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Sergio Ramos nació en 2013

Sergio Ramos nació en 2013

Escrito por: Quillo Barrios30 mayo, 2018
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Llegó al Real Madrid en 2005 siendo todavía un niño pese a su vago intento de parecer el hombre que ahora ya es. Sergio Ramos apuntaba maneras y en él se intuían virtudes que llevaban a pensar que sería un gran futbolista. Era rápido, contundente, fuerte en el juego aéreo y descarado. Esto último es fundamental para triunfar en el Real Madrid. La timidez no casa con este escudo. Y no se equivoquen rescatando, por ejemplo, el nombre de Zidane, porque el francés, dentro del césped, era de todo menos tímido. Tiraba de elegancia en cada acción, pero siempre arriesgando y buscando derrotar al rival en un uno contra uno.

El problema de Sergio Ramos -una vez superado el periodo de adaptación- fue la indefinición. Pese a que atesoraba un potencial abrumador, su rol dentro del equipo no estaba claro. Parecía un resolutivo lateral y hasta algunas voces pedían su presencia en el centro del campo, justo por delante de la defensa. Se decía que su físico, su buen trato de balón y su fútbol casaban con una posición algo más adelantada. Sin embargo, acabó abandonando la banda para convertirse en central, sobre todo cuando José Mourinho se empeñó en ello. Tardó poco Mou en darse cuenta que tenía un buen lateral y un central monumental.

Costó ver a un Sergio Ramos convincente. Tenía partidos notables y luego rachas casi dramáticas en las que parecía un zaguero de nivel medio. Pero en primavera de 2013, todo cambió.

El 30 de abril de aquel año, el Borussia Dortmund visitó el Bernabéu para jugar la vuelta de las semifinales de la Champions League. Los alemanes traían un 4-1 de renta tras un nefasto encuentro de ida, especialmente en defensa. Lewandowski, con cuatro dianas, trituró a un Real Madrid desconocido, débil. Pese a lo abultado del resultado, el equipo de Klopp acabó pidiendo la hora y sufriendo en exceso. Dos goles blancos casi al final dejaron cerca el sueño de la remontada, aunque los de Mou murieron en la orilla.

Aquella fue la noche de Sergio Ramos. La recuerdo con gran nitidez. Me marcó la exhibición del camero. Herido por lo vivido días atrás, el central del Real Madrid entró al campo como si la vida dependiera de esos noventa minutos. Desquició a Lewandowski jugando al límite del reglamento -nunca pasándose- y anticipándose en cada acción. Fue portentoso. Además, acompañó la lección con un gol en el minuto 88. Pocas veces, y menos en Copa de Europa, un central había firmado un papel de semejante magnitud. El Real Madrid cayó eliminado, pero el Bernabéu asistió al nacimiento de Sergio Ramos. Nació y se bautizó envuelto por el himno de la Champions League, ese título que sí fue capaz de levantar doce meses después en Lisboa. Desde aquel 30 de abril, las noches europeas son noches de Sergio Ramos.

Han pasado cinco años y el crecimiento del andaluz ha sido imparable. A día de hoy nadie duda de que estamos ante el mejor defensa de Europa con una diferencia abismal sobre el segundo. Ha tenido altibajos lógicos durante este lustro y algunas etapas en las que necesitó un tirón de orejas que le obligase a no desviarse del rumbo.

Pese a esos altibajos y esas etapas grises, hay un Real Madrid con Sergio Ramos y otro bien distinto sin él, sobre todo en Copa de Europa y partidos grandes de Liga. Salvando las distancias y la influencia de cada uno -ya que uno tiene rol ofensivo y el otro defensivo-, Sergio Ramos se ha convertido en el Cristiano Ronaldo de la defensa. Su sola presencia intimida incluso al atacante más brillante. Rara es la vez en estos últimos años que el capitán blanco se ve superado por un rival. Al contrario sí es más frecuente. Sergio Ramos se ha acostumbrado a ser mejor que el delantero y a tumbarlo golpe a golpe con regularidad y contundencia.

hay un real madrid con sergio ramos y otro bien distinto sin él

El último ejemplo lo tenemos en Kiev. Llegaba el Liverpool con Salah, Firmino y Mané arriba. El mejor tridente de Europa si nos atenemos a números y sensaciones. El miedo estaba ahí... hasta que Sergio Ramos se llevó el primer balón dividido para anunciarle al Liverpool que esa iba a ser otra gran noche del Real Madrid. Su encuentro fue abrumador, con y sin Salah en el campo. Firmino, que suele entrar mucho en juego y hacer daño desde tres cuartos, apenas tocó dos o tres balones con posibilidad de dar continuidad a la transición Red. El resto fue propiedad de Sergio Ramos. Perfecto en el corte, impecable en el juego aéreo y con una concentración extraordinaria. Su majestuoso nivel también ayudó a un Varane que necesita del mejor Ramos para así también mostrar su enorme potencial.

Aquella noche del 30 de abril de 2013 no fue casualidad. Su gol en Lisboa, tampoco. Y mucho menos las finales de Cardiff y Kiev. El Sergio Ramos de ahora nació en 2013 con la intención de ser uno de los mejores, pero superó sus expectativas y lleva tiempo siendo el mejor. Pasó de la indefinición a enamorarse de sí mismo. Las cuatro Champions en cinco años se explican mejor si miras hacia atrás y recuerdas aquel intento de remontada que pareció no servir para mucho y ha acabado siendo la respuesta de casi todo.