Ante la falta de intensidad contra el Rayo, me extrañó un poco no ver demasiados cambios en el once. Lucas por Carvajal y Kroos por Asensio fueron las únicas novedades. Valverde volvería así al extremo derecho. Ocho mundialistas en el equipo de Ancelotti.
La primera parte estuvo marcada por la tensión provocada por la agresividad no interrumpida por un árbitro superado. Tres tarjetas para cada equipo a pesar de que el Cádiz no paró de pegar o incluso de agredir ante la permisividad del VAR, que no avisó al árbitro de un golpe de Fali a Rodrygo sin balón.
Fútbol no hubo demasiado. Un disparo peligroso del Pacha Espino y continuos intentos de un Madrid más intenso que ante el Rayo. Se notó la precisión y temple de Kroos, que fue el que puso un balón de oro a Militão para que hiciese el 1-0. Un buen botín tras una primera parte en la que reinó la tensión.
La segunda parte amaneció con una ocasión bastante para Sobrino. La sacó muy bien Courtois. La respuesta del Madrid no se hizo esperar y Valverde estuvo a punto de hacer el segundo tras un gran contraataque. Niza detuvo el balón cuando marchaba hacia las redes.
El Madrid, de forma más tranquila y sin pérdidas irresponsables, seguía generando llegadas. Sobre todo a través de Rodrygo, al que le fallaba el último toque. Tanto acabó yendo el cántaro a la fuente, que Kroos acabó acertando desde la frontal de volea. El golpe fue marca Toni Kroos.
El Madrid no se relajó. Vinicius estuvo a punto de hacer el tercero tras una buena diagonal desde la izquierda. En el 78', de nuevo Vini hizo una jugada espectacular y dejó un gol a placer a Modric, que increíblemente falló a puerta vacía.
Increíblemente el partido se complicó en la primera llegada del Cádiz en mucho tiempo. Courtois volvió a fallar no blocando un balón sencillo y Lucas Pérez aprovechó el segundo rechace tras parar Courtois el anterior intento.
Los cambios empezaron a llegar. Ceballos, Camavinga y Nacho por Modric, Rodrygo y Lucas. La idea era apuntalar el partido durmiéndolo. Pero la corta distancia no invitaba a relajarse. De hecho, el Pacha Espino tuvo una muy clara de cabeza sobre el minuto 92. Las diabluras del fútbol. Por suerte se salvaron los tres puntos.
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Buenos días. No recordamos si alguna vez os hemos hablado de cierto panfleto infame llamado Sport. Es ironía, claro, lleva siete años y pico siendo el rey del portanálisis. Es un tebeo desvergonzadamente culé que se dedica a cosas como enviar reporteros (?) a señalar con el dedo la ubicación de los negocios de familiares de árbitros que no les gustan, en prácticas que harían palidecer de envida a la Stasi de la RDA. En lo de ser desvergonzadamente culé no hay problema alguno, cada uno es lo que quiere y puede. En el resto sí hay problema.
Mucho.
En la portada de hoy, Sport cuenta como un título del Barcelona la Bota de Oro ganada por Lewandowski gracias a sus goles con el Bayern de Múnich. Es un nuevo éxito en esta nueva era dorada del culerío. Hay que agregarlo al Pseudo Torneo Apertura, la Copa Mbappé No Viene, la Copa 0-4, el Trofeo Palancas y la Recopa Europalisehaquedadomuybonita con las que el club azulgrana ha engalanado últimamente sus vitrinas. Inenarrable la etapa de éxitos que en muy poco tiempo ha forjado Laporta. Inenarrable porque no hay nada que narrar, a menos que el narrador trabaje los jueves, claro.
Lo grave no es que el culerío celebre lo que le dé la gana, haciendo eso sí gala de su pequeñez e insignificancia en el fútbol actual mostrando euforia ante victorias de escasa relevancia. Si quieren mostrarse desacomplejamente en toda su pequeñez, es su problema. Lo grave es que su hoja parroquial se permita calumniar a Benzema, a quien como veréis dedican un recuadro en su faldoncillo, en referencia al partido de esta noche frente al Cádiz. “Benzema vuelve a borrarse”, se atreven a soltar, así, sin despeinarse, sin matices y con todo la rotundidad que suele caracterizar a quien une ignorancia con atrevimiento.
Están haciendo una acusación directa, grave y sin prueba alguna sobre un profesional intachable que debería, eso sí, explicar a la afición del Madrid (no a Sport) qué le pasa exactamente, precisamente para evitar que ejemplos de ruindad como estos den rienda suelta a su maledicencia. Sport, de momento, calumnia a Benzema, lo difama, y lo hace con la alegría de quien va por la vida en la ignorancia de que existen tanto la decencia como los abogados.
Por lo demás, ya sabéis que esta noche juega el Madrid su último partido antes del mundial ese, y que sería interesante consumar este coitus interruptus (valga la paradoja) evitando descolgarnos del Barça. Ganemos al Cádiz y despidámonos del fútbol hasta fin de año, a menos, amigos, que tengáis estómago para considerar fútbol a lo que se viene del desierto.
Os dejamos con el resto de portadas. Pasad un buen día.
¡Hola, galernautas!
Que empiece ya el Mundial, por favor.
Llevo avisando meses. Como dice un afamado tuitero, me voy a marcar un “yoyadijeo” de libro. Porque desde agosto estoy diciendo en todo foro en el que me permiten expresarme que esto podía pasar. Que esta temporada es más rara que un perro verde y que a ver cómo afrontaban los jugadores (de todos los equipos) la recta final previa al Mundial catarí. Pues bien, lo estamos viendo. Lamentablemente muchos de estos jugadores (es humano, no voy a ser yo el que lo critique) tienen la mente pensando en los turbantes que van a ver en las desérticas tierras asiáticas, en las mieles del triunfo patrio o, al menos, en una actuación digna de una mejora contractual o un fuerte traspaso. O sea, que no se arriesgan a que un Papu Gómez de turno les arruine la fiesta. Y es humano, repito.
Pero a los que antes del Mundial sólo pensamos en el blanco nuclear de la camiseta del escudo redondo, coronado y plagado de Copas de Europa, nos incomoda. Y esto es así porque puede que nos estemos jugando las habichuelas de marzo en el campeonato doméstico, más si cabe cuando el palancas team se juega la vida en cada partido de liga y siguen ganando encuentros. En fin, por favor, que pase el Cádiz cuanto antes por Chamartín, que no se lesione ninguno de los nuestros y que se juegue el Mundial de una santa vez. Por cierto, se me olvidaba, me gusta el Liverpool en la Copa de Europa, me gusta mucho que se jueguen partidos entre los mejores del continente, entre los que pesan nada más y nada menos que 20 Copas de Europa (15 más que el Palancas y 20 más que el Colgate) en una palabra, que se jueguen partidos típicos de Superliga, a ver si cunde el ejemplo y se realiza, que está uno de los Malmoe-Moss hasta los gemelos del sur. Ahora, como siempre, unos datos del partido y… ¡Hala Madrid!
Butragueño y el Cádiz
La relación del ahora Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid con el equipo de la Tacita de Plata es especial. Contra el Cádiz en el Carranza (hoy Nuevo Mirandilla) debutó en un partido de liga dando él solito la vuelta al marcador para situarlo en el definitivo 2-3 favorable a los blancos. Y porque el 11 de febrero de 1987, en la vuelta de los octavos de final de la Copa de España, se endosó un 6-1 a los gaditanos, lo que supone actualmente la mayor goleada en partido oficial al Cádiz. En ese partido, en el que marcaron Butragueño (2) Hugo Sánchez (2) Pardeza y Michel el Buitre voló sobre Chamartín regateando hasta al banderín del córner y materializando uno de los mejores goles que se recuerdan en la Casa Blanca.
2-1, resultado típico
La victoria blanca por 2-1 resulta ser el resultado típico de un R. Madrid-Cádiz de liga al ser el que más veces se ha repetido, exactamente se ha dado en tres ocasiones.
El 10 de noviembre es un día propicio en casa
Sí, porque el Real Madrid ha jugado como local 6 partidos en 10 de noviembre, con un balance de 5 victorias y 1 empate, con 14 goles a favor y 6 en contra. Esto significa que nuestro equipo no ha perdido jamás en 10 de noviembre jugando como local.
Fede y Vini, a seguir la racha
En Vallecas no pudo ser, pero es que aún sus números son tremendos. VINICIUS ha participado en 5 goles (marcando o asistiendo) en sus últimos 5 partidos jugados y FEDE VALVERDE lo ha hecho en 6 goles en sus últimas 6 participaciones.
Nacho puede cumplir partido redondo
Cómo me gusta celebrar cosas así de Don José Ignacio Fernández Iglesias. Será porque somos vecinos, será porque echamos gasolina en el mismo sitio o porque es, de momento, uno de los pocos one man club que existen en el fútbol de élite. Pues bien, el bueno de Nacho puede jugar su partido TOTAL (amistosos incluidos) nº 350 con el Real Madrid, cifra tan respetable que sólo han disfrutado 46 de los 1786 jugadores que alguna vez se han puesto la camiseta del Real Madrid en un partido de fútbol.
DATOS DEL RIVAL
1.- El Cádiz Club de Fútbol jugó por primera vez en Primera División en la temporada 1977/78. Actualmente es el 32º en la clasificación histórica del campeonato con 435 puntos.
2.- La actual es la 15ª temporada del Cádiz en primera división.
3.- El último ascenso del Cádiz a primera división fue la temporada 2020/21.
4.- El Cádiz quedó en la 17ª posición de Primera División la temporada pasada con 39 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 1 victoria, 3 empate y 1 derrota.
6.- El Cádiz, en sus últimos 5 partidos como visitante en liga, ha ganado 1, empatado 1 y perdido 3.
7.- En sus últimas 5 temporadas en Primera División, Arteaga, Oliva, Macedo, Pavoni, Medina, Lozano y Sobrino (1) son los goleadores del Cádiz al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Cádiz que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: NINGUNO
9.- Álvaro Cervera se ha enfrentado 3 veces como entrenador al Real Madrid (todas con el Cádiz) con un balance de 1 victoria, 1 empate y 1 derrota.
10.- Los goleadores del Cádiz esta temporada en liga son: Álex Fernández (2) Negredo, Víctor Chust, Lucas Pérez, Iván Balliu, Bongonda, Sobrino (1).
11.- Actualmente, El Cádiz es 19º en la clasificación de la Liga con 11 puntos.
10 ÚLTIMOS PARTIDOS DE LIGA FRENTE AL CÁDIZ
5 victorias, 4 empates y 1 derrota, 15 goles a favor y 7 en contra.
Goleadores: Butragueño, Benzema (2) Michel, Poli (p.p.) Milla, Zamorano, Ronaldo Nazario, Raúl, Roberto Carlos, Beckham, Robinho, Odriozola, Mariano (1)
Asistencias: Michel (3) Luis Enrique, Zidane (2) Ronaldo Nazario, Benzema, Casemiro, Rodrygo (1)
Tarjetas: Gravesen, Nacho (2) Rocha, Michel, Luis Enrique, Iván Helguera, Casillas, Cicinho, Cassano, Sergio Ramos, Militao, Varane, Marcelo, Casemiro, Hazard (1)
Expulsados: Rocha
Primer tiempo: 7 goles; Segundo tiempo: 8 goles.
Gol más tempranero: Ronaldo Nazario (minuto 4)
Gol postrero: Raúl (minuto 85)
El Real Madrid ha remontado 2 veces para ganar el partido y no le remontaron
Mayor goleada, 21 de abril de 2021, Cádiz-R. Madrid, 0-3, goles de Benzema (2) Odriozola.
Un gol de penalti marcado y ninguno recibido (1 parado)
3 dobletes o más (Hugo Sánchez, Benzema y Butragueño)
Partidos con más goles (4): a) 18 de abril de 1993, liga, R. Madrid-Cádiz, 3-1, goles de Butragueño (2) Zamorano; b) 21 de enero de 2006, liga, R. Madrid-Cádiz, 3-1, goles de Roberto Carlos, Beckham, Robinho
El R. Madrid ha marcado en 8 de los 10 últimos partidos jugados frente al Cádiz en liga
Valverde metió el balón en la casa de un vecino. El video sería más divertido si el resultado hubiera sido otro. Pero si quieres mi resumen del estado actual del Madrid, lo tienes en esa jugada. La recta final de esta primera parte de las competiciones está siendo agridulce. Ni siquiera podemos decir que la ausencia de Benzema condicione drásticamente el resultado del partido, porque ha habido encuentros en los que se le ha suplido con sobresaliente. Tal vez no sea consuelo, pero es evidente que el carajal del Mundial de Qatar –gracias de corazón a todos los chorizos implicados-, sin duda, golpea más a los grandes equipos, como hemos podido comprobar.
Aún así, no creo mucho en la teoría del miedo a las lesiones. Cuando un jugador está sobre el campo, tiene las revoluciones como un reactor nuclear y es difícil pensar que medirá si va a meter el pie o no. Sin embargo, el clima general del equipo señala al clásico aturdimiento pre o post navideño, cuando la vida es un polvorón y el fútbol es incompatible con los polvorones.
El Rayo jugó el otro día un partido redondo, si bien podría haberlo jugado igual de redondo sin tratar de asesinar a los nuestros. En todo caso, utilizaron la única táctica que le está causando problemas al Real Madrid, que es una defensa de doscientos mil jugadores, y la combinaron con movimientos de presión que, paradójicamente, suelen beneficiarnos. Ahí entra lo que insinuó Ancelotti: que estaban dormidos. Por supuesto, la presión del rival deja espacios a los nuestros, pero los jugadores deben estar en cuerpo y alma sobre el terreno de juego y moverse con cierta rapidez y precisión, cosa que hasta los tres últimos partidos sabíamos hacer y que tal vez hayamos olvidado momentáneamente.
Como madridista, aunque los síntomas de empanada mental nos persiguen desde hace varias jornadas, no sentí demasiada frustración hasta el partido del Rayo. Ancelotti hace bien en espolear a los suyos, pero justo es decir que también me parecieron pobres sus decisiones durante el encuentro; no diré que me refiero a lo de Mariano porque entonces todo el mundo sabría que me estoy refiriendo a lo de Mariano, que cuajó una extraordinaria participación en las filas del Rayo Vallecano. Ni por asomo intento situarlo como culpable, aunque es obvio que hacerlo saltar al terreno de juego fue una decisión estúpida tan estúpida como haberme alineado a mí.
El Rayo jugó el otro día un partido redondo, si bien podría haberlo jugado igual de redondo sin tratar de asesinar a los nuestros. En todo caso, utilizaron la única táctica que le está causando problemas al Real Madrid, que es una defensa de doscientos mil jugadores
Ya en la recta final del partido caí en una profunda melancolía. Pocas veces siente uno la sensación de que al Real Madrid no le apetecía jugar. A alguno de los nuestros solo le faltó ir a protestar al árbitro porque ocho minutos de descuento son demasiados con esta insoportable acumulación de partidos.
Todo tiene solución y la nuestra pasa por recuperar la alegría y la concentración, que son los dos talentos madridistas que han estado ausentes en los últimos encuentros. No comparto con muchos de mis colegas el señalamiento del árbitro, por una razón: somos del Real Madrid, sabemos bien que hace ya mucho tiempo que jugamos contra doce, y que es algo que no se puede cambiar. De modo que resulta poco elegante y hasta aburrido decir que el colegiado podía haberse parecido un poco menos al Dioni.
Confío en que matemos contra el Cádiz el gusanillo de la melancolía y dejemos el pabellón bien alto antes de irnos a patear balones entre pozos de petróleo. Para bien o para mal, nada de lo que ha ocurrido estos últimos días condiciona ninguna de las competiciones que se reiniciarán tras el Mundial, porque esa es la principal extravagancia de la temporada. Si bien el propio Ancelotti es consciente de que, a la vuelta, podría ser necesario tirar de varios jugadores del Castilla para evitar que nuestros internacionales terminen el curso viendo los partidos desde la grada con todos los músculos posibles colgando por el exterior de la pierna.
Escribo en el Día de la Almudena y no está mal, porque hará falta un milagro para despertar a este equipo antes del parón qatarí, y para que esta dinámica errante sea solo un lejanísimo recuerdo en el fervor y triunfo de una segunda vuelta a la altura del mejor equipo del mundo.
«Han sido más contundentes en los duelos.
Hemos perdido muchos balones, no sacamos el balón bien desde atrás».
Carlo Ancelotti
Corría el minuto 68 de partido y a Ancelotti se le acababa el oxígeno para intentar salir vivo de la ratonera de Vallecas. El equipo perdía por 3-2 cuando el entrenador madridista quiso agitar el árbol dando entrada a Camavinga en lugar de un Tchouaméni que, con cara de pocos amigos, salió trotando del campo hasta encontrarse con la regia figura del técnico italiano, que le extendió la mano para agradecerle el esfuerzo estéril. El joven pivote alargó con desdén la suya en un gesto que no gustó a Carlo, quien, inmediatamente, le pidió que se diera la vuelta y le saludara como es debido. «¡La mano! ¡La mano!», le gritó instantes antes de que el francés se girara y, ahora sí, correspondiera al gesto paternal de su míster. Sin embargo, es más probable pensar que Tchouaméni estuviera más molesto consigo mismo que con Ancelotti, pues acababa de hacer su peor partido desde que aterrizara en Chamartín.
No hicieron falta más que un par de minutos para darse cuenta de que el encuentro de Vallecas iba a ser más duro que subir a pie las tres cimas de Lavaredo. El ritmo infernal que el conjunto de Andoni Iraola impuso desde el pitido inicial obligaba a los futbolistas del Real Madrid a igualar en intensidad y concentración a un equipo con un plan ejecutado a la perfección en el que el primer mandamiento consistía en castigar la espalda de Carvajal y Mendy con continuos dos contra uno mientras se asfixiaba a los tres hombres de la medular a base de una presión tras pérdida que no concedía un segundo para coger aire. Es imposible calibrar si la cercanía del Mundial hizo que algunos jugadores blancos optaran por economizar esfuerzos, pero la realidad es que el equipo de Ancelotti en ningún momento tuvo argumentos para adueñarse del partido y decidir a qué se iba a jugar. Quizá con el metrónomo que Kroos tiene en su cabeza el desarrollo del choque hubiera sido diferente, pero ni Modrić –extrañamente impreciso– ni Fede Valverde –desdibujado– ni Tchouaméni pudieron ofrecer las soluciones que el scape room diseñado por Iraola demandaban.
Ni mucho menos fue el culpable único de la primera derrota de los de Ancelotti en Liga, pero Tchouaméni también naufragó. Pese a sus increíbles condiciones físicas y su inteligencia posicional, por momentos pareció moverse a cámara lenta mientras los hiperactivos Isi Palazón y Fran y Álvaro García se colaban una y otra vez por cada rendija que encontraban
Este último regresaba al once titular después de haberse perdido los dos choques anteriores, ante Girona y Celtic, por culpa de una sobrecarga muscular. No jugaba desde la derrota en Leipzig, donde el equipo empezó a dar los síntomas de cansancio y/o relajación que, posteriormente, y más allá de las decisiones de Melero López (parafraseando al tuitero @jarroson, que el mal arbitraje no tape el mal partido del Madrid; que el mal partido del Madrid no tape el mal arbitraje), se confirmaron con el tropiezo ante el Girona en el Bernabéu. Es evidente que Tchouaméni, que ha rallado a un gran nivel durante este primer tercio de la temporada, parece haber perdido parte de la exuberancia física, técnica y táctica que sí mostró, por citar dos ejemplos concretos, ante Atlético, con un soberbio pase a la espalda de la defensa que Rodrygo convirtió en el primer tanto; o Barcelona, convertido en una hidra de siete cabezas en la que murió la propuesta combinativa de los Pedri, De Jong y compañía. En cambio, ante el Rayo, el internacional francés fue incapaz de ofrecer una alternativa fiable a la salida de balón iniciada, fundamentalmente, por Militão, que en más de una ocasión se vio obligado a conducir el balón hasta el centro del campo o a buscar los fugaces desmarques de Vinícius con un desplazamiento en largo de más de 60 metros. Tampoco consiguió ser un apoyo para los triángulos que, con poco acierto, intentaba formar Modrić con Mendy y Vinícius en el costado izquierdo y hasta se le vio algo desubicado en los inútiles intentos del Madrid de instalarse en el campo del Rayo y embotellar a su rival.
Ni mucho menos fue el culpable único de la primera derrota de los de Ancelotti en Liga, pero Tchouaméni también naufragó en el plano defensivo. Pese a sus increíbles condiciones físicas y su inteligencia posicional, por momentos pareció moverse a cámara lenta mientras los hiperactivos Isi Palazón y Fran y Álvaro García se colaban una y otra vez por cada rendija que encontraban, como así ocurrió en el segundo gol franjirrojo, cuando Isi encontró un inmenso hueco a su espalda. No se impuso en los duelos aéreos, llegó tarde y sin contundencia a los balones divididos y fue incapaz de maniatar a Trejo, el futbolista del Rayo encargado de hacer sonar la corneta o de pedir calma para volver a empezar. Pareció aturdido, como un astronauta intentando respirar en el espacio sin su escafandra, sin saber si incrustarse entre Militão y Alaba para apuntalar el centro de la defensa o si presionar el inicio de las jugadas de Comesaña y Valentín buscando robar el balón y aprovechar la velocidad de los tres atacantes.
Nadie puede tener dudas de que Tchouaméni va a ser lo que se denomina un «jugador generacional» y por eso la dirección deportiva del Real Madrid se apresuró en pagar los 80 millones de euros en los que el Mónaco tasó al pivote de origen camerunés facilitando la marcha de una leyenda de la dimensión de Casemiro. En cambio, con sólo 22 años tiene muchas cosas que aprender de aspectos que, muchas veces, trascienden al propio juego. Debe competir, equivocarse, madurar y aprender a interpretar lo que demanda cada partido: si el violín o los tambores. Después de todo eso, y bajo la tutela de un maestro como Ancelotti, podrá convertirse en un líder.
El mejor y más merecido premio del año, y quizás de la década, se entregó en la tarde noche del martes 8 de noviembre.
En la Ciudad de la Raqueta, quizás el mejor recinto deportivo de Madrid para la práctica del tenis y del pádel, tuvieron lugar los cada vez más prestigiosos premios Ciudad de la Raqueta (11ª edición) y la 9ª edición de los premios de la Fundación María de Villota.
Tras una maravillosa gala con prestigiosos galardonados (con el mítico tenista José Luis Arilla a la cabeza, pero también Matías Prats como comunicador, Julito Alegría en pádel, la San Silvestre vallecana, o el CB Estudiantes, en su 75º aniversario, entre otros muchos), el gran Emilio de Villota anunció los dos premios de la fundación que lleva el nombre de su querida y muy añorada hija María (asociación que realiza numerosas acciones para colectivos muy necesitados en toda España).
Uno fue para la selección española femenina de waterpolo, que atesora un palmarés de títulos internacionales verdaderamente excepcional.
El otro galardón fue el que tratábamos de describir en nuestras primeras líneas: para Paco Gento, nuestra llorada y admirada “Galerna del Cantábrico”, in memoriam, y para la familia Llorente-Gento, la formidable saga familiar que, en 3 diferentes generaciones – y las que quedan por venir – sigue dando deportistas de élite excepcionales por sus propias condiciones y por sus indiscutibles valores forjados en las bellas tierras de Cantabria.
Emilio de Villota, junto al presidente de la Ciudad de la Raqueta, Javier “Koki” Martí, llamaron al escenario a Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, para que hiciera entrega de este galardón más que merecido.
Tras un emotivo video en el que contemplamos fotografías y vídeos de Don Paco Gento, de sus hermanos Julio y Antonio (ambos llegaron a debutar en el primer equipo del Real Madrid), de sus sobrinos José Luis, Paco, Julio y Toñín Llorente Gento (todos ellos jugadores bien de baloncesto, bien de fútbol del Madrid), de su sobrinos nietos Marcos (actualmente en el Atlético de Madrid) y Sergio (hijo de Joe y actualmente en la Pro Basketball League belga), tomó la palabra Butragueño y nos regaló con unas palabras cálidas y sentidas, sobre todo para la figura de Paco Gento.
Acto seguido, subieron a recibir el premio, en representación de la numerosa familia presente (22 en total, entre ellos las dos hermanas de Paco, llegadas expresamente de Guarnizo), la maravillosa Mari Luz, viuda de Paco, y sus sobrinos José Luis, Paco y Julio. Tras el emotivo agradecimiento de Mari Luz, muy emocionada (Paco Gento nos dejó hace apenas 10 meses), tomó la palabra en nombre de toda la familia nuestro querido amigo Joe Llorente.
Su discurso fue sencillamente maravilloso, conjugando la emoción del momento, sus recuerdos sobre su tío Paco (muchos de ellos ya narrados soberbiamente en esta misma revista digital), el legado que recibieron él y sus hermanos a través de su madre, María Antonia Gento, a saber, la cultura del esfuerzo, de la dedicación, del no rendirse jamás, con una exquisita selección de su lenguaje, culto y elaborado, alternando su ironía cántabra con su afilada erudición, hasta el punto en el que hasta hizo aparecer por su discurso al mismísimo filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Su disertación divirtió, amenizó y, sobre todo, conmovió a toda la audiencia allí presente.
Fue la intervención de José Luis la guinda deliciosa de un acto en el que volvimos todos a recordar al que hasta hace bien poco seguía siendo el presidente de honor del club de nuestros amores, y la gala culminó con una multitudinaria foto de familia de los Gento-Llorente, para un recuerdo inolvidable para ellos y para todos los presentes.
Tras ello, tuvimos la oportunidad, durante el cóctel posterior, de dar la enhorabuena personalmente a los miembros de esta familia única y ejemplar, en particular a Mari Luz y a su hijo Paco, vivo retrato de su padre, y muy querido amigo personal, así como, a Joe y a Paco Llorente, o al joven baloncestista Sergio Llorente.
En definitiva, una velada inolvidable en la que se hizo a la vez memoria y justicia con el reconocimiento de, posiblemente, la familia más importante que ha habido en toda la historia del deporte español.
Buenos días. Tras la Copa 0-4, el Trofeo de la Crueldat, La Copa Europalisehaquedadomuybonita, la Recopa de las Palancas y el éxito sin precedentes de la no llegada de Mbappé al Real Madrit, el FC Barcelona se proclamó anoche campeón del Torneo de Apertura, también llamado Trofeo Precatarí Que Ya No Te vi. No es un título oficial y solo marca quién consta oficialmente como líder de la Liga mientras se disputa el Mundial, fechas en las que los clubes perderán de vista a sus futbolistas salvo que sean gays o solteros heterosexuales fogosos, en cuyo caso no son bienvenidos en el país organizador.
¿Hemos escrito Liga y Mundial? Perdón, queríamos decir liga y mundial. Las mayúsculas, en este vida, se reservan para las cosas buenas y noticiables. Claro que para Marca, por ejemplo, el logro del Trofeo Precatarí Que Ya No Te vi por parte del Barça (las mayúsculas son sarcásticas) merece honores de portada. Tal cosa sucede porque Marca es el Diario de Todas Las Aficiones. Este, a diferencia del PseudoTorneo Apertura, sí es un título oficial. Se lo concedió a Marca Iván San Antonio el día que le invitaron a las tertulias de su radio como premio a haber escracheado al padre de Martínez Munuera en Benidorm.
Esta euforia inenarrable que veis en la portada de Marca no es nada si entráis en las redes sociales culés y veis los vídeos. Es como si hubieran ganado siete Copas de Europa del tirón. Bailes, perreos, jolgorio generalizado. Piqué, incluso, se cagó en la puta madre (sic) del colegiado Gil Manzano, dándose así la despedida deseada. Cada uno festeja y se despide del fútbol como lo que es.
Para terminar de coronar una de sus portadas más infames en años, Marca dedica un recuadro a Vinicius en el que lo sitúa (Marca, no Vinicius) "en el punto de mira" y dice de él que acabó "desquiciado". Marca se suma así, ufanamente, a la corriente de convertir a la víctima en villano que está siguiendo la prensa nacional. Ante dicha corriente no nos queda ironía marca La Galerna, amigos. Ante esa corriente, a la al parecer que se suma Marca, solo nos quedan ganas de vomitar.
Es lo nunca visto. El jugador llamado a ser estrella de la Liga es sacudido impunemente allá donde va por maffeos de la vida, ante la aquiescencia de los árbitros, que de hecho se dedican a regañar y amonestar a la víctima, y el aplauso de una prensa que ha tocado fondo en sus planteamientos éticos y en su estupidez. ¿Este es el trato que vamos a dar a las estrellas de la liga española? Seguirá siendo liga con minúsculas para siempre, y empezamos hasta a alegrarnos con esta noticia. Llega el mundial (con minúscula, con extremadamente minúscula), el mundial de los 6500 esclavos muertos, y eso tiene de malo que dejaremos de ver al Madrid (con mayúscula), pero tiene de muy bueno que dejaremos de ver la liga de Tebas, Roures... y parece que Marca.
El cataculerismo, como veis, no celebra el Torneo PseudoApertura del Barça más que Marca, porque más es imposible, pero sí tanto como el Diario de Todas las Aficiones (¿Menos la del Madrid?). Algarabía desmedida, júbilo desatado. El Barça no es ni siquiera campeón de invierno, no alcanza ni siquiera ese jalón eminentemente simbólico. Lo de irse al mundial ese de líder es todavía menos significativo que lo de completar la primera vuelta en lo alto de la tabla, pero este hito de la mediocridad es celebrado por quien, a juzgar por su desenfreno, solo puede ser calificado de mediocre igualmente.
As es el único medio del día que se fija en el Madrid y que se hace, de manera indirecta, la pregunta que debe concernir al madridista, que es por qué hemos perdido (temporalmente, cero dramas) el liderato. La respuesta la da la propia portada (el mundial ha descentrado a los jugadores, muy cierto), aunque olvida el asqueroso cóctel institucional-mediático-arbitral-sociológico que ha logrado que Tebas alcance el liderato a la paz que conquista el relato (rima y todo).
Habrá tiempo para pensar cómo vamos a resolver este puzzle endiablado de intereses asquerosos, que tan bien encajan entre sí.
Si es que hay forma de hacerlo.
Por lo demás, hay que felicitar al Barça por su meritoria victoria en Pamplona, poniéndola eso sí en su contexto.
Pasad un buen día.
Se va Piqué de manera precipitada y todos nos quedamos un poco así. Se sospecha que se fuga huyendo de la nueva Ley del Deporte, que sus trapicheos como businessman han precipitado este adiós anticlimático. Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire. Al final ha dado un portazo a principios de noviembre y a casi nadie le ha resultado extraño. No hay peor derrumbe que el que no causa ningún ruido.
Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire
Piqué pertenecía a ese linaje nuevo de barcelonistas que prefiguraban, o eso creímos, un adversario nuevo. Creció a los pechos de Guardiola, cuyas ubres estaban colmadas de rencor. Piqué fue de los que creció soñando con volcar la faz del mundo, como los godos de Ataúlfo, de los que soñaban con borrar el imperio del Madrid para levantar en su lugar el suyo propio. Nadie nunca estuvo tan cerca de lograrlo como ellos, por eso su despedida resulta tan fría ahora, tan vulgar, tan alejada de aquellos días furiosos en los que la tierra temblaba.
Piqué fue un rival formidable porque fue un futbolista formidable. Era un tipo de barcelonista ex novo. Juntaba en su ser la arrogancia congénita del pijo burgués catalán y la chulería desacomplejada, nueva en aquella orilla mediterránea, una percepción de sí mismo impropia del natural victimismo catalanista y por tanto, culé, que tenía más que ver, curiosamente, con lo castizo castellano, con la imagen cliché del madridista y madrileño echao palante. Piqué, al principio, parecía a salvo del estigma loser que perseguía al barcelonismo pre-Cruyff. Fue quizá el molde del nuevo producto estrella de la factoría norcoreana de La Masía, el reflejo humano y futbolístico del decorado cinematográfico en que Pujol y el PSOE y el año de nuestro señor de 1992 transformaron Cataluña. Un nuevo chico catalán, guapo, joven, que se fue de Erasmus a Inglaterra, que sabía idiomas, un nuevo tipo humano diseñado para destruir al Gran Postor, al rostro del Leviatán: al Real Madrid.
Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena
Piqué era tan bueno como Xavi y tan camorrista como Stoichkov. Su talento tenía el don de ser transversal: igual que Iniesta, caía bien en toda España. Esto, más o menos, se debía a que Piqué era uno de esos ángeles redentores con los que sueña siempre el amargado, el infeliz y el paria de la Tierra. Su segundo apellido remitía directamente a la vieja aristocracia del barcelonismo nuñista, Bernabéu, pero el primero evocaba la pureza de sangre del país. Piqué era el upgrade definitivo del querubín diabólico que poblaría la república independiente de Cataluña y su desenvoltura, en aquel Barcelona ganador y apabullante de Guardiola, se correspondía con los ademanes del nuevo hombre catalán. Era “europeo” jugando y hablando. Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española, sobre todo la deportiva, con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena: escupitajos por la espalda, humillaciones públicas a compañeros (Arbeloa) y otras barrabasadas que ya anunciaban al niñato dentro de la superestrella.
Con Ramos se estableció desde muy pronto una dualidad forzada porque Ramos es mejor en todos los órdenes y la prueba última (por si hiciera falta) es que siendo más viejo y estando más cascado se ha ido del Madrid a un aspirante a la corona europea y ahora mismo es titular. Pero Ramos era un purasangre sevillano capitán del Madrid en carne y en alma que representaba una verdad antigua y poderosa absolutamente opuesta, antitética, a la impostura de la que Piqué era estandarte. Una impostura triunfante en una España deplorable donde la fantasía soez ya se enseñoreaba sobre la verdad.
Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso
Pero Piqué, que lo tenía todo para suceder y prolongar ese maquiavelismo guardiolista, carecía, como Iniesta y como Xavi, como Messi y como Busquets, de esa inteligencia superior y de ese talento para la alevosía que siempre adornaron al Pep. A todos les ha faltado altura. Xavi es demasiado tonto, Iniesta es una criatura sensible que habita dentro de sí mismo, Busquets sólo quiere, genuinamente, jugar al fútbol (probablemente sea el más listo de todos ellos) y Messi es un niño que ha vivido toda su vida sentado encima de una cabeza nuclear. Cuando arreció la tormenta y llovió sobre el escenario se descubrió que el palacio estaba hecho de cartón y que al otro lado de la bruma asomaba el monstruo blanco de siempre reforzado por una década de tragar sangre, sudor y lágrimas.
De modo gradual y en paralelo al eclipse de la estrella del Barcelona de Messi Piqué empezó a postularse como una figura que trascendía el césped, como una especie de presidente en potencia. Porfiaba en el tercer tiempo mediático pero ni era Guardiola ni tampoco Mourinho. Incapaz de asumir la jefatura dentro del vestuario en el tardomessismo, con la espantada del dios el apagón fue general y se reveló que Piqué alumbraba tanto como una farola estropeada. El problema, para él, es que su carácter resulta tan fatuo y vacío como casi todo lo demás en aquella región otrora llena de energía y potencia creativa. Piqué fue durante años un jerarca en el verde. Su botín de títulos habla por sí solo, pero no ha sido suficiente. A la descomposición financiera y social del Barcelona asistió como de lejos, sin implicarse emocionalmente y, como se sospecha, incluso sacando tajada del desbarajuste y el caos general.
Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid
Que de uno de los referentes de la edad de oro de la Historia del Barcelona y del fútbol español, al final, lo más obvio que se pueda decir es que le aplica aquello de Dalí, avida dollars, causa incluso tristeza. Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso. Su vis folclórica se queda en pataleta de tonadillera menor: divorcios televisados, declaraciones inanes acerca de la independencia, el Procés, Madrid o las elecciones de turno para ir de moderno y conversaciones de wasap aireadas en público donde emerge el fenicio más auténtico, el chalán que tira de contactos por un millón más en la cuenta, al más viejo estilo español, caciquista, de casino, puro y tratos en la trastienda del boticario. Ésta es una época dura para la grandeza, pero desde luego Cataluña parece la tierra más yerma de todas en ese y en muchos otros aspectos. Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid al final de una carrera a la que, da la sensación, llegó demasiado pronto, que es justo lo contrario de lo que pasa con los verdaderos titanes, cuyo esplendor se alarga como un crepúsculo del verano: con rayos de luz que atraviesan las entrañas de la noche.
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A estas alturas de esta especie de Torneo Apertura que disputan los clubes, a escasas fechas del inicio del mundial (en La Galerna lo ponemos con minúscula en protesta si se quiere infantil por la ignominia que lo rodea), los dos círculos concéntricos que definen la mente del futbolista se han invertido. Antes tenían el mundial en el círculo interior y las competiciones de sus clubes en el exterior, a flor de piel. Ahora es al contrario, y no hay dolo en ello, no es un abandono deliberado o no quiero pensar que lo sea. Es un instinto vago, una aprensión subliminal, una cautela inconsciente. Enfrente hay a veces, por ejemplo ayer, gente de barriada que no es ya que conserve la división original de los círculos concéntricos, sino que en su caso no hay tales. En su caso no hay más que un solo círculo, y en su interior, como si fuera una señal de tráfico, campea un signo guerrero que significa destruir al Madrid. A toda costa.
En esas mentes no hay mundial, con mayúscula ni minúscula. Hay afán por entrar en la historia ganando al campeón de Europa y mejor equipo de todos los tiempos. Al mundial no sé si va algún jugador del Rayo, como tampoco va Munuera. Munuera tiene en su mente lo mismo que los jugadores del Rayo. Con esto no quiero decir que Munuera tenga en su mente destruir al Madrid. Sí sé que en alguna parte de su mente Munuera conoce la conveniencia de que el Madrid palme. Para el sistema y para él mismo, no vaya a ser que Sport mandé un sicario a Benidorm a acosar otra vez a su padre.
Que pase lo que tenga que pasar ante el Cádiz, que pase también el mundial y que empiece la temporada. No tengo círculo en la cabeza para la abyección moral de Catar
Además, a Munuera le confundió el departamento de I+D rayista. Qué manera de innovar en la noble ciencia de la agresión. Si das un puñetazo a un rival te vas a la calle, pero si le palmeas la cara a dos manos (Balliu ya le ha hecho eso a Vini en dos partidos distintos), solo suscitarás perplejidad en el colegiado. “¿Es esto una agresión? No creo. Lo habría visto antes”. Si rompes la nariz de un codazo a un oponente serás expulsado, pero si lo lanzas fuera del campo con un empujón con todas tus fuerzas solo conseguirás que el árbitro se rasque la sien con estupor, preguntándose lo mismo.
Pero eso es anécdota. A Munuera le pasa con la Liga como a los jugadores del Madrid con el mundial ese: no hay voluntariedad ni culpa consciente en su voluntad de dar alas al Rayo en su trinchera. Simplemente, de manera emotiva, no verbalizada ni “pensada”, se le invierten también los círculos concéntricos: en el interior queda su objetividad arbitral; en el círculo exterior, el que aflora inevitablemente, sin culpa real por su parte (lo cual es casi peor), actúa concediendo carta blanca a los de Iraola para que sacudan porque pobrecitos. ¿Cómo si no van a ganar al mejor equipo de la historia y actual campeón de Europa? Escribí sobre esto en un texto galernauta titulado La discriminación positiva. Puede que sea la única vez que he tenido razón de manera completa.
Que pase lo que tenga que pasar ante el Cádiz, que pase también el mundial y que empiece la temporada. No tengo círculo en la cabeza para la abyección moral de Catar.
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Extraño, chocante, raro, sorprendente, excéntrico, inusitado y estrafalario lo de anoche en Vallecas.
A mediodía se celebró el sorteo de la siguiente ronda de las competiciones europeas, con el Real Madrid como único representante de la liga española en el más importante torneo de clubes. Desafortunadamente para la liga de esta nuestra piel de toro, tres de sus equipos cayeron eliminados en la fase de grupos. No es en ese foro, sino en la competición doméstica, donde han dado muestras de ser capaces de competir con los ojos inyectados en sangre, yendo al límite a por la victoria y dejándose en el campo absolutamente todo, tanto lo que tienen como lo que no. Quizá es por esto por lo que su ausencia de la siguiente fase de Champions da mucha más rabia, porque coincide con el diagnóstico que daba el profesor de nuestra niñez: “no es que sea tonto, pero es que no le da la gana. Si se esforzara y se centrara, sería de los primeros de la clase”. Nones.
Asimetría es considerar antideportivo provocar, tirarse al suelo, fingir y perder tiempo si lo hace el Real Madrid. Si esa conducta la lleva a cabo su rival, es ser canchero y dominar del otro fútbol
Lo referido no resulta privativo de los escualos caídos a Europa League o a aquellos que ni siquiera ha logrado colarse en ella, hurtando a la competición la presencia de tiburones de río, sino que es un fenómeno muy extendido en el fútbol español actual. Todos conocemos ejemplos de equipos que muy bien podrían dar la temporada por amortizada en cuanto ganasen al Real Madrid un solo partido, independientemente de que desciendan a segunda división por no haber logrado un punto más en todo el año o pierdan por goleada contra el colista, recibiendo tantos hasta de bote neutral.
A este proceso se lo denomina malakitación o mestallización. El Rayo Vallecano, escuadra formidable, todo sea dicho, se malakitó. Su entrenador, el fenomenal Iraola, quiso disfrazarse de Cholo Simeone, si bien no adoptó las capilares peculiaridades del entrenador argentino. Casi mejor, porque el único referente euskaldun en cuestiones pilíferas es Iñaki Anasagasti, de quien el genio irrepetible de Luis Sánchez Polack “Tip” dijo “lleva el pelo hecho una plasti”, pero no nos perdamos en consideraciones estéticas. El Rayo jugó muy bien al fútbol, al de verdad y al otro.
El Rayo Vallecano pasó por encima del Real Madrid en cuanto a interés, ganas, arrestos y agresividad. Sí, agresividad, porque la cursilería de la “intensidad” no es más que otro ejemplo de neolengua que busca justificar el reparto impune de palos como para hacer un fuerte. Por supuesto, si esa agresividad, esa ira y ese odio que parecen albergar jugadores, entrenadores y aficiones rivales es empleado contra el equipo blanco, resulta no ya legítimo, sino loable, independientemente de que se entre en el terreno del daño físico. Algo habrán hecho los del Madrid para merecérselo, pero ay de ellos como se revuelvan contra las patadas, codazos, manotazos y provocaciones que padecen en todos los partidos.
Asimetría se llama esta figura, queridos, asimetría. No es simétrico que el Real Madrid acabara la primera parte con las mismas tarjetas que el rival, habiendo realizado un tercio de las faltas que él.
La única lectura que extraigo de lo expuesto puede resumirse en un loor y larga vida a la Superliga y, en mi opinión, la premura inexcusable de salir de una competición corrupta y podrida hasta el tuétano en la que los mediocres se encastillan y denuestan al que sobresale
No es simétrico que el penalti detenido por Courtois tuviera que repetirse cuando en él ocurrió exactamente lo mismo que pasa en todos los penaltis que en el mundo son, merced a un árbitro que difuminó la línea que separa la permisividad de la prevaricación.
Asimetría es considerar antideportivo provocar, tirarse al suelo, fingir y perder tiempo si lo hace el Real Madrid. Si esa conducta la lleva a cabo su rival, es ser canchero y dominar del otro fútbol.
Asimetría también es buscar la fractura entre el equipo de un barrio y el más grande club de fútbol del mundo, quien, por cierto, le cede, poco menos que gratis et amore, jugadores de su cantera, y esto ocurre desde instancias tanto periodísticas como políticas, no lo olvidemos. Estas y no otras circunstancias rayanas en lo magufo, explican que el Real Madrid haya ganado en la última década más Copas de Europa que ligas españolas. Cuestión de prioridades y, no nos engañemos, de respeto.
Adicionalmente, el Mundial es un claro condicionante que hace que los jugadores del Madrid no estén centrados en una competición que tiene un tufo raro, sino en un campeonato del mundo de selecciones totalmente detestable cuya ubicación física y temporal sólo puede estar perpetrada por alguien erigido de facto en enemigo irredento del fútbol.
La única lectura que extraigo de lo expuesto puede resumirse en un loor y larga vida a la Superliga y, en mi opinión, la premura inexcusable de salir de una competición corrupta y podrida hasta el tuétano en la que los mediocres se encastillan y denuestan al que sobresale, mientras que la presunta autoridad no sólo consiente, sino que fomenta. Con su pan se coman su liga Geri, Rubi, Tebas, Roures y otros tipos del montón.
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