Las mejores firmas madridistas del planeta

Arbitró Jesús Gil Manzano del Comité extremeño. En el VAR estuvo Cuadra Fernández.

En la ley no escrita de amonestar primero a un jugador del Real Madrid no falló. Sin embargo, el resto del encuentro lo llevó bien. En los primeros compases del choque no quiso amonestar a Gueye por una dura entrada a Mbappé por detrás en el 3', ni a Lucas tras llegar tarde en un balón dividido con Cardona. Sí vio amarilla de forma injusta Tchouaméni, que toca el balón antes del derribo a Ayoze en el 33'. En la segunda mitad los dos tarjetados fueron amarillos. Cardona por cortar un avance prometedor de Lucas en el 49' y Foyth por una entrada abajo a Vini en el 75'. Gil Manzano no cayó en el teatro del argentino ante Bellingham y debió amonestar.

La única jugada a peritar dentro del área fue una mano de Cardona, pero de las no punibles porque estaba deslizando con el brazo sobre el césped.

Gil Manzano, CORRECTO.

A pesar de la infame jugarreta de la Liga, totalmente injustificable, haciendo jugar al Madrid menos de tres días después del épico partido ante el Atleti, los hombres de Ancelotti se van al parón en una excelente situación en la tabla y con un ojo puesto en el partido de mañana entre el propio Atleti y el club cliente de Negreira.

Pocas horas antes del comienzo del partido, RMTV anunciaba oficialmente la intención del Real Madrid de no volver a jugar ningún partido para el que no haya contado con el mínimo de 72 horas de descanso, respecto al choque anterior, que marcan las normas. Se argumentó incluso que se recurriría, de ser necesario, al amparo de la FIFA. Todo apoyo es poco para protegerse de Tebas.

No anda Tebas tan lejos de Florentino

Toda la razón, sobre todo teniendo en cuenta la absoluta aleatoriedad (o no tanto, cuidado) del hecho de que el Madrid jugara el sábado cuando perfectamente podía haber jugado el domingo sin ninguna contraindicación. A juzgar por lo visto en el primer tiempo, sin embargo, no se le notó fatiga al Madrid.

La cosa comenzó mal, si bien no tan prontamente mal como en el Metropolitano. En un córner resultante de una gran parada de Courtois, un rebote afortunado en la espalda de Tchouaméni acabó a pies de Foyth, que remachó dentro del área pequeña. El madridismo de las redes sociales parecía haber sido presa de funestos presagios de cara a este partido, y la cosa parecía darles la razón.

Pero el Madrid, también como en el Metropolitano, estuvo lejos de descomponerse, aculó a su rival y jugó con paciencia y sabiduría. Valverde se multiplicaba por doquier, Camavinga mandaba y tanto Asencio como Tchouaméni imponían su ley atrás. No tardarían en empatar los blancos, y lo harían a través de un Mbappé que no solo estuvo espléndido por los goles. Sus maniobras cerca del área siempre tienen sentido a la manera benzemiana, y en una de esas filtró un pase prodigioso que Brahim recogió en las barbas de Diego Conde. No se tragó el amago el portero madrileño y despejó la pelota, pero el propio Mbappé estaba atento para mandar el balón a la red.

Tampoco tardaría mucho en llegar el 1-2, también a botas del muy inspirado genio francés. La jugada fue de nuevo por la derecha y esta vez la asistencia correspondió a Lucas Vázquez. El centro del gallego se paseó en el área sin que nadie pudiera recepcionarlo ni despejarlo. ¿Nadie? Falso. Mbappé dio acuse de recibo en la frontal y armó sin mucho espacio un disparo marca de la casa que hizo baldía la estirada de Diego Conde a despecho de la cantidad de jugadores amarillos en el área. Donde pone el ojo pone el balón el francés.

Remontada consumada, y marcador favorable a los blancos que se mantendría hasta el final del primer tiempo gracias a la buena dinámica visitante y también a Courtois, que desvió un buen remate de Pepe tras una buena jugada por la derecha.

El segundo tiempo principió con una línea similar al primero, con un Villarreal más intenso. Foyth volvió a estar a punto de marcar desde el punto de penalti en un córner. Había recuperado la posesión el equipo de Marcelino. En el 58, Courtois rechaza un buen tiro de Baena. A renglón seguido, Foyth hizo un teatro vergonzoso ante Bellingham que desencadenó una pequeña tangana. Kylian se encaró con el lateral por su apestosa acción. Nos gusta tanto que Mbappé meta goles como que muestre ese carácter.

Deseoso de recuperar el dominio, Carletto metió a Vini y Rüdiger por Brahim y Rodrygo. De inmediato, entró también Modric por un abnegado Rodrygo. No se quedó atrás Marcelino, que introdujo a Yeremi Pino y Pedraza. Era el minuto 64, pronto para los estándares carlettianos para tantos movimientos. Pero pasaba factura la prórroga de Champions y el Madrid se antojaba decidido a arramblar con los tres puntos.

De los tres cambios vikingos, aquel cuyo efecto fue más inmediato resultó ser el de Modric. Su equipo recuperó el balón y la calma. La gente no se da cuenta del efecto benigno que la presencia del croata acarrea de inmediato. Mbappé continuaba siendo una amenaza lacerante para los amarillos, que lo intentaban ante la eficiente defensa del campeón de Europa.

A falta de un cuarto de hora, Parejo entró al terreno de juego. Quería ganar de nuevo el control la escuadra de La Cerámica. Vinícius se escapaba de un cansado Foyth, pero le faltaba determinación para buscar la jugada individual, lo que no suele faltarle.

En el minuto 82, registramos una oportunidad clara del Villarreal. Recogió Ayoze un balón mordido de espaldas a la portería, se la preparó en gran maniobra y chutó fuera. A renglón seguido, Vinícius volvió a estropear lastimosamente un gran contragolpe por exceso de generosidad, buscando a Mbappé demasiado pronto cuando tenía todo el campo por delante. Mientras tanto, Rüdiger ayudaba mucho ante el renovado ímpetu local, demostrando que los cambios de Carletto habían funcionado en general. Tanto que con el 1-2 se alcanzó el final.

Ancelotti manejó muy bien los minutos para que el cansancio no se notase en exceso y pudieran superarse las acechanzas de la Liga. El Madrid, denostado por propios y extraños, está vivísimo en todo.

 

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Marcó Rüdiger y en todas las redacciones se hizo un silencio atronador que nadie supo interpretar, y que todos escucharon con inquietud molesta: un zumbido incomprensible que los embebió en ese estado de confusión que embarga a quien despierta un martes pensando que se había acostado un viernes.

Por suerte duró poco. Las imágenes de Vinicius tocándose la manga de la camiseta y dejando el escudo del Madrid a la vista de todos, como hizo Koke (lo del escudo, lo de la manga, en su caso, solo provocaría hilaridad), devolvió el orden al universo: incluso los martes se pueden encontrar motivos para amar la vida, y no hay ley que no se pueda calificar de injusta cuando somos el bien y nos asiste la razón por decreto (aunque el decreto sea aprobado por el CSD).

Qué pena que el rencor al Real no hubiera nacido en 1936, quién sabe si de ese modo no se habría evitado la gran tragedia española

Así que apenas unos minutos después, toda la prensa, en la enésima demostración del poder que sobre ella ejerce Florentino, salió en tromba para descalificar la victoria del Madrid, que siempre roba, martes y sábados, eso ya se sabe. Así que, en un ejercicio de normalidad democrática y demostración de la importancia del libre pensamiento, todas las cabeceras deportivas del país hablaron de escándalo, atraco, repetición del partido y otras perlas que la libertad de prensa, de conciencia y de hacer el ridículo permiten. Quedó claro que el antimadridismo es capaz de unir a todos los españolitos tanto como un buen negocio, algo que ya nos habían enseñado Tebas y Roures: el ultraderechista y el trotskista unidos por la buena causa del dinero y el odio al Madrid. Qué pena que el rencor al Real no hubiera nacido en 1936, quién sabe si de ese modo no se habría evitado la gran tragedia española.

Porque ningún pensamiento es tan fuerte como para que el antimadridismo no sea capaz de cambiarlo: popes televisivos de la integración justificando el racismo con Vinicius, adalides de la igualdad territorial abrazando cautelares desiguales, defensores del respeto a los árbitros que dos semanas después los critican con la saña que guardamos para los martes que creíamos que eran sábados. Los árbitros ya no son tan infalibles como el Papa de Roma, ya no son los únicos seres de luz en la tierra inmunes a la corrupción (Negreira vive, la lucha continúa) y a las influencias. Volverán a serlo en España, qué duda cabe, pero durante unos días se han convertido en sombras maleables con oscuras intenciones, porque todo es flexible, líquido como se dice ahora, hasta el punto de que podemos convencernos de que un video en RM Televisión adultera más la competición que pagar una millonada al vicepresidente del CTA. No es fútbol (dejó de serlo hace mucho tiempo, bien lo sabe Enríquez), es LaLiga. Y todos los que cobran de ella.

 

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Buenos días, amigos. ¿Vosotros estáis tan hasta las narices del unitoquismo como nosotros?

¿Cómo? ¿Que no sabéis lo que es el unitoquismo?

Acudamos presurosos al siempre docto diccionario de la RAE.

-Unitoquismo: dícese de la estrafalaria corriente de opinión surgida en establecimientos hosteleros y redacciones  de periódicos antimadridistas a partir del 13 de marzo de 2025, según la cual el futbolista Julián Álvarez tocó una sola vez la pelota en el segundo lanzamiento de la tanda de penaltis del Atleti-Real Madrid de Champions que comenzó la víspera en el Metropolitano. Por extensión, aplícase también a los partidarios de la variante según la cual Julián Álvarez tocó dos (¿o hasta tres?) veces la pelota, sí, pero en ese momento era conveniente dar por bueno el gol previo paso del reglamento por la entrepierna de los propios partidarios de esta asombrosa corriente de pensamiento.

El unitoquismo es como el terraplanismo, o sea, contumaz pese a que lo indubitable de las conclusiones de la ciencia. Los unitoquistas habitan en espacios cerrados, de preferencia impermeables a la entrada de la luz, que es la verdad. Con frecuencia gastan pulsos febriles, espumarajos en boca y ojos, facciones demudadas por una cólera secular.

Estamos tan sumamente hasta las napias de ellos que nos habíamos prometido dejar en paz a las pobres y airadas criaturas precopernicanas, pero lo haremos con un último apunte de nuestro editor Jesús Bengoechea sobre el propio Julián Álvarez, publicado ayer en El Español.

Y, dicho esto, pasemos a comentar someramente las portadas del día.

 

Marca nos recuerda que hoy, a las 18:30, juega el Madrid, que se va a subir al avión rumbo a Villarreal sin que, como quien dice, los jugadores se hayan bajado aún del autobús que les sacó del Metropolitano. Se han conculcado las normas, y los de Carletto jugarán sin que se hayan cumplido ni siquiera las preceptivas 72 horas de descanso desde el partido anterior. Nadie entiende que el partido contra los de Marcelino no pueda jugarse mañana. Nadie excepto los que mandan en esto y que a su vez son mandados por Roures, es decir, una patibularia combinación de indepes, culés, troskistas y unitoquistas, sin perjuicio de que algunos atesoren más de una de todas esas adscripciones ideológicas.

Pero en fin. Es sabido que el Madrid juega competiciones organizadas por sus enemigos. Juguemos a sabiendas de que, cuando ganas dichas competiciones, da un gustirrinín especial, por cuanto se fornican las esperanzas de fornicarnos de toda esa patulea.

As otorga la mayor parte del protagonismo a Asencio. Lo merece. El joven central ha dado un rendimiento espectacular y se ha coronado en la élite en un abrir y cerrar de ojos. Tiene a todo el mundo entusiasmado, a nosotros también, por supuesto. Ha funcionado de manera impecable tanto en liga como en Champions, donde estuvo sobresaliente ante oponentes de la entidad de City o Atleti.

No cabe duda de que ha nacido una estrella, y dentro del proceso de su fulgurante estrellato se ha dado la correspondiente llamada a la selección (recordemos que hay uno de esos inefables parones tras esta jornada), que por supuesto ha ilusionado al jugador. Si a él le ilusiona, a nosotros también.

En la parte inferior de la portada del diario priísta se refleja también la declaración de Piqué ante la jueza que deberá dirimir el alcance de sus corruptelas con la RFEF y la Supercopa saudí. Parece ser que Shakiro gimoteó un poquito ante la magistrada, lamentando el “daño reputacional” cuando “en cualquier otro país yo tendría una estatua”. Imaginad, aunque sea casi imposible concebir esta hipótesis, que Piqué es inocente. Se trataría de un inocente lo suficientemente cretino como para reclamar una estatua para sí mismo. Como decía ayer un tuitero, y al contrario que su exmujer, el tipo se las ha apañado para llorar y facturar al mismo tiempo.

Sport titula “Una roja del Barça”. En un primer momento hemos pensado en una señora afiliada a la vez a Podemos y al club cliente de Negreira, pero nos soplan que no van por ahí los tiros.

Dice Cubarsí en la portada de Mundo Deportivo que firmaría una final de la Champions contra el Madrid. Nosotros no. Pero no por miedo a perderla, sino por el infinito dolor de ver disputando el mejor partido del mundo a un club que debería estar en Segunda por su delito de corrupción continuada. Las finales hay que jugarlas contra rivales con peso histórico real y, sobre todo, respetables.

Pasad un buen día, completado por una victoria blanca en La Cerámica.

PD: Este portanálisis está dedicado a nuestro amigo y colaborador Roberto Andrades.

Buenos días.

—Oiga, doctor, esto tiene que estar mal, ha de haber un error.

—No lo hay. Es correcto, caballero, la prueba no admite dudas.

—No puede ser, si solo fue la puntita. Apenas unos segundos.

—Entiendo su sorpresa, pero las leyes de la naturaleza son así. Con que un solo espermatozoide llegue al óvulo y consiga fecundarlo es suficiente.

—¡Pero es que ahora nos viene muy mal!

Os parece absurdo, verdad. Pues los atléticos y el resto de antimadridistas están igual que el señor embarazado. Han montado un pataleta de mil pares de narices porque a su equipo —lo realmente importante es que era al rival del Madrid— se le anuló legalmente un gol de penalti.

Sí, sabemos que la explicación a estos comportamientos podría ser de carácter fisiológico, funcional, biológico, que quienes sostienen, a pesar del reglamento y de la evidencia, que el Atleti sufrió un robo padecen dificultades cognitivas. Pero vamos a descartar esta posibilidad por dos motivos: el primero, porque estamos en contra del capacitismo; el segundo, porque no ocurre por esta causa.

La razón por la cual están desquiciados es porque han hecho tope, no soportan ser vencidos más por el Real Madrid. Tienen algo atorado en la glotis. Su cerebro ha entrado en barrena ante la crueldad de su destino y entienden que lo que ellos creen merecer ha de ser elevado a norma.

Para entender mejor este llamativo comportamiento social, recomendamos la lectura de dos fantásticos artículos publicados entre ayer y hoy en La Galerna: «Indefensión aprendida: llanto y crujir de dientes en Madrid», de Alejandro Ramírez Arballo, y «Las nanas de la cebolla», de Pablo Rivas. Ambos autopsian de manera certera y brillante la psique atlética. Ladran, luego cabalgamos.

No logran procesar los hechos, asumir la realidad. Ellos quieren ganar al Madrid y lograr una Champions del mismo modo mucha gente quiere una cita con Henry Cavill o con Scarlett Johanson. Pero hay cosas que simplemente no pueden ser. No lo pueden entender.

Tampoco entran en razón cuando se les aportan las pruebas que demuestran que se están quejando por algo lícito. La propia UEFA emitió ayer un comunicado explicando el motivo por el cual se anuló el tanto de penalti de Julián Álvarez. Aunque tampoco era necesario, simplemente con recurrir al reglamento habría sido suficiente. Pues ni con esas.

Además de los desquiciados, hay otro sector que está haciendo ruido y, además, amplificándolo: el de los estómagos agradecidos de los medios de comunicación. Son tan previsibles:

Me asusta lo bien que me conozco el cotarro. https://t.co/LZUTtQmQkH pic.twitter.com/MYkKNyShbb

— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) March 13, 2025

El miércoles el encuentro concluyó sin tiempo para que Juancho & Company se fueran de barbacoa con Gil Marín. No había tiempo ni siquiera para una partidita rápida de pádel. El choque había comenzado a las 21:00 y debido a la prórroga y los penaltis terminó sin margen para recoger en la portada de Marca el berrinche de uno de los que se apropió indebidamente el Atleti. De modo que la Gil-rabieta inunda hoy el frontispicio.

Se cumplió LA PROFECÍA —como lo calificaba @LucasMo1902 en X— de Jesús Bengoechea.

Al igual que la película homónima, la profecía de esta portada también alude a una película de terror. Terror sobrenatural, para ser más específicos. Este género cinematográfico suele incluir fantasmas y demonios, y con esto no estamos acusando de nada ni a Cerezo ni a Gil Marín, y tampoco acusamos de ningún pacto con el diablo a Gallardo.

Los temas más comunes de estos films son el más allá, el diablo y la posesión demoníaca. Si extrapolamos, no cuesta relacionar al más allá con el Metropolitano, estadio construido al borde de la M-40; al diablo —para ellos— con un equipo que viste de blanco; y a la posesión demoníaca con el estado que sufre la hinchada atlética. Dicho estado no explica, aclaramos, el comportamiento de parte de esa afición en asuntos de asesinatos, racismo y cánticos que se mofan de los fallecidos, cuya razón ha de atribuirse a que son nazis y malas personas, valga la redundancia.

Ante el evidente fracaso de la razón para solucionar el problema de los atléticos y antimadridistas poseídos, quizá la solución sea recurrir a un exorcista.

En Marca se puede observar también un trastorno disociativo de la identidad, como si hubiese dos personas dentro del cerebro gallardil. Por un lado acoge los lloros de su compañero de barbacoa y por otro escribe: «Publica (La UEFA) un vídeo inédito que muestra el doble toque de Julián». Para un adulto funcional, ese «demuestra el doble toque de Julian» debería ser suficiente.

En As no son tan íntimos de Gil Marín, pero ayudan a propagar el ruido con su «Lío mundial» y también resaltan que el Atlético discrepa de lo que ellos llaman teoría, que no es ni más ni menos que la realidad, y hablan de interpretación del reglamento cuando es una norma del tipo blanco o negro, es decir, no interpretable.

Lo más alucinante es que todos los atléticos y los antimadridistas —valga de nuevo la redundancia— al unísono están clamando por una acción bien arbitrada y no están diciendo absolutamente nada sobre los dos penaltis nítidos no señalados a favor del Madrid y la no expulsión de Lenglet. Qué paranormal es todo.

A Mundo Deportivo y a Sport también los han llamado al orden. Probablemente la misma persona, porque han elegido un titular prácticamente idéntico. Qué es eso de no denunciar la legalidad en su portada de ayer. Mal, muy mal. Así que hoy tocaba obedecer, que las nóminas no se pagan solas.

El ridículo de las portadas es complementado por un ejército de dementes, muchos de ellos tremendamente cuerdos pero que saben lo que les conviene, que se abonan a esta teoría absurda en redes y medios, y proponen toda clase de boberías pseudolegales con menos recorrido que el palmarés en Copa de Europa del club de las tres Champions bajo cero.

Solo les falta presentar una denuncia en la Corte Internacional de Justicia porque en Madrid llueve desde hace semanas y no se les seca la ropa cuando la tienden.

Curiosamente, el más cortés y señorial ha sido el protagonista principal, Julián Álvarez.

Duele quedar afuera después de haberlo dado todo en la cancha y luchar hasta el último minuto. No se nos dio, pero este equipo demostró carácter, entrega y corazón.

Gracias a nuestra hinchada por estar siempre, alentar sin parar y hacer que cada partido sea especial.

Ahora toca… pic.twitter.com/rdFrLH9cS4

— Araña 🕷 (@9julianalvarez) March 13, 2025

Y también el más valiente, no nos olvidemos del Frente Atlético. Hielo en las venas.

Pasad un buen día.

Cartas de un madridista millennial

 

Hola de nuevo:

Sabes de sobra que, desde aquel espurio debate sobre el equipo del pueblo, recurro a Miguel Hernández para atemperar mi zozobra en las previas de los encuentros contra el Atlético de Madrid. Lo que empezó como broma se convirtió en costumbre, y la costumbre ha devenido ley. La tarde del miércoles mi agitación era tal que tuve que apelar a la artillería pesada, que en estos casos quiere decir suave: de modo que abrí el Cancionero y romancero de ausencias y directamente me fui a por las nanas de la cebolla. Antes de que rompa el silencio tu risa sardónica, me reconocerás que cada vez es una empresa más difícil encontrar un poema que de verdad calme los nervios.

En este sentido, la excéntrica tradición tiene un poso de coherencia, puesto que, si uno observa bien, los Madrid-Atlético se han convertido en los derbis del “más difícil todavía”, en múltiples aspectos más allá del poético. Para el Real Madrid, cada episodio supone un ejercicio de búsqueda de una nueva forma rocambolesca de vencer: el miércoles, con medio equipo descolocado, el otro medio apático y las estrellas desaparecidas e impotentes. Rizando el rizo de la victoria en los penaltis con un giro de guion absolutamente inesperado. Por su parte, el Atleti, en su inexorable danza perpetua con la derrota, constituye una perenne factoría de tramas esperpénticas, cada una de ellas mayor que la anterior. Si los rojiblancos ya habían mordido el polvo contra su eterno rival en una tanda, la jugada de billar de Julián Álvarez pasará a los anales de la historia del fútbol como la vuelta de tuerca que no se le habría ocurrido ni al difunto Lynch. Y he de señalarte algo más. En última instancia, el duelo con los colchoneros implica otro “más difícil todavía”: cómo se puede evitar el sentir lástima por la crueldad con que el destino se esfuerza, una, y otra, y otra vez, en hurtarles de manera sádica la ilusión. He de confesarte que hay ocasiones en que me siento como un correcaminos que empatizase con el coyote.

el Atleti, en su inexorable danza perpetua con la derrota, constituye una perenne factoría de tramas esperpénticas, cada una de ellas mayor que la anterior

Sin embargo, ese ramalazo de compasión dura poco. Lo que uno tarda en escuchar a la tertulianada atlética, pleonasmo. Verbigracia, al omnipresente Miró, alguien que se pasó días jactándose de que había que seguir la literalidad del reglamento en aquel leve pisotón de Tchouaméni a Lino en la liga y que anoche utilizaba en la COPE el término “mangazo” —sorprendentemente, no para referirse a la roja perdonada a Lenglet, a la mano de Giuliano en el área o al golpe sobre Brahim—-. Existe algo de justicia en que toda esa cohorte de defensores del escudriñamiento de cada gol del Madrid con siete lupas hasta encontrar un mínimo hilo del que tirar, para manchar no ya el tanto ni la victoria, sino la historia blanca entera, bebiera anoche del amargo aceite de ricino que receta. Valga otro ejemplo: el más talentoso cronista atlético del Mundo no mencionó al árbitro en su columna; no obstante, cuando acudió al pozo de las redes sociales dijo que, una vez vista la repetición, “cambiaría cosas”. Aunque en su favor habría que reconocer que no aclaró si se refería a la columna o a dejar de ser del Aleti.

Las nanas de la cebolla

Las estrategias de los atléticos para afrontar el estrés postraumático se suelen dividir entre la desesperada búsqueda de una coartada arbitral —a menudo recortada, o directamente inventada— y el guarecerse en la ridícula frase de Borges acerca de la superioridad estética de la derrota. Te confieso que no sé con cuál se engañan más: si con la mentira o con la ficción. Al menos, la primera mantiene la jerarquía del triunfo como objetivo, mientras que el cuento de la segunda les arrebata la dignidad que supuestamente les promete. Al fin y al cabo, una cosa es ir por la vida como Stephen Jay Gould, que abominaba de la idea de darle contenido simbólico al deporte. Pero, una vez que se asume la tentación humana de considerar al fútbol como territorio simbólico —de la misma manera que al cine, a la literatura o a cualquier arte capaz de conmover el corazón de un Sapiens—, la poética de la victoria es indiscutiblemente superior a la poética de la derrota. Como lo es la esperanza frente al narcisismo melancólico. Volviendo a nuestro Miguel Hernández, equivaldría a la felicidad que, desde su terrible derrota, el poeta deseaba para su hijo: “Desperté de ser niño: nunca despiertes. Triste llevo la boca: ríete siempre”.

Las estrategias de los atléticos para afrontar el estrés postraumático se suelen dividir entre la desesperada búsqueda de una coartada arbitral —a menudo recortada, o directamente inventada— y el guarecerse en la ridícula frase de Borges acerca de la superioridad estética de la derrota

Hoy, más tranquilo, he vuelto a hojear el volumen. La nana es un canto relajante, de intención reconfortante, que trata de ofrecer un refugio feliz al niño para que duerma plácidamente. “Ríete siempre, defendiendo la risa, pluma por pluma”. Lo más alejado que se me ocurre de un equipo cobardón, que nunca se atreve del todo a dar el paso definitivo adelante y que luego se desgañita, aferrándose el vientre, encogido en el lacerante dolor que le causa su odio intestinal. No hay duda: en los derbis la nana es el Madrid. El Aleti es escarcha, cerrada y pobre.

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

El psicólogo norteamericano Martin Seligman desarrolló en 1967 una teoría de la conducta humana que denominó “indefensión aprendida”. Tras realizar unos experimentos (que hoy serían imposibles) en los que hizo coincidir perritos y corriente eléctrica, llegó a la conclusión positiva de que las criaturas sometidas a una situación de estrés constante adquieren tarde o temprano una incapacidad natural para superarlo. En otras palabras, tiran la espada asumiendo una actitud fatalista frente al mundo: si la cosa va mal durante largo tiempo será porque así tiene que ser. Es mejor entonces no gastar la pólvora en batallas ya perdidas. Encogen los hombros con cinismo y ya está, a otra cosa mariposa. Esto es, no tengo la menor duda, lo que le pasa al Atlético de Madrid.

Ayer pudimos ver una película repetida una y mil veces, aunque tal vez sea más preciso decir que, si bien el final del tercer acto es el mismo, la crueldad del guionista ha alcanzado una cota más elevada de sádico e imaginativo refinamiento. Tengo que confesar que me ha superado. Ni en mis más retorcidas perversiones me hubiera imaginado el segundo partido de la fase de octavos de final de la Champions League que enfrentó a colchoneros y merengues en el Riyadh Air Metropolitano. A los rojiblancos todo lo que les podía salir bien les salió bien, mientras que a los merengues todo lo que les podía salir mal les salió mal; sin embargo, el Real Madrid sigue vivo y el Atlético de Madrid debe apearse.

Los del Cholo diseñaron una estrategia clara, efectiva y que además implementaron con precisión quirúrgica. Todo se consiguió tal cual lo hubiera imaginado el más optimista de los atléticos, salvo un minúsculo detalle: la victoria. Es sintomático ver cómo después del partido, entre lágrimas y aplausos, el ejército rojiblanco se arrastraba por su campo liderado por el general Simeone montando por enésima ocasión el melodrama de la dignidad vencida. ¿Acaso hay algo más conmovedor que un ejército de harapientos fantasmas caminando alrededor de unas humeantes ruinas? Es un simulacro de la tragedia, una opereta de barrio que su clientela suele comprar a precios, por cierto, muy elevados. Gil Marín despliega su sonrisa etrusca mientras la campanilla de la caja registradora no deja de sonar.

El Atlético de Madrid es un club apuntalado en el confort de sus grisuras

El Atlético de Madrid es, pues, un club apuntalado en el confort de sus grisuras. Se vive bien al amparo de un discurso victimista, tal como lo demuestra esta era nuestra caracterizada por la politización sistemática del llanto. Por eso no es de extrañar que, apenas conocida una nueva derrota contra el Real Madrid, la turba colchonera reaccione instintivamente echando mano de los argumentos de siempre: nos superan en nómina, recursos económicos, talento, influencia institucional, “no lo pueden entender” y demás boberías. Son como esos perros que al sentirse amenazados por la realidad meten el rabo entre las patas y fingen una repentina cojera para ganar por empatía lo que han perdido por cobardía o impotencia.

En el ámbito de la gestión empresarial se habla de cultura para referirse a las prácticas, símbolos, colores, lemas, banderas, visión de mundo y demás elementos de diferenciación identitaria de una determinada organización. Pues bien, el Atlético de Madrid encarna como nadie una cultura de la pérdida. No se requiere que esto sea explícito, “se mama”, se transmite como se transmiten los virus, por contagio. No existe una academia de los lloros, no es necesaria. Como los cachorritos de Seligman, los del Atleti no intentan escapar de la electrocución, incluso puede decirse que la esperan. Su derrotismo es ya incurable, es verdad, pero la derrota colchonera no es nunca una derrota a secas. Cuando la profecía es autocumplida, tiran del dolor que se celebra, entonces aparece Sabina entre las brumas de su cigarro, con su voz aguardentosa y su talento descomunal para cantar la canción más agridulce del mundo: la redención de la estética es así, qué le vamos a hacer.

El Atlético de Madrid encarna como nadie una cultura de la pérdida. No se requiere que esto sea explícito, “se mama”, se transmite como se transmiten los virus, por contagio. No existe una academia de los lloros, no es necesaria

Mientras tanto, a los pobres merengues no les queda más que aceptar una vez más la victoria. No quieren entenderlo. Solo tienen para sí la vulgaridad del orgullo, el engreimiento de los coleccionistas de copas, de los avaros que no comprenden más ley que la cifra, el guarismo que nunca es suficiente, el consumo recreativo del triunfo (esa droga dura) de una entidad deportiva que se desentiende pronto de las celebraciones porque en Chamartín toca siempre volver a empezar.

El Real Madrid es un club global, visionario, auténticamente ecuménico. Hijo de su tiempo, ha encarnado como nadie el ideal moderno del progreso, sembrando hoy con esfuerzo lo que ha de ser cosechado mañana. Es una escuela de vida que enseña virtudes de aguante, solidaridad intergeneracional, disciplina y excelencia. Persigue una utopía como quien sigue un rumbo claro, un horizonte que no ha de alcanzar nunca, es cierto, pero que le ayuda a caminar una jornada más en la dirección correcta: la aspiración al absoluto tiene como una de sus más dulces consecuencias el progreso en lo relativo. Mientras tanto, en el tablero de lo real, es decir, de la materia y de la historia, el Real Madrid se esfuerza en ensanchar el palacio inasible de todas sus leyendas y el Atleti a lo suyo, que es echarse en su camastro para hurgar una vez más la oscuridad de todas sus heridas. Allá ellos.

 

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Antes del partido de Champions que ayer enfrentó a Atlético de Madrid y Real Madrid, y que se saldó como sabéis con el pase del segundo a cuartos de final en la tanda de penaltis, el Real Madrid recomendó a sus seguidores que fuesen a acudir al partido que se abstuviesen de viajar en la línea 7 del metro por ser la que suelen usar los hinchas del Atleti. Triste pero cierto. Los madrileños vivimos en una ciudad que no es segura por obra y gracia del Frente Atlético, grupo de animación con tintes neonazis, xenófobos y violentos auspiciado y financiado por el propio Atlético de Madrid.

A fin de mejorar la imagen pública de dicha línea del suburbano, desde La Galerna propondremos formalmente al Ayuntamiento de Madrid que cada una de las estaciones de la Línea 7 del metro cambie de nombre para adoptar el de algún número 7 histórico (o actual, donde proceda) del Real Madrid.

Una propuesta de La Galerna para la línea 7 del metro

Así, por ejemplo, la estación Las Musas pasará a llamarse “Emilio Butragueño” en atención a la excelente relación del legendario número 7 blanco con dichas deidades, responsables de la inspiración de los genios.

La estación Avenida de América pasará a llamarse “Vinícius Jr.” por ser el actual 7 de los vikingos natural de dicho continente.

Por su parte, la estación Estadio Metropolitano pasará a llamarse “Juan Gómez Juanito” como muestra de consideración a los emocionados recuerdos que los hinchas del Frente Atlético suelen tener hacia nuestra leyenda con sus bonitos cánticos. Como recuerdo también del que pudo haber sido ídolo propio pero dejaron marchar. Por mucho que algunos traten de ensuciar su recuerdo, jamás podrán con su grandeza.

Os informaremos de cómo van los trámites.

 

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Ladran, luego cabalgamos. Como es sabido, la frase no aparece en el Quijote, sino en la crónica universal del madridismo. Para desesperación de los perros, Sancho. Ladran y ladran, y vuelven a ladrar, los perros junto al río (no, no hablo del Manzanares, o eso creo) por ver a Dios nacer de blanco. Una y otra vez. Y otra. Eres como un río, como las gotas de rocío, Real Madrid. Imparable. Inacabable. Hermoso. Sorprendente. Inexplicable. Sin jugar a nada. Con el equipo hecho jirones. De aquella manera. Y de aquesta otra. De todas. Ya lo dijo Lineker, y si no lo dijo él sería por ese prurito inglés de eludir la obviedad: la Champions es una competición que juegan chorrocientos equipos y que siempre gana el Real Madrid. Sin jugar a nada. Con el equipo hecho jirones. Etcétera.

Cada partido del Madrid es una fiesta. Y en Champions, una fiesta grande. Cuanto menos juega el Real Madrid, más grande es la fiesta. Para los madridistas, digo. Los rivales, claro, sólo pueden optar entre rendirse admirados a ese deus ex machina madridista que siempre obra el puñetero milagro de convertir la tragedia en un orgiástico gaudeamus justo antes de que baje el telón, o mandar al entrenador a la sala de prensa a improvisar una encuesta a mano alzada sobre la última deuda que el fútbol ha contraído con ellos. Después de haber mandado el juanfran al palo. O de un no te resbales, Julián, que tiés madre. La vida, esa zarzuela caprichosa. Excepto, ay, para el Real Madrid.

La victoria a veces no llega, la vida, pero hasta que no llega siempre va a llegar. Ese es el elemento diferencial del Real Madrid, eso es lo que todos querrían tener pero sólo el Real Madrid posee. Eso es lo que todos los antimadridistas envidian por encima de todas las cosas

A trompicones. A ratitos. Con heroicas romanzas y con caídas de tensión dramática. Lo de casi siempre, o sea. A veces extasiante, otras exasperante. Pero avanzando. En cuartos, y tal.  De fracaso en fracaso hasta la victoria final. La victoria a veces no llega, la vida, pero hasta que no llega siempre va a llegar. Ese es el elemento diferencial del Real Madrid, eso es lo que todos querrían tener pero sólo el Real Madrid posee. Eso es lo que todos los antimadridistas envidian por encima de todas las cosas. Esa es la razón última de la inextinguible envidia que el Real Madrid despierta. Ese es la rabia de que está preñado cada ladrido. Sin brillantez, sin apoyos, sin juego, a menudo sin —ay— el respaldo de su afición, sin montura y a veces incluso sin caballo, el Real Madrid cabalga. Siempre cabalga. Nadie lo sabe tan bien como ellos. Sepámoslo también nosotros, madridistas.

 

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Sí, es curioso, para los estadísticos —y Javi me insistió mucho anoche entre gritos de alegría, claro— puedes ganar el campeonato del mundo en los penaltis, pero el resultado del partido es el que se produce después de los 90 minutos de juego oficial más prórroga. Pues eso, ayer perdimos en el Wanda contra el mejor equipo de Canillejas. Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena al Club Atlético de Madrid SAD (por lo que sea, siempre omiten lo de SAD…) y a su amable, bienhumorada y educada afición por tamaña fazaña contra el vecino blanco. Disfrútenlo.

Después de las felicitaciones de ritual, que uno se ha criado enfrente de un colegio de pago y eso da caché, prestancia y educación, debo decir que esta derrota es especial, especial por lo dulce, por la sensación de felicidad que me supuso el final del partido. Mi hijo, su colega (que ya es como si fuera mi hijo también…) y un servidor chillamos de tal forma que un vecino vinagre (porque no puede ser de otra manera), cuando aún no se habían cumplido las 12 de la noche, llamó insistentemente a mi puerta, supongo que para recriminarnos los gritos y los cánticos lógicos al ser derrotados cerca de Coslada. Para mí que mi vecino es colchonero o similar, la verdad. Evidentemente no abrí, porque si abro lo mismo acabamos en el cuartelillo, y no era cuestión de amargarnos la noche mágica de la M-40 madrileña.

Una derrota dulce el día en que Mendy cumplió 200 partidos oficiales en el Real Madrid, siendo el jugador nº 79 en conseguirlo, cuando Luka Modric ha igualado, nada más y nada menos, que a José Antonio Camacho en la 7ª posición histórica del club con 577 partidos oficiales jugados, y cuando el mismo Luka igualó al no menos leyenda Raúl González Blanco en la 3ª posición histórica del club al alcanzar los 132 partidos en Copa de Europa vestido con el blanco nuclear de la elástica merengue.

Curioso. Una vez relajados, una vez asimilado que, una vez más, el Real Madrid ha eliminado al At. Madrid de la Copa de Europa (y van 4 eliminatorias y dos finales), me gustaría pararme en la reacción del Cholo Simeone (no te vayas nunca, pibe), de la afición colchonera tirando botellas a los madridistas que estaban celebrando con sus hinchas el pase a los cuartos de final y de la prensa “madridista” que tenemos que soportar.

El Cholo se escuda únicamente en el penalti anulado, muy bien anulado, a Julián Álvarez, compareciendo en la rueda de prensa chillando como un poseso y preguntando si alguien en la sala ha visto el doble toque. Para levantar la mano estaban los compañeros, para levantar la mano y que les esperen en la puerta unos cuantos gentiles seguidores rojiblancos y les hagan ver, con sus argumentos habituales, que eso no se puede decir. Pues eso, que nadie dijo ni mú.

Ayer perdimos en el Wanda contra el mejor equipo de Canillejas. Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena al Club Atlético de Madrid SAD (por lo que sea, siempre omiten lo de SAD…) y a su amable, bienhumorada y educada afición por tamaña fazaña contra el vecino blanco. Disfrútenlo

El Cholo sólo habla del penalti anulado, pero, por lo que sea, no dice nada de la mano de su hijo en el área, de la que tendría que haber sido expulsión de Lenglet al ser el último hombre en el penalti a Mbappé, ni del pisotón que se lleva Brahim en la misma zona del campo. Por lo que sea, por lo que sea y porque quiere alimentar la polémica y a sus masas en vez de reconocer que podían haber ido a por la eliminatoria y se encerró en su área. Como en Milán, como en Lisboa, como en el Calderón, como en el Bernabéu, como siempre, vaya.

La afición salió del Wanda diciendo que lo de siempre, un robo. Evidentemente, yo les entiendo. Después del penalti que les pitaron en Getafe y de la alianza que tienen con el Código Penal andante, piensan que todo el monte es orégano y que les tienen que ayudar sí o sí. Bastante hizo el polaco Szymon Marciniak con no pitar la mano de Giuliano el pisotón a Brahim y no expulsar a Lenglet. Bastante hizo, amigos. Así que, hoy toca callar y felicitar al amigo madridista (por cierto, aún no he recibido ninguna felicitación de mis amigos colchoneros, ni creo que las reciba).

La prensa. Pues la prensa, igual. Polémica por el penalti anulado a Julián y nada, pero nada de nada de los citados de Simeone Jr. y a Brahim. Nada. Esto es lo peor, que ningún medio se pare a comentar que la mano de Giuliano no está pegada al cuerpo, bueno si, por la articulación del hombro lo está, que no había caído, que Lenglet debía haber sido expulsado porque era el último hombre cuando lo del penalti y que Brahim fue presa de un pisotón en el área rojiblanca, nada de nada.

Nadie va a hablar de esto pic.twitter.com/ueHrxD001G

— × Juan × ᴾᴹ 🧷 (@juanttc_) March 13, 2025

Al At. Madrid lo blanquean igual que blanquean al Barcelona, porque, amigos, hay que recordar a diario que el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando durante, al menos, 17 años 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español al completo y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide. Y el mejor equipo de Canillejas es uno de sus principales aliados, por algo será.

ningún medio comenta que la mano de Giuliano no está pegada al cuerpo, bueno si, por la articulación del hombro lo está, que no había caído, que Lenglet debía haber sido expulsado porque era el último hombre cuando lo del penalti y que Brahim fue presa de un pisotón en el área rojiblanca, nada de nada

En cuartos nos toca el Arsenal, que en la única ocasión en la que los hemos enfrentado a ellos, nos eliminó de la competición. Espero que no pase lo mismo y, aprovechando que la vuelta se juega en Madrid, podamos alcanzar la 13ª semifinal de Copa de Europa de las últimas 15 ediciones, lo que es una verdadera barbaridad.

Para terminar, no quiero dejar pasar que la Jueza instructora del asunto Negreira ha ampliado en seis meses el plazo de la instrucción y ha citado a declarar como investigados a Rosell y a Bartomeu. Van cayendo todos y confío en que caigan más.

Con la felicidad extrema de haber pasado a cuartos de final, con el pesar de que en menos de 72 horas jugamos en Villarreal (gracias, Tebas, madridista de pro) y con la satisfacción y la sonrisa con la que me voy a presentar en el bar donde tomo habitualmente el aperitivo (sólo sonrisa, sin más comentarios), me despido con la frase de mi amigo Javi, que anoche estaba igual o más eufórico que este escribidor de cosas: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

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