
Hay una forma muy cómoda de contar la historia del FC Barcelona durante el franquismo: seleccionar los barcelonistas perseguidos, represaliados o exiliados, sumar episodios reales de intervención política sobre el club y extender después esa plantilla hasta convertir varias décadas de historia en una película con sólo dos colores.
El inconveniente aparece cuando se abren periódicos, boletines oficiales, expedientes y la propia revista BARÇA. Entonces surgen directivos, socios y figuras barcelonistas que fueron procuradores en Cortes, concejales, excombatientes nacionales, miembros de organismos oficiales, participantes en depuraciones, visitantes habituales de autoridades franquistas o defensores explícitos del régimen.
No uno. Ni dos. Y no precisamente personajes inventados retrospectivamente por un adversario del club.
La Historia vuelve a estropear el guion.
Empecemos por una fotografía magnífica. Bernardo Lassaletta, futbolista y directivo del Barcelona en los primeros años del siglo XX, científico, ingeniero y profesor, formó parte en 1923 de la comitiva que acompañó a Albert Einstein durante su estancia en Cataluña, incluida la visita a Poblet.
Einstein. Cataluña. Ciencia. Barcelona. Todo impecable.
Puede bajarse aquí el telón y tenemos una preciosa semblanza. El problema aparece si alguien hace la pregunta que da título al trabajo de SALTATAULELLS: ¿y después qué otras cosas hizo en su vida?
Porque Lassaletta siguió viviendo. Y bastante activamente. El estudio lo sitúa en la reorganización de la Escuela de Ingenieros Industriales después de la guerra: en 1940 fue nombrado vocal de la Junta Económica docente y recibió otros encargos académicos. Posteriormente aparece también en organismos profesionales y económicos de la Barcelona franquista.
Y queda el pequeño detalle final: al morir en 1948, su trayectoria oficial incluía la condición de procurador en Cortes. La propia investigación de SALTATAULELLS localiza su presencia en las Cortes Españolas de 1946.
Así que sí: acompañó a Einstein. Y sí: es una noticia preciosa. Pero la biografía no termina en Poblet. A veces el problema no está en lo que se cuenta, sino en el punto exacto donde se decide dejar de contar.
Miguel Useros fue tesorero del Barcelona entre 1905 y 1909, dentro de las juntas de Juli Marial, Vicenç Reig, Joan Gamper y Otto Gmeling. Ingeniero industrial y profesor, desarrolló después una larga vida profesional y pública.
Tras 1939, el trabajo de SALTATAULELLS lo documenta dentro del mundo académico reorganizado por el nuevo régimen y relacionado con procesos de depuración. También aparece una Orden de 17 de febrero de 1941 que atiende una petición suya relativa a funciones y retribuciones en la Escuela de Ingenieros Industriales.
La conclusión razonable no es que el Barcelona fuese por ello franquista. Es otra, mucho más limitada y mucho más difícil de esquivar: un antiguo directivo barcelonista podía integrarse plenamente en estructuras franquistas y participar en mecanismos depuradores.
Francisco Figuerola fue secretario de la junta de Josep Suñol. El 26 de julio de 1934, actuando como secretario del Consejo Directivo del FC Barcelona, dirigió al comisario general de Orden Público un escrito oficial redactado en catalán. El propio trabajo de SALTATAULELLS lo sitúa también en el núcleo de publicaciones y actividades del club vinculadas al catalán.
Por tanto, conviene fijar primero este extremo sin trampas: Figuerola perteneció a un Barcelona culturalmente catalanista y utilizó el catalán en la documentación oficial del club.
Después llegó la Guerra Civil. Y aquí la biografía exige contexto, no caricatura.
Su hermano menor, Juan Figuerola Ferrer, vinculado a Falange, fue asesinado en las costas del Garraf. Su suegro, José Bassedas Montaner, médico barcelonés de prestigio y presidente del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, también fue asesinado durante la guerra. Estos dos asesinatos familiares forman parte del itinerario vital que precede a la evolución posterior de Figuerola.
En 1938 aparece ya en el bando nacional como teniente provisional auxiliar de Estado Mayor. En la posguerra fue secretario del general Orgaz, aparece en actos de la sociedad oficial franquista y desarrolló una extensa trayectoria profesional e institucional. Muchos años después todavía ocuparía responsabilidades en entidades inequívocamente catalanas, como la vicepresidencia segunda del Orfeó Català.
El mismo hombre, por tanto, pudo escribir documentos oficiales del Barcelona en catalán, sufrir el asesinato de dos familiares próximos durante la guerra, combatir con los nacionales, integrarse después en la sociedad franquista y continuar participando en instituciones culturales catalanas.
Una biografía así tiene muy mala educación: se niega a caber en los dos cajones que se le habían preparado.
El interés del caso Sagnier está en comprobar qué ocurre cuando, en lugar de dar por concluida la biografía en la inmediata posguerra, se sigue su rastro durante las décadas siguientes. SALTATAULELLS lo localiza repetidamente en la vida social y pública barcelonesa hasta su fallecimiento en 1976.
Nada de ello niega la intervención política franquista sobre las entidades deportivas después de la guerra. Sí obliga, en cambio, a separar dos afirmaciones distintas: que el régimen interviniera sobre el club y que todos los hombres que ocuparon responsabilidades en ese período deban describirse automáticamente como víctimas personales o simples figurantes sin trayectoria propia.
Un secuestro histórico puede documentarse. Convertirlo en explicación biográfica universal de cada directivo requiere bastante más trabajo.
Federico Amat procedía antes de la guerra del ambiente de la Lliga Catalana y había participado en la vida municipal. Después de la guerra aparece en la dirección del Ferrocarril Metropolitano de Barcelona en una etapa en que su consejo intervino en la depuración de personal.
Más tarde fue directivo del Barcelona con Enrique Martí Carreto, entre 1952 y 1953. Y su biografía pública bajo el franquismo no parece precisamente clandestina: asociaciones católicas, cargos municipales, visitas a autoridades, responsabilidades en la Barcelona institucional del régimen y presencia en actos oficiales.
SALTATAULELLS documenta además su condición de concejal entre quienes acompañaron a Franco bajo palio en la Catedral de Barcelona.
Tenemos, por tanto, catalanismo conservador antes de la guerra; participación en depuraciones después; directiva del Barcelona; Ayuntamiento franquista; y acompañamiento ceremonial a Franco.
Si todo eso forma parte de una misma biografía, quizá el problema no esté en la biografía. Quizá esté en el cajón donde se intenta meterla.
Luis Rosal fue un médico prestigioso. Antes de la Guerra Civil participó en actividades científicas en catalán, entre ellas el VII Congreso de Médicos de Lengua Catalana. Después aparece integrado en la Barcelona oficial del nuevo régimen y vinculado a Auxilio Social.
Posteriormente fue vicepresidente del Barcelona con Miró-Sans y tesorero con Llaudet, además de ocupar responsabilidades municipales. Es decir, una misma persona podía tener una trayectoria anterior ligada a la cultura catalana, integrarse después en estructuras oficiales franquistas y ocupar simultáneamente puestos relevantes en el club.
No hay incompatibilidad. Ésa es precisamente la noticia.
Aquí el sarcasmo casi se escribe solo. La revista BARÇA, el 3 de febrero de 1956, entrevista a Vicente García Ribes sobre fútbol amateur y lo identifica expresamente como «procurador en Cortes». Es decir, procurador en las Cortes franquistas.
No lo descubre un enemigo del club décadas después. Lo publica la propia revista barcelonista en 1956.
La escena imaginaria resulta inevitable: «¿Dónde está el representante del barcelonismo antifranquista?». «Ha salido un momento». «¿Adónde?». «A las Cortes de Franco».
Mariano Cañardo fue una enorme figura del ciclismo y un ídolo estrechamente relacionado con el barcelonismo. SALTATAULELLS utiliza su caso para señalar el mismo mecanismo observado en Paulino Alcántara y Josep Samitier: la biografía deportiva se recuerda con entusiasmo, mientras determinadas vinculaciones políticas posteriores reciben mucha menos atención.
El interés del caso no consiste en disminuir al deportista. Cañardo no pedalea peor retrospectivamente por sus ideas. La cuestión es mucho más elemental: si se cuenta una vida, se cuenta la vida entera.
Carlos Cava de Llano merece el final porque ofrece el remate documental más difícil de disimular. Fue alférez provisional durante la Guerra Civil, desarrolló una larga trayectoria en organizaciones de excombatientes y en el mundo político y social franquista, y figura además entre los socios de la Comisión Organizadora de los festejos del nuevo estadio barcelonista de 1957.
Pero podría objetarse que una cosa es ser socio y otra ser considerado por el propio ambiente del club un barcelonista representativo. Para resolverlo aparece la revista BARÇA.
Número 347. 19 de julio de 1962. Título: «Hombres del Barcelona. Don Carlos Cava de Llano. El hombre de la ponderación con firmeza en las decisiones». La entrevista lo presenta como un «barcelonista de pro» y como un hombre que siente el Barcelona extraordinariamente.
Así que no estamos ante una etiqueta inventada después por SALTATAULELLS: lo decía BARÇA.
Cava de Llano siguió mostrando después sus posiciones políticas. En 1975 pronunció una conferencia publicada por Ediciones Movimiento bajo el título «La aportación de los catalanes a la Guerra de Liberación y a la paz española». Muerto Franco, continuó expresando una valoración abiertamente favorable al régimen anterior.
Y queda la guinda musical.
El propio trabajo de SALTATAULELLS identifica como composición de Carlos Cava de Llano, con letra y música dedicadas a Franco, la canción «El Generalísimo». El enlace directo que ofrece el artículo es:
ESCUCHAR «EL GENERALÍSIMO» — ENLACE DIRECTO
La importancia del enlace es evidente: en este punto casi sobran los adjetivos. El lector puede acudir directamente a la fuente señalada por SALTATAULELLS.
BARÇA lo llamó «barcelonista de pro». Su trayectoria política fue inequívocamente franquista. Y su actividad creativa incluyó una canción dedicada al Generalísimo.
A veces una grabación hace el trabajo ella sola.
Para que el informe no incurra en el defecto que critica, conviene identificar también los casos que van en otra dirección. En el rastreo de SALTATAULELLS utilizado para este trabajo aparecen expresamente dos antiguos directivos tratados por su exilio y posterior regreso a España: Joan Alavedra Segurañas, directivo entre 1932 y 1934 y colaborador de la Generalitat, y Eugeni Xammar Puigventós, directivo entre 1903 y 1904 y jefe de prensa de la Embajada republicana en París durante la Guerra Civil.
No se presenta esta cifra como censo absoluto de toda la historia del FC Barcelona. Sí es el resultado del conjunto documental aquí utilizado: los dos exiliados expresamente identificados en ese rastreo son Alavedra y Xammar.
Se han comprobado además tres nombres que podían plantear duda. Paulino Carbonell Serra no amplía la lista: SALTATAULELLS lo localiza fallecido en Barcelona en 1951 y lo describe expresamente como un directivo de Suñol muerto en la Barcelona franquista y no en el exilio. De Antonio Cabestany Farré, el rastreo utilizado sólo localiza su esquela en Barcelona en 1977, dato insuficiente para acreditar un exilio anterior. Y de Miguel Zapata Pascual no se ha encontrado documentación bastante para incluirlo con seguridad entre los exiliados. Por ello, esta versión mantiene como exiliados documentados a Alavedra y Xammar, sin convertir esa relación en un censo absoluto.
Esto permite evitar dos exageraciones simétricas: ni borrar a quienes se exiliaron ni convertir dos nombres documentados en una multitud retrospectiva.
Conviene ser rigurosos precisamente aquí.
Estos casos no demuestran que el FC Barcelona fuese un club franquista. Una cosa es la institución y otra las trayectorias políticas individuales de jugadores, socios y directivos.
Tampoco niegan la existencia de represión política ni la intervención franquista sobre el deporte y sobre el propio club, especialmente en la inmediata posguerra.
Pero, dentro del conjunto concreto de personas estudiadas en este informe, hay un dato que no debe diluirse con un contrapeso retórico que no procede de estos trabajos:
ENTRE LOS PERSONAJES AQUÍ ESTUDIADOS NO HEMOS ENCONTRADO NINGUNO DOCUMENTALMENTE ANTIFRANQUISTA.
Al contrario: con intensidades distintas, aparecen integración en estructuras oficiales, participación en mecanismos depuradores, servicio en el Ejército nacional, cargos políticos franquistas o adhesiones públicas al régimen.
Eso no autoriza a tratar a todos con la misma etiqueta ni con la misma intensidad. Cava de Llano, por ejemplo, representa una adhesión política explícita mucho más clara que otros casos de integración institucional o profesional. La precisión fortalece el argumento: no hace falta exagerar lo que ya es suficientemente elocuente.
Lo que sí resulta difícil de mantener, después de reunir todos estos casos, es la identificación automática entre barcelonismo y antifranquismo durante cuatro décadas.
EL BARCELONISMO DEL FRANQUISMO NO FUE POLÍTICAMENTE UNIFORME.
El conjunto aquí estudiado es especialmente llamativo porque ninguno de estos personajes, a partir de estos trabajos concretos, puede presentarse como documentalmente antifranquista. En cambio, aparecen repetidamente directivos, socios o figuras barcelonistas integrados en la sociedad franquista, algunos con responsabilidades políticas, otros con participación en depuraciones y otros con adhesión pública y explícita al régimen.
Lassaletta acompañó a Einstein y terminó siendo procurador en Cortes. Useros fue directivo con Gamper y aparece después ligado al aparato académico y depurador. Figuerola escribía las cartas del Barcelona en catalán, sufrió el asesinato de su hermano falangista y de su suegro, combatió con los nacionales y se integró luego en la sociedad institucional franquista. Amat procedía de la Lliga, fue directivo barcelonista, participó en depuraciones, ejerció como concejal y acompañó a Franco bajo palio. Rosal combinó cultura médica catalana, cargos franquistas y vicepresidencia del Barcelona. García Ribes fue presentado por BARÇA como procurador en Cortes. Y Cava de Llano fue presentado por la propia revista como «barcelonista de pro» antes de dejar, entre otros testimonios, una canción dedicada a Franco.
Frente a ello, el rastreo empleado identifica expresamente dos antiguos directivos exiliados y retornados: Joan Alavedra y Eugeni Xammar. Deben nombrarse porque existieron. Pero precisamente nombrarlos permite medir mejor el conjunto en vez de sustituir la investigación por una impresión.
Se pueden discutir interpretaciones, pesos relativos y contextos individuales. Lo que resulta mucho más difícil es continuar contando una historia donde el barcelonismo aparece colocado colectivamente a un lado de una frontera política y el franquismo al otro.
Porque cada vez que se dibuja esa frontera con regla y tiralíneas...
APARECE UN BARCELONISTA POR EL LADO EQUIVOCADO.
Nota del autor: Texto ordenado, contrastado y tratado con ayuda de IA a partir de los trabajos y fuentes indicados.
Fotos: SALTATAULELLS
Nota de la redacción: Las investigaciones y conclusiones expuestas corresponden a su autor, Antonio Arias.
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