Las mejores firmas madridistas del planeta

Los cuatro astronautas de Artemis II regresaron anoche a la Tierra tras completar su largo periplo por la Luna. Eran las 2.07 en España cuando finalmente amerizaron en el Pacífico “en excelente estado de salud y felices de estar de vuelta”, aseguraron las fuentes oficiales de la NASA. “Misión cumplida”, añadió el director de la agencia norteamericana desde la sala de control.

Me he puesto “retro” yo también y por eso he preferido comenzar con la aventura espacial, lunar u orbital, llámenla como quieran, porque hablar de la desventura de la liga española es un infierno para el aficionado. LaLiga tebana tenía esta semana un “aire retro”, una especie de levantamiento de caretas institucional, como si los organizadores del Tinglao añoraran tiempos pretéritos y pretendieran homenajear unos tiempos oscuros de arbitrajes negreiros, o arminios, o “diazveguenses”, antes, durante y después del Villarato.

Capítulo 4: Ángel María Villar

Pese a las imágenes enviadas por los astronautas en su misión, hay gente que sigue creyendo que la Tierra es plana, del mismo modo que, pese a todas las evidencias, hay tipos que creen que el Barça de verdad pagó por informes, y no por influencia. Y aún peor, nos atreveríamos a decir que hay gente (¡de verdad, existen!) que cree que el Real Madrid controla los medios de comunicación. No os riais de estos tipos, por favor, bastante tienen con lo suyo y con controlar sus esfínteres.

Yo no creo en las coincidencias cuando Javier Tebas anda por medio. Por tanto, que la jornada Retro de LaLiga coincida con el paso del Fútbol Club Barcelona por el juzgado para su declaración como institución investigada en el caso Negreira no puede ser una simple casualidad. Un club investigado por corrupción deportiva declara en el juzgado, por si a alguien no le queda claro. Un caso gravísimo, el más grave que han visto nunca, como expresaron Javier Tebas y Aleksander Ceferin nada más conocerlo. Buscadlo en las portadas de hoy, leed el portanálisis, moved la rueda del ratón en sus webs a ver por dónde aparece la noticia. Ni utilizando el mayor telescopio de la NASA para observar los objetos más recónditos de la galaxia lo vais a encontrar. Y aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados

LaLiga se sigue celebrando como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió tras Tenerife en el 92 y el 93, o la final de Copa del 90. ¿No querían un homenaje al pasado, una jornada Retro, un retro-ceso a cuando toda la mugre se inició?

El presidente de ese club investigado del que usted me habla reconoció durante la campaña electoral que había realizado un fraude con las palancas para poder inscribir jugadores, pero aquí no pasa nada.

El horario del partido de anoche no cumplía con la norma de las 72 horas entre encuentro y encuentro, pero aquí no pasa nada.

Nos pusieron como árbitro a un tipo como Alberola Rojas que estuvo pagando el coaching al hijo de Negreira porque, según palabras de Estrada Fernández, “era el hijo del que mandaba” y “los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja”. Pero Alberola se sigue levantando sus 300 boniatos del ala y aquí no pasa nada.

Nos colocaron en el VAR a Trujillo Suárez, un individuo sin calidad para pitar en Primera, sin apenas experiencia, pero que es, casualmente y bajo las órdenes del Ilustrísimo Fernández Borbalán, el que más veces nos ha pitado desde el VAR. Pero aquí no pasa nada. “Misión cumplida”, debió exclamar desde la sala de control del VOR al acabar el partido.

Volvieron a hurtarnos imágenes (y quién sabe si también al VAR), como ya dijeron dos juzgados en su día, ¡pero aquí no pasa nada! En este caso nos referimos a las sangrantes (nunca mejor dicho) imágenes de la frente de Mbappé manando hemoglobina en abundancia. Y sí, por supuesto que somos conscientes de que, en el campo, donde se cuecen las cosas importantes, el equipo no juega a nada. Faltos de ritmo, de confianza en pelear por LaLiga y faltos, sobre todo, de una cosa: motivación. Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. O cuando ves que los “opinadores” arbitrales escogidos por el sistema excretan cosas como estas:

Nada que deba extrañarnos a estas alturas, pues ya vimos en su día (2017) que romperle la nariz en el área a Sergio Ramos no era penalti. “La cara de Ramos encontró la bota de Lucas Hernández”, como vomitaron en la radio aquel día (gracias, Richard Dees, por encontrar estas joyas del periogolfismo patrio). Aquel día pitaba Fernández Borbalán, por cierto, el jefe de Trujillo y otros piezas del VAR. Trujillo en el VOR y Alberola en el campo ya le birlaron al Madrid otro penalti tras manotazo en la cara en un partido: Remiro a Jude Bellingham.


Se repiten demasiado estos patrones. Reformulo la frase: se repiten demasiado estos lacayos al servicio de sus patrones. El penalti de ayer ante el Girona fue claro hasta para el tipo que con más vehemencia ha defendido este sistema podrido: Iturralde González. Ayer fue un compendio “retro” de todo lo que ofrece la MLN al aficionado. Gracias a las redes sociales pudimos ver la sangre en la frente de Mbappé, que quedó groggy por momentos. Pero no pudimos ver esas imágenes ayer en directo, cuando Vítor Reis “parece rozar” el rostro de Kylian, ¿no, Pável? “El cuento del francés”, remata un tipo que ha logrado, gracias a su antimadridismo, trabajar en Televisión Española. Eso sí que es vivir del cuento, el cuento de la criada, o el cuento de la lechera, consistente en imaginar que vendes tu dignidad y con ello obtendrás grandes réditos. En el resumen de diez minutos de Movistar no aparece el codazo de Reis a Mbappé, y repito, aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

La hora de la verdad

El hartazgo de Arbeloa en la rueda de prensa es el nuestro: “Esto es falta aquí y en la Luna”. Nos dicen fuentes tan contrastadas como las de los insiders del Real Madrid que los astronautas de Artemis levantaron su pulgar afirmativamente. Y con ese hartazgo Retro-spectivo del entrenador se transmite nuestra misma idea. Todas las semanas sucede lo mismo y así resulta imposible motivarse. No nos vale como excusa, el Real Madrid debe pelear todos los torneos y todos los partidos, aun cuando se hace muy cuesta arriba. Sabemos que el equipo es capaz de jugar mucho mejor, como vimos si nos Retro-traemos a los dos partidos contra el City, en el del Bayern, o contra el Athletic, Atleti y Barça en esta misma MLN. Pero cuesta jugar con plomo en las botas y la certeza de que un tipo Retró-grado está al silbato, dispuesto a hacernos Retro-ceder en la clasificación.

El sistema se Retro-alimenta de manera bochornosa. Hay muchos estómagos agradecidos en la prensa y las radios que hoy seguirán hablando del mal juego del Madrid, de la fragilidad de su defensa, de la falta de definición en ataque, de la ausencia de liderazgo, etc. Y posiblemente estemos de acuerdo con la mayoría de los argumentos. Lo que sucede es que les daríamos más credibilidad si ellos hablaran del elefante que hay en medio del salón. Un elefante que nunca fue una moda “Retro”, lleva ahí, sentado en nuestro sofá, más de tres décadas.

 

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Buenos días a toda la basca galernauta. Os preguntaréis, no sin razón, el motivo de tan peculiar saludo. La razón no es otra que el encontrarnos en la jornada retro de la MLN (copyright Jesús Alcaide), en la que casi todos los equipos del fútbol profesional español usarán uniformes inspirados en los de años ha. La tontería es cosa de Tebas, suponemos, para vender camisetas e intentar rascar algún eurillo más para poder volver a subirse el sueldo.

El Real Madrid empató con el Gerona en ese horario extemporáneo de los viernes por la noche, en un mal partido del equipo, con la cabeza mirando a Múnich y con una mezcla de hastío y desquiciamiento ante otra actuación deleznable de Alberola Rojas.

Entendemos que en esta jornada se permitirá fumar en los estadios, los jugadores llevarán botas de color negro y abandonarán sus veleidades capilares y/o pigmentarias. También suponemos que, en vista de que se juega un Barcelona- Espanyol, el árbitro atracará  a los blanquiazules de manera aún más inmisericorde que la acostumbrada, como si, en esta línea retro, continuara la seguidilla de pagos del club culé a Enríquez Negreira. No estamos en condiciones de afirmar si el trencilla será Manolo Díaz Vega, auxiliado en las bandas por Andújar Oliver y Casajuana Rifá o si, como afirman algunos, el titular será Curro Jiménez, con Luis Candelas y el Dioni de linieres.

¿Sabéis quiénes deberían también seguir la tendencia? Efectivamente, los diarios presuntamente deportivos. Sería original y buena idea que se publicaran  como otrora, es decir, con muchísima menos páginas y, aunque sea por variar, haciendo un periodismo que no insulte a la lengua española ni a la inteligencia de los lectores.

Mundo Deportivo, el diario del Conde de Godó, Grande de España, es un claro ejemplo de publicación que se cree dirigida a gente con un coeficiente intelectual inferior a temperatura ambiente. “Tropiezo real”, titulan. Se percibe cierto regodeo en uno de los pasquines oficiales del equipo que está montando un escándalo artificial por haber recibido un arbitraje justo en Champions League. Pobre Espanyol, la que le espera esta tarde.

Sport va más allá y califica como "de pena" al Real Madrid. Por supuesto, ni Sport ni Mundo Deportivo mencionan la escandalosa jugada, hacia el final del partido del Bernabéu, en la que Mbappé fue agredido en el área gironesa y, pese a sangrar abundantemente, ni Arberola Rojas pitó penalti ni le reconvino su compinche en el VAR (el inefable Trujillo Suárez) ni se ofreció la escena al espectador, censurándose la sangre de un Mbappé malherido sobre el césped del Bernabeú. La sangre de Mbappé no existe.

Cierto es que nuestro equipo jugó un mal partido, con varios de sus jugadores desconectados del mismo por estar pensando en otra cosa. Pero no es menos verdad que el arbitraje de uno de los más conspicuos clientes de las sesiones de coaching de Negreirita fue nefasto hasta el punto de que, en caso de sufrirlo el equipo culé, nos desayunaríamos al día siguiente con la noticia de cortes de tráfico en los accesos a la Ciudad Condal y de miles de contenedores quemados por la Diagonal.

Marca ignora ominosamente, como sus correligionarios de la prensa cataculé, la escandalosa sangre de Kylian manando anundantemente de su frente. La sima de desvergüenza tebista en la que está sumido el diario más leído de España no tiene nombre. Pero se lo encontraremos, tranquilos.

As, en cambio, sí que lleva el término “PENALTI” a su portada. Solo As guarda una mínima dignidad entre las cuatro cabeceras deportivas de España. Los tipos de la sala VOR, quizá mediatizados por el locutor Martínez y compañía, no hicieron siquiera recomendación de revisión. No tenemos pruebas ni dudas del motivo.

Qué asco, amigos. Pasad un buen día.

Lunin: bien alto. Una excelente intervención y un gol encajado.

Carvajal: aprobado. No estuvo demasiado mal.

Asencio: aprobado. Aseado. Pudo anotar un gol.

Militao: bien. Minutos y descanso de cara a Múnich.

Fran García: notable. De los pocos que leyó bien el encuentro y entregó todo lo que había que entregar.

Camavinga: suspenso. Sabe jugar muy bien al fútbol, pero sufre desconexiones de concentración que en ocasiones acaban en gol del rival. Un Ferrari que se para cada 100 Km no es tan útil como un Golf que llegue a su destino, aunque sea modestamente.

Valverde: bien. Durante parte del encuentro anduvo medio desaparecido, pero marcó el gol.

Bellingham: aprobado. De más a menos. Mucha entrega y ganas. También demasiada retención de balón y aún sin fondo suficiente para jugar 60 minutos.

Brahim: aprobado. Voluntarioso. Estuvo en el campo hasta que dejó de estarlo

Vini: aprobado. No ceja en el empeño. Sigue desacertado de cara a gol.

Mbappé: aprobado. Errático en la definición, evidenciando un bache de confianza de cara a puerta, chutando siempre al muñeco. Protagonizó la jugada del partido tras recibir un golpe —le produjo una herida sangrante— en la cara y una patada dentro del área pequeña que ni Alberola ni Trujillo en el VAR quisieron ver.

Huijsen: aprobado. Sustituyó a Militao cuando el equipo ya había desconectado del todo.

Güler: aprobado. Entró por un exhausto Bellingham. Intentó poner orden y clarividencia en tres cuartos, pero se contagió de la falta de fe general.

Tchouaméni: aprobado. Torniquete para taponar la hemorragia Camavinga.

Mendy: aprobado. Jugó, lo cual puso en riesgo su participación en Múnich.

Gonzalo: sin tiempo.

Arbeloa: aprobado. No fue capaz de conseguir insuflar el espíritu suficiente a sus jugadores. O quizá no sea posible.

De todos modos, ¿qué importancia tiene el mejor o peor desempeño de jugadores y entrenador cuando le parten en el área la cara a un futbolista de tu equipo, sangra profusamente, y ni el árbitro ni el VAR señalan penalti?

 

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Arbitró un ciudadrealeño que compró los servicios del hijo de Negreira. En el VAR estuvo Trujillo Suárez.

El hijo putativo de Negreira que dirigió hoy el partido volvió a demostrar que es un verdadero golfo. Un inútil. Y un miserable.

Su decisión de no pitar el penalti a Mbappé cuando estaba a cinco metros con visibilidad clara demuestra que, obviamente, no quería. Y desde el VAR le apoyaron en la decisión. Una vergüenza. ¿Jornada retro? Pues no sumamos penaltis a favor del Madrid en el saldo arbitral que es tan conocido, a Dios gracias. Reis golpeó con el codo al atacante francés y también le trabó abajo. Una pena máxima muy clara.

El hijo putativo de Negreira, en la primera parte, por mucho menos pitó falta de Mbappé sobre Alejandro Francés. El toque no fue ni en la cara. Encima, amonestó al delantero por discutir su decisión.

Cinco minutos después hubo un codazo de Rincón en la cabeza de Fran. ¿Amarilla? Next. El hijo de Negreira le aleccionó bien al hijo putativo de Ciudad Real.

Los otros que vieron tarjeta fueron Valverde y Rincón.

Hijo putativo de Negreira, DESPRECIABLE Y EXECRABLE.

 

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Un viernes a las 21:00, bien se encuentra uno esperando a que empiece el Un, Dos, Tres, bien calentando para salir o, lo más probable, en el sofá agotado de la semana. Sin embargo, hoy viernes jugaba el Real Madrid, lo que significa adaptar los planes. Y a Arbeloa, como a cualquier madridista —incluido Hannibal Smith (hoy es la jornada retro de la Liga)— le encanta que los planes salgan bien. Esta jornada, al igual que muchas otras esta temporada, no salieron bien. Al CTA, como casi siempre, sí. Combo perfecto que deja la liga aún más en bandeja al club cliente de Negreira.

El salmantino dispuso una alineación con Carvajal y Fran en los laterales; Militao apadrinando a Asencio en el eje de la zaga; Camavinga, Jude y Fede más adelante; y Brahim, Vini y Mbappé por allí arriba.

A los cinco minutos, la primera para los blancos: fantástico pase largo de Camavinga que Mbappé no logró controlar lo suficiente para batir al meta rival. El Madrid dominaba el partido y Kylian aprovechó una buena llegada de Bellingham para disparar a puerta. Salvó el gol Álex Moreno.

El Girona se estrenó con más peligro aún; un disparo a bocajarro fue salvado por Lunin courtoisanamente. Tremenda intervención del ucraniano.

Una nueva combinación entre Vini y Eduardo propició otro chut blanco. Vini golpeó flácido y al centro. No flácido, sino ligeramente desviado, rozó Jude un balón que de haberlo pegado de lleno probablemente habría supuesto el primer tanto vikingo. La respuesta de los catalanes, un trallazo lejano de Arnau que no se marchó por tanto.

El Girona presionaba más y, cuando la tenía, se plantaba en pocos pases cerca de Lunin, el Madrid seguía intentándolo y Alberola, por aquello de lo vintage, cubría su palmito con una zamarra de ruido blanco televisivo de 1984. De febrero, concretamente. Hecho de agradecer, pues alguno temía que se presentase al encuentro ataviado como en aquel programa de citas años ha. Aún no sabíamos que lo peor no era su atuendo.

En estas andábamos cuando Fede descerrajó un zambombazo a la escuadra que obligó a Gazzaniga a estirarse más que un sueldo para despejar lo que parecía un gol cantado. Minutos después, Vini golpeó raso y el meta blocó. Mientras el Madrid seguía fiel a marrar ocasiones, el equipo de Míchel ganaba protagonismo.

El colegiado que pagó al hijo de Negreira señaló falta a Mbappé mientras el francés corría con el balón al ataque. No contento con ello, le mostró amarilla, aunque dijeron que fue por protestar. Es Alberola Rojas.

A punto estuvo de anotar Asencio, que se apoyó en Brahim para plantarse frente a Gazzaniga. El central llegó forzado y custodiado por rivales, por lo que no pudo definir.

Alberola no será buen árbitro, pero coherente tampoco. Arnau casi le revienta el esfenoides con el codo a Fran García y esta vez el señor fuertecito no mostró tarjeta. El sistema.

Vinícius falló solo bajo palos de cabeza, si bien el balón le sorprendió en mala posición, mas la jugada fue anulada por un fuera de juego que pareció no serlo. Si los pitan antes, no es necesario utilizar el VAR para anular los goles. Buena idea.

El Girona seguía creando peligro cuando llegaba, en el 44' Echeverri dribló a Camavinga y chutó fuera por bastante poco.

Un Madrid mediocre y unos Alberola Rojas y Trujillo Suárez execrables entregan la liga al Barça

Descanso. Una primera parte sin mucho fuste que según avanzó fue decayendo y dejando sensación de domingo por la tarde en el estómago. No se notaba mucho que el Madrid se estaba jugando la Liga.

Probablemente en el vestuario leyeron esta ultima frase y los blancos reanudaron el encuentro con otros bríos —no tardaron en desventarse—. Lo primero de interés fue una recuperación estupenda de un balón por parte de Vini que terminó rematando Bellingham. Posición inmejorable en la frontal, pero el disparo seco fue demasiado centrado. Tampoco mucho más ajustado al palo, pero sí desde más lejos y más fuerte, chutó Fede instantes después. Gazzaniga, sobrio hasta ese momento, cantó —o cantuvo— y el balón se coló hasta la red.

El Madrid se abalanzó sobre el Girona y pudo aumentar la ventaja en un par de acciones casi consecutivas. Fueron sus mejores momentos, con mucho ímpetu pero escaso acierto en la finalización, causa de los problemas blancos con el gol en los últimos tiempos.

En el 57', Gazzaniga abandonó la portería para despejar un balón en la banda, el esférico le cayó a Valverde, pero en su perfil izquierdo, por lo que no se atrevió a chutar. De todos modos, se encontraba en el centro del campo, tampoco era sencillo. Ya podría haberte caído a ti, Arda, pero aún no habías salido.

Cuando se cumplían dos tercios del partido, Lemar golpeó desde fuera del área sin que Camavinga ni Bellingham, ya agotado, le presionasen. Resultado: el habitual tipo de gol que recibe el Real Madrid. 1-1.

La respuesta de Arbeloa: Huijsen por Militao y Güler por Jude.

El gol visitante enfrió el encuentro y a los aficionados. Aunque, en realidad, el bajón vino tras el de Valverde, pues el Madrid decidió desaparecer desde aquel exacto momento.

el bajón vino tras el gol de Valverde, pues el Madrid decidió desaparecer desde aquel exacto momento

En la vida, hay que intentar meterla y que no te la metan. Este Madrid no aprovecha los buenos momentos para marcar y suele cometer errores defensivos grotescos, lo cual, en parte, explica su situación. Cuesta asimilarlo cuando se cuenta con Vini y Mbappé en el mismo equipo.

Camavinga seguía en su tónica de trufar acciones meritorias con desconexiones y decisiones incomprensibles. El Girona lo aprovechaba y presionaba más. No se trata de un señalamiento al francés, el Madrid, en conjunto, apenas había creído realmente durante unos minutos. Pitos.

Fran García era de los pocos con espíritu competitivo y Arbeloa lo retiró para dar entrada a Mendy. También se marchó Camavinga y saltó al campo Tchouaméni. Quedaban 10 minutos.

No tardó Álvaro en sacar también a Gonzalo ante la palmaria disfunción eréctil del Madrid. Salió Brahim.

A cinco del final, espléndido pase de Fede a Kylian, quien dribló de maravilla y chutó como últimamente, al portero. Es un problema de confianza, no de calidad. Ojalá la recupere pronto.

El propio Mbappé fue derribado en el área pequeña, Greis le pegó con el codo —provocándole una brecha— y lo trabó con la pierna. Alberola estaba al lado, mirando fijamente. Agua. El VAR dijo que no hubo nada, lo contrario habría supuesto penalti a favor del Madrid. Es decir, una barbaridad. Aunque fuese tímidamente, el trío de Movistar concedió que si hubiese señalado pena máxima no habría sido descabellado. Imaginad lo claro que fue. El CTA estaba compitiendo mucho mejor que el Madrid. Hay que asegurarse las lentejas.

Las notas del Real Madrid - Girona

Cabe reseñar que en la sala VOR se encontraba Trujillo Suárez, el esbirro favorito para esta clase de trabajos.

Así se llegó al final, con un Madrid impotente y un CTA con viagra. Los blancos parecía que no se estaban jugando la Liga, pero nos fuimos con la sensación de que en el caso de haber estado acertados no se lo habrían permitido.

 

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Visitar al Bayern Múnich es lo más parecido que hacerlo a un dentista a las 5 de la madrugada. Y para el Real Madrid, durante años, fue así. Mucho menos en los últimos. Voy a contarles, si lo tienen a bien, en estas líneas cómo viví en primera persona esas visitas al Olímpico de Múnich, hoy al Allianz Arena.

Aunque la Copa de Europa nació en 1955, la primera vez que se vieron las caras madrileños y bávaros no fue hasta 1976, en plena transición política en España.

Tras el polémico 1-1 de la ida, con agresión del "Loco del Bernabéu" incluida al árbitro Linnemayer, la vuelta llegaba el Miércoles Santo. Yo tenía 14 años, estudiaba 1° de BUP e iba vestido de nazareno (penitente le llamamos en mi pueblo, Vélez-Málaga) con mi Señor del Huerto.

Iba todo nervioso nada más que pensando en el partido, cuando al pasar por un conocido bar, miro para el televisor y en ese justo instante contemplo un cabezazo de Vicente Del Bosque al travesaño de la portería de Sepp Maier. Mi ¡huy! resonó en toda la procesión. Seguí adelante sin saber absolutamente nada hasta que pasada hora y media, aproximadamente, se me acercaron mis hermanas Pilar y Ana María para darme la noticia del resultado final: "Que dice papá que el Madrid ha perdido 2-0 pero que ha jugado muy bien, y que además, el Barça también ha caído eliminado en la Copa de la UEFA".

Jarro de agua fría, a pesar del alivio del fiasco del eterno rival. Todo inolvidable.

Hubo que esperar a 1987 para la segunda eliminatoria entre los dos clubes más grandes del mundo, en plena eclosión de la "Quinta del Buitre". Partido de ida. Muy mal partido del equipo de Beenhakker, culminado por una "parada" dentro del área del central asturiano Mino con el correspondiente penalti. Al final, 4-1 y pocas posibilidades para la vuelta.

Al año siguiente, la historia fue diferente...hasta cierto punto. Confieso que mi cuerpo temblaba literalmente antes, durante y después del partido. Nunca he sentido más miedo que en las visitas al legendario Estadio Olímpico, a pesar de la pista de atletismo. El Madrid, que estaba haciendo un temporadón, se veía sin comerlo ni beberlo con un 3-0 en contra en un césped helado, rodeado de nieve por todos lados. Pero el milagro llegó en los últimos diez minutos. Dos goles de los geniales Butragueño y Hugo Sánchez nos dieron a mi padre y a mí un chute de alegría y optimismo, refrendado en la vuelta por el recordado 2-0. A la tercera fue la vencida y el Real Madrid eliminaba al fin a la ya denominada su "bestia negra".

La visita del 9 de mayo de 2000 fue especialísima para el que suscribe. Partido de vuelta de semifinales, después del 2-0 de la ida, y me toca retransmitir el partido en mi televisión local Velevisa, en la que he trabajado 34 años. ¡Qué distinto es vivir el partido trabajando y tratando de ser frío y ecuánime! Apenas me puse nervioso. ¡Cómo canté el gol de cabeza de Nicolás Anelka! 2-1 y a la final de París, que terminaría con la consecución de la Octava.

Al año siguiente, de nuevo frente a frente, con el refuerzo de Luís Figo. El 0-1 del Bernabéu no presagiaba nada bueno, pero el equipo dio la cara, a pesar de volver a caer 2-1.

Y como no hay dos sin tres, en 2002, el año del Centenario, nuevo enfrentamiento. Y esta vez en Múnich, fue por delante en el marcador gracias a un afortunado gol de Geremi, que fue contrarrestado en los últimos diez minutos por dos tantos de Effenberg y Pizarro. En la vuelta, volví a experimentar la sensación única de retransmitir el 2-0 para los blancos, que fue fundamental para el logro de la Novena en Glasgow.

Dos años más tarde, de nuevo la "bestia negra" frente al "ogro blanco". Y esta vez con empate a uno, gol nuestro del mítico Roberto Carlos. En la vuelta, Zizou puso las cosas en su sitio y nos clasificó. La balanza empezaba a desnivelarse a favor de los nuestros.

En 2007, me tocó vivir el choque en Múnich, trabajando, concretamente en la retransmisión in situ de un partido de baloncesto local. No me estaba enterando casi de nada, aunque sí que me contaron que anularon un gol en el último minuto a Sergio Ramos, que hubiera supuesto la eliminación de los muniqueses. No pudo ser.

En 2012, con el controvertido José Mourinho en el banquillo y con el equipo realizando una gran campaña, teníamos un empate que hubiera sabido a gloria celestial, pero el tanto de Mario Gómez en el 90' provocó el 2-1 para los locales. Mal sabor de boca, que se elevó a la enésima potencia cuando en la vuelta caímos en los penaltis, con los recordados fallos de Cristiano, Kaká y Sergio Ramos. Aún recuerdo las lágrimas del técnico portugués, de rodillas, en el césped del Santiago Bernabéu.

Y viene la gran época del Real Madrid, la segunda etapa dorada de nuestro Club.

En 2014, con Ancelotti en el banquillo, nada bueno hacía presagiar el escuálido 1-0 de la ida con el gol de Benzema a pase de Coentrao (los milagros existen).

El partido de vuelta, ya en el espectacular Allianz Arena, fue uno de los mejores partidos de la rica historia "merengue". 0-4 al equipo de Josep Guardiola i Sala, con dos goles de Sergio Ramos y otros dos de Cristiano Ronaldo. Éxtasis. Los árboles de la capital de Baviera ardieron, según predicción de Karl Heinz Rummenigge, pero a favor de los que a la postre, consiguieron la proeza de "La Décima".

En 2017, ya con Zinedine Zidane en el banquillo, me tocó otra vez seguir el partido por internet, ya que era Miércoles Santo y estaba retransmitiendo la Semana Santa en directo. Se adelantó el Bayern con gol de nuestro "queridísimo" Arturo Vidal, el árbitro les regaló un penalti inexistente (fallado, por supuesto) y Cristiano Ronaldo puso las cosas en su sitio con dos tantos en la segunda mitad. Qué buen Miércoles Santo, amigas y amigos.

En 2018, otra vez emparejados los dos monstruos del fútbol continental. En la ida, gol de Kimmich para los de Heynckes, contrarrestado por los golazos de Marcelo al borde del descanso y Asensio, en una contra vertiginosa. A la postre, llegó la Decimotercera, único equipo en conseguir tres Champions consecutivas en el nuevo formato.

Y hace solo dos años, 2-2 en Múnich, con un Vinícius excelso tanto en la ida como en la vuelta, y el aún presente doblete de Joselu en los últimos tres minutos del tiempo reglamentado.

Ahora llega una nueva visita al "ogro muniqués" pero con la sensación de que el Real Madrid será capaz, de nuevo, de voltear todos los pronósticos pesimistas y poner una nueva piedra para lograr el próximo 30 de mayo, en el Puskas Arena de Budapest, la Decimosexta.

Así sea.

 

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Buenos días, amigos. No sabemos si Azcona y Berlanga eran unos genios trasladando con humor la vida a las películas o era la propia vida quien guionizaba a este par de genios. Ayer ocurrió uno de estos episodios de surrealismo costumbrista con la presentación, por parte del FC Barcelona, de una queja formal ante la UEFA en relación con los hechos ocurridos en los cuartos de final de la Champions contra el Atleti.

ℹ️ FC Barcelona statementhttps://t.co/Kg2CQITltc

— FC Barcelona (@FCBarcelona) April 9, 2026

Sería extraño, pero si aún no lo conocíais, tomaos un momento para asimilarlo, preparaos un nuevo café y dejad que la carcajada fluya con concupiscencia adolescente. Nosotros ya no sabemos si indignarnos más, si es posible, o fletar un camión de palomitas y comérnoslas junto a Valle-Inclán mientras asistimos al esperpento.

El club que ha adulterado durante décadas las competiciones nacionales mediante el pago de millones de euros al vicepresidente de los árbitros Enríquez Negreira; el club que se benefició durante años de arbitrajes infames en Europa al amparo de otro vicepresidente de árbitros, en este caso Şenes Erzik, a la sazón jefe de proyectos de UNICEF en Europa, la misma UNICEF que ya destacó Mourinho que lucía el club azulgrana en su pecho; el club que debería haber sido descendido varias categorías, amén de haber sido sancionado con años sin participar en competiciones internacionales; ese club, el FC Barcelona, se rasga las vestiduras y exige investigaciones porque le expulsaron a Cubarsí de manera justa y porque consideran que una chorrada puntual fue penalti. Esto sí hay que investigarlo, lo de Negreira y UNICEF, no.

Es como si Bernie Madoff acudiera a comisaría indignadísimo a poner una denuncia porque su banco le ha cobrado cinco céntimos de comisión de mantenimiento de la cuenta.

¿El Barça elevó queja a la UEFA porque Øvrebø en Stamford Bridge no señaló, entre otras cosas, la mano de Piqué?

¿El Barça elevó queja a la UEFA cuando Stark expulsó a Pepe en el Bernabéu por no rozar a Dani Alves?

¿El Barça elevó queja a la UEFA cuando Aytekin remontó contra el PSG?

¿El Barça elevó queja a la UEFA tras la expulsión de Van Persie por golpear un balón con el pie en un partido de fútbol un milisegundo después de que el colegiado pitara, y después de aplaudir a rabiar la marciana aplicación del reglamento?

El Atleti, Henry Cherry, Gil Marín y Apollo Creed, por lo que sea, no han reaccionado ante la última pataleta blaugrana. Esta vez no hay habido tuits graciosetes de un CM que quizá haya sido contratado con la ayuda de la empresa de Munuera. Y con la final de Copa en el horizonte, no quieren mover el avispero arbitral, no vayan a sufrir una picadura en Sevilla, aunque es difícil, porque Gil Marín es vicepresidente del organismo jefe de las avispas.

Mundo Deportivo planta en su frontispicio un enorme “INDIGNACIÓN” troceado y cayendo a modo de tetris junto a Kovacs. Sport elige a Lamine para su portada, ese jugador tan determinante en los partidos importantes de Champions.

Por si el sainete no fuese suficiente, anoche asistimos a un duelo de tipos íntegros y honestos como pocos. Itu se indignó con marioneta Soto porque este último declaró que en las designaciones iba a primar la meritocracia. El excolegiado coligió que de esas palabras que en su época el arbitraje no se regía por la meritocracia y montó en cólera, en dengue, en hipertensión arterial y se puso hecho un basilisco. Además, afirmó que «Sánchez Arminio fue el mejor presidente del CTA de toda la historia». Lo sabemos, se os ha salido el café por la nariz.

@itu_edu y debaten en #ElLarguero

️ "Aprende algo más de arbitraje, por favor... A Sánchez Arminio no se le pisa, el mejor presidente de la historia"

️ Fran Soto: "No sé cómo subiste tú... No tiene sentido que los últimos sean los que más edad tienen" pic.twitter.com/8JNNejecXx

— El Larguero (@ellarguero) April 9, 2026

¿Cómo no iba a imperar la meritocracia en su época si quien decidía qué árbitros ascendían, descendían o eran internacionales cobraba millones de euros del club que, curiosamente, pasó a ganar más títulos desde que comenzó a realizar esos abonos? A nadie se le ocurriría ponerlo en duda. Y Arminio era el superior de Negreira, con lo cual, ha sido el mejor, sin duda

De Fran Soto da lástima hablar, han elegido a un muñeco demasiado pusilánime. El casi nuevo «noséqué» de los árbitros soltó: «Si uno de mis vicepresidentes cobrara pensaría que es un golfo y lo echaría. No se puede permitir en una institución una situación de esas. Del club no hago valoraciones».

¿Alguien esperaba otra cosa? No hace tanto calificó el mayor caso de corrupción deportiva como una cuestión «medio puntual». Diecisiete años —al menos— pagando a al número dos en activo de los colegiados, para él, fue poco menos que un despiste momentáneo.

Itu y Fran, Fran e Itu compitieron por ver quién insultaba más la inteligencia del oyente.

Mientras tanto, el tiempo sigue transcurriendo —hecho habitual— y este viernes noche a las 21 horas el Madrid se enfrenta al Girona en la Mugrienta Liga Negreira. Nos importa mucho más la Champions con el Bayern a la vuelta de la esquina pero, a pesar de todo, también queremos ganar al Girona y no damos por perdida la Mugrienta Liga Negreira. «Nobody's perfect».

Pasad un buen día.

Cuando te has pasado tantas veces el juego, te aburres. Esto les sucede a muchas personas y organizaciones humanas. Véase Michael Jordan con la NBA o el Real Madrid con el fútbol. Verdaderamente, y con la mano en el corazón, ¿cuántos de nosotros ya no buscamos rivales a nuestra altura? Es decir, emociones fuertes. Seamos sinceros, nos va la marcha.

El señor Jordan eran tan grande que dejó su profesión en dos ocasiones. Por diferentes circunstancias, Michael comprendió que su magia excedía la pista, que sus inquietudes como hombre encontrarían su justo término si se enfocaba en otros propósitos. ¿Y alguien es capaz de contradecir a Air Jordan?

Joe Llorente y Michael Jordan

Pues esto mismo nos ocurre a nosotros: nos aburrimos del mundo del fútbol con sus horteras de bolera, sus periodistas taimados, sus árbitros injustos y sus aficiones adictas a activos tóxicos. ¿Por qué tendría yo que prestarles atención a sujetos como Joan Laporta o Aleksander Čeferin? ¿Acaso me aportan algo en mi día a día? ¿Son tipos así ejemplos para la sociedad?

Si te descuidas, tu propio hijo puede acabar comprando la camiseta de Lamine Yamal. Con la excusa del Mundial, hay madridistas que dicen amar con locura al jugador culé. Algunos de estos merengones te hablan mal de Vini o Mbappé, pero pierden el culo con el equipo de la Federación. Y todo obedece a un plan propagandístico de los medios y las altas esferas. Entonces, en ese momento fatídico de la vida como padre, preferirías que tu Madrid jugara en la Superliga y perder de vista a todo el fútbol español.

la historia del Madrid en Europa explica nuestra personalidad como club: siempre remontando el río como el salmón, siempre contra todo y contra todos

Por ello, la Copa de Europa, esa novia eterna que siempre vuelve en primavera a reclamar su lugar exacto en tu corazón blanco, es nuestra razón de ser. Los madridistas necesitamos soñar con grandes rivales y territorios lejanos de esta España decadente. Santiago Bernabéu nos mostró que otro mundo era posible y que nosotros también teníamos derecho a competir con Europa y el mundo entero.

Esa es nuestra identidad, de lo local a lo universal. No en vano, cada generación de madridistas cuenta a la posterior alguna gesta europea. Unos te hablan del 7-3 al Eintracht Frankfurt en Glasgow mientras otros te recuerdan con exactitud el 4-0 al Borussia Mönchengladbach en el Bernabéu. Porque la historia del Madrid en Europa explica nuestra personalidad como club: siempre remontando el río como el salmón, siempre contra todo y contra todos.

El Madrid, los romanos y las remontadas

Y, francamente, mis queridos amigos, pocas competiciones nos motivan y casi ningún rival está a nuestra altura. El Bayern de Múnich es uno de ellos. El gran equipo alemán es nuestra bestia negra. Históricamente, Alemania siempre fue un escenario dantesco para nosotros. Muchas generaciones de madridistas crecieron teniendo pesadillas por las noches con los ogros alemanes.

Yo mismo crecí oyendo al locutor de turno por la radio metiéndome miedo con Oliver Kahn o Stefan Effenberg. Claro, que luego llegaba Anelka, Helguera o Guti y los bávaros se volvían con las orejas gachas. Pasaron los años y volvieron los fantasmas. De hecho, en el ya lejano abril del 2014, un tal Rummenigge vaticinó lo siguiente: “En Múnich se van a quemar hasta los árboles".

el envite contra el Bayern nos llega en una temporada complicada y con jugadores entrando y saliendo de lesiones duras. Por todo esto, es el escenario ideal para que el Madrid obre el milagro

Estas declaraciones trataban de meter miedo a Cristiano Ronaldo, Gareth Bale, Marcelo o Karim Benzema. Imagino a don Carlo Ancelotti dando breves indicaciones a los muchachos y, entre chicle y chicle, bromeando con la bravuconería alemana. Y, bueno, todos sabemos ya cómo acabó aquel encuentro, ¿verdad? Como en esos cuentos tradicionales, los buenos acabaron ganando a los malos.

Ahora volvemos a tener un reto complicadísimo: remontar la eliminatoria en el Allianz Arena. El Bayern es un equipazo que lidera Alemania y en Europa trata de volver a ser campeón de la Champions tras seis años de sequía. Contra todo pronóstico, Kompany está conformando un equipo efectivo y directo donde destacan Harry Kane, Olise, Luis Díaz y Gnabry.

Este envite nos llega en una temporada complicada y con jugadores entrando y saliendo de lesiones duras. Por todo esto, es el escenario ideal para que el Madrid obre el milagro. He aquí cuando vuelve a aparecer mi tesis inicial: en mitad del caos, emerge el Madrid. Tras unos meses delirantes, afrontamos un imposible europeo como si fuera otro día más en la oficina.

Esta dinámica es la salsa que alimenta al deportista de alto nivel. Cuando la exigencia es máxima es cuando un jugador del Madrid debe demostrar si vale o no. Por ello, necesitamos continuamente nuevos retos. Parafraseando al mítico tuitero Season, al Real Madrid ya solo le falta ganar una Copa de Europa a los marcianitos.

 

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Durante muchos años, el Real Madrid ha sido un equipo que ha desafiado cualquier lógica. Un club que parecía funcionar al margen de las reglas convencionales del fútbol moderno. Mientras otros necesitaban sistemas complejos, automatismos milimétricos y semanas enteras de preparación táctica, el Real Madrid ganaba.

Ganaba porque tenía a los mejores, porque contaba con futbolistas capaces de resolver partidos con una acción individual, porque su talento era tan desbordante que convertía lo extraordinario en rutina. El equipo de Zidane primero y el de Carlo Ancelotti después, conquistaron la Champions League y títulos de todo tipo bajo esa premisa: no hacía falta cargar al jugador con pizarras interminables cuando el talento individual era tan superior que bastaba con ordenar tres o cuatro conceptos básicos y gestionar egos.

Ese modelo funcionó durante años, y funcionó de manera brillante. El entrenador no tenía que ser un perfil obsesivo con la táctica, ni un técnico que saturara a sus estrellas con vídeos y charlas interminables. De hecho, durante mucho tiempo, ese tipo de entrenador era visto incluso como un problema en el vestuario del Real Madrid. Los futbolistas preferían libertad, confianza, naturalidad. Cuando eres el mejor, esa fórmula puede ser suficiente. Cuando tienes a los mejores del mundo, el talento termina imponiéndose.

Perder un partido de cada cuatro, como ha ocurrido de media en los últimos dos años, es algo impropio de un club de esta magnitud. Es una cifra que debería generar un debate profundo

Pero el fútbol ha cambiado, y el Real Madrid no puede seguir viviendo en una realidad que ya no existe. Hoy es cada vez más frecuente ver equipos con menor calidad individual que el Real Madrid, pero con un rendimiento colectivo superior. Equipos que saben exactamente cómo ocupar los espacios, cómo presionar, cómo salir desde atrás, cómo atacar por fuera o por dentro, cómo defender los centros laterales, cómo ejecutar una jugada a balón parado. Equipos que parecen más trabajados, más coordinados, más preparados, y más todo.

Colegio antiguo pizarra

Y eso no es casualidad. Es producto del entrenamiento, de la repetición, de una preparación minuciosa durante la semana. El fútbol moderno exige algo más que talento. Necesitas organización, disciplina táctica y automatismos. Exige un trabajo que durante años el Real Madrid ha podido esquivar gracias a su superioridad individual, pero ese tiempo se ha terminado.

Durante mucho tiempo, al madridismo le dio igual. Y era lógico. Porque el fútbol, por encima de todo, consiste en ganar. Mientras el equipo levantaba títulos, cualquier debate táctico parecía secundario. ¿Para qué cambiar algo que funciona? ¿Para qué exigir más si el equipo ganaba la Champions League casi por inercia?

El problema es que ahora ya no se gana. Y cuando no se gana, todo queda al descubierto. La temporada pasada fue un aviso serio. No solo no se ganó, sino que el rendimiento del equipo dejó mucho que desear. Para quienes acuden al Santiago Bernabéu con regularidad como yo, la sensación fue incluso peor. Partidos planos, sin ideas, sin automatismos, sin sensación de equipo trabajado.

El síndrome de Madame Bovary madridista

Y este año, lejos de corregirse, los problemas se repiten. Mismos errores, dudas, y esa misma sensación de que el talento individual ya no basta. Aquí es donde aparece la necesidad de un cambio profundo. No se trata de nombres ni de discutir si el entrenador debe ser uno u otro, el debate es mucho más amplio. Florentino Pérez, como máximo responsable del club, debe tomar una decisión clara: el Real Madrid necesita volver a entrenar. Necesita un entrenador que no solo gestione egos, sino que construya un equipo. Y, antes incluso de eso, necesita que el vestuario asuma una realidad incómoda.

Porque el primer paso para cambiar es reconocer que ya no basta con ser muy bueno. El Real Madrid tiene una plantilla extraordinaria, pero ya no está solo en la cima. Hay, como mínimo, otros cinco equipos en Europa con un nivel similar o incluso superior en algunos aspectos. Equipos que además están mejor trabajados tácticamente. Equipos que saben a lo que juegan. Claro que el Real Madrid seguirá ganando muchos partidos sin necesidad de jugar especialmente bien. El talento individual garantiza victorias en muchos contextos, pero cuando llega el día señalado, ese partido decisivo, la eliminatoria grande, ahí es donde se marcan las diferencias. Y ahí, en los últimos tiempos, el Real Madrid ha empezado a quedarse corto.

El año pasado, por ejemplo, el Arsenal fue un claro aviso. También el Barcelona en determinados momentos. Equipos que, sin tener necesariamente mejores futbolistas en todas las zonas del campo, ofrecían un fútbol más estructurado, reconocible y, sobre todo, más trabajado. No se trata de mística, ni de historia, ni de camisetas. Se trata de fútbol. Y el fútbol actual premia a los equipos mejor preparados.

Por eso creo que también hay que hablar de la exigencia. El Real Madrid siempre ha sido un club donde perder era inaceptable. Sin embargo, en los últimos años, parece haberse instalado cierta tolerancia peligrosa. Perder un partido de cada cuatro, como ha ocurrido de media en los últimos dos años, es algo impropio de un club de esta magnitud. Es una cifra que debería generar un debate profundo, pero que en ocasiones pasa casi desapercibida, y en esto la afición también tiene su parte de responsabilidad. El madridismo siempre ha sido exigente, pero en algunos sectores esa exigencia parece haberse diluido. Se ha normalizado perder partidos, se ha normalizado un juego pobre, y se ha normalizado vivir de la épica, pero la épica no puede ser un plan. La remontada no puede ser el único método.

Es probable que este tipo de reflexiones generen críticas, siempre ocurre. Que si no conoces al Real Madrid, que si este equipo ha demostrado mil veces su capacidad para levantarse, que si una remontada lo cambia todo. Ojalá fuese así. Ojalá el equipo vuelva a desafiar a la lógica y gane de nuevo. Nadie desea más eso que quien siente al Real Madrid. Pero también hay un momento en el que el fútbol te dice hasta aquí. El fútbol ha evolucionado y los equipos son cada vez más completos, con entrenadores que son cada vez más meticulosos. Las plantillas están cada vez más equilibradas. Por eso, confiar únicamente en el talento individual es cada vez más arriesgado.

Hay un dato que invita a la reflexión: el Real Madrid jamás ha remontado una eliminatoria de Copa de Europa tras perder la ida en el Bernabéu. Nunca, en toda su historia. Y eso no significa que no pueda ocurrir, pero sí demuestra que la épica tiene límites, porque la mística no siempre alcanza. Creo que ha llegado el momento de la autocrítica. La afición debe exigir mucho más. El presidente debe exigirse más a sí mismo. El entrenador debe asumir que el equipo necesita trabajo. Y los jugadores, sobre todo los jugadores, deben mirarse al espejo y reconocer que dos años sin títulos serían una anomalía inaceptable. Quien escribe estas líneas no lo hace desde la distancia ni desde la frialdad. He vivido remontadas históricas en el estadio, he visto al Real Madrid en épocas de dominio absoluto y también en momentos muy complicados. Llevo viendo al equipo desde que tengo uso de razón, sin perderme un solo partido. Y es precisamente por eso por lo que duele más llegar a esta conclusión.

El Real Madrid necesita volver a ser un equipo de fútbol para dejar de ser un equipo de discursos. Necesita asumir que el talento sin trabajo ya no le alcanza. Dos años sin títulos pueden parecer pocos para quien se conforme, pero el Real Madrid no puede permitirse ese lujo. No debe hacerlo. ¿Que si existe esperanza? Por supuesto. La esperanza siempre existe. El Real Madrid ha demostrado mil veces que es capaz de lo imposible, pero confiar únicamente en la esperanza no puede ser el plan asumido desde agosto. Si el club quiere adaptarse al fútbol actual, debe asumir que el trabajo es innegociable. Que la autocrítica es imprescindible, y que el talento necesita una estructura. Porque, de lo contrario, el riesgo es evidente. Sin trabajo, seguirán llegando años difíciles. Sin autocrítica, la grandeza se erosiona poco a poco. Y el Real Madrid, por historia, por exigencia y por identidad, no puede permitirse seguir ese camino.

 

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No me divierte el papel de víctima, haciendo coros a la coral de plañideras del lamento constante. Así que dejo para otro día la autocrítica, en la que, por cosas de la melancolía futbolística, me estoy cebando esta temporada en mis apariciones en La Galerna. Ayer cuando el árbitro dio el pitido final, me invadió una relajante sensación de rutina. De acuerdo. Ya estamos muertos. Otra vez. Ya estamos donde más nos gusta. Ahora solo nos espera la gloria. Esta temporada es tan horrible, tan decepcionante, tan cambiante en nuestras esperanzas de una semana a otra, que debemos estar preparados para las grandes sorpresas. Bellos y relucientes títulos madridistas se nos han aparecido al final de temporadas aterradoras.

Seamos precisos: es un horror el 1-2. Un aburrimiento. En realidad, odio tener que repetir la historia que ya hemos vivido. Es un coñazo porque ahora que vuelven a dar por eliminado al Real Madrid, nos toca otra vez hacer la gesta, un terreno en el que ningún otro club del mundo se siente cómodo. Después de escuchar anoche las tertulias radiofónicas, con los adictos a la estadística asegurando que el Real Madrid jamás en su historia ha salido airoso de una circunstancia así, he amanecido con una certeza absoluta, sólida, como una verdad de fe incontrovertible, algo que no estoy dispuesto a discutir con nadie: jugaremos la final de esta Champions.

Y ahora viene mi pregunta favorita, la que siempre se da en estas circunstancias: ¿y por qué ganaremos? Porque es imposible. No se lo podemos explicar a nadie que no sepa lo que es el Real Madrid

Sí, amigos. Golearemos al mejor equipo de Europa en su casa y, sin duda, saldremos victoriosos también del trámite de la semifinal. Suscribo lo escrito: el mejor equipo de Europa. Estoy convencido de que el Bayern no tiene a los mejores jugadores, pero no tengo ninguna duda de que son los mejores jugando en equipo. Ayer eran puro nervio, movimiento, ayudas, y coordinación. Son mejores que el Real Madrid de la 25/26 en ese mismo aspecto del juego, lo que paradójicamente hace que mi apuesta sea aún más firme: ganaremos. Sí, ganaremos porque el fútbol jamás ha sido un deporte justo. De serlo, sería un tostón de deporte, como todos los juegos que han llevado la justicia demasiado lejos.
Ayer los nuestros nos hicieron olvidar la abulia del último partido de liga y se agradece. No tanto por el juego como por la intensidad. Por lo demás, dispararon a puerta como si lo hicieran con los ojos cerrados, cometieron errores defensivos tan violentos que deberían haber sido sancionados por el árbitro, y el juego en equipo brilló por su ausencia durante más de la mitad de los lances del partido, mientras confiábamos nuestras esperanzas a chispazos de inspiración individual; breve recordatorio de que la mejor jugada del partido la hizo Huijsen y, de no haber llegado al área con los pulmones en la mano, habría sido un gol histórico.

En fin, no se me oculta que todo es raro, deprimente, y descorazonador, pero es una suerte de desastre perfecto, porque eso deja al rival con la sensación de ser aún más favoritos para el partido de vuelta. Mi pronóstico es que ganaremos incluso aunque se adelanten en el marcador, incluso aunque cojan una distancia imposible en goles, incluso aunque lo merezcan, incluso aunque juguemos con el mismísimo Miguel Porlán “Chendo” en el lugar de Trent.
En contra de este optimismo solo hay algo histórico y tozudo, y no es asunto menor: que he fallado todas las previsiones anteriores que he hecho en La Galerna. A favor, lo esencial: que el Real Madrid es bastante más importante que mi mala fortuna estadística. Y ahora viene mi pregunta favorita, la que siempre se da en estas circunstancias: ¿y por qué ganaremos? Porque es imposible. No se lo podemos explicar a nadie que no sepa lo que es el Real Madrid.

 

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