente manipulada que está esta competición desde el punto de vista arbitral? Son dos realidades paralelas, y ambas conspiran para que no se hable de la otra, pero las dos están ahí. Es la MLN (Mugrienta Liga Negreira) en feliz hallazgo de Jesús Alcaide, pero también el Madrid hace Mugrienta la Liga Negreira.

Titula As que “el Madrid regala la liga”. Es al mismo tiempo verdad y mentira. Mentira porque la liga ya está regalada desde agosto, y no es el Madrid quien, a esa altura, la pone en bandeja a tu rival. Verdad porque, si uno mira la segunda mitad de los blancos, le parece imposible que hubiera nada importante en juego. Así de claro lo expresó Genaro Desailly en su crónica, absolutamente desabrida, así como en sus calificaciones a los nuestros, asumidamente iracundas. El partido se fue por el desagüe porque nuestros hombres no asumieron con la debida gallardía que les tocaba remontar después de irse al descanso perdiendo a pesar de hacer un primer tiempo decente (arruinado por mala puntería y endeblez  defensiva).

Lo que no dice As es que hay un penalti descarado por mano en el área mallorquinista, tras un centro de Mbappé, en el primer tiempo. Nosotros no lo protestamos porque en afán competitivo, sobre el campo, nos superan las carmelitas del monasterio de Cantalapiedra, pero lo hay. La realización lo oculta, sin que sepamos si las imágenes llegan siquiera al VAR, pero lo hay.

De manera que sí, el Madrid cae en Mallorca “tras un pésimo partido”, pero es otro partido nefasto más de esta liga trucha, podrida hasta el tuétano y diseñada por los enemigos del Real Madrid para acelerar el mal momento deportivo e institucional que vive el club de Concha Espina.

As se refiere también a los aspectos polémicos de la victoria blaugrana en el Metropolitano, pero esos nos los guardamos para cuando lleguemos a la prensa cataculé.

Por prensa cataculé (o al menos culé, porque no está basada en Cataluña) entendemos ya Marca, que divide su portada en dos para celebrar como es debido el éxito que para ellos supone la jornada. Por supuesto, no hay la menor mención al referido penalti en Son Moix, aunque sí, con la tibieza acostumbrada, hablan de vergonzoso arbitraje de Busquets Ferrer (y, sobre todo, Melero López en el VAR) en la victoria del equipo cliente de Negreira.

Melero López intervino desde la cabina para corregir la decisión inicial de Busquets de expulsar a Gerard Martín. Era la única decisión posible, y la intervención de Melero para mutar el color de la tarjeta y dejarlo en amarilla constituye un escándalo, uno más, en esta liga bochornosa de Tebas. Busquets debió ignorar el abracadabrante dictamen de su compañero. Todo esto es chocante en sí mismo, pero lo es aún más puesto en contexto.

Sí, amigos.

Romero caza a Mbappé, en una entrada de juzgado de guardia, y nadie del VAR interviene para cambiar el color de su tarjeta, en este caso de amarilla a roja.

Raphinha sega las piernas de un jugador precisamente del Mallorca, y aquí nadie interviene para que el brasileño abandone el terreno de juego.

Valverde hace una entrada fuerte a Baena, propia de una amarilla de manual, y Munuera Montero sorprende a propios y extraños con una roja que nadie en el VAR le recrimina.

Sin embargo, y en un hecho casi inédito, Gerard Martin realiza una entrada criminal sobre Almada, el árbitro de campo le expulsa con toda justicia… y desde el videoarbitraje se interviene para corregirle, no fuese a ser que en este caso se fuera a hacer justicia.

Y todo así.

Por lo demás, antes de la expulsión/no-expulsión tronchante de Gerard, hay una sí-expulsión (con VAR mediante) de Nico González en una jugada que a todas luces parece fuera de juego previo de Lamine Yamal.

Es un campeonato putrefacto que, tal vez en parte por serlo, el Madrid encara además con una mezcla de desidia y falta de motivación que es desquiciante para el aficionado, un aficionado que ya no puede más en esta temporada de montaña rusa emocional (tras otra temporada decepcionante anterior), un aficionado que en parte reclama que el equipo se vaya de una competición que no podría ganar ni con una actitud diferente porque está patentemente pergeñada para que la gane otro, un rival corrupto hasta el tuétano que aprovecha sin decoro todas las prebendas de que goza gracias al sistema, y que se ha rehecho de una situación financiera dramática gracias al apoyo de dicho sistema y, en su momento, del propio Real Madrid.

Nunca había estado el aficionado blanco tan tentado de mirar hacia otro lado y dar la espalda a un espectáculo que no es limpio ni es satisfactorio. Queda la esperanza de la Champions, con el Bayern a 48 horas. Pero, aunque en esa ilusión se cifra la grandeza blanca, es una ilusión de muy complicado cumplimiento en un fútbol europeo dominado por el petrodólar. El panorama es exasperante en esta coyuntura, pero no solo el panorama de esta temporada. El de las próximas, también.

 

La prensa cataculé celebra lo que ya es casi una realidad. Son casi virtuales campeones de liga a 8 jornadas del final, y se congratula por ello haciendo caso omiso de las circunstancias reseñadas. Añadiríamos “enhorabuena”’si no fuera porque sabemos que se compraron el estamento arbitral durante un mínimo de dos décadas, que no han tenido castigo alguno por ello, que es evidente que algo de ese rango sigue sucediendo a día de hoy y que, a su vez, estas nuevas fechorías permanecerán eternamente impunes.

Pasad un buen día, si os lo permiten el bochorno por vuestro propio equipo y el sentimiento de culpa por estar aún pendiente de los resultados de un trampantojo de liga.

Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.

Arbitraje permisivo, como es habitual en la isla, con faltas y acciones que cortan el juego, aunque en esta ocasión no hubo jugadas polémicas ni acciones llamativas en las áreas.

Falló en la apreciación de algunas faltas, sobre todo al final del choque, y sus colegas líneas, en un par de fueras de juego inexistentes.

En la primera parte no hubo tarjetas, pero bien la pudo ver Torre por una entrada abajo a destiempo a Mbappé en el minuto 15. Las amarillas llegaron en la segunda parte. Huijsen por derribo a Luvumbo en el 46', Leo Román por perder tiempo en el 65', Mastantuono por poquita cosa a Darder en el 89' y Maffeo en los últimos segundos del choque.

Sánchez Martínez, DISCRETO.

 

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-Lunin: SUSPENSO. Transparente.

-Trent: SUSPENSO. Inoperante.

-Carreras: SUSPENSO. Desastroso,

-Rüdiger: APROBADO. Salvó a su equipo del primer gol de Muriqi y, en general, mantuvo el tipo.

-Huijsen: SUSPENSO. No aportó nada ni defendiendo ni sacando el balón.

-Tchouaméni: SUSPENSO. Desconocido.

-Camavinga: SUSPENSO. Incapaz.

-Manuel Ángel: APROBADO. Intentó cosas en el primer tiempo.

-Güler: APROBADO ALTO. El mejor hasta que fue sustituido, si bien es cierto que ya había caído mucho también en el segundo tiempo.

-Mbappé: SUSPENSO. Inquietó, pero al mejor jugador del mundo hay que exigirle que haga algo más que inquietar.

-Brahim: SUSPENSO. Apenas apareció.

-Vinícius: SUSPENSO. No le salió absolutamente nada.

-Bellingham: SUSPENSO. Irrelevante, por ser suaves.

-Militao: NOTABLE. Golazo que brindó fugaz esperanza.

-Pitarch, Mastantuono: sin calificar.

-Arbeloa: SUSPENSO. En un equipo con tantos suspensos no se puede aprobar al entrenador.

 

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Decía Arbeloa en la víspera que tenía encendidas 724 alarmas (creo citar correctamente la cifra) con este partido. Pocas eran. El Madrid empezó perdiendo el partido jugando de manera decente pero con extrema inocencia en las áreas. Lo terminó perdiendo rematando la derrota con un juego indecente en la segunda mitad.

Arbeloa alineó una curiosa amalgama de estrellas (volvía Mbappé al once), meritorios (Manuel Ángel de salida), y jugadores pendientes de recuperar jerarquía (Camavinga, Trent). En el banquillo aguardaban su oportunidad figuras de la talla de Vinícius, Bellingham o un resucitado Militao, además de valores emergentes como Thiago Pitarch, reservado —suponemos— para la altísima encomienda del Bayern. En su casa, frente a la tele, acompañado por su esposa e hijos, contemplaba los prolegómenos Fede Valverde por cortesía de Munuera Montero.

El Madrid dominó en los primeros compases, si bien el Mallorca protagonizó la aproximación más peligrosa con un balón que se paseó por el área pequeña ante la extraña inacción del hoy capitán Lunin. Manuel Ángel por la derecha, Güler más escorado a la izquierda y Tchoamevinga en el doble pivote. La cosa fue derivando poco a poco a un contenido intercambio de golpes, con un Mallorca metiendo amenazantes centros a la cabeza de Muriqi y un Mbappé que metió un balón al segundo palo para el cabezazo inocente de Manuel Ángel.

En el minuto 22, llegó la primera de las dos grandes ocasiones que disfrutó Mbappé para mayor gloria de Leo Román. En la primera, el francés recibió un gran pase con el exterior de Güler, pero el portero mallorquinista salió con eficiencia a sus pies. En la segunda, el sensacional pase fue de Camavinga, y el disparo angulado de Kylian lo despejó homéricamente a córner el guardameta. Real Madrid, consagrando guardametas rivales desde 1902. “Estas ocasiones falladas luego las pagas”, dijeron millones de madridistas en sus casas. Millones de madridistas no pueden equivocarse.

Para terminar de acrecentar el contraste entre el buen juego blanco y su inocencia en el área, una larga y brillante jugada por banda derecha culminó en un centro de Trent y un remate de Güler que volvió a salvar Leo Román. No todo, sin embargo, serían opciones para los blancos. Una maniobra espectacular de Muriqi al borde del área pequeña la rebañó in extremis Rüdiger, pifiándola de cabeza, en el rechace, Morlanes. Se veía a Lunin demasiado volcado sobre la línea de gol.

las esperanzas de seguir vivos en la liga consisten en una derrota del club cliente de Negreira… ante el Atlético de Madrid. Rían con toda la amargura de que sean capaces

Fue la antesala de la tragedia. Un centro de Maffeo fue controlado a placer por el propio Morlanes, que fusiló a Lunin. Sin noticias defensivas de Huijsen y Tchouaméni en la jugada. Tampoco Camavinga siguió a su hombre. Posiblemente Lunin no habría podido pararla, pero podía haberse tirado en la dirección adecuada pues, que se sepa, no se trataba de un penalti.

Con la amarga sensación de ir perdiendo por su inoperancia en ambas áreas, llegaba el Madrid al descanso.

Sorprendente la falta de cambios al descanso, aunque enseguida empezarían a calentar Vini, Bellingham y Militao, y malas sensaciones las que inauguraron el segundo tiempo, con un Madrid a merced de la posesión mallorquina y sin aproximarse al área local. No daban los de Arbeloa sensación de estar perdiendo a borbotones sus opciones ligueras, pero tal era la realidad. Mbappé, eso sí, se internó una vez más por la izquierda, obligando a Leo Román a una nueva intervención, aunque esta vez ventiló la inconveniencia sin mayor alarde.

Al borde de la hora de juego, se decidió Arbeloa con los cambios. Aparecieron Vini, Bellingham y Militao. Maffeo vio su vida realizada y empezó con sus gestitos de cara a la galería. No importa, cae como el orto incluso a los suyos.

El Madrid había pasado de jugar decentemente y perder a ir perdiendo jugando muy mal. Los cambios no servían de nada y, encima, Luvumbo sembraba el pánico por la derecha. De hecho, veíamos un Madrid desmadejado, flojo y sin alma, mucho peor que el del primer tiempo. Resultaba incomprensible el trote cochinero del equipo cuando perdía la liga a marchas forzadas.

Quedaban veinte minutos y los blancos daban una lección incalificable de laxitud. Güler se fue y entró Pitarch. El Mallorca encadenaba córners ante la desidia visitante. Millones de madridistas se desgañitaban de indignación en sus casas mientras los únicos que podían hacer algo por aliviar su exasperación parecían insensibles a esa realidad, pese a conocerla. Entró Mastantuono por Brahim. Nadie sabía si la inoperancia del Madrid superaba a su falta de nervio, o viceversa.

Tchouaméni soltó un tirito desviado tras una jugada voluntariosa de Trent y Mastantuono. Los minutos se iban raudos, en crudo contraste con la pachorra blanca. De pronto, era el minuto 80 en todos los relojes. El Madrid fallaba hasta en gestos técnicos de los que enseñan a los juveniles. ¿Nervios? ¿Falta de tensión? Algo inaceptable en cualquiera de los casos.

No es que el Madrid tuviera toda la pinta de perder. Es que no inquietaba lo más mínimo. Maffeo triunfaba ante Vini y Mbappé sin necesidad de jugar sucio.

De repente, cuando ya nadie daba un duro por los blancos, un córner de Trent fue ejemplarmente rematado por Militao, que se elevó a los cielos para dar algo de esperanza. No tardó en irse todo a la mierda nuevamente. Muriqi se revolvió en el área para otorgar al Madrid lo que, con toda justicia, merecía por su infame segundo tiempo.

En el momento en que el indignado cronista cierra estas líneas, las esperanzas de seguir vivos en la liga consisten en una derrota del club cliente de Negreira… ante el Atlético de Madrid. Rían con toda la amargura de que sean capaces.

 

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Buenos días, amigos penitentes.

La Liga de fútbol es “eso” que sucede entre bajón y bajón de selecciones. Y tampoco es que “eso” nos seduzca desde hace mucho tiempo (hasta el punto de haberse ganado a pulso el sobrenombre de MLN), así que reformularemos la frase inicial para afirmar que la Champions es eso que sucede entre asalto y asalto de LaLiga, con tropezones varios en forma de insufribles partidos de selecciones.

“Asalto” es la palabra escogida por el diario Marca para acompañar la imagen de los dos clubes a los que mayores elogios dedica habitualmente en sus artículos.

No sabemos cuál de las numerosas acepciones del vocablo asalto habrá sido la elección de los redactores, pero podemos imaginarlo. En su cabeza, quizás pensaran en términos boxísticos: cada una de las partes de que consta un combate, habida cuenta de los tres que van a tener en las próximas semanas. Pero nos inclinamos más bien por la esgrima, que define “asalto” como un combate amistoso entre tiradores, porque no concebimos de otro modo el duelo de esta noche. Si los periodistas atléticos restan importancia a este encuentro, si su afición considera que una derrota local es más conveniente para el objetivo de la temporada (que el campeonato no caiga en manos del Real Madrid), si una goleada de los visitantes sería coreada por la mayor parte del público y aplaudida por el palco, ¿por qué no hablar directamente de ese lance amistoso de la esgrima? Porque es grima lo que da escuchar a sus protagonistas en estas ocasiones, antes y, en especial, después de los partidos. Abrazos, loas recíprocas, sin polémicas que duran meses, si el árbitro se confunde a favor de los que untaron a sus dirigentes durante décadas será el propio Simeone quien le reste importancia… para qué esperar nada del resultado más claro de la quiniela de esta semana.

Podríamos aún aludir a otra acepción más de la RAE para la palabra “asalto”. De hecho, la más habitual cuando el Fútbol Club Barcelona anda por medio: acción de asaltar, con los sinónimos de agresión, irrupción, allanamiento, atraco, robo, afano, ocupación o, nuestro favorito, penetración.

De hecho, todo hace indicar que la MLN puede depararnos otra de sus jornadas de gloria. Para lo que nos interesa, el Real Madrid, la infeCTA elección de los secuaces de Soto para Mallorca nos parece cualquier cosa menos casual. El ínclito Sánchez Martínez, aquel que amenazó en vivo con expulsar a Vinícius tras una terrible plancha de Maffeo, volverá a pitar este encuentro. No es la primera vez que nos suceden estas cosas, arbitrajes negreiros que repiten en los mismos escenarios, cual tenor con su mejor aria o actores con su papel favorito. Nos imaginamos cómo serán las reuniones para designar a los culegiados de cada fin de semana:

—No tienes lo que hay que tener para volver a clavar a Sánchez Martínez en Son Moix, Fran.

—¿Cómo que no, no lo hicimos ya con Gil Manzano en Mestalla? ¡Agárrame el cubata, que lanzo ya la circular para los clubes, jojojojo!!!

El diario Marca dedica un hueco menor al partido de los nuestros en esa hora infame de las 16.15 horas, horario de recogimiento en estas fechas de Semana Santa, más apto para ver Los diez mandamientos o Ben-Hur mientras se degustan unas torrijas. Mas ya sabemos cómo son los “los diez mandamientos” del Tinglao en su búsqueda de la “torrija” madridista. Raíllo y Maffeo contarán con sus minutos anuales de gloria y afilarán sus tacos con mayor esmero que Mesala el eje de su cuádriga. Es lo que tiene contar con el beneficio de los organizadores, sean romanos o tebanos.

El diario As no publica hoy su panfleto, o al menos no a las tempranas horas de este Portanálisis, pero no evita hablar de cuánto le preocupa el partido de hoy en su web:

“Simulacro descafeinado” para un encuentro de este porte nos parecería una broma de mal gusto si no se tratara de quienes se trata (aún recordamos los “olés” del público en aquel 0-6 de hace años). En cuanto a la segunda noticia, si fuera el Real Madrid el que osara interesarse por un jugador rival en la previa de un encuentro, tendrían artículos para un par de semanas, pero ya sabemos que estas cosas son irrelevantes cuando se producen en otra dirección. Las cosas de los amigos en las previas de sus lances amistosos.

Os dejamos con la prensa cataculé, que mantiene el tono festivo de la prensa protoculé de Madrid.

Pasad un gran día.

 

 

 

 

En el Museo Kelvingrove de Glasgow se expone el “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí, que es una de las obras más conocidas del artista. En 1961 un individuo lo golpeó con una piedra y rasgó parte del lienzo; un diario sevillano lo notició de esta manera: “Así ha quedado el famoso Cristo de Salvador Dalí después del atentado que sufriera hace unos días en Glasgow. Son muy tristes estos hechos porque los cuadros no deben ser destruidos, aunque sean de Dalí.”

En el Museo Imaginario madridista no tenemos prejuicios contra ningún pintor, todos son bienvenidos en estos muros infinitos. Cualquier momento del año es propicio para visitarlo, pero más durante estas breves vacaciones de Semana Santa y en mitad de un anticlimático parón de selecciones (que se lo digan a los italianos). De modo que saquen su billete de la última visita y acompáñennos por este alucinante recorrido artístico merengue. Y si no conservan el billete no importa, porque a diferencia de la Liga de Tebas, la entrada al Museo Imaginario del Real Madrid sigue siendo libre y gratuita. Comencemos.

  1. “El barco madridista.” (Theodore Géricault. Museo del Louvre).

No hay nada más madridista que el gusto por la navegación. Los merengues son muy de estar subiéndose y bajándose de barcos cada dos por tres. Las frases “… y de este barco no me bajo”, “aún estáis a tiempo de subiros a mi barco” y variantes similares abundan en el léxico de los aficionados del club blanco.

El maestro francés Géricualt decidió representar sobre lienzo el famoso barco del que no paran de hablar en el madridismo. Obsérvese que se trata de una balsa llena de agujeros y que hace aguas por todas partes, porque el Madrid no propone ni juega a nada. En la esquina inferior izquierda puede verse al madridista desesperado de noviembre-diciembre, cuando el equipo suele tener alguna pájara en la liguilla de Champions contra algún rival inesperado como el Rosemborg BK de Trondheim o algo del estilo. Géricault capta con singular maestría la expresión vacua y desalentada del llamado “merengue de invierno”, que sostiene en sus brazos lo que queda del fichaje de aquel lateral derecho que tanta ilusión le hizo en septiembre y que ha resultado ser un paquete después de fallar dos pases en su partido de debut.

Desde el “merengue de invierno” Géricault traza una diagonal ascendente del resto de la temporada que culmina, a través de distintos estados de ánimo, en el “merengue de primavera”, exultante y saludando hacia el horizonte, donde asoman los títulos europeos. Ahora ya cree en el equipo y en la victoria. A su izquierda, sumidos en las sombras, están los vinagres, que nunca abandonan el barco porque se lo pasan mejor ocupando allí espacio, comiéndose todas las raciones, bebiéndose el agua potable y citando frases del Látigo Serrano para amenizar el naufragio.

  1. “Retrato de Andrey Lunin”. (Caspar David Friedrich. Kunsthalle de Hamburgo.)

Friedrich, el célebre maestro alemán del romanticismo, representa en este lienzo al guardameta ucraniano durante sus diversos partidos contra el Manchester City, que aparece simbolizado por el navío inglés hecho pedazos entre las colosales banquisas de hielo.

El pintor cuenta en sus memorias que la realización de este retrato fue una dura experiencia. Cada vez que Lunin entraba en el taller, la temperatura ambiente descendía tres millones de grados, los pigmentos se congelaban y los rayos cósmicos que destellaban en los ojos del guardameta fundían las bombillas de los vecinos. Para evitar quejas de la comunidad, Friedrich y Lunin se trasladaron a la remota isla de Kaulahalea (que en indonesio significa: “la chimenea del infierno”), donde el artista pudo continuar su obra sin incidentes hasta que el volcán que da nombre a la isla entró en erupción. Según Friedrich, “ante el primer temblor y las primeras lluvias de pavesas ardiendo, Andrey Lunin suspiró, ascendió hasta la cima de Kaulahalea y, poco después, el volcán detuvo su furia bruscamente.” Desde entonces, los nativos de la isla conocen a Lunin como ”tidka sama-sama berapamu itwastan”, que significa “aquel cuyos huevos convierten en horchata la roca fundida.”

Este cuadro solo puede exponerse durante los meses más duros del ferragosto y en una sala con la calefacción puesta a tope para evitar hipotermias entre los visitantes.

  1. “El parón de selecciones.” (Maestro del Triunfo de la Muerte. Palazzo Abetellis de Palermo).

 Durante el siglo XV en Europa había tres grandes terrores: al regreso de la Peste Negra, a los turcos y al parón de la liga por el fútbol de selecciones.

Esta extraordinaria pintura recoge de manera vívida uno de estos miedos. En ella, un grupo de alegres cortesanos y damas madridistas disfrutan sobre el césped del Bernabéu de las aventuras de su equipo favorito cuando de pronto, y sin previo aviso, irrumpe una criatura grotesca a lomos de un caballo y manda la diversión a hacer puñetas. La identificación del jinete aún es objeto de debate, y hay quienes creen que se trata de una personificación de la RFEF en avanzado estado de descomposición.

  1. “El arcángel San Miguel desterrando a los ángeles rebeldes al infierno y Ruido Bernabéu.” (Lucas Jordán. Kunsthistoriches Museum. Viena)

Al maestro del barroco Lucas Jordán, luminaria artística de la corte del rey Carlos II de España, se le conocía como “Luca fa presto” por la rapidez y la perfección con la que ejecutaba sus obras. Desgraciadamente, nunca fue considerado para las tareas de insonorización del Nuevo Bernabéu.

En este lienzo colosal se representa la culminación de la llamada Segunda Guerra Angélica, que tuvo lugar en los albores del tiempo conocido, cuando san Miguel, el archiestratega de los ejércitos divinos, arrojó a Lucifer y sus huestes a las profundidades del infierno tras una batalla que hizo temblar los cimientos del universo. En una esquina aparece Ruido Bernabéu quejándose por el follón.

A pesar de que Dios Padre trata de explicarle que igual no debió comprarse un dúplex junto al campo de batalla donde se dirimía el combate entre las fuerzas del Bien y el Mal, Ruido Bernabéu entra en colapso nervioso (momento que capta el artista en el cuadro) justo antes de comerse todas sus bufandas del Atleti, arrancar de las paredes sus posters del Cholo Simeone y romper el marco de su foto con Cerezo en la comunión de la sobrina de Manolo Lama.

  1. “Arda Güler en la playa”. (Frederick Kaemmerer. Dallas Museum of Art).

El pintor impresionista neerlandés Frederick Kaermmerer tuvo la oportunidad de contemplar el gol que Arda Güler marcó al Elche desde una distancia de 67 metros y pico. Fascinando por aquello, comenzó toda una serie pictórica dedicada al futbolista turco en el que aparece representado en diversas actitudes cotidianas. En este lienzo lo vemos paseando por la playa de Algeciras junto con su madre y su novia. La serie está compuesta por otras obras como “Arda Güler en el supermercado” donde vemos un cañón de riel electromagnético esperando en la cola del Mercadona, o el también notable “Arda Güler en Eurodisney”, en el que se observa al jugador del Madrid dando una patadita a un vaso de plástico vacío con la forma del Pato Donald. Este es lanzado contra el castillo de la Bella Durmiente, reduciéndolo a escombros justo antes de seguir su trayectoria hacia el horizonte y abrir una rasgadura en el continuo espacio-tiempo a través de la que empiezan a salir un montón de superhéroes.

  1. “Sir Kylian Mbappé en la enfermería.” (Anónimo del siglo XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña).

La imagen es el fragmento de un antipendio románico del siglo XII. Ignoramos en realidad quien es el tal “sir Kylian” que protagoniza la pintura, tal vez algún caballero medieval de las célebres Compañías Blancas. La pintura representa el momento en que sir Kylian acude a sus servicios médicos quejándose de un catarro y estos, de inmediato, le someten a sofisticadas pruebas clínicas utilizando la más puntera tecnología disponible. De ese modo logran comprobar sin el menor asomo de dudas que el catarro no reviste gravedad, a diferencia del tajo de sierra que divide el cuerpo de sir Kylian en dos mitades exactas y que los médicos de las Compañías Blancas han detectado gracias a su fino conocimiento de las últimas vanguardias en el tratamiento de dolencias. “Menos mal que vino a vernos, sir Kylian —dijeron los galenos, según la “Chronicae Merengorum” del maestro Afrodisio—; de no ser así, jamás se habría dado cuenta de que alguien ha partido su cuerpo con un serrucho.” Los médicos lograron curarle el catarro, pero se mostraron incapaces de restaurar la integridad de la dividida anatomía del caballero, de modo que lo ataron con una cuerda de tender y lo mandaron a París, a ver si en la Sorbona podían hacer algo con el asunto.

 

Primera Parte: Museo imaginario del Real Madrid

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