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¿Cómo no te voy a creer?

¿Cómo no te voy a creer?

Escrito por: Paul Tenorio11 marzo, 2022
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Nunca he comulgado con los tópicos. Tampoco en el fútbol, que no le debe nada a nadie. En el que sí hay rival pequeño. En el que aunque jueguen once contra once, las fuerzas pueden estar muy desequilibradas. En el que Messi, y a los hechos me remito una vez más, hace un par de años que ni aspira a estar entre los mejores del mundo. En el que los penaltis no son una lotería. Pero, de entre todos los topicazos balompédicos, uno de los que me ha generado siempre más escepticismo es ese que explica una victoria por el peso del escudo y el brillo de la camiseta. Como si fueran el traje de un superhéroe. Y ese es precisamente el que se le suele endosar al Madrid cuando no se acierta a dar con las claves de alguna de sus sorprendentes victorias.

Hasta la noche del 9 de marzo de 2022, siempre había encontrado explicaciones futbolísticas a esos triunfos épicos, contra todo pronóstico. La Séptima, por ejemplo, se conquistó porque se juntaron en un mismo equipo Illgner, Roberto Carlos, Hierro, Panucci, Redondo, Seedorf, Raúl o Mijatovic. No fueron el peso del escudo ni el brillo de la camiseta, cuyo poder de intimidación en Europa había ido languideciendo durante 32 años. Una vez roto el maleficio, dado ese primer paso, siempre el más difícil y decisivo en cada expedición, todo fue más fácil en La Octava, con refuerzos del nivel de Casillas o Anelka, y con los Figo, Makelele o Zidane vendría La Novena.  El Madrid era el mejor de Europa esos años, había roto sus cadenas, el vestuario había ganado confianza, se había sacudido sus fantasmas y había reverdecido laureles. Y un éxito fue llevando al siguiente. Siempre es así.

Algo similar ocurrió con las cuatro Champions en cinco años. Tras la Décima llegaron tres seguidas. Se superaron momentos muy delicados ante Juve, Wolfsburgo, Bayern o Atlético de Madrid, en los que “el escudo y la camiseta” parecían haber hecho el trabajo. Pero uno siempre sospechó que eran más bien los Modric, Casemiro, Cristiano, Ramos, Marcelo, Benzema y compañía quienes, además de ser futbolistas legendarios, ya sabían lo que era ganar. Ya habían transitado por allí, sobre esas arenas movedizas que son los momentos decisivos de la Champions y que suelen devorar al advenedizo. Siempre intuí, erróneamente, que ese intangible que te hacía ganar incluso cuando no tenías tu mejor noche venía exclusivamente de esa experiencia acumulada que te rebaja las pulsaciones cuando a tu bisoño rival se le desboca el corazón, se le sube a la garganta y todo le sabe a una sangre que un lobo alfa como el Madrid puede oler a kilómetros.

Trasladémonos a esa segunda parte mágica ante el PSG. En el campo estaban Courtois, Militao, Valverde, Camavinga, Vinicius y Rodrygo... medio equipo que no sabe lo que es ganar una Copa de Europa y a quienes tampoco se lo han contado sus padres en casa. ¿De dónde vino el conjuro, entonces? ¿De un estadio en obras, sin estar al 100% de su capacidad y, todo hay que decirlo, sin entrar en combustión hasta que el gran Karim Benzema logró el primero de sus tres goles? ¿De los citados escudo y camiseta? ¿Se les apareció el espíritu de Bernabéu en el descanso para darles una de sus “santiaguinas”? Porque es innegable para cualquiera que viera el partido que lo ocurrido trasciende todo análisis técnico-táctico para adentrarse en terreno de lo místico, lo irracional y lo emotivo. El Madrid estaba muerto y el PSG sabía que era cuestión de tiempo marcar el tercero y ponerle el lazo al encuentro. Se habían jugado tres partes de 45 minutos en la eliminatoria y un equipo fue muy superior al otro en todas ellas.

¿De dónde vino el conjuro, entonces? ¿De un estadio en obras? ¿Del escudo y camiseta? ¿Se les apareció el espíritu de Bernabéu en el descanso para darles una de sus “santiaguinas”?

Obviamente hay explicaciones futbolísticas a la remontada del Real Madrid que es justo considerar. Siempre las hay. La entrada de Camavinga por Kroos en la segunda mitad le dio al Madrid un plus físico indispensable para imponerse en el fútbol moderno. Modric, flanqueado por dos jóvenes pulmones (y peloteros) como Valverde y Camavinga, se agigantó respecto a la primera parte. Sólo con una buena dosis de energía en el once, la que aportan también jugadores como Vinícius, Rodrygo o Militao, sumada al talento, se puede hoy día competir contra los mejores equipos de Europa. Probablemente Ancelotti haya tomado nota y decidido que la CMK ya no puede seguir siendo inamovible.

Y hay otro apunte táctico a valorar, el cambio de Rodrygo por Asensio. Apuntaló al Madrid no sólo en ataque, sino también en defensa. En la primera parte el balear, como en él es habitual, se metía por dentro, sin ensanchar el campo ni dar profundidad. Son sus características, no se le puede ni debe pedir otra cosa, independientemente de que no estuviera acertado. Esto obligaba a Dani Carvajal, muy desacertado en cuanto a la toma de decisiones, a ser extremo, a atacar él la profundidad por esa banda diestra. Y a su espalda quedó un agujero negro al que el cósmico Mbappé estuvo a punto de arrojar a su Madrid. Rodrygo, sin embargo, sí abría el campo por la derecha, con lo que Carvajal (y después Lucas Vázquez) pudo jugar con menos altura, guardando su espalda y atando más en corto a Mbappé. Es de ley reconocerle a Ancelotti una buena lectura de la situación en el descanso, cuando me atrevo a decir que ni cien madridistas en todo el planeta albergaban grandes esperanzas en poder darle la vuelta al 0-2 agregado.

Rodrygo Camavinga y Neymar

Son estas dos razones por las que, en lo puramente relativo al juego, el Madrid mejoró tanto en la segunda parte. Aunque el pase a cuartos no se logró únicamente en esa media hora final. Primero hubo que resistir 150 minutos agónicos, especialmente los 90 de París, donde los galos pudieron cambiar el curso de la historia. Pero el Madrid aguantó en pie donde muchos otros, sin querer mencionar únicamente al Barça, porque son realmente muchos otros, habrían capitulado. Este es uno de los secretos de la Copa de Europa: sobrevivir. Competir en esos momentos de debilidad por los que, irremediablemente en un torneo donde te enfrentas a los mejores entre los mejores, vas a tener que pasar. Y al Madrid eso de sobrevivir se le da de cine, su leyenda en Europa no responde sólo a esos arrebatos con los que pone al enemigo del revés. Ha sublimado esa capacidad a lo largo de las décadas que hasta la persona más reacia a dedicarle piropo alguno, Xavi Hernández, se lo reconoce. Y el pasado miércoles lo volvió a hacer. Tuvo el carácter, la fe, la resiliencia, la competitividad necesarias para no hincar la rodilla cuando sentía punzante la espada rival en el pecho. Justo lo que le faltó al PSG, que tras el error de Donnarumma (o acierto de Benzema, que no por casualidad ya se ventiló en 2018 a Bayern y Liverpool robándole la cartera a sus porteros Ulreich y Karius), se vino abajo como jamás puede hacer un equipo mentalmente poderoso. Como un equipo cualquiera. Ahí estuvo la gran diferencia entre unos y otros. Los petrodólares pueden comprar (y tener en nómina) a Messi, a Ramos, a Verrati o a Neymar. Pueden incluso rechazar 200 millones por Mbappé a un año de terminar contrato e irse gratis al Madrid, decisión con la que no podrá estar más satisfecho tras conocer en primera persona el paraíso en el que va a vivir el resto de su carrera futbolística. Pero lo que no se puede comprar es la grandeza ni la historia.

Los petrodólares pueden comprara Messi, a Ramos, a Verrati o a Neymar. Pueden incluso rechazar 200 millones por Mbappé. Pero lo que no se puede comprar es la grandeza ni la historia

Y, como decíamos, ¿de dónde puede venir todo esta mística, si ninguno de los jugadores ayer en el campo había nacido aún en la época de las grandes remontadas, y la mayoría de los que estaban sobre el verde no tienen ni siquiera una Copa de Europa en su vitrina personal? ¿Es la camiseta blanca la que inocula el ADN Real Madrid al que se la enfunda a través de su piel? No me lo parece. Más bien puede ser, buscando una justificación racional a lo que seguramente escape a toda lógica, que los Modric, Casemiro, Carvajal, Kroos, Benzema y compañía han sabido inculcar a los nuevos lo que ellos ya habían interiorizado. Que es lo que les explicó Ramos, a quien se lo contó Raúl, que lo aprendió de Michel, que a su vez lo sacó de Juanito y Camacho, y así nos remontamos a las Copas de Europa en blanco y negro, a Di Stéfano, a Gento, a Puskas y a todos esos que desde el quinto anfiteatro disfrutaron con media sonrisa dibujada en el rostro todo lo que iba sucediendo sin perder nunca la calma, como el que ya sabe que el desenlace final no puede ser otro. Y de ahí creo que viene ese espíritu insólito que hace del Real Madrid una entidad deportiva temible, legendaria, irreductible como ninguna otra en el mundo. Y como el PSG no tiene ese espíritu ni nada que se le parezca, se descompuso en mil pedazos una vez le vinieron mal dadas como un jarrón de porcelana arrojado contra el suelo. Y el Madrid acabó con ellos en un arreón de intensidad sísmica. A los franceses les cayeron encima en diez minutos los 120 años de fútbol blanco, sus 13 Copas de Europa y el hechizo del miedo escénico.

Sí, definitivamente pienso que el Madrid deslumbró al equipo francés con el brillo de su camiseta y lo aplastó ayudado en gran parte por el peso de su escudo. Que no ganarán partidos por sí mismos, pero empujan, ayudan y juegan.

¿Cómo no lo voy a creer?

 

Getty Images.

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Unas líneas sobre mí, literalmente: Todos los periodistas deportivos tenemos bufanda, sólo que algunos al cuello y otros en los ojos. Periodista, portero de fútbol y casi guitarrista. Prefiero preguntarme los porqués que los qués. A caballo entre Real Madrid TV, El Chiringuito de Neox y La Razón. @paul_tenorio @elfutboscopio Madrid-Avilés-Las Vegas.

17 comentarios en: ¿Cómo no te voy a creer?

  1. Gracias, Paul Tenorio! Los periodistas del futuro ya conocen el santo grial origen de la mística merengue: quede grabado en piedra este artículo y, con cualquier línea de las esculpidas, escriban el siguiente cuando llegue su momento. Que llegará.
    Me quito el cráneo!

  2. Yo diría que el, en ocasiones, tan denostado nivel de exigencia tiene algo que ver. Nos tocó el PSG después de un sorteo vergonzoso y nadie en el club se quejó de nada, tampoco los aficionados. Nos enfrentamos a un club inflado artificialmente con cientos de millones procedentes del petróleo y nadie lo vio como algo imposible. Nos faltaban Mendy y Casemiro para el partido de vuelta y no hubo quejas ni lamentos. En el Madrid no hay excusas. Mientras los demás lloran nosotros competimos. Esa es la diferencia.

    1. Me parece ,David , que has puesto el dedo en una herida que afortunadamente no fue letal.
      Es un aspecto que apenas se ha destacado y es muy oportuno que lo traigas aquí . Hay "casualidades" que huelen muy mal.
      Nos faltaban para el día de autos esos dos jugadores que citas y todo aficionado que esté atento a la información deportiva sabía que estaban "apercibidos".
      Menuda casualidad . Las dos primeras tarjetas del partido fueron para estos dos y el árbitro demostró su energía al ejecutarlas . Esta era una de las razones del pesimismo ante el encuentro de vuelta. Después, la semana de duda sobre nuestro Mariscal de Campo . Al final jugó , jugándosela. Con dos titulares anulados y el Cerebro ( así le llamaban a Velázquez ) tocado.
      Ni por esas.

  3. Decir que la decadencia de Messi es cosa de un par de años es obviar la realidad.
    Hay un sector del madridismo que se cree la propaganda surrealista de la manipulación sistemática.
    Con perspectiva se podría hablar de complejo de inferioridad ante un supuesto ser superior impuesto por decreto. Un complejo de Estocolmo como una catedral que avanza deglutiendo la razón.
    Por favor, Messi lleva fracasando en la Copa de Europa desde 2 .015.
    No es una derrota como la que sufrió en plena tempestad y en sus carnes Zidane .En la última edición , a un gol de no perder todavía el tren. Precisamente ante el campeón, que lo fue después.
    Nada que ver con derrotas sonrojantes. Acompañadas de la coba que acumula y traga con gusto el aficionado que paga carnet , abono , entradas, derecho a retransmisión en casa o bar ( consumición incluida) por ver al " mejor ". Lo triste es que con los datos en la mano el supuesto mejor lleva siete años cobrando como nadie y los resultados , dejando a un lado la propaganda , son deprimentes.
    Hoy se puede leer las críticas que arrastra su paso por Francia. Cuando lleva sólo unos meses y ya tiran de la manta. Andando se hace camino. Ya tienen suficiente anomalía con aguantar las ausencias de todo tipo de Neymar.
    Messi era una máquina metiendo goles , consiguiendo trofeos importantes y levantando un club que estaba casi huérfano en realidades internacionales de verdad. Su presencia cambió el Barcelona para mejor , incluso para Guardiola que pasa por ser un gran entrenador. Un entrenador que no se estrena en Europa desde su divorcio con Messi y que sigue su estela de triunfos regionales . Aunque por trabajo no se le discute , trabaja más que nadie, calienta pero todavía no quema.
    La realidad nos lleva hoy a un entrenador a quince puntos del Barcelona . Con un Barcelona
    que vive un romance con otro entrenador fuera de la Copa , de la Supercopa, de la Liga, de la Copa de Europa y perdiendo en casa en la antigua Copa de la UEFA con un equipo que se pierde en la tabla de un país que no es precisamente la élite del fútbol.
    Antes de la proeza del Bernabéu , el que se estaba jugando el puesto era Carletto. La puntuación que se le da a Carletto tras ese encuentro es de cuatro sobre diez. Habría que pensar que todo fue mérito de los jugadores y que no había un técnico que inculca ideas y certezas. La furia no gana Copas de Europa en distintos clubes , esas que se le escapan al mejor entrenador del consenso . Pongamos que hablan de Guardiola.
    Hay que despertar, el Real Madrid puede ganar o perder o empatar. Una cosa es la exigencia , salir al campo a darlo todo, sudar la camiseta,dar ejemplo de saber sufrir , no ser conformistas o reconocer la superioridad de un contrario. Otra es dejarse avasallar por la propaganda.
    El Real Madrid ha sido el mejor equipo de Europa en el pasado y lo es todavía si analizamos los datos cercanos . Baste recordar los cuatro entorchados en cinco años .Su presencia en las semifinales de la competición desde la época de Mouriño , salvo un resbalón, ya le avalarían como favorito para incluirlo en cualquier terna.
    Creo que esta plantilla tiene un mérito tremendo y no reconocido suficientemente por un amplio sector del madridismo. No es fácil de gestionar ,con los dos jugadores más caros metidos en el armario por méritos propios , con jugadores que siguen esperando su momento , con la ausencia de sus dos centrales celebrados ,con unas ruedas de prensa que empiezan a ser las de Zidane ,ruedas de molino . Con una presión mediática que les desenfoca y como una parte de la afición abducida.
    No hay que ir muy lejos .El ayer ogro de París , el monstruo de las tres cabezas ya es una banda de colegiales.
    Los motivos , son obvios . Fue derrotado por el Real Madrid . Mañana el Barcelona si le van mal dadas habrá tirado "voluntariamente " la Copa de la UEFA.

  4. El comentario es buenisimo, pero las réplicas son de sacarse el sombrero.

    Con respecto a la propaganda, hay que entender que incluso nosotros somos permeables a la misma, porque es una gota malaya. Obedece a un plan sistemático que va más allá del fútbol, pero que esta semana no merece ni mencionarse. Esta semana debe de ser un paréntesis para disfrutar. Bastante mal están las cosas. Merecemos hacer un paréntesis, aunque sea con la aparente (solo aparente) frivolidad del fútbol.

    Abrazos madridistas

  5. Si señor un gran artículo el mejor artículo que jamás he leído y espero que qué no sea el único de esa brillantes le felicito efusivamente a este periodista de como describe este partido y del sentimiento que se tiene hacia esta camiseta FELICIDADES

  6. Y el lipotimias de tarrasa es otro que se jodió vivo. Con lo mustio y soso que es, han tenido que recurrir en can farça al asesor de imagen para que parezca lo que no es. El mismo día en que horas más tarde jugaba el Real Madrid, salía xavineta con falsas sonrisas y falso optimismo afirmando que el quería que ganara el PSG por su cariño a lo nan hormonat y el bailarín de las crestas.

  7. No se puede añadir más, ni menos, ni nada mejor. Excelente, brutal y clarito articulo. Gracias Sr.Tenorio. Siempre grande. y por supuesto, HALA MADRID

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