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James y la importancia de la perspectiva

James y la importancia de la perspectiva

Escrito por: Sergio Arellano28 agosto, 2020
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El colombiano ultima su traspaso al Everton de Ancelotti

Con el Everton tocando a la puerta, los días de James Rodríguez como futbolista del Real Madrid parecen llegar a su fin. A priori parece un destino poco atrayente, pues el clima frío, lluvioso y apagado del condado de Merseyside no resulta el ecosistema ideal para un colombiano impetuoso y de sangre caliente como él. Para muchos de sus detractores, la noticia confirma la progresiva pauperización de un talento devorado por sus hambres de protagonismo y su fatuidad, pero teniendo en cuenta la gran conexión que forjó con Carlo Ancelotti (actual técnico de los toffees) durante los días que compartieron vestuario en Madrid, hay motivos para la esperanza. Así, James tendrá el estimulante reto de colocar a su equipo en competiciones europeas y de mejorar a una serie de jugadores potencialmente competitivos como Richarlison, Gilfy Sigurdsson o el mismísimo André Gomes. Con la nueva construcción del espectacular y vanguardista Goodison Park, un paso atrás puede ser una gran victoria.

En clave Real Madrid, cuesta creer que un futbolista de su talla haya carecido de protagonismo durante la tan atípica temporada 2019/20. En condiciones normales, contar con una figura dinámica y diferencial como él en el centro del campo supone un plus de calidad para cualquier plantilla, máxime teniendo en cuenta su enorme talento a la hora de romper líneas, desatascar partidos y facilitar el último pase a los delanteros: tres déficits que, sin ser estructurales, han supuesto una laguna durante ciertos tramos de competición.

James celebra gol

Basta decir que el ostracismo que lleva padeciendo el colombiano no constituye una circunstancia aislada, pues de sobra es conocida la desgastada relación, -personal y profesional-, que mantiene con Zidane, un entrenador que nunca ha confiado plenamente en él. Un hecho que contrasta con la categoría que ya demostró James en su espectacular (y hasta la fecha única buena temporada) 2014/15. Entonces, demostró una gran habilidad para marcar diferencias y desde el génesis de su fichaje se encargó de disipar todas las dudas que había despertado su incorporación a base de golazos desde la frontal, asistencias de alta gama y una zurda que encandiló al todo el panorama fútbol. Poseedor de unas cualidades técnicas excelsas, se adueñó del status de intocable por méritos propios y en tan solo un par de meses borró la gran huella que había impregnado Di María, cuya marcha generó cierto catastrofismo entre la hinchada. Borrar de un plumazo la histeria colectiva parecía una empresa demasiado ardua, pero ni eso le resultó espinoso al colombiano. Con la grada en el bolsillo, y en aras a su supersónica adaptación a la competición y el prominente crédito de Carlo Ancelotti, todo parecía indicar que James y el Real Madrid iban a ser dos elementos indisociablemente unidos al éxito; estimación que se opone a la cruda realidad que vive hoy en la capital: apartado del equipo y en la rampa de salida, dejándose querer por un Everton que parece ser el mejor posicionado para hacerse con sus servicios.

James y Ancelotti

Cabría acertadamente argumentar, desde el prisma más aséptico, que la actual coyuntura del jugador se la ha ganado él mismo gracias a su progresiva falta de profesionalidad y empeño; circunstancia que ha ido aumentando de forma paralela a su decreciente presencia en el once tipo, especialmente con ZZ a los mandos. Con ínfulas de mártir incomprendido, fueron tristemente frecuentes sus salidas de tono tras los partidos de su selección, sus declaraciones arrogantes exteriorizando pataletas y sus recurrentes querellas públicas e insurgentes en las que pregonaba un claro mensaje de insumisión hacia las decisiones soberanas del entrenador. Basándonos en su rendimiento de los últimos meses, las sensaciones tampoco son halagüeñas: quedó señalado en la eliminación copera ante la Real Sociedad, fue uno de los responsables de la zozobra acontecida en Son Moix y en Anoeta, de titular, evidenció palmarios síntomas de desconexión y desgaste. Un caldo de cultivo óptimo para determinar que James es el único responsable de su periclitado destino.

Empero, desde la óptica más afín al talentoso futbolista, no es menos cierto sostener que Zidane jamás ha desarrollado una voluntad proactiva por recuperar y encajar al natural de Cúcuta en sus planes. En el presente ejercicio sus suplencias, por rutinarias, dejaron de sorprender. Y en sus titularidades no acompañaron ni su posición en el campo (llegó a jugar de extremo derecho en Anoeta), ni el contexto del equipo, rodeado en la mayoría de ocasiones de suplentes que, como él, sufrían las consecuencias de jugar exiguamente; con la consecuente pérdida de confianza que eso conlleva.

James y Zidane

Y si nos retrotraemos a su primera temporada completa entre técnico y jugador, el caso es mucho más paradigmático. James marcó 11 goles con un alto valor cualitativo (dos al Sevilla en Copa y uno contra el Barça) regalando también 12 asistencias en 33 encuentros, con una media goleadora del 0,36 por partido. Teniendo en cuenta que rara vez disputó más de dos partidos seguidos de titular, son estadísticas que corroboran su proliferación anotadora y que dejan en mal lugar el dictamen que tomó Zizou al dejarle fuera de la convocatoria en la final de Champions ante la Juventus. Decisión que, a propósito, precipitó su cesión al Bayern, la cual congeló una imagen que quedará perceptible en la memoria de cualquier madridista: aquella no celebración, con los brazos en señal de disculpa, por el gol que endosó al equipo blanco durante las semifinales del ejercicio 2017/18. Un gesto loable donde los haya.

Libre arbitrio para unos, decisión arbitraria para otros. La dicotomía jamás tendrá un resultado absolutamente certero y las tesis de ambas posturas son lógicas y totalmente razonables. James enamoró a buena parte del madridismo, pero se truncó con un entrenador que no quiso o no pudo maximizar su potencial. Aunque a decir verdad, nunca disfrutó del blindaje deportivo, mediático e institucional del que sí gozan otros compañeros que comparten su posición. Elucubraciones a un lado, solo espero que su marcha destino Everton, que se consumará en pocos días, sea la menos impopular posible entre la hinchada y que en la memoria general del madridismo permanezcan sus prodigiosas, -y fugaces-, prestaciones antes que sus errores y bravuconerías. El tiempo lo dirá.