Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
¿Por qué no Guti?

¿Por qué no Guti?

Escrito por: Pepe Kollins9 junio, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Muchos madridistas me han preguntado estos días cómo ha afectado la etapa Zidane en el ciclo kármico madridista y qué periodo se supone debería darse a continuación. Para los que no estén al corriente, el ciclo kármico madridista es una tesis que defiende que el Real Madrid está sumido, desde hace décadas, en una secuencia de fases que se van sucediendo reiteradamente: una etapa de éxito liderada por un técnico cercano a los jugadores, a la que le sucede una etapa de relajación que deriva en el colapso del equipo y por último, una etapa bajo el mando de un entrenador duro en la que, tras un inicio triunfal, el desgaste de la plantilla precipita la marcha de ese sargento de hierro y con ello el reinicio, una vez más, del ciclo.

Esta dinámica se basa, por tanto, en el convencimiento de que el rendimiento de los jugadores blancos solo responde a un estímulo de exigencia y disciplina o bien, por contra, a la motivación suscitada por un entrenador con el que se sienten cómodos. Pero, en ambos casos, son compromisos muy volubles, sin apenas recorrido, ya sea por agotamiento o por exceso de cofianza.

En su despedida, Zizou nos insinuaba que había conseguido estirar al máximo el periodo de éxito (etapa Happy) pero sin poder evitar que el compromiso del grupo menguara paulatinamente (etapa Asador), lo cual precipitó su dimisión. La secuencia del ciclo kármico nos puede inducir a concluir que lo más idóneo para reactivar a una plantilla que ha perdido el pulso es un entrenador riguroso (etapa Caudillo). ¿Pero qué sentido tendría cuando estos jugadores acaban de hacer historia?

La imposición de un entrenador disciplinado no tiene por qué ser positiva si los jugadores la interpretan como una medida injustificada. Con Capello y Mourinho, el grupo claudicó ante la evidencia de su responsabilidad en los fracasos previos, pero no sucedió del mismo modo con Benitez, que no consiguió el respaldo del grupo. Si se opta, en cambio, por un entrenador de perfil bajo nada nos hace pensar que la advertencia de Zidane se pueda corregir.

Asistimos estos días a un carrussel de candidaturas de técnicos de todas las características, muchos de una incuestionable aptitud, pero la clave esta vez no radica tanto en aplicar palo o zanahoria, o en el peso del curriculum, como en la capacidad para tener ascendencia sobre una plantilla excepcional. Nadie discute, por ejemplo, la profesionalidad de Klopp o Pochettino. Sus trayectorias les avalan, pero no tenemos la certeza de que los jugadores del Real Madrid -tras tres años bajo la dirección de un técnico tan carismático como el francés- vayan a sentirse lo suficientemente estimulados como para suscribir un compromiso férreo con ellos.

Cuaquier entrenador que releve a Zidane va a sentirse acomplejado ante la sombra del francés. Por ello nada mejor que una opción que no admita posibilidad de comparación, que sea tan radical que por sí misma constituya una excepción para encarar una situación excepcional: Jose María Gutierrez, Guti.

cualquier entrenador que releve a zidane va a sentirse acomplejado ante la sombra del francés

Podemos imaginar a esta plantilla bostezando ante un sermón táctico, renegar de un régimen espartano o terminar de abandonarse con un mando demasiado laxo. En cambio, la llegada de alguien como Guti tendría el efecto de una descarga eléctrica que no dejaría indiferente a nadie.

El de Torrejón cuenta con el aval de no ser un extraño, ya que ha sido compañero de cuatro de los pesos pesados del vestuario (Ramos, Marcelo, Cristiano y Benzema). Es uno de los suyos. Se trata de un jugador con una mística especial, un genio que alumbró el Bernabéu con su magia durante quince años. Nunca el madridismo vio dibujar pases con el arte con que lo hizo Guti, al que el mismísimo Ronaldo Nazario destacó como su favorito en su Madrid de los Galácticos y del que aún queda grabado, en el recuerdo de todos los aficionados, su asistencia de tacón a Karim Benzema en Riazor.

Nadie le puede dar lecciones a Guti de cómo funciona esta casa, a la que llegó con nueve años y de la que se fue veinticinco temporadas después, tras disputar 542 partidos oficiales -el undécimo que más de la historia del club, con 36 encuentros de media por temporada- y lograr quince títulos, entre ellos cinco Ligas y tres Champions League.

Nadie mejor que Guti para explicarle a un jugador lo que es remar contra su propio público, para transmitirle lo que significan sus silbidos y cómo darle la vuelta a esa situación. Nadie mejor que Guti para contarle a un futbolista cómo se dignifica una carrera sin llegar a ser titular indiscutible. Nadie con más experiencia para entender lo que es la presión de sentirse señalado dentro y fuera del terreno de juego. Nadie mejor para encauzar a aquellos jóvenes que carecen de la madurez suficiente como para sacar provecho de todo su talento.

Cualquiera imagina a Guti siendo firme y directo frente a una estrella del Real Madrid. No le iba a temblar el pulso. Cualquiera puede intuir que su madridismo desaforado -el propio del de cualquier otro aficionado que le duele la pérdida de un solo punto- no iba a permitir un solo instante de relajación a sus hombres. Si algo destacaría de su equipo sería la intensidad. Cualquiera le ve mandando a coger amapolas a un periodista en rueda de prensa pese a contar con el apoyo de la mayoría de medios. Él no se casa con nadie. Cualquiera puede imaginar que su propuesta iba a ser netamente ofensiva. Acorde al espíritu que se presupone en un club de esta dimensión.

La mayor pega que se pone a la candidatura de Guti es que su única experiencia es la de haber entrenado dos años al juvenil A del Real Madrid. Pero lo curioso es que si atendemos al historial de los técnicos que han forjado equipos de leyenda a lo largo de la historia, nos daremos cuenta de que la mayoría carecían (o casi) de experiencia al más alto nivel como entrenadores.

la propuesta futbolística de guti sería netamente ofensiva

Miguel Muñoz se hizo cargo del Real Madrid pasando directamente del terreno de juego al banquillo, consiguiendo nueve Ligas y dos Copas de Europa. Rinus Michel tan solo entrenó un año al modesto DWS Amsterdam antes de dar el salto al Ajax, con el que ganó cuatro veces la Eredivisie y la primera Copa de Europa del club. Udo Lattek empezó en el Bayern de Munich sin experiencia alguna, equipo con el que encadenó tres Bundesligas seguidas y una Copa de Europa. Su sucesor, Dettmar Cramer, tan solo había dirigido a selecciones de tercer nivel cuando sumó dos Copas de Europa más para los bávaros. Fabio Capello solo había entrenado seis partidos antes de recoger el testigo de Arrigo Sacchi y, tras lo cual, el Milan ganó cuatro veces el Calcio y una la Champions League. También Louis Van Gaal debutó con el Ajax en su primera experiencia como primer técnico (hasta entonces solo había sido asistente) ganando una UEFA y, posteriormente, tres ligas y una Champions. Vicente Del Bosque tan solo había entrenado al filial antes de incorporarse como técnico del Real Madrid y lograr dos Ligas y dos Champions. José Mourinho había dirigido nueve jornadas al Benfi