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Innecesariamente sentimental

Innecesariamente sentimental

Escrito por: Jesús Bengoechea15 junio, 2018
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Ha dicho Juan Cruz en Twitter que Lopetegui estuvo "innecesariamente sentimental" cuando se emocionó con el recuerdo de su madre durante su presentación como nuevo entrenador del Real Madrid. Eso de "innecesariamente sentimental" era una expresión que antes se restringía casi exclusivamente a los críticos de cine, propensos a descerrajar ese adjetivo, precedido por el peyorativo adverbio, en cuanto una película tenía la desfachatez de tocarles la vena sensible y recordarles así, del modo más incómodo, que latía una persona bajo la obligada severidad de su pluma. Seguro, por ejemplo, que muchos críticos de sus respectivas épocas despedazaron obras maestras como It´s a wonderful life o El club de los poetas muertos usando ésa o muy parecida fórmula.

Trasladar sintagmas eminentemente circunscritos al arte de la crítica de cine al más peliagudo terreno de la vida supone la asunción de una serie de riesgos. Por ejemplo, que un tuitero te responda algo tan de cajón como que, en la vida, las emociones no son tanto necesarias o innecesarias como evitables o inevitables, lo que tampoco (bien pensado) ofrecería una salida airosa al señor Cruz. Escribir que Lopetegui derramó por el recuerdo de su madre lágrimas "evitablemente sentimentales" continuaría resultando chocante en el mejor de los casos. Yo creo que Lopetegui, antes de acordarse de su madre, debería haber pedido permiso a Juan Cruz vía instancia ordinaria y con carácter previo a cualquier puchero, dado que esas mariconadas suelen ofrecer reparos (y si no suelen es ahora cuando ocurre) al Alto Organismo Antimadridista de Control de las Efusiones Emocionales, ente tan público como la RFEF y ante el cual Julen ha mostrado el mismo grado de muy discutible lealtad, privándose otra vez de comunicar las cosas en tiempo y forma. Qué traición al buen gusto y a la patria. Que aprenda Julen de Guardiola, por ejemplo, que solo sabe llorar necesariamente, con sextetes de por medio y con todas las bendiciones previamente concedidas por Cruz.

Pero en esta historia hay Cruz y cara, la necesaria (por ejemplo) para fabular con supuestas conversaciones de vestuario vikingo y cobrar por ello durante años. Y es que a Diego Torres, inefable escritor de ciencia ficción sobradamente conocido por su objetividad y viril renuencia a lo innecesario, tampoco le han gustado nada las lágrimas de Lopetegui. No querría enseñaros, pero llegado a este punto no tengo más remedio, el trino que Torres ha emitido, envuelto en bello esputo, sobre este particular.

This is what you get when you mess with us, que cantaba Radiohead, y es que el Alto Organismo Antimadridista de Control de las Efusiones Emocionales no se anda con tonterías cuando avista innecesarias humedades en lagrimales merengues. Pero no solo controla las lágrimas, sino cualquier emoción exagerada y por tanto soez en un partidario del club de Concha Espina, como por ejemplo la ira. En mi caso, como madridista que soy, he sido conminado por carta (y lleva el sello blaugrana del Alto Organismo) a abstenerme de llamar rata de cloaca a Diego Torres o seguir con las referencias a las madres, dado que haberlas haylas de todo tipo y a ningún buen lugar podría llevarnos el desgranar la tipología. La mía, por cierto, tiene 97 años. Su película favorita es Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler, una película innecesariamente sentimental que probablemente no gusta a Juan Cruz. La gente en la pantalla llora y tú lloras con ellos; sufren y se redimen, y tú te redimes con ellos; salen adelante hasta cantar victoria en la adversidad, y tú te sientes con fuerzas para hacer lo propio cuanto termina su metraje. Es, en definitiva, puro madridismo, el sentimiento que en el fondo bloquea la permisibilidad de cualquier otro para Cruz y para Torres, si es que este último alberga en su corazón putrefacto y sifilítico algún resto de todo eso.

Y que le jodan al Alto Organismo.