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El carácter es el destino

El carácter es el destino

Escrito por: Antonio Escohotado28 febrero, 2018
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Quizá porque el Espanyol invitaba a ello, me gustó del primer tiempo madridista la recuperación y los apoyos en tres cuartas partes del campo, como si un equipo jugase con doce, confirmando la capacidad de Kovacic para barrer y construir, mermada solo por pérdidas temerarias que remedió una presión bien coordinada. Achraf y Lucas brillaron por la banda derecha, no tanto Nacho e Isco por la izquierda, sin duda porque este último sigue en horas bajas.

Zidane advertía desde los primeros minutos del partido su disconformidad con el despliegue en ataque, allí donde el dominio se convierte en ocasiones, y la tele no me contó qué pudo seguir manifestando en la segunda parte, donde tomó la justificada decisión de sustituir a Isco. Pero ya daba todo lo mismo. Conté hasta 40 minutos de torpeza ininterrumpida, donde cada recuperación se devolvía al contrario, cada pase era una memez y cada regate un simulacro, con diez sujetos deambulando por el césped como pollos sin cabeza. Sin parecer un equipo temible, salvo por Gerard y Sergio García, al Espanyol le bastó jugar menos intimidado para que el Madrid se hundiera como un castillo de naipes.

isco sigue en horas bajas

Cuando el locutor mencionó lo difícil de motivarse ante una Liga ya perdida, caí en la cuenta de que ahí estaba el sentido de tanta pobreza futbolística, aunque lejos de justificarla remate un círculo vicioso. ¿Será posible que cobrar millonadas, y decepcionar a incontables aficionados, no baste para jugar con disciplina y entusiasmo cada minuto de los noventa y pocos comprendidos entre el silbato inicial y el final? ¿Será posible que el amor propio, y el sentido de responsabilidad, acaben siendo insuficientes para hacerlo hasta el límite de las fuerzas, sin el cebo añadido de una copa y sus medallas?

Desde el principio de la temporada insisto en que lo más difícil para el Madrid es digerir el hartazgo del ganador. Sin embargo, partidos como el de ayer no apuntan a eso, sino al temperamento de gente muy joven cuando su empeño y pericia les eleva a semidioses, sin ponerles a cubierto de la displicencia aparejada al superhombre por un día. Hora y media de empate a cero no bastó para que se asociaran como saben, y no porque todos los humanos seamos falibles, sino porque curtir el alma en la humildad del esfuerzo colectivo pide bastante más que preparadores físicos.

Compadezcamos a Zidane, y ojalá otros días no resalte tanto lo precario de todo ídolo.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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