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Los delirios de la raza blanca

Los delirios de la raza blanca

Escrito por: Ignacio G. Noceda20 septiembre, 2022
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La última vez que fui al Bernabéu me leí la letra pequeña del estadio. Resulta que en los vomitorios hay una plaquita con la indicación de un enlace de internet (esta) sobre la que me abalancé en cuanto llegué a casa, porque uno tiene estas rarezas. En mi descargo diré que las hay peores, como atestigua precisamente el documento, un catálogo de simbologías prohibidas en el estadio y una pequeña enciclopedia del extremismo.

Lo primero que llama la atención es conocer que existen fantasías como esta:

... Emblema del colectivo neofascista *******, proetarras, antiespañoles, europeístas, proislámicos, indigenistas, y sobre todo fascistas.

Es decir, que hay gente capaz de ser todo eso a la vez. He tenido sueños con más coherencia interna, la verdad. Y todo esto sería muy gracioso si no fuese porque de verdad deben de existir.

Ir al Bernabéu antaño era encontrárselos. Gente que daba miedo, que trepaban los escalones de hormigón con botas militares y que se arrogaban ser el alma del club. De adolescente me sentí contrariado por ello porque ¿tenía que ser como ellos para ser madridista? Parecía ser que sí.

Ir al Bernabéu antaño era encontrárselos. Gente que daba miedo, que trepaban los escalones de hormigón con botas militares y que se arrogaban ser el alma del club

En 1996, el periódico español con más lectores ­ —es un decir— publicó en su portada que Seedorf ya era blanco. Nunca agradeceré lo suficiente la lucidez de mi tutora Lourdes, que al verlo sobre el pupitre de uno de esos chicos que les gustaba uniformarse dijo una frase que nunca olvidé: “ahora ya sabemos que el Marca, además de madridista, es racista”.

Portada Marca Seedorf ya es blanco

Ella no debía de ser lo uno ni lo otro, pero la distinción es pertinente, porque durante mucho tiempo fueron sinónimos. A mí me han llegado a decir “tú no tienes pinta de ser del Madrid”, pretendiendo ser elogioso. Y para remate: “¡Pensaba que eras del Atleti!”. Y no, amigos. Por ahí sí que no paso, porque el segundo club de la capital ha conseguido la vitola del equipo del pueblo y a su afición se le perdona hasta resolver conflictos arrojando gente al río, al modo prescrito en el código de Hammurabi. Pero los colchoneros caen bien, por sufridores, y tienen, digámoslo así, carta rojiblanca para hacer y decir lo que les venga en gana, por muy atávico que resulte.

Obviamente, escribo esto al hilo del aquelarre tardo-ochentero vivido en el Estadio de la Peineta (nunca podrá tener un nombre más adecuado que el original, visto lo visto).  Y lo califico así porque una de las cosas en que más ha cambiado en las últimas décadas el fútbol y la sociedad que lo parió es en la intolerancia pública al racismo.

Vinícius, Rodrygo y saludos nazi Frente Atlético

Recuerdo haber escuchado que Freddy Rincón no funcionaría en el Madrid porque era negro. Y recuerdo que no me sonaba raro porque mi memoria futbolera no llegaba más allá de la Quinta. Pero claro, ahí también goleaba un esplendoroso sudaca, el mejor rematador de la historia de la Liga. ¿Cómo se comía eso? Pues de alguna manera, porque el fascismo es así. En contra de sus pretensiones, cada uno monta el suyo, un conglomerado de ideas aleatorias.

Los negros son buenos mientras sean los nuestros. Nuestros racistas son admisibles porque son los nuestros. Y no, no debería ser así. Los del odio eterno al fútbol moderno deberían conceder que, por el camino de la globalización y la mercadotecnia, también ha sucedido la mejora de echar a la calle a los grupúsculos que secuestraban a los clubes. Ojalá el Atleti se atreva.

Orgullosos de no ser cómo vosotros, dicen, al tiempo que acogen a medio Valdebebas. A esta frase hay que agradecerle que refleja con nitidez la base del pensamiento sectario: la ajenidad del otro que, claro está, siempre es peor que uno mismo. Algo perfectamente normal en clubes de la misma ciudad se convierte en una anomalía misteriosa. Porque en Madrid abundan con naturalidad las familias con hermanos exóticos: ovejas negras, blancas o rojiblancas, como cada cual quiera entenderlo, cuyas rivalidades domésticas se sobrellevan con casticismo. Pero uno se asoma a las cuentas de twitter de los ultras y escucha que los madridistas son raza mixta —en terminología rigurosamente nazi—, y que los del Atleti son judíos, o gitanos o lo que toque. Qué más da.

Los negros son buenos mientras sean los nuestros. Nuestros racistas son admisibles porque son los nuestros. Y no, no debería ser así. Los del odio eterno al fútbol moderno deberían conceder que, por el camino de la globalización y la mercadotecnia, también ha sucedido la mejora de echar a la calle a los grupúsculos que secuestraban a los clubes. Ojalá el Atleti se atreva

Todo esto está ya fuera del fútbol, aunque siga existiendo alrededor. Pero los tics del racismo son contagiosos. En la década prodigiosa blaugrana (sí, me refiero a la que se ha cerrado con cinco Copas de Europa más en las vitrinas de Concha Espina), se popularizó aquella chorrada del ADN Barça. Ahora no es infrecuente escucharlo como una apelación esencialista de la identidad de los clubes. Por ejemplo, cuando leo que el Madrid lleva en el ADN sus valores me escandalizo, porque es la antítesis de la realidad. En el Bernabéu sólo permanecen los que saben o los que aprenden, y sí no que se lo pregunten a Asensio, camino de la redención en cuanto ha entendido que nadie duda de su calidad pero que, si quiere el puesto, va a tener que sudarlo.

Hoy el Madrid —como todos los clubes— presenta una nómina de futbolistas de todas las razas y la admiración de los aficionados por unos y otros es indistinta. ¿Amamos nosotros a Modric y a Kroos más que a Casemiro por ser europeos? Quiero creer que a nadie se le puede haber ocurrido semejante imbecilidad. Es más, estamos empezando a idolatrar a Tchouaméni, el supuesto sustituto de uno de los vértices del Triángulo de las Bermudas, que ayer sirvió un balón apoteósico. Habrá que creer que no existe mejor antídoto contra la intolerancia que admirar a alguien de otra raza.

Personas que miran a otras personas y reconocen en sus virtudes la mejor inspiración posible. Todo lo demás son los delirios de la raza blanca, condenados a ser la letra pequeña del futuro, el efecto secundario improbable e indeseado del que se habla en la prescripción que nadie lee, más al fondo que cualquier fondo. En la puta calle.

 

Getty Images.

20 comentarios en: Los delirios de la raza blanca

  1. Dejaremos de hablar de racismo cuando entendamos que el género humano no tiene razas.

    El color de la piel, como decía el amigo Bob Marley, no es más significante que el de los ojos. Y no veo a nadie despreciando a otro pero tener los ojos marrones.

    1. Amén. Podríamos ser racistas de los pies pequeños o del vello corporal o del cerumen de las orejas. Atendiendo a ese último criterio, existen dos razas de humanos. Establecer teorías sociales en base a la distinción entre los de cera húmeda y los de cera seca sonaría ridículo... porque lo es. Pues con lo demás debería pasar exactamente igual.

  2. Hay otro club en la capital donde los ultras campan a sus anchas, y ya se que están enfrentados a su presidente pero siguen poniéndose ahí en el único fondo donde hay gradas y lanzando sus consignas políticas de odió a quién no sea como ellos.
    En otros sitios de la geografía española tb, por supuesto, de hecho solo trampelona primero y luego Madrid son los únicos que sé que han hecho por erradicar a los ultras de sus estadios.

    1. Es emocionante encontrar en torno al fútbol gente con la misma sensibilidad. Es bueno que para ser aficionado no haya que ser de determinada manera. Creo que esa es la universalidad del fútbol y la del Madrid como principal club del mundo.

  3. Mientras no descubramos que existen los extraterrestres aquí solo hay una raza: la humana... aunque sea harto difícil incluir a algunos en ella.

    1. Igual es eso lo que nos hace falta, una invasión alienígena. Supongo que no faltarían los quintacolumnistas: "ojo, que yo nunca fui como el resto de humanos, no se confunda".

    1. Gracias, Manuel. Hay puyas al rival, pero también quería, sobre todo, hablar de cosas que hemos vivido como madridistas. Nadie ha dejado de tener “sus“ extremistas y esa supuesta pertenencia es lo peor del asunto.

  4. "Pero los colchoneros caen bien, por sufridores...".
    Dices esta frase en tu genial artículo. Es verdad, porque al no ganar nada, no despiertan envidia, que es el sentimiento más extendido en España.
    Enhorabuena por el artículo, de gran calidad como todos los que publicas.

    1. Gracias, Antonio. Hay mucha gente que es anti y eso es lo peor que se puede ser. Vi un día una bufanda de "anticulé" en el Bernabeu... creo que es una mentalidad muy pequeña. Como señalas, toda aversión radical está cargada de envidia y viceversa: se puede simpatizar mejor con quien no se envidia.

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A que no adivináis por qué.

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