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¿Cómo sobreviviremos sin la sonrisa de Zidane?

¿Cómo sobreviviremos sin la sonrisa de Zidane?

Escrito por: Pepe Kollins7 mayo, 2020
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Nada volverá a ser como antes, aseguran.  Algunos lo llaman la nueva normalidad, otros la vieja anormalidad. Sea como fuere, nos afecta la incertidumbre, o más bien, la seguridad de que viviremos una realidad diferente, pero sin tener la certeza de cuánto y cómo.

¿Cómo será el mundo que nos espera? Y si me permiten la frivolidad ¿Cómo será el fútbol que nos encontraremos?

Cada vez parece más cercano el retorno del campeonato de Liga. Al contrario que otros países como Francia u Holanda, el fútbol español ha apostado por asumir el riesgo de seguir adelante, presionado, en gran medida, por las terribles consecuencias económicas que podrían derivar de una suspensión. No será el único caso. La Bundesliga será la primera gran competición en volver a los terrenos de juego (y probablemente también la Premier). El gobierno alemán aprobó ayer el inicio del campeonato el 15 de mayo, tras haber sido testados todos los jugadores. El balance es de 10 positivos sobre 1724 análisis. “Seguiremos adelante, para eso hacemos las pruebas”, contestó la organización cuando les preguntaron si los resultados condicionaban la reanudación.

Precisamente ayer, la plantilla del Real Madrid acudió en pleno a Valdebebas para someterse a un control y fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de que la nueva normalidad no era una simple frase hecha.

Una extraña sensación de incomodidad nos invadió ante la imagen de Sergio Ramos y Zidane conversando, ambos con su rostro debidamente protegido, pero guardándose una distancia de un par de metros. El desfile distópico continuó con la llegada del resto de integrantes, todos con mascarilla y guantes, en mitad de un sepulcral silencio, solo interrumpido por el sonido de las cámaras fotográficas, ante las cuales los jugadores saludaban con algún gesto pero sin pronunciar palabra.

Que esa misma escena la podamos ver en cualquier lugar del mundo hoy no quita para que nos cueste más encajar semejante frialdad entre aquellos a los que otorgamos el estatus de héroes de la modernidad, protagonistas de un mundo en el que la pasión brota espontáneamente a cada instante, aunque ahora brille por su ausencia.

Imaginen ahora esas primeras sesiones individuales, que se prolongarán durante dos semanas. Las sensaciones que invadirán a los jugadores divisando a sus compañeros ejercitándose a lo lejos, pero sin poder acercarse a ellos. Y luego, a posteriori, los encuentros con las gradas vacías, bajo el eco del grito de los banquillos, estadios sin pálpito, aunque ya hay quien sugiere dotarlos de sonidos enlatados, grabaciones ambiente e, incluso, hay propuestas para recrear al público digitalmente, una realidad aumentada a través de la cual los telespectadores podamos ver el espectáculo como si todo siguiese igual, con los estadios abarrotados hasta la bandera, aunque los fútbolistas, en la práctica, solo vean una lona verde sobre las localidades.

Me cuestiono si los futbolistas jugarán con máscaras, con algún protector como el que usan algunos runners para correr por la ciudad. Y de ser así, si terminarían aprovechándolas para plasmar, sobre las mismas, publicidad de las marcas deportivas o de casas comerciales. O, incluso, si podrían personalizar sus propios diseños si la FIFA no llega a tiempo para regularlo. Que Marcelo lleve una mascarilla con la sonrisa del Jocker, Luca Jovic otra recreando la mandíbula de Terminator, Karim Benzema la del polvoreado rostro de un mimo y, claro está, Luis Suárez una simulando la de Hannibal Lecter.

También nos tendremos que acostumbrar a los cinco cambios, una modificación que obedece al calor, dado que la temporada se adentrará en periodo estival y al presumible desgaste físico ocasionado por un parón demasiado prolongado.

Y ya entrados en acción ¿podrán los futbolistas inhibirse a la tendencia, preventiva, a distanciarse de otras personas? Obviamente, en el ejercicio de su profesión no será posible pues se trata de una actividad que obliga al contacto. ¿Pero se verán afectados por un cierto impulso a evitarlo?  Lo que sí parece más que probable es que ya no veamos, durante mucho tiempo, unas declaraciones post partido y no descarten tampoco ruedas de prensa telemáticas para evitar la concentración de personas en una misma sala.

A los madridistas una de las imágenes que nos sorprenderá será la de nuestra casa. Para empezar, la del campo que acogerá nuestros partidos: el estadio Alfredo Di Stéfano de la Ciudad Deportiva. Será curioso presenciar - si no esta temporada, sí la que viene - derbis, clásicos y hasta partidos de Champions con rivales de enjundia, en un campo sin fondos. ¿Rematará igual Benzema con una grada como telón que con la vista proyectada en el horizonte?

Otra imagen de la nueva normalidad será la del Santiago Bernabéu, que lucirá, en breve, sin la techumbre que están retirando desde hace días, lo cual no deja de ser una gran metáfora de la situación que vivimos. Dado el retroceso económico que causará la pandemia, los expertos aventuran que nos trasladaremos a un escenario socioeconómico parecido al que vivieron nuestros abuelos, justamente cuando nuestro estadio todavía no tenía techado.

De este modo, tres estampas de nuestro templo representan con fidelidad la evolución simbólica de lo que estamos viviendo: la del estadio y la de nuestras vidas hasta hace unos meses; la actual del Bernabéu y de nuestra sociedad, sin el armazón que nos sostuvo en el último medio siglo; pero también, en una visión futura, la de una nueva realidad, dentro de dos años, representada por un nuevo Bernabéu, más moderno, eficiente y productivo... aunque también - qué nueva ironía - aislado del exterior por una cubierta.

Mientras eso llega, la gran duda nos la planteaba ayer nuestra amiga Lucía: ¿Cómo sobreviviremos sin la sonrisa de Zidane?

Pepe Kollins