Como aperitivo para el mal llamado clásico del fin de semana, el Real Madrid de José Mourinho dio buena cuenta de un Leipzig alegre y vistoso pero algo ingenuo. Los hombres del portugués acrecientan las señales de solidez. Volvimos a ver goles de excelente factura en medio de un ambiente de cierta relajación. Vini volvió, y volvió a ser sustituido. Ni protestó al serlo, lo que hace pensar en una tristeza más profunda y preocupante de lo esperado. Con todo, el partido fue festivo.
La alineación de Mou resultó un punto sorprendente, y no nos referimos a la vuelta a la titularidad de Vini, que ya había sido anunciada, sino a la presencia de Carreras, Camavinga y Bernardo Silva como grandes novedades. Quedaba por dilucidar si el portugués formaba en el doble pivote o si mantenía en ese puesto a Güler, tornando Bernardo el flanco derecho. Los primeros compases ya hicieron intuir que la idea era lo primero. Quedaba en el aire el dilucidar si los cambios eran, en relación al mal llamado clásico del fin de semana, rotaciones o probaturas. En todo caso, ambos, sobre todo el turco, lucieron.
Comenzó la cosa en una dinámica sosa e imprecisa, quite experto de Rüdiger incluido es un semisusto. Las diabluras de Güler por la derecha constituían casi el único argumento ofensivo. Quizá sea justo formular la siguiente paradoja: la base de la jugada no es la posición ideal para Güler, que es más bien un atacante, pero nadie en su escuadra puede hacerlo mejor que él en dicha base. Nusa, por su parte, y refrendando el análisis de la previa de Cosín en esta página, se erigía en el elemento más desestabilizador de los alemanes, que optaban por una aproximación alegre y ofensiva al choque.
La enésima penetración de Güler por la diestra estuvo a punto de traducirse en gol en el taconazo de Bernardo Silva. El turco seguía sembrando el pánico en esa banda. Un contragolpe tejido por Bellingham desembocó en un centro de Mbappé al que no pudo llegar Vini. Él dominio blanco se asentaba, pero el chispeante enfoque táctico del Leipzig sembraba cierta zozobra, obligando a Huijsen a brillar en los cortes. Lástima que a Vini no le saliera nada y la gente, a los 23 minutos, se descolgara con los primeros silbidos hacia el brasileño. Los de Mou se caracterizaban por una suerte de dominio espeso.
A los 27 minutos, la propuesta generosa del Leipzig estuvo a punto de rendirles. Fue una maravillosa jugada de toque concluida con un disparo de Rómulo al que respondió Courtois con un paradón de los suyos. En el saque de córner correspondiente, y para subrayar la extraña ida y vuelta en que consistía el encuentro, una galopada de Vini, con gran disparo final, obligó a lucirse bajo los palos al belga del otro lado.
El Madrid se iba diluyendo conforme avanzaba el primer tiempo. Valverde sufría con Nusa más de lo debido. Mbappé combinaba algunos dribblings interesantes con tontas pérdidas de balón. Bellingham complementó una recuperación con una buena maniobra y un buen chut fuera por poco, pero predominaba una rara atonía que encrespaba a la gente. Encima, la presión alta no funcionaba, y la superaba con demasiada facilidad el contragolpe alemán. Así estuvieron a punto de volver a adelantarse, pero Courtois, de nuevo providencial, salió impetuoso y atinado a los pies de Nkunku.
Sin embargo, el Madrid es el Madrid. Una meritoria jugada colectiva, con Güler, Mbappé y Valverde concluyó en un remate del propio Güler que atajó como pudo Vandervoordt. El balón quedó suelto y, con picardía de Chip o de Dale, Bernardo Silva remachó sobre la línea. 1-0. Como el Madrid sigue siendo el Madrid dentro de este párrafo, y también probablemente cuando llegue el siguiente, Vini se guisó y comió un contragolpe coronado con un trallazo que obligó a lucirse al excelente compatriota de Thibaut.
Nada más comenzar el segundo tiempo, los blancos pudieron ampliar su ventaja del modo que cabía prever, o sea, a través de Güler. El turco, letal por la derecha, filtró un gran balón a Valverde que obligó a Vandervoordt a lucirse de nuevo. Fue el preámbulo del segundo. Vinicius y Bellingham combinaron en la izquierda. El centro del inglés lo remató de cabeza Mbappé en el segundo palo, y Güler remachó sobre la línea. Quién si no.
Mbappé quería su gol. Casi lo logra tras un nuevo tuya-mía de Jude y Vini en la izquierda. También volvió a tenerla Güler. Valverde, para su desgracia, volvía a lucirse como lateral derecho, sobre todo con un quite in extremis, cuando el Leipzig se aprestaba a acortar distancias. El partido se había convertido en un gozo desinhibido de libertinajes varios. Huijsen conquistaba a la concurrencia con su limpieza en el inicio de las jugadas. Puede convertirse en el rey de eso que llaman el pase progresivo.
El despechugue se había tornado excesivo, y la laxitud blanca causó varias pérdidas de balón innecesarias. Quizá para dar más solvencia y seriedad, entraron Cucurella y Diomande. Los sustituidos fueron Carreras… y Vinícius, a pesar de que el domingo no podrá jugar. No había estado mal el brasileño. Tampoco bien. Es un bucle melancólico, acentuado por la sanción de cuatro partidos, del cual volverá o no. El contraste con Diomande es cada vez más notorio. De hecho, tras sustituirle, el marfileño acabó anotando un gol bellísimo en una gran volea a pase de Brahim.
El partido era ya un carrusel despelotado, que se desmelenó definitivamente hacia el final. Mbappé rubricó el 3-0 con un remate lleno de clase tras una buena jugada colectiva. El Leipzig no tardó en acortar distancias, tras lo que siguió el referido y extraordinario voleón de Diomande. 4-1, pleno al nueve en Champions y a pensar en lo de Barcelona, que es como decir en lo de Alberola Rojas.
Y sí, como rezaba la pancarta: NO IMPUNITY FOR NEGREIRA.
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