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Cuando yunque, Clark Kent; cuando martillo, Superman

Cuando yunque, Clark Kent; cuando martillo, Superman

Escrito por: Antonio Valderrama13 agosto, 2015
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De Sergio Ramos se ha escrito tanto, que si lo imprimiésemos en papel, nos quedaríamos sin un cuarto del Amazonas. Pero lo mejor, como casi siempre, lo dijo una vez Mesetas: es un jugador-Nación. Para explicarse este concepto habría que recurrir al recuerdo de gente como Fernando Hierro, Redondo, Roberto Carlos o el primer Raúl. En este momento, él es el único jugador en el que convergen la altura del estadista y la proyección emocional de un club atómico, de una institución anárquica y corrosiva. Se le odia en el underground, por su condición de icono del mainstream; en la opinión pública, todo bascula en torno a lo que de él reflejan las portadas de Marca y AS, espejos deformadores de la realidad; los rivales se mofan, aunque en el fondo temen que contra ellos sea el partido en el que se pone la capa, y por lo general, la percepción de su figura queda distorsionada por la visceralidad que concentra en sí mismo.

Durante años, me pasé mi tiempo de madridista confrontando el Ramos ideal con el Ramos real. Es decir, lo que podía ser, dadas sus cualidades físicas y técnicas, y lo que era. Tardé, pero advertí que no había nada más fútil que ese ejercicio de ficción: Ramos, como Jesucristo, es el que es.

Si se repasan los títulos que el Madrid ha ganado en los diez años que lleva en Chamartín, Sergio Ramos destaca en todos. Se tiende a sublimar su carácter, en exceso visceral, y su contribución negativa a sonados fracasos. Como si hubiese que compensar la dedicación desmesurada que los medios de comunicación tradicionales le prestan, por encajar perfectamente en el conocido patrón de totemcillo del balompié ibérico, se le achacan peores males de los que en justicia le corresponden. Pero todos los superhéroes tocan fondo antes de resurgir como el fénix: ese rasgo del relato épico moderno lo tenemos bien aprendido gracias a las historias que desde niño nos ha contado la Marvel.

Fue Capello quien, el primero, lo puso de central. Ramos, desde entonces, se empeñó en agarrar un trozo de Olimpo madridista a cabezazos. Le marcó al Valencia en el Bernabéu y después al Athletic en el viejo San Mamés. Leí una descripción estupenda de aquel Madrid rubio platino que ganó una Liga imposible: una banda de salvajes que golpea como una piedra y que juega sin mirar atrás, como si el futuro no existiera y la vida durase sólo un segundo. El gol que Ramos le marcó al Sevilla tuvo algo de psicoanálisis, de dramaturgia, pues entró como un huracán por banda derecha desbordando a su par en pos del pase largo de Guti y hundió a Palop como un machetazo de Edipo en el cuello de su padre. Vimos entonces a Beckham subido en un poste, jaleando al fondo sur del Bernabéu, pero debajo estaba Ramos, traspuesto y como en un éxtasis que con el tiempo se le reconoce como natural en él cuando decide y es decisivo.

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Cometió muchos errores, en efecto. Hasta 2013 no le vi tirar un fuera de juego como está escrito en el Código de Hammurabi: el Madrid de Mourinho sucumbió por sobredosis de pelotas al espacio huérfano de Ramos más veces de las que cualquier madridista con sus facultades psíquicas en orden puede soportar. Pero la historia de Ramos no es la que yo, en mi rigurosa educación capellista, hubiese escrito. Esa es una de las cualidades naturales de lo real: que es independiente de nuestro deseo. Ramos no es Fernando Hierro pero también Fernando Hierro terminó derrumbándose en Turín como el buda aquel afgano que dinamitó el Mulá Omar. Ramos, como también Hierro, cumplió con la profecía del central andaluz que domina una Final de la Copa de Europa: dicen que las 9 primeras las ganó el Madrid con un cántabro en la plantilla, pero en las 4 últimas había un condottiero que ceceaba patrullando la frontal e impulsando al Real desde atrás, como hace la Luna con las olas en la playa.

Me irritó Sergio Ramos durante mucho tiempo por su falta de concentración en determinados partidos trascendentales; por su impulsividad, rayana en el despropósito si uno mira la estadística de tarjetas amarillas y rojas; por el derroche de sus capacidades, tan apropiadas para el lucimiento y en él, tan prestas al despilfarro. Pero también Spiderman necesitó adaptarse a sus poderes, conocerse, quererse y sobre todo, respetarse.

Hay jugadores, en los deportes de equipo, tan necesarios para el colectivo como la luz del sol. Son esos fulanos que, a pesar de que sus grietas son reiteradas y reiterativas, concentran sobre sí mismos la proyección de su pueblo, como pequeños Moisés guiando hacia la tierra de la que manan ríos de leche y de miel. Como necesitan, para funcionar, un remanente de energía casi atómico, dejan exhaustos a rivales, compañeros y aficionados, logrando así bula papal para tres o cuatro partidos de fuste menor, una vez conquistada Troya. Juegan con el riesgo permanente de cataclismo: el partido de Ramos, recordadísimo, contra el Borussia Dortmund en 2013, en el Bernabéu, fue como una recreación en 90 minutos de la película Doctor Strangelove. Hipervitaminan el juego, y llevan dentro el caos, el cual consiguen expandirlo por toda la atmósfera del partido hasta crear las condiciones adecuadas para que los contrarios se rindan pidiendo perdón un instante antes de que a los suyos, los de blanco sobre el césped y los de blanco en la tribuna, les estalle el corazón. Esta raza de jugadores es imprescindible para ganar títulos si no eres la encarnación física del orden mecanicista, es decir, si no tienes a Messi o si no eres el Bayern de Heycknes. Pero puede salir mal. Muchas veces sale mal y de todas esas veces, surge el fantasma que acosa a Ramos y lo expone con crudeza al escarnio público.

Mi madridismo, su trayectoria vital, consta de tres etapas bien definidas. La primera, la de la infancia y la pubertad, coincidió con la explosión en Europa. Tres puñales clavados en mi corazón: Amsterdam, París, Glasgow. El producto de toda esta fascinante transición de mi Yo-Niño a mi Yo-PreHombre fue la idealización del Madrid: o lo que es lo mismo, el creerme que todo el monte era orégano, y la vida iba a ser siempre como el segundo gol de Ronaldo Nazario en Old Trafford, el día aquel del 3-4. La vie en rose, de blanco.

La segunda etapa, la de la Década, engulló mi adolescencia. El choque con la realidad del mundo y de las cosas me hizo abrazar la disciplina, el rigor, el tacticismo, y creer en un Más Allá donde las 99 huríes hacen tackles perfetos, el Madrid nunca recibe un gol, las Ligas se ganan con autoridad militar, y los jugadores aprenden a profundizar en Kafka cuando terminan los entrenamientos. Tengo clavada en el hipotálamo una frase que le oí a Javier Ares, cuando yo todavía escuchaba el fútbol por la radio. Fue en 2006. Capello entrenaba a la Juve, antes del MoggiGate, y Mourinho devastaba Inglaterra con su primer Chelsea. “Yo lo que no le veo al Madrid es ese vigor de los jugadores del Chelsea o de la Juve, que saltan al campo y parecen once tiarrones musculosos y fuertes.” El Madrid parecía una puta de cabaret, entrenada por indocumentados y gente a la que jamás dejarían entrar en ningún club náutico de buena y burguesa ciudad española, y a mí se me representó ese orden, esa marcialidad mourinhística, esa robustez europea, como el final de todo sufrimiento.

Ramos, naturalmente, rompía todo ese esquema geométrico en el que la vida parecía poder explicarse con números. Pero llegó Mourinho al Madrid y cuando mejor jugó su equipo fue cuando Ramos, en el eje de la zaga, parecía un Action Man; su Madrid murió de lo mismo que mueren siempre los grandes equipos que cada cinco años tiene el Madrid, que es de sobredosis de endorfinas, y comprendí entonces que Ramos está hecho de la misma materia incognoscible que el Real. Carletto lo supo bien, y a mí Ramos me evitó el tener que comerme 12 horas de autobús con la cara de Godín incrustada en la frente, con un gol que sólo pueden meter los que no se han leído nunca un manual de estrategia militar.

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

17 comentarios en: Cuando yunque, Clark Kent; cuando martillo, Superman

  1. Si yo fuera entrenador del equipo que se enfrenta al Real Madrid tendría muy claro a qué central no hay que presionar para obligarle a sacar el balón él: a Sergio Ramos. Su autoconfianza es su perdición. El portento físico del que hace gala le da esa confianza que le traiciona. Cree que tiene tan buen golpeo y precisión como otros para desplazar el balón a 40 metros (faltas incluídas). Y esa confianza es la que le juega malas pasadas y pone a prueba las taquicardias madridistas.

    Los dos años con Carletto le han insuflado esa creencia de que es el mejor (voy a obviar el calentamiento de oreja de la prensa amiga suya y que coincide con acérrimos inquisidores del Real Madrid como Julio Pulido, que le elevan a los altares del Olimpo porque es el héroe que se enfrentó a Mou) y con diferencia por sus cualidades y que se puede atrever con todo, como el mediocentro de contención, aunque el resultado no haya sido el esperado. Los éxitos como los goles al Bayern de Múnich y el de la Décima, tapan sus peligrosos errores. ¿Cómo son estos? La salida imprecisa que regala el balón al contrario o ese mal control que se le va largo y da opciones al rival, porque él como mariscal de campo, otea más allá de su puesto observando el frente, restando importancia y descuidando a los zorros que están cerca de su tienda de campaña, desdeñando el peligro que representan... eso para otros centrales, no para él.

    Su pecado es ese, el exceso de confianza.

      1. Totalmente de acuerdo con esta respuesta de Vagawain.

        Exceso de confianza. ¿10 kilos? yo creo que demasiado.

        ¿Capitán del Madrid? Para algunos momentos, si....pero para la mayoría no le veo el mejor candidato.

        Creo que ser capitán por antigüedad no es lo más adecuado.
        @Velveto23

  2. ¡Qué bien escrito! La Galerna es una pepita de oro entre un montón de estiércol.
    Aun cuando no estoy siempre de acuerdo con lo que decís, no puedo dejar de valorar lo bien dicho que está. Igualito que en la prensa escrita "mainstream".
    Se lo leí a alguien en internet: "Sergio Ramos: Dr Ramos y Mr Canelita".

      1. Creo que esos nombres hablando de furgol no deberían siquiera citarse. Y menos menos colocase de nick ni hablando de fútbol ni de cualquier otra cosa.

      2. Canelita me atreveria a decir no entra ni en el top 4 de centrales. Tiene errores flagrantes, y no es ningún portento físico pese a la creencia popular. Menos aun cuando ya juega con posturita, como Cristiano con la suya, cosa que limita bastante ciertas acciones. Eso de que es un líder es otra leyenda urbana, solo hay que escuchar lo que suelta en el túnel de vestuarios (va va señores, giño, palmada, besito, besito, giño, serio, giño-sonrisa, besito, va señores, sonrisa, hostia en el pecho a un suplente) o los gestos en el campo, que alguno en el equipo estará hasta los mismísimos cojones de tanta subnormalidad, yo creo que desmotiva cuando un tonto motivado se cree el lider de un equipo. Como cuando el topo empezaba a mandar que se quedaran a saludar cuando había hecho 5 cantadas y filtrado la alinacion, que en el fondo no tiene nada que ver , pero ya sabéis esa sensación de ¿pero este de que va?

  3. Buenos días D. Antonio he disfrutado mucho con su lectura , aunque como señala nuestro senador, no se puede estar de acuerdo al 100%. Veremos como estrena su reciente renovación, respecto a los comentarios del jugador del Barcelona, el escupidor y fétido Pique, cuando después del partido de la Super Copa, ánimo a sus compañeros a dar la vuelta de honor al campo con la frase: ADE LANTE, QUE SE JO.... LOS DE MADRID, frase que la chacurrada del CE.CO.M.A. han intentado ocultar, pero que se escucha bien clarita en el programa de la Sexta, Jugones, ¿Hará el camero de yunque, o hará de Superman? ¿Nos defenderá o se callará anteponiendo sus intereses en la selección a su responsabilidad como capitán ?.
    Saludos comuneros

  4. A Ramos habría que ponerle, al modo que se lo hacían a los triunfadores generales romanos, a su regreso a la urbe, alguien a su lado diciéndole:"Recuerda que eres mortal". Puede que no solo a él en esa plantilla pero como ejemplo, no se me ocurre a nadie mejor.

  5. Si es verdad eso de que ha renovado hasta 2020, va a suceder un "Casillas-2ª parte" más pronto que tarde... El entrenador de turno (el que toque) lo sentará en el banquillo (porque así lo decida) y los periolistos antimadridistas abogarán por la "grandeza" y "simbolismo" de Ramos en el Madrid y la Selección y empezarán a despotricar contra todo el que ponga en duda el rendimiento del jugador.. volverán a sacar eso de "con todo lo que nos ha dado" como argumento (que, por cierto, no usan con Pedrito, el denostado por el Barcelona, ese parece que no sea ni campeón del Mundo ni de Europa con la Selección.. si me apuras, hasta parece que se olvidaran de que es español).. en fin...

    1. Buenos días Aliseya, suscribo al 100% tu comentario, sólo dos matices 1) EN el tema Pedro, los medios de comunicación, están tratando que el asunto tenga un perfil bajo, dando la impresión de que son imparciales, no yendo ni con el Barcelona, ni con el jugador, cuando lo que el cuerpo les pediría es ir a degüello contra el jugador, este comportamiento es así, por que esta muy reciente el caso Casillas y la doble vara de medir, sería muy evidente.
      2) "Sonoro" silencio - hasta ahora- de nuestros capitanes y del madridismo oficial ante la chulería y provocación de Pique

    2. Malo para el madrid.

      Otro Casillas a partir del año que viene. Vaya marrón que nos ha generado el presi. Estaba a huevo para quitarnos dos madridistas de chichinabo de un tacada. Por más que lo pienso no lo entiendo.

      Ya veréis cuando empiece a cagarla y a costarnos títulos, follones en la prensa, jugar porque él lo vale aunque esté lesionado y se erija en el líder tarzanesco de nuestro equipo. Me dan ganas de borrarme, de verdad.

  6. Ramos me atreveria a decir no entra ni en el top 4 de centrales. Tiene errores flagrantes, y no es ningún portento físico pese a la creencia popular. Menos aun cuando ya juega con posturita, como Cristiano con la suya, cosa que limita bastante ciertas acciones. Eso de que es un líder es otra leyenda urbana, solo hay que escuchar lo que suelta en el túnel de vestuarios (va va señores, giño, palmada, besito, besito, giño, serio, giño-sonrisa, besito, va señores, sonrisa, hostia en el pecho a un suplente) o los gestos en el campo, que alguno en el equipo estará hasta los mismísimos cojones de tanta tontería, yo creo que desmotiva cuando un tonto motivado que se cree el lider de un equipo. Como cuando el topo empezaba a mandar que se quedaran a saludar cuando había hecho 5 cantadas y filtrado la alinacion, que en el fondo no tiene nada que ver , pero ya sabéis esa sensación de ¿pero este de que va?

  7. Buen artículo.

    Personalmente, preferiría tener un central de los que sí han leído un manual de estrategia militar, pues seguramente tendríamos alguna que otra liga más en las vitrinas. Muchas veces he pensado que me gustaría saber cuántos puntos nos ha hecho perder Ramos con sus errores de bulto, penaltis y tarjetas rojas incluidas. Imposible saberlo a toro pasado, pero para esta temporada que empieza me he propuesto analizarlo cuidadosamente. No hay nada que me canse más que oír de boca de madridistas lo de "el mejor central del mundo cuando está centrado". Cuándo se supone que está centrado este jugador? Cuando marca dos goles de cabeza en una semifinal de Champions en Munich? Un central que no sabe tirar un fuera de juego ni defender en estático sin hacer falta, no puede ni jugar en el Madrid, ni mucho menos cobrar entre 8 y 10 millones netos por año.

    El tiempo dará o quitará razones, pero apostaría dinero a que este año a Ramos se le va a pitar en el Bernabéu en más de una ocasión. Espero equivocarme, pues eso querría decir que iremos líderes en liga con varios puntos de cómoda ventaja sobre el segundo de la tabla. De la renovación de Ramos ya no sé qué decir. Intento verla como una jugada para evitar un caso similar al de Khedira, en el que el jugador decide borrarse y reírse del club, a sabiendas de que no se podrá sacar un euro con su venta por el hecho de poder irse gratis en unos pocos meses. Sí, estoy haciendo un esfuerzo titánico por intentar ver el lado positivo de esta sospechosa operación.

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