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Validando al nuevo Real Madrid

Validando al nuevo Real Madrid

Escrito por: Angel Ruiz25 febrero, 2019
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En un día indeterminado de 1.995, el diario Marca amaneció con Julen Guerrero y el Real Madrid en su portada. Era el segundo año de Valdano como entrenador del equipo, y el carismático y talentoso jugador bilbaíno parecía el fichaje perfecto para conquistar al aficionado y elevar el nivel competitivo. Poco importaba la mermada situación financiera del Club -la cláusula de rescisión de Guerrero superaba los 1.000 millones de pesetas- o la nula sensación de estrategia empresarial. El aficionado prefería soñar a pensar. En aquel Real Madrid, el Core Business era jugar el siguiente partido. Lo que pasaba en las oficinas -incluso si éstas existían- era algo lejano al debate futbolístico. Han pasado muchos años, y todos sabemos que Julen Guerrero se quedó en el Athletic de Bilbao, y que los jugadores que llegaron aquel año fueron Juan Eduardo Esnaider, Miquel Soler y Freddy Rincón. La realidad se impuso al esbozo de plantilla que llevábamos en el bolsillo, y que nos había impedido medir con sentido común los límites financieros de aquel Real Madrid.

Durante muchos años, ha sido habitual entre el aficionado medio aislar la política de fichajes de las posibilidades económicas o la estrategia empresarial del club. Cada verano se parte de cero, se mira al mercado, y se buscan consensos para fijar el precio de aquellos jugadores a los que queremos ver en nuestro equipo. Damos por hecho que el Chelsea va a vender a Hazard por 120 millones, o que el Tottenham traspasaría a Kane por otros 100 millones más Bale. Ese aficionado consigue cerrar preventivamente un verano inmejorable, con una inversión neta asumible y una mejora competitiva innegable. En septiembre, ese mismo aficionado se frustra y no entiende qué ha pasado. Era todo tan evidente, que todos lo vieron menos el Club. ¿Nadie pensó que no se pudo, como en 1.995, o que sencillamente no se quiso porque había una estrategia en el Club alejada de la lógica del aficionado?

Durante muchos años, ha sido habitual entre el aficionado medio aislar la política de fichajes de las posibilidades económicas o la estrategia empresarial del club.

Cuando Florentino Pérez llegó al Real Madrid por primera vez había una enorme preocupación sobre la situación financiera del Club, centrada esencialmente en el elevado nivel de endeudamiento que soportaba la institución. El mundo del fútbol carecía de la perspectiva del ecosistema deportivo actual, mucho más profesionalizado y con lógicas empresariales rigiendo en el día a día. Centrándonos en el Real Madrid, la sensación imperante era que el principal problema era el endeudamiento acumulado. Se hablaba mucho más de lo que se debía que de lo poco que se ingresaba. Un análisis más profundo habría descubierto debilidades que eran indetectables en el debate de brocha gorda. El Madrid tenía, en el corto plazo, la necesidad de reducir su deuda; pero no podía pensar en el largo plazo sin afrontar algunos retos inaplazables: recuperar el valor de su marca, explorar vías de ingresos que permitieran transformar el déficit en superávit, convertir al Club en una empresa sostenible, e impedir su reconversión en Sociedad Anónima.

Una de las primeras apuestas de Florentino Pérez fue tan intensa como desconcertante. En los dos primeros años de su mandato llegaron Luis Figo y Zinedine Zidane por 60 y 72 millones de euros. La lógica, inaudita en su momento, hablaba de invertir mucho -que no gastar- para acabar ganando dinero. El planteamiento revertía las definiciones clásicas de lo que era caro y barato, a través del juego de espejos que enfrenta al corto plazo con el largo. Lo que el ecosistema futbolístico no vio entonces fue una estrategia que iba más allá de fichar al mejor jugador posible. Ésta abarcaba desde la renegociación de contratos con proveedores y el reparto de derechos de imagen de los jugadores, hasta la reconstrucción e internacionalización de una de las marcas con mayor potencial y alcance de todo el mundo. No sólo se trataba de fichar para jugar mejor y ganar. Se trataba de incorporar activos que garantizaran la sostenibilidad del Club y su permanencia en la élite. Han pasado casi 19 años desde entonces y, asumiendo que hubo errores en su aplicación, podemos dar por validado un modelo de éxito que ha sido estudiado en escuelas de negocios y asimilado -por no decir replicado- por algunos de los principales rivales del Real Madrid.

No sólo se trataba de fichar para jugar mejor y ganar. Se trataba de incorporar activos que garantizaran la sostenibilidad del Club y su permanencia en la élite.

En 2019, el contexto es distinto, y el Real Madrid también lo es. De las miserias económicas de antaño hemos pasado a hablar de una situación financiera envidiable, con hitos como los 750,9 millones de euros con los que el Club ha liderado la clasificación mundial de ingresos del pasado ejercicio. Durante los últimos años, al entorno se han incorporado nuevos y poderosos actores. Algunos de los principales rivales del Real Madrid tienen a grandes fondos de inversión y fortunas liderando su estructura accionarial y aportando ingentes cantidades de capital. Son clubes a los que el Madrid aún domina en el terreno de los ingresos, pero con los que puede resultar extremadamente difícil competir cuando se trate de fichar a los mejores futbolistas del mercado. En este contexto claramente inflacionario y lleno de incertidumbre, el Real Madrid ha optado por cambiar radicalmente su modelo estratégico atacando el mercado en etapas más tempranas de formación. Se vuelve a la lógica del “caro jugador barato”: Vinicius o Rodrygo son vistos como jugadores caros desde la óptica de su edad, pero pueden llegar a ser baratos si incorporamos la variable, incierta hoy, de posible ahorro futuro. La pregunta clave no es “cuánto valen hoy”, sino “cuánto pueden valer mañana”. Piensen en cuánto costó Vinicius y cuál es su valor actual. Esta estrategia contribuye a la sostenibilidad del presente, contiene partidas críticas como la masa salarial y permite destinar más recursos a inversiones inaplazables, como la reforma del Santiago Bernabeu, tal vez la única con potencial suficiente como para generar ingresos adicionales que permitan al Madrid seguir en el primer escalón deportivo a nivel mundial.

El análisis de los dos modelos nos permite llegar a algunas conclusiones:

1 – El Real Madrid lleva años integrando su estrategia deportiva en la empresarial. Con la idea de mantener siempre un equipo suficientemente competitivo, los contextos han necesitado de actuaciones diferentes. Hace 19 años, la necesidad principal era construir una marca capaz de multiplicar sus ingresos y acabar con el recurrente déficit que lastraba las cuentas del Club. Ello precisaba ir al mercado y fichar a los mejores. Hoy, contamos con una marca ya consolidada -será interesante realizar un seguimiento a los ingresos del primer año sin Cristiano Ronaldo- y la prioridad es garantizar su sostenibilidad.

2 – El Real Madrid contemporáneo sólo podrá competir con sus rivales si es capaz de detectar talento en etapas cada vez más tempranas. Ello exige medios, determinación y jugar con lógicas cercanas al capital riesgo. Es un camino difícil, aún en fase de validación, pero parece el único posible en el panorama futbolístico actual.

3 - Hace 19 años, se miró a los jugadores y se replanteó su definición clásica. Además de deportistas de élite, se vio en ellos a activos con una altísima capacidad de generar ingresos. Hoy se ha hecho lo mismo con el estadio. Es un activo capaz de multiplicar su rendimiento, y para ello necesita de una reforma estratégica y esencial para el futuro del Club. Esto debe ser considerado tan prioritario como seguir teniendo el mejor equipo posible.

Hoy tenemos la perspectiva suficiente como para mirar 20 años atrás y saber que se hizo lo correcto. También sabemos que, en su momento, no todos lo entendieron. Es posible que necesitemos otros 20 años para valorar si la estrategia actual es o no acertada, pero por lo pronto, si me lo permiten, diré que lo parece.