Buenos días. ¿Dónde está Negreira cuando se le necesita? ¿Dónde Senes Erzik? ¿Dónde Ángel María Villar, Presidente del Comité de Árbitros de la UEFA en todas las Champions ganadas por el FC Barcelona en el presente siglo?
“Where have you gone, Joe DiMaggio? / Our nation turns its lonely eyes to you”, cantaban Simon & Garfunkel, en un eco de la inmensa melancolía con la que el club cliente de Negreira y su entorno mediático lamentarían muchos años después su pérdida de ascendencia arbitral en Europa, en contraste con su férreo dominio del escenario federativo en España. La nación culé vuelve sus ojos solitarios a Senes Erzik, el hombre bisagra UNICEF/árbitros UEFA que obró milagros a nivel europeo (mientras Negreira los obraba en el escenario nacional) a la par que el nombre de la organización de los derechos del niño engalanaba la camiseta blaugrana. ¿Dónde te fuiste, Senes Erzik? ¿Y por qué hace ahora tanto frío lejos de los herederos de Negreira, esos abnegados hombres que nos dan su aliento en las noches de invierno?
(Por cierto, cómo le gusta al Barça un hombre-bisagra. “Buenos días, ¿qué sombrero quiere usted que me ponga? ¿El de UNICEF o el de los árbitros UEFA? ¿El de la directiva del Barça o el de dejar prescribir sus delitos bajo el paraguas del CSD?”)
“Castigados” es el sufrido comentario con el que los descamisados de Mundo Deportivo (diario del Conde de Godó, grande de España) ilustra el nuevo expolio sufrido ayer por Catalunya a manos de las penúltimas reminiscencias de un Franco siempre omnipresente en Europa. Flick, ese señor que aboga altruistamente por proteger a los árbitros y sus familias, se pegó la gran rajada contra el colegiado rumano, y Mundo Deportivo amplifica sus quejas.
—Siendo dos equipos españoles (Barça y Atleti), ¿no podían haber puesto de colegiado a, qué sé yo, un Soto Grado o Alberola Rojas? ¿A qué viene esto de ponernos un rumano?
Se queja Flick (y con él el diario de Godó) de la roja a Cubarsí. Aunque el árbitro hubiera de ser avisado por el VAR, es una roja como un piano de cola. Otra cosa es que, protegidos por la mafia del CTA en territorio nacional, en una jugada idéntica en un Barça-Atleti le fuera condonada la expulsión al propio Cubarsí. Una cosa es la patente de corso que disfrutan aquí y otra cosa es ir a jugar a Europa, chavales. Allí jugáis sin red, a la intemperie, sin la protección del escudo federativo, y se os ven las costuras de hilo rojo infinito, como cantaba Radio Futura.
“Penalti no señalado por mano de Pubill que indignó a Flick y al Camp Nou”, reza también la iracunda portada proculé. Se refiere a una jugada en la que el central del Atleti toma el balón con la mano para sacar de puerta, la típica jugada tonta. Ya le sucedió al Arsenal hace no tanto y tampoco se pitó penalti. Son jugadas absurdas que ya reúnen cierta jurisprudencia en el sentido de abogar por el sentido común y no sancionar a quien ni siquiera considera que el balón está en movimiento, como era el caso de Pubill. Pero el culerío en pleno se lanza con saña en pos de la prebenda arbitral a la que se creen con derecho otorgado por el Supremo Hacedor, tan acostumbrados están a la “neutralidad arbitral” que hace ya lustros se compraron vía Negreira, y que disfruta de plena vigencia en la liga española, en contraste con el escenario europeo donde hay errores, pero también neutralidad real, o sea, sin comillas.
El resto de periódicos reflejan el brutal batacazo culé, que tiene pie y medio fuera de la Champions, con menos tendenciosidad y menos jeta que el rotativo del Conde. Y nosotros nos despedimos por hoy, con nuestros ojos vueltos hacia el gran Joe DiMaggio y el no menos grande José María Enríquez Negreira, próceres de la paz y la verdadera justicia a quienes añoramos desde el fondo de nuestro corazón.
Pasad un buen día.
Es inesquivable la sensación de que Arbeloa ha podido llegar a tiempo de enderezar el rumbo del equipo, pero tal vez no a tiempo de hacerlo esta temporada. Resulta que se ha cruzado el Bayern, lo que contamina un análisis tranquilo, pero se observa un colectivo que cree en las ideas de su técnico y un espíritu común en busca de objetivos. Asimismo, ha mejorado sustancialmente la aportación de varios futbolistas de manera individual (Vinicius, Valverde, Güler, Huijsen, Trent) aunque otros, menos, estén estancados.
Con todo, el partido de vuelta en el Allianz exigirá jugar un encuentro perfecto, y ese encuentro perfecto será condición necesaria pero puede que no suficiente. El Madrid puede jugar un partido memorable y, aun así, quedar fuera (no nos engañemos: es lo más probable). También puede ganar todo lo que queda en liga y, aun así, ceder el campeonato local a la calidad con red negreira del equipo de Flick.
Ha habido suficientes tropiezos alarmantes (Albacete, Getafe, Mallorca) como para no confiar en Arbeloa como técnico a largo plazo, pero a mi juicio son más poderosas las que invitan a darle un recorrido más allá de esta campaña, todo ello en el entendido de que el nivel de juego y compromiso se mantengan de aquí a final de mayo.
Sus alineaciones consagran habitualmente la tan cacareada meritocracia (la de ayer fue la mejor muestra) y su sintonía con la cantera es una gran noticia en el contexto de un mercado enormemente competitivo y petrodolarizado. Es un hombre que conecta con los jugadores y la afición. Su imagen pública aúna unas formas intachables con el culto insobornable a la verdad cuando se trata de defender al equipo y a la institución.
De igual modo, es de temer que el retorno de algunos jugadores clave, de vuelta tras esas lesiones que han lastrado al equipo como nunca antes en las últimas tres temporadas, llegue también demasiado tarde. Esperemos que no, pero puede ser. Militao y Bellingham estuvieron muy bien en los minutos que tuvieron, pero retornan justo a tiempo para que se les exija no cualquier cosa, sino una hazaña descomunal: eliminar al Bayern en Alemania con un gol de desventaja. Demandar eso de quien prácticamente acaba de soltar las muletas parece una crueldad, aunque son tipos de tal jerarquía que quién sabe.
Lo mismo puede decirse de Mendy. Ya se abogaba por su titularidad antes, pero los tormentos de Carreras ante Olise acrecientan los suspiros al verle pasar. A decir verdad, creo que casi cualquier lateral habría sufrido un viacrucis defendiendo a este futbolista, pero es que Mendy no es cualquier lateral. Es otro que llegará justísimo al requerimiento de milagro. Llama la atención cómo ha pasado, en el concepto siempre caprichoso del vikingo, de simple maula a imprescindible jugador de culto. Se empieza a parecer a Coentrão: misma posición en el campo, mismo misterio en cuanto a vida personal y situación médica, mismo cartel de especialista en momentos clave. Habría que acordarse de Santa Bárbara no solo cuando truena, y tener respeto por Mendy no solo cuando de pronto entiendes cuánto le necesitas.
El que no va a llegar para la vuelta en Múnich es Courtois. Es la baja más dramática. Aunque el Madrid no tiene nunca derecho a quejarse, solicitamos formalmente, vía instancia, el establecimiento de esta excepción. Lunin es un buen portero, lo demostró en el camino a la Decimoquinta, pero no transmite ni de lejos la sensación de seguridad insultante que tenemos ahí atrás con el belga. No es solo lo que para: es cómo su presencia otorga a los demás la confianza para jugar bien. El Allianz son palabras muy mayores.
Siempre, pero más este año.
Tchouaméni será también baja en el Allianz, si bien por diferentes razones. La tarjeta que vio es una cafrada arbitral en toda regla, y una que marca el devenir de la eliminatoria en idéntica medida que lo habría hecho un penalti en contra o un gol injustamente anulado. Fue una decisión tendenciosa e injustificable. Los ingleses solo utilizan un apellido, por lo que queda en el ámbito de nuestra imaginación si pertenece o no a la famiglia y se apellida (o no) Oliver Munuera.
El lateral inglés integra ya la lista de futbolistas del Real Madrid que siempre juegan bien o mal en función de quién te lo cuente. Buena señal: empieza a parecerse en eso a Mbappé y Vini, auténticos pesos pesados. Los tres han sido un desastre, invariablemente, en boca de sus haters incorregibles, y una bendición de Dios si la cosa te la relata un admirador.
Entre los segundos, no me oculto, me cuento yo. Un tipo capaz de poner el balón donde quiera desde donde quiera tiene que jugar siempre. No puedes desperdiciar ese lujo si lo tienes. Su segundo tiempo fue primoroso, y lo fue en el momento de mayor tensión emocional. En ese sentido, ese apocamiento que se le achaca puede venirle bien si se convierte en la mezcla necesaria de pasión y frialdad. No es fácil dar con las dosis. Arbeloa está también en ello, creo.
Ayer, incluso, defendió con garra ante Díaz en la segunda mitad. Lo decía Álvaro Benito en la previa: Trent tiene lo difícil, ese toque de balón al alcance de tan pocos; la disciplina defensiva debería ser sencilla de adquirir. Arbeloa está también en ello (bis).
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Buenos días. Nadie, absolutamente nadie cree que un equipo pueda presentarse en el Allianz Arena, frente a este bestial Bayern de Múnich, y remontar a domicilio una desventaja de un gol.
Sin embargo nadie, absolutamente nadie, se atreve tampoco a descartar que el Real Madrid firme una gesta semejante el próximo miércoles, y ello tanto a causa de la leyenda que el escudo comporta como a la enorme reacción de los de Arbeloa, anoche, cuando todo apuntaba a que la superioridad bávara podía conducir a un marcador de escándalo. No dio dicha reacción para empatar o ganar el partido ante un rival mayúsculo (ya iban 0-2), pero sí para minimizar la desventaja y soñar con una clasificación que, en todo caso, será complicadísima.
Marca titula “Mientras hay vida…”, en el entendido de que debemos rellenar la línea de puntos concluyendo que “hay esperanza”, como reza el dicho popular. Nosotros preferimos concluirla con “hay Real Madrid”. Mientras hay vida, sí, hay Real Madrid, amigos, hasta el punto en que una parte de nuestro ser quiere descontar ya la eliminación y empezar a pensar qué hay que hacer la temporada que viene para que esto carbure, pero hay otra parte que se aferra a la posibilidad del milagro como Will Smith soñaba con una vida próspera junto a su hijo en The Pursuit of Happiness. Podrá no haber madridistas, pero siempre habrá Real Madrid.
A estas horas, ya habréis leído la crónica y las valoraciones de Genaro Desailly, que básicamente coincide con Marca en tildar de “potentísimo” al equipo de Kompany, lo que acrecienta el mérito blanco al salir vivo del embolado. En la rueda de prensa, eso sí, Arbeloa se mostró molesto con errores propios que desembocaron en ambos goles del Bayern, y Rüdiger deslizó manifestaciones en el mismo sentido. En el Allianz, si de verdad queremos que la aspiración de clasificarnos no sea afán irrisorio, debemos evitar entregas fallidas que armen sus mortíferos ataques. En definitiva, debemos hacer un partido perfecto, y aun así no está garantizado que el milagro se produzca.
As llama “el gol de la esperanza” al marcado por Mbappé después de una gran jugada y centro de Trent, y nos parece una etiqueta bien puesta. En general, son atinados los comentarios en letra pequeña, sobre todo el que califica de “heroico” el partido de Neuer, que de hecho fue oficialmente designado Jugador del Partido. Los que quieran hacer ver que el encuentro fue un monólogo del Bayern, un baño al equipo blanco, tendrán que hacer encaje de bolillos dialéctico para conciliar este supuesto con el hecho de que el portero muniqués fuese el mejor hombre del choque.
En lo que a valoraciones individuales respecta, el encuentro dejó más reivindicaciones que chascos, pese a la derrota. El segundo tiempo de Trent fue excelente. Los minutos de Bellingham, oro puro. Los más criticados (a saber: Lunin, Carreras e incluso Thiago) son jugadores con un largo futuro para pulir sus defectos, aunque en la vuelta es posible que alguno tenga que dejar su sitio a tipos con más veteranía y colmillo, como Mendy o el propio Bellingham.
En cuanto a Vini y Mbappé, parece claro que nunca podrán haber nada para desembarazarse del yugo de sus respectivos odiadores, los cuales encuentran siempre razones que parecen abonar sus fobias, suceda lo que suceda en el partido. Mbappé anotó un gol y nos parece, honestamente, que las que no entraron fueron más mérito de Neuer que demérito suyo. La puede liar en Múnich, y todos esperamos que así sea.
El que sí estuvo objetivamente desacertado fue Vincius, que falló una ocasión inmejorable en el segundo tiempo, totalmente solo ante el portero alemán, y además estuvo implicado en las dos perdidas de balón que propiciaron los goles rivales. Se dice y no pasa nada. En la vuelta, es tan capaz de convertirse en el gran protagonista de un partido histórico como lo es Mbappé.
Finalizamos con la prensa cataculé. Hoy juegan el partido de sus vidas contra el Atleti, pero el argumento principal de sus portadas es la derrota madridista ayer, con la que se relamen. Nos parece suficiente prueba de su proverbial complejo.
Y poco más, amigos. El que quiera someterse a la racionalidad más escrupulosa, y negar al Madrid su derecho a soñar con hacer algo irrepetible en el Allianz, está en su perfecto derecho. Lo único que se le pide es que se eche a un lado, que no estorbe y que llegado el caso, si se confirman sus pronósticos, empiece hablar de lo que le hace falta o no a este equipo y a esta institución. Cada debate tiene su día y su afán.
Pasad una buena jornada.
-Lunin: APROBADO. Tan cierto es que no se le puede culpar de los goles como que no está transmitiendo una gran sensación de seguridad.
-Trent: APROBADO ALTO. De menos a más. Su segundo tiempo es probablemente, si tenemos en cuenta además la magnitud del partido, lo mejor que ha hecho desde su llegada al Madrid. Muy bien en ataque y algo más atinado en defensa.
-Carreras: SUSPENSO. Sufrió indeciblemente ante Olise. Se afinó un poco ofensivamente al final, pero la afición está disgustada con él.
-Rüdiger: APROBADO. Aguantó el tipo ante el extraordinario Kane.
-Huijsen: APROBADO ALTO. Otro partido para creer en él, pese a ser sustituido. El Madrid debe tener paciencia con este jugador.
-Tchouaméni: APROBADO. Quedó psicológicamente marcado por la tarjeta.
-Valverde: APROBADO. Otro que fue de menos a más.
-Thiago: APROBADO. Incansable, aunque no especialmente atinado. Casi cuesta un gol una imprecisión suya.
-Güler: NOTABLE. Muy lúcido y dinámico hasta que fue sustituido.
-Mbappé: APROBADO. Sus odiadores le echarán en cara las que no entraron, pero Neuer también juega y para (y cómo). De hecho, casi le para de manera imposible la del gol.
-Vinícius: SUSPENSO. Esta vez queda señalado, no solo por haber marrado esa ocasión pintiparada solo ante Neuer, sino por haber perdido los dos balones de los dos goles en contra.
-Bellingham: NOTABLE. Este Bellingham debería ser titular en Múnich.
-Militao: NOTABLE. Enormes minutos. Quizá juegue también en el Allianz.
-Brahim: APROBADO ALTO. Falló escandalosamente algún pase, pero en general su pujanza sumó.
-Arbeloa: APROBADO ALTO. Buen planteamiento, arruinado en parte por errores individuales.
Arbitró el inglés Michael Oliver. En el VAR estuvo el italiano Marco di Bello.
Flojo arbitraje del inglés que se hizo el sueco en las áreas y perdonó una roja cristalina a Tah.
Para empezar, mostró una amarilla por bastante poca cosa a Tchouaméni en el 37'. Antes de pitar el descanso obvió un penalti de Upamecano a Vinicius. Pero en Europa siempre piden un grado más de fuerza en la acción. Además, y pese a las protestas de Vinicius, no había mano de Olise en el origen del primer gol bávaro.
En la segunda mitad, lo más clamoroso fue la roja no mostrada a Tah por una entrada con la planta al gemelo de Mbappé. Una patada que mal si no la vio Oliver, y peor que no le avise desde el VAR el italiano.
Sí mostró más tarde amarilla a Díaz por un derribo a Vinicius, a Neuer por pérdida de tiempo y Musiala por una entrada abajo a Brahim. Para concluir, los visitantes reclamaron un penalti de Carreras a Olise. Lo cierto es que le empuja por detrás y no es hombro con hombro. Pero esto es Europa y ya se sabe que se necesita más para señalar los once metros.
Oliver, DEFICIENTE.
El Madrid se quedó a las puertas de remontar (o, al menos, igualar) un partido que en ciertos momentos apestó a goleada en contra por parte del Bayern. Los dos equipos ejecutaron un deslumbrante homenaje al fútbol de ataque, si bien los bávaros dejaron una sensación de incontestable superioridad. La eliminatoria, por el marcador final, pero también por el varapalo de la ausencia de Tchouaméni en el Allianz (debido a su (injusta) tarjeta) está en chino mandarín para los de Arbeloa. Si muestran la capacidad de juego del segundo tiempo, no obstante, y aunque muy difícil, la hazaña no se puede considerar imposible.
Llovía copiosamente en la capital española, según los escépticos y agoreros para arruinar la mítica llegada del bus, según los optimistas como inequívoca señal de la tormenta blanca que se avecinaba. La cubierta retráctil no daba, en todo caso, margen para que los acontecimientos atmosféricos se notaran sobre el campo. Arbeloa alineaba un once donde primaban las últimas prestaciones por encima de nombres sonoros, mientras el Bayern ponía sobre el césped once guerreros temibles en cualquier caso, once diablos jadeantes y ominosos. Esta gente juega como le da la gana, y tienen además un gen ganador que recuerda al de lares más cercanos que Alemania.
Antes de cumplirse un minuto, ya Laimer aprovechaba la opción de chutar gracias a la presión alta de sus compañeros. La prevista comunión entre equipo y afición se plasmaba en detalles como Huijsen soliviantando al público a cuenta de un simple saque de banda. Pocos partidos más cargados de electricidad que un Madrid-Bayern.
Los bávaros empezaron de pronto a sacar córners sin solución de continuidad. Lunin no dio la sensación de seguridad en ninguno de ellos, y volvió a cantar quedándose sobre la línea en un balón que no pudo convertir en gol Upamecano a centímetros de la línea. Estuvo providencial Carreras despejando.
Si muestran la capacidad de juego del segundo tiempo, no obstante, y aunque muy difícil, la hazaña no se puede considerar imposible
De manera que, allá por los doce minutos, veíamos el monólogo ofensivo por parte del Bayern que todo el mundo esperaba, pero que no por ello resultaba menos inquietante. El Madrid buscaba el contragolpe en primera instancia, pero también contemporizar con posesiones largas y casi defensivas cuando el Cielo le permitía unos segundos de calma. Registramos una arrancada de Huijsen sin mayores problemas para la defensa visitante. Fue el preludio de la mejor jugada del Madrid hasta el momento, la primera amenaza. Un bullicioso Güler metió un buen balón a Mbappé, que obligó a intervenir por primera vez a Neuer. No fue la única. Un contraataque excepcional del propio Kylian dejó a Vini algo esquinado para su disparo favorito. Volvió a volar el mítico portero alemán para mandarla a córner. Era solo el minuto 18 y el partido era vibrante.
El gran peligro era Olise, punzante por su lado. Se las apañaban Rüdiger, Huijsen y Trent para achicar agua cuando se desataba ese tornado. Esperaba el Madrid en bloque bajo. Solidez era el mandato, y solidez había. Güler, que había comenzado muy bien, ayudaba a Carreras a lidiar con la efervescencia de Olise. Huijsen se mostraba firme. El Madrid no se rendía, y sus contragolpes inspiraban peligro. Un error de Trent y, sobre todo, otro de Pitarch, casi causan la tragedia. El ucraniano reaccionó bien. Recordatorio de que no se podía conceder ni una uña.
El Madrid tuvo la tercera. Valverde organizó un nuevo contragolpe que Mbappé convirtió en una gran ocasión con nuevo lucimiento de Neuer. Nos habíamos olvidado de este entrañable enemigo bajo los palos.
Al dominio muniqués seguía oponiendo el Madrid la luz de Güler y la amenaza continua de su pareja de ataque. Era un Madrid solidario y serio que de pronto, en el minuto 36, tuvo la pésima noticia a largo plazo de la amarilla a Tchouaméni, muy caprichosa, por decir algo suave, por parte del árbitro. No jugará el francés la vuelta. Probablemente, acusó el golpe durante el resto del partido.
En el minuto 40, una gran jugada entre Kane, Gnabry y Luis Díaz la remató el colombiano solo ante Lunin, que no pudo hacer nada por evitar el gol visitante. No se podía decir que fuera injusto, pero el Madrid había hecho méritos también para marcar.
Nada más iniciarse el segundo tiempo, marcó Kane desde fuera del área. Nuevamente, fue fruto de la excelente presión del Bayern, que robó el balón a Vinicius y Carreras y propició la gran jugada de Olise. Se la dejó al británico, que dejó helado el Bernabéu con un chut seco. 0-2.
El Madrid ya no tenía ni siquiera la alternativa de seguir igual y esperar a tener suerte en alguna jugada. Ahora ya sí que no tenía más remedio que asumir el riesgo de irse arriba y presionar, dejando espacios inasumibles. El caso es que lo hizo, terminando por facturar un segundo tiempo sensacional, aun asumiendo ese riesgo.
Se fue arriba con pundonor para intentar maquillar el marcador, a pesar de lo hercúleo de la tarea que se le presentaba, pero fue otra vez el Bayern el que creó peligro merced a la pujanza del sensacional Olise. Valverde, desconocido, perdió un balón peligrosísimo ante la presión de Kane, aunque se rehizo para evitar el gol.
El público se enfadaba, abroncando un mal control de Carreras. Hay jugadores a quienes la afición ha tomado la matrícula.
Para terminar de exasperar a dicha afición, Vinícius erró lamentablemente un uno contra uno frente a Neuer pese a estar solo, tras un gran pase de Trent. Se escoró demasiado y la mandó fuera. Quién sabe lo que habría sido del partido, y de la eliminatoria, de no haberla pifiado el brasileño ahí.
No se vino abajo el Madrid. Entraron Militao y Bellingham. Ambos aportaron mucho. Precisamente, una gran arrancada del inglés, tras una gran salida de balón de Güler, la remató Mbappé, pero Neuer volvió a lucirse. La volvió a tener el francés en una combinación con Vinicius, pero la rosca se le fue fuera. El Bayern es superior, pero es que además el Madrid tiene la pólvora mojada, incluso en sus ratos buenos.
Se marchó Güler, que estuvo bien, y entró Brahim. Mientras, el árbitro perdonó la expulsión a Tah por una entrada de roja directa a Mbappé.
Pero el Madrid no se rendía. Una gran jugada entre Bellingham y Trent con centro final del segundo, lo envió a la red Mbappé. No a la red, mejor dicho, porque Neuer volvió a hacer de las suyas y la tocó.
Pero el balón ya había traspasado la línea. 1-2.
ya me dirán qué mundo es este si el Madrid no puede hacer lo que es imposible hasta para el Madrid
La reacción del Madrid era ejemplar, a lomos sobre todo de su dúo de ingleses y de un renacido Valverde. Se sucedieron las ocasiones merced al empuje y la garra blancas, aunque las mejores ocasiones siguieron siendo visitantes.
En el lado local, Brahim chuto desde lejos, con alguna inocencia. También registramos una combinación Mbappé-Vini, sin suerte. El propio Vini y Militao volvieron a calentar los guantes de un inspirado Neuer, bien es cierto que sin gran peligro.
El Bayern no se arredraba ante la enésima reedición del aroma de las remontadas, y consiguió frenar la hemorragia y, de hecho, aproximarse con peligro. Musiala la echó fuera tras un gran pase de Olise con dejada de Davies, aunque Mbappé respondió con un disparo desde fuera del área que se escapó.
Era un tributo al fútbol. El Bernabéu soñó con una remontada y se comportó como el de las grandes noches. No pudo ser. Lo tiene el Madrid, para la vuelta, casi imposible hasta para el Real Madrid, pero ya me dirán qué mundo es este si el Madrid no puede hacer lo que es imposible hasta para el Madrid.
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Tal vez pienses que conoces todos los datos de los enfrentamientos entre los dos colosos de la Champions, pero seguro que no eres capaz de acertar todas las preguntas sobre los Real Madrid - Bayern de Múnich que han preparado los amigos de fcQuiz.
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Buenos días. Ahora mismo todo está muerto. No hay fe, ni fe en que haya fe. Lo que nos recuerda la historia yace bajo el peso de la desesperanza actual. Nos despertamos hundidos por un fátum abrumador. Tratamos de levantarnos de la cama, pero nos devuelve a ella un cabezazo de Muriqi en el centro del pecho. El día a día entierra las esperanzas de epopeya como la rutina aplasta el amor.
De manera que yacemos sobre la cama más minutos de lo debido, devastados por la costumbre en la derrota (¡la costumbre en la derrota!). Sabemos lo que ocurre esta noche pero no somos capaces de aplicar a ello las viejas dosis de jovial confianza en la hazaña. ¿Fue este el preludio de hazañas añejas?
Sí, sí lo fue, te dices, y no tan añejas, no hace tanto. Te sentías exactamente igual horas antes de que Valverde te hiciera maldecir, ante el City, tu vergonzosa pusilanimidad. ¿Puede pasar lo mismo? ¿Puede el escudo volver a afearte tu falta de fe? Te levantas al fin, abres la ventana y piensas que es ahora cuando debes avergonzarte por ella. Avergonzarte por no haber creído cuando ya tienes tus dedos dentro de la llaga de gloria que es el Madrid no tiene el menor mérito.
De manera que sí, que Muriqi. De manera que sí, que Mallorca, y Celta y Osasuna y Getafe. Pero también está la Historia (no lo niegues, no seas cobarde ante la esperanza), y no hace falta remontarse muy atrás en ella para saber lo que puede suceder. Sabes que ahora mismo estás para los leones. Pero también sabes que, cuando te acerques por el Bernabéu y vibres con la electricidad de esa masa humana que espera al autobús, cuando ruede el balón y se dé el primer regate de Vini o el primer disparo nuestro (aunque vaya fuera), no podrás evitar sentirte un pez en la corriente imparable del afán desatinado que te enseñaron tus mayores.
Dice Marca que es “todo o nada”, y tiene razón. Muchas veces lo ha sido en la historia del Madrid. No así en las dos últimas conquistas europeas, que se vieron respaldadas por dos títulos de liga paralelos, pero sí infinitas veces en lo pretérito. Te lo sabes de memoria: el Madrid fuera de la liga (esta vez no está fuera aún, pero casi) y enfrentado al abismo de jugárselo todo a una carta. Pero es NUESTRA carta, y es la más trascendental de todas.
Marca opta por Mbappé y Kane para representar a ambos equipos en la foto de portada. Sobre Kane poca duda hay: es el gran goleador de los bávaros (46 tantos lleva esta campaña, como nos recuerda Alberto Cosín), y su trayectoria le avala como un excepcional delantero y ejemplar deportista. Sobre Mbappé poca duda debería haber, si bien se hace fuerte en prensa y en redes sociales la especie de que es el germen de todos los males del Madrid. Lleva 38 goles. Tendrán que explicarlo muy bien los partidarios de la pintoresca teoría pero, como parece que necesitan pruebas de que Kylian es un fenómeno, ¿qué mejor día que hoy para desmontar tesis tan preclara?
As, en cambio, escoge a Vinícius como la imagen del partido de hoy, y existen razones para ello. Es verdad que el brasileño es “la pesadilla del Bayern”. Si este portanalista tuviera que escoger un solo partido en la vida de un solo futbolista para demostrar a un extraterrestre lo excitante que puede llegar a ser el fútbol, optaría por el partido de vuelta de hace dos años ante el equipo alemán. Fue el día de Joselu pero, por juego, fue el día de un Vini tan brillante como tenaz, y eso que en la ida ya les había advertido con dos goles. Ojalá Vini pueda repetir esta noche un festival como aquel.
La prensa cataculé se centra, como es natural, en lo suyo, o sea, la eliminatoria europea que les enfrenta al Atleti y que verá mañana su primer asalto. Pero nos quedamos muertos con esto que dice de Sport: “A pesar del reciente triunfo (liguero) ante el Atlético, los de Hansi Flick quieren tomarse la revancha por la eliminación en las pasadas semifinales de Copa”. ¡La Champions, como ocasión para vengar la Copa del Rey! En esta curiosa prelación de competiciones y desquites puede hallarse alguna de las claves de que solo tengan cinco. Sociológicamente hablando, son un mundo aparte.
El Madrid, en cambio, tiene quince. Pongámoslo en números, que se lee mejor: 15. Ahora en números romanos, por si no tenemos aún una idea fehaciente del poder del Imperio: XV.
Esta noche alcanza uno de sus episodios centrales la ambición de hacer girar esos guarismos. Dieciséis. 16. XVI. De momento es solo un sueño, pero nadie más puede soñar en esos términos, obnubilarse en expectativas de esa magnitud. Es posible. El oponente es el más fiero y admirable, pero es posible.
Vamos a ello. Real Madrid, es tu hora y lo sabes.
1- Sistema de juego y once probable
Ida de los cuartos de final de la Champions League y el Bayern visita el Santiago Bernabéu. Uno de los ogros de Europa, un conjunto temible y que lleva una temporada casi inmaculada en la Bundesliga y la Champions, con solo dos derrotas cosechadas. Un partido top en la mejor competición de clubes del mundo y todo un reto para el Real Madrid de Arbeloa. El cuadro dirigido por Kompany ha recuperado a todos sus hombres que arrastraban problemas físicos como Kane, Musiala, Davies, Urbig y Neuer y solo es baja el guardameta Ulreich. Aunque de todos los de la lista parece que solo serán titulares el ariete inglés y el portero alemán de 40 años. El Bayern juega normalmente con un 1-4-2-3-1 y no hay visos de que haya cambios en el coliseo merengue. Un XI probable sería el formado por Neuer; Stanisic, Upamecano, Tah, Laimer; Kimmich, Pavlovic; Díaz, Gnabry, Olise; Kane.
2- Presión
Una seña de identidad del técnico belga. La presión es una de sus características como técnico y una de las razones por las que el Bayern vuelve a ser una máquina de ganar. La agresividad, intensidad y vehemencia que pone todo el equipo empezando por los delanteros es fantástica por el estilo coral que demuestran. En muchas ocasiones roban el balón o generan pérdidas muy peligrosas cerca del área que acaban con ocasiones claras o goles. Kimmich es el que tira del equipo de arriba para meterlo prácticamente en el área rival y la defensa se sitúa en el mediocampo, llegando a perseguir a los delanteros rivales hasta límites insospechados con la clara idea de que no puedan darse la vuelta. El papel del Real Madrid en la salida será fundamental para saltar la primera línea con ayuda de los mediocampistas. Si se logra superar la presión las posibilidades de hacer daño en transiciones a los teutones será muy alta, ya que el ataque será un cara a cara con los centrales, dándose situaciones de 2 vs 2 o 3 vs 3. Es una de las formas de hacer daño al equipo bávaro.
3- Salida de balón
La salida de balón del Bayern siempre será mejor con Upamecano. Con él se consigue sacar el balón jugado y limpio desde atrás. Tanto a ras de suelo como en conducciones, aunque cuando comete errores son de bulto y dejan desguarnecida la defensa, permitiendo claras oportunidades de gol. Otra de las alternativas es que Kimmich retrase bastante su posición para recibir y que él distribuya con ese pie derecho primoroso que posee. Está por ver el plan de Arbeloa, si opta por presionar arriba intentando dificultar la salida como hizo ante el City o si prefiere un bloque medio. Si se les ahoga, se pueden sacar réditos muy importantes obteniendo situaciones de peligro muy cerca de la meta de Neuer. Tienen movimientos muy trabajados, los laterales también progresan con el cuero en velocidad y Kane se mueve como un centrocampista metiéndose entre líneas y mediapunteando a la espalda de los centrocampistas rivales. Además, en caso de un balón largo se busca pases en diagonal a las bandas para aprovechar la velocidad de Díaz y Olise.
4- Estilo de juego
Partidos a un gran ritmo de balón, circulación, presión e intensidad. Un equipo que agobia, te hace sufrir en el terreno de juego y por momentos te arrolla. Se conoce de sobra al Bayern y sabemos que son muy dinámicos, rápidos y verticales. El Real Madrid debe salir preparado y concentrado porque un despiste te cuesta con un gol con la dinamita que tiene arriba el equipo teutón. El cuadro blanco debe intentar imponer su estilo, minimizar errores y jugar sus cartas. Es tal el desgaste físico que propone Kompany a sus jugadores que pasada la hora de juego bajan un punto el nivel físico y se nota también en la presión, sobre todo fuera de casa. Para el choque en Múnich todavía aprietan más, hasta límites extraordinarios.
5- Poderío ofensivo
El devastador poder goleador del Bayern ha vuelto tras algunos años de menor eficacia. El tridente Kane, Díaz, Olise es probablemente el mejor de Europa esta temporada. Sus cifras son las siguientes: Kane 48 goles y 5 asistencias; Díaz 22 y 15; Olise 16 y 24. Además, desde el banquillo te pueden salir jugadores de una calidad importante como Musiala o la joven perla Lennart Karl. El papel de los laterales es básico en la idea de Kompany, metiéndose hacia dentro buscando superioridades y dejando que encaren los extremos en la fase de ataque. En el medio campo, el dúo Kimmich-Pavlovic es magnífico con balón, aunque en fuerza y físico puedan tener menos recorrido. El Bayern es un equipo muy completo que te puede destrozar en juego estático, con asociaciones y combinaciones con Kane como eje de todas las operaciones, y también a la contra por los grandes lanzadores de los que disponen y la velocidad y regate de sus extremos. Por último, en el juego aéreo cuentan con valladares como los centrales Upamecano y Tah y también con Kane.
6- Aspecto defensivo
El Bayern es un equipo que recibe goles. Prácticamente su media respecto a las competiciones que ha disputado es de un gol de media por encuentro. Claro que lo suplen por su capacidad ofensiva marcando dos o tres como mínimo. Sin embargo, ese apartado defensivo deja algún resquicio para hacerle daño. Por la derecha, Stanisic es un lateral que debería sufrir con Vinicius, aunque tampoco es descartable que cambie a Laimer a esa banda, ya que es un mejor jugador defensivamente hablando, correoso y con brega. En el centro de la zaga, Upamecano si tiene el día es un central superior, pero no es fiable al 100x100 y tiene lagunas, fallos y una toma de decisiones cuestionable. Se pudo ver recientemente en el amistoso de Francia ante Brasil, cuando le costó la expulsión. Su compañero Tah es fuerte y duro, pero su gran hándicap es la velocidad. A campo abierto y con muchos metros a la espalda le cuesta, y ahí Mbappé le podría castigar y hacer mucho daño. En repliegue es un equipo que se junta bien, con jugadores en el mediocampo trabajadores y que también ayudan en el caso de los atacantes Díaz, Kane y Olise con sus presiones. En general ha sido un equipo expeditivo y sólido, pero falta verlo ante los mejores equipos del continente. En uno de ellos, ante el Arsenal, cayó por 3-1.
7- Hombres clave
Kane es su jugador franquicia y el máximo goleador esta temporada en Europa con 31 goles en Liga, 10 en Champions, 6 en la DFB Pokal y uno en la Supercopa alemana. Resta saber si estará al cien por cien tras su problema de tobillo con la selección y que le impidió jugar contra el Friburgo el pasado sábado. El inglés es un delantero completísimo. Tiene gol, calidad individual, visión, técnico, capacidad asociativa, manejo de las dos piernas y físico. Se mueve muy bien, es inteligente, sabe combinar y hacer daño en el área y fuera de ella. Junto a Díaz y Olise se compenetra a la perfección, y entre todos forman un tridente atacante que está sembrando el pánico este curso.
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Un Madrid-Bayern. Otro Madrid-Bayern, otra primavera. Recuerdo otros Madrid-Bayern. Mbappé aún no existía y todavía tenía a todos mis abuelos vivos. Eran los caminos de la Octava y la Novena. España iba bien, éramos felices. El futuro era una vaga línea en el horizonte, algo inexacto, confuso y sin la menor importancia. En el Madrid jugaba Redondo y luego Zidane. Florentino encarnaba al Zeus del que hablaban los filósofos de la Grecia clásica y se educaba a los niños en las utópicas doctrinas del esfuerzo y del mérito. Nadie sabía aún qué eran los bloques bajos ni sabía explicar en qué consistía un expected goal ni nuestra imaginación había sido aún pervertida ni deformada ni degenerada por Internet.
Un Madrid-Bayern es siempre la posibilidad de otra isla, de un reino de Barataria en donde las leyes universales del Tiempo quedan suspendidas indefinidamente. La actualidad es triste y la realidad gris y, sin embargo, hay un Madrid-Bayern para hacernos creer por unas horas que hay para nosotros alguna clase de redención. Al fin y al cabo, han vuelto de nuevo las golondrinas a nuestras calles y tejados, y eso significa que no estamos muertos o no del todo. Un Madrid-Bayern es alguna clase de consuelo, alguna clase de trampa que nos engaña con que la temporada tiene arreglo o con que es razonable creer en ganar otra Copa de Europa; actúa como un poderoso sedante o a la manera de esos placebos con que nos creemos seguros y hasta podemos ver ilusiones casi opiáceas, como que en Camavinga pervive todavía un jugador de fútbol.
Un Madrid-Bayern, otro Madrid-Bayern. Nombres como lanzas en astillero hieren mi memoria y abren grietas que se llenan de luz: Casillas, Kahn, Hierro, Effenberg, Raúl, Roberto Carlos, Elber, Salihamidzic, Kuffour, Helguera, Anelka, Morientes, Jancker, Matthäus. Un Madrid-Bayern permite siempre que un hombre normal se convierta en Superman: es un escenario antiguo esculpido en mármol y piedra sobre una ladera inclinada de nuestro paisaje sentimental en donde puede haber un Joselu ex machina que salve del colapso la civilización que llevamos en el corazón.
Un Madrid-Bayern es un mundo todavía en pesetas donde aterrizaron Los Jerarcas en naves espaciales. Cristiano Ronaldo, Luka Modric, Toni Kroos, Sergio Ramos, Marcelo y Casemiro fundaron un imperio nuevo haciendo cenizas las pesadillas antiguas. Baviera era para el madridista un retablo apocalíptico del Bosco, lleno de figuras grotescas que remitían a un sufrimiento profundo y prolongado, una angustia que parecía interminable como los horrores del infierno reservados a los grandes pecadores de la Comedia de Dante.
La lluvia de aquella primavera de hace veinte años y las lágrimas de Mourinho de rodillas fue el limo primordial del que se elevó Ramos para rematar de cabeza la Luna
Algo de aquellos monstruos persistió todavía en el desmarque hacia el fuera de juego con que Higuaín nos privó de una final de la Copa de Europa con Mourinho. Precisamente en Múnich. Aquella tanda de penaltis de una primavera tan lejana en la que Arbeloa era lateral derecho consumó todos los terrores nocturnos sin que esa ciega noche supiéramos las cosas que estaban por cambiar. Entonces la vida, como en un regalo inesperado, nos ofreció otros Madrid-Bayern que realizaron nuestras ensoñaciones más inverosímiles, las quimeras imposibles que no nos atrevíamos a expresar y que eran ideales y audaces como las fantasías de los niños.
Hoy el hombre está regresando en misión especial a la Luna. A bordo de la Artemis viajan cosmonautas vestidos de Tintín que llevan tecnología de última generación con la que podrían registrar incluso el destello fulgurante de luz que proyecta hacia el infinito el Bernabéu cuando el Madrid le mete un gol al Bayern. Quizá desde la cara oculta de la Luna incluso se pudo oír el trueno que lanzó el estadio aquella vez que el balón golpeado agónicamente por el pie derecho de Guti entró llorando, en parábola, por la escuadra de la portería de Oliver Kahn. Bajo la lluvia, con el césped convertido en barro y en sangre, como el albero de una plaza de toros, las tribunas de Chamartín se agitaron como los personajes del fondo de las pinturas negras de Goya y hasta por la radio pareció que salía fuego y que la Tierra temblaba como en un cataclismo.
La lluvia de aquella primavera de hace veinte años y las lágrimas de Mourinho de rodillas fue el limo primordial del que se elevó Ramos para rematar de cabeza la Luna. Los molinos derrotaron por fin a los gigantes.
Un Madrid-Bayern es aún una barrera civilizatoria tras la que nos creemos a salvo, un recuerdo recurrente que nos orienta en el camino y nos hace pensar en alguna clase de circularidad cósmica. Todo puede cambiar a nuestro alrededor, e incluso el país, la ciudad y el pueblo en que nacimos, crecimos y vivimos puede no ser ya nada nuestro, o cada vez menos. Pero, si hay un Madrid-Bayern, algo, a pesar de todo, es igual aunque sea distinto.
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