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Las epopeyas son para el verano

Las epopeyas son para el verano

Escrito por: Julia Pagano16 mayo, 2019
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Confío en que sabrán disculpar que inaugure esta entrega con una confesión. Ocurre que cada vez que oigo hablar de ‘summeriana’ lo primero que me viene a la mente es el Cantar de Gilgamesh. No es que sea muy proclive que digamos a las lecturas babilónicas, ni que haya abordado la etimología equivocada para desembocar tan groseramente en los confines de la Mesopotamia; pero cuando escucho esa palabreja pienso antes en tablillas de arcilla que en tablas de surf, bañadores y chanclas.

Más allá de las evidentes resonancias que emparientan a la antigua Sumeria con el término de raíces anglosajonas acuñado para referirnos a la etapa entre Ligas que se produce en coincidencia con la estación estival - durante la que florecen los rumores, corrillos, habladurías, dimes y diretes sobre las presuntas contrataciones que pretenden los equipos de fútbol -, si se pronuncia ‘summeriana’ y Real Madrid en la misma frase no puedo evitar que me deje cierto regusto épico en el paladar.

Tampoco hace falta ser experto en letras cuneiformes para advertir que la asociación es menos forzada de lo que aparenta. Una simple ojeada sobre la entrada correspondiente de la Wikipedia basta para corroborar que las semejanzas no se agotan en superficiales sonoridades. En principio, nos hallamos antes dos engendros larguísimos y laberínticos. Bien hemos comprendido, sin necesidad de engullirnos los más de 3500 versos que componen el poema ancestral, que este veranillo deportivo viene muy adelantado, tortuoso e inextricable.

Ya empezaba a perfilarse el panorama cuando, durante el interregno entre místeres, se desató la primera ola de ‘inminentes incorporaciones’ que efectuaría el club para salvarnos de la debacle y un avieso tuitero aludió al fenómeno con el recontraneologismo de ‘springniana’.

Con no menos acierto, un amable lector hacía suyo el agobio por el que pasaban los protagonistas de mi último artículo en sus vanos intentos por desentrañar un compendio de wishing lists y trascendidos sobre futuros fichajes, exclamando “¡Qué martirio hasta septiembre!”.

 

 

 

Como las hazañas del héroe de la leyenda, este suplicio que venimos cursando desde las calendas de Marzo y que amenaza con extenderse hasta la postrer medianoche de Agosto se está volviendo abrumadoramente interminable, y uno como otros alternan sin medida pasajes de intensa confusión con otros escandalosamente tediosos por descomedidos o descabellados, al extremo de, por momentos, no tener ni pálida idea de lo que está tejiendo tras los muros de Concha espina, como no la tenemos de las vicisitudes que se cocinaban entre el Éufrates y el Tigris.

Pero los paralelismos no terminan por aquí. Si nos interiorizamos en la arqueología del texto descubriremos un nuevo punto de conatto: parece que a la hora de la descodificación de los originales se produjeron algunos problemitas de traducción, de suerte que a causa de quién sabe si impericia, ignorancia o impedancia, las primeras versiones de la obra nos llegaron con unos cuantos errores, sobre todo en materia de nombres propios. Incluso cabe la hipótesis de que el elenco no sea tan multitudinario como aparenta, sino que a fuer de transcribir los apelativos ‘por aproximación’ los personajes se acumularon por legiones, cuando en verdad pudiera tratarse un puñado mucho más razonable de identidades multiplicado accidentalmente por abuso de repeticiones deformadas.

Entonces surge la conjetura de si no estaremos también ante un fenómeno de distorsiones paronímicas encadenadas que hace crecer de manera vertiginosamente exponencial la nómina de 'seguros candidatos’ a ocupar una banca en el Real Madrid.

Hace poco, uno de nuestros más aplicados colaboradores enumeraba en un esmerado hilo los apellidos de sesenta y cinco (65) postulantes que ya venían surfeando en la remontada de la ola. Intuyo que al final de esta penosa Liga, la nómina rozará cómodamente el centenar. Pero entretanto me surge una intriga: ¿serán todos los que mencionan o por ventura de cada cuatro uno es bueno y el resto tocan de oído? Conociendo la operativa de los medios de información, no sería de extrañar que armen secuencias armónicas cuyas únicas bases comprobables sean la rima y la aliteración.

Para las ‘fuentes confiables’ basta cantar por fonética. Da lo mismo si se trata de Mbappé, Ndombélé, Pèpè, Kanté, Sané, Mané. De Hazard, Odegaard, Pavard, Neymar,Skriniar. De Pogba, Gayá, Salah, Dybala. De Rodríguez, Giménez, Gómez, Hernández. De Aubemayang, Griezmann, Coman. De Jovic, Pulisic, Pjanic, Pjaca, Shaka o Shakiri

A este ritmo, en un par de estrofas queda el hit del verano pronto para resonar en todas las discotecas, desde Ibiza a Tenerife, encabezar todas las play lists y nominar al Grammy.

Nota al margen, curiosamente el que viene quedando sin rima ni metro es el tal Eriksen, lo cual hace sospechar que o bien es el único seguro o que por el contrario no cuenta para nada en los planes de ni Florentino ni de Zidane ni de nadie.

 

 

Mientras tanto, el orden de coincidencias no se detiene en el mero aspecto formal. También en el plano de los contenidos es posible detectar parentescos argumentales entre nuestra perentoria summeriana deportiva y la legendaria saga asiria. Es verdad que algunos expertos sostienen que la figura y hazañas de Gilgamesh tienen un valor ontológico enraizado en la génesis de la narrativa universal; que en sus líneas anida el germen de toda la épica clásica y sagrada que lo sucede, desde la Odisea y la Ilíada, hasta algunos libros de la Biblia y el Corán. Pero eso ya sería meterse en una clase de disquisiciones excesiva hasta para el mercado de transferencias europeo.

No obstante, sí hay un tema al que cabe dedicarle cierta atención. Cuenta la crónica que habiendo muerto el inseparable amigo y valedor del rey de Uruk, éste implora a los dioses para que le concedan la vida eterna y así propiciar el reencuentro con su difunto compañero de tantas batallas y aunque los sabios recusan su pedido, le revelan en cambio el secreto paraje donde crece cierta planta que devuelve la juventud. Gilgamesh logra hacerse con el vegetal, pero en el camino de regreso se demora a darse un chapuzón y una boa que pasaba por allí aprovecha la distracción y se lo deglute sin prolegómenos.

Observando que el régimen de conscripciones del Real Madrid hace ya algún tiempo se orienta preferentemente a promover un sistema que sustituye idoneidad y experiencia por juventud, tal vez no sería tan desacertado que al partir para sus vacaciones algunos dirigentes incluyesen un ejemplar del poema entre sus enseres playeros. Es probable que obtengan algún provecho de sus lecturas de verano.

Después de todo, si la Epopeya de Gilgamesh viene a ser a la literatura, lo que el indoeuropeo a la lingüística, esa raíz, madre y guía de todo lo que vino después. ¿No podría entenderse entonces que el Real Madrid es al fútbol lo que los materiales citados son a sus respectivas categorías? O quizá, en un orden más palmario, aceptaremos que este adelantadísimo estío futbolístico se trata tan sólo de uno de los efectos más imprevistos del tan mentado cambio climático.