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Mijatovic: "Pedí prima por ganar la Champions y me miraron como si estuviera loco"

Mijatovic: "Pedí prima por ganar la Champions y me miraron como si estuviera loco"

Escrito por: Athos Dumas20 mayo, 2020
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*entrevista publicada en mayo de 2019, reflotada con motivo del 22 aniversario de la séptima Copa de Europa.

Nos citamos con Pedja Mijatovic en el Café Pino, en la Moraleja, cerca de donde vive. Desde el primer momento se muestra cordial, afable, abierto. No elude ninguna pregunta. Casi una hora de conversación con un auténtico experto en fútbol, además de ser una leyenda eterna para el madridismo por su histórico gol en Amsterdam que nos dio la deseadísima Séptima Copa de Europa.

 

-¿Ahora a qué se dedica Pedja Mijatovic? 

-Estoy tranquilo. Veo mucho fútbol. Hago consulting deportivo, ayudando a clubes a gestionar sus proyectos. También estoy entretenido en cosas que no tienen que ver con el fútbol. Viajo con frecuencia.

-Pero vives en Madrid, no?

-Dicen que uno vive allá donde van al colegio sus hijos. De manera que sí, vivo en Madrid.

-Tu fichaje por el Madrid, procedente del Valencia, cambió por completo y tal vez para siempre la relación entre ambos clubes. ¿Qué recuerdos guardas de aquella convulsión? 

-Mis tres años en el Valencia fueron preciosos. Allí me formé. Fue mi primera experiencia en el fútbol extranjero. Venía de un país en guerra, lo que nos impedía disputar partidos internacionales, ni de clubes ni de selecciones. Tenía muchas ganas de triunfar en un fútbol tan atractivo como el español. El Valencia fue un destino ideal para crecer como futbolista y como persona. Fuimos subcampeones de Copa y de Liga, a pesar de que por entonces el Valencia no solía disputar títulos. Fue un exitazo. Pero llega un momento en mi carrera en el que me doy cuenta de que necesito dar un paso adelante: ganar títulos. Por eso me fui al Madrid. Mi cláusula era impagable: 1.250 millones de pesetas de entonces. El Madrid la pagó, pero no fue la única oferta. Y eso que entonces era más difícil conseguir que los grandes clubes se fijaran en ti.

-Claro. Menos televisión. No había redes sociales. No circulaban los vídeos de igual manera. 

-Exacto. De modo que tuve que jugar a un nivel muy muy bueno durante tres años para que equipos como la Juve, el Barça o el propio Madrid se interesasen por mí. El último año fue espectacular: me convertí en el mejor jugador de la Liga sin formar parte de la plantilla de ninguno de los dos grandes, lo cual no solía pasar. Fui casi pichichi y repartí muchas asistencias también. Y sí, mi salida fue muy turbulenta. Siempre querré al Valencia y a la ciudad de Valencia, pero mi ambición me obligó a tomar la única decisión posible.

-Eso rompe la relación entre ambos clubes...

-Y yo lo siento mucho porque sé que en Valencia todavía hay mucho madridismo. Pero son cosas de la vida. Pocos jugadores habrían tomado una decisión así porque yo en Valencia vivía muy bien y Paco Roig estaba dispuesto a pagarme mucho más dinero del que ofrecía el Madrid. Pero fíjate todo lo que vino gracias a mi decisión. Acerté de pleno.

-Tu llegada al Madrid coincide con la de Capello y la de otros grandes jugadores como Roberto Carlos, Seedorf, Suker...

-Sí. Fue un cambio de ciclo, lo cual siempre genera una situación bastante violenta en un club como el Madrid. Tienes que hacer una revolución pero sin dejar de ganar títulos mientras la llevas a cabo. Lorenzo (Sanz) apostó fuerte conmigo y también trayendo a Davor (Suker) del Sevilla. Y a los otros. Se gastó mucho dinero pero valió la pena: primero ganó la Liga, lo que nos daba derecho a jugar la Champions el año siguiente. Y se trajo la Séptima de Ámsterdam. Todos los que participaron de ese hito siguen siendo mis amigos. Son buena gente. Gente ganadora. Cuando veo las alineaciones de esa Final, pienso: qué equipazo tenía la Juve. Pero luego pienso: y nosotros también.

 

 

-¿Es posible que nosotros llegáramos a esa Final sin excesiva consciencia de precisamente eso, de que teníamos un equipazo?

-Ellos tenían más experiencia. Nosotros ninguna. No éramos favoritos ni mucho menos. Pero estás ahí y piensas: estoy en una Final de Champions. No sé si la voy a volver a jugar. Tengo que hacer todo lo posible para llevármela. Si hay que morir, se muere. Todos llevábamos esa mentalidad. Les superamos por ganas y por personalidad.

-¿Por qué esa generación de extraordinarios futbolistas, tras ese gran éxito, no tardaría mucho en desembocar en la llamada “quinta de los ferraris”? ¿Por qué fue una generación fugaz?

-Fue fugaz en cuanto a la generación en sí. Pero todos los que se quedaron en el club (Roberto, Fernando Hierro, Manolo Sanchís, Redondo, Raúl, Guti, Morientes) siguieron ganando sin los que nos fuimos. 98, 2000, 2002. Tres Champions en seis años. El núcleo siguió ganando, sí bien ayudados por grandes fichajes como Figo o Zidane. Eso sucede así en los equipos importantes. Se fue Ronaldinho pero el Barça siguió triunfando con Messi, Pujol y Xavi. Lo importante es que el núcleo se quede.

estás ahí y piensas: estoy en una Final de Champions. No sé si la voy a volver a jugar. Tengo que hacer todo lo posible para llevármela. Sí hay que morir, se muere.

-Se ha hablado mucho de tu gol en Ámsterdam. Se han hecho reportajes sobre él. ¿Tú en ese momento eras consciente de que acababas de marcar un punto de inflexión en la Historia del club?

-Desde hace unos años sí soy consciente. Desde hace unos años sí sé que hay un antes y un después de la Séptima. Pero en ese momento no. Tampoco en los años siguientes. Sabes que has hecho algo importante pero no tienes una idea ni siquiera aproximada de la dimensión del asunto. Mientras seguía en activo no me hacía a la idea. Pero luego me retiré, y ahí es cuando empiezas a compartir esa vivencia con la gente y a darte cuenta de la magnitud del tema. Gente que te cuenta que sus padres les decían que habían visto seis Copas de Europa y ellos temían que se morirían sin haber visto ninguna. Las famosas Copas en blanco y negro. Eso mismo me contó Manolo Sanchís, que me decía: mira, Pedja, yo en las comidas familiares me tenía que quedar calladito porque mi padre había ganado la Copa de Europa y yo no.

-¿Es el gol más importante de la Historia del Madrid?

Pues no lo sé, porque hay tantos y tantos... Pero es el más importante para mí, por supuesto. Yo lo que me pregunto ahora es cómo pudo ser que, tras ver pasar tantas generaciones importantes de futbolistas (la Quinta del Buitre, o antes los Juanito o Santillana), el Madrid estuviera más de tres décadas sin ganar ese trofeo. Es un misterio.

 

 

-Había un complejo colectivo del que gozaba el antimadridismo. Casi parecía que la del Barça valía más que las 6 del Madrid porque era más reciente, porque era en color. ¿Hasta qué punto tú esperabas cambiar la tendencia?

-Te cuento una anécdota. En mi época, cuando negociabas un contrato con tu nuevo club, se solía introducir un bonus por ganar la Liga, la Copa... Pero nadie ponía uno por ganar la Champions porque no entraba en los planes de nadie. Yo me senté con Lorenzo y pregunté: “Bueno, ¿y cuánto más me pagáis si ganamos la Champions?” Lorenzo se miraba con Onieva como diciendo “este tío está loco”. Y más o menos me dijeron “claro, chaval, pon ahí lo que quieras”. Luego me arrepentí de no haber puesto una cantidad enorme. (Risas). Fui pionero en eso. Después se empezó a poner el bonus por la Copa de Europa, pero entonces nadie lo hacía. Era casi tabú.

-Nos parece que el fulgor de la Séptima eclipsa en parte, en la historia del club, tu etapa como director deportivo. Traes a Van Nistelrooy y Robben que tenían bastante cartel, pero me interesan tres que no lo tenían y ahí está su resultado, seguramente en orden creciente: Higuaín, Pepe y Marcelo. ¿Te parece que se han valorado suficientemente estas aportaciones tuyas?

-Soy el único director deportivo que fue fichado por un candidato, no un presidente. Yo me chupé toda la campaña electoral, y cuando ganamos me tocó hacer cambios. Ya decíamos antes que esto es muy difícil en el Madrid. Tenía muy claro lo que había que hacer. Yo he jugado con algunos de los que me encontré al llegar: Raúl, Roberto Carlos, Guti... Eran los veteranos, tocaba hablar con ellos para ver su grado de compromiso y lo que estaban dispuestos a dar. También había que tener en cuenta no solo lo que estaban dispuestos a dar sino lo que de hecho PODÍAN dar. Roberto tenía 34 años, por ejemplo. Y había que pedir a esos veteranos que me ayudaran a integrar a los jóvenes que pen