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La Copa de Europa inexplicable del Real Madrid (I)

La Copa de Europa inexplicable del Real Madrid (I)

Escrito por: Diego Barcala13 septiembre, 2022
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Publicamos a continuación, por primera vez en versión digital, el artículo de la edición 41ª de la revista Líbero de junio de 2022 por su indudable interés.

 

Viaje emocional por la trayectoria mágica del equipo de Chamartín hasta alcanzar el título europeo en París. Un relato ilustrado por la decimocuarta Champions de un equipo del que nadie esperaba nada, mucho menos que supusiera un antes y un después en la historia del fútbol.

 

Antes de seguir leyendo vaya a la portada de este número y lea el subtítulo que desde hace una década luce la cabecera de Líbero: Nostalgia. Sirva ese ejercicio como profiláctico ante cualquier exageración o exceso de drama derramado en estas líneas. Nada en la vida de un madridista generará tal liberación de euforia como la Séptima. Para empezar, habría que esperan 32 años para volver a sentirlo. Es decir, el tiempo transcurrido entre la sexta Copa de Europa de 1966 y el gol de Mijatovic-¡Pessotto-rompe-el-fuera-de-juego! en 1998. La amenaza del fútbol de los petrodólares podría generar una laguna histórica parecida pero parece improbable. Y más después de la actual edición, sobre la que trata este texto ilustrado por Manuel Marsol, testigo presencial junto con el que escribe de la reciente decimocuarta en las gradas de Chamartín y Saint-Denis. O lo que es lo mismo, la inolvidable e irrepetible Copa de Europa que el Real Madrid ha regalado a la historia del fútbol.

El Real Madrid celebró la citada Séptima en Amsterdam con el champagne de la Juventus. El favoritismo nunca es un buen aliado. Eso es de primero de rueda de prensa de Pep Guardiola. “Son buenísimos”, suele reiterar siempre el entrenador catalán

Retrocedemos en el tiempo apenas un año para tratar de explicar lo inexplicable. El Real Madrid abre el telón de la nueva temporada con el fichaje frustrado en primera instancia de Kylian Mbappé, la incorporación paliativa del adolescente Camavinga y el regreso de Carlo Ancelotti que estaba en esa caída libre del final de la magia ganadora de muchos entrenadores: Nápoles, Everton… una selección y a comentar partidos en la tele. El Madrid acaba de fichar también a David Alaba que se tendrá que multiplicar para suplir a la legendaria pareja Ramos-Varane. Vamos, que las expectativas no podían ser más austeras después de un año en blanco con Benzema de máximo goleador (30 goles), seguido por Casemiro (7 goles) y una meritoria semifinal de Champions disputada contra el Chelsea en la que se vio una diferencia abismal entre uno y otro equipo. Sirva este aburrido párrafo de recordatorio para situar al lector. Insisto, pintaba azul oscuro casi negro.

El proyecto comenzó bien, con Ramos lesionado en París y Messi de compañero, Varane fuera de foco en Mánchester y una especie de renovada ilusión gracias a la familiaridad de Ancelotti que daba titularidades a Hazard y Bale. Enseguida se vio que la Liga iba a ser fácil para el Real Madrid. Otra cosa era la Champions, sin duda, inalcanzable para un equipo de veteranos y noveles. Maduritos de los buenos como Benzema, Casemiro, Kroos y Modric. Y de los malos: Isco, Bale, Hazard y Marcelo. El único chispazo que podría presagiar una campaña europea diferente a la mediocridad era Vinicius, que sí parecía mantener cierta progresión dirigida correctamente por el técnico italiano. En rodeo a ese tipo de análisis se llegó al sorteo de las eliminatorias en las que todos los aficionados esperaban un rival asequible que permitiera alargar las visitas europeas a las obras del Bernabéu un poco más. Y el sorteo concedió el deseo: Benfica. Cuando se lea este texto dentro de 20 años (¿Seguirá jugando Modric?) este será el típico dato que habrá pasado al olvido después de lo que estaba por llegar. Pero el 13 de diciembre de 2021 el Madrid se emparejó con el campeón portugués. Y empezaron las cosas raras. En una situación sin precedentes la UEFA (en el punto de mira del Real Madrid por la Superliga) repitió el sorteo por problemas técnicos y el Madrid quedó emparejado con las superestrellas compradas a tocateja por el PSG (Messi, Ramos, Achraf…). El Madrid se preparaba para un invierno molto longo hasta la eliminatoria de febrero, con la ida en el Parque de los Príncipes.

PSG

Confianza o precaución. Nadie sabe muy bien cuál es el estado de ánimo óptimo para la competición deportiva. El legendario Iker Casillas explicó en la edición decimoséptima de Líbero cómo le afectaba a sus actuaciones el estado mental de cada momento. “No es magia, es confianza. Los porteros se basan en su mentalidad. Si tu mentalidad es vulnerable, estás jodido. Da igual desde dónde te tiren, que no estás capacitado para pararla. Ahora bien, como estés fuerte y te creas un muro, te pegan desde un metro y sabes que no va a ser gol”. El Real Madrid celebró la citada Séptima en Amsterdam con el champagne de la Juventus. El favoritismo nunca es un buen aliado. Eso es de primero de rueda de prensa de Pep Guardiola. “Son buenísimos”, suele reiterar siempre el entrenador catalán. Sin embargo, el pesimismo se convierte fácilmente en una cadena de acero atada a la cintura en un hundimiento. Sin salir del universo madridista, los aficionados blancos saben que hay partidos europeos en los que el complejo de inferioridad bloquea cualquier virtud: Milan de Sacchi, PSG de Weah y Ginola, Bayern de Munich de los que toquen en el Olímpico, Barça de Guardiola.

En ese debate psicoanalista se tropezó el Madrid en París en una clásica actuación de ida de Copa de Europa del Madrid de las remontadas. Achicando agua, el portero a la heroica, sin apenas ocasiones y admirando a los rivales, siempre más fuertes, más rápidos y hasta más guapos. En este caso Mbappé era Peter Pan contra Garfio todo el rato. Un gol y un penalti que Messi falló para que el guion guardara algo de esperanza blanca. 1-0 que pudieron ser un saco y la impresión de que Pochettino había puesto a jugar en equipo a las figuras. El penalti parado por Courtois significó mucho porque fue ante Messi. Pocas bestias negras más grandes en la historia del Madrid. 26 puñales clavados a diferentes porterías blancas a lo largo de su carrera.

Solo la participación del público, cada vez más denostado por la industria del fútbol, explica un cambio emocional como el que se produjo en Madrid el 9 de marzo de 2022. El público salió del estadio pensando que ahora sí, esta temporada había merecido la pena solo por haberse cargado al equipo de los petrodólares en 13 minutos

Así se presentó el público madridista en el Santiago Bernabéu, como el que va a presenciar su propio funeral. El comentario repetido de la grada estaba dedicado a Mbappé, chiste arriba chiste abajo sobre su futuro sí o sí de blanco. El cacareado fichaje del parisino por el Real Madrid aliviaba su superioridad. Y así comenzó el partido. Continuando la agonía de París. Alargando un baño digno de otros grandes rivales. A simple retrovisor, parecía la noche aciaga contra el Ajax de Van Gaal en 1995 cuando los holandeses arrasaron el Bernabéu con Kluivert, Overmars, Finidi, Litmanen, tres largueros, dos goles anulados injustamente y 0-2. El papel de ese Ajax lo jugó el 7 del París solito. 0-2 en la eliminatoria a falta 30 minutos. Y entonces se produjo la chispa que inspira este relato. El primero de los milagros que han convertido esta temporada europea del Real Madrid en la reconciliación emocional del club y sus aficionados. Como decía al principio, la Séptima fue algo inigualable, pero se pareció más a una pérdida de la virginidad, a una primera vez inolvidable más que una experiencia adulta soberbia e inimitable. En mi caso (me refiero a la Séptima, no a la virginidad), a la espera generacional y lo inalcanzable de la orejona, se sumó que en 1998 tenía 15 años y el fútbol a los 15 años lo es todo. Como define Alfredo Relaño, a esa edad no se te escapa nada, luego llega la primera novia, empiezas a perderte algún partido… Ley de vida. Y entonces el fútbol en la madurez no te hace irte a la cama sin cenar, pero tampoco te deja sin voz en un estadio. Salvo en muy contadas ocasiones. Y a las 22.15 de esa noche de Madrid se desató un huracán que metió tres goles en 13 minutos que cambiaron el sentido de las aspas del molino de la historia. La temporada que estaba destinada a dejar un simple renglón en la enciclopedia madridista como aquella en la que lo más destacado fue el regreso del público al Bernabéu tras un año de pandemia en Valdebebas, convirtió a esos pobladores de gradas en 50.000 jugadores moviendo fichas en el tablero verde con sus mentes. Solo la participación del público, cada vez más denostado por la industria del fútbol, explica un cambio emocional como el que se produjo en Madrid el 9 de marzo de 2022. El público salió del estadio pensando que ahora sí, esta temporada había merecido la pena solo por haberse cargado al equipo de los petrodólares en 13 minutos.

Juanito, Alaba y la silla. PSG

Ilustración: Manuel Marsol

Un apunte más para entender la trascendencia de esta remontada para el fútbol. El Madrid había vuelto a su estadio en reformas apenas unos meses antes. Salvo con el estreno y algún partido más, a pesar de la sed de fútbol en directo, las gradas disponibles apenas se habían llenado. El fútbol en directo es un espectáculo de capa caída ante la competencia de las televisiones y el cambio de planes que la pandemia ha provocado en las familias. El protagonismo del empuje del público esa noche volvió a colocar al plan de ir al Bernabéu como uno de los planes más deseados por niños y adultos.

CHELSEA

El guion del cuadro de la competición buscó nuevos giros inesperados en la siguiente eliminatoria. Tocaba enfrentar al campeón, el equipo que había manejado a su antojo en Valdebebas un años antes a los esforzados Modric y Kroos. El equipo que había evidenciado el declive de una generación tetracampeona de Europa pero incapaz de seguir un ritmo alto de juego recibió al Madrid en Londres bajo la lluvia. Desde el principio se vio que ese no iba a ser el típico partido de ida del Madrid de remontadas. A los 20 minutos Benzema convirtió un misil de la muerte de Vinicius en un remate de cabeza a la escuadra desde un metro detrás del punto de penalti. Un gol inverosímil, que ha sido considerado como el mejor de toda la edición. Merece la pena recordar que en octubre de 2020 el francés era pillado por una cámara en el vestuario diciéndole a su compatriota Mendy que no le diera balones al brasileño porque era como dárselos al rival. Ese mismo Benzema, el que protagonizó de civil en Madrid situaciones grotescas como estrellar su deportivo antes de salir de su urbanización o que era pillado en la M40 sin carné, se convirtió desde aquella pillada en el mejor aliado de Vinicius. Este gol es la obra cumbre de Hermano Mayor versión Valdebebas. Hay 13 años de diferencia entre los dos y de la misma manera que Karim supo sacarle brillo a Cristiano Ronaldo se ha superado convirtiendo al joven carioca en un jugador que pasó de seis goles y cuatro asistencias en la temporada 20/21 a 22 goles y 16 asistencias en la pasada campaña bajo el regazo del francés.

Modric con el exterior frente al Chelsea. Juanito.

Ilustración: Manuel Marsol

Con esa pareja le bastó al Madrid para volver de Stamford Bridge con un resultado que abría la puerta de la semifinal. 1-3. Todo un logro a principio de temporada. Pero jugar con veteranos y noveles en la Copa de Europa es como ir a una boda de resaca. O amortiguas mejor la barra libre y te vienes arriba o te hundes desde el aperitivo. Y la vuelta el 12 de abril de 2022 volvió a dejar al Madrid en la tumba con casi todos los clavos del ataúd bien apuntalados a falta de un cuarto de hora. Minuto 74 y Werner encaja el 0-3 ante un Madrid superado. El Chelsea de la guerra de Ucrania, el apestado por el mundo británico por tener de propietario a un amigo de Putin, que había sido derribado por Benzema y Vinicios en Londres, volvió a ser el gran campeón. Todo el Bernabéu sumido en la resignación despertaba del sueño de París. Las crónicas ya estaban hechas con la tinta roja de la sangre de Ancelotti que iba a recibir un duro revés en los periódicos. Y de repente, cinco minutos después, toda la inspiración divina decide concentrarse en un pequeño espacio de la bota de Luka Modric que mete el mejor pase visto en Chamartín desde que un día Guti le diera un taconazo a Zidane en una remontada contra el Sevilla. Un milagro que se completa con el remate seguro, decidido y firme de un niño brasileño que afrontaba el final de una temporada bastante gris para él casi dispuesto a una cesión al Getafe el año siguiente.  Y va y mete un gol histórico. Un litro de antiinflamatorio directo en vena que anuló al Chelsea y devolvió el hambre al público de Chamartín. Querían más. Pero el Chelsea no era la banda artificial de París. El Chelsea es el mejor equipo que ha pisado el Bernabéu esta temporada. Y lejos de derrumbarse, lo intentaron incluso en la forzada prórroga. Pero, otra vez la cabeza de Benzema a pase de Vinicius en casi la única jugada del repertorio que por repetida no ha dejado de perder eficacia toda la temporada. El brasileño, aburriendo a su lateral, a la antigua usanza, siempre por el mismo sitio, en duelos hasta dialécticos durante minutos y minutos consigue finalmente derribarlo (en este caso fue James), centro y gol. Semifinales, esperaba Pep Guardiola.

 

Continuará...

 

Ilustraciones: Manuel Marsol

Diego Barcala. Revista Líbero
Director de la revista Líbero.

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