Courtois: notable. A Thibaut le da igual la trascendencia del partido, está ahí para evitar goles y habitualmente lleva a cabo su tarea con brillantez.
Carvajal: suficiente. Mbappé interrumpió un gran centro suyo cuando Gonzalo se encontraba en franca posición para remacharlo.
Rüdiger: suficiente. Faena de aliño sin errores groseros.
Huijsen: suficiente. Al igual que Camavinga, sufre desconexiones puntuales. Hoy no aprovechó el Sevilla una grave.
Fran García: suficiente. No escatima esfuerzos y suele jugar a su nivel.
Bellingham: suficiente. También luchó. Mejor sin balón que con balón.
Tchouaméni: bien. Se mantiene a buen nivel.
Thiago: aprobado. Comenzó errático en el pase. Después, no mejoró excesivamente.
Brahim: aprobado. Jugó el encuentro, como casi todos los que salieron.
Vinícius: bien. Mostró colmillo marcando el gol de la victoria y fue el atacante más incisivo, aunque sin llegar a molar del todo.
Mbappé: aprobado bajo. Falló varias ocasiones. Sigue peleado con la regla del fuera de juego. Firmó una asistencia de gol.
Camavinga: aprobado. Ejerció de pivote.
Mastantuono: bien. Estampó un balón contra el poste nada más salir.
Trent: sin calificar.
Gonzalo: sin calificar.
Leiva: sin calificar. Debutó con el Real Madrid. Ehorabuena.
Arbeloa: bien. Hizo su trabajo, que no es poco.
Getty Images
Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Daniel Jesús Trujillo Suárez.
Partido con varias acciones reseñables en el área sevillista y con más intensidad en los jugadores del cuadro local que en el visitante.
La jugada más polémica del partido tuvo lugar en el gol de Vinícius con un manotazo de Mbappé a Carmona que no se señaló como falta. El francés protegía el balón e impactó su antebrazo en la cara del futbolista local. Hizo bien en dejar seguir al ser un lance del juego sin intención ni voluntariedad.
Unos minutos después también se pidió en el equipo merengue una mano de Carmona en el área tras un cabezazo de Rüdiger, pero no era punible. Por último, la entrada de Kike Salas a Vinicíus fue imprudente y bien le pudo costar un penalti al zaguero. El defensa despejó, pero luego con fuerza puso su plancha en la rodilla de Vini. Ambos estaban picados y quiso marcar territorio.
En lo referente a las tarjetas, en total amonestó a cuatro jugadores. Todos ellos locales. Gudelj se libró por un agarrón a Thiago en el 45', pero ya no en la segunda parte por obstruir a Fran. Le siguió Alexis por protestar en el 79' y luego Juanlu por agarrar a Mbappé en el 83'. El último fue Agoume, por protestar ya terminado el choque.
Por último, cabe añadir que se anuló un tanto a Mbappé por claro fuera de juego en el 74'.
Sánchez Martínez, CORRECTO.
Getty Images
Era el penúltimo partido de una temporada que ya había acabado. El Madrid viajaba a Sevilla sin ningún color especial, simplemente con su habitual segunda equipación azul. Allí esperaba un equipo resucitado que había firmado tres victorias consecutivas que le hicieron rebotar desde el fondo hasta la zona media de una clasificación en la que un punto arriba o abajo supone varios puestos.
El partido tampoco tuvo mucho color. Los de Arbeloa se impusieron en una contienda en la que ambos se afanaron en marrar ocasiones claras. Ganó el Madrid, pero quien lo celebró fue el Sevilla, que se salvó matemáticamente del descenso.
En pocos días, Mbappé ha pasado de ser —según sus propias palabras— cuarto delantero de la plantilla a titular. Dice mucho en favor del francés —muy criticado—, pues significa que ha trabajado con denuedo para sobreponerse a la adversidad. Todo un logro que merece ser resaltado.
El manicomio de Nervión —uno de los responsables de la reacción sevillista— recibió a los suyos entonando el habitual himno del centenario mientras los madridistas deseábamos que nuestro equipo no fuese una casa de locos.
La primera ocasión fue para los de Luis García Plaza. Oso metió un zarpazo desde la frontal que obligó a Courtois a estirar sus casi dos metros para despejar el balón.
El CTA había designado a Sánchez Martínez para dirigir la contienda. Su pose torera le iba como anillo al dedo al escenario.
La efervescencia inicial del Sevilla FC fue aplacándose, pero seguía creando peligro, principalmente por medio de Oso. Un centro suyo no acertó Akor Adams a empujarlo a la red.
El Madrid no desaprovechó la primera que tuvo clara. Mbappé la bajó con el pecho, la cedió a Vini y el brasileño pateó a gol. La jugada se revisó porque Kylian golpeó de manera involuntaria al defensor en la pugna. Como ya no sirve de nada, no se molestaron en anularlo. Más allá de que fuese justo hacerlo o no. En la tele afirmaron que fue falta sin lugar a dudas. Fue extraño, el otro día no pareció tan claro el penalti a Mbappé después de que le provocaran una brecha con el golpe.
Porque las decisiones arbitrales no se toman en función del reglamento, sino del interés.
Poco después hubo una mano en área local. A los motivos anteriores se les suma el embrollo normativo y de criterios a la hora de discernir si es o no penalti. En la situación actual, puede ser pena máxima un toque con la frente en el centro del campo y no serlo una atajada del central bajo palos. El fútbol ahora es así. Esta vez no fue penalti. Daba igual. Desde el punto de vista del aficionado blanco, aunque el resultado sí afectaba a terceros.
Vargas gozó de una oportunidad en el 31'. Chutó no muy lejos de la escuadra derecha de Thibaut.
Cuatro minutos después, Salas despejó el balón en el área una milésima de segundo antes de dejar impresos los tacos de su bota en la pierna de Vini. Aplica lo comentado antes: según quién golpee después de tocar el esférico y cuándo lo haga es penalti o no.
Boskov dijo aquello de fútbol es fútbol. Pero ya no es así: fútbol no es fútbol, fútbol es pressing catch.
Ganó el Madrid, pero quien lo celebró fue el Sevilla, que se salvó matemáticamente del descenso
Antes del 40', Mbappé ejecutó una acción muy suya: control, colocación de la bola hacia la derecha y golpeo potente al segundo palo. Últimamente también es habitual que no acierte a marcar. Quizá hable después del partido para decirnos quién o quiénes son los responsables de su desacierto, porque él no puede serlo.
Entre sol y sombra se llegó al descanso. Estos partidos que se disputan con la campaña concluida siempre son trepidantes y plenos de emoción. La tensión se corta con cuchillo y la incertidumbre por el vital resultado se mantiene hasta el pitido final. A pesar de ello, Sánchez Martínez sacó tiempo para explicar a Gudelj y Carvajal que uno más uno son siete.
Cabe destacar el buen estado físico que mantiene Gudelj cuando han transcurrido bastantes años desde su destacado paso por el Celta de Vigo.
Tchouaméni dispuso de la primera oportunidad de la segunda parte tras apoyarse en Mbappé. Su disparo lo despejó la defensa hispalense. El Sevilla anduvo cerca de empatar poco después por medio de Alexis, pero despejó en lugar de rematar.
Los de García Plaza se envalentonaron; sin embargo, la siguiente ocasión fue visitante. Kylian arrancó de tacón un contragolpe fantástico. Lástima que cuando se plantó frente a Vlachodimos olvidó que había más rivales, se confió y le robaron la pelota cuando el espétec goals —o como se diga— era 0,99.
De vez en cuando, la pelota se movía sola, como impulsada por la mente de Uri Geller. Pero se trataba del viento, esa fuerza invisible que sopla —como el agua que cae del cielo— sin que se sepa exactamente por qué. Tras efectuar las correspondientes consultas, comprobamos que ni Uri Geller ni Louzán se encontraban en el Sánchez-Pizjuán.
Arbeloa sustituyó a Tchouaméni y Thiago por Camavinga y Mastantuono en el 70'. Nada más salir, el argentino reventó contra el segundo palo un balón cedido por Vini. El siete se encargó de no aprovechar el rechace. La pugna por no marcar goles estaba reñida.
Poco después, Mbappé coló la pelota en la red con arte. El tanto no subió al marcador porque el diez incurrió en fuera de juego. Gonzalo lo observaba desde la banda mientras se quitaba la camiseta de calentamiento para colocarse la zamarra de jugar.
Akor Adams remató de cabeza desde cerca, pero la buena colocación de Courtois, unida a la poca fuerza imprimida por el sevillista, supuso que la acción terminara sin pena ni gloria.
Trent por Brahim y Gonzalo por Vini. El brasileño se marchó con molestias.
Huijsen regaló un balón a Alexis en la retaguardia que Isaac, muy cortés, no hizo el feo de convertir en gol. Ambos equipos se mostraban muy caballerosos cuando llegaban arriba. Deportividad, empatía, esto es lo que pide el pueblo español y no esa ordinariez de ganar.
Leiva debutó con la camiseta del Real Madrid. Entró al terreno de juego en lugar de Jude Bellingham.
Kylian no remató a gol un centro útil de Carvajal cerca del minuto noventa. La cortesía es capital para la convivencia.
Sánchez Martínez añadió tres minutos. Courtois evitó el empate en el último minuto con una parada excelsa.
Ganó el Madrid y se salvó Sevilla.
Getty Images
Papá, cuéntame otra vez
aquella historia tan bonita
en la que los periodistas
siempre hablaban de un Real
en el que todo era fiesta…
Sí, aquella historia en la que, una vez expulsada la anciana junta, tras perpetrar un año sin títulos, llegó un nuevo presidente que logró que solo se hablase del Madrid para dar buenas noticias.
Se volvieron a ganar dos ligas consecutivas después de muchos años sin hacerlo. Como cuando estaba Ramón Calderón. De hecho, podía intuirse un patrón por el que Barça y Madrid se repartían las ligas según les hicieran más falta. De esa forma, todo el mundo era feliz. Incluso al Atleti le tocaba ganarla una vez cada diez o doce años. Así, la liga siempre tenía interés para la gran mayoría de los aficionados. Desde el extranjero también se percibía como una competición muy potente. Algo parecido a la Premier League, en la que nunca había un favorito claro. Eso provocó que sus derechos televisivos se vendieran a todos los países de África y Asia y que el señor Tebas se hiciera inmensamente rico. Y como era una persona tan generosa, repartía mucho dinero entre todos los equipos. Sólo les pedía a cambio unos “poquitos” derechos televisivos de sus próximos trescientos años. Con eso podían seguir comprando a los grandes jugadores que no habían tenido suerte en la Premier, pero cuyo sueño siempre había sido jugar en España. De hecho, hasta rechazaban importantes ofertas de equipos italianos y franceses para poder venir aquí a triunfar.
Gracias a esta gestión, el Madrid por fin vio que no le quedaba más remedio que poner el foco en su cantera. Así se llenó el primer equipo de chicos españoles. Todos eran majísimos, además de muy accesibles para la prensa y con muy buena presencia. Por eso se hartaron de anunciar chocolatinas, agencias de viajes e incluso seguros de deceso. Todo el mundo los quería, porque además hicieron una selección española muy competitiva que, en realidad, era lo que le interesaba al público. Mucho más que el fútbol de clubes. Por fin podíamos sentirnos orgullosos como país al ver a jugadores de toda la geografía patria peleando por hacernos campeones a aficionados del Madrid y del Barça juntos. Era precioso.
Daba un poco igual que no se volviese a ganar la Copa de Europa. Lo importante era que, año tras año, se intentaba. La prensa siempre decía que aquel año sí tocaba. En octubre, el Real Madrid era colocado como el mejor equipo de Europa todas las temporadas. Y a pesar de que siempre se cayera en cuartos de final, como el juego era muy vistoso, para el aficionado era como una victoria. De hecho, nunca como en aquella época se vendieron tantos periódicos. La prensa escrita volvió a vivir días de gloria. Gracias a esas ventas y a sus correspondientes cupones, los aficionados pudieron disfrutar de las pantuflas del Real Madrid, un ajedrez con las efigies de los jugadores, platos, vasos y tazas con el escudo… incluso cuando ibas a El Corte Inglés a comprar cualquier otra cosa de merchandising que no era posible encontrar en un quiosco, te regalaban un ejemplar del ABC para que se lo dieras a tu padre. La tele también mejoró mucho. Real Madrid Televisión pasó a llamarse Iberdrola Televisión. Su presentador estrella, Javi Enríquez, comentaba los partidos mientras proporcionaba consejos de ahorro energético y trucos para seleccionar la mejor tarifa. Resultó ser un tipo con unas dotes comunicativas excelentes, tanto que acabó presentando el Estudio Estadio en TVE.
El ambiente político también experimentó una gran mejoría. Por fin los tan denostados políticos pudieron acercarse a los ciudadanos a base de compartir ruedas de prensa y actividades con algunos jugadores del equipo y demostrar que eran gente cercana que también sufría y disfrutaba con el fútbol. De hecho, insistieron mucho en que se retirasen todas las denuncias por aquellos hechos del pasado que involucraban al Barcelona y los árbitros en pos de una buena convivencia. Y vaya si se logró.
Así, el Madrid se convirtió en el preferido de todos los partidos políticos y al Bernabéu se lo rifaban para ser el escenario de los mítines de cierre de campaña, eso sí, sin música y hablando muy bajito para evitar molestar a los pobres vecinos. Fíjate si era estricta la norma, que hasta cuando volvió a España el Papa se le pidió que no hiciera la misa cantada.
Y así pasaron los años. La gestión económica era mejorable, pero ¿qué más daba? La solución era simple y pasaba por transformarse en sociedad anónima. Con la buena fortuna de que un jeque nada déspota compró el equipo. Entonces el Real Madrid era inmensamente rico y pudo volver a competir con los clubes poderosos de Europa, como el PSG o el Manchester City y así, treinta años después, llegó a ser de nuevo campeón de Europa…como cuando estaba Florentino.
Bueno, mejor déjate de cuentos, papá.
Getty Images y Gemini
¿Por qué escribir un libro sobre el Real Madrid y titularlo The Greatest? Sinceramente, porque no hay otro título posible. Invitaría a un café a cualquiera que fuese capaz de buscar una calificación más exacta y acertada que “el más grande” para explicar lo que representa el Real Madrid en la historia del fútbol mundial. Porque eso es lo que es el Madrid. No solamente el más exitoso, que también, sino el más grande. Lo es en Madrid, lo es en España, lo es en Europa y lo es en el mundo.
Hay otros equipos grandes, muy grandes. Hay otros equipos exitosos, muy exitosos. Ninguno, no obstante, es el Real Madrid. Un club que fue el mejor del siglo XX y va de camino, con un cuarto de siglo ya recorrido, de ser el del XXI también. A partir de esa premisa central, todo tiene más sentido. La pasión que despierta, el odio que genera, la envidia y la admiración. El peso de la camiseta blanca, el miedo escénico del Bernabéu y los sueños que habitan la mente de cualquiera que se vista de corto.
Vaya por delante que yo no soy madridista y, quizás por eso, siento que tengo la libertad total y absoluta de escribir sobre el Madrid. No soy esclavo de la pasión del hincha y puedo mirar al club, a su legado y a su gente con la genuina admiración de quien sabe que está delante de algo absolutamente único e irrepetible. Lo que sí soy es un madrileño adoptivo, alguien que pasó gran parte de su vida viviendo muy cerca de Chamartín, que conoce de memoria sus calles y sus recuerdos y a quien siempre le pareció increíble cómo es que el mundo realmente cree que sabe qué es el Madrid sin saberlo en absoluto.
El gran motor de esta obra literaria que la editorial Pitch Publishing edita para que la lean en el Reino Unido, Australia, Estados Unidos, Brasil o Suecia por igual es hacer justicia al legado de un club que se ha definido a los ojos de muchos solamente por los títulos cosechados y que dejó, también bajo responsabilidad directa de quienes lo manejan, que su historia la contaran otros. Otros que la han contado mal a propósito, como era previsible. Así que The Greatest, que es un libro sobre el Real Madrid, sus gestos, sus títulos, sus héroes, sus momentos y su legado, es, sobre todo, un libro sobre lo que es el Real Madrid y lo que no es, aunque muchos crean que sí.
¿Y qué no es el Real Madrid? No es el club de Franco. No es el club del poder. No es el club que tuvo en nómina al vicepresidente del comité de los árbitros. No es el club que rechazó acoger a un rival durante la Guerra Civil. No es el club que rechazó entrar por soberbia en la Copa de Europa y luego se montó una telaraña de conspiraciones para justificar su error. No es el club que intentó vender su parte de don Alfredo di Stéfano a la Juventus cuando la cosa se complicaba porque el argentino no era para tanto. No es el club que tuvo el apoyo de la fuerza aérea después de la Guerra Civil para sobrevivir. No es una institución que compite con doping financiero alimentado por estados petroleros o dueños multimillonarios. No es un club que excluye a los que no son madrileños o castellanos y cree que hay seguidores de primera y de segunda. El Real Madrid no es nada de eso.
¿Por qué escribir un libro sobre el Real Madrid y titularlo The Greatest? Sinceramente, porque no hay otro título posible
¿Qué es, entonces, el Real Madrid? Es el club de Juan Palacios, de los hermanos Padrós y de Pedro Paragés. El club que estuvo detrás de todas las grandes competiciones nacionales y también internacionales en su afán de superarse cada día. Es el club cuya cantera nadie valora, pero el único filial que jugó una final de Copa, participó en las competiciones europeas, ganó un torneo de Segunda División y dio al primer equipo la mayor generación de canteranos de la historia del fútbol español, con su récord de cinco ligas consecutivas.
Es el club que dijo no a un rey que le había concedido el título de Real por mantener su independencia en lugar de someterse al entramado financiero de la empresa del Metropolitano de Madrid. Es el club que tuvo un presidente socialista encarcelado y otro comunista fusilado por Franco. Es el club del espíritu castizo y castellano de la ciudad de Madrid y no de la comunidad vasca en la capital. El que era considerado por las altas esferas del franquismo como un nido de rojos, pero que fue tanto el club de Monchín Triana como el de Pahiño por igual. El club de un visionario que se convirtió en el presidente más importante de la historia. Es el club del miedo escénico y de la camiseta tan famosa que hizo que equipos como el Leeds o Liverpool cambiaran su equipación inspirados por sus éxitos.
Es el club de Gento, Alfredo y Ferenc, y también el de Sergio, Cristiano y Karim. El club de entrenadores de vanguardia como Valdano y Beenhakker, y de entrenadores más racionales como Mourinho y Capello. Es el club que España decidió odiar por simbolizar el centralismo y el que muchos han decidido amar porque representa la universalidad. Es el club que elevó el fútbol a su dimensión comercial bajo el liderazgo de Florentino Pérez a la vez que daba al mundo el último equipo totalmente romántico: los Galácticos. Es el club de la Orejona. De los goles en el último suspiro. Del éxito interminable.
Eso es el Real Madrid, un club que siempre ha estado más cerca del espíritu de la Fuerza y de los Jedi, pero que muchos han intentado pintar como la representación terrenal del imperio de Darth Vader. The Greatest: Real Madrid Never-Ending Story sirve, además de para recordar nombres, eventos, recuerdos y legados, para poner la verdad en el centro. Quizás ni siquiera todos los madridistas la conozcan en su totalidad. Y quizás todo empiece por ahí, que el madridismo descubra realmente qué es y qué no es el Real Madrid para luego no dejarse condicionar por todos aquellos que han intentado escribir su historia desde el odio y la rivalidad. En las páginas de este libro encontraréis la verdad y una certeza. Sólo hay un club que pueda considerarse el más grande, y ese viste de blanco.
Fotografías Pitch Publishing
Buenos días, amigos. A poco que miréis a vuestro alrededor, observaréis que la coma del vocativo ha caído en desuso. No ya por quienes no la han utilizado antes, sino por quienes —por oficio, decoro, lógica o simple vergüenza profesional— deben emplearla y servir de ejemplo.
Un motor Barreiros de 1964 nunca ha escrito una coma vocativa ni esperamos que la escriba nunca, en caso de que sus cilindros sigan explotando gasóleo aún. Tampoco esperamos que un aloe vera sea asiduo de esa separación que, además de resuello, aporta significado. Sin embargo, sí es de recibo exigir que un maestro la emplee.
Abrimos un paréntesis para invitaros a que realicéis una pequeña comprobación cuando concluyáis de leer este portanálisis. Acudid al lugar donde los profesores del colegio de vuestros hijos escriban sus comunicaciones a los alumnos. Es importante tener hijos, de lo contrario, probablemente no exista tal lugar en vuestro PC, móvil o agenda. Leed correos electrónicos al azar.
De cada diez, probablemente ocho estén escritos sin coma del vocativo. Habrá casos similares a: «Hola chicos, qué tal» o «Buenos días Baldomero». Un maestro, una maestra y un maestre —si es con mayúscula, olvidadlo— son referentes para sus pupilos. Si quien tiene que enseñar las normas no las sabe, será difícil que vuestra descendencia las aprenda y aplique.
Cerramos el paréntesis, pero seguimos con el asunto.
La prensa escrita debería ser también uno de los faros que iluminaran la senda de los renglones. Quizá algún día lo fue, cuando no era tan fácil acceder a cualquier tipo de contenido que permitiera formarse. En cambio, si intercambiáis algún mail con un periodista, es muy probable que comprobéis que un alto porcentaje no escribe una coma del vocativo ni loco.
Sirva este proemio para presentar la portada premiada con el MVP del día:
«ADIÓS BENFICA
HOLA MADRID»
En esta ocasión ni siquiera sirve de excusa la sustitución del signo ortográfico por un salto de línea, o el empleo de distinto color.
Adiós Benfica podría ser un central de Coímbra que Monchi barajó fichar en 2009. Y Hola Madrid suena a nombre de enésimo partido político surgido por la disgregación de la novena partición del núcleo original (o irradiador). Nada más lejos de la realidad, pues el mensaje es una despedida de Mourinho de su club actual y una bienvenida al —parece— próximo.
Debajo, podemos leer: «El club blanco tiene apalabrado a Mourinho y su fichaje se anunciará tras el proceso electoral». Hemos de confesar que el subconsciente nos ha jugado una mala pasada y de primeras leímos: «tras El proceso, de Kafka».
La pifia de los de José Félix es más sonrojante, si cabe, cuando comprobamos que Mundo Deportivo no cae en el atentado sintáctico de As.
Es imposible conocer la causa de tan extraño acierto. Este portanalista se decanta por que el titular no lo escribió un periodista, pues es el gremio menos tendente a su empleo (junto con el gremio de los motores Barreiros antes mencionado).
Eso sí, tienen el desahogo de subtitular «Atrás quedan cuatro temporadas impecables con tres Ligas y 119 goles que impulsaron la resurrección del equipo». Impecables. Ay. Su advenimiento llegó con la mácula del pecado original de la inscripción fraudulenta admitida merced a multitud de pecados capitales con palanca, freno y marcha atrás.
Si no fuese tan indecente y corrupta, esta historia podría ser una fantasía humorística de Jardiel.
Sport ha sido más listo y, conocedor de sus limitaciones, no se ha aventurado a una empresa tan ciclópea como la utilización de la coma vocativa. Despacha la noticia con un lacónico «Lewandowski se marcha».
La prensa deportiva ha decidido que hoy es día de despedidas. Después de la marcha de Lewan del FC Barcelona y la doble espantada vocativa de As, Marca despide a Griezmann. Afirma que se va del Atleti por la puerta grande. Quizá no para todos los aficionados. Parte de la hinchada no quedó demasiado contenta con el sainete del documental aquel de La Decisión y lo demostró colocando basura y ratas de peluche en su placa.
La obsesión de una parte del Atleti con la basura —véase Frente Atlético— y su afinidad faunística lindan con el trastorno. Contaron con un mapache como mascota; tildan de rata a cualquier futbolista que fiche por un club cuyo objetivo sea la obtención de títulos —lícita o ilícitamente— y no quedar el cuarto; a los madridistas los llaman ciervos; profieren el insulto racista «mono» a los rivales con cualquier tonalidad dérmica menos clara que un guiri antes de llegar a Benidorm (a veces, hasta los muerden). Quizá se deba a que llevan un oso en el escudo, cerquita del corazón.
Con todo, lo más triste es que hoy juega el Madrid y lo que preocupa a muchos no es su desempeño. Los madridistas deseamos que no haya lesiones y que no ocurra nada raro más. Los antis se frotan las manos ante la probabilidad de otro comportamiento lamentable de algún miembro de cualquier área del club.
El error que ha dejado en coma a la portada de As nos ha servido para solventar este portanálisis, uno de cuyos objetivos es proporcionar entretenimiento en estos momentos convulsos. Hecho, sin embargo, que no pretende servir como cortina de humo que opaque los numerosos errores cometidos por el Madrid de un tiempo a esta parte. Más bien al contrario, este portanálisis nace con el objetivo de mostrar que, apetezca más o menos realizar las tareas de cada uno, es obligatorio llevarlas a cabo para el buen funcionamiento de cualquier empresa.
Espabila y trabaja, Madrid. No es la primera ni será la última vez que le das la vuelta a un embrollo así. «La noche es más oscura justo antes del amanecer»*.
Pasad un buen día.
* Concesión a la galería más cursi, colocada aquí como cebo para comprobar si seguíais prestando atención.
La realidad, por suerte o por desgracia, es muy tozuda e introducir une nueva estrella (Mbappé) en un sistema binario (Vini Jr. – Bellingham) ha sido como meter una pieza externa en una maquinaria que funcionaba por equilibrio (si no de juego, al menos de títulos). Al principio parecía el refuerzo, pero su atracción gravitatoria ha roto ciertas órbitas estables y ha transformado un baile predecible en un problema de tres cuerpos donde las trayectorias se vuelven caóticas e imprevistas.
Como en el sistema estelar, no hay forma sencilla para recuperar la estabilidad. Hace falta tiempo, ajustes cuidadosos e incluso sacrificios para reconfigurar el sistema y volver a la armonía, que en el fondo no deja de ser la aspiración de cualquier grupo humano…

Pero no pretendo con este texto escribir de táctica o fichajes, hay artículos muy buenos de especialistas tanto en La Galerna como en otros medios. Por mi parte, quiero volver a llamar la atención sobre lo siguiente: aunque lo más importante sean los títulos y el primer equipo, en tiempos de crisis, las respuestas no vienen solo de un lugar. Incluso nuestra galaxia posee otras galaxias satélites que acaban influyéndola de una u otra manera, y cada una es necesaria para recomponer el orden. Y ese remedio múltiple recorre, como onda gravitatoria, a todos los satélites del Real Madrid, como son las peñas internacionales del club, porque nada queda al margen del movimiento que busca restablecer la armonía.
Es esencial que el Real Madrid no olvide cuidar a sus embajadas, que son las peñas. que las apoye y fortalezca, porque en su crecimiento y estabilidad reside también la esencia del club
Como ya escribí en La Galerna, las peñas internacionales del club son las verdaderas embajadas del Real Madrid, portan identidad y organizan una logística que reúne cientos de aficionados, haciendo que cualquier estadio sea una extensión del Bernabeu. Obviamente el club más seguido del mundo va a tener un gran respaldo, pero últimamente las pruebas de la importancia de las peñas sobran… Desde la afluencia el pasado verano en el Mundial de Clubes en Estados Unidos, donde el Madrid jugaba prácticamente “en casa”, hasta el apoyo masivo en esta exitosa edición de la UEFA Youth League finals en Suiza.

Las peñas internacionales afrontaron tiempos muy complicados durante la pandemia, algunas de ellas no pudieron sobrevivir a esa travesía… Ahora, cuando comenzaban a renacer y a vibrar de nuevo, esta crisis de juego y resultados les pesa como una sombra. Es esencial que el Real Madrid no olvide cuidar a sus embajadas, que las apoye y fortalezca, porque en su crecimiento y estabilidad reside también la esencia del club y el poder atraer a miles de nuevos aficionados internacionales en el futuro.
Getty Images
Buenos días, galernautas. No necesitamos más que dos manos para contar los días que quedan para el final de esta temporada indecible. Cada uno de los estamentos de nuestro equipo debe realizar una muy profunda reflexión, tanto a nivel individual como colectivo.
Ni siquiera la ilusión que pueda generar el segundo advenimiento de José Mourinho puede compensar una colección de sinsabores que hace meses que se convirtió en demasiado grande. El último fue la sucesión de pellizcos de monja de Kylian Mbappé contra el que, de momento, es su entrenador. Precisamente esto es lo que parece que va a tratar Florentino Pérez con el francés en lo que en As titulan como "cara a cara". Algo habrá que hacer con la actitud del francés, de eso no cabe ninguna duda. Una pena que esa misma proactividad no se mostrara con otras conductas reprobables, por ejemplo, allá por finales del octubre pasado. Intolerable lo uno e intolerable lo otro.
Marca, el diario de Gallardo, convierte en argumento principal el regreso del portugués, que ya desenmascaró a mucho pseudoperiodista, sirve como prueba de los nueves en la detección de personajes que viven de juntar letras pero cuyos argumentos son tan torticeros como la conducta de los equipos que cuentan con sus verdaderas simpatías.
El periodista español medio aborrece a José Mourinho. Se espanta sólo con oír su nombre y empieza a enumerar comportamientos que juzga intolerables y que, siempre según él, mancharon la imagen del Real Madrid. Ese mismo guardián de las esencias, aparte de no soler ser madridista, aplaude ahora con las orejas y con prácticamente cada parte de su anatomía. El retorno de Mourinho es garantía de noticias y comentarios, es decir, clics y movimiento de contenido constante en torno al taimado portugués. En una palabra, negocio. Sí, amigos, esta gente va a ganar más dinero y a vivir de poner a parir a alguien al que denuestan. Por supuesto, lo harán con los puñitos muy cerrados y llenos de justa indignación por mucho que el hombre de Setúbal les esté regalando un trabajo soñado.
Y si José no da motivos para el ruido, nada impide sacar un poco de creatividad. La verdad, esa cosa tan nimia como prescindible, es maleable siempre que les convenga. Apenas una chinita en el camino hacia una historia o artículo que asegure debate, ruido y brocha gorda, que la gente prefiere que les den los asuntos opinados, no vayan a cansarse.
Mirando a la prensa cataculé, Sport nos habla de una negociación del club cliente de Negreira por João Pedro, delantero del Chelsea. En menor tamaño se comentan las condiciones para ello, entre ellas cerrar alguna venta y llegar a la estructura salarial 1:1, que no se ve en el club más o menos desde que jugaba Calderé. No arriesgamos demasiado si apostamos a que alguna maniobra de la liga presidida por el madridista Tebas seguro que lubrica tanto la consecución del fichaje como su inscripción, independientemente del estado de la tesorería azulgrana. No falta, por supuesto, faldoncillo dedicado a Mourinho y el Real Madrid. Qué bien nos lo vamos a pasar, amigos.
El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, chapotea con gusto en el cisma que hay en el vestuario del Real Madrid. Nuestro club no necesita enemigos externos, a los que esta temporada se ha dedicado a complacer gracias un instinto de preservación comparable al de un lemming.
Que acabe la temporada, que gane las elecciones quien deba ganarlas (si es que las hay) y que empiece la transformación del Real Madrid en algo parecido a un club de fútbol competitivo en el que los principios de autoridad, exigencia y meritocracia vuelvan a regir.
Pasad un excelente día. Es una orden.
Con todas las miradas y análisis puestos en la comparecencia de Florentino, quizá sea el mejor momento para levantar el vuelo y tomar perspectiva atendiendo a otra crisis en Chamartín, la de la campaña 80/81.
Les resumo el cuadro. Estamos en el segundo año de Boskov, el técnico que vino a revolucionar la preparación del Real Madrid y, en consecuencia, de la élite del fútbol español: para respiro y admiración de sus pupilos, entrenaba con el balón como mejor amigo, dejando atrás el severo método de repeticiones marca de la casa Miljanic.
Hablamos del Madrid de los García, un equipo que mezclaba a los poseedores del célebre apellido (García Navajas, García Cortés García Hernández y Pérez García), con tipos cuajados como García Remón, Camacho, Juanito, Santillana, Stielike o Ángel, más la figura declinante de Laurie Cunningham, que comenzaría su calvario ese año tras un primero notablemente prometedor. “Una época gris, sin mucho gasto en fichaje”, como resumió años después el futuro seleccionador nacional, Vicente del Bosque.
¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?
La campaña ya empezó torcida, o algo más que eso, con la estruendosa goleada de Bayern (9-1) en el en el Olímpico de Múnich. Señales, que pensaría Juanito. Pero fue desde el 30 de noviembre del 80 (derrota en el Camp Nou por 2-1) hasta el final de enero del año siguiente cuando llegó el clímax del suelo blanco. En ese tramo, el Madrid sólo ganó tres partidos ligueros de nueve, a lo que se sumó una dolorosa derrota en el Calderón (3-1) y cuatro empates (Zaragoza, Valladolid, Athletic y Murcia).
Es entonces cuando RTVE se aventura en los dominios de la antigua Ciudad Deportiva para rastrear las posibles causas de la crisis madridista. Lo primero que llamará poderosamente la atención del lector es que por entonces, en momentos de zozobra, tanto el armador del barco, el presidente Luis de Carlos, como el capitán, Boskov, y el marino para el que ninguna mar era lo suficientemente brava, Juanito, dieran la cara, no rehuyeran las preguntas y explicaran su versión de la situación.
Hoy parte de la labor periodística se basa en interpretar canciones de los estados, elucubrar con las poses fotográficas y reproducir comunicados —por ser generosos— que los futbolistas tienen a bien publicar en sus redes. “¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?”, se pregunta el locutor. Responde Boskov: “Queremos renovar al equipo, hacerlo más joven, pero esto requiere de mucha paciencia”. Y admite: “Hay una frase en España, que es que ‘los resultados mandan’, por lo que si el Madrid sigue con los mismos resultados, no puede renovarme el contrato”.
Ahí queda eso. Turno para Juanito, que no pierde ocasión para rebelarse (¿dejó de hacerlo alguna vez?) ante las críticas: “Siempre estamos en que si el Madrid falla, lo hace por dos o tres jugadores, pero todos tenemos la misma categoría”. Y para cerrar, el presidente trata de alejar las cerillas del bidón de gasolina: “Está difícil, pero no imposible (…) Las medidas de urgencias pasan por ganar partidos”.
El equipo perdería los dos siguientes encuentros de Liga (Espanyol y Sporting), pero en las 11 jornadas restantes lo ganaría todo menos uno, la visita a la Real, triunfador a la postre de aquella Liga por golaverage en el dramático final interruptus de Valladolid. En la Copa de Europa, contra pronóstico, eso sí, se colaría en la final que terminó con el título en las vitrinas del Liverpool por un solitario gol en día en el que ni Stielike ni Juanito ni Cunninghan, los diferenciales, llegaron en buen tono físico.
Respecto a Boskov, continuaría para dimitir en marzo de 1982. Le sustituyó Molowny, que logró (como siempre) reconducir la situación conquistando la Copa frente al Sporting de Gijón.
“¿Es una crisis pasajera? ¿Es una crisis con tintes de dramatismo? ¿Falta una base? ¿Cuál es el futuro inmediato del equipo?” Preguntas de entonces, preguntas de ahora.
De entre todas las perlas que Florentino soltó en la rueda de prensa del pasado martes, hay una que sonó inicialmente como una bravuconada, un calentón de barra de bar: “hemos ganado 7 Ligas y nos han robado otras 7”. Claro que, si uno analiza bien al Florentino calculador, al ingeniero que preside una de las mayores empresas concesionarias de infraestructuras del mundo, le da por pensar: ¿por qué dijo 7 y no 5, u 8? No pareció un número lanzado al nuen tuntún, en especial, porque segundos después completó su afirmación con otra frase lapidaria: “Solo este año nos han robado 16 ó 18 puntos”. Ahí me cercioré del todo. Para el Florentino que mide sus pasos, esas 7 Ligas robadas no eran una boutade, una cifra lanzada alegremente al aire, sino algo que llevaba clavado en las costillas del mismo modo que tantos aficionados cargamos con las ligas de Tenerife, la final de Copa del 90 o el teatro de Dani Alves en el Bernabéu.
Así que mi objetivo, poco después de acabar la comparecencia del presidente, pasó a ser comprobar si, como dice el título de este artículo, de verdad nos han robado 7 Ligas.
Para mí hay una clarísima, y su vencedor no fue el cliente único de Negreira. Me refiero a la temporada post-pandemia, posiblemente la más bochornosa que recuerdo en mi vida. Tanto que escribí dos artículos en esta misma web como si toda la temporada hubiera sido una serie de ficción con un guion establecido de antemano:
La Liga en ocho capítulos, puesto que el personaje principal flojeaba, el Barça, el sistema puso todos los huevos en la cesta del secundario, el Atleti, con ayudas sistemáticas desde el inicio.
El capítulo octavo, la resolución de este lamentable culebrón. El Real Madrid completó un campeonato con una anomalía estadística (una más): ni un solo penalti pitado en toda la liga por los árbitros de campo. Los tres que se señalaron a favor de los blancos eran tan groseros que a los “artistas” del VAR no les quedó más remedio que señalarlos. Fue la liga del gol anulado a Mariano en Getafe, la única vez que HH no atendió la corrección del VAR (en el Atleti-Real Madrid), la del tiempo muerto del Cholo, la orden de ir a jugar a Pamplona en un campo helado, la del esperpento del Madrid-Sevilla en Valdebebas… Releo los artículos y me sorprende ver que llegamos con opciones a la última jornada.
Fue la primera (media) temporada de Zidane en el banquillo blanco. Aunque cogió al equipo muy alejado en la clasificación, terminó a un solo punto. Esa temporada quedará marcada por el récord histórico de 19 penaltis a favor del Barça, algunos tan inverosímiles como el despeje de puños de Adán, portero del Betis, varios piscinazos de Neymar (escandaloso el que pitó Sánchez Martínez en Villarreal en su camino a la internacionalidad), o dos de los tres pitados en contra del Sporting de Gijón en poco más de diez minutos (¡Clos Gómez, again!).
El Negreirato en estado puro, con un Barça que podía hacer de todo en su área (un penalti en contra en dos ligas y media) y cuyos desplomes en área rival eran señalados como si los culegiados sintieran una descarga del propio Negreira en su brazo. Pero es que no solo fue eso, sino que el Barça anotó entre 8 y 12 goles en fuera de juego que les dieron por buenos.
Estaba claro que a los de Zizou les iba a resultar una tarea casi imposible lograr el campeonato, como se vio en la victoria en el Camp Nou en la que se ganó con diez y en la que HH (de nuevo) anuló el famoso gol de cabeza de Bale por una falta muy clara. Una falta de centímetros de Jordi Alba, quiero decir.
Solo 4 puntos separaron al Madrid del Barça en la clasificación. Reconozco que no tengo claro si para mí es una de esas 7 Ligas tangadas por el pobre juego del equipo y porque el Barça de Flick iba con una marcha más, pero sí tengo muy claro que hubo una orden clara en el Tinglao (llámenlo CTA, Federación, Liga o, directamente, Clos Gómez a los mandos del VAR) para que el Madrid perdiera los 7 puntos de ventaja con los que llegó a contar en febrero. Los arbitrajes consecutivos contra Osasuna, Atlético de Madrid y Espanyol entran directamente en el top de escándalos (larguísimo) que ojalá algún día se investiguen. A ser posible, antes de que prescriban. Motivaron la carta de protesta del club, cuatro páginas muy duras en las que se mencionaba la “corrupción sistémica” de la competición, quizás la única queja institucional en todas estas décadas de tortura arbitral.
Si a todo ello añadimos que el milímetro ajustado desde el VAR cayó siempre en contra del Real Madrid y a favor de la defensa adelantada de los de Flick (recomiendo el artículo de William Pogue sobre la materia), podremos concluir que el pobre juego no debería justificar que no seamos merecedores de arbitrajes justos.
Florentino Pérez repartió algún palo en la rueda de prensa para el Atlético de Madrid, o más bien a los periodistas que nunca lo atacan: “Los periodistas que quieren quitarle el prestigio al Madrid supongo que serán del Atleti”. Lo cierto es que la prensa suele callar ante los desmanes de Cerezo y Gil Marín, con los acuerdos/regalos del ayuntamiento de Madrid, ofrece portadas a sus directivos para que ataquen de manera salvaje al Real Madrid, ensalza al Cholo o a su público (poblado por un grupo ultra de la peor especie) de una manera sonrojante… y celebra cuando este equipo recoge las migajas que le deja el Barcelona.
El Atleti calla contra el Barça porque sabe que de vez en cuando le dejan ganar alguna Liga, Copa o Supercopa. Me hace gracia porque siempre se destaca el error de Mateu Lahoz en el último partido de Liga, el que enfrentó a Barça y Atleti por el campeonato en el Camp Nou, pero nadie del Tinglao se acuerda nunca del verdadero héroe decisivo: Undiano Mallenco. Masacró al Real Madrid en Barcelona en la primera vuelta, y tuvo el mérito de conseguir que Ancelotti se quejara públicamente de su actuación:
El Negreirato, fiel a su estilo, lo colocó en el partido del Bernabéu de la segunda vuelta, en el que él solito fue capaz de desquiciar a los locales y lograr la remontada del Barça (del 3-2 al 3-4 tras todo un recital):
A mí me gustó más el Florentino agresivo con los arbitrajes y con el Barça del pasado martes, mucho más que el que ha permitido el silencio durante tantos años, los ataques de AESAF o las amenazas de González Fuertes antes de la final de Copa. Y el presidente tenía que haberse ahorrado fotos en el pasado o tener algún detalle como el que tuvo con gente como Undiano Mallenco el día de su despedida, cuando le entregó un recuerdo por sus (terribles) años como culegiado.
Miro los once puntos de desventaja en la clasificación y me cuesta incluir este campeonato entre los siete señalados por el presidente. Sin embargo, lo cierto es que tuve la sensación de que tampoco nos iban a dejar competir esta Liga desde el principio del campeonato, desde aquel día en que hubo que marcar cinco goles al Mallorca para que al menos dos subieran al marcador.
Ya no es solo que al Madrid le hayan podido quitar “entre 16 y 18 puntos de una manera descarada”, en palabras de Florentino. El penalti a Rodrygo en Girona, los penaltis de Chavarría en Vallecas, los codazos a Mbappé y Bellingham, los partidos de Pamplona, Mallorca y el Villamarín,… Y los intentos que quedaron solo en conatos, como la expulsión de Huijsen en Anoeta, la roja a Valverde en el derbi, el penalti no señalado sobre Vini en Vitoria o los goles anulados ante el Barça y el Mallorca. Todas las decisiones caían siempre del lado contrario.
Y en ese lado contrario estaba el equipo favorito de Fran Soto, al que, casualmente, le salía siempre cara: el VAR que no funciona en Vallecas, el incumplimiento del protocolo en el Metropolitano para retirar la roja a Gerard Martín, la roja perdonada a Cubarsí en San Mamés, los penaltitos ante el Sevilla, los centímetros del VAR siempre a su favor… menos una vez por temporada, que es la que Flick y todo el aparato mediático culé saltan a recordar.
Real Madrid TV emitió recientemente un vídeo con esos 16 puntos que volaron, un vídeo que, según el diario As, forma parte de la documentación que el club va a enviar a la UEFA:
Sé que habrá quien me ponga a caldo por incluir esta Liga, en la que el Madrid acabó a 17 puntos del F.C. Barcelona, pero quería incluirla por una razón que todos los lectores entenderán: este es el claro ejemplo de “es que el Madrid no compite las ligas”.
En el arranque de esa temporada sucedieron muchas cosas. El Real Madrid había ganado la Champions de 2017 con el mejor juego que jamás se haya desplegado en una final (4-1 sobre la Juventus). Ganó LaLiga con aquella salvajada de Zizou del “equipo A” para los partidos del Bernabéu y el “equipo B” para los de fuera, un equipazo de suplentes que marcó más goles que los teóricos titulares. En ese verano, Villar fue enchironado dos semanas junto con su hijo en el inicio de la “operación Soule” y, casi al mismo tiempo, el Madrid arrasaba al Barça en la Supercopa de España (5-1 en el global), pese a los denodados esfuerzos de De Burgos Bengoetxea por cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Un sistema moribundo como el Villarato no iba a permitir otra temporada como la anterior, así que los esfuerzos se centraron en no dejar competir al Madrid desde la primera jornada, en la que ya de por sí no podría contar con Cristiano Ronaldo por la expulsión de la Supercopa (¡cinco partidos de sanción!).
Las primeras diez jornadas de ese campeonato, la última temporada de Negreira como vicepresidente del CTA, deberían ser estudiadas en las principales academias de corrupción arbitral. El Barça anotó el 1-0 de manera ilegal en las jornadas 1, 3, 5 y 9, frente al Betis, Espanyol, Éibar y Málaga, los goles que abren la lata y dan confianza.
Además, vendrían las manos no señaladas a Piqué (ah, ¿que Piqué no podía jugar con las manos?) ante Alavés y Getafe, lo que, unido a la cadena de errores en contra de los blancos, hicieron que el título estuviera decidido antes de Navidad.
Esa temporada el Real Madrid mantenía un equipazo, como se vio en una Champions en la que eliminó sucesivamente al PSG, Juventus, Bayern con victorias en París, Turín y Múnich, antes de derrotar con claridad al Liverpool en la final de Kiev. Pero desistió de competir la liga ante la dificultad de ganar en campos mucho más complicados como Girona, Vigo o el Sánchez Pizjuán.
No incluyo las Ligas de Tenerife porque no pertenecen al período de Florentino como presidente. Respecto al resto, tengo muchas dudas sobre qué otras ligas nos han sido tangadas de manera tan exagerada como las que he puesto. Tengo muchas en el radar, pero en todas ellas hay matices relacionados con la asunción por parte de los nuestros de que no se podía competir al no jugar en igualdad de condiciones. Por ejemplo, la temporada 2022-23, la que se llevó ese Barça pobrísimo dirigido por Xavi Hernández.
¿Era mejor equipo ese Barça que el Madrid de Ancelotti, que venía de ganar Liga y Champions la temporada anterior? Tengo muy claro que no, como se vio en Europa. El Real Madrid llegó a las semifinales de la Champions, mientras que ese Barça mediocre cayó a la Europa League tras una primera fase muy pobre, y en esta competición menor no fue capaz de superar los octavos de final de una competición que finalmente se llevó el Sevilla. ¿No éramos capaces, ni aun con el sistema en contra, de haber competido mejor ese campeonato? Yo creo que sí.
Si me remonto más en la historia, me da por recordar algunos campeonatos en los que me quedó la duda del hollywoodiense What if? ¿Y si al menos hubiéramos intentado competir hasta el final algunos años? La que se llevó el Deportivo de La Coruña en el año 2000, por ejemplo.
El Real Madrid acabó quinto, es cierto, pero no lo es menos que se dejó ir en las últimas jornadas, en las que cayó derrotado en el Bernabéu ante Racing de Santander, Alavés y Valladolid en los últimos tres partidos como local. En esas últimas jornadas, el Real Madrid estaba inmerso en la conquista de la Octava en París (semis frente al Bayern, final contra el Valencia) y si las matemáticas no engañan, esas tres victorias aparentemente previsibles, le habrían dado el título a los blancos. Es una Liga competida durante el mandato de Lorenzo Sanz, por cierto, no de Florentino.
¿Pero fue una “liga robada”? Yo creo que el Depor también sufrió arbitrajes severos en contra, como reconoció el árbitro Panadero Martín, arbitrajes que favorecían a quien ya entonces pagaba al vicepresidente del CTA.
El Madrid se había descolgado del campeonato en los primeros meses. En octubre de 1999, en la primera vuelta, sufrimos uno de los mayores latrocinios que se recuerda, cómo no, en el Camp Nou. Fue aquel día en que Raúl silenció el estadio en los últimos minutos, un partido que no se perdió de milagro, pese a que se tenía que haber resuelto mucho antes, cuando, a la media hora, Sergi Barjuán hizo un penalti que vio todo el estadio, incluido el propio Díaz Vega, fiel lacayo de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira. Con un jugador menos y ventaja en el marcador, no habría sido necesario esperar a los últimos minutos para evitar la derrota.
Y si… no hubiéramos estado tan descolgados en Liga, a lo mejor no se habrían tirado los últimos tres partidos del Bernabéu, pero sinceramente creo que el Depor fue justo campeón aquel año.
Seguro que me dejo muchas jugadas en el camino, muchos errores que cayeron siempre del mismo lado (ahí está el “Rosco del clásico atraco”), lo que, 8,4 millones después, nos hace saber que no fueron errores, sino la manera de que los trencillas se quedaran en Primera o ascendieran a internacionales. Los “Negreira boys” se mantienen en sus puestos, los neutrales fueron descendidos y los que no valían, pero eran fieles… ¡permanecen en el VAR!
Fumiguen esto, por favor.
Getty Images