Las mejores firmas madridistas del planeta

N. del E.: Nuestro colaborador Juan Escudero ha publicado un libro que os recomendamos encarecidamente. Se titula “Memorias en verde” y es un repaso por la apasionante historia de los Boston Celtics. En la presente pieza, su autor reflexiona sobre las similitudes entre el legendario equipo de Larry Bird y la otra gran leyenda al otro lado del océano: el Real Madrid.

Memorias en verde Boston Celtics

Los Boston Celtics han sido a lo largo de la historia el equipo que más antipatía ha despertado entre el público americano, en lo que al baloncesto se refiere; este hecho resulta complicado de rebatir. Las leyendas que se cuentan acerca de las maniobras antideportivas que se empleaban contra rivales y árbitros han ido creciendo a lo largo del tiempo: duchas de agua caliente en los vestuarios del Boston Garden que no funcionaban en invierno, una rata que se paseaba libre como el viento por debajo de las gradas, el papel del baño y las toallas que desaparecían de forma misteriosa, el parqué de la cancha con sus legendarios puntos muertos donde el balón botaba de manera incontrolable, el aire acondicionado inexistente durante olas de calor. Total, un sinfín de presuntas tropelías y argucias diseñadas por una mente malévola con el único propósito de intentar ganar como fuera, a cualquier precio, utilizando métodos que traspasaban sin complejos la línea de la legalidad. Ni que decir tiene que la mente a la que nos referimos no era otra que la del patriarca Arnold Auerbach, más conocido en este planeta como “Red”.

Lo que es cierto es que Auerbach disfrutaba burlándose de los oponentes, en especial de que los que vestían de oro y púrpura y procedían de Los Ángeles. Todo esto forma parte de un concepto muy manido al que aún se le denomina, la mayoría de las veces de forma peyorativa, mística.

Russell Auerbach

Pat Riley es quizá el entrenador más representativo de la historia de los archi enemigos de L. A. En un libro de su puño y letra llamado Showtime, que vio la luz en 1988, escribió lo siguiente: “La mística de los Boston Celtics no son los leprechauns escondiéndose bajo el suelo, ni la sangre, ni las agallas, más bien se trata de la voluntad de emplear cualquier táctica para desestabilizar a los rivales: subir la temperatura cuando ya hace demasiado calor, desconectar los calentadores en invierno, instigar las faltas violentas, el general manager (no lo nombra, aunque todo el mundo sabía a quién iba dirigida la mención) persiguiendo árbitros de camino al vestuario para intentar mediatizarlos e intimidarlos. Al infierno con la dignidad, al infierno con el juego limpio. Ellos eran los klingons de la NBA”.

El destinatario del mensaje no era un hombre al que le gustara disculparse, más bien al contrario; se mofaba de los Lakers y hacía gala con orgullo de toda esa basura ideológica que le lanzaban desde todos los ángulos de la corrección política. Un columnista del periódico Los Ángeles Times llamado Jim Murray escribió lo siguiente en 1991: “Red era controvertido, combativo, gruñón, despectivo e incluso hiriente. Le encantaban las trifulcas, jamás huía de una pelea. Sus ojos eran intensos e inflexibles. Podía ser tan sarcástico como un sargento de marines. No le hacía ascos a ser el antagonista y la popularidad le aburría. Quería ganarte, no cautivarte, y le importaba una mierda cómo conseguirlo”.

Al principio, los Boston Celtics no se significaron por ser diana para las críticas furibundas y los dardos dialécticos, sino que todo apareció después y creció como la espuma cuando los Celtics comenzaron a ganar

Esta definición algo escatológica de un ganador compulsivo e implacable, así como las citadas leyendas urbanas llenas de fantasmas, fabrican el perfecto retrato robot de una institución amada y odiada casi a partes iguales. Sin embargo, no se lleven a engaño, los Boston Celtics desde que surgió el embrión de la NBA en 1946, y durante los once años siguientes, no se significaron particularmente por ser diana para las críticas furibundas y los dardos dialécticos, sino que todo apareció después y creció como la espuma. ¿A qué se debe tal afirmación?, ¿qué sucedió aquel lejano año de 1957? “Red” Auerbach llevaba ya seis temporadas en la franquicia y el Boston Garden existía desde mucho tiempo atrás, luego no podemos cargarlos con todas las culpas. Si quieren la respuesta más probable, deben rebuscar en la hemeroteca. Les daré una pista: los Celtics comenzaron a ganar.

Larry Bird celebración

Aquello ya pertenece a la historia. La mística empezó a morir el día que Larry Bird se retiró, agonizó con el cierre del viejo Boston Garden, y dejó de latir cuando Arnold Auerbach se nos marchó hacia el infierno (o al cielo, vaya usted a saber). Con Kevin Garnett tuvo un conato de resurrección, aunque duró poco tiempo. Hoy en día nadie odia a los Boston Celtics, inmersos como están en el engranaje de una maquinaria moderna y algo difuminada llamada NBA, muy alejada en tiempo y forma de la original. En cierta medida echamos de menos la inquina, la rivalidad y el choque de estilos. Y, por encima de todo, mal que nos pese, echamos de menos el diabólico puro de la victoria.

Existen ciertos paralelismos entre los Boston Celtics y el Real Madrid, eso es innegable. Podemos citar datos que nos sirven para apoyar esta tesis: los títulos, la grandeza, la universalidad, la relación de amor-odio con la afición global, y la comparación evidente entre Auerbach y Pedro Ferrándiz o Raimundo Saporta como personajes clave para entender el desarrollo de sus respectivas instituciones. Uno de los días más felices para fans de ambos clubs se produjo cuando los Celtics viajaron a Madrid para verse las caras contra la primera potencia europea de este deporte. Demasiadas emociones condensadas en unas horas que pasaron a los libros de historia con letras mayúsculas. Uno de sus protagonistas, Johnny Rogers, colabora en el libro rememorando aquella fecha.

Existen ciertos paralelismos entre los Boston Celtics y el Real Madrid. Podemos citar: los títulos, la grandeza, la universalidad, la relación de amor-odio con la afición global, y la comparación entre Auerbach y Pedro Ferrándiz o Raimundo Saporta

“No exagero si digo que cuando supimos que los Boston Celtics vendrían a Madrid a jugar aquello era casi como un sueño hecho realidad. Recuerdo aquel partido como si hubiera sucedido ayer mismo; hay mucha gente que viene a mí y me habla de aquello después de más de treinta años. Parece como si España entera hubiera girado su cabeza hacia el televisor para presenciar aquel espectáculo. Que solo hubiera dos canales influía bastante, por supuesto, si alguien encendía la tele las posibilidades de que pusiera el partido eran muchas, aunque no le interesara demasiado. Las generaciones de aficionados que no tuvieron esa suerte después han disfrutado de repeticiones en Teledeporte con motivo de los vintage games que suelen ofrecer en Navidad, y también existe la opción de YouTube.

Conocía a la perfección a aquellos Celtics a los que nos enfrentamos en 1988; ya me había medido a ellos varias veces cuando yo jugaba en los Cleveland Cavaliers. Salían de la época gloriosa y aún eran un gran equipo, aunque no tanto como el de 1986, sin duda unos de los mejores de la historia. Debo destacar varias cosas con respecto a aquel choque, siendo lo primero de todo la increíble pasión de los fans, llenando el Palacio de los Deportes e incluso esperando fuera solo para ver a lo lejos a los ídolos que venían de Boston, tanto antes como después del partido. En segundo lugar, la calidad y el coraje de mis compañeros, incluidos los jóvenes Pep Cargol y Quique Villalobos. No tenían ningún miedo en medirse a los míticos jugadores de los Celtics.

Johnny Rogers: "Tras el enfrentamiento con los Celtics en 1988 me di cuenta de que había aterrizado en el equipo ideal para mí, el Real Madrid"

El duelo entre quizá el mejor jugador de Europa contra el mejor del mundo se vio como un aliciente adicional. No me sorprendió ver a Drazen Petrovic en igualdad de condiciones contra los guards rivales, mitos como Danny Ainge o Dennis Johnson. Tampoco a jugadores tan contrastados como Chechu Biriukov y el gran Fernando Martín, pero sí un poco ver a Fernando Romay medirse a Robert Parish y en ocasiones superándolo. Creo que Romay era mejor de lo que normalmente se pensaba de él, y además un tipo genial, siempre con una sonrisa en la boca. Creo que en ese momento me di cuenta de que yo había aterrizado en el equipo ideal para mí. De lo poco negativo que recuerdo de aquel evento destaco el que no llegamos en las mejores condiciones físicas. Romay, Drazen, yo mismo, teníamos problemas para jugar. Hasta el último momento no supe si podía saltar a la cancha o no. Creo que en mejores condiciones podríamos haberles dado más problemas incluso. Nos emparejamos bien con ellos, no eran más altos ni más atléticos. Nuestro quinteto inicial tenía la estatura física y competitiva para mantenernos de manera digna. No se trataba de un equipo cualquiera, desde luego, aunque en aquella ocasión no tuvimos mucho que envidiarlos.

Petrovic Joe Llorente Celtics

Como persona que había nacido en California crecí con la rivalidad Lakers-Celtics, siempre apoyando a los Lakers en sus enfrentamientos. Creo que hasta pasados bastantes años no llegué a apreciar la grandeza de los enemigos naturales, y la de Larry Bird, su jugador más emblemático de la época. Me tocó sufrirlo en la NBA y en aquel partido a ratos. No era muy fuerte defendiendo y te dejaba cierto espacio, por lo que en ese aspecto no se me dio demasiado mal. Lo que era totalmente imposible era defenderlo a él. En resumen, fui afortunado de haber tenido la posibilidad, aunque fuera en equipos rivales, de ser testigo en primera línea de un pedazo de historia”.

 

Getty Images.

Buenos días. Ya sabéis que en esta vuestra sección predilecta de La Galerna no nos limitamos a comentar portadas, a pesar de que el título de la misma parezca indicarlo así. Tampoco nos limitamos a echar la bronca, aunque para ser sinceros es lo que más hacemos. Bien es cierto que suelen ser broncas amortiguadas por el sentido del humor, a veces cáustico, que tratamos de no perder. “Si quieres decirles la verdad, tendrás que hacerles reír para que no te maten”, proclamó Billy Wilder. Por el momento no hemos recibido ninguna amenaza de muerte. Señal de que lo de hacer reír no se nos da mal del todo.

Hoy, en cambio, nos toca trascender las portadas, pero también echar la bronca sin el menor atisbo de ironía. Hay días en que la ironía no cabe. Qué pereza, por favor. Nada nos da más flojera que la perspectiva de tener que regañar. A veces partimos de la base de que todos somos mayorcitos y sabemos lo que hacemos. Qué desazón comprobar una y otra vez que no, y que no hay más remedio que llamar a la gente la atención por cosas de las que se daría cuenta un niño de doce años.

Y es que la cosa tiene que ver, precisamente, con niños.

Pero vamos a ver, Marca. ¿Por qué? ¿Por qué esta mierda? ¿De verdad tenemos que salir a la palestra para indicaros que esto está mal, sin paliativos? Últimamente os hemos criticado por cosas como entrevistar confortablemente a Al Khelaifi jugando al pádel. Preferimos que entrevistéis a Al Khelaifi jugando al pádel, o a Idi Amin jugando a la petanca, antes que asumir como normal que nos ofrezcáis esta basura.

Pero vamos a ver, Marca. Que son NIÑOS, y que aquí hay en juego cosas más importantes que arañar unos clicks con cosas del corazón ahora que el mundial ha muerto para los fans de la selección y ya no queda nada que rascar. Aquí está en juego la salud mental de una generación con muchas amenazas para la misma, especialmente en su vertiente femenina. Que nos vengáis con los presuntos cuestiones de dieta de una menor de edad para mantenerse en forma y "enamorar a Gavi" tiene en el tufo rancio de ese titular el menor de sus problemas. ¿Necesitamos contaros en qué consiste el devastador desorden de la anorexia, y la importancia de controlar al máximo los mensajes que se transmiten en este sentido, máxime si. como decimos, hablamos de una menor de edad? ¿De verdad tenemos que subrayar la decadencia ética y estética en la que entráis con cosas como estas?

Os dejamos con el resto de portadas del día, querréis verlas. Buena suerte a Luis de la Fuente.

El Real Madrid femenino empató (1-1) con el Chelsea FC en el duelo de la cuarta jornada de la fase de grupos de la Women’s Champions League disputado en el estadio Alfredo Di Stéfano. Aunque Caroline Weir abrió el marcador para las blancas, su tanto fue contrarrestado por las inglesas desde el punto de penalti.

Para llegar a disfrutar de las grandes noches europeas de primavera, en esos días en los que la tarde comienza a no tener fin, hay que picar mucha piedra. Se trata de un escenario sólo desbloqueado por equipos adultos, con callo, que desembarcan en marzo con la ropa hecha jirones, la mirada perdida y el cuerpo magullado. Llegado ese momento, cualquier observador ajeno a la realidad del fútbol describiría su estado como deficiente, no apto para la disputa de partidos de importancia. Y, sin embargo, bien sabe el lector que ese estado en apariencia crítico es el que requiere un equipo llamado a ser campeón: los trofeos son para los supervivientes.

Cuando se vislumbre la fase decisiva de la temporada 2022-2023, la piel del Real Madrid femenino aún no habrá tenido tiempo de endurecerse. Su juventud –buena para tantas cosas– le delatará y los mayores probablemente le cierren la puerta en sus narices. En esas instancias, el respeto se gana enseñando las cicatrices recientes y lejanas, rememorando los golpes encajados que imbuyen de confianza al sujeto en primera persona. No, esta bisoña plantilla blanca no es una veterana de guerra pero, como se vio ante el Chelsea, al menos empieza a acumular sin rechistar un buen número de rasguños en brazos, cara y piernas.

En Valdebebas, aunque Alberto Toril salió de inicio con sus tres centrales titulares, prefirió mantener la línea de cuatro desplazando a Ivana Andrés al lateral. El centro del campo se lo dio a Claudia Zornoza y Sandie Toletti, al tiempo que Caroline Weir fue requerida para enlazar con la dupla Esther González - Naomie Feller, bastante de moda últimamente. En cualquier caso, la idea que el técnico cordobés tuviese en mente para el juego con balón de su equipo duró poco: la imprecisión de las futbolistas del Madrid fue absoluta en cuanto las londinenses encendieron su motor de 4x4, idóneo para la presión.

Una y otra vez, las centrales adolecieron del temple necesario para enlazar pases a ras de césped y optaron por atajos a ninguna parte. Kathellen Sousa mandaba a la guerra por alto a Athenea del Castillo, pero ni la cántabra tiene centímetros para ese desempeño ni la precisión del pie de la brasileña es la de Sergio Ramos. Con el paso de los minutos la frustración fue contagiándose y, si bien el Chelsea siguió rácano en ataque, el entuerto fue tal que incluso los saques de banda se convirtieron en una tortura para el Real Madrid.

Mientras tanto, cerca del área visitante la presión blanca era deslavazada, quedando a menudo en tierra de nadie. Aún así, don fútbol volvió a recordar que lo inesperado es norma en este deporte: de la nada, la portera Ann-Katrin Berger regaló sin presión un balón a Weir y la escocesa, sin marca en la frontal, dijo «thanks, dear» y cantó el 1-0. El Real apenas había creado peligro hasta ese momento, pues por algo este era el primer gol encajado por las inglesas en lo que va de competición.

En el extremo contrario del campo, el Real sobrevivió gracias al desacierto de Sam Kerr –un tiro al travesaño, otro al palo– y a los superpoderes de Misa Rodríguez. La canaria es una portera nacida para jugar de blanco, pues es de las que hace acto de presencia con puntualidad cuando su equipo parece a punto de despeñarse. Es, en resumidas cuentas, el tipo de arquera que hace creer irracionalmente en que atajará un penalti decisivo.

A la vuelta del descanso, cuando parecía que el Madrid podría llevarse los tres puntos, Misa estuvo cerca –demasiado cerca– de obrar el milagro. Esther, que firmó una noche nefasta, había perdido un balón peligrosísimo, Ivana había cometido un penalti de libro yendo al corte pasada de revoluciones, y enfrente se disponía a chutar Guro Reiten. La noruega lanzó un zurdazo seco y colocado al palo, Misa voló como hoy en día ninguna portera vuela en España… y tanto se estiró que el cuero acabó en la red tras rebotar en su espalda.

Misa Rodríguez es una portera nacida para jugar de blanco, pues es de las que hace acto de presencia con puntualidad cuando su equipo parece a punto de despeñarse. Es, en resumidas cuentas, el tipo de arquera que hace creer irracionalmente que atajará un penalti decisivo.

El empate hizo temblar al Real Madrid, pues hasta ese momento disfrutaba de una ventaja quizás exagerada y de repente el partido volvía a la guerra de guerrillas. Lo normal habría sido desertar, terminar de perder la compostura y aceptar la remontada del Chelsea. Pero los cimientos aguantaron. Primero, Olga Carmona y Feller – brillantes las dos– apretaron los dientes y con sus robos adelantados a punto estuvieron de recuperar la ventaja; después, a la hora de la sentencia, Sam Kerr dispuso de un último cara a cara con Misa y la portera volvió a hacerse gigante.

Así se llegó al 90 y sin más terminó el choque. Las madridistas encararon el túnel de vestuarios con un punto en el bolsillo, vital para mantener viva la fe en la clasificación, pero del campo salieron con algo más importante: con las camisetas blancas embarradas y manchadas, con marcas rojas de arañazos aquí y allá, y con la vista nublada fruto del esfuerzo. Ese es el camino que conduce a las noches de primavera.

Marruecos eliminó a España en octavos después de una tanda de penaltis finiquitada por Achraf, madrileño y canterano del Real Madrid, que chutó a lo Panenka y al celebrar, imitó el torpe gesto del pingüino, acordándose de su compañero del PSG, Sergio Ramos.

¿Quién? ¿Sergio Ramos? Sí, aquel que fue titular en la Euro 2008, en el Mundial 2010 y en la Euro 2012, el jugador que más veces ha vestido la camiseta de la selección absoluta y capitán de esta, al menos hasta que alguien lo desterrara.

¿Quién? ¿Luis Enrique tal vez? ¿Ese seleccionador que nunca repite alineación porque su equipo es de autor? ¿Ese seleccionador que prefiere que haya un solo líder en el banquillo antes que varios liderazgos distribuidos sobre el terreno de juego? ¿El que prefiere monopolizar toda la atención y la presión mediática, para eximir así a sus futbolistas de dicha responsabilidad? ¿El seleccionador que no se llevó a Catar a los mejores, sino a los más fieles?

Sí, el seleccionador que a escasos minutos de que concluya la prórroga prescinde del jugador que mejor había entrado de refresco (Nico Williams) para meter un auténtico especialista desde los 11 metros, pese a que este especialista no había disputado ni un solo minuto en el presente torneo. Sorprendió que fueran elegidos para afrontar el punto fatídico dos jugadores que apenas habían tenido protagonismo.

¿Quién? ¿Sarabia? En efecto, nunca había fallado una pena máxima en partido oficial. Sin embargo, la substitución vino pronto porque, antes de pasar a la lotería de los penaltis, tuvo en sus botas la última ocasión del encuentro. Recién ingresado al campo, pidió un balón al segundo palo que le llegó, pero dudó entre centrar o disparar y lo mandó fuera rozando el poste, en una de las únicas oportunidades claras que tuvo España en el tiempo extra.

¿La lotería de los penaltis? Pues sí. Hay infinidad de factores que escapan al control, empezando por el sorteo de campo y de lanzador. En este caso, el hecho de haber desbaratado una ocasión tan clara al final del partido le hizo flaco favor a Pablo Sarabia, que antes de golpear el balón desde el punto fatídico parecía estar viendo fantasmas. Pasó lo que pasó.

Tampoco convertirían su penalti los otros dos lanzadores españoles que le sucedieron (Carlos Soler y Busquets), asimismo designados por el indiscutible dedo que partía y repartía en la selección. Se desconoce si Luis Enrique les sugirió también por dónde tirarlos. Sea como fuere, la intuición de un inspirado Bono fue suficiente para atajarlos y España se va de una gran competición, por tercera vez consecutiva, en tandas de penaltis.

La España de los mil pases, la España de Luis Enrique y sus marionetas que cumplieron con el 99,9% de lo que él les pidió, vuelven todos para casa sin conseguir mejorar el resultado de Rusia. En la otra cara de la moneda están los portugueses que siguen vivos gracias, entre otras cosas, al notable rendimiento de Pepe, capitán ante la suplencia de Cristiano. A sus 39 (3 años mayor que su otrora socio en el Madrid, Sergio Ramos) el zaguero oriundo de Maceió (Brasil) rompió el récord como jugador más veterano en anotar en la fase final de un Mundial (lo ostentaba Roger Milla, el camerunés) con un portentoso e imperial testarazo que significó el segundo gol de Portugal frente a Suiza.

No es el único veterano que sigue vivo en la lucha por el título y destacándose con su selección. Modric, Thiago Silva, Leo Messi… son algunos de los coetáneos de Sergio Ramos que tratan de compensar el inevitable y paulatino declive físico con cualidades brindadas por la experiencia, como la jerarquía y los galones. Dos atributos que en el esquema de Luis Enrique durante este mundial no han tenido hueco.

“Extremo derecho rápido, fino, con una pegada perfecta y que sabe colocar la pelota ante el marco. Clase, entusiasmo y alegría en su juego no le falta”.Jugador que efectúa la fuga aislada para abrirse camino por los trechos de campo que el adversario deja libres. Más que marcar tantos, sirve goles en bandeja o crea situaciones para realizar…que no siempre son aprovechadas”. Así definían a Mario Durán en su época de futbolista en el diario MARCA y Pueblo respectivamente.

Nacido el 14 de Octubre de 1933 en Balaguer (Lérida), es el actual Decano de los jugadores del Real Madrid, es decir, el exfutbolista vivo que ha disputado el partido más antiguo con el Real Madrid.

Su pasión por el fútbol le viene a Mario Durán desde muy pequeño, ya que su padre fue presidente varios años del Balaguer CF. Jugando en su localidad natal le surgió la oportunidad de irse al gran club de la zona, el Lérida con el que llegó a disputar dos temporadas en Segunda división, la 1951-1952 y la 1952-1953. En aquellos años, Ipiña, secretario técnico del Real Madrid, guardaba una excelente relación con el club catalán y pidió probar a varios jugadores del equipo ilerdense con la camiseta blanca en diferentes amistosos. De este modo, Pepe Granés, Mario Durán, Félix García, Félix Carrillo o Luis Pellicer disputaron duelos de prueba para ver si convencían al antiguo capitán madridista de su valía.

El primero tuvo lugar el 20 de noviembre de 1952 en Chamartín ante el Sabadell. En aquel choque destacó Granés y el Real Madrid se hizo con sus servicios pocos días después. Los otros dos que acabaron pasando la prueba fueron Durán y Carrillo. El extremo volvió a actuar contra el Real Jaén el 30 de noviembre y más tarde frente a los neerlandeses del Sittardia VV el 20 de mayo de 1953. Mientras que su compañero defensa solo disputó el partido ante los jienenses. Al término del curso 1952-1953 el Lérida que tenía problemas económicos saneó sus cuentas con el traspaso de Durán y Carrillo al conjunto blanco. El de Balaguer había cumplido con nota esa temporada en Segunda y sumó cuatro tantos en su cuenta particular.

Durán aterrizó en la capital el mismo verano que Alfredo di Stéfano y Francisco Gento. En la pretemporada se le pudo ver en tres amistosos contra el Alcalá en el Municipal del Val,  la UD San Lorenzo en El Escorial o el CD Tarancón en la localidad conquense. Logró dos goles, uno frente a los alcalaínos y otro con los escurialenses demostrando su efectividad de cara al marco contrario. Sin embargo, la competencia en su puesto era atroz y en la plantilla blanca se encontraban Adolfo Atienza, Joseíto, el uruguayo Britos o Juan Vázquez. Así, el club blanco decidió cederlo al Hércules que estaba en Segunda junto a otros dos compañeros: Marsal y Roth.

En el equipo herculano fue un indiscutible para el técnico Amadeo Sánchez y Durán correspondió esa confianza con una temporada sobresaliente a nivel individual. Jugó 24 de los 30 partidos, aportó asistencias y marcó tres dianas que ayudaron al ascenso del Hércules a Primera tras haber bajado ocho años antes. El presidente blanco Santiago Bernabéu tenía una casa en Santa Pola y la cercanía con Alicante fue importante para que observase varios partidos de los blanquiazules en el Rico Pérez. Pudo contemplar en directo el notable papel de Durán, que retornó a la disciplina blanca en el verano de 1954 para establecerse en la primera plantilla.

En la presentación del equipo blanco el 5 de septiembre de 1954, contra el Hércules, el extremo diestro gustó en la primera parte como describió Pueblo: “Corre la línea con seguridad, sentido práctico y serenidad y hasta tira a puerta con dirección y dureza. Tiene además la valiosa cualidad de no ‘pensar’ en el tiro. Tira sin pensar las consecuencias cuando cree que su deber es ‘intentar el gol’”. Compartió delantera con Rial, di Stéfano, Mateos y Gento y se compenetró muy bien con el interior derecho argentino recién fichado de Nacional de Montevideo. Consiguió el tercer tanto de los madridistas en la victoria por 9-1 y una semana después salió en el once del debut liguero.

El Valencia se llevó el triunfo de Chamartín por 1-2 y para MARCA Durán “no hizo honor a su promesa del domingo pasado”. En la segunda jornada el Real Madrid venció en Atocha y en la tercera llegó el estreno goleador del catalán. El conjunto blanco pasó por encima de la UD Las Palmas y Durán anotó el 4-0 en el triunfo por 7-0. Así fue el gol según la crónica de Lorenzo Pérez Sancho en ABC: “Avanza toda la delantera blanca, falla Verde, se descoloca Juanono y Durán llega antes, tira y hace gol”. El jugador de Balaguer era ya un fijo para el entrenador uruguayo Enrique Fernández que lo siguió alineando los siguientes tres partidos. En la cuarta jornada volvió al Rico Pérez en un choque que terminó en tablas y en la quinta fecha del campeonato sumó su segunda diana contra el CD Málaga. La delantera blanca formada por Durán, Rial, Di Stéfano, Joseíto y Gento rayó a gran altura y los merengues vencieron por 4-1. El segundo gol de Durán en Primera fue tras “disparo de Muñoz desde fuera del área que rechaza el poste, lo recoge Durán y este nuevo tiro va a la red”, según escribió Gilera en Pueblo. A mediados de octubre, el balagariense no podía imaginar que disputaría su último partido en Primera y también oficial con la zamarra blanca. El Real Madrid visitaba Nervión contra un Sevilla que disponía de grandes jugadores como Campanal, Ramoní, Arza o Araujo. Los locales ganaron por la mínima y Durán cayó lesionado en un choque con el defensa Campanal. El impacto fue durísimo y le produjo al extremo derecho una fractura de mandíbula que le tuvo un tiempo de baja.

A su regreso no recuperó más la titularidad en el once y solo saltaría a la cancha para dos amistosos. Uno el 8 de diciembre de 1954 en el homenaje a Amorós ante el CD Villena, y el otro el 2 de enero de 1955 en la final de la Copa Ramón Triana frente al Atlético de Madrid en el Metropolitano. Las jornadas discurrieron y veía los partidos en la grada mientras que su puesto en el equipo iba a parar a Luis Molowny o Joseíto, ya con José Villalonga como entrenador blanco tras el cese de Enrique Fernández por su mala relación con Ipiña. Fue entonces cuando cambió el chip en su cabeza y empezó a pensar más como profesional. Su objetivo era jugar y también ganar dinero aunque fuese en otro destino. En una entrevista para Pueblo declaró que “prefiero la cesión antes de seguir en las gradas” y contó que Valencia, Las Palmas y Hércules se habían interesado por sus servicios.

Finalmente su destino fue el Real Oviedo, con el que quedó enrolado por tres temporadas en el mes de agosto de 1955. En el cuadro asturiano estuvo a las órdenes de Luis Casas Pasarín, el Dr. Toba, Argila o el argentino Picabea. Su mejor año fue el primero en el que llegó a una importante cifra de 11 goles. En la temporada 1957-1958, el Real Oviedo consiguió subir a Primera, pero Durán se marchó al curso siguiente al Cádiz. Antes de colgar las botas también pasaría por el Condal catalán o el Nàstic de Tarragona, al que llegó a entrenar.

Casado con la célebre actriz Marisa de Leza, se centró más tarde en su labor profesional como abogado y en participar en torneos de tenis de veteranos en los que logró diferentes trofeos.

Viva Mario Durán, el nuevo Decano.

Buenos días, amigos. El mundial de Catar no es ni más ni menos denigrante, moralmente hablando, desde que la selección española no forma parte de él. Nos merece la misma pésima opinión, desde una perspectiva ética, hoy que el martes por la mañana, cuando la roja aún estaba en la competición. No han resucitado, por desgracia, miles de obreros muertos en la construcción de los estadios, como tampoco se han añadido más afortunadamente.

Las reacciones al adiós de los de Lucho, eso sí, copan las portadas del día, lo que nos obliga a referirnos a ellas, y la primera que encontramos nos parece un soterrado (¿involuntario incluso?) homenaje a la escatología propia de la descomunal cagada de la llamada roja.

Sí, amigos. Mundo Deportivo ha captado a Luis Enrique en perfecta disposición de deponer un mundial. La postura es inequívoca, y la hemos atestiguado en numerosas ocasiones durante el desarrollo del torneo que ya no disputa. En cuclillas, con la mirada perdida y el gesto severo. Los carrillos se hinchan de aire por efecto de la fuerza intestinal puesta en práctica en pos de la feliz consecución del desalojo, y hasta el más discreto coincidirá en reconocer la inexorabilidad biológica del instante: ya no hay marcha atrás.

La foto tiene el valor descarnado de lo anatómico. Madre Natura obra con una determinación que para sí quisiera Busi cuando se encamina a chutar un penalti, y adivinamos de forma inequívoca que, en el instante infinitesimal que la foto retrata, ya no hay posibilidad de pensárselo. Pasa como con dejarte en Madrid a Nacho y Lucas, en Sevilla a Canales, en París a Ramos o en Liverpool a Thiago: una vez que das la lista no hay posible rectificación. Hay cosas que no vuelven a su origen una vez son presentadas al mundo, trayectorias unidireccionales, caminos solo de ida. Hay senderos que solo pueden recorrerse en un sentido, si bien nunca falta quien se avienta a experimentar con recorridos inversos. En este sentido, durante el mundial, Luis Enrique ha experimentado una barbaridad con los hinchas de la selección.

El todavía seleccionador, en la foto, parece concentrado en obtener el máximo partido del juego de esfínteres que ha de procurarle el desahogo buscado. Hay tensión en el escorzo luisenriquil (tensión competitiva, diríamos casi), y es que tiene que ser así. También había tensión cada vez que Unai Simón tenía que jugar el balón con el pie, pero ni punto de comparación, y no era en esa tesitura el asturiano quien se hacía de vientre.

O no solo él.

Esta portada de Mundo Deportivo es inalcanzablemente simbólica, amigos. Quedará en los anales, nunca mejor dicho. Aunque una imagen vale más que mil palabras, los amigos del diario de Godó la complementan con un texto llamativo.

“Dilema Lucho”, reza el titular. En un primer momento, resolvemos que el dilema ha de consistir en echar a Lucho o no hacerlo. Con sorpresa comprendemos que en realidad hablamos de la disyuntiva que para el propio técnico existe entre dejarlo o seguir. No os lo perdáis: decide ÉL. Él y (con perdón) sus santísimos cojones también. O sea, como siempre. ¿De qué nos sorprendemos?

Luis Enrique debe ahora consultar con sus sacrosantos dídimos si sigue al frente del equipo de todos, sin que a “todos” nos corresponda tener voto o tan siquiera voz en el dilema. Somos españoles pero no tanto. Es cosa de Lucho, claro que sí. Que lo vea él. Que lo vea él tranquilamente además, no vayamos a meterle prisa como si el chico hubiera hecho algo mal o algo. Ya le vimos tremendamente orgulloso y ufano en la rueda de prensa posterior a la debacle. Donde no le vimos fue en el stream. Ahí se le presentó otro dilema, y optó por no streamear (con perdón otra vez), no por nada sino por lo que sea. Lucho es un tipo que streamea de pie, prefiriendo en cambio ponerse en cuclillas cuando se trata de posar para Mundo Deportivo.

Si Luis Enrique no siguiera (insistimos: es SU decisión, no algo que Rubi deba consultar con Geri), hay alternativas. La de Luis De la Fuente es tan sumamente ilusionante que MD debe explicar quién es con un gentil paréntesis (“sub-21”), y la posibilidad de Marcelino pues ahí está, como la puerta de Alcalá o su homónimo Juan Antonio, que ya no tendrá que manipular más audios de Luis Enrique.

O si. Depende de él (de Luis Enrique, no de Alcalá). Dejemos al chico que decida tranquilamente, sin apremiarle. Se ha ganado el derecho, qué duda cabe. Si Lucho ha defendido siempre el derecho a decidir de Cataluña, ¿cómo no va a defender el suyo propio? Sport insiste en que mandarlo a la calle no compite a Rubi sino al propio seleccionador. “Luis Enrique decide”. Pero por supuesto, hombre, faltaría más.

De todos modos, lo que de verdad nos pirra de la primera plana de Sport es el faldoncillo optimista sobre los jóvenes. “La Roja tiene futuro en su apuesta por los jóvenes”. Así, como dogma de fe. Habréis de procesarlo como verdad revelada, hermanos. Acaban de pegarse el costalazo del siglo en Catar, pero “la Roja tiene futuro”, junto a una foto de los manidísimos Pedri y Gavi, que solo están en las fotos de lo promisorio o en las que tratan de salvar los restos del naufragio. Nunca en las fotos de la responsabilidad. Flaquísimo favor el que se le hace a la formación de estos dos juguetes rotos, estos dos árboles arrancados de cuajo antes de brotar en el artificio de que eran los nuevos Xavi y Pedri. De momento, todas las evidencias van en sentido contrario, pero “la Roja tiene futuro” ha de continuar como mantra. Recítese en lo oscuro, como la letanía de un rosario interminable y lacerante.

Que sigan así, amigos. Que sigan prisioneros de sus propias fantasías. Nada mejor puede sucederle a tu envidiado rival de la capital.

En cuanto a Pedri y Gavi, ojalá sean capaces de abstraerse de la monstruosidad que han hecho con ellos y puedan aún desarrollar carreras fructíferas en Primera División. Tienen calidad para ello.

Os dejamos con el resto de portadas del día. Pasadlo bien.

Esta entrevista es más que una entrevista. Es el hallazgo del Santo Grial. Tras el fallecimiento de Rafael Verdú, a quien también tuvimos el privilegio de entrevistar en esta misma página por medio de Fantantonio, quedaba pendiente descubrir quién es el nuevo Decano de los futbolistas blancos, es decir, aquel exfutbolista vivo que ha disputado el partido oficial más antiguo vistiendo la camiseta del Real Madrid.

En esta pieza os hacíamos partícipes de nuestros desvelos en la búsqueda, de igual manera que en esta que ahora leéis os comunicamos la buena nueva. Ya en el último párrafo de la pieza de la busca, maliciábamos la identidad que ahora confirmamos. Mario Durán es el nuevo Decano, y no solo del Madrid, como pronto le revelaremos también al interesado.

Solo hay una cosa más bonita que descubrir al nuevo Decano del Madrid, y es descubrir al propio interesado que él es el Decano. Nos enorgullece que Mario y su familia lo hayan sabido a través de nosotros. Mario Durán tuvo una relativamente corta carrera balompédica y una larga y muy exitosa carrera en el campo de la abogacía. Se casó con la extraordinaria actriz Marisa de Leza (la casa está repleta de fotos futboleras, pero sobre todo de daguerrotipos y cuadros de la actriz), de la cual enviudó D. Mario hace apenas dos años. Mario Durán tiene 89 años y una agilidad asombrosa. Contará en la entrevista que aún juega al tenis con sus nietos.

Don Mario, no solo es usted el nuevo Decano de los jugadores del Madrid. También es el Decano de los campeones de Liga de España, puesto que no queda con vida ningún futbolista que ganara las dos Ligas con el Barcelona entre 1951 y 1953, ni del Real Madrid en el año en que a usted le cedieron al Hércules (1953-1954). ¿Qué se siente?

Pues estoy muy sorprendido. Me descubristeis vosotros que soy el Decano de los del Madrid, pero si encima me cuentas que lo soy de los campeones de Liga… Bueno, muy bien. Eso significa que hay vitalidad y que espero seguir aquí contando anécdotas. Ahora que soy el Decano espero seguir siéndolo mucho tiempo. Que hubiera pronto otro Decano sería una mala señal. (Risas). No demos paso todavía al siguiente. En serio, es un orgullo muy grande.

Nos costó concluir que era usted el Decano del Madrid. Investigamos mucho. Un posible candidato al puesto era Pepe Granés.

¡Pepe Granés! (Se le ilumina la mirada).

Era un candidato, pero lamentamos comunicarle que hemos comprobado que ha fallecido, D. Mario. Llamamos a la residencia donde averiguamos que vivía, y nos confirmaron que había muerto hace unos meses.

Qué pena. Era un figura. Lo fichó el Madrid del Lleida junto conmigo, llegamos a la vez al club, pero no sé si él llegó a disputar  algún partido oficial con el Madrid.

Le confirmamos que sólo amistosos. El Madrid (merced a la buena relación que Ipiña, el secretario técnico, tenia con el Lleida) fichó en 1953 a tres puntales del equipo catalán: Pepe Granés, Carrillo y usted mismo, pero solo usted jugó en competición oficial. Otros candidatos al puesto de Decano eran Arturo Seoane y Antonio Serrano.

Hombre. Seoane era un defensa muy majo. Serrano también. Entonces sabéis que ambos han muerto, claro. Qué lástima.

Así es, por desgracia. Ninguno jugó en partido oficial. La última duda que nos quedaba era un argentino, Antonio María Imbelloni.

Hombre, claro, Imbelloni.

Su pista se perdía en Angola, donde estuvo entrenando. Pero dimos con alguien que llegó a tratarlo y que nos comunicó su fallecimiento, hace ya años, en Luanda. En este punto sí que supimos que era usted el hombre, definitivamente. El hombre vivo que ha jugado el partido oficial más antiguo con el Madrid.

Imbelloni. (Recuerda, musitando ese nombre como quien recuerda una letanía olvidada). Extremo derecha, como yo. Gran jugador.

Háblenos de sus comienzos en el balompié. En su familia, siendo usted un niño, ya se respiraba fútbol, según hemos podido saber. Su padre fue presidente del Balaguer.

Mi padre era jefe de estación, concejal del Ayuntamiento de Balaguer (Lleida) y presidente del club de fútbol. Así que empecé a jugar desde muy pequeño. Me descubrieron cuando jugaba en el colegio de los hermanos maristas de Lleida, a cuyo internado llegué porque a mi padre le advirtieron que nunca llegaría muy lejos en el fútbol si me quedaba en Balaguer. Allí hay ojeadores y te verán, me decían. Y en efecto. Me vio el ojeador del Madrid, que se llamaba Peralba, y me firmaron por tres años, aunque el primero lo pasé en el Hércules, a donde fui cedido. Era la temporada 52/53.

Su temporada en el Hércules fue enormemente exitosa. No extraña nada que el Madrid le quisiera recuperar para la siguiente.

Así es. La mejor temporada de mi vida. Logramos el ascenso. Y daba la casualidad de que D. Santiago tenía casa al lado de Alicante, en Santa Pola, con lo cual me vio muchas veces en directo. El Madrid tenía otros dos futbolistas cedidos en el Hércules. Y dijo: “Este chaval que tenemos cedido aquí nos lo llevamos para Chamartín”. Fue una orden de Bernabéu a Ipiña (secretario técnico) y Villalonga (entrenador).

O sea, que usted fue una apuesta personal de D. Santiago, casi como Benzema lo fue de Florentino.

(Risas). En otro orden de cosas, sí. D. Santiago era el que mandaba. Allí mandaba hasta Doña María, su mujer. Nos tenía a todos controlados en la residencia aquella de Narváez 70. Estaba siempre al pie del cañón.

¿Tan involucrada estaba?

Controlaba nuestras idas y venidas y se preocupaba de que estuviéramos siempre bien.

Increíble. A su vuelta al Madrid, al comienzo de la 54/55, compartiendo usted vestuario con monstruos como Di Stéfano, Molowny, Muñoz o Gento, encadena seis titularidades seguidas, con dos goles además, uno a Las Palmas y otro al Málaga.

¿En Málaga o en Madrid?

Ambos goles, Las Palmas y Málaga, en Chamartín. 

Ah, eso es. Si es que todo iba rodado.

Así es. En una entrevista que le hicieron, en uno de esos momentos fugaces en la cumbre, agarran por banda a D. Alfredo, que andaba por allí, y le preguntan por usted. “Está muy bien el chico”, responde la Saeta (ver captura abajo). Ya ve. Tenía usted hasta las bendiciones de Di Stéfano.

 

Alfredo nos tenia mucha estima a los que íbamos allí a la guerra, poco más o menos, a abrir brecha contra los defensas rivales, que por entonces eran durísimos. Por eso nos apreciaba mucho a mí, a Joseíto, a Paco (Gento)… Bueno, Paco tenía una velocidad tan increíble que se salvaba de esas entradas brutales. Todo iba rodado hasta aquello…

Hasta el partido de Sevilla. Campanal II, ¿verdad?

Sí. Me rompió la mandíbula. Y ese fue el fin de mi carrera en el Madrid. Me recuperé, pero para entonces ya se habían hecho con el puesto Molowny (estaba ya en el declive pero seguía teniendo calidad) o Atienza.

¿Fue un golpe con dolo por parte de Campanal?

No, en absoluto. Un choque sin mala intención. Era un atleta, una roca. Me pegó un trompazo y me mandó a la grada. La lesión me marcó psíquicamente también. El resto del año con el Madrid no volví a jugar, y al término de la 54/55, justo cuando el Madrid se disponía a ganar cinco Copas de Europa seguidas, me traspasaron al Oviedo.  Me quedaba aún algo de ilusión, pero con el trompazo decaí bastante. Mentalmente, el incidente me hizo decidir que lo del fútbol estaba bien para un rato, pero había que pensar en el porvenir. Había que ser prácticos.

doña maría, esposa de d. santiago bernabéu, Controlaba nuestras idas y venidas y se ocupaba de que estuviéramos bien

¿Por eso, por el porvenir, empezó usted ahí a estudiar Derecho?

Por eso y por mi suegro. Cuando Marisa le dijo que queríamos casarnos, el que iba a ser mi suegro declaró que, mientras de él dependiera, su hija no se iba a casar con futbolistas, toreros o gente así. “Mi hija se va a casar con un señor que tenga una carrera”. ¡Y en tres años y medio acabé la carrera de Derecho! Me presenté con el título en su casa y le dije: “¿Y ahora qué hacemos?” (Risas). Todo esto formaba parte de un plan, porque me fui al Oviedo sabiendo que en la Universidad de allí sacar el título era un poquito más factible.

Todo esto por amor, claro.

Por supuesto. Total, que podía haber jugado más años al fútbol, pero fui practico y tuve una carrera corta. Me dediqué al derecho en Tarragona y luego terminé entrando en política de la mano de Óscar Alzaga y su PDP (Partido Democrático Popular). Fui concejal del Ayuntamiento de Tarragona.

 

Volvamos a esos seis partidos mágicos de titularidad en el Madrid. Retornemos aquel vestuario del que usted formó parte, con la Saeta, con la Galerna, con Muñoz…

 

Fue una época de ensueño que ahora mismo no te puedo analizar al detalle porque se me han olvidado muchas cosas. Teníamos como expliqué antes mucha exigencia y vigilancia, pero de eso me doy cuenta ahora, porque entonces sólo pensábamos en ganar.

Usted no solo jugó con D. Alfredo sino que, como hemos dicho, tenías todas sus bendiciones. ¿Cómo era D. Alfredo?

Por entonces había un futbolista que técnicamente me gustaba más que él: Kubala. Pero, a la hora de la verdad, el número uno era Alfredo. En los entrenamientos, con nosotros sus compañeros, era implacable. Había días que a lo mejor habías salido un poco y estaba regular, y él te cogía por banda y te decía: “Eh, que hoy también nos pagan. Esto es como si fuera un partido. Hay que sudar la camiseta”. Era un profesional como la copa de un pino. Con muy mal carácter, pero deportivamente para quitarse el sombrero.

Un líder absoluto.

¡Un líder absoluto! Con un carácter argentino muy duro. Llevaba poco tiempo en el club, apenas un año, pero por su forma de correr, de azuzarnos, de analizar cada situación, se erigió inmediatamente en nuestro líder.

alfredo era implacable. te cogía por banda y te decía: “Eh, que hoy también nos pagan. Este entrenamiento es como si fuera un partido. Hay que sudar la camiseta”. Era un profesional como la copa de un pino. Con muy mal carácter, pero deportivamente para quitarse el sombrero

¿Se podía entrever que iba a marcar una época en el fútbol mundial? ¿Usted lo intuía?

Sin duda. Como te digo, era más bonito ver jugar a Kubala o a Kopa, pero Alfredo tenía calidad a raudales y era un luchador nato. Fue el primero en darse cuenta de que un delantero no puede quedarse ahí arriba esperando que le lluevan centros de los extremos y ya está. Él apostaba por bajar a recoger el balón, desde la defensa si era preciso, para construir el juego desde atrás. Imponía un ritmo infernal que tú tenías que seguirle. Y decías: “¿Cuándo parará este hombre?” Tenía algún pulmón escondido o algo así. Si no, no se explica. Todo lo que tenía de mal carácter lo tenia de excelente jugador.

También coincidió con Molowny.

Molowny era técnicamente genial. Escondía la pelota. Jugué con él pero no en partidos oficiales, sólo amistosos.

De hecho, competía con él por el puesto.

Y con Joseíto, Atienza…

Y Britos, aquel uruguayo.

¡Hombre, Britos, claro! Muy bueno. Pero yo ya no me acuerdo si hablamos del mismo año.

Sí, sí… Todos estos competían con usted. Tenga en cuenta que entonces las plantillas  tenían entre 25 y 30 jugadores. Aunque la mayoría no jugaban casi nunca. También jugó usted con el mítico Héctor Rial, aunque él era interior y no extremo derecho. Hay crónicas de alguno de esos partidos en Chamartin que dan buena cuenta de las diabluras que trazaron entre los dos; parece que, aunque aquello fuese fugaz, se complementaban bien.

Correcto. Nos entendíamos muy bien. Rial era una excelente persona, un gran compañero. Nos apoyaba constantemente a todos.

di stéfano Imponía un ritmo infernal que tú tenías que seguirle. Y decías: “¿Cuándo parará este hombre?” Tenía algún pulmón escondido o algo así. Si no, no se explica

Muchos dicen que gran parte del éxito de la carrera de Gento es debido a los balones que le metía Héctor Rial. Usted, que jugó con ambos, ¿refrenda esa idea?

Totalmente. Aquellos pases en profundidad al primer toque fueron esenciales para el crecimiento como jugador de Paco. Hector le ponía el balón en largo exactamente a donde Paco tenía que llegar, y a donde solo Paco podía llegar. Sabía que ahí Paco cogía la directa y ya no había manera de agarrarle.

¿Gento era tan callado e introvertido como dicen?

Sí, mucho. Era difícil sacarle cuatro frases a Paquito Gento. Claro, en un contexto de familiaridad y cercanía, en la intimidad, la cosa cambiaba. También puede ser que con el fútbol no tuviera tiempo de avanzar en sus estudios y no se sentía muy seguro para hablar mucho. Pero era una persona absolutamente fabulosa.

¿Y el mejor extremo izquierda que ha existido?

¡Hombre! Qué rapidez. Inalcanzable.

En algunas entrevistas de la época, para ese mismo puesto, usted destaca también la excelencia del rojiblanco Collar.

 

Eran los dos mejores de España en esa posición. De hecho, para que pudieran jugar ambos en la selección, ponían a Collar por la derecha. Lo de Enrique Collar era de una técnica superlativa. Estaba Gento y, a poca distancia, Enrique. A Enrique le faltaba luchar un poco más, como suele pasar con los futbolistas muy virgueros. Es lo que nos ha faltado a muchos, que éramos muy buenos pero nos faltaba morder más. Como mordía Alfredo.

Ya que habla de sus condiciones, la prensa de la época describe a Mario Durán como “un extremo derecha fino, rápido, con una pegada perfecta. Clase y entusiasmo no lo faltan. Más que marcar goles, los sirve en bandeja”. ¿Se reconoce?

Sí, pero es lo que te digo, yo era un poco frío. Algunos jugadores éramos capaces de hacer cosas que los demás no pueden. Pero luego hay que morder, como Alfredo, y correr la banda, como Gento o Collar. Solo con la técnica no había manera de defender un puesto, porque los defensas eran prodigios físicos. Ya te digo que Campanal, el que me lesionó, era un atleta, cien metros en doce segundos.

Sigamos con algunos de sus compañeros de la época, que son de aúpa. Usted jugó con la media Muñoz-Zárraga, nada menos.

Así es. Muñoz dirigiendo la orquesta y Zárraga corriendo arriba y abajo, cubriendo todos los huecos posibles. Era el peón de Muñoz, que sabía situar muy bien al equipo. Zárraga era imprescindible, no en vano ganó cinco Champions.

Jugó usted, durante esos seis partidos, con algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos.

(Se queda pensativo y empieza a repasar los ya enumerados): Alfredo… Paco… Rial… Muñoz… Zárraga… Y en la defensa estaban Lesmes, Oliva…

Y Joaquín Navarro…

¡El Fifo! (Sonríe). Le recuerdo muy bien, así, calvete…

Y en aquella temporada, sí hablamos de entrenadores, comenzó el uruguayo Enrique Fernández, a quien después sustituyó Villalonga, que tomó las riendas desde el apartado de preparador físico…

Es verdad, pasó de preparador físico a entrenador, no me acordaba.

Es un tránsito que suena muy raro hoy en día. ¿Significa eso que el entrenador no contaba por entonces gran cosa? En lo táctico, por ejemplo.

Ahí el que tenia carácter era Ipiña. El primer entrenador que tuve, Fernández, no mandaba mucho, y Villalonga era un señor, más bien callado, y prestando mucha atención al apartado físico, con su eterno cronómetro, como correspondía a alguien que venía de esa especialidad.

Pero entonces ¿no intervenía mucho en lo táctico? Nos habla usted de personalidades de jugadores muy fuertes, da la sensación de que se imponían a la del propio entrenador.

Es que las tácticas son muy relativas. A mí dame once tíos que corran y déjate de tácticas.

A usted le entrenaron dos hombres que después serían seleccionadores nacionales. En el Madrid, Villalonga. En el Oviedo, Eduardo Toba.

Toba en cambio sí era un estudioso, muy metódico.

Usted en el Condal coincidió con Manuel Sanchís padre, campeón de Europa con el Madrid en el 66. ¡Ha jugado con muchos ilustres!

¡Hombre! Qué bueno era Sanchís padre. Rapidísimo. Y en el centro del campo, en aquel Condal, jugaba un húngaro estupendo, Peter, así como el defensa Rifé.

Con técnica tenemos a Benzema, Modric y otros. Hay que complementar con fuerza física, y el Madrid eso, de momento, lo está haciendo muy bien. Tenemos una gran plantilla. Quizá yo sea un poco subjetivo porque yo soy muy del Madrid, pero es lo que pienso

Hay un jugador, Arsuaga, que fue el predecesor de Gento en la banda izquierda, y creo que también coincidieron. Padre del ilustre paleontólogo y antropólogo Juan Luis Arsuaga, muy amigo de La Galerna.

Le recuerdo, sí.

Vamos a la actualidad un poco, D. Mario. ¿Cómo ve al equipo?

Pues no es que yo sea madridista, que lo soy. Es que juegan muy bien. Tenemos un equipo fabuloso. Es una gran época. Ya no es solo el maravilloso Benzema, sino toda la plantilla.

¿Y el Barça?

El Barça lo que tiene es un plan de juventud que en dos o tres anos le puede dar fruto. Es un proyecto de futuro muy bueno el de estos chicos.

El Madrid tampoco es manco con sus jóvenes. ¿Le gusta Valverde?

Claro. Es buenísimo. Hace una labor fabulosa en el medio campo.

¿Tienes la sensación de que aquella ansia de ganar que veía en D. Alfredo, de la que nos hablaba antes, sigue presente en la actual plantilla?

Por supuesto. Eso en el Madrid es fundamental. Es la esencia de la institución. Eso y el aspecto físico, cada vez más importante. Me da la sensación de que los ojeadores buscan ahora futbolistas con un 60% de capacidad física, y un 40% de habilidad técnica. Es el fútbol moderno. Con técnica tenemos a Benzema, Modric y otros. Hay que complementar con fuerza física, y el Madrid eso, de momento, lo está haciendo muy bien. Tenemos una gran plantilla. Quizá yo sea un poco subjetivo porque yo soy muy del Madrid, pero es lo que pienso.

¿Cuál es su secreto para mantenerse tan bien? Se me ve muy ágil y vital.

Nunca he dejado el ejercicio. Al abandonar el fútbol, seguí jugando con los veteranos un tiempo, pero mis gestos técnicos me provocaban esguinces. Tuve que dejarlo. Sin embargo, empecé con el tenis y fenomenal. Jugué muchos campeonatos internacionales de tenis de veteranos. Ahora en resistencia he bajado, como es normal, pero cuando juego con mis nietos, y me hacen una dejada, todavía llego a la red. Conservo el arranque. En esa estantería puedes ver todos mis torneos de tenis.

 

Entrevista: Alberto Cosín, Jesús Bengoechea

A casa. En Octavos. Otra vez.

Podríamos decir que sabíamos que esto iba a pasar. Que a la selección española de fútbol no le daba para más. Es más, decir lo dijimos muchos. Se nos acusó de simplemente ser madridistas y por ende “odiar” a Luis Enrique y a la selección porque sí. Pues no.

Mi crítica, que no odio hacia Lucho, siempre la he hecho desde un punto de vista futbolístico. Lo dije desde que salió la convocatoria: con ese equipo no vamos a llegar a ningún lado. Para mí, faltaba experiencia y jugadores contrastados que no estuvieran a dos pasos de la jubilación. Nunca entendí para qué llevó a Eric García por ejemplo, cuando (digamos) no está ni para jugar en el FC Barcelona, para que luego no jugase ni un minuto. Como tampoco entiendo que lleve a Ferran Torres cuando no es ni titular en su equipo. Lamentablemente, dejó a muchos jugadores en casa que habían hecho méritos para estar en Catar. Jugadores como Aspas, que quizás el martes hubieran tirado a puerta.

Es totalmente INTOLERABLE que en 120 minutos, España tirase UNA vez entre los tres palos. Que lances tres penaltis y falles los tres. Imposible ejecutar penaltis peor que lo que hicieron Soler y Busquets.

La desidia era total, y en los rostros de los jugadores se veía plasmado el miedo y derrotismo ANTES de lanzar las penas máximas. Con un entrenador sentado de brazos cruzados. ¿Dónde estaba la casta, la garra, la sangre? Se puede caer derrotado, pero así es VERGONZOSO.

Más vergonzoso aún es que salgan el entrenador y jugadores a las entrevistas y digan que están orgullosos y se van con la cabeza “bien alta” por el trabajo hecho. Pero ¿se están riendo de nosotros? ¿Cómo vas a estar orgulloso de lo que se ha visto plasmado en el césped? Vergonzoso es que salga Luis Enrique en rueda de prensa y se enfade con un periodista por las críticas al juego de la selección. La falta de autocrítica es vergonzosa y preocupante. Está muy bien que se haya querido acercar a la afición a través de los streams en Twitch, pero su primera tarea es la de entrenador, la de preparar los partidos, corregir errores y saber contra quién juegas.

Me gustaría que la eliminación no me doliera, pero no lo consigo. Estoy jodida desde el martes. Muy jodida.

¿Por qué? Pues porque, ante todo, soy española y quiero que España gane SIEMPRE. Sea quien sea el entrenador, y sea quien sean los jugadores. En el momento que se enfundan la camiseta de España, voy con ellos a muerte. Porque aunque haya un sector que se quiere “apropiar” de la selección diciendo que es el Barça etc, el himno que suena antes de los partidos, es el de ESPAÑA, y el escudo en la camiseta es el de ESPAÑA. Me jode ser un meme internacional. Perder, puedes perder; dar vergüenza mientras lo haces…NO.

Luis Enrique, gracias por llevar a los jugadores de tus amigos, gracias por no llevar a los que habían hecho méritos deportivos, gracias por aburrir a las ovejas. GRACIAS POR NADA.

A esta fecha, ningún jugador ha logrado en las Copas del Mundo de fútbol lo que Edson Arantes do Nascimento, el incomparable Pelé para todos. Triple corona tras las victorias de Brasil en 1958 (Suecia), con tan solo 17 años, 1962 (Chile) y 1970 (México). Pasarán algunos lustros hasta que alguien le llegue a igualar. Para ello, por ejemplo un Mbappé o un Varane o un Griezmann deberían ganar este año en Qatar y repetir en 2026, lo cual parece bastante improbable.

Pelé está siendo noticia estos días por el empeoramiento de su estado físico, aunque ayer nos tranquilizó saber desde su cuenta oficial de Twitter que se encuentra algo mejor y que sigue con pasión el camino de Brasil por tratar de lograr su sexta corona en los Mundiales.

Pelé no gol Uruguay

Quien les narra, por motivos de edad, apenas pudo disfrutar del fútbol de Pelé, aunque sí recuerda una tarde de junio (debían de ser las 7 o las 8 de la tarde, ya que el partido comenzó a las 13:oo hora local de México D.F.) de 1970, en el viejo televisor familiar, blanco y negro, por supuesto, una exhibición brutal de fútbol entre Brasil e Italia por el cetro mundial.

Un niño de apenas 8 años quedó embelesado por el partido, y por el gol que marcó Pelé de gran cabezazo para inaugurar el marcador (1-0) mediada la primera parte. Italia era un equipo poderoso, una mezcla de las glorias del Inter (el capitán Facchetti, el duro defensa Burgnich, el elegante Sandro Mazzola, el delantero Boninsegna, autor del único tanto transalpino) y del recién proclamado campeón de Italia, el Cagliari de Cerdeña, con el inmenso Gigi Riva, Angelo Domenghini y el meta Albertosi, que le arrebató la titularidad al gran Dino Zoff, la mayoría de ellos campeones de la Eurocopa de 1968.

Pelé celebración

La selección canarinha, irrepetible, con Gerson, Carlos Alberto y Jairzinho (los tres anotaron para el 4-1 final), más los magos Rivelino y Tostao, todos ellos conocidos en España gracias a las colecciones de cromos de la editorial Fher, y liderados por el Lobo Zagallo en el banquillo (compañero de éxitos de Pelé en el terreno de juego en 1958 y en 1962) y, por supuesto, por quien entonces era ya nombrado en todos los rincones del planeta como O Rei.

Pelé maravilló a aquel niño, que recuerda curiosamente tres jugadas fabulosas en aquella Copa del Mundo que no acabaron en gol: el célebre no gol en la fase previa ante Checoslovaquia y su guardameta Viktor (un lanzamiento desde el centro del campo), el paradón (considerada como la mejor atajada jamás hecha por un portero) del inglés Gordon Banks a disparo a bocajarro de Pelé y una jugada preciosa en semifinales ante Uruguay y su arquero Mazurkiewicz, al que amagó increíblemente O Rei, sin lograr batirlo.

Parada a Pelé

Le mandamos toda la fuerza del mundo al gran Pelé, admirador de Alfredo Di Stéfano y del Real Madrid (pese a que don Santiago Bernabéu trató de ficharlo varias veces, pudo más el no querer salir de Brasil del astro, ya que, además, abandonar su país era una cuestión de estado) y posiblemente, el mejor jugador de toda la historia, junto a su admirado Di Stéfano y a Diego Armando Maradona.

 

Getty Images

España se ha ido del Mundial de Qatar como lo hizo hace cuatro años en Rusia: llevando al extremo el ridículo el concepto de la posesión. Tener el balón se ha convertido en un dogma sin sentido cuando entrenadores como Luis Enrique Martínez lo convierten en la principal razón de ser.

La pregunta es ¿para qué quiere un equipo el balón? Se supone que la respuesta es sencilla: para atacar y tener más posibilidades de hacer gol al rival. Curiosamente, eso no sucede cuando de esta selección española se habla.

España ha caído eliminada del Mundial de Qatar tras no tirar prácticamente entre los tres palos en 130 minutos de juego y no ser capaz de hacer un gol ni tirando tres penaltis. Se dice pronto. Eso sí, hemos goleado en posesión y en capacidad de pasar el balón de forma horizontal durante dos horas largas de partido ante un rival de menor entidad como es Marruecos, pero hipermotivado y con buenas individualidades. Tiene mérito lo hecho por España. Como tiene mérito irte de un Mundial tras haber jugado contra una Alemania menor y, sobre todo, contra Costa Rica, Japón y Marruecos. Es, sencillamente, alucinante.

La roja ha retrocedido de golpe hasta la década de los años setenta del siglo XX, cuando fuimos incapaces de clasificarnos para los Mundiales de Brasil 70 y Alemania 74 y caer a las primeras de cambio en Argentina 78 y haciendo un ridículo glorioso en España 82. Desde entonces, hubo luces y sombras, pero de repente, tras el trueno del título levantado en Sudáfrica 2010, hemos encadenado una eliminación en grupos en Brasil 2014 y dos eliminaciones calamitosas en octavos en Rusia 2018 y Qatar 2022.

La Roja ha retrocedido de golpe hasta la década de los años setenta del siglo XX, cuando fuimos incapaces de clasificarnos para los Mundiales de Brasil 70 y Alemania 74 y caer a las primeras de cambio en Argentina 78 y haciendo un ridículo glorioso en España 82

Si he de ser sincero, no tenía ilusión ninguna con esta selección de Luis Enrique. Vi el partido ante Marruecos en la Cala del Moral, en Málaga, en casa de mi amigo Carlos, malaguista de pro y nada sospechoso de ser antiluisenriquista. En el descanso ya estábamos convencidos de que esta España no iba a ningún lado.

Luis Enrique se empeñó en hacer un equipo de autor, seleccionando futbolistas más allá de su titularidad o no en sus clubes, dejando en España a jugadores con mejores prestaciones y números que muchos de los convocados para Qatar.

El técnico asturiano ha apostado por dos conceptos fundamentalmente. Jugadores fieles a su idea de entender el fútbol y, a ser posible, que jueguen en el FC Barcelona. Laporta sacó pecho tras el 7-0 a Costa Rica y la cara, se la han terminado partiendo metafóricamente hablando.

Esta selección tenía a los dos laterales izquierdos del Barsa (Alba y Balde); el central (Eric García); el medio centro (Busquets) los dos ‘maradonas’ del momento (Pedri y Gavi); el extremo Ferrán Torres, yerno de Luis Enrique y suplente habitual en el Barsa, y Ansu Fati, recuperándose de una lesión eterna. No sé si me dejo alguno en el tintero.

Esta base de la selección es la misma que la del Barsa eliminada en la fase de grupos de la Champions League y que lleva dando pena, futbolísticamente hablando, en las últimas ediciones de la Copa de Europa. Con ellos, más Morata y Unai Simón, que tiene gravísimas dificultades para jugar con los pies como quiere Luis Enrique, queríamos ganar el Mundial. Luego nos dicen que los Reyes Magos son los padres y nos sorprendemos.

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