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Bale, Guti y el mapa de los afectos

Bale, Guti y el mapa de los afectos

Escrito por: Jesús Bengoechea19 noviembre, 2019
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Ayer se improvisó un interesante debate tuitero tras una invitación de Guille Glez a establecer un Top5 de jugadores “favoritos” en el Real Madrid. No se trataba tanto, aclaró Guille, de escoger a los cinco mejores, sino a aquellos cinco que por la razón que sea estuvieran en lo más alto en el escalafón de afectos madridistas de los votantes.

Mucha gente votó (de hecho, siguen haciéndolo) y los resultados no son sorprendentes (mucho Raúl, mucho Cristiano, Zidane, Modric, Butragueño...) salvo por la muy insistente presencia en las listas de un jugador que parece concitar un tsunami de simpatías blancas: José María Gutiérrez Guti. No tenía idea, francamente, de que Guti fuese tan querido.

Y no es que me parezca mal, aclaro. Tengo a Guti por uno de los jugadores técnicamente mejor dotados y con un más fascinante sentido de la estética que he visto sobre un campo de fútbol. Pero no deja de ser un actor a fin de cuentas secundario (sublime pero secundario) en los logros del Madrid de su época. No jugó ni un minuto en ninguna de las Finales de las Champions en cuyo palmarés aparece su nombre, y solo brilló en determinados partidos de la máxima competición continental (me viene a la mente un encuentro épico frente al Bayern en Cuartos de la Novena, con gol suyo). En Liga, tuvo varias apariciones fulgurantes y recordadísimas, muchas veces saliendo desde el banquillo. Pero cumplió años en la primera plantilla y nunca logró sacudirse del todo la etiqueta de eterna promesa. Sin embargo, esto no parece jugar en contra del cariño que la gente le profesa. Se ve que el corazón del madridismo pondera muy positivamente la poesía con ciertas dotes de malditismo, por encima incluso de méritos más numéricos o tocantes al palmarés.

No sé si hace falta explicar lo del malditismo. Existe un consenso en señalar que Guti podría haber sido un jugador de leyenda, un auténtico galáctico, si su vida personal hubiera observado los requisitos necesarios para llegar a una meta a la que no se accede sin gran sacrificio. Sucede que esta renuncia (parcial) al sacrificio por parte de Guti, que siempre primó otras cosas por encima de la perspectiva de una carrera profesional antológica, no le penaliza en los afectos del seguidor. Se diría de hecho que sucede lo contrario. El que Guti nunca llegara a ser el jugador grandioso que apuntaba a ser no hace que la gente le quiera menos sino, paradójicamente, más. Me alegro sinceramente por ello, aunque no sé cómo explicarlo. Se diría que la gente no quiere que la poesía se vea contaminada por el logro.

El que Guti nunca llegara a ser el jugador grandioso que apuntaba a ser no hace que la gente le quiera menos sino, paradójicamente, más. Me alegro sinceramente por ello, aunque no sé cómo explicarlo.

Es curioso, porque el consenso según el cual un jugador pudo ser más de lo que llegó a ser parece jugar a favor de Guti, pero furibundamente en contra de otros. Entre esos otros, el caso más claro es el de Bale, jugador que ha protagonizado algunas de los momentos más gloriosos de la historia reciente del club sin que ello le haya granjeado, parece, el afecto global del madridismo bajo el razonamiento de que “pudo ser mucho más de lo que ha sido”. Objetivamente hablando, Bale ha logrado más que Guti y su papel individual en ese palmarés ha sido mucho más crucial que en el caso del de Torrejón, pero su problema tal vez sea ese (que no es de Torrejón ni aledaños). También lo es el haber sido un fichaje caro y no un canterano, pero poca culpa tiene Gareth de haber nacido en Cardiff y de que se pagaran muchos millones por él.

Por lo demás, convendremos que las razones por las que Bale no ha llegado a ser lo que tenia que haber sido -suponiendo que ello sea cierto- tienen poco que ver con su voluntad personal y mucho con su desgraciada propensión a las lesiones, mientras que las razones por las que Guti no llegó a ser lo que apuntaba se resumen en esencia en que no se lo propuso con la necesaria abnegación.

Otra característica común a ambos jugadores, amén de la promesa incumplida que ambos parecen ser en el imaginario colectivo, es su gusto por el golf. De nuevo por razones que se antojan caprichosas, solo en uno de los dos casos ha sido el golf considerado un crimen de lesa humanidad.

El hecho que se quiera mucho a Guti y poco a Bale solo puede atribuirse, por tanto, al carácter veleidoso del amor, que tantos corazones ha roto a lo largo de la Historia. Decía Julian Barnes que, si uno mira la Historia del mundo, parece mentira que el amor esté incluido. Si uno mira la Historia del Real Madrid, o al menos si la mira a través de las tristes pupilas de muchos madridistas, el que parece no estar incluido es Gareth Bale.