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Alfred Hitchcock y el suspense madridista

Alfred Hitchcock y el suspense madridista

Escrito por: Athos Dumas29 abril, 2020
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Justo hace 40 años que dejó este mundo el maestro indiscutible del suspense, Alfred Hitchcock.

Ya nos contó hace algún tiempo nuestro oscarizado José Luis Garci  que “al Real Madrid le va el suspense, es Hitchcock puro, es evidente. El Madrid es lo inesperado.” Tan inesperado por ejemplo como hace 6 años, cuando todos los bávaros se frotaban las manos y estaban dispuestos a hacer arder los bosques alrededor de Múnich, y se llevaron la sorpresa inesperada de un 0-4 que barrió todas sus esperanzas de revalidar su corona europea conquistada en 2013.

No se recuerda mayor suspense que el que se produjo en los minutos finales de la final de Lisboa en 2014, con todo el equipo merengue volcado sobre la portería rojiblanca, con todo el madridismo acongojado y “Con la muerte en los talones”, pensando en la “Psicosis” que iba a suponer el viaje de regreso a la capital con una derrota ante los vecinos y en el calvario que aquello iba a suponer para el resto de sus vidas. Ya estábamos algunos soñando con que Norman Bates nos visitaría cada noche a nuestro cuarto de baño a los sones de la espeluznante música de Bernard Herrmann. Modric y Ramos se encargaron de mandar al infierno al siniestro personaje encarnado por Anthony Perkins.

Siguiendo con las sabias palabras del colchonero - que no antimadridista - Garci, “el Madrid siempre ha sido de arreones, de finales impactantes, como el viejo Hitch.” Dos años después de Lisboa, en el espléndido San Siro milanés, el Madrid, físicamente roto y a merced de los de Simeone, sacó fuerzas de flaqueza, e impidió que el rival tuviese ni media oportunidad en la prórroga, y acabó apuntillándolo en una tanda de penaltis tan impactante que daba “Vértigo” mirarla para quienes estábamos rezando a todo el santoral - con más temor que Jimmy Stewart ante las alturas - detrás de la portería en donde se jugó todo, hasta que el tiro de Juanfran se marchó al palo derecho de Keylor.

También se nos puso varias veces “La soga” al cuello en la Champions de 2018, donde todas las apuestas nos dejaban fuera desde los octavos de final (PSG), contra la Juventus en el partido de vuelta (con penalti de suspense a Lucas Vázquez como pocos pero tan clamoroso como el incendio de Manderley en “Rebeca”) tras remontar los piamonteses el 0-3 de Turín, y contra el Bayern en semifinales, cuando un Keylor Navas (nuestro KN, más bello aquella noche que nuestra KN favorita, la también hitchcockiana Kim Novak) pletórico nos hizo ver a todos los presentes que “La sombra de una duda” que planeó aquella noche madrileña de mayo, iba a acabar por convertirse en un billete en primera clase con destino a Kiev.

También hemos padecido los efectos cleptómanos tipo “Marnie, la ladrona” durante tantas veces en las últimas ligas nacionales, a manos de protagonistas que no nombraremos, por ser sobradamente conocidos, pero que en ningún caso tenían el encanto de Tippi Hedren, que termina por seducir a Sean Connery. El madridismo, por mor de una prensa manipulada y siempre alimentada por una hostilidad envidiosa ante el más grande, siempre es el “Falso culpable” - y se nos queda la cara de acelga del pobre Henry Fonda - de todos los males para una opinión pública que goza más con sus ataques a lo blanco que en intentar “atrapar al ladrón”...por muy cara de buena gente que tenga a veces tras los rasgos de Cary Grant.

Estas últimas semanas de pocas noticias balompédicas no ha habido día que se levantara más de una “Sospecha” contra los merengues, acusándoles - falsamente - de hacer algo similar al ERTE del Barcelona, criticando como “adulteración de la competición” el que el Madrid quiera jugar - si es que se puede jugar - a puerta cerrada en el Alfredo Di Stéfano, o simplemente ocultando la generosa donación de Gareth Bale a la sanidad galesa y a la madrileña. Escuchar por las mañanas ciertas tertulias que solo tienen razón de existir para vivir criticando al club merengue, nos dan ganas de permanecer “Encadenados” y que incluso le podríamos llegar a rogar a Claude Rains que acabe por envenenarnos para no seguir teniendo que soportar a según qué tertulianos biliosos.

A veces me pregunto qué estaría pensando el bueno de Hitch cuando filmó “Los pájaros”, sin duda una alegoría de una de las siete plagas de Egipto, que empieza con unos aparentemente indefensos pajarillos que se van juntando poco a poco en bandadas, para luego ir atacando sin piedad - y sin ningún motivo aparente - a todo transeúnte pacífico del pueblo de Bodega Bay. ¿Quizás en los manipuladores del VAR? ¿En las designaciones arbitrales a dedo? ¿Cuantas veces hemos tenido que ver en estas últimas temporadas tanto “Pánico en la escena” ante los “Crímenes perfectos” repetidos cada vez que visitamos cierto estadio de cierta ciudad condal?

En estos extraños tiempos complicados que estamos viviendo, como “Náufragos” en un océano pernicioso desconocido, lo mejor sin duda es que el madridismo se defienda como siempre, solo, y nadie pueda, ni siquiera Paul Newman con la ayuda de Julie Andrews, “rasgar una cortina” de un club modélico tanto en sus facetas deportivas, como sociales y financieras, siempre por delante de su tiempo, a años luz de sus adversarios.

Gracias por tantísimos momentos, Sir Alfred, han pasado 40 años desde su marcha pero las nuevas generaciones que se incorporan como espectadores siguen fascinadas con tantas obras maestras como las aquí nombradas o como “La ventana indiscreta”, “Yo confieso” o “El hombre que sabía demasiado”, ¿quizás esta última un guiño “avant la lettre” a nuestro Zinedine Zidane?