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El extraño caso de los gigantes de Anfield

El extraño caso de los gigantes de Anfield

Escrito por: Itxu Díaz25 febrero, 2023
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Vi el partido en un bar de la localidad de la costa de Lugo donde pasaba unos días. Dos pantallas gigantes, no cabía un alfiler, y un madridismo general, tan puro como inesperado, tiñendo el ambiente de euforia merengue con acento gallego. Llegué tarde, lo que me permitió escuchar a los Deportes de la Cope cantando los dos primeros goles del Liverpool y sentenciando a toda la plantilla blanca, pidiendo la hora al árbitro y dando por perdida la temporada, y tal vez, descubriendo que el fútbol es una pasión bruta y sin sentido a erradicar. Admito que yo también tenía malas sensaciones, pero, al tiempo, mientras aparcaba el coche frente al bar y veía a través del cristal los fogonazos verdes del partido en las televisiones, se me pintaba una sonrisilla en la cara bastante impertinente, como de madridista en Champions.

Fue apoyarme en la barra y abrirme a la epifanía sensorial del primer sorbo de cerveza y empezar a cantar goles de los nuestros. En el primero, el tipo que tenía detrás, que estaba metidísimo en el partido, no pudo soportar la tensión contenida y, para celebrarlo, dando un salto de varios metros de altura, me hizo un mate de vóley playa con la palma sobre la espalda, seguido de un zarandeo festivo, agarrándome por los hombros, que culminó con un empujón igualmente festivo que me hizo atravesar el bar esquivando obstáculos, haciendo escorzos con el brazo para evitar derramar la cerveza. Acompañó su guantazo y zarandeo anónimo con el grito de “¡Ahí, joder, vamos Real hasta el final!” con un acento galaico-asturiano que me habría hecho mucha gracia si no me hubieran saltado por el aire varias vértebras. Al instante, ya recompuesto y serio, alzó la mano en señal de disculpas como un caballero, que ya en vez de un lunático parecía un oficinista de Correos al borde de la jubilación, pero le delataba el hecho de que aún le temblaban las enrojecidas orejillas. No te puedes enfadar, es madridismo. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?

Celebración Anfield

En mi último artículo en La Galerna expuse mi sesuda teoría del fútbol imprevisible de este Madrid, y me acojo a ella de nuevo para explicar lo que vivimos y disfrutamos el pasado martes. Y le añado una variante: la estatura. Tengo para mí que, contra el Liverpool, en un fenómeno que debería estudiar Iker Jiménez, los nuestros se convirtieron de pronto en gigantes, rozando con sus cabezas el cielo de Anfield, y haciendo que hasta los jugadores rivales más inspirados entraran en una suerte de pánico apocalíptico.

Pinchan en hueso los que intentan entenderlo acogiéndose a la lógica o las leyes de la naturaleza. No hay ningún entrenador rival que pueda prever que un mago como Vini Jr. se invente una ocasión de gol en una jugada en la que recibe un balón de espaldas, recién rebasada la línea del área, y acosado por siete defensores del Liverpool achicando su espacio. Ningún entrenador puede prever tampoco que el mismo jugador presione a la defensa y luego al portero, adivinándole el lado por el que intentaría jugar el balón, tras un colosal sprint desde el medio del campo. Igual que ningún entrenador puede prever que con un 2-4 en Anfield y en el minuto 65 de un disputadísimo partido de Champions, un loco de 37 años que dice que otea en el horizonte su retirada vaya a convertirse en una décima de segundo en una mezcla entre el increíble Hulk, el Correcaminos y el genio de Aladdín para sacar el balón de su campo y dar un pase de peligro inminente que acabaría siendo el quinto gol, gracias a nuestro Balón de Oro, a quien por el temple, la clase y la inteligencia con que sentó al portero, miró a los defensas despacito, y les dijo con los ojos eso de “ahí te la voy a poner”, deberían haberle galardonado con las Dos Pelotas de Oro.

Benzema Anfield

Fue, claro, la noche del mejor homenaje posible a mi paisano Amancio, que nació seis manzanas más allá de donde nací yo; ayer, recordando con coruñeses la gesta madridista del martes y recopilando viejas historias del Brujo, un hostelero me contó que, en las categorías inferiores, un jovencísimo Amaro –así le llamaban entonces en La Coruña- era el suplente y su padre el titular, hasta que su lesión definitiva y abandono propició en parte que el gran Amancio adelantara la eclosión del estrellato inconmensurable que más tarde nos regalaría por muchas décadas.

En fin, historias mágicas del Real Madrid. Salga como salga el resto de la temporada en Champions, por noches como la del martes en Liverpool todo habrá merecido la pena. Qué resaca tan dulce la de esa fiesta.

 

Getty Images

Itxu Díaz
Del mar. Journalist and writer. @amspectator @NRO @thedailybeast @WestJournalism @amconmag @gaceta_es @mundo_cristiano. A la venta/Order now: http://cutt.ly/DhcQJSf

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360 grados de campeón (It wasn't a fucking goal).

Recomendamos la lectura del fucking #Portanálisis de hoy y os deseamos que paséis un fucking great day.

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