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El dedo intangible

Escrito por: José María Faerna18 enero, 2019

Es casi un tópico narrativo que el papel del héroe se reserva en la épica moderna al que parece menos cualificado para ello. Dicho en castellano recto, Superman siempre es Clark Kent o siempre te saca las castañas del fuego aquel al que nadie mira o del que todos sospechan. Yo vi en mayo de 1971 a Pirri jugar una final de Recopa contra el Chelsea en Atenas con una muñeca rota. Se la había roto dos días antes en el primer partido de la final, que no se jugaba a doble vuelta, pero que hubo que repetir porque acabó en empate a uno y entonces no se estilaba todavía desempatar a penaltis. La escayola prolongaba elegantemente, sin solución de continuidad, la manga izquierda de su sagrada casaca blanca y en la niebla catódica del blanco y negro de la tele apenas se notaba. Tampoco se notaba en su rostro alargado, tenso y serio, como era propio en los jugadores de entonces, poco amigos de muecas, ni debió notarse en su rendimiento porque Muñoz le mantuvo en el campo los noventa minutos. Grande y Gento salieron por Manuel Bueno y Velázquez en el último tercio de partido para reforzar el ataque, aunque fue en vano porque se acabó perdiendo por dos a uno.

En esta jornada parece que Benzema va jugar con su dedo roto tras aplazar la posible operación. Al menos está entrenando con ese objetivo. Hay una bella continuidad minimalista, una especie de estilización, de la muñeca de Pirri al dedo de Benzema. Se diría que a nadie le sorprende que Pirri jugara con la muñeca rota y aun con las tripas fuera, pero Benzema, el indolente, el de la sangre de horchata, el que no mata ni muere, el gato con el que algunos se resignaban a salir de caza a falta de perro. Es el momento de decir que a otro perro con ese hueso. Clark Kent está aquí; puede que no lleve gafas ni escriba en el Daily Planet, pero es el contraejemplo perfecto de aquel proverbio ruso con que Josechu Biriukov ilustró a Juanma Iturriaga en un entrenamiento en que a este no le salían los tiros libres y le echaba la culpa a un balón mal hinchado: al mal bailarín los cojones siempre molestan. En esta temporada de momento aciaga –las temporadas en el Bernabéu son más largas incluso que los noventa minuti de Juanito–, Benzema está bailando como nunca sin que al parecer le estorben los dídimos ni los dedos, aunque los primeros se los rompa el sector intemperante de la afición y los segundos se los rompa el contrario. Su dedo es un maniculum, o sea, una manecilla, ese glifo tipográfico que figura una mano con el índice desplegado y que la imprenta heredó de los manuscritos medievales para llamar la atención sobre algo importante en un texto o para marcar un cambio de párrafo. Falta hace cambiar de párrafo este año de una vez y el dedo de Benzema nos está señalando el camino.

El caso es que los dedos sirven para tocar, que es lo que mejor hace Benzema, aunque lo haga con los pies. Parece contradictorio entonces que su dedo venga a convertirse, en el ecuador de la temporada, en el más valioso de los intangibles. El dedo de nuestro cabileño favorito es como los de Django Reinhardt, aquel belga manouche que compartía con él lengua y virtuosismo. Un incendio en su caravana le inutilizó dos dedos de la mano izquierda, pero no le impidió convertirse en el mejor guitarrista de jazz de todos los tiempos. Si los dedos ausentes de Django recrearon la Manoir de mes rêves, nosotros nos agarramos hoy al clavo ardiendo del dedo intangible de Benzema para construir la vitrina de los sueños eternos de la Decimocuarta. Que se acuerden los que tienen los dedos sanos, tangibles y bien untados en vinagre siempre prestos a acudir a los labios. Solo a ellos les pitarán hoy los oídos.

El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

9 comentarios en: El dedo intangible

  1. Pobre Benzema, el niño eterno que siempre jugaba a la sombra de sus mayores, el cambio obligado en todos los partidos, el gato para ir de caza cuando el perro no eran ni van Basten ni torpedo Muller, era Higuaín ese perro. Pobre Benzema ahora obligado a tirar de un carro desvencijado en solitario, jugando con lesión no por menor menos dolorosa y sobre todo bajo la lupa anhelante y angustiada de la afición que hace tiempo que por goleada entiende perder tres puntos.
    Pobre Real Madrid esperando el rescate de Benzema. Creo que me tomo la tarde libre.

  2. ¡Django Reinhardt! Ver jugar a Benzema es como escuchar "Nuages".

    (Y el mejor Benzema no se entiende sin el papel de quien dijo aquello de cazar con perros o gatos, que, al parecer, es una frase hecha portuguesa. Aquél que tanto castigaba a Benzema... poniéndolo de titular, como a Özil).

    1. La clavícula se la rompió en una final de Copa, el partido de la Recopa la jugó con el radio facturado... Enorme Pirri! Uno de los campos de la Ciudad Real Madrid merecía su nombre

  3. Mi gran pena es no haber descubierto antes este maravilloso bloc de La Galerna. Yo vi la celebre final de copa del Generalisimo contra el farsa arbitrada por Rigo y donde PIRRI me demostró lo que es un HOMBRE. Tambien recuerdo haberles contado a mis nietos cientos de partidos suyos y su honestidad. Como dijo el poeta (aunque no vuelvan las horas de esplendor en la hierva ni de la gloria en las flores Pirri permanece en el recuerdo.

  4. PIRRI, fué un heroe del Madrid, pero apenas se le reconoce, y de eso tien culpa la directiva, y cuanto jugadores de la talla de AMANCIO, pasaron por el Madrid, ninguo de los de hoy y con Cristiano incluido, le llegaba a las botas a aque habil y rapido regateador ademas de ser el único FIFO, español, me explico hizo una seleccion mundial la Fifa, y AMANCIO era el único español, pero tampoco se reconoce, lo mismo que a Pirri, fueron jugadores que han sudado la camiseta del Madrid, y no los chicos de ahora, que unicamente juegan por dinero, y por lucirse con artistas, en las revistas, eso es lo es el futbolista de hoy, salvo muy raras excepciones.

  5. En el año 89, Paco Llorente Gento, padre de nuestro actual Llorente, jugó contra el Milán todo pundonor con el brazo en cabestrillo. Curiosamente fue el doctor Pirri el que le hizo el vendaje para que volviera al campo.

    Y qué decir de Pirri, estuve en su homenaje, el Real Madrid contra la Selección Española, jugó un tiempo con cada equipo, un grandísimo que jamás será olvidado.

    Por cierto y de Iker qué, Arbeloa le rompe la mano y no le echa los huevos de Benzema, menudo moñas 😀

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