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Cuando el antimadridismo es el ejemplo

Cuando el antimadridismo es el ejemplo

Escrito por: Pepe Kollins25 febrero, 2019
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Sucedió el año pasado tras una polémica jornada de Liga. Tras revisar los comentarios en Twitter reparé en un hecho, que no por habitual dejó de llamarme la atención: las aficiones de los tres equipos favoritos (Barça, Real Madrid y Atleti) mostraban su indignación por lo que consideraban un robo hacia su equipo en favor de sus dos competidores. Dado que esta indignación tenía un carácter mayoritario en los tres frentes, no hacía falta ser Pitágoras para comprender que ahí fallaba algo.

¿Realmente vemos lo que queremos? Todo indica que sí. Incluso es posible que la percepción difiera sin que medie una preferencia concreta como así sucede, casi cada jornada, con jugadas analizadas con todo detenimiento por muchos ex colegiados que ven de forma diferente lo revisado. Cómo no iba a cambiar la percepción para un aficionado que se mimetiza con su equipo y que se ve impelido a defenderlo del mismo modo que hace una madre cuando su cría está en peligro.

Hay muchas jugadas dudosas que admiten tantas interpretaciones que es razonable que afloren posturas contrarias. Menos justificable parece que frente a esas jugadas mostremos una actitud tajante que no concede margen a otra versión. Lo vimos ayer con el penalti pitado a Casemiro contra el Levante o contra el Atleti en la jugada del penalti a Vinicius. Si en el Calderón los atléticos aseguraban que el penalti fue, sin género de dudas, fuera del área y los madridistas afirmaban, sin riesgo a equivocarse, que fue dentro, ayer se produjo otra disputa entre los que categorizaban que lo de Casemiro era penalti indiscutible y los que sentenciaban que era inexistente.

La jugada de ayer recordó mucho a la que sucedió durante las semifinales de la Champions League entre Real Madrid y Barcelona protagonizada por Pepe y Dani Alves. Dada la trascendencia que tuvo en la eliminatoria, la mitad del país veía claramente una cosa y la otra, la contraria. Lo cierto es que lo único que se puede afirmar con rotundidad sobre todas esas jugadas es que no están claras. Pero reitero que es comprensible que el ánimo de supervivencia del aficionado lleve no solo a decantarle por los suyos sino a radicalizar su postura, máxime cuando los medios agitan el debate, como aquel presentador de programa de televisión nocturno que afeó a su realizador por meter, nada más comenzar, una toma que clarificaba un lance polémico porque “le había dejado sin programa”.

Lo cierto es que lo único que se puede afirmar con rotundidad sobre todas esas jugadas es que no están claras.

Otra circunstancia diferente es cuando una jugada que la televisión percibe nítidamente es negada por aquellos a los que la obviedad les perjudica. Ayer, incluso, hubo quien aprovechó la polémica para comparar lo de Casemiro con la última jugada de la final de la Copa del Rey de baloncesto cuando, más allá de tratarse de deportes diferentes, eran supuestos muy alejados desde la perspectiva del acierto arbitral. La protagonizada por Randolph y Tomic era una jugada que revisada en video no era discutible. Las anteriormente citadas, después de varios días de revisión, ángulos de cámara de toda índole y ampliación de la imagen mantenían el debate abierto.

Negar lo obvio, por tanto, va más allá de defender a tu favor, hasta con uñas y dientes, lo que es ambiguo. Ayer, por ejemplo, el antimadridismo seguía reclamando en redes sociales, después de varias tomas clarificadoras, que el primer penalti del Levante era injusto. Y aquí topamos contra otra actitud completamente diferente: cuando se defiende lo propio aun a sabiendas de que no es cierto. Ayer, sin ir más lejos, aficionados madridistas en Twitter criticaban a aquellos seguidores blancos, a los que tildaban de “buenistas”, por opinar que no coincidían con la sanción que finalmente favoreció a su equipo, pero no porque la imagen no ofreciera dudas, sino porque, según ellos, nunca, ni aun cuando las imágenes fueran manifiestamente claras, había que manifestarse en contra de los intereses del Real Madrid.

Esa propuesta en contra de la realidad a mí se me antoja inaceptable. Sí, es cierto que muchos aficionados rivales hacen lo propio. Tan verdadero como que el criterio de los medios de comunicación cuando se da un error, hacia un equipo o hacia otro, no tiene nada que ver. El doble rasero de la prensa es manifiesto en contra de los intereses madridistas. A la vista está el trato que se le da, en situaciones similares, al Real Madrid y al Atlético. El corte de mangas de Gareth Bale es vilipendiado en la misma medida que el agarre de genitales de Simeone es pasado por alto o directamente reído como una gracia. Se censura gratuitamente a una grada de animación ¡por animar! y se silencia a la que llama violador a un futbolista pero mostrando una mayor independencia, la suficiente como para haber asesinado a dos personas.

Por no decir esa tesis tan extendida de que los madridistas no nos podemos quejar, defendida en ocasiones por periodistas – con tanta frecuencia atléticos – que, con unas ínfulas de la proporción de su complejo deportivo, censuran las mismas actitudes, de bufandeo, que luego ellos no tienen ningún reparo en replicar cada vez que se sienten agraviados.

Pero, aun así, sin aceptar ninguna de esas corrientes - ni el baremo parcial de la prensa, ni la renuncia al legítimo derecho a protestar -, es decir, sin poner la otra mejilla, sigo considerando inasumible el defender lo que se percibe como una falsedad, partiendo de la base de que Real Madrid y verdad no pueden ser conceptos antagónicos para un madridista.

sigo considerando inasumible el defender lo que se percibe como una falsedad, partiendo de la base de que Real Madrid y verdad no pueden ser conceptos antagónicos para un madridista.

Hay aficionados que me argumentan que esa objetividad nos pone en desventaja con respecto a los otros que sí asumen estas conductas sin tapujos, por no decir que, en su opinión, también blanquea un escenario arbitral hostil.  Pero no comparto dicho criterio. No hace falta mentir para justificar la tendencia del arbitraje en los últimos años.  Aunque tampoco considero – como sí manifiestan muchos - que haya un complot organizado por parte del colectivo arbitral, sí que considero que hay – y siempre ha habido – tendencias en el arbitraje – dirigidas sibilinamente desde arriba - y solo hace falta acudir a las estadísticas - desde el año 2004 en que Joan Laporta y, sobre todo, Joan Gaspart auparon a la presidencia de la Federación a Ángel María Villar – para comprobar quién ha sido el equipo más favorecido, hasta en una proporción grotesca, y que posición ocupa en dichos balances el Real Madrid. Por lo tanto ¿qué necesidad hay de decir que una cosa es la que nuestros ojos no ven?

Si el antimadridismo es generalmente hipócrita en su proceder no cometamos el error de tomarlos como ejemplo. Porque eso, a la larga, sí deslegitimará las razones que ahora tenemos.