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Camacho, un zaguero de leyenda

Camacho, un zaguero de leyenda

Escrito por: Alberto Cosín8 junio, 2020
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José Antonio Camacho fue un zaguero de leyenda en la Casa Blanca donde pasó más de tres lustros como profesional. Su carrera se vio en claro peligro al sufrir una gravísima lesión de la que regresó más conservador pero que le permitió seguir rindiendo a un nivel excelso en el club blanco y la selección española.

Camacho llegó al mundo en Cieza, población murciana, el 8 de junio de 1955. Fue en su localidad natal donde empezó a destacar con el balón en los pies y tras jugar en el Cieza se marchó al Albacete. En 1973 el Real Madrid se lanzó a por su fichaje después de que secase a Santillana en un partido y le confirmasen desde la ciudad manchega que el F.C. Barcelona estaba muy interesado en su contratación.

Lateral izquierdo rápido, muy pegajoso e implacable en la marca, brillante en el sentido táctico, listo en la anticipación y siempre bien colocado, tenía un espíritu combativo y ganador fuera de serie. Su debut con la zamarra blanca se produjo un año después de su aterrizaje, concretamente en 1974 en la jornada liguera número 24 ante el Málaga en La Rosaleda con el técnico Molowny dándole la alternativa. Ese curso también participó en otros cuatro partidos aunque no jugó en el título de Copa cosechado ante el Barcelona.

Fue Miljan Miljanic el valedor de Camacho, y el que le otorgó la titularidad en el lateral izquierdo blanco. Con el técnico yugoslavo el de Cieza se hizo un fijo y resultó vital en la conquista del doblete de Liga y Copa de la campaña 74-75 y en revalidar el campeonato doméstico en 1976. También se hizo muy célebre por los marcajes realizados a las grandes estrellas rivales, por ejemplo Cruyff, al que secó en dos partidos sin que el neerlandés consiguiese ver puerta. Con la juventud y la osadía por bandera, Camacho se desplegaba además al ataque y en línea de fondo ponía grandes servicios aprovechados normalmente por Santillana.

A comienzos del curso 77-78, Molowny relegó a Miljanic en el banquillo y Camacho logró su único doblete merengue en un partido liguero contra el Espanyol. Sin embargo, pocos meses después, vivió su peor trago como profesional. El equipo iba líder y al final ganaría la Liga pero el murciano, en un entrenamiento matutino el 12 de enero, sufrió una rotura de los ligamentos cruzados y el menisco, una lesión que podría llevarle a la retirada justo a las puertas del Mundial de Argentina.

Dos operaciones y veinte meses más tarde, con un tesón y una ambición impresionante, el lateral pudo volver a los terrenos de juego. Clave en aquella recuperación en la parte moral fue Vujadin Boskov. El entrenador blanco solía ir al gimnasio para ver las progresiones de Camacho y decirle que contaba con él al 100% en cuanto se recuperase plenamente. Sin embargo, esa rotura le pasó algo de factura y tras la lesión Camacho ya no fue un lateral con tanta profundidad, ofensivo y vistoso. Pero si consiguió ser muy regular y disputar casi siempre hasta su retirada al menos 30 partidos durante el curso.

Tras pasarse en blanco la temporada 78-79 ,jugó mucho en la 79-80 y añadió a su palmarés otro doblete de Liga y Copa del Rey. Fue también en ese curso cuando sufrió su única expulsión y además de manera injusta. En un duelo contra el Hércules, el colegiado Pes Pérez le mostró la roja en una acción donde Camacho ni intervino, lo que hizo que el murciano se revolviese con un ataque de nervios incluido contra el trencilla.

En la campaña venidera Camacho vivió la experiencia más amarga de su trayectoria sobre el césped: perder una Copa de Europa. El Real Madrid eliminó al Limerick, el Honved, el Spartak de Moscú y el Inter para plantarse en la gran final en el Parque los Príncipes frente al Liverpool. El de Cieza era uno de los bastiones del equipo junto a Cunningham, Juanito o Santillana, pero un tanto en el minuto 81 de Kennedy acabó con las esperanzas merengues de conquistar la 7ª.

Antes de una dura sequía de títulos hasta la aparición de la ‘Quinta del Buitre’ en 1982 se alzó la Copa del Rey con Molowny en el banquillo al imponerse por 2-1 en Valladolid al Sporting. Y no fue hasta 1985 cuando se recuperaron los éxitos en la Casa Blanca con un lustro para enmarcar en el que Camacho siguió siendo fundamental durante cuatro campañas.

En la temporada 84-85 se firmó un doblete con la Copa de la Liga ante el Atlético de Madrid y la primera Copa de la UEFA de la entidad. El lateral estuvo presente en las remontadas ante Anderlecht e Inter de Milán, y también en la final en la que se venció al Videoton húngaro. En verano alcanzó la presidencia Ramón Mendoza y se firmó entre otros a Gordillo, gran amigo de Camacho y con el que compartió una banda izquierda letal en el cuadro merengue. Con Molowny asentado como patrón del barco, se revalidó el trofeo de la UEFA con otras dos remontadas fantásticas ante Gladbach e Inter, para apabullar al Colonia en la final, y se volvió a ganar la Liga después de cinco cursos sin hacerlo.

Las últimas tres temporadas como profesional del murciano, donde ascendió a la capitanía en 1988, coincidieron con la llegada del neerlandés Beenhakker como entrenador. Con la Quinta en plena efervescencia y la ayuda de los Camacho, Chendo, Buyo, Hugo, Gallego o Gordillo, se estableció una supremacía en el panorama nacional con varias Ligas consecutivas. El lateral fue indiscutible hasta el curso 1988-1989 en el que su papel bajó a los siete partidos de Liga y uno de la Copa de Europa. El broche para su carrera fue levantar el Campeonato Nacional en el último partido liguero contra el Valencia, tras salir al choque en el minuto 73 por Martín Vázquez. Una semana más tarde se completó el doblete con la Copa aunque Camacho no disputó ningún minuto contra el Valladolid.

En mayo de 1990, después de varios meses con las botas colgadas, Camacho regresó al Bernabéu para calzarse los borceguíes en su homenaje. Se trajo al Milan que era el campeón de Europa y el duelo fue muy atractivo. El murciano salió de titular y disputó 10 minutos, hasta que fue sustituido por Solana con todo el público puesto en pie y ovacionando al histórico jugador. El partido acabó 2-1 para los blancos y, tras el pitido final, Mendoza le impuso la Laureada y la Insignia de Oro y Brillantes de la entidad.

En las declaraciones posteriores al duelo el lateral reconoció que “su gran espina fue no haber ganado la Copa de Europa” y que “su siguiente aspiración era ser entrenador del primer equipo”. Por su parte Chendo indicó que “Camacho se merece todo por la labor que ha desarrollado durante muchas temporadas en el Real Madrid” y su adversario Baresi comentaba que “Camacho era un jugador muy bravo, un gran futbolista que se había ganado un homenaje de tal calibre”.