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Danilo, el gato negro

Danilo, el gato negro

Escrito por: Antonio Valderrama31 enero, 2017
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Toda tripulación necesita un chivo expiatorio al que culpar por la tempestad que azota el barco. Es una tradición acendrada la de lanzar por la borda al marinero de quien se piensa está maldito. Así ha aplacado el hombre, hasta el siglo XX, lo que él creía sed de venganza de los dioses: ofreciéndole una víctima, sacrificándole al gafe, al proscrito, al pájaro de mal agüero, al gato negro, al albino. Al que, sin elegirlo, le cae encima la condición de gafe, puede darse por jodido, incluso en nuestros tiempos de racionalismo y ciencia.

Todavía en nuestra era sigue habiendo campos de la actividad humana que son auténticos refugios de chamanes, campos fértiles para la superchería y el animismo. La navegación, los toros y el fútbol son los más ricos en este cultivo incesante de la superstición. Dos de esos gafes, según la afición, se han puesto de acuerdo para torturar al Madrid en este comienzo de 2017: el parche de campeón del mundo, y Danilo.

A Danilo se le mira con retranca y con un puntito de ese alivio consolatorio que siente uno cuando en una habitación todo el mundo señala al gafe, y el gafe resulta ser otro. Es una mezcla de conmiseración, regocijo y reproche: hay que ver, este Danilo. Siempre conviene tener a mano un gafe o una maldición porque sirven para espantar preocupaciones mayores. También descargan la frustración de la derrota, son peleles adecuados, sacos que golpear con la conciencia tranquila y la seguridad de que no van a quejarse, y de que si lo hacen, ¡tendrá poca vergüenza! Danilo, con su cara de buena persona, con su porte de misionero franciscano en El Salvador, con su empeño en agradar y desquitarse ante la afición del Bernabéu, tiene toda la pinta de una ovejita de Norit.

Si hay jugadores a quienes la camiseta blanca agiganta hasta convertirlos en superhéroes, hay también otros con quienes surte el efecto contrario: los empequeñece, los achica, los jibariza. Danilo en el Oporto parecía un titán de la banda derecha, un coloso patilargo capaz de percutir y cambiar el sino de los partidos desde su carril convertido en autopista. En esencia, es el mismo mecanismo de sugestión funcionando en el sentido inverso: el ánimo del futbolista, despojado de la sobreestimación propia que da la confianza y el calor del público, aparece ante ochenta mil jueces implacables como un niño desnudo y temeroso, lleno de dudas, que ve fantasmas por todas partes.

Danilo no tiene cintura y eso es un pecado de difícil absolución para un defensa, cualquiera que sea su condición. Pero últimamente salta al campo, sobre todo en el Bernabéu, como uno de esos toreros a los que la afición no para de silbar, pidiéndole que se arrime más. Belmonte le contó a Chaves Nogales que la última vez que toreó con Joselito en Madrid éste le confesó en el callejón, oyendo al público encendido contra ellos almohadillas en mano, que hasta que un toro no los matara la gente no estaría contenta. Danilo parece temer más a un señor cualquiera con bigote, gorra y bufanda de los que están sentados en las tribunas de Chamartín que al extremo del rival, y ese es el camino más corto de los que llevan a los futbolistas a la enfermería.

Pero Danilo no deja de ser jugador del Real Madrid. Aunque el manto protector del estadio no lo arrope como a los demás, sobre su cabeza debe recaer algo de ese sentido de familia que vincula a los futbolistas con su hinchada; es la conexión más primitiva que existe, la que se establece entre los miembros de la tribu y sus soldados. Cuando un campo pita a sus propios, algo difícil de expresar se rompe en el equipo. Sus consecuencias son evidentes: predisponen al equipo al error y con ello a la grada al claxon, y el círculo se alimenta, siendo el contrario el único que se beneficia de una situación antinatura, semejante a la imagen que se da a veces en la naturaleza y que tanto nos espanta cuando la vemos en los documentales, de una madre devorando a sus criaturas.

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

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