Arranca la Champions en el Bernabéu, frente al Inter y con Mourinho a los mandos de la nave blanca.
fcQuiz aprovecha la ocasión para plantearte ocho cuestiones. Probablemente no podrás acertar todas.
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Hemos visto partidos similares. Primeras partes de presión, de dominio, de ocasiones sin convertir. Partidos en los que hemos llegado al último cuarto sin fuerzas, dándole esperanzas al rival. Osasuna, Betis, Rayo, Mallorca, Getafe... muchos equipos nos han complicado la vida de esta manera. Conteniendo, aguantando. En el partido del viernes nuestros delanteros mostraron un inconcebible desacierto. Especialmente el elegido para facturar este año. Mbappé cometió una serie de fallos consecutivos difíciles de asimilar. El francés firmó un partido aciago.
Puede suceder. Mourinho lo sabe. No quiso cargar las tintas en rueda de prensa. Sólo dejó algunas perlas para que la jauría fuera contra él y olvidara el bajonazo del francés:
"El Betis salió a empatar y le tocó el premio gordo".
"El Betis ha llegado al descanso sin tarjetas y el pobre Arda, que solo sabe jugar, se fue con amarilla. Eso no me ha gustado”.
"Por poca cosa los jugadores del Betis intentan condicionar el trabajo del árbitro y los jugadores del Real Madrid, en situaciones que están tipificadas como tarjeta amarilla, por ejemplo en el pisotón a Valverde, él se queda en pie. Eso es digno de un capitán del Real Madrid. En el otro lado, ese chico que estaba muerto ahí delante de mi banquillo, yo pensaba que venía la ambulancia, pero al final no había ambulancia".
Ya lo dijo Guardiola. En la sala de prensa Mourinho es "el puto amo". Así será toda la temporada. No irá a la guerra con los cañones, pero no dejará sin denunciar cada semana, a su manera, el NeoNegreirato.
No vamos a negar que perder un partido donde el rival acredita 0,93 goles esperados y nosotros 3,46 necesita un diagnóstico. He leído en redes que Mbappé se encoge en partidos grandes (no era el caso). Incluso he descubierto estadísticas sobre goles fallados por el francés con ventaja dentro del área. De ser ciertas serán motivo de preocupación. Un nueve con la frialdad genética con la que Mbappé encara a un portero no puede dudar cuando tiene el balón controlado en el punto de penalti frente a tres rivales vencidos. Espero no tener que volver a este tema. En ciertas jugadas lo único que importa es la claridad mental. Calidad sobra.
en las cuatro primeras jornadas de liga le han pitado al Real Madrid cuatro jueces con conflicto de interés con el club, a quien han denunciado desde su sindicato, constituido ad hoc contra el Real Madrid
Discreta actuación de Valverde, Camavinga, Bellingham. Buena nota para la zaga. Lento Vini, pero infatigable y trabajador. Güler descomunal a los mandos. Hernández, sabedor, lo neutralizó en la primera ocasión que se presentó. Amarilla. Del repertorio inagotable de herramientas del Método Negreira los sicarios del silbato más veteranos, como Hernández, saben qué hacer, cómo, cuándo y a quién. En otro lance se acerca Vini (ojo, el capitán) a pedir explicaciones: Amarilla.
Las dos acciones que liquidaron al Madrid, sin embargo, fueron interpretaciones subjetivas del reglamento por el VAR (que nos dijeron que no vino a rearbitrar). La primera fue un golazo anulado a Espí en el que el VAR decidió que el golpeo previo del defensa, con un pie del delantero en fuera de juego, no reiniciaba jugada. Iglesias lo consideró un rechace instintivo. Vean las imágenes. El defensa juega el balón sin oposición HACIA UN COMPAÑERO, adelantando a Espí en la pugna por la pelota, que es agarrado por detrás por otro defensa. Inobjetable acto prevaricador.
Lo que dice la circular de la IFAB: "Para que el toque de un defensor anule el fuera de juego del atacante, este debe ser un "juego deliberado" (un pase o despeje voluntario y controlado). Si el balón solo rebota o el defensor estira el pie a la desesperada perdiendo el control de su cuerpo, se considera desvío".
Ni el defensa estira el pie a la desesperada, ni el balón le rebota, ni pierde el control de su cuerpo. En un mundo en que la IA soluciona problemas de apreciación en segundos, este tipo de comportamientos arbitrales denigrantes se convierten en la pistola humeante de la corrupción y hacen cada vez más necesaria una automatización completa del VAR, que ya hemos constatado que es una agencia de colocación de exsicarios del silbato, faltos de ganas de volver al mercado laboral para ganarse el pan honradamente.
Es curioso que en las cuatro primeras jornadas de liga hayan pitado al Real Madrid cuatro jueces con conflicto de interés con el club, a quien han denunciado desde su sindicato, constituido ad hoc contra el Real Madrid. El fútbol español es una charca infecta.
El mundo del fútbol ya ha normalizado que el VAR le haya anulado 39 goles al Real Madrid desde 2018, frente a 16 al Barcelona
La segunda acción es la repetición del penalti cometido sobre Vini en falta clara por arrollamiento. Lanza Mbappé, detiene el aprendiz del Dibu Martínez. Bartra tiene todo el cuerpo dentro del área en el momento del golpeo. Sólo su pierna izquierda queda atrás, pisando el semicírculo. Otra vez la subjetividad, la manía de los comités arbitrales de enmendar todos los malditos veranos el reglamento, para hacerlo más discrecional, más manejable por el Método Negreira. Que si el cuerpo está en el aire, que si toca o no toca. Miren, en el fútbol de toda la vida, se castiga la ventaja injusta. En el fuera de juego se anulan goles por una puntera, una oreja, un prepucio... El penalti se debió repetir. Bartra se adelanta al golpeo de Mbappé tomando una ventaja injusta. Un árbitro lo sabe (incluso Iturralde). Un sicario del silbato, también.
Casi es preferible que no se repitiera. En directo presentí que Mbappé fallaría, como sucedió, y tuve el barrunto de que también fallaría una repetición, como probablemente la fallaría Vini. Si me hubiera visto en el pellejo de Mou, habría mandado tirar el segundo penalti a Espí.
Tras la derrota, me propuse encontrar una razón por la que Tebas tenga interés en prolongar las ayudas arbitrales al Barcelona y los atracos al Real Madrid, muerto y semienterrado Negreira. Ni siquiera tiene la necesidad de pagarle un sobresueldo a Fran Soto para que le ayude a tapar la evidencia de la manipulación del fútbol en la filfa del "Tiempo de prevaricación". Ahí es donde nos trata de convencer mediante una trémula voz femenina (la pobre lee los papeles sin ninguna convicción) de una cosa y de su contraria, según convenga.
El mundo del fútbol ya ha normalizado que el VAR le haya anulado 39 goles al Real Madrid desde 2018, frente a 16 al Barcelona. Al Real Madrid le anulan un gol cada 15,2 que anota. El Barcelona tiene que meter 40,7 para que le anulen uno.
Con ayuda de la IA, he averiguado que el 75% de esos goles anulados al Real Madrid han obedecido a criterios subjetivos o interpretables, como el de Espí contra el Betis, o derivados de fueras de juego milimétricos donde la posición de los muñecos y las líneas fueron clave. Aún resuenan en mi cabeza las palabras de Clos Gómez afirmando sin vergüenza alguna que las líneas se ajustan a mano.
el 75% de esos goles anulados al Real Madrid han obedecido a criterios subjetivos o interpretables
El propio CTA reconoció el año pasado en su "informe pericial" que el Real Madrid fue el club más perjudicado por los “errores” reconocidos del VAR, mientras que el FC Barcelona y el Atlético de Madrid figuraron estadísticamente como los principales beneficiados por esas "equivocaciones humanas" (las comillas son mías) en las pantallas de revisión.
Atención a la joya que me proporciona la IA, para responder a mi tesis de que el NeoNegreirato es un producto de la voluntad de Tebas:
"Para la parte de tu tesis que vincula a Javier Tebas, existe una correlación técnica: el VAR de la RFEF se nutre exclusivamente de las imágenes, repeticiones y fotogramas proporcionados por la productora de televisión de LaLiga. Al no repetirse jugadas dudosas de penalti (como la invasión de Bartra o penaltis sobre Mbappé) o al congelar el cuadro justo una milésima después del pase, la producción televisiva condiciona los elementos de prueba que el árbitro del VAR tiene en su monitor para evaluar la jugada."
Quién sabe lo que le pusieron en el monitor a Iglesias… Miren, yo soy una persona de datos y números. Para convencerme de algo, necesito ver una gráfica, una fórmula, una tendencia irrefutable. Le pedí ayuda a la IA de nuevo. Aquí está la respuesta:
Los antimadridistas pueden seguir sonriendo, pero forman parte inseparable y orgánica de la mierda, por su apoyo tácito al sistema clientelar de LaLiga, que es quien gobierna el fútbol como una organización mafiosa.
Aquí, de nuevo, las conclusiones de la IA, basadas en datos, que he preferido mantener en su literalidad. No me he visto capaz de mejorarlas. Tengo los prompts y las respuestas a disposición de quien me los pida:
“Los datos estadísticos disponibles de las temporadas 2018 a 2026 confirman una asimetría métrica severa en la aplicación del videoarbitraje en España. El Real Madrid C.F. lidera de forma absoluta el registro de goles anulados por criterios elásticos (39 goles frente a los 16 del F.C. Barcelona), lo que certifica un sesgo de hipervigilancia punitiva que fractura el principio de homogeneidad de las reglas IFAB.”
“Tras la eclosión del Caso Negreira, el estamento arbitral español ha operado bajo un fenómeno de compensación sociológica defensiva. El temor a la corriente de crítica mediática e institucional ha derivado en una flexibilización del protocolo VAR en contra del Real Madrid, convirtiendo un mecanismo diseñado para corregir "errores flagrantes" en una herramienta de rearbitraje minucioso y selectivo”.
“La estructura de gobernanza del fútbol español genera un conflicto de intereses estructural. La dependencia que sufre el VAR respecto a la señal audiovisual controlada por la patronal que preside Javier Tebas contamina la pureza del dato tecnológico, demostrando que la objetividad de la máquina está subordinada a la línea editorial e institucional de la producción televisiva”.
Poco que añadir.
El Barcelona ni siquiera tiene ya que pagar, con recordarle a Tebas su deuda le basta para seguir adulterando el pobre fútbol español
Sin embargo, no es tan descabellada una teoría que tengo todavía poco trabajada: cada vez que el Barcelona gana una competición nacional, LaLiga de Tebas le otorga un porcentaje mayor de los derechos, premios por títulos, etc., que le ayudan con sus ratios económicos para inscribir jugadores y para acercarse a cumplir el fair play financiero.
El Barcelona fue prestamista de Tebas, le concedió a título personal un crédito de más de 4,4 millones de euros por deudas con Hacienda de sus empresas, del que sigue siendo deudor. El conflicto de interés de Tebas como presidente de la competición que viene ganando el Barcelona sistemáticamente con ayudas arbitrales es flagrante. ¿Nadie cree que debiéndole 4,4 millones de euros al Barcelona y estando en una posición que le permite “ayudarles” no lo esté haciendo? Y la segunda: ¿alguien cree que un presidente del club más corrupto del mundo presta dinero de sus socios sin reclamar su devolución o una contraprestación satisfactoria?
¿No será que Tebas está devolviendo el dinero prestado con títulos, mediante servicios profesionales del CTA? ¿No es esto una cadena de favores? LaLiga transfiere anualmente decenas de millones de euros a la RFEF “para la gestión del arbitraje profesional” con la opacidad acostumbrada entre ambas organizaciones. Tebas representa el NeoNegreirato desde 2018. Tal vez desde antes. La evolución oportunista de la corrupción, siempre con el mismo protagonista. El Barcelona ni siquiera tiene ya que pagar, con recordarle a Tebas su deuda le basta para seguir adulterando el pobre fútbol español.
Imágenes: William Pogue y Getty
Vuelvo a escribir sobre las sensaciones porque ahora tiene mucho más sentido hacerlo que antes de perder contra el Betis. Diferencia notable entre la campaña pasada y la presente. Cada partido perdido en la temporada anterior la sensación reinante era de descontrol, caos, y cierta desesperación entre jugadores, técnicos y aficionados. En esta primera derrota de la nueva era Mourinho la sensación es exactamente la contraria: perdimos pudiendo haber goleado. Extrañísimo. Fútbol, supongo. Y Negreira que, lamentablemente, por más que a veces nos gustaría, no podemos dejar de mencionarlo.
Sé que algunos técnicos del fútbol moderno desprecian todo aquello que excede a lo físico, pero nadie me va a convencer de que en este deporte las sensaciones son el indicador más importante. Y la sensación es que el Real Madrid de la temporada 26/27 es algo completamente nuevo. Si durante las últimas temporadas hemos tenido sensación de estar tratando de alargar un éxito viejo, mediante una transición más o menos razonable de piezas y jerarquías, este equipo de ahora transmite novedad, algo nuevo cuyo techo y cuyas posibilidades nos son totalmente desconocidas a día de hoy.
Por supuesto, todo lo que no sea ganar es una gran debacle para cualquier madridista. Más aún: ganar, marcar muchos goles, y jugar bonito. Por eso somos el mejor equipo del mundo, porque nuestro nivel de exigencia es también el mayor del mundo. Pero no perdemos la perspectiva, la solidez exhibida desde el comienzo de esta nueva etapa está a años luz de la extrema debilidad que, a menudo por razones más psicológicas que futbolísticas, paseamos por los campos de España y el mundo en los dos últimos años.
No estoy seguro de cuál será el resultado final de la parte defensiva a lo largo del curso. Quedan muchas piezas por encajar en esa parte del puzle. Pero no tengo la menor duda de que esta temporada será de récord en cuanto a goles. No tanto por las posibilidades infinitas de un Mbappé bien asistido y dirigido técnica y estratégicamente, sino porque nuestro delantero estrella es solo una opción —importantísima— en el ataque del Real Madrid. Desde Bellingham hasta Vini, desde Carlos Espí hasta Güler, Brahim o Valverde, entre el banquillo y los titulares contamos con un montón de formas y maneras de hacer goles, con jugadores con hambre goleadora, y que brillan especialmente cuando el equipo, como está siendo hasta ahora, se comporta como un equipo, y actúa con compromiso de conjunto en cada partido; sé que ahora se habla de equipo “solidario”, pero —llámame maniático— hay adjetivos que prefiero reservar para los calendarios de Cáritas.
Si durante las últimas temporadas hemos tenido sensación de estar tratando de alargar un éxito viejo, este equipo transmite algo nuevo cuyo techo y cuyas posibilidades no son totalmente desconocidas a día de hoy
E, insistiendo en las posibilidades goleadoras, sería una tontería no reparar en dos incógnitas que no lo son tanto. Diomande y Endrick. Al segundo lo conocemos de sobra, y su nervio y ansia goleadora pueden darnos grandes alegrías si finalmente dispone de minutos en algunas de las competiciones. Al primero, aquí, solo le hemos visto destellos, pero destellos de genialidad que anticipan noches de gloria, por más que Mou ha sido claro en que pretende integrarlo sin prisa.
He leído algunos comentarios, digamos, pesimistas sobre la derrota frente al Betis, y esta vez no puedo estar más alejado de estas críticas. Al contrario, mi sensación al terminar el partido contra el Betis es que pudimos y debimos haber goleado; por supuesto, abrir el marcador habría resultado abrir una lata de sorpresas y todas felices. Será muy difícil que, a lo largo de esta temporada, generando tantas ocasiones, volvamos a quedarnos con el marcador a cero, siempre y cuando los señores de los pitos lo permitan, claro está, en lo que se refiere a la deprimente liga española. Más allá de las competiciones nacionales, Dios dirá. Y Dios, como dijo el profeta Juanma, es del Real Madrid.
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El Inter de Milán ha cambiado de técnico respecto a los últimos enfrentamientos con los blancos en la Champions League. Ahora el entrenador es el rumano Christian Chivu. Su columna vertebral se sigue concentrando en Bastoni, Barella y Lautaro Martínez. Los nerazzurri, campeones del scudetto, han empezado el curso con buen pie en la Serie A y llegan con la moral alta después de remontar el pasado fin de semana un 0-2 del Napoli en el Meazza. El técnico interista cuenta con la baja de última hora de Dimarco, lesionado en la rodilla ante los napolitanos. De sus nuevos fichajes parece que solo jugará de inicio Jones, mientras que los otros ingleses, Stones y Spence, según la prensa italiana, no están al 100 % para salir desde el principio en un partido de esta envergadura. Un XI probable es el formado por Josep Martínez; Bisseck, Akanji, Bastoni, Diouf, Carlos Augusto; Barella, Calhanoglu, Curtis Jones; Thuram, Lautaro Martínez.
El rumano tiene en su libreto la presión arriba como una opción básica de su juego. En saque de puerta del cuadro rival, pone a los dos delanteros en la frontal del área para, en cuanto se realice el saque, ir a presionar la salida de balón. El Inter adelanta las líneas, pone la defensa bastante arriba y los medios también presionan a sus pares en el centro del campo. Una opción para saltar esa presión y salir evitando pérdidas podrían ser los laterales blancos, al estilo de lo que plantearon varios rivales la temporada pasada. También hay que comprobar si Chivu mantiene esa valentía táctica con un rival como el Real Madrid a domicilio en la Champions League y en el Santiago Bernabéu. En defensa en estático, el equipo italiano repliega en un bloque medio bajo, aunque su nivel de intensidad y agresividad en la media para recuperar el balón es notable.
De dos argumentos muy sólidos dispone el Inter para salir con el balón con limpieza desde atrás: Bastoni y Dimarco. El primero es un central de nivel, con muy buen pie, que también en ocasiones realiza conducciones hasta la media para atraer, fijar y pasar el cuero. La opción de tener dos centrales a sus espaldas le anima a este tipo de acciones por sorpresa, que pueden llegar a originar hasta oportunidades de peligro. La baja de Dimarco en este apartado es muy dolorosa para los italianos. Cuando la defensa enlaza con el mediocampo, tiene recursos de sobra en la calidad y visión de juego tanto de Calhanoglu como de Barella y el inglés Curtis Jones. El Real Madrid deberá tener cuidado en la presión y realizarla de forma muy ordenada y armoniosa. Si el Inter sale bien, se aclara mucho el panorama en la media y junto a los carrileros pueden crear superioridades. Otra opción que se ha visto con Inzaghi es la utilización de Thuram si juega en punta como recurso. El francés se retrasa unos metros y baja a recibir el cuero a tres cuartos para girar. También en alguna ocasión se plantean balones largos y por arriba para que, con su juego de espaldas, pelee con los centrales y descargue a las bandas o de cara a los centrocampistas.
No es el Inter tan solvente como cuando llegó a las finales de Champions League, en las que juntó una defensa muy fiable. Chivu está en proceso de volver a unir todas esas piezas. En las tres jornadas de Serie A ha recibido tres goles, a una media de un gol por choque. La ausencia de Dimarco la suplirá Carlos Augusto, que es algo mejor defensor, pero puede ser un flanco a explotar. Por el centro reúnen experiencia, jerarquía y mucha fuerza en Bisseck, Akanji y Bastoni, mientras que en el carril diestro, ya sin Dumfries, precisamente madridista, juega el potente Diouf. Chivu plantea un equipo junto, que deja pocos espacios entre líneas y al que por el centro es difícil hacer daño. Sus centrales son fuertes, físicos y también van muy bien en el juego aéreo. El centro del campo ayuda, aunque también tiene desconexiones que puede pagar caras.
El Inter tiene dinamita arriba con Lautaro y sus posibles parejas, sea Thuram, la nueva perla del fútbol italiano, Esposito, o Bonny. Además, sus centrocampistas se incorporan con gran peligro al área contraria. Por los carriles, Dimarco aseguraba grandes centros, envíos cruzados y pases peligrosos. Carlos Augusto no tiene tanto desequilibrio en ataque y Diouf en la derecha garantiza potencia y recorrido a campo abierto. Calhanoglu te aporta llegada y un gran disparo, y Barella visión y clarividencia para filtrar balones. Otro apartado a tener en cuenta son las jugadas a balón parado. El turco es uno de los mejores lanzadores del mundo, con una calidad extraordinaria en su golpeo con la derecha. En los córners o faltas laterales también tienen un poderío aéreo considerable con Bisseck, Akanji, Bastoni o el propio Lautaro, cuatro jugadores de gran juego aéreo y magníficos rematadores de cabeza.
La propuesta de Chivu es la de un fútbol vertical, directo y agresivo. Muy fan de la presión alta, quiere que sus jugadores recuperen con intensidad el balón. Le gusta el dinamismo en todas las líneas, los ataques rápidos, las transiciones y los contragolpes explotando los espacios que deja el rival. Tampoco es un radical del sistema de 3 centrales y es flexible en lo táctico si debe variar el dibujo dependiendo de su plantilla o acomodándose a las debilidades del contrincante. Por tanto, el cuadro nerazzurro es un equipo versátil con el que hay que estar 100 % concentrado porque de la nada te pueden crear peligro. Un conjunto dinámico y competitivo.
Lautaro Martínez sigue siendo la gran estrella interista ocho años después de su llegada. Siempre hay algún rumor de marcha, pero permanece en Milán. Un delantero muy completo. Es un jugador que se maneja magníficamente de espaldas, atrae contrarios y con su habilidad, visión y buen pase causa muchos problemas. Se mueve muy bien entre líneas, es asociativo con balón y le gusta participar en el juego. Con Thuram se entiende muy bien, ya que las características de ambos se complementan. A todo esto, además, hay que añadir que tiene gol, es un fantástico rematador con ambas piernas y muy buen definidor. Los centrales blancos deberán estar muy atentos y no dejarle espacio para recibir o girar con tranquilidad, porque tiene ese don de los delanteros con desparpajo y desequilibrio arriba.
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Buenos días. Hoy hay Champions, nada menos que un Real Madrid-Inter. Lo normal sería que estuviéramos expectantes, deseosos de que llegase la hora del encuentro. Sin embargo, el corrupto fútbol español nos mantiene en un estado de mala leche continuo.
La historia se repite una y otra vez: criterios dispares, acto de frame y manipulación u ocultación de imágenes, que aparecen cuando no hay remedio y solo sirven para enconarnos más.
La última ya la sabéis, el penalti y expulsión de Rodri en el minuto 33 contra el Valencia.
Como es habitual, la realización no mostró las imágenes en la retransmisión. Cabe realizar la pregunta incómoda que Jesús Bengoechea planteó en X: ¿en el VAR tuvieron acceso a ellas?
Sabemos que no, que no fueron mostradas en la retransmisión.
Ahora otra pregunta todavía más incómoda, que nadie tendrá la transparencia de responder: ¿en el VAR tuvieron acceso a ellas? https://t.co/Rpp158jaUA
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) September 7, 2026
Mestalla es un lugar propenso a la ocultación de imágenes, ¿verdad?
Independientemente de las imágenes que se les suministren, los colegiados designados para el VAR en los partidos del Real Madrid suelen ser los mismos: unos pocos fracasados en el mundo del arbitraje pero muy diligentes para seguir las órdenes de sus superiores. O al menos lo suficientemente inteligentes para deducir qué comportamiento les reporta más beneficios laborales, es decir, económicos.
Si a esto le sumamos el repetido hurto de tomas, corroborado por la justicia, tenemos el montaje perfecto. No es complicado llevarlo a cabo, ni siquiera es necesario no proporcionar las imágenes. Basta con secuestrarlas el tiempo necesario para que la jugada concluya y no tenga marcha atrás. De ese modo, como se envían, aunque sea tarde, nadie puede acusarles de ocultación.
Es necesario sumar otro factor. Sport lo revela sin querer:
En su portada podemos leer que el Barça es «el equipo más realizador de Europa». Realizador. Curioso.
¿Quién es el realizador de cabecera del fútbol español? Efectivamente: Óscar Lago. Fanático culé.
Además de este titán, corresponsable de innumerables victorias del FC Barcelona y derrotas del Real Madrid, el conglomerado Barça-fútbol español cuenta con otras tretas habituales: la manipulación, el montaje, la retroactividad y la cobardía.
El mismo jugador protagonista del penalti birlado al Valencia, Rodrigo Hernández, dedicó varios piropos al rival, que se pueden resumir en «son muy malos». La pieza fue emitida por Movistar, pero fue eliminada después. Ya no hay rastro en la plataforma.
"El día después" borró el vídeo de Rodri que decía del Valencia "SON MUY MALOS" porque ya estaba teniendo mucha repercusión para no dejar mal a su Barça jssjsjsjsjs 😂🤣
MOVISTAR BARÇATV 📺🔵🔴pic.twitter.com/H3bhNKRlDd https://t.co/H3bhNKRlDd https://t.co/z8uWqTLtTQ
— Joker Laporta 🃏 (@JokerLaporta) September 7, 2026
Lo primero que le viene a la cabeza a cualquier ser no mermado es: ¿qué habría pasado si los elogios los hubiese dicho Vini? No hace falta ni contestar: habrían repetido las imágenes una y otra vez en todas las televisiones, redes sociales y habrían sido materia de debate en los programas de radio.
Como el protagonista es un culé, se borran y punto. Por cierto, ¿qué le habrá pasado a quien decidió emitirlas?
Con el Madrid no solo no se borran, sino que, si es necesario, se crean. Recordad cuando hace unos años un padre y un hijo —educadísimo— profirieron insultos racistas a Vinícius. La realización lacustre decidió omitir de la repetición las ofensas y únicamente mostró la reacción —airada, como no puede ser de otra manera— de Vini.
Recordemos también que Quirante, uno de los mamporreros oficiales del régimen, manipuló en Dazn unas palabras de Nacho en el descanso de un encuentro.
Tenemos, por tanto, Óscar a la mejor realización y Óscar al mejor montaje. No es extraño que digan que el Barça juega de cine. Recordad también que en el cine todo es mentira.
Después, tenemos que soportar de parte del madridismo que, como el Madrid marró ante el Betis lo infallable, no tenemos derecho a reclamar un trato justo y acorde al reglamento.
Todo esto nos repugna y no vamos a seguir comentando porquería. Os dejamos con las portadas. A lo largo del día tendréis el análisis de Alberto Cosín sobre el Inter y, tras el encuentro, las habituales crónica, notas y análisis arbitral, entre otros contenidos.
Pasad un buen día.
Hay cosas que, más que verlas, cuesta aceptarlas. Cuanto más se desea algo, tanto más expectativas se crean al respecto. La larga espera por Mbappé generó en la conciencia del madridismo un ideal, proyectó la figura de una leyenda inexistente: no se aguardaba a un gran futbolista, se esperaba el advenimiento de El Elegido. Toda esa predestinación se asentaba sobre el recuerdo, distorsionado por los años, de su irrupción en los grandes salones del fútbol europeo, con el Mónaco, y por su actuación en el Mundial de Rusia. Con los veranos, la eterna promesa de su fichaje, siempre fallido, siempre pospuesto, invocó la idea de que al Bernabéu acabaría llegando el heredero de Di Stéfano y de Cristiano Ronaldo.
Pero, como cantaba sabiamente el Camarón de la Isla, cuanto más lejos esté el santo, más grande es la devoción. En dos temporadas, la realidad se ha impuesto. Crudamente, como se impone siempre la realidad en el Madrid cuando el Madrid, que es la voluntad salvaje de ganar hecha organización humana, no gana: Mbappé es, posiblemente, el peor fichaje galáctico de la historia del club.
Kylian Mbappé es la antigrandeza, la anticompetitividad. Napoleón prefería los generales afortunados a los simplemente buenos. Mbappé es bueno pero no es lo suficientemente bueno, no desde luego para justificar su condición de superestrella histórica del Madrid. Tampoco parece especialmente bendecido por la providencia, más bien al contrario. En el fútbol es muy importante el pálpito, la corazonada, lo intangible. Y a estas alturas está claro ya que, si Mbappé fuera un marinero en un barco de guerra del siglo XVIII, lo habría arrojadon por la borda, por gafe.
Es decir, Mbappé ha mostrado ser, hasta el momento, lo opuesto a la naturaleza de la camiseta blanca que viste, lo contrario también de aquel imperio que su despertar, con dieciocho años, prometía. Aquella mezcla entre Maradona, Benzema y Ronaldo Nazario, aquel dragón Targaryen que, cada vez que arrancaba por la banda, daba la impresión de batir unas alas monstruosas, ha ido menguando y reduciéndose a un goleadorcillo menor, a un acumulador de estadísticas.
Mbappé no parece especialmente bendecido por la providencia, más bien al contrario. En el fútbol es muy importante el pálpito, la corazonada, lo intangible
Digo que puede que sea el peor galáctico, superando incluso a Hazard, porque de Hazard no esperábamos el paraíso. De Mbappé, sí. Y Mbappé era la guinda al mejor equipo del mundo. Eso era, exactamente, el Madrid de Ancelotti cuando él llegó, una máquina en crecimiento que contaba con el balón de oro en potencia. No es que Mbappé ofreciera ese último y definitivo plus que transformara al Madrid de Vinícius y Bellingham en la siguiente dinastía: es que, precisamente, su incompatibilidad manifiesta (y, en apariencia, irreversible) con el jugador franquicia del equipo ha desequilibrado el, en teoría, mejor ataque del fútbol contemporáneo.
Su partido contra el Betis fue la confirmación absoluta de un cúmulo de sensaciones y verdades que han ido aflorando a lo largo de las dos últimas campañas. Un futbolista con su promedio goleador ha de resultar determinante, decisivo, para que su equipo gane el campeonato doméstico. La realidad es que sus récords son producto de la avaricia estadística, del abuso ante rivales sin enjundia. Recuerdo cuando, hace ya unos años, algunos madridistas, en plan socarrón, bautizaron al Messi crepuscular del Barcelona como Eibarman, por sus hat-tricks irrelevantes en liga y sus marcadas ausencias en los grandes partidos de la Copa de Europa.
¿Qué es, en realidad, Mbappé? Poco más que otro Eibarman. Un jugador que demuestra, en cada partido, deficiencias técnicas en la definición ante el portero, en la resolución de los mano a mano, incluso en algunos regates y controles, impropias de su categoría, sueldo y reputación; un delantero que no sabe colocarse dentro del área y que tampoco remata de cabeza; un atacante con limitadísimos registros de dribling y de disparo, un jugador que preserva su halo merced a una superioridad física apabullante.
¿Qué ocurrirá, cabe preguntarse, cuando, según pasen los años, Mbappé pierda la punta de velocidad que lo convierte en imparable al desmarque?
De Vinícius se pueden decir muchas cosas, pero hay dos hechos ciertos: su carrera se ha caracterizado por una continua progresión y, a día de hoy, también en sus malos partidos, sigue siendo el delantero que más ocasiones de peligro y situaciones de gol para el Madrid genera.
Vinícius, incluso en sus malos partidos, sigue siendo el delantero que más peligro y ocasiones de gol genera para el Madrid
Su obvia incompatibilidad con Vinícius me recuerda a la que también, fugazmente, mostró con Benzema. Fue en el regreso de Karim a la selección francesa, en la Eurocopa del 2020. Algo, en efecto, falla, sobre todo cuando se le empareja con futbolistas técnicamente superdotados, imaginativos y de fantasía.
Ahora es cuando, por su culpa, recuerdo la dupla extraordinaria que conformaron Vini y Benzema en el Madrid de la Catorce y me echo a llorar.
Hay otra cuestión que agrava el tema con Mbappé y es que es intocable. Incluso con Mourinho, hay tres futbolistas que, por mal que vayan las cosas, no abandonan nunca el terreno de juego. Esto lo distorsiona todo, degrada las posibilidades de que el equipo salga campeón, por no decir que las castra definitivamente. Mbappé es la gran apuesta estratégica de Florentino Pérez, es evidente que toda la concepción futbolística del Madrid en este lustro gira en torno a él: es, de entre las tres vacas sagradas, la vaca sacratísima. Sin embargo, hay una conciencia clara de que con Carles Espí, el otro día, sobre el césped de La Cartuja, el Madrid habría finiquitado el partido contra el Betis como mucho a la hora de encuentro.
Y así van pasando los años, las ligas y los títulos.
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No creo ser el único que le da importancia a las sensaciones. Voy, veo, cavilo y no tardo en diagnosticar. Lo heredé de mi abuela y de mi madre. Las más de las veces acierto. Y no me cuesta rectificar si me equivoco, al contrario. Más de una vez lo acabo celebrando. Fallo poco cuando se trata de personas.
Especialmente fino es mi olfato con el hijoputa. Desde chiquitito, además. Tengo censados unos 20 millones, machos y hembras sin distinción. Habrá más.
Este preámbulo me vale para entrar en materia. Hace tiempo tuve la sensación de que lo que pasa con los árbitros y el Madrid no es casualidad. Lo que no puede ser no puede ser. Y además es imposible, dejó dicho el Torero.
¿Negreira? Mucho antes de que se supiera lo suyo, lo suyo y lo del Barcelona, digo, ya estaba servidor metido en harina. Durante mi felicísima etapa en El Mundo Deportivo (1981-1996) le conocí lo suficiente para desmentir la máxima que nos han intentado colar, que Enríquez no pintaba nada en la cosa arbitral. Pintaba que ríanse de Picasso.
Acabó cogiendo fama una entrevista que me concedió y acabé preguntándole si aceptaría un dinero para pecar: su respuesta fue que no me lo iba a contestar.
De ahí salté al AS (1996-2010) y viví en primera línea de combate lo del Villarato, aquella sensación de pecado, siempre eso, que Alfredo Relaño desarrolló en las páginas del periódico y tuvo en Tomás Roncero y en un servidor dos convencidos aliados. ¿Lo mío, vecino de Barcelona, tuvo su mérito? En todo caso, el mérito fue de mi olfato. La obligación de una persona decente era situarse en su contra en ambos casos. Nunca entenderé cómo tipos considerados popes del Periodismo de la época se alinearon en nuestra contra. Algunos entregaron ya su alma a Dios, confío que tras confesar su villanía, y otros siguen dando la matraca. O callando cual puertas.
Los detesto profundamente. Detesto a los que cobran pues lo hacen por mentir, y a quienes lo hacen sólo por seguidismo, el fanático deleznable, el tonto que eso, ni cobra. La mayoría peina canas, muchas de ellas también.
Ahora mi olfato ha demostrado que sigue en forma: ha necesitado sólo cuatro partidos de Liga del Madrid para confirmar que a no tardar viviríamos la primera maniobra del curso en contra del Madrid. Cuatro partidos para requeteconfirmar que lo del Madrid/árbitros no es cosa casual, accidental, todo eso.
me concedió una entrevista negreira, y acabé preguntándole si aceptaría un dinero para pecar: su respuesta fue que no me lo iba a contestar
No, no puede ser azar. De ninguna manera. En su última reunión con la Prensa, el CTA explicó que entrar en el área en la ejecución de un penalti se castigaría con repetición si el lanzador no marcaba. La norma que han explicado sabios de todos los colores era esta. ¿Entonces?
La batalla no iba a cesar y escrito lo dejé aquí este verano. El Madrid solo puede ganar la Liga si logra lo de hace tres temporadas, perder sólo un partido, ganar por aplastamiento. Ese partido ya lo perdió. O sea, vive ya en el alambre. El asunto obedece a un plan con flecos la mar de curiosos como el número de árbitros que desde su sindicato arbitral han denunciado al Madrid y le arbitran un día sí y el otro también. No, ni azar ni pamplinas.
El posicionamiento del CTA en contra del Madrid es indiscutible, lo que hipoteca la suerte del equipo en las competiciones españolas. La sensación se desparrama por todas las categorías. La agresión tremenda a Gabri Valero, perla de la cantera madridista, en el Real Madrid C-Atlético Albacete, un codazo que pudo costarle una avería seria en su cabeza, mereció solo tarjeta amarilla al colegiado Vidal Esteban.
Ha sido la jugada brutal de esta y muchas jornadas, una barbaridad. Amarilla. ¿Azar? Da pánico verlo. No se ve una cosa igual con otros equipos en danza.
A lo de Sevilla se le junta la agresión a un chaval… Jugadas claras. Es muy complicado no pensar que no existe voluntad de que todo eso suceda. La sensación, otra, de que el mando no se molestará precisamente si yo daño al Madrid.
Al final, como dijo nada menos que Iturralde, lo único importante son los trescientos mil que caen cada año. A los que están y los que vendrán. Trescientos mil.
En fin, que por no ser no son ni vivos. El Barça ha empezado como un tiro. No necesita de momento que ustedes fuercen la máquina. Gentes medianamente normales lo tendrían clarísimo. El poder se muestra y se ejerce cuando es menester. Lo demás es una gansada que lo normal es que se vuelva en su contra.
¿Cuántos partidos arbitraron los españoles en el Mundial? Uno de 104. En el de clubes, ninguno. Mi última sensación es que a esta organización no se la cree nadie. Nadie importante, serio. Nadie.
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Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos, del comité castellano-manchego. En el VAR estuvo Alejandro Muñiz Ruiz.
La jugada más polémica del choque la peritó de forma errónea porque Rodri por detrás derribó a Danjuma, primero con el brazo y luego con la rodilla, cuando el delantero encaraba dentro del área a Joan García en el 33'. Una acción que conllevaba expulsión por no jugar el balón ante una oportunidad manifiesta de gol. Era el minuto 33 y el resultado era todavía de 0-2. El Barça se habría quedado con diez, y con 1-2 si los locales transforman el penalti. Minuto 33.
Los culés también reclamaron en el descuento de la primera mitad un penalti de Maffeo sobre Raphinha, pero el defensor llega ligeramente antes tocando el cuero.
En el apartado disciplinario, hubo una amarilla para los locales y tres amarillas para los culés. Primero la vio Cubarsí tras forcejeo y derribo a Danjuma, luego Rodri al llegar tarde con una entrada a Diakhabi, y por último Fermín después de un prolongado agarrón a Otorbi. En el Valencia, el amonestado en el 81' fue Arnau por una patada a destiempo a Adeyemi.
Además, en el 8' se anuló un tanto por fuera de juego a Lamine Yamal. Según las imágenes de la sala VOR, media bota del jugador blaugrana estaba en posición adelantada.
Díaz de Mera, MAL.
Buenos días. Tras la cuenta de X @garabatxs hay algún genio anónimo que inventa las portadas de día, satirizando su contenido habitual, con un sarcasmo y una inventiva que ya quisiéramos para nosotros. Es irreverente, audaz y preclaro, y aunque a veces bordea lo incorrecto nunca dejamos de admirar su trabajo. Dibujitos Aleatorios, se hace llamar. Su nombre real es un enigma para nosotros.
Hoy, Dibujitos se mofa de la nula resistencia del Valencia (0-5) ante el equipo cliente de Negreira en el partido entre ambos disputado ayer en Mestalla. Su portada, que aparenta ser la del panfleto valencianista Superdeporte, con ese trazo maravillosamente esquemático que caracteriza a nuestro hombre, es de una claridad que apabulla.
Magnífica forma de sintetizar lo que se vio sobre el césped valencianista, que por otro lado no es muy diferente de lo que suele verse en otros estadios cuando reciben al brazo deportivo-propagandístico del independentismo catalán. Cómo sería el tema para que el entrenador valencianista, en la rueda de prensa posterior, fuera interrogado al respecto por una prensa tan servil con el club blaugrana como lo son los equipos rivales, las aficiones, los clubes, las instituciones y los colegiados. Pero esta vez cantó mucho, y no hubo más remedio que preguntar a Corberán.
—En ningún momento he visto falta de actitud en mis jugadores— contestó el técnico valencianista.
Qué pena de repregunta se perdió con este dato: la primera falta la hicieron los ches en el minuto 51. Compárese este dato con el carrusel de mandobles que recibe no ya el Madrid, sino exclusivamente su delantero Vinícius, cada vez que de esa caer por el litoral levantino.
¿Es patético quejarse de que los rivales no emplean contra el rival la misma intensidad que ponen en juego contra ti? Lo es. Además de ser patético, ¿responde a una realidad? Por desgracia, la sensación es que sí, y que la realidad nos aboca al patetismo. El campeonato nacional es un paseo militar para el club que se lo compró, vía soborno al estamento arbitral, durante no menos de 17 años, y ese paseo se sigue produciendo en el contexto arbitral y en todos los demás. Sería incorrecto decir que sus adversarios “se dejan” contra el Barça, de igual modo que es una hipérbole eso de que “el Madrid tira las ligas”. Ni “el Madrid tira las ligas” ni los rivales del Barça “se dejan”, pero hay un fondo de verdad en lo segundo que produce un fondo de verdad en lo primero. Es muy difícil no descorazonarse ante la muy diferente actitud de los oponentes ante uno y otro equipo.
Y luego, como siempre, está el factor arbitral. También es patético hablar del árbitro cuando el equipo cliente de Negreira ha ganado 0-5, pero de nuevo la realidad nos conduce al patetismo. En el minuto 33, Rodri comete un penalti descarado ante un delantero valencianista. Era el último hombre: penalti y expulsión. Si se señalan ambas cosas y el Valencia transforma la pena máxima, es 1-2 con dos tercios del partido por delante. Pero jamás veremos algo así. No entra en el código genético del sistema. No ocurre nunca y no va a ocurrir nunca. Juegan muy bien, pero juegan cuesta abajo. Lleva todo el siglo siendo así.
El comentario sobre la actuación arbitral que acabamos de hacer lo podéis encontrar con más detalle en la valoración de la actuación del trencilla por parte de Alberto Cosín. Este año haremos seguimiento a los colegiados que arbitren al Madrid, como viene siendo habitual, pero también a los que piten al Barça. El fraude consuetudinario se fragua en ambas instancias.
Por supuesto, la prensa cataculé no se fija en nada de esto. Para ellos, el paseo militar antes referido tiene por causa exclusiva la calidad de sus jugadores y la perfección del sistema Flick. No observan nada de otras variables que, por lo demás, observaría un ciego. Pero ya conocemos lo que dice el refrán sobre ser ciego vs. no querer ver.
En fin. Es menos deprimente pensar en términos de Champions League, y eso que el partido que se nos presenta mañana, ante el Inter, tiene una dificultad extrema. Primero, por la entidad del rival. Segundo, porque tenemos tres bajas por suspensión (Camavinga, Güler, Bernardo Silva) que coinciden en la misma línea del campo. No es esa línea, sin embargo, la que mira As, que da por hecha la titularidad del más rutilante (o al menos el más caro) de los fichajes del Madrid este verano, y que juega en la delantera.
Hablamos de Diomande, de quien probablemente As no ha encontrado una fotografía más ridícula pese a habérselo currado larga y duramente el portadista colchonero del día. Se protege Yan con una toalla de inclemencias que, estando como se le ve sentado en el banquillo, no se nos ocurre cuáles pueden ser. Probablemente, la propia cólera del Bernabéu, que ya le está esperando con los cuchillos afilados y la permanente muletilla de su precio. Tendrá que responder por él, esa es la verdad. Sugiere As que podría darse su presencia en el once inicial ante el Inter. Se verá.
Os dejamos con la portada de Marca, hasta nueva orden. Pasad un buen día.
Durante años, Iñaki Angulo fue ganando espacio dentro del madridismo de redes sociales. Periodista vinculado en sus inicios al Deportivo Alavés —sobre cuya historia llegó a publicar un libro—, encontró en el Real Madrid una plataforma desde la que construir una comunidad mucho mayor. Para algunos, utilizó al club para hacerse un nombre; para otros, simplemente supo leer mejor que nadie el nuevo ecosistema de la comunicación deportiva. En definitiva, como tantos, se aprovechó del tirón del Real Madrid para crecer en ese nicho de mercado.
Su gran salto de popularidad llegó después de denunciar las presuntas amenazas recibidas por Vinícius tras el episodio racista de El Chiringuito. Aquel día, muchas personas vieron en él una voz valiente: alguien dispuesto a enfrentarse a un medio poderoso para defender a un futbolista que estaba siendo víctima de racismo.
Angulo conectó entonces con una parte importante del madridismo. Gustaba su manera de hablar sin filtros, su vehemencia, su ironía y esa sensación de que se atrevía a decir lo que otros callaban. El problema es que el personaje fue creciendo hasta la deformidad y ha terminado devorando definitivamente a la persona.
Lo han sufrido muchas personas de bien, entre otros el editor de este medio, Jesús Bengoechea, a quien no solo acosa con permanentes insultos en su canal, sino a quien además ha calumniado hace pocos días. Pero ha sido ahora cuando la última gota de odio ha colmado el vaso de la gente de bien. Después del Betis–Real Madrid, Angulo dedicó varios minutos de su directo a referirse a Héctor Bellerín mediante expresiones homófobas, burlándose también de que se pinte las uñas, de los libros que lee y de sus posiciones políticas. No fue un desliz aislado ni una palabra pronunciada accidentalmente en mitad de una discusión. Fue algo que repite constantemente en su contenido.
Conviene decirlo claramente: aquello fue humillación.
Durante demasiado tiempo, su agresividad fue celebrada como autenticidad y acidez. Cada exabrupto generaba reproducciones; cada insulto, risas; cada enemigo nuevo, una comunidad más cohesionada alrededor de él. Como sucede con ese niño cuyas primeras travesuras hacen gracia y que termina descubriendo que intimidar también concede poder, Angulo fue comprobando que cuanto más cruzaba los límites, mayor era la atención recibida. Se convirtió en un bully, en un acosador, en ese niño “popular” de clase que termina teniendo amistades por miedo y no por simpatía (igual que los que insultan a Vini en la grada. Sí, es bullying).
Esto no significa que deba prohibirse cualquier opinión incómoda. Vivimos atrapados entre quienes quieren cancelar inmediatamente al que piensa diferente y quienes llaman “censura” a cualquier crítica dirigida contra ellos. Pero rechazar un discurso degradante no es perseguir una idea. Una democracia debe proteger el derecho a expresar opiniones políticas, incluso las que nos resultan desagradables. Lo que no estamos obligados a aceptar como normal es que una persona utilice su altavoz para convertir la orientación sexual, la apariencia o la ideología de otra en instrumentos de humillación. Porque las palabras no desaparecen en el vacío, se quedan en la mente individual y colectiva.
Las escucha una audiencia muy amplia y, dentro de ella, muchos jóvenes que están aprendiendo qué comportamientos otorgan reconocimiento social. Si comprueban que insultar al diferente proporciona fama, dinero, seguidores y aplausos, el mensaje educativo es devastador.
No se trata únicamente de que alguien pueda “sentirse ofendido”. Esa expresión desplaza la responsabilidad hacia quien recibe el ataque, como si el problema fuera su falta de resistencia emocional. Las personas no solo “se sienten ofendidas”, como ha dicho Angulo en una torpe disculpa: se las ofende. Y quien tiene una comunidad de cientos de miles de seguidores posee una responsabilidad proporcional al alcance de su voz.
También debemos aprender a separar la crítica legítima a un gobierno del desprecio hacia millones de ciudadanos. Se puede cuestionar con toda la dureza necesaria a un dirigente, un partido o una decisión política. Pero una persona que vota unas siglas no es idéntica al político que lucha por conservar el poder. Reducir a los ciudadanos a “rojos incultos”, convertir en “moros peligrosos” a todo un colectivo, invasores, enemigos o inferiores, no mejora el debate público: lo destruye. Y esas palabras clasificadoras de seres humanos las pronuncia Angulo cada vez que tiene ocasión. La historia ya nos ha enseñado lo que ocurre cuando una sociedad comienza a asumir que quien piensa, ama, cree o vive de manera diferente merece menos respeto.
Existe, además, una responsabilidad incómoda en quienes han compartido espacio con Angulo. No corresponde juzgar públicamente las razones por las que algunos colaboradores o amigos continúan apoyándolo o han dejado de apoyarle cuando han visto que la denuncia era generalizada. La amistad verdadera no consiste en reír todas las gracias ni en justificar cualquier comportamiento. Si un amigo está corriendo hacia un precipicio, ayudarlo no es animarlo a acelerar. Así como tampoco es una ayuda abandonarlo en su locura. La amistad valiente a veces consiste en ayudar a que los ojos, y la mentalidad, se abran.
Quizá alguien debería haberle dicho hace tiempo que el personaje se estaba volviendo cruel, que la audiencia ya no se reía con él, sino del daño que era capaz de causar. Que estaba confundiendo valentía con violencia, autenticidad con falta de control y libertad con ausencia de responsabilidad. Que ya no hacía periodismo, aunque invitara a periodistas. Que lo que hacía era ganar dinero a costa de la salud mental de muchos jóvenes.
También me he debatido durante mucho tiempo sobre el silencio y la denuncia. Llevo tiempo señalando sus discursos, al mismo tiempo que soy consciente de que las perversas redes sociales premian la mención, el repost, el comentario…independientemente de que sea una crítica o un halago. Pero el silencio tampoco es la respuesta. Con él, mandamos un mensaje peligroso: que ese macabro lenguaje es lo normal. Y no lo es. Por eso estamos en la obligación de denunciar este comportamiento cuando lo detectemos.
La caída de Iñaki Angulo no debería celebrarse como una venganza. Tampoco debería servir para responder al odio con más odio. Lo verdaderamente valioso sería que este episodio provocara una rectificación sincera, no una disculpa estratégica destinada únicamente a conservar seguidores y patrocinadores como hemos visto en su primera reacción. Algo verídico y productivo.
¿Merece la pena ganar dinero a costa de generar odio y de humillar a ciertas personas? Yo creo que no. Pero el dinero manda y seguirá habiendo personas como él dispuestas a todo. Rectificar, sin embargo, significaría comprender por qué sus palabras fueron inaceptables, asumir el daño causado y modificar de verdad la manera de comunicarse.
Desaparecer no siempre es la mejor solución. A veces es mucho más útil que alguien cambie delante de la misma audiencia que lo vio equivocarse.
Seguramente, si estas líneas le llegan, su primera reacción será de insulto, menosprecio y agresividad. Pero, de verdad Iñaki, me gustaría que no fuera así porque tienes en tu mano la posibilidad de reparar todo el daño que has hecho y ser un ejemplo. Y, si eso pasa, seré el primero en aplaudir tu valentía. Si, en cambio, me insultas…dirá mucho más de ti que de mí. Como es habitual.
Para que exista una segunda oportunidad debe haber primero conciencia, responsabilidad y reparación. Sin ellas, no habrá aprendizaje. Solo habrá otro personaje esperando a ocupar su lugar, preparado para descubrir hasta dónde puede llegar mientras continuemos riéndonos de barbaridades.
Por todo ello le doy las gracias a Angulo. Porque nos ha regalado la oportunidad de que revisemos todos lo que consumimos, lo que reposteamos, lo que nos hace gracia y a lo que damos un like. Haz una cosa conmigo. Cambia las palabras de Iñaki y a quién van dirigidas. Si se mofara de un culé por su condición sexual, si llamara deficientes mentales a los votantes de derechas, si llamara maricón al jugador de tu eterno rival, ¿te haría gracia entonces? Si tu respuesta es sí, también tienes que hacerte un examen interno y recapacitar.
No tengo ninguna fe, pero no por ello voy a dejar de denunciar la violencia. Sí, soy censor del odio.
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