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Tirar la Champions

Tirar la Champions

Escrito por: Paul Tenorio31 mayo, 2018
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“Enhorabuena, madridistas. Cuatro Champions en cinco años con uno de los mejores Barça de la historia… tenemos que reflexionar en las prioridades. La Liga no se puede tirar nunca, pero la Copa la tienen que jugar los que no juegan habitualmente, y estar a tope para la Champions”. Lo escribía en dos tuits, en un alarde de deportividad y sinceridad, Carles Puyol tras la consecución de la Decimotercera Copa de Europa por parte del Real Madrid. Un día después, Sport revelaba que “el club insta a Valverde a centrarse en la Champions”. Al fin se han dado cuenta. No lo han hecho por un arrebato de lucidez, sino de envidia. Pero lo han hecho. Ha tenido que ganar el Madrid tres consecutivas y cuatro en cinco años para que en el entorno culé se repare en lo evidente: la Champions equivale a muchas Ligas y a muchas más Copas del Rey. Diría incluso que una Champions equivale a todas las Copas del Rey. La Champions mide la grandeza de un club de fútbol.

Vamos a remontarnos al pasado 24 de enero. El Madrid, tras ganar 0-1 en Butarque, perdía por 1-2 en la vuelta disputada en el Bernabéu y quedaba eliminado de la Copa por el Leganés. Se habló de ridículo de Zidane, que alineó sólo a tres de los considerados titulares, Sergio Ramos, Isco y Benzema, en un once donde aparecían Achraf, Theo, Kiko Casilla o Marcos Llorente. Dado que el Madrid se jugaba la temporada tres semanas después recibiendo al PSG en esa ida de octavos donde los galos y su temible tridente iban a desollar entre risas a su sparring madridista, el ridículo lo habría hecho Zidane si hubiera salido con el once de gala, desgastando innecesaria e irresponsablemente a su equipo en una competición insondablemente inferior.

En general, se habla con ligereza y en tono despectivo de “tirar” la Copa. ¿Tiró Zidane la Copa? En absoluto. Hizo lo más conveniente para su equipo, que es gestionar prioridades con inteligencia. Aprovechar el torneo copero para darle ritmo de competición a jugadores menos habituales, a los que puedes necesitar en un momento crucial de la temporada. Y de paso, dar descanso a futbolistas que, entre Supercopa de España, Supercopa de Europa, Champions, Liga y Mundial de Clubes, en enero acumulaban bastantes kilómetros en las piernas. No tendría ningún sentido que los suplentes siguieran desactivados en el banquillo y los titulares continuaran quemando fuerzas por un torneo que deportivamente ni se acerca a la gloria que supone ganar la Champions y queda también muy lejos en términos económicos, tanto a través de la taquilla como por las recompensas que otorga UEFA y por el sustancial aumento cualitativo y cuantitativo de patrocinadores que acarrea ganarla. Por descontado, conquistar la Champions es también un poderoso imán para que los mejores jugadores del mundo quieran enfundarse tu camiseta.

Reza el manual de primero de piperismo que “el Madrid debe luchar por todas las competiciones”. Eslogan, así sin jerarquizar importancias, tramposo. Por supuesto que el Madrid tiene que salir al campo siempre a ganar cada batalla, pero sería una necedad no administrar tu arsenal ni a tus tropas con vistas a salir victorioso en la guerra. Pensar que los futbolistas deben disputar los 60 partidos de la temporada física y mentalmente con la carga de una final, lo mismo ante el Numancia o el Leganés en Copa que en el Allianz Arena en cuartos de Champions, es un error crítico desde cualquier planificación mínimamente lúcida. Además, el XI ante el Leganés era un equipo hecho para defender un 0-1 en casa, no para salir con la cabeza gacha. Perder una competición no es tirar una competición. Ni siquiera para el club deportivo más exigido del planeta y de la historia ser siempre campeón es una posibilidad.

Tienen que congregarse muchos factores extraordinarios para poder alzar los tres títulos de la temporada. Si quieres ganar la Champions, tienes que llegar pletórico al último trimestre del curso, y para ello es obligatoria la gestión sensata de esfuerzos y recursos. La Champions, la competición para la que los mejores de Europa invierten la mayor parte de su tiempo, su dinero y su energía, exige estar al máximo nivel si quieres tener éxito. Quitarte opciones en el torneo que define al gran triunfador de la temporada volcándote en la Copa del Rey es en cierto modo, y como denuncia Puyol, algo para al menos reflexionar. Puede ganarse, claro que sí: el Madrid hizo doblete Copa/Champions en 2014. Y la que conquistó en 2011, sacudiéndose el complejo y la depresión ante el mejor Barcelona nunca visto, fue la primera obra del legendario Madrid que disfrutamos en el presente. Depende de las circunstancias, todo tiene valor relativo.

el barça lleva tres años desaparecidos del mapa europeo mientras el Madrid va poniendo picas por toda su cartografía.

Al día siguiente de lo que los iluminados dieron en llamar “el ridículo de Zidane” contra el Leganés, Valverde, con otras prioridades, salía para remontarle al Espanyol con Cillessen; Sergi Roberto, Piqué, Umititi, Jordi Alba; Aleix Vidal, Rakitic, Busquets, Iniesta; Messi y Suárez. El equipo de gala salvando al portero y a Aleix Vidal. Eso sí que resulta ridículo. Y el Barça remontó, pero tres semanas después hacía un partido espantoso en Stamford Bridge, de donde salió vivo gracias a los postes y a un error en defensa aislado pero grosero e improbable de Christensen. No puede decirse que haya una relación causa-efecto directa, pero lo cierto es que el Barça estuvo desaparecido en Londres, y la confirmación llegaría en la siguiente eliminatoria, en Roma. El Triplete de Guardiola en 2009, sin duda una gesta, confundió a muchos en la Ciudad Condal. Ganar las tres competiciones requiere un desgaste inhumano y unas condiciones idóneas, como las que se dieron: se alinearon todos los astros en Can Barça con un Xavi, un Iniesta, un Valdés, un Puyol, un Dani Alves o un Leo Messi en el mejor momento de sus carreras. Más el Ovrebazo. Desde entonces, ganar el Triplete es una obsesión para ellos. Han dejado de rotar en Copa como siempre hicieron  hasta ese año, y van a por todo. A esa excelente generación de futbolistas , especialmente Messi, todavía les alcanzó el talento para ganar dos Champions más, uno enmarcada en otro Triplete. Pero llevan tres años desaparecidos del mapa europeo mientras el Madrid va poniendo picas por toda su cartografía.

La Liga es otra cuestión, aunque, siendo más importante que la Copa, el campeonato doméstico también se devalúa cada año respecto a la Champions en este mundo global. A distinto nivel que la Copa, también está muy lejos en cuanto a prestigio deportivo y a remuneración económica de la Liga de Campeones. De hecho, el futuro nos deparará con certeza una SuperLiga Europea donde las Ligas Nacionales sean una especie de Segunda división subvencionada (no podrían sobrevivir de otra forma) por migajas de esa lucrativa SuperLiga Europea, y el campeón de esos campeonatos nacionales lo celebraría sólo por el hecho de ascender o tener la posibilidad de ascender a esa SuperLiga Europea, para codearse con los mejores y dar un salto en lo económico. La Liga hay que competirla, es de momento el pan nuestro de cada día. Pero con matices. El Madrid de Zidane, por ejemplo, se jugaba hace un año la Liga y la Champions en paralelo. Y el francés dio con una fórmula insólita: cambiar a 9 jugadores de un partido a otro. Pudo ganar ambas porque tenía probablemente la mejor plantilla que ha tenido el Madrid en su historia, pero se trató de una situación excepcional. De no haber dispuesto de esos 22 jugadores que podrían ser titulares en cualquier parte, habría tenido que priorizar la Champions. Que es exactamente lo que hizo Ancelotti el año de la Décima: en las últimas jornadas (Zorrilla, Balaídos), resguardó a algunos titulares indiscutibles en el banquillo en aras de un objetivo mayor. Entonces se le reprochó. Hoy día, nadie se acuerda de esa Liga perdida en las últimas jornadas. Sí de la Décima Copa de Europa, la mecha que prendió los tres bombazos que vinieron después.

Se dice que el Madrid tiró la Liga este año, y no es cierto. Entre la sanción a Cristiano Ronaldo, algunos arbitrajes, digamos, desafortunados en las primeras jornadas, la falta de gol del equipo y una cierta relajación tras encadenar en cuatro meses Champions, Supercopa de España con baño al Barça incluido y Supercopa de Europa, el equipo se vio en diciembre fuera de la pelea. Perdió la Liga en diciembre, sí, pero no la tiró. Sólo entonces se dejó ir en ciertos compromisos. Entre tanto, el Barça ha firmado un doblete del que nadie se acordará porque saltó por los aires justo en el mismo instante en que se elevaba la Orejona al cielo de Kiev. Una temporada aparentemente exitosa diluida finalmente en cuitas menores. Persiguiendo un récord de imbatibilidad que finalmente no llegó y, paradójicamente, desgastándose en una Copa del Rey que en lo deportivo no lleva a Canaletas ni a los turistas, en lo económico no le reporta nada extraordinario al club y en lo social, incluso le resta: cada vez que llega a la final, con el asunto de los pitos al himno, pierde aficionados en toda España. Todo para tirar una Champions.