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Cría cuervos

Cría cuervos

Escrito por: Pepe Kollins20 enero, 2020
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Cuando Martínez Munuera anuló el gol de De Jong, por falta de Gudelj a Militao, no me sorprendí con la reacción de Lopetegui en la banda. El vasco parecía muy airado, pero nada que no se corresponda con alguien al que le acaban de anular un gol que le pone por delante en un partido tan importante como el que estaba disputando su equipo.

Además, no se puede ignorar que Lopetegui volvía al Bernabéu donde, no hacía mucho, había vivido su particular calvario. Con independencia de si consideramos que su destitución fue acertada, o no - tanto en el fondo como en la forma -, lo que sí parece evidente es que ese partido no suponía uno más para el actual técnico del Sevilla. Apenas un año antes, había renunciado a su deseo de disputar un Mundial por poder sentarse en el banquillo local de ese estadio, pero el sacrificio solo le sirvió para dirigir al conjunto madridista diez jornadas. Demasiada frustración acumulada a la que se sumaba, en ese preciso instante, el gol anulado por el colegiado. Su reacción era la propia de una persona superada por las emociones, como le hubiera pasado a otro cualquiera.

Ahora bien, cuando se dieron a conocer por televisión las imágenes de Lopetegui dirigiéndose al túnel del vestuario, tras el final de la primera parte, mi impresión y mi consideración hacia el técnico de Asteasu, cambió por completo:

-¡Es una vergüenza! ¡Siempre igual! -. Se le escuchó gritar con rabia.

-¡Es una vergüenza! ¡Siempre igual! -. Se le escuchó gritar con rabia.

A priori, la escena podría parecer la continuación de lo descrito anteriormente. Pero para nada es así. Que se refiriese como “una vergüenza” a la decisión del árbitro quizás sí se puede encuadrar dentro la impotencia que en ese momento le dominaba. Pero esa segunda observación, “¡Siempre igual!”, no era una emoción referida a unos hechos recientes – el gol y su anulación – sino a una apreciación que excedía a lo sucedido el día en cuestión.

“¡Siempre igual!” significaba que Lopetegui entendía que esa situación, para él vergonzosa, no era la primera vez que sucedía. “¡Siempre igual!”, era la proclamación de que ese hecho era recurrente en el tiempo. Pero ustedes, como yo, se estarán preguntando ¿siempre igual que cuándo? ¿Se refería Lopetegui a que esa circunstancia se daba a menudo entre ambos clubs? ¿A caso que la gozaba con frecuencia el Real Madrid? ¿O que la padecía persistentemente el Sevilla?

“¡Siempre igual!” significaba que Lopetegui entendía que esa situación vergonzosa no era la primera vez que sucedía. “¡Siempre igual!”, era la proclamación de que ese hecho era recurrente en el tiempo.

Dado que la única vez que Lopetegui se ha enfrentado al Madrid como entrenador, fue en la ida de esta misma temporada en el Sánchez Pizjuán y en ese encuentro no se produjo ningún hecho polémico y dado que el Sevilla no parece haber sufrido en demasía las iras del VAR en este curso (como refleja la clasificación del campeonato si no se hubiese computado la intervención de dicha asistencia, y según la cual sería octavo en vez de cuarto), hemos de concluir que el técnico vasco se refería a que consideraba que el equipo blanco “siempre” es beneficiado en estas situaciones.

En otras palabras, como Lopetegui carece de antecedentes personales deportivos para hacer uso de esa expresión, está asumiendo como propio el discurso del antimadridismo más radical, de aquellos que consideran que hasta en el periodo de Ángel María Villar (en el que saldo arbitral ha sido grotescamente negativo contra el Real Madrid desde una mera perspectiva estadística) el equipo blanco ha sido el gran beneficiado.

Sorprende esta posición en alguien que se presentó en el palco del Bernabéu llorando por la emoción de “volver a casa”. Por alguien que ha sido testigo durante cuatro meses, como entrenador del Real Madrid, de cuáles son las tendencias arbitrales hacia el conjunto madridista y su máximo rival en la actualidad. Nunca durante ese periodo vimos abrir la boca a Lopetegui cuando los colegiados nos perjudicaron. Jamás.

testigo durante cuatro meses, como entrenador del Real Madrid, de cuáles son las tendencias arbitrales hacia el conjunto madridista y su máximo rival en la actualidad. Nunca DURANTE ESE periodo vimos abrir la boca a Lopetegui cuando los colegiados nos perjudicaron.

Tampoco le aplacó el recibimiento afectuoso del Bernabéu hacia su persona el sábado, circunstancia que reconoció en rueda de prensa: "Siempre se agradece y me he sentido querido. He estado aquí y ese cariño hay que agradecerlo", pero que no le privó de sentenciar que “¡Siempre igual!”.

No menciono su calidad de canterano como otra paradoja frente a esa pulsión antimadridista, pues, en ocasiones, parece casi el motivo que la propicia. Hay una tendencia muy frecuente entre los canteranos salidos de Valdebebas a significarse contra el Real Madrid una vez han roto lazos con el club blanco. No son todos, pero si los hay muy destacados como Juanfran, Morata o Parejo. Entendemos que en la necesidad de distanciarse con el “enemigo declarado”, por ellos, se acentúan estás dinámicas. Ahí tienen, sin ir más lejos, el ejemplo de Niko Mirotic.

Tampoco es la primera vez que un entrenador del Real Madrid carga tras su marcha, contra la entidad o quienes la dirigen. Expresaron sus reproches Capello, Del Bosque, Pellegrini, Benítez, Ancelotti… y curiosamente, solo uno, transcurridos los años, se ha mantenido completamente leal con el club y quienes le dieron la oportunidad. Precisamente, el más vilipendiado por la prensa. Honor a don José.