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Hacer algo bonito

Hacer algo bonito

Escrito por: Antonio Valderrama4 abril, 2023
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Esta semana, el Madrid visita Barcelona. Tiene que remontar. Será por la final de la Copa del Rey y será la noche del Miércoles Santo. Los antecedentes no parecen favorables: el Real de Ancelotti encadena tres derrotas seguidas frente al Barcelona de Xavi, quien desde que es entrenador allí ha vencido en cuatro de los cinco partidos en que ambos equipos se han medido. Sin embargo, ¿a quién le importa la estadística? Napoleón decía que un hombre muerto es una tragedia pero un millón, tan sólo una cifra. Y tenía razón. Tres derrotas seguidas pueden no significar nada. Una victoria, llegar a una final.

Y el Madrid vive para las finales. Una final, la que sea, es su estado mental. En realidad, todas las finales que juega el Madrid son una preparación para la final de la Copa de Europa, que el madridista juega dentro de su cabeza una y otra vez, sin parar, todos los días de su vida. Pero el partido con el Barcelona del miércoles trae a la memoria otra final de Copa que se jugó en otro Miércoles Santo, inolvidable, del mes de abril del año 2011.

El Madrid vive para las finales. Una final, la que sea, es su estado mental. En realidad, todas las finales que juega el Madrid son una preparación para la final de la Copa de Europa, que el madridista juega dentro de su cabeza una y otra vez, sin parar, todos los días de su vida

What´s the numbers?, se preguntaría un inglés. Pocos, atendiendo a los datos puros, que es de lo que está hecho el fútbol moderno. El dato puro no vale para nada, apenas sirve para explicar la realidad. Con los datos puros en la mano, el Madrid de Ancelotti lo tiene en chino: a doce puntos del Barcelona de Xavi en Liga, por detrás en la eliminatoria y, en el VAR, nada menos que González González, ese personaje de cómic de terror que le robó la Liga de 2021 al Madrid. En el verde, en cambio, estará Martínez Munuera, un señor al que el entorno periodístico del Barcelona le organizó una campaña de acoso y descrédito personal por osar pitarle al Madrid un penalty (que era) a favor en el Camp Nou, una vez. Todo esto, como digo, con las estadísticas en contra y el ambiente de sospecha inevitable que rodea toda competición organizada por la Real Federación Española de Fútbol. Pero las estadísticas son un mero entretenimiento de oficinistas. Hay en juego algo mucho más grande, mucho más incluso que la corrupción sistémica de los órganos reguladores.

Valverde Barcelona

En juego, en efecto, está el telos del Madrid, que vale más que cualquier copa y que, por supuesto, la del Rey, el rey mismo, la Federación, España o qué decir del Fútbol Club Barcelona. El telos, o sea, la causa “por la cual algo existe”, del Madrid es alcanzar en la tierra el reino de los cielos. Y el reino de los cielos siempre está a un córner a favor de distancia o a una falta lateral botada por Kroos. La convicción profunda e insobornable de estar predestinados a derrotar el olvido es lo que hace que el Madrid pueda ser aplastado una y otra vez hasta que, en último término, se sobrepone y vence. Eso es lo que ha llenado la sala de trofeos del Bernabéu, y no ninguna componenda secreta con los dirigentes del estamento arbitral.

El telos, o sea, la causa “por la cual algo existe”, del Madrid es alcanzar en la tierra el reino de los cielos. Y el reino de los cielos siempre está a un córner a favor de distancia o a una falta lateral botada por Kroos

Si a mí me preguntaran por el escenario ideal para que el Madrid se conceda una noche histórica, diría que es ese: tener que remontar en el campo más hostil de todos, con la España oficial en contra, con el estamento mediático escribiendo su esquela, con la sala VAR en el Palacio de la Generalidad y Roures eligiendo los planos; con los laterales titulares lesionados o en tela de juicio, con el orgullo herido y con la sensación de tener que rasgar el velo del templo para conseguir la victoria. Esa es, exactamente, la situación que afrontará el Madrid de Ancelotti el miércoles por la noche, por lo que los presagios no pueden ser más propicios.

Modric Real Madrid Barcelona

Quitando la final de la Supercopa feminista de Rubiales en Arabia Saudí, a la que el Madrid llegó por pura cortesía, el resto de partidos que han jugado Real y Barcelona han dejado una sensación extraña: la de que el Madrid es un equipo absurdamente superior, tanto que, desde las alturas, pierde de vista al equipito de Xavi, yerra los golpes y acaba desplomado como los elefantes en las batallas de la Antigüedad, acosados por una jauría de perros enloquecidos. El Madrid no ha sabido cómo cerrar ninguno de esos partidos, ni siquiera el que ganó en el Bernabéu, en octubre. Aquella tarde la cosa llegó a oler a 5-0 pero terminó con el campeón de Europa pidiendo la hora.

La convicción profunda e insobornable de estar predestinados a derrotar el olvido es lo que hace que el Madrid pueda ser aplastado una y otra vez hasta que, en último término, se sobrepone y vence. Eso es lo que ha llenado la sala de trofeos del Bernabéu, y no ninguna componenda secreta con los dirigentes del estamento arbitral

Xavi es un tipo que como entrenador sin duda honra el cruyffismo predicando una cosa y dando luego una clase de trigo bien distinta. Su mérito es ahormar un grupo rocoso, absolutamente cholista, que se impone desde una buena defensa, un buen portero y un delantero extraordinario; un equipo que da su verdadera medida en Europa, en donde es incapaz de pasar de la primera fase y en donde sucumbe en cuanto llega quien imprime algo de ritmo moderno. Pero que, en España, se pasea a la grupa del videoarbitraje, de la complacencia de unos rivales en trance de sudamericanización y gracias a la desidia liguera que posee al Madrid cuando, como la temporada pasada, se empacha de gloria y luego llega septiembre y se le antoja echarse una siesta. De la que suele despertarse con un entrenador diferente (un zoomer añadiría aquí la coletilla “2015 vibes”).

Xavi es un tipo que como entrenador sin duda honra el cruyffismo predicando una cosa y dando luego una clase de trigo bien distinta. Su mérito es ahormar un grupo rocoso, absolutamente cholista, que se impone desde una buena defensa, un buen portero y un delantero extraordinario; un equipo que da su verdadera medida en Europa, en donde es incapaz de pasar de la primera fase y en donde sucumbe en cuanto llega quien imprime algo de ritmo moderno

La situación en España ahora mismo, tan kafkiana, requiere de un golpe anafiláctico: es decir, precisa de una de esas noches, tan a menudo en abril (que es el mes en el que el mundo resucita y todo, de nuevo, se estrena) en las que el Madrid recuerda que hay un mundo nuevo en nuestros corazones. Tras casi dos meses de informaciones acerca del caso Fútbol Club Barcelona-Negreira, la gente empieza a darlo por bueno. O sea, como era previsible, a mostrarse indiferente ante las tremendas pruebas de corrupción que empañan el fútbol español. Si para la justicia penal todavía falta tiempo y para la deportiva, paciencia, el momento exige cierto tipo de justicia poética o divina. En estas cosas, el Madrid siempre fue la espada del destino. Hurtarle el cuerpo a la fatalidad en el último segundo y reafirmar la vida sobre la muerte en el preciso instante en que el Tiempo asume que ha ganado la batalla fue siempre la especialidad madridista. Que, huelga decirlo, es completamente extraña a la tradición española contemporánea, toda ella hecha de pura mediocridad, zafiedad y vileza. Los mejores triunfos del Madrid tuvieron siempre el alimento que Borges concedía a los héroes: falsía, derrota, humillación. Pródigo como el océano, el Real tiene de nuevo que escribir el poema. Hacer algo bonito, que es ganar, como dejó escrito en el viento ese “cuerpo humano para andar por la tierra” que el siglo XXI regaló a los madridistas que es Benzema, con su voz infinita.

 

Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

2 comentarios en: Hacer algo bonito

  1. Maravilloso juego de palabras, especialmente el último párrafo , el que hace referencia a la situación. Confío en que así sea.

  2. Todos estos preciosos artículos. El comité arbitral, la federación, la liga , el más que un club, el Laporta, el Javi, el Roures, el H.H el G.G etc etc se los pasan por el Arco del Triunfo

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360 grados de campeón (It wasn't a fucking goal).

Recomendamos la lectura del fucking #Portanálisis de hoy y os deseamos que paséis un fucking great day.

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