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Florentino, delegue usted

Florentino, delegue usted

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon13 agosto, 2015
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No cabe duda de que formaba parte de su plan inicial. De hecho, cuando ante la sorpresa de todos se impuso a Lorenzo Sanz en aquellas elecciones, tenía claro que pondría la gestión deportiva del club en manos de un director deportivo: Jorge Valdano. Florentino era un ingeniero de carrera que en una fulgurante trayectoria profesional había accedido a la presidencia de ACS, todo un conglomerado empresarial. De manera muy coherente, Florentino asumía que debía traspasar los mejores fundamentos adquiridos en su vida profesional al club de sus amores. Una de las primeras decisiones sería compartimentar las diferentes áreas del club y escoger a los mejores profesionales para capitanearlas. La elección de Valdano iba en esa línea: sería su hombre de confianza para lo deportivo.

Durante cuatro años, Valdano cosechó bastantes éxitos deportivos a pesar de una gestión por parte del argentino, en mi opinión, bastante deficiente. Los principales fichajes sólo se le podían atribuir a Pérez, en el marco de ese modelo deportivo-económico de club que convirtió al mismo en todo un ejemplo digno de mención destacada en Forbes. La gestión de las ventas por parte de Valdano dejaba mucho que desear. La indiscreción del argentino a menudo devaluaba el valor de los jugadores, que eran colocados a precio de saldo al final del verano. Cuando al ex-jugador y ex-entrenador, ahora directivo, le tocó tomar su primera decisión de peso, erró con estrépito en la elección del sustituto de Del Bosque. Posiblemente fue esto lo que más tarde convencería a Valdano para retirarse de la primera línea. Veía un proyecto ya caduco que naufragaba, y no tenía la ascendencia suficiente para moderar a Florentino en la radicalización de su modelo. Por ello, llegó Beckham y no una estrella en ciernes como Ronaldinho; por la misma razón, Etoó jugó mucho tiempo para nuestro máximo rival.

valdano y florentino

Tras el adiós de Valdano, Florentino pasó de Sacchi a Benito Floro, pero su creencia en la figura del director deportivo parecía atravesar una crisis fatal, puesto que el club careció de una dirección deportiva firme y coherente. Los entrenadores y jugadores se sucedían y ya no había intermediación entre jugadores y directiva. Tras seis años, Florentino dejaba un proyecto que había personalizado de tal forma que no podía desecharlo y comenzar otro nuevo.

En su segunda etapa, Florentino volvió a hacer propósito de coherencia. Quizás traicionado por el recuerdo de una etapa pasada feliz, volvió a poner en manos de Valdano la dirección deportiva del club. Manteniéndose en su propósito, volvió a depositar su confianza en el argentino para asumir la responsabilidad de elegir al entrenador que dirigiera un equipo plagado de estrellas fichadas en un solo verano. La elección de Valdano volvió a demostrarse errónea y Florentino optó por fichar a José Mourinho. La incompatibilidad entre el portugués y Valdano se evidenció muy pronto. De hecho –vuelve a ser mi opinión-, una de las mejores obras del portugués fue forzar la marcha de Valdano. Con la salida del argentino, el puesto de director deportivo quedó, en términos organizacionales, vacío. Sin embargo, un perfil como el de Mou era perfectamente capaz de asumir las funciones del cargo y el club volvió a tener una dirección deportiva - acertada o desarcertada- muy clara. Fue un periodo de grandes fichajes a precios más que razonables.

Con la salida del portugués, ese rol ha quedado totalmente descubierto. Creo que no me equivoco mucho si afirmo que el año pasado los fichajes del club fueron muy acertados –Kroos y James-, pero que la plantilla echó en falta la profundidad necesaria para afrontar una larga y complicada temporada. El mejor once inicial del mundo apenas encontraba alternativa en el banquillo. Quedó patente la falta de cobertura de algunos roles que, aunque secundarios, debían ser necesarios ante la proliferación de lesiones.

En esta misma pretemporada, la gestión de la parcela deportiva está despertando algunas dudas para una parte importante de la afición madridista. El aparente empecinamiento en el fichaje de De Gea o las renovaciones de larga duración de Marcelo y (parece) Ramos han dejado algunas dudas.

La humilde sugerencia que me permito el lujo de hacerle a Pérez es que vuelva a implementar lo mejor de su know-how empresarial en el Madrid. Para ello debe aspirar a tener al mejor director deportivo del mundo. Esa persona decidiría la política deportiva del club, siempre bajo el paraguas del modelo deportivo-económico creado por Florentino y del que debemos estar profundamente satisfechos los madridistas, puesto que nos da independencia, autonomía y posibilidades de aspirar a la excelencia deportiva gracias a la solvencia económica. Con esa única pero importante cortapisa, esa persona debería responsabilizarse de la política de fichajes, empezando por la elección del entrenador. Un breve comentario: a Florentino se le ha criticado el número de entrenadores durante sus mandatos. Sin embargo, este número es muy similar al de otros clubes competidores y, para mí, lo único criticable es la diversidad de perfiles de los mismos. Una dirección deportiva sólida iría siempre en la misma línea, y rara vez pasaría de Ancelotti a Benítez.

De esta forma, el propio Florentino tendría un escudo entre él y el entrenador, y los madridistas podríamos poner cara y ojos al responsable de la dirección deportiva. Quizás -atención- esa persona ya exista, pues la acertada e ilusionante política de fichajes de grandes talentos en edad juvenil que últimamente sigue el club parece evidenciar la existencia de una política deportiva. Si existe, opera en la sombra. Quién sabe. Insisto en todo caso en que sólo tendría beneficios volver a ocupar ese puesto en el organigrama del club para dotarlo de solidez y profesionalización.

En opinión del que escribe, la trayectoria de Florentino ha tenido muchos más aciertos que errores. Además de sanear el club y convertirlo en el más próspero del mundo, ha puesto sobre el campo a los mejores jugadores fichables. Cuando había consenso mundial sobre la calidad de un jugador, Florentino era el presidente más fiable para convertir los deseos en presentaciones con Bernabéus llenos. Sin embargo, su destreza no es la misma cuando se debe elegir a ese otro perfil de jugador no tan unánimemente aceptado que te completa una plantilla solvente. Esa debería ser labor de un director deportivo.

Delegue, Florentino: usted mismo lo agradecerá.